Después de una larga semana, hoy finalmente era día de Hogsmeade. Los alumnos se encontraban abarrotados en el pueblo aprovechando su tiempo libre para compartir y distraerse un rato. O al menos eso hacia la mayoría, Draco usualmente no formaba parte de las mayorías. Se encontraba solo, inusualmente solo.

No es que fuera una persona asocial, por el contrario, Draco se consideraba una persona popular; pero recientemente no soportaba la compañía de sus compañeros de casa. Cada vez los consideraba más insoportables, y hoy no tenía ganas de aguantarlos. Así que el día de hoy se inventó una excusa para escaparse, ¿nada mal, verdad?

Gracias a aquello ahora se encontraba caminando solo por los alrededores más apartados de Hogsmade, distrayéndose un poco con el paisaje a su alrededor. El día era gris, nublado y fario, algo deprimente, pero a Draco le encantaba.

De repente, distinguió a los lejos una figura rubia.

¿Luna?

Desde la distancia era difícil saber si era ella, pero tenía curiosidad, hacía tiempo que no veía a la joven Ravenclaw. Sin saber porque, sus pies comenzaron a moverse solos hasta donde estaba la muchacha. Ni siquiera supo en que momento lo hizo, simplemente quería confirmar si era Luna.

—¿Y por qué eso me debería importar?

Sacudió la cabeza ante el pensamiento. Llevaba una semana sin ver a la joven, Draco empezaba a preguntarse si le había pasado algo. Era simple y sana curiosidad. ¿Ok? Ok.

Indiferentemente de todo, aquel pensamiento no pudo permanecer mucho en su cabeza, apenas se acercó lo suficiente pudo notar que la muchacha si bien era rubia, no era Luna. Un sentimiento de decepción invadió a Draco por mucho que tratara de suprimirlo.

—¿Amm, sucede algo? —Preguntó la chica al ver que Draco le estaba observando.

No tendría por qué estar decepcionado, era estúpido decepcionarse por cosas tan ridículas como esa y él no era ningún estúpido.

Finalmente, Draco Malfoy, prefiriendo no hablar en lo absoluto, optó por apartar la mirada e irse por donde vino, dejando a la joven visiblemente confundida. Capaz y pensara que era un depredador sexual o algo por el estilo, no era normal que un chico se acercara a una chica sola. No es que le importara, a fin de cuentas ella no era Luna.

¿Ven? Por esto no le gustaba pasar tanto tiempo solo, empezaba a pensar puras tonterías.

Pasaron los minutos y Draco empezó a notar que la temperatura bajaba cada vez más, hacía más frio de lo usual. Se cruzó de brazos tratando de mantener el calor, no es que le molestara particularmente, el problema era que el frío y la soledad le daban oportunidad para pensar, y a él no le gustaba mucho eso.

Era un conflicto constante, no soportaba a sus compañeros de casa, pero tampoco le gustaba estar sólo por mucho tiempo por estas mismas razones, la única persona con la que había encontrado un equilibrio al respecto había sido…

Escuchó de la nada un sonido a la distancia. Draco se puso alerta. Estaba solo, en medio de la nada, cualquier persona podría tratar de atacarlo desprotegido. Acercó la mano a su varita y…

—¡WOOF!

De repente Draco estaba tirado en el suelo, con su cuerpo siendo aplastado por un perro gigantesco de 20 kilos.

¿Qué demonios?—Pensó Draco.

—¡Pocchi no! —Dijo una femenina.

Conocía esa voz: Luna Lovegood.

Si le preguntaban a Draco el destino tenía una forma muy odiosa de jugarle bromas, esta particularmente no le pareció buena.

El mundo estaba de cabeza, literalmente de cabeza. Sólo podía escuchar los ladridos del insufrible perro, (que por cierto seguía asfixiándolo con su peso), y las peticiones de Lovegood de soltarlo. Estaba conmocionado.

¿Qué hizo él para merecer esta vida?

—¡WOOF!

—¡Pocchi no, suéltalo!

Gracias a Merlín, el perro pareció entender lo que decía Luna y se levantó, dejando a un despeinado y maltratado Draco en el suelo.

Hoy no era su día de suerte.

Draco miró al perro, era grande, más grande de lo que pensó. Era un Husky Siberiano para ser exactos, conocía muy bien esa raza, no por nada le había rogado a sus padres por un perro durante años (en vano por cierto). Aunque claro, es difícil medir a un perro si lo tienes encima. Lo peor es que el insufrible perro parecía estar sonriendo ante su desgracia, si es que eso era posible.

