Draco veía a Luna en todas partes.

Tal vez se debía a sus reciente encuentros con ella en el salón abandonado, no, probablemente se debía a las palabras que le había dicho Luna la otra vez. No sabía por qué, pero lo cierto es que la veía frecuentemente, haciéndole recordar sus palabras.

De hecho, Draco ahora se preguntaba cómo no la había notado antes, Luna era indistinguible. Fuera a donde fuese se topaba con ella, en la biblioteca, en los pasillos, y ni hablar del salón abandonado de la Coral, casi siempre la encontraba ahí.

Draco ahogó un amargo suspiro. Desde su último encuentro se encontraba más reacio de lo normal. Odiaba admitirlo, pero las palabras de Lovegood estaban jugando con su cabeza.

En el sabes que estás sólo —Dijo Luna — No tienes ningún amigo de verdad, yo viví lo mismo.

¡Mentiras! ¡Simples mentiras! ¿Quién se creía ella para decirle eso?

Obviamente, él sabía que no era cierto. No obstante, las palabras de Luna retumbaban en sus oídos una y otra vez; era sumamente irritante, pero lo peor era que eso tampoco tenía sentido, ¿por qué sus palabras le molestaban tanto?

Está jugando contigo, Draco. Eso es lo que ella quiere que pienses. Tal vez sí sea cierto eso de que la locura es contagiosa. — Pensó.

Draco se encontraba en el Gran Comedor, comiendo y hablando con sus compañeros Slytherin, nada fuera de lo usual. Aun así, como era usual recientemente, llegó un momento en que se aburrió de escuchar a sus compañeros, simplemente no tenían nada interesante que decir.

Fue en ese momento que alzó la mirada hacía la mesa de Ravenclaw.

A lo lejos pudo distinguir a Luna, quien estaba sentándose en un rincón de la mesa. No pasó mucho tiempo hasta que vio como los compañeros a su alrededor se levantaban para irse a otra parte, dejándola completamente sola.

Draco sonrió por lo bajo.

¿Y ella dice que no tengo amigos? Já —Pensó mientras miraba a su alrededor. Al menos él no estaba comiendo solo.

Tristemente, su pensamiento triunfal no duró mucho. A los pocos minutos Luna terminó de comer y se reunió con Ginny, quien la estaba esperando para irse a clases. Las dos se fueron hablando, parecían felices.

Draco frunció el ceño y tragó un profundo trago de jugo de calabaza.

—Hey Draco, ¿el jugo de calabaza te hizo algún daño? —Dijo Blaise mirando como Draco apretaba cada vez más el vaso.

—No es nada, Blaise. Sólo está un poco amargo.

—Claaaaro.— Respondió Blaise, no creyéndole en lo absoluto —. En fin, deberíamos irnos. Ya es hora de clase.

Draco asintió y se fue sin decir ninguna palabra.

No podía comprender porque estaba tan amargado. Las palabras de Lovegood eran tonterías, él lo sabía. No debería prestarle la más mínima atención a ella y a sus palabras. No lo merecían.

Él tenía dinero, inteligencia, talento y amigos.

Él era superior a Lovegood.


Draco extrañaba el Quidditch

¿Había algo peor que no poder hacer lo único que realmente amabas en esta vida? Pues no, realmente no.

El Quidditch había sido desde siempre una de sus cosas favoritas. Lo hacía sentir libre, nada importaba mientras estuviera en el cielo. Tristemente este año no podría gozar del deporte que tanto amaba. El torneo de los tres magos le había arrebatado eso, así de cruel era su destino.

Por ende, él tomó su propia decisión: iría a volar por su cuenta. Puede que no hubieran partidos pero nadie podría impedirle volar; así que cada cierto tiempo él iba a las canchas con el fin de practicar Quidditch por su cuenta.

No obstante, este día sería diferente, Draco lo pudo sentir apenas se levantó de la cama, y para su desgracia su presentimiento fue acertado. Grande fue su sorpresa cuando llegó temprano a las canchas y vio que no estaba solo: Luna Lovegood se encontraba en una de las gradas haciendo quién sabe qué.

Draco se acercó a ella.

—¿Qué haces aquí, Lovegood?

—Oh Draco, no te había visto, ¿qué te trae por aquí? ¿Vienes a ver los Dunklins?

Draco no sabía que eran los Dunklins y no quería saberlo.

—Eso te pregunté yo primero, Lunática.

—Parece que estás de mal humor.— Reflexionó en voz alta, Draco prefirió ignorar ese comentario —. Estoy leyendo, se supone que iba a dibujar pero encontré este libro interesante en la biblioteca, tal vez más tarde trate de dibujar algunas escenas de la historia, es muy intere—

—Primero el salón de la Coral, ahora la cancha de Quidditch. Lovegood, ¿es qué tienes alguna manía con invadir mi privacidad?

Luna le miro extrañada, como si le hubieran contado un buen chiste.

—No estoy invadiendo tu privacidad. Sólo vine a leer.

—¿Segura? Porque eso parece. ¿No podrías buscar otro lado donde leer? Quiero volar y tu presencia me distrae.

—Oh cierto, ¿los partidos de Quidditch se suspendieron por el torneo de los tres magos, no? Qué lástima, sé que te gustaban mucho, ¿por eso vienes a volar, no? —Dijo Luna honestamente.

—Sí, precisamente. Pero mi plan ahora está arruinado por tu culpa.

—No veo como eso es posible, la cancha es muy grande y tú estarás en lo alto del cielo. ¿Por qué te molestaría?

Esa era una muy buena pregunta.

En realidad, Draco no sabía porque le molestaba tanto. Había practicado en la cancha cientos de veces, algunas veces con personas y otras no. No era muy importante.

—Porque quiero estar solo, ¿es tan difícil de entender?

Luna reflexionó por unos segundos.

—No, creo que no es difícil de entender —Dijo después de meditarlo.

—¿Entonces te irás? —Preguntó Draco a punto de perder la paciencia.

Ella negó con la cabeza.

—Yo llegué primero y la cancha es muy grande. No veo porque tendría que irme.

Draco sintió como la frustración surgía por cada vena de su ser. Él nunca había sido una persona paciente, era Draco Malfoy, tenía todo lo que quería cuando lo quería. Sólo una persona le había dicho no en su vida y ese era Harry Potter.

Al parecer Luna Lovegood sería la segunda persona. Qué molestia.

Ahogó un largo suspiro. Quería pelear, realmente quería pelear. Quería enseñarle a Lovegood que Draco Malfoy no era una persona que se pudiera ignorar. Pero muy en el fondo sabía que eso no tendría sentido, si algo sabía de Lovegood es que, a diferencia de Potter, era inmune a sus intentos de molestarla.

No tenía tiempo para pelear, ya pronto sería la hora del desayuno, si seguía perdiendo el tiempo no podría volar.

—Bien —Dijo Draco secamente y se fue.

La próxima vez le enseñaría a Lovegood quien mandaba.


Unos días habían pasado ya desde la última vez que habló con Luna. Esta semana había sido particularmente estresante y Draco no tenía tiempo para hacer otra cosa que estudiar. En el fondo extrañaba ir al salón abandonado, pero ya habría tiempo para eso, el tan esperado fin de semana había llegado.

Draco caminaba tranquilamente hacia el comedor. Ahora que finalmente tenía tiempo libre podía permitirse el divagar un poco, era curioso, recientemente hacía mucho eso.

Centró sus pensamientos en un viejo asunto pendiente: Luna Lovegood. Desde hacía días tenía una deuda con la bruja y un Malfoy siempre pagaba sus deudas. Sólo tenía que poner en marcha su creatividad, minuto tras minuto se le ocurrían nuevas formas de vengarse de ella.

El pensamiento de una posible venganza le sacó una risa a Draco. Por lo menos algunas cosas no cambiaban, Potter estaba muy ocupado siendo una celebridad para el torneo de los Tres Magos para prestarle atención a él, pero Lovegood siempre estaba ahí.

Lovegood siempre estaba ahí. —Pensó Draco.

Últimamente eso no era tan cierto. Ahora que lo pensaba, ¿cuándo fue la última vez que había visto a Lovegood?, antes se la encontraba por todas partes, pero desde su último encuentro no había vuelto a saber de ella. Lo cual era curioso. Lo había dicho mil veces y era verdad: Luna Lovegood nunca pasaba desapercibida, lo quisiera o no.

Draco empezó a preguntarse, sin saber honestamente por qué, donde estaría la muchacha y que estaría haciendo. Ya no por un deseo de venganza, sino más bien por una curiosidad infantil. No era normal que una persona estuviera desaparecida, ¿verdad?

Como si el destino quisiera responderle, pudo divisar a Luna a lo lejos, se encontraba caminando con una pesada pila de libros más grande que ella. Draco se quedó unos segundos observándola, los libros eran tan pesados que cada cinco pasos la joven tenía que ajustarlos para que no se le cayeran, y a su vez, Luna era tan bajita que parecía una niña cargando un montón de juguetes.

La imagen era ciertamente divertida, por primera vez en un buen tiempo se encontró sonriendo honestamente.

Al parecer a otras chicas de Ravenclaw también les divertía ver a Luna, porque se encontraban agrupadas hablando en la esquina del pasillo. Estaban lo suficientemente cerca de Draco para que él pudiera escuchar su conversación.

—¿Has visto lo que lleva puesto?

—Es horrible. Aunque honestamente me parece mejor que el brazalete que usó la otra vez.

—¿Te acuerdas de esa vez que intentó regalarte uno?

—¡Ni me lo recuerdes!

Draco escuchó atentamente la conversación. Al igual que él, mucha gente pensaba que Luna Lovegood estaba loca, no sólo por sus ideas sino por su propia vestimenta, que destacaba por el uso de accesorios y amuletos extraños; todo lo que la rodeaba le daba un aire de completa chiflada. Así había sido siempre.

Al inicio, escuchar a las muchachas contar anécdotas burlonas sobre Luna le pareció divertido, no obstante, pasado un rato no le encontró mucha gracia, incluso estaba empezando a molestarlo ¿es que estas chicas no tenían nada más que decir?

Para ser de Ravenclaw tienen la cabeza completamente vacía.— Pensó Draco viéndolas. Al menos Luna Lovegood sí tenía cosas interesantes que decir, aunque él nunca lo admitiría en voz alta.

Si bien sólo habían pasado unos segundos, Draco decidió que ya llevaba mucho tiempo ahí sin hacer nada, simplemente no era asunto suyo; así que se encaminó hacía el comedor, pasando justo al lado de Luna.

Fue en ese mismo instante que las chicas del grupo de Ravenclaw decidieron moverse de donde estaban. Una de ellas pasó al lado de Luna golpeándola con el codo y haciendo que sus libros se cayeran al suelo.

Las chicas no hicieron más que reír y seguir su camino. Por su parte, Luna no dijo absolutamente nada, ni siquiera se molestó en mirarlas. Simplemente empezó a recoger sus libros otra vez.

Draco no pudo hacer otra cosa más que mirar. Mirar y pensar. ¿Por qué Lovegood no les dijo nada? Claramente esa chica había hecho eso a propósito, y estaba seguro, además, de que Luna había podido escuchar perfectamente la conversación de esas chicas sobre ella.

¿Por qué reaccionaba tan indiferentemente ante todas estas cosas? ¿No se sentía ofendida? No tenía sentido, ¡al menos Potter tenía sentido de auto-defensa! al menos él se mantenía en pie; Luna no. Ahora que lo pensaba, casi todos murmuraban al verla caminar por los pasillos, aun así ella rara vez le prestaba atención a lo que decían las personas.

A pesar de todo, siempre se veía feliz.

Tal vez ese sea su modo de auto-defensa —Pensó Draco —. El ser feliz a pesar de las circunstancias.

¿Cómo alguien podía ser así? Para él, Draco Malfoy, sería imposible, y más importante aún. ¿Cómo se supone que se iba a vengar de alguien así?

Era molesto, increíblemente molesto. Era como perder una guerra sin batalla, no pertenecía a Gryffindor, pero hasta él admitía que no había honor en un enfrentamiento así.

Luna seguía recogiendo sus libros, amontonándolos unos sobre otros en una pila como anteriormente los tenía, estaba tan absorta que ni siquiera se había fijado en él. En ese instante, Draco se dio cuenta de que uno de los libros había caído a sus pies y no pudo evitar recogerlo.

—Las doce princesas bailarinas —Leyó él en voz alta. Nunca había escuchado de este libro antes, ¿era una especie de cuento infantil? Parecía algo que sólo disfrutaría una niña.

El sonido de su voz entre el silencio hizo que Luna se diera cuenta de su presencia.

—¿Draco?

El escuchar su suave voz lo trajo a la realidad. A Draco le entró el pánico, enseguida se dio cuenta de que llevaba ahí más tiempo de lo necesario; rápidamente le aventó el libro a Luna y se fue del lugar, dejando a la muchacha visiblemente confundida por su huida, aunque no más confundida que a él.

¿Por qué se había quedado ahí? No lo sabía. ¿Por qué estaba tan molesto con ella? No lo sabía. ¿Por qué había huido de forma tan cobarde? No lo sabía.

Cada vez que Draco veía a Luna empezaba cuestionarse todo, y eso no le gustaba.

No le gustaba en lo absoluto.


¡Uffff! Un poco más tarde de lo esperado pero aquí está el siguiente capitulo. Lamento mucho la tardanza, vivir en Venezuela es una montaña rusa que literal no me permite respirar. En fin, como verán, Draco empieza a notar a Luna en su vida y a cuestionarse cosas debido a ella, el progreso sigue siendo lento, pero por lo menos hay un progreso. Ya luego habrá más.

¡Muchas gracias a Kim Perez y por sus comentarios! Me alegra ver que la historia les guste 3 Como dije anteriormente, cualquier sugerencia es bien recibida. El próximo capitulo estará listo antes que este.

¡Hasta luego!