En definitiva, hay cosas que nunca ocurren como uno espera.

Eso era lo que pensaba Draco en ese momento.

Era tarde, y había frio, mucho frio. El invierno se acerba y con ello el dichoso baile de navidad. Las personas a su alrededor cada vez hablaban más del tema, era molesto.

Sin quererlo su mente pensó en Luna Lovegood. No podía evitarlo, cada vez que alguien mencionaba el tema del baile el muchacho enseguida se acordaba de ella. La joven tenía una obsesión infantil con los bailes que Draco no entendía, y es que a medida que se acercaba la fecha Luna se emocionaba más, eso se podía apreciar cada vez que se encontraban en el salón abandonado.

Draco suspiró, ¿cómo podía emocionarse por un evento al que ni siquiera iba a poder asistir?

Su mente empezó a divagar. Si había una razón concreta no lo sabía, pero lo cierto es que desde aquel día su relación con Luna era distinta, había mejorado en cierta manera. Esto teniendo en cuenta que ahora ambos podían intercambiar palabras sin que Draco perdiera la paciencia.

Eso ya era un gran logro, ¿no?

Por su parte, él trataba de convencerse de que esos pensamientos cursaban su mente debido a que tenía mucha hambre.

Cosa que en parte era cierta.

Por cosas que salían de su control tuvo que quedarse en biblioteca adelantando un trabajo, saltándose la hora del almuerzo. Intentaba distraerse caminando mientras esperaba que fuera la hora de cenar, pero la verdad es que el cansancio no le ayudaba.

Draco dirigió su mirada a su alrededor. Se encontraba en los exteriores de Hogwarts, muy cerca del bosque prohibido. Diversos arboles cubrían los terrenos del colegio, era un espacio, que si bien no era sorprendente, sí era bastante agradable de ver. Pese a ello, no podía evitar sentir una sensación extraña en el estómago; era como si tuviera un mal presentimiento.

Se adentró un poco más en el bosque. Había algo especial que lo llamaba el día de hoy, el invierno se acercaba y se notaba: el clima era frio y el cielo estaba nublado. A algunos les habría parecido deprimente, a Draco simplemente le gustaba.

Siguió caminando perdido en sus pensamientos, hasta que finalmente entendió el origen de ese mal presentimiento que tenía:

Luna Lovegood también estaba en el bosque prohibido.

A veces, Draco juraba que el destino quería gastarle una broma. Una broma de mal gusto para ser exactos.

Se encontraba agachada en el suelo, con una chaqueta celeste y unos guantes que hacían juego. Haciendo no sé qué de botánica. Draco se quedó viéndola un instante. Era sorprendente que no se hubiera dado cuenta de su presencia; Luna solía ser muy perceptiva y no perdía nunca la oportunidad de hablarle.

Ahora que la veía más de cerca podía notar ciertas cosas que no podía antes, como lo dedicada que era al hacer algo que le gustaba, y lo perseverante que era para lograr lo que se proponía. Al ver su cara manchada de tierra pudo deducir que llevaba un buen tiempo haciendo lo que estaba haciendo. Nadie en Slytherin podría hacer algo así.

No supo por cuanto se le quedo viendo. Lo cierto es que de un momento a otro los papeles cambiaron y Luna se dio cuenta de su presencia; no tardó en acercársele.

—Hola, Draco —Dijo ella sonriendo — ¿Qué te trae por aquí?

—Lovegood —Respondió él, mirando a su alrededor, específicamente a las cosas que cargaba la muchacha, parecía llevar una canasta, además de distintos artilugios —. ¿Qué rayos haces?

—Me alegra ver que estás de buen humor —Respondió ella sonriendo levemente.

¿Acaso acababa de burlarse de él?

Antes de que pudiera enfurecerse Luna habló: —¿Qué te trae por aquí Draco?

—Yo también te acabo de hacer una pregunta, ¿sabes?

Luna se encogió de hombros en señal de rendición.

—Bueno, estoy en el bosque prohibido, al igual que tú —Dijo Luna mirando a su alrededor, siempre tenía ese aire de perdida en su mundo — Me gusta venir para acá a veces; es un buen lugar para estar, ya sabes... Solo. Es algo diferente del salón, pero es lindo ¿no crees?