—¡Oh, lo siento, lo siento Draco! No sé qué le pasó, usualmente Pocchi es muy tranquilo, eh yo… Déjame ayudarte.

Luna se acercó a él, extendiendo su mano. Sus ojos grises denotaban genuina preocupación. Preocupación por él, cosa que le hizo sentir un poco incómodo. No muchas personas se preocupaban por él.

Era la primera vez que la veía desde hacía una semana, ¿por qué ella le miraba así? Él era Draco Malfoy, no necesitaba ayuda de nada ni de nadie. Ahora que lo pensaba, Draco estaba ahí tirada en el suelo sucio y solo. Su preocupación podría ser interpretada cómo lástima ¿no? él no podía dejar que nadie sintiera lastima por él.

—No necesito tu ayuda —Respondió el tratando de levantarse.

Apenas dijo eso su cuerpo se tambaleo y cayó al suelo nuevamente.

Draco maldijo por lo bajo. Si Luna pensaba que era gracioso no lo demostró, gracias a Merlin. Su mano seguía extendida ahí para él.

De hecho, lo único que hizo fue acercar aún más su mano.

—Por favor —Dijo Luna.

Miro su mano por un segundo, y finalmente, la agarró.

A pesar del clima gélido a su alrededor, Draco pudo percibir lo cálido de su toque. No tocaba usualmente a las personas; era muy reservado para eso. Además, él siempre había sido una persona amante del frio, pero de repente sentir calor no le pareció tan malo, no si era así.

El chico se dio cuenta de que habían pasado los segundos y aún seguía sujetando la mano de Luna. Rápidamente soltó su mano, tratando de disimular lo máximo posible. Si ella sospechó algo no lo dijo. Mientras tanto, él frio empezó a inundar su mano otra vez.

Se tomó un segundo para observar a Luna. Se veía igual que siempre, aunque no la veía desde hacía una semana, era una persona muy constante en ese aspecto. Hoy vestía un traje morado y un gorro de distintos colores, destacaba entre todo lo blanco de la nieve.

—¡WOOF!

Y para empeorar todo ahora el perro le estaba ladrando.

—¡No pocchi! Él es Draco, nuestro amigo, no se ladra a nuestros amigos.

Draco ahogó un suspiro. Era interesante escuchar a Luna defenderlo, aunque fuera de un tonto perro. Casi le hacía olvidar que hacía unos segundos el animal lo había lanzada al suelo… Casi.

Pero no lo suficiente.

—Lovegood, dime algo, ¿por qué nunca nos podemos encontrar en una situación normal?

—Lo siento, lo encontré aquí solo, quise devolverlo con su dueña pero salió corriendo y… —Respondió Luna tratando de explicarse, no lo hacía muy bien.

—…¿Terminó encima mío? —Dijo Draco, mirándole fijamente.

Ella asintió.

—Usualmente es muy amigable con todo el mundo...

Tal vez detectó que yo no soy muy amigable con todo el mundo —Pensó Draco viendo al animal.

—¡Woof! ¡Woof! —El insufrible perro seguía ladrando

—¡Ya cállate! —Respondió Draco mirando a Pocchi.

—¡Draco no!

—¡WOOF! ¡WOOF! ¡WOOF! ¡WOOF!

Ahora el perro estaba ladrando más que nunca. ¿Alguien podía matarlo, por favor? A él o al perro, no le importaba quien mientras detuvieran ese infernal sonido.

—¡Lovegood, calma a tu perro por el amor a Merlín!

—Tú también debes calmarte, lo estás alterando —Respondió Luna firmemente, era asombroso como podía mantener la calma entre los ladridos de Draco y del perro, es decir, Pocchi.

—¿Yo? ¿Alterando a esa cosa?

Sintiendo como cada vez la frustración crecía dentro de sí, se llevó la mano a la frente, tratando de calmarse. Tenía que encontrar su lugar feliz, donde sea que esté.

Tomó varios minutos, pero finalmente Luna logró que el perro dejara de ladrarle incansablemente. Aun así, el animal no dejaba de mirarle intensamente, como diciendo: —Te estoy vigilando.

—Perro tonto — Murmuró Draco.

—No le digas así, Pocchi es muy bueno.

—¿Ah sí? ¿Si es tan bueno por qué estaba aquí suelto? ¿No tiene dueños que se ocupen de él?

Luna suspiró.

—Claro que los tiene. Sólo… Le gusta explorar mucho, así que se escapa a veces. Por eso tiene placa, no es la primera vez que lo he encontrado suelto —Explicó Luna con cuidado, al parecer era muy cercana al animal. Aunque siendo honestos, Luna era muy cercana a cualquier animal o criatura mágica, tenía una obsesión con ellos.

—Claaaro. Le gusta escaparse para salir a explorar, que casualidad. Hump, me recuerda a alguien, ya entiendo porque son tan amigos…

Por primera vez en su vida, Luna pareció captar una indirecta.

—Tal vez —Dijo ella, dejando ver una muy pequeña sonrisa.

Un sentimiento que hacía tiempo no sentía llenó su cuerpo. Tuvo que contenerse para evitar sonreír. Gracias al cielo lo logró, él no podía permitirse perder el manejo de sus emociones.

Reflexionó un segundo sobre la situación en la que se encontraba, hacía cinco minutos todo era muy distinto, así de curioso era el destino. Ahora estaba desaliñado, cubierto de nieve, y si bien lo del perro encima de él había sido desagradable, estaba feliz ver a Luna otra vez.

Aunque nunca lo diría en voz alta, el orgullo Malfoy se lo impedía.

—¡Woof! —Volvió a ladrar el perro.

—Realmente parece que no le agradas mucho… —Dijo Luna mirando a Pocchi, extrañada.

—Pues dile a tu amigo que el sentimiento es mutuo.

—Tranquilo, Draco.

—Soy el epitome de la tranquilidad, Lovegood.

Al escuchar esto Luna rodó los ojos.

—¿Nunca has tenido un perro, verdad? —Preguntó Luna.

Draco bajó la mirada, ¿acaso él era tan fácil de leer? No, no era eso. Sólo Luna podía leerlo a él muy fácilmente, siempre había sido así, era una de sus habilidades.

—¿Eso a que viene al caso? —Respondió Draco, sin mirar a Luna a los ojos.

—Nada… Yo tampoco he tenido un perro ¿sabes? siempre he querido uno. Pero Pocchi es un buen amigo de todas formas, lo visito seguido, podrías hacer lo mismo.

—¿Yo? ¿Amigo de esa bestia? Ni lo sueñes —Respondió él como si estuviera loca —, y hablas como si fuera tu amigo del alma Lovegood; sólo es una mascota.

—Las mascotas también pueden ser buenos amigos, incluso mejor que las personas. Yo lo he descubierto por las malas… ¿Tienes una lechuza, verdad? Ella podría ser tu amiga, estoy segura de que sería bueno para ti.

De repente las palabras de Luna, que ya creía olvidadas, resonaron otra vez en su cabeza: —Sabes que eres igual que yo, en el fondo no tienes un amigo verdadero, yo sufrí lo mismo.

Sabes que eres igual que yo, en el fondo no tienes un amigo verdadero.

En el fondo no tienes un amigo verdadero.

¿Por qué? ¿Por qué después de tanto tiempo volvían esos pensamientos a su cabeza?

¿Por qué no podía estar en paz?

Todo era culpa de Lovegood. Siempre que se encontraba con ella terminaba cuestionándose algo, como ya era costumbre. Tal vez era una habilidad que tenían todos los Ravenclaw. Eso tendría mucho más sentido.

—Tonterías.

—No era mi intención que te afectara, Draco.

—No lo hiciste, sólo pienso que lo que dices no tiene sentido Lovegood. Soy un Malfoy, no puedo andar perdiendo el tiempo con mascotas. De pequeño siempre quise una pero mi padre nunca lo permitió, decía que los Malfoys debíamos centrar nuestro tiempo en formar alianzas, no sentimentalismos que no llevarían a ningún lado.

Un momento…

¿Por qué había dicho eso? ¿Qué le pasaba?

No era la primera vez, siempre era fácil abrirse con Luna, él lo sabía y esta vez bajó la guardia. Su padre siempre decía que eso no podía pasar. Demonios, había mostrado debilidad, ¿ahora qué pensaría?

Luna guardó silencio, hasta que finalmente abrió la boca para hablar. Lo peor fue escuchar la lástima salir de su voz:

—Lo siento…

No, no, no… Luna Lovegood, de todas las personas, no debía disculparse con él, no por esto.

—¡Deja de sentir lástima por mí, Lovegood!

Luna se apartó y se quedó callada. Por primera vez, le miraba expectante y con algo de temor en los ojos, descubrió que no le gustaba en lo absoluto eso. De un segundo a otro todo estaba mal.

—Siempre, siempre me tratas como si… Como si sintieras pena por mí, como si no fuera importante. Todos me miran con Malfoy, la cabeza de una familia de sangre puras, pero tú no, siempre te empeñas en acercarte y tratar, ¿por qué eres diferente? —Dijo Draco, agachando la mirada para no tener que verla.

Ella se tomó una pausa, era como si estuviera estudiando detenidamente sus emociones y su alrededor. El silencio se tornó incomodo, al punto en que Draco aún no se atrevía a levantar la mirada del suelo. Simplemente quería irse a cualquier otro lado. Finalmente Luna respondió, su suave voz lo trajo de regreso a la realidad:

—Sólo te trato como una persona, Draco. Siempre trato a las personas como personas. Sé que para muchos eres sólo Malfoy, pero para mí lo importante no es tu apellido sino la persona que eres. Te dije que lo sentía porque yo siempre quise un perro y nunca pude tenerlo, eso me ponía triste de pequeña —Luna tomó una pausa, parecía estar buscando las palabras correctas —.Tu viviste lo mismo así que pensé que te sentías igual. Sólo pensé que te entendía. Decir lo siento no siempre es lástima, Draco. También es empatía y comprensión, eso no es malo, nunca.

El mundo pareció detenerse.

Draco no sabía que decir. Demonios, ni siquiera sabía que pensar.

Sus palabras resonaron en su mente, una y otra vez.

¿Qué se supone que tenía que hacer ahora?

No estaba molesto, ya no. Sólo se sentía… Ni siquiera sabía cómo sentirse siendo honesto. Lo que sí tenía claro es que Luna no sentía lástima por él, ella no era de hacer eso, simplemente le comprendía, o trataba de hacerlo.

—Eres demasiado buena con todo el mundo, demasiado buena para tu bien. —Respondió finalmente Draco.

—Creo que ya me lo has dicho.

Antiguas palabras de Lovegood volvieron a su mente:

No puedo cambiar a los demás, pero siempre puedo tratar de ser la mejor versión de mí.

Eso le había dicho hacía ya un tiempo, y entre más compartía con ella más descubría que era verdad.

—Sí, es cierto…

Un silencio incomodo llenó el ambiente, él no sabía que decir y al parecer ella Luna tampoco. Era la primera vez que algo así pasaba entre los dos, era extraño.

Al parecer, la bestia, (es decir, Pocchi) pareció notar la incomodidad del ambiente, porque empezó a ladrar y antes de que pudiera siquiera reaccionar, se lanzó encima de Draco otra vez. Aunque de forma más amistosa que la vez anterior, ahora hasta le estaba lamiendo.

—¡No, la cara no! ¡Q-quítate! —Dijo Draco tratando de quitarse al perro de encima, sin éxito.

Luna parecía encontrar muy divertida la situación, porque estaba parada sin hacer nada. Draco podía jurar que veía una sonrisa en su rostro. Lo que le faltaba, tanto el perro como la chica se burlaban suyo. Un día de estos se vengaría.

—¡Lovegood deja de reírte y ayúdame a q- quítate perro!

La joven negó con la cabeza.

—Vamos Pocchi, deja a Draco tranquilo —Dijo Luna dulcemente.

Era increíble lo obediente que podía ser el perro cuando quería, sólo le bastó escucharla a ella para quitarse de encima. Ojala hubiera sido así hace unos minutos…

—¿Al parecer ya no me odias, eh bestia? —Dijo él al perro.

Pocchi le miró y le ladró una sola vez en señal de respuesta, Draco podía jurar que le entendía.

—Perro tonto —Respondió Draco.

Con todo y eso, el joven no pudo evitar sonreír. Al menos el perro ya no le odiaba, y había sido un poco divertido después de todo. Se preguntó si así era tener un perro, tal vez Lovegood tenía razón respecto al tema de las mascotas.

De repente notó que Luna le estaba viendo como aquellas personas que observan felizmente las estrellas en el cielo. Draco no pudo hacer otra cosa que apartar la mirada, extrañado por recibir tal atención.

—¿Tu qué me miras?

—Nada, sólo… Estás sonriendo. No lo haces mucho, pero es agradable. —Dijo ella sonriendo también.

Ahora Luna le estaba mirando fijamente. Nunca se había fijado pero sus ojos grises combinaban perfectamente con la sonrisa que tenía en su rostro. De la nada Draco sintió su cara más caliente de lo habitual.

¿Cómo podía pasar de estar molesto con ella a esto? Seguro estaba pasando por algún cambio hormonal.

—Si ya, como tú digas… —Murmuró Draco —Deberíamos llevar a esta bestia a su casa, ¿sabes dónde vive?

Ella asintió.

—Es por acá, sígueme. —Dijo ella señalando con el dedo en dirección al este.

Sin decir más, Luna empezó a caminar en dirección al pueblo.

—¿Y por qué yo tendría que seguirte?

La Ravenclaw se encogió de hombros y siguió caminando sin prestarle mucha atención, hasta ella tenía un límite en su paciencia. Las palabras de Draco quedaron vacías en el aire.

—Hush, como sea —Dijo Draco, resignado y empezando a seguirla.


Ahora se encontraban frente a una casa.

Luna tocó el timbre y Draco pudo escuchar en seguida los pasos de alguien acercándose. De repente la puerta se abrió y una señora de pelo rizado salió, parecía feliz de ver a la joven Ravenclaw.

—¡Hola, Luna!

—Hola señora Beetle —Respondió Luna amablemente —. Le traigo a Pocchi, parece que se escapó otra vez.

—¡Oh ese perro! No sé qué voy a hacer con él, no importa que haga siempre termina escapándose. En fin, muchas gracias.

—No hay de que señora Beetle.

—¡Claro que sí! Seguro estabas haciendo mejores cosas y este perro te vino a interrumpir —La señora Beetle parecía tirarle indirectas a Luna —. Ven, les invito una taza de chocolate caliente para compensar la molestia.

Oh no. Una cosa era regresar un perro y otra era entrar en la casa de una desconocida a tomar chocolate caliente. ¿Acaso Lovegood creía que no tenía mejores cosas que hacer?

Bueno realmente no, pero eso no significaba que quería hacerlo. Ahora Draco no sabía a dónde mirar o que hacer para zafarse de esta situación.

—Eeeh, no sé si es necesario… —Empezó a decir él.

—¡Insisto! ¡Venga pasen! —Respondió ella jalándolo de la manga, mientras Luna se limitaba a asentir.

Draco se recordó a su mismo vengarse de ella más tarde, él no era ningún sirviente.

Ambos entraron a la casa de la señora y se sentaron a esperar el chocolate caliente, la casa era tan pequeña que le sorprendía que un perro tan gigantesco como Pocchi cupiera ahí, pero el lugar también era acogedor a su manera. Lo más resaltaste era que olía a café y a animal, una mezcla extraña a su parecer.

Al rato llegó la señora Beetle con unas tazas en mano. Draco suspiró, tal vez no fuera tan malo después de todo, a fin de cuentas el chocolate lo ayudaría a descongelarse.

Al final la señora Beetle y Luna empezaron a platicar entre ellas, mientras él se limitaba a escucharlas y tomar su chocolate caliente. No fue hasta pasado unos minutos que la señora Beetle decidió preguntarles cómo se habían encontrado con su perro.

—¿Quééé? Como que se lanzó encima tuyo? —Preguntó la mujer con asombro mirando a Draco.

Draco asintió, un poco molesto de que le recordaran el hecho nuevamente.

—Sí, estaba caminando tranquilamente cuando la bes- quiero decir, Pocchi se abalanzó encima de mí. Se podría decir que fue toda una... sorpresa —Respondió Draco amargamente —. Tampoco fue la gran cosa.

El rostro de la señora Beetle se llenó de horror al escuchar las palabras de Draco.

—¡Oh, ese perro! Lo siento mucho, Pocchi tiene la manía de querer jugar con los desconocidos, aunque usualmente es más amable...

Luna decidió que era hora de interrumpir la conversación.

—No se preocupe señora Beetle, de no ser por él no me hubiera encontrado con Draco hoy y de no ser por Draco no habría podido alcanzar a Pocchi —Respondió ella amablemente.

La señora Beetle pareció relajarse un poco.

—Ah eso es un alivio, así que se podría decir que fue el destino, ¿no?

El asintió, no muy interesado en continuar la conversación. Luna y la señora Beetle se pusieron a conversar entre ellas nuevamente, mientras que él se conformaba con simplemente escucharlas hablar y tomar su chocolate. El ambiente era relajante en cierta forma, hasta la bestia de Pocchi se encontraba tirado en el suelo tranquilamente.

Fue luego de un rato la mujer volvió a posar su atención en Draco.

—¿Y qué te trae por aquí jovencito? es muy raro que Luna venga aquí acompañada —Dijo la mujer mirándole curiosa.

—Eh… Podría decirse que nos encontramos por casualidad, luego Lovegood me arrastró aquí y el resto es historia.

¿Y en parte era cierto, no? Su relación con ella empezó por simple casualidad, antes de encontrarse en el salón abandonado ni siquiera intercambiaban palabras en los pasillos. No había razón de hacerlo. Al menos, no antes.

—Oh, las casualidades no existen joven, eso es algo que he aprendido con los años. Cada acción en la vida tiene una razón, sólo que tal vez tú no lo sepas por el momento.

¿Era idea suya o esta mujer hablaba exactamente igual que Luna?

Lo que le faltaba, dos pseudo filosofas sin sentido en su vida.

A pesar de todo, Draco se consideraba un muchacho educado con las señoras mayores, así que optó por simplemente cortarle el tema. No quería sobre pensar las cosas, ya tenía a Luna para eso.

—Tal vez, quien sabe.

Después de eso la mujer decidió no insistir más.

Cinco minutos más tarde Luna y Draco se encontraban frente a la puerta de la casa junto a la señora Beetle, ya era hora de irse.

—Muchas gracias otra vez por traerme a Pocchi —Dijo la señora Beetle—. Fue un placer tenerlos aquí Luna y ammm…

—Draco Malfoy, madame —Respondió él al ver que en ningún momento le había dicho su nombre.

El semblante de la mujer cambió completamente por unos segundos, los suficientes para que Draco lo notara al menos. Aunque rápidamente volvió a la normalidad. Al parecer su nombre no era algo de su agrado.

—Ah, ya veo. Qué… interesante. Nunca pensé que mi Luna sería amiga de un Malfoy —Respondió la señora. Draco pudo notar cierto tono de incomodidad en su voz.

—Ammm… —Trató de decir Draco.

—El destino es muy misterioso, ¿verdad? —Respondió Luna, cortando lo que fuera que iba a decir.

La mujer miró a Luna como si esperara alguna respuesta. A Draco le pareció que las dos tenían una conversación secreta a base de simples miradas, una conversación en la que él era el tema principal.

Fuese lo que fuese, al parecer Luna ganó la discusión.

—Ah sí, completamente —Dijo la mujer volviendo a sonreír, ya no parecía incomoda —. En fin, muchas gracias otra vez, y cuídense del frío ¿sí?

Ambos asintieron.

—¡Adiós! —Respondió Luna y se fueron de ahí.

Al fin habían salido de esa casa. No es que se quejara, pero ya quería salir y respirar algo de aire fresco, además de que no podía aguantar más a las dos mujeres hablando como cotorras.

Ahora ambos se encontraban caminando bajo la nieve sin destino aparente.

—¿Fue agradable no crees? —Preguntó Luna.

Draco asintió, no había sido tan malo después de todo, al menos se había entretenido, pero ahora había algo que le incomodaba. La señora había sido muy amable con él, no podía negar eso; pero su semblante cambió completamente al escuchar su nombre completo.

—Sí, pero creo que algo tiene esa señora conmigo. Su semblante cambió completamente por un segundo al escuchar mi apellido, también debiste notarlo.

Por un instante reinó el silencio, tanto así que se preguntó si realmente ella le había escuchado; hasta que finalmente decidió responder:

—Bueno... Probablemente se deba a que ella es una nacida de muggles. Por lo que sé estudió en la misma promoción de tus padres en Hogwarts, no creo que se llevaran muy bien…

Ahora todo tenía sentido.

—Ah perfecto, lo que me faltaba —Dijo Draco sarcásticamente — ¿Una nacida de Muggles dices? ¿Si ya sabias eso por qué me presentaste con ella? ¿Por qué siquiera me dejaste pasar a su casa? Demonios Lovegood, ahora todo me parece incómodo.

—Porque nos invitó a tomar chocolate caliente y hubiera sido descortés rechazarla. Y porque creo en que las personas somos más que nuestros pasado —Respondió Luna mirándole firmemente, tenía un brillo especial en los ojos —. No lo dije porque no quería que ella te juzgara sin conocerte, o que tú lo hicieras con ella. Pensé... Quería creer— no, quería probar que se podían llevar bien mientras no supieran el origen del otro, y así fue.

Eso