Draco miró a su alrededor. De repente el bosque prohibido no le parecía un lugar lúgubre y aburrido, podía ver porque a Luna le gustaba el lugar. No era de su estilo, pero tenía un aura de paz.

Ahora que lo pensaba, este lugar tenía exactamente la misma aura que Luna. Interesante.

—Supongo que sí… Aunque no es mi estilo, francamente.

—Deberías darle una oportunidad —Dijo ella, mirándole a los ojos — El invierno se acerca y con ello muchas criaturas emigran. Este es un buen lugar para ver todo eso, te lo puedo asegurar.

Draco se le quedo viendo a los ojos, en sólo segundos pudo notar el entusiasmo de Luna sobre las criaturas mágicas. Era increíble lo mucho que podía transmitir una persona con una mirado, se preguntó si todas las personas tenían esa capacidad.

Probablemente no, sólo Luna podía hacer esas cosas.

—Hump, está bien, puedo creerte eso —Respondió él, luego se cruzó de brazos —. Pero a diferencia de ti, no vine para apreciar nada, Lovegood. Simplemente pasaba por acá, ¿comprendes?

—Claro, entonces podríamos decir que fue el destino.

Draco no sabía si lo decía en serio o en broma. Tampoco estaba muy interesado en saberlo.

—Tan filosófica como siempre, Lovegood. No me sorprendes —Dijo él, rodando los ojos —. Ahora en serio, ¿se podría saber qué rayos haces aquí?

—Traje esta canasta para atraer a los Wonks, están en temporada de migración y espero ver algunos —Explicó. Draco podía jurar que sus ojos brillaban.

El joven se acercó y miró detenidamente la canasta, pudo distinguir un poco de pan, cereales, y algunas frutas. De repente el hambre que tenía se multiplicó por mil.

Draco suspiró amargamente. No era la primera vez que ella le hablaba de distintas criaturas extrañas que no existían. De hecho, sin darse cuenta se había acostumbrado y hasta memorizado el nombre de unas cuantas.

—Wonks —Respondió él monótonamente.

—¡Sí! llevo tiempo preparándolo todo.

—Ya. Deben ser criaturas sumamente interesantes.

—¡Oh, por supuesto que sí! Si supieras Draco; son unas criaturas fascinantes. Mi papa vio unos en la nevada del año pasado. Me hubiera gustado estar ahí, pero me resfrié.

—¿En serio?

—¡Sí, y...!

—¡Lovegood, mira mira! ¡Unos Wonks! —Exclamó señalando detrás de la muchacha, actuando exageradamente sorprendido.

Luna, en su inocencia, no tardó en voltear en busca de sus queridas criaturas mágicas. Tristemente para ella, todo fue una broma, y Draco se lo hizo notar enseguida.

Al verla, el muchacho soltó una risa que rápidamente se volvió en una carcajada; sin darse cuenta había terminado en el piso llorando de la risa. Luna por su parte estaba avergonzada; le había creído y por eso precisamente ahora él se burlaba, podía sentir sus mejillas arder, cosa que no era muy usual en ella.

—No le veo lo gracioso —Dijo con las mejillas enrojecidas.

—¡JAJAJA!

Draco no le prestó la más mínima atención, estaba muy ocupado agarrándose el vientre intentando contener el dolor que le causaba reír tanto.

—¡Dije que no le veo lo gracioso!

Enseguida la risa de Draco se detuvo. Nunca en su vida había visto a Luna molesta; mucho menos la había visto gritar. Era un terreno desconocido para él. Ella siempre era calmada y amable, a diferencia de otras chicas que conocía. Era una de las cosas que más le gustaba, aunque jamás lo diría en voz alta.

De repente, sintió una ráfaga de nostalgia invadir su cuerpo. Hacía mucho tiempo que no se reía así. Hubo en tiempo en que lo hacía: cuando era un niño y vivía junto a sus padres. Pero desde que llegó a Hogwarts todo había cambiado, ahora era la cabeza de Slytherin, el ejemplo de los sangre pura, la imagen de los Malfoy.

Esos simples pero agradables momentos parecían desvanecerse con el tiempo, hasta no ser más que simples recuerdos.

A veces recordar lo que se había ido dolía, era cierto. Sin embargo, fue la primera vez que no fue así. Hoy rio sinceramente después de tanto tiempo. Quién sabe, tal vez los recuerdos no dolían tanto si de vez en cuando los podías revivir…

Se volteó a ver a Luna.

¿Cuántas veces había visto esos ojos? Cada vez que la veía, cada vez que hablaban; siempre terminaba descubriendo algo nuevo sobre sí mismo. Al inicio era molesto, después incomodo, ahora simplemente era… Interesante.

De hecho… Luna era interesante. Sin saberlo había hecho un gran logro; era la primera persona que le sacaba una risa honesta. Draco probablemente no se lo dijera nunca, pero le estaba agradecido.

Finalmente, decidiendo que lo mejor era no molestarla más, Draco agachó la cabeza y soltó una disculpa.

—Ya, ya, ya —Respondió tratando de calmarse tanto a sí mismo como a ella —. Disculpa, debí haberme confundido. Fue un error. ¡Sí, eso! Un error, creí realmente haber visto unos Wonks...

Al escuchar esto, la joven se le acercó.

Se acercó demasiado.

Estaba a unos centímetros de su rostro, mirándole fijamente a los ojos, como si lo estuviera analizando. Draco jamás se había sentido tan incómodo. Nunca había tenido a alguien tan cerca en su vida. Ahora más que nunca podía apreciar a Luna: sus ojos, su nariz, su cabello… De repente sólo existían ellos dos en este mundo; el tiempo no parecía existir.

Luna estaba ahí viéndolo como si pudiera llegar a lo más profundo de su alma, y lo peor es que no parecía importarle en lo absoluto. Draco, por el contrario, se sentía violado, podía sentir como su cara ardía; y se supone que eso jamás debería pasarle a él.

Sentía incómodo, desprotegido. Por merlín ¡hasta podía sentir su respiración!

—¡Lovegood, apártate por el amor a Merlin!

—No me engañas… —Comentó mirándole fijamente.

De repente, Luna suspiró levemente y se apartó como si nada hubiera pasado. Sobra decir que él lo agradeció infinitamente.

—¡T-Tú! pedazo de loca.

Luna negó con la cabeza.

—Sé que los Dunklins alteran tu juicio, Draco —Aclaró, levantando su dedo índice en modo de explicación —. Pero es peligroso no distinguir a los Wonks; son criaturas en extremo temperamentales y narcisistas. Me recuerdan a alguien que conozco...

¿Había dicho eso último sonriendo o eran ideas de Draco?

—¿A qué te refieres, Lovegood? —Preguntó molestándose un poco, se indignó.

—Nada en particular.

Al parecer los papales habían cambiado. Ahora era el turno de Luna de divertirse; a Draco le estaban tomando el pelo y ni siquiera lo estaba intentado.

—¿A caso me estabas haciendo una broma?

—Claro que no —Negó ella con la cabeza —, a los Wonks no les gustan las bromas.

—Por supuesto que no, ¿verdad? —Dijo Draco rodando los ojos.

Un segundo… ¿En qué momento habían pasado de discutir a terminar burlándose el uno del otro?

Draco desvió la mirada, confundido consigo mismo. Después de eso ninguno de los dos volvió a hablar. El silencio hizo que sus pensamientos empezaran a resonar con más fuerza en su cabeza.

Deberías irte Draco, no haces nada aquí, ni siquiera deberías estar con Luna Lovegood en primer lugar, por qué insistes en perder el tiempo...

Era una pregunta que no tenía intención de responder.

De un momento a otra Luna se levantó y empezó a recoger sus cosas, parecía más segura de lo que Draco la había visto antes. Tenía un brillo en los ojos que no sabía descifrar.

—Voy a seguir buscando Wonks, tú… ¿quisieras acompañarme?

La pregunta lo agarró por sorpresa. El pequeño debate en su cabeza continuaba.

—No lo creo.

—Está bien —Dijo ella asintiendo —, si cambias de opinión eres bienvenido a acompañarme.

—Sigue soñando —Respondió él, rodando los ojos.

Luna le miró a los ojos y luego negó suavemente con la cabeza, al parecer conteniéndose de decirle algo más a Draco.

¿Qué quieres decirme Lovegood? Dilo, dilo.

Pero eso no pasó.

—Adiós, Draco.

Y simplemente agarró sus cosas y se fue, dejando a Draco nuevamente sólo con sus pensamientos, cosa que era peor que el hambre que tenía. Una parte de él se sintió molesto, por no decir herido, ¿cómo Luna podía dejarlo tan fácilmente a él?

Se quedó allí sentado en el suelo, preguntándose en qué momento de su vida había llegado al punto de estar hablando así con Luna. Al recordar todo sintió distintas emociones, indignación, vergüenza, e incredulidad, le parecía de otro mundo lo que había hecho, ¿en serio se había puesto tan nervioso por Luna Lovegood? Ridiculo.

Ahora estaba pensando en que hacer. Lo más lógico sería que se fuera al castillo, era tarde y tenía tareas que hacer. No obstante, seguía ahí sentado, mirando en dirección hacia donde Luna se había ido hace unos minutos. Solo se podía ver una silueta que cada vez se hacía más pequeña, no podía apartar los ojos de allí.

¿A dónde irá? ¿Qué va a hacer?

No quería pensar en lo que era lógico, porque sabía que ella nunca seguía la lógica.

Al final su espíritu le ganó. No supo bien ni cuándo ni cómo, pero terminó yendo hacía su dirección con el fin de alcanzarla. Se dijo a si mismo que era por la comida; si lograba hacer que cambiara de opinión, ambos podrían comer de la cesta. Así todos ganarían, ¿o no?

Suspiró al escuchar todas esas razones en su cabeza. Definitivamente no sonaban muy convincentes.

—Oh Draco, viniste —Comentó ella al verlo llegar, estaba de verdad sorprendida.

¿Por qué te ves tan sorprendida, eh?

—Quita esa cara Lovegood, sólo estoy aquí porque estoy aburrido —Dijo él, levantando la mano en señal de pausa — Además de que tengo hambre, sería muy triste que esa comida se desperdicie cuando te canses de buscar a tus criaturas.

—Supongo que eso también es válido —Respondió ella, pensativa —Igual, me alegra que vinieras, empezaba a sentirme un poco sola.

—Bien, pues ahora tienes la mejor de las compañías, deberías estar agradecida.

Luna simplemente se limitó a rodar los ojos una vez más, y sin decir nada procedió a meter su mano en su canasta.

Ante él había nada más y nada menos que un brownie.

—¿Hum?

—Dijiste que tenías hambre, toma. —Dijo Luna extendiendo la mano.

Draco la miró a ella, luego a su mano y después a ella una vez más. Finalmente el chico pareció reaccionar y agarró lentamente el brownie, pudo sentir por un segundo el toque de su mano. Era extraño.

Observó detenidamente el brownie antes de comerlo, era una costumbre suya. No obstante, al hacerlo pudo notar algo que le llamó la atención:

—Tienen caramelo… —Murmuró Draco, lo suficientemente algo para que Luna le escuchara.

Ella asintió.

—Escuché lo que dijiste la última vez, lo de los brownies de tu madre… No me pareció mala idea intentar.

De repente Draco sintió algo cálido en su pecho, pero no quiso pensar mucho en eso. Era agradable ver que Luna realmente se acordara de lo que le había dicho la última vez, nadie nunca le prestaba atención cuando hablaba de ese tipo de cosas.

Era.. era...

Tenía que cambiar el tema, rápido.

—¿Segura que no son alguna trampa para los Wonks?

—Sabes que no.

—Vale, vale… Eh, yo.. Gracias

Sin querer hablar más, Draco le dio un mordisco al brownie y no se sorprendió al comprobar que efectivamente estaba muy bueno, a fin de cuentas aun recordaba su último encuentro. No eran como los de su madre, pero se acercaban bastante. Al parecer Lovegood estaba mejorando, si seguía así pronto superaría la comida de su madre.

Después de eso continuaron caminando por el bosque prohibido en un cómodo silencio. Cada cierto tiempo Luna se detenía a ver alguna planta o criatura mágica que le llamara la atención, Draco no tenía prisa, así que no le importaba hacer pequeñas pausas. Estaba extrañamente tranquilo.

Hasta que en un momento se fijó de algo interesante: Luna no llevaba zapatos.

—¿Qué haces descalza Lovegood? ¿Alguna táctica para atrapar algunos Winkiblows?

Draco no sabía que eran los Winkiblows pero desde hacía días Luna no paraba de hablar de ellos.

—Oh, no. Eso desearía —Respondió Luna negando con la cabeza — Mis zapatos han ido desapareciendo poco a poco de mi estante, supongo que fueron los Nargles, pero hoy es la migración de los Wonks y no podía perdérmelos.

De repente se sintió extrañamente indignado, ¿cómo era posible que una chica estuviera pasando tales condiciones? El tenía zapatos para regalar y ella no contaba siquiera con un par que la cubriera del frió.

A Draco no le pareció muy justo.

—¿Me estás diciendo que vas a caminar descalza por el bosque en plenos 10 C° sólo para buscar a otra de tus criaturas mágicas?

Ella asintió, al parecer un poco avergonzada de tener que reconocer su realidad.

—Eres realmente increíble —Dijo él, llevándose la mano a la frente. Estaba visiblemente frustrado.

—Gracias.

—Creo que no entendiste en que sentido lo estaba diciendo… —Respondió Draco, aun con la mano en su cara.

—Ya, ya. No pasa nada, ¡continuemos!

Dicho eso, Luna empezó a acelerar el paso, dejando a un visible molesto Draco atrás. El chico no tuvo de otra que tragarse sus emociones y caminar más rápido con el fin de alcanzarla.

Tragarse sus emociones... Últimamente estaba haciendo eso más seguido, ahora que lo pensaba.

No era algo relevante, pero siempre le había llamado la atención el extremo control que tenía sobre si mismo. Siempre sereno, siempre controlado y siempre centrado. Era una de sus cualidades, lo cual era gracioso porque últimamente cada vez se sentía menos así.

¿De quién será la culpa?

Nuevamente centró sus pensamientos en la chica que estaba a su lado, ahora que lo veía sus pies estaban rojos, irritados por el frió.

—Dios mio Lovegood eres imposible, ¡vas a agarrar un resfriado!

—No pasa nada, he hecho esto muchas veces.

—Acabas de decir que el año pasado te enfermaste y que por ende no pudiste ver nada, ¡podría pasar lo mismo otra vez y lo sabes!

Luna abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo Draco metió la mano en su bolso y sacó un par de botas para jugar Quidditch.

—Ponte estos. Mis zapatos te quedarán grandes, pero al menos evitaran que agarres un resfriado.

Luna tardó unos segundos en reaccionar, pero no fue mucho. Sus ojos no tardaron en iluminarse en señal de agradecimiento.

—Gracias.

Draco desvió la mirada. Usualmente no era una persona que se preocupara por los demás, pero ver a Luna así le parecía indignarte, le recordaba a aquel día en el pasillo, cuando esas muchachas la empujaron sin siquiera molestarse en mirar a atrás.

No lo hacía por amabilidad, era simple cuestión de honor.

No había cosa peor que una persona sin honor.

—Ni siquiera lo menciones, ¿quieres? Lo hago simplemente porque era vergonzoso verte en tales condiciones.

—Ajá —Dijo ella asintiendo, luego murmuró —: creo que es la primera vez que alguien de Hogwarts me da un regalo...

Ante esto se sintió completamente avergonzado. A su parecer lo que hizo no tenía nada de especial. Es bien sabido que Draco no era una persona particularmente generosa, pero el simple hecho de verla a ella descalza sobre el césped frio le pareció insoportable.

No estaba en él hacer una cosa así, pero siendo honesto tampoco le dio mucha importancia al asunto.

Caso contrario con Luna Lovegood, quien era una muchacha agradecida y apreciaba cada pequeña acción. Lo que para él era insignificante para ella significa el mundo.

Dos visiones totalmente distintas de lo mismo.

—Sólo... Sólo recuerda devolvérmelos, no creo que puedas hacer mucho con ellos de todas formas. —De repente su rostro se sentía más caliente de lo usual.

—¿Puedo hacerles un encantamiento térmico?

—Como gustes —Respondió Draco sin verla a los ojos —, y que quede claro: sólo te acompaño porque si te pasa algo tendré que llevarte a la enfermería y eso sería un bochorno, ¿comprendes?

—Es lindo ver que te preocupas.

—Yo no dije nada de eso, Lovegood.

—No todo necesitas decirlo —Dijo Luna para luego cambiar el tema, sabía que no debía presionarlo más — Por cierto, ya llevamos un rato caminando y aun no logro ver ningún Wonk…

—¿Ah?

—Wonks, ya sabes... Las criaturas de las que te hable, espero verlas, no me perdonaría si este año me lo pierdo otra vez.

—No tengo tiempo para tus criaturas ficticias, Lovegood.

—No son ficticios, son 100% reales, te lo aseguro.

—¿Tu y quién más? ¿Tu padre, el escritor del oh-tan-grandioso Quisquilloso?

—No, te lo puede asegurar el Wonk que está en tu pierna.

¿¡Qué!?

Al escuchar esto Draco se sobresaltó a mas no poder, sin siquiera pensarlo se levantó y empezó a sacudirse como loco, no sabía lo que era pero si Lovegood lo conocía no podía ser nada bueno.

Vaya fue su vergüenza al darse cuenta de lo que estaba haciendo, y mucho peor fue ver que Luna Lovegood se estaba riendo suyo.

—Tu… ¡Tu demente! ¡Me engañaste!

Luna no pareció escuchar la ofensa.

—No te engañé, o al menos no técnicamente. No era un Wonk sino un Winkiblow y no estaba en tu pierna, pero estaba muuuy cerca, mira! —Dijo ella enterrando sus manos levemente en la tierra.

Draco pensó que lo estaba estafando hasta que vio como Luna escarbaba en la tierra y de ella salía una pequeña criatura parecida a un roedor. Tenía los ojos grandes y su pelaje era anaranjado, parecía algo molesto por haberse visto obligado a salir de su escondite.

Era pequeño, sumamente pequeño, pero era real. Fascinante en todos los sentidos.

—Es lindo, ¿no? —Preguntó Luna al verlo anonadado —, se supone que vamos a trabajar con ellos en la siguiente clase de Manejo de Criaturas Mágicas, pero ya yo los conocía, y quería verlos.

El joven sólo se limitó a asentir, acercándose lentamente hacía Luna.

—¿Qué harás con el?

—Nada, lo devolveré a su sitio.

—Podrías llevártelo. Así por lo menos podríamos decir que no hemos desperdiciado una hora de nuestras vidas caminando por este mugriento bosque.

—En realidad yo llevo aquí más de una hora —Dijo Luna más para ella misma que otra cosa —, pero realmente mi única intención era verlos.

—No entiendo tu mentalidad, Lovegood.

—No tienes que hacerlo, algunas cosas existen sólo para ser apreciadas desde lejos, para mi las criaturas mágicas entran en esa categoría.

—Bien, bien, pero al menos podrías llevarte alguno, estoy seguro de que podrías cuidarlos bien; además así podrías apreciarlos mejor. No les faltaría nada.

—Te equivocas. Sería muy amable de mi parte llevármelo, pero no lo correcto; así no pasa en la naturaleza —Dijo ella negando con la cabeza —. Se acostumbrarían a tener la comida al alcance de la pata y perdería su habilidad de encontrarla por su cuenta. Prefiero ver a los animales así: libres.

Draco le miró, un poco sorprendido por su sabiduría. A veces olvidaba que era una Ravenclaw.

—Está bien, lo entiendo. Pero eso no cambia el hecho de que hemos hecho todo esto para nada —Dijo Draco cruzando los brazos.

—Yo no lo llamaría de tal forma.

—Sí, claro. Para ti es fácil decirlo —Respondió Draco suspirando amargamente, luego murmuró —: Hush, ni siquiera sé que hago aquí...

Al parecer el susurro fue lo suficiente alto para que Luna lo escuchara. No era la primera vez que le pasaba.

—Es curioso, si es así… ¿por qué no te has ido?

Muy buena pregunta. Era tan buena que ni él mismo Draco Malfoy tenía una respuesta.

Hacía una hora, en el momento en que llegó al bosque su mente le dijo: vete, no haces nada aquí.

Pero decidió ignorar esa voz, últimamente hacía mucho eso. Y sin darse cuenta había terminado aquí.

Lo curioso es que no se arrepentía en lo absoluto.

—No… No lo sé, Lovegood.

Luna se encogió de hombros, eso era algo que le gustaba de ella: nunca le forzaba a hablar de más. Estaba conforme con su silencio, y el orgullo de Draco se lo agradecía.

—Lovegood, ya es tarde. Deberíamos regresar. Podrías hacer otra canasta y regresar mañana.

—Yo aún veo el sol —Dijo señalando al cielo.

—Ese no es el punto, el reloj dice que ya es tarde.

—Nunca me han gustado los relojes.

¿Por qué no le sorprendía que a Luna no le gustaran los artefactos que servían para fomentar el orden?

—Siempre dicen que hacer y cuando hacerlo. Gracias a ellos la gente siempre está apurada y no pueden apreciar cosas tan lindas como el día a día —Comentó ella y alzó su mirada hacía las nubes.

Sin darse cuenta, se encontró mirando hacia arriba. No se había fijado, pero el cielo estaba particularmente agradable ese día, aunque estuviera nublado.

—¿Verdad que es bonito? —Le preguntó ella mirando a la misma dirección que él.

Draco simplemente asintió.

—Entiendo lo que dices, Lovegood. Pero debes entender… Cada vez hace más frió y no llevas ropa para protegerte. Lo mejor es regresar, podrás seguir mañana, estoy seguro de que tus cria- que los Wonks no se irán.

Luna se le quedó mirando por unos segundos, por primera vez en su vida parecía cuestionarse seriamente lo que había dicho Draco.

—Está bien, regresemos —Dijo ella recogiendo sus cosas.

El asintió y empezaron a dirigirse de regreso al castillo. Juntos.

Así como los dos habían llegado al castillo, pensó que de la misma forma irían al gran comedor. No obstante, apenas al entrar Luna dijo que tenía unas cosas pendientes por hacer antes de cenar en el gran comedor, así que simplemente se despidió sin dejar oportunidad de que él respondiera algo.

—Realmente ha sido agradable tener tu compañía hoy... ¡Hasta luego, Draco! —Dijo ella para luego irse rápidamente por el pasillo contrario al que Draco iba.

Draco se quedó mirando en dirección al pasillo por unos segundos, pudo ver como cada vez la silueta de Luna se hacía más pequeña hasta finalmente desaparecer.

Su cuerpo tardó en reaccionar, pero cuando finalmente lo hizo sólo pudo decir algo:

—Hasta luego, Lovegood —Respondió él a la nada, dirigiéndose al gran comedor.

Sí, realmente algunas cosas no ocurren como uno espera.

Pero eso no es necesariamente malo.


AL FIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIN

¡HOLIIIIIIS!(?)

Dios mio no saben cuanto lamento la tardanza por el capitulo :( Me tardé el doble de lo que tenía planeado, pero siendo honesta escribir este capitulo me costó, simplemente no hallaba el punto intermedio respecto a lo que quería lograr, y aun tengo sentimientos agridulces al respecto, pero si no lo publicaba hoy no lo publicaba nunca, ¡así que aquí está! :')

Para compensar la tardanza el capitulo es más largo de lo normal, el doble de largo para ser exactos. Como pueden ver Draco y Luna ya tienen una relación de ''amigos'' por así decirlo, y Draco se cuestiona muchas cosas porque Luna es muy diferente a todo a lo que él está acostumbrado, pero está bien, aun quedan varios capítulos para que todo entre en lugar, no por nada esto es un Slow Burn hehe.

Por cierto, muchas gracias a Carina y wenn por sus comentarios, me alegra mucho ver que la historia les guste y les prometo que no la dejaré abandonada ¡también agradezco a todas las personas que se han molestado en dejar un follow o un favorite!

Cualquier comentario es bien recibido. El siguiente capitulo no tardará tanto, eso se los aseguro.

¡Nos vemos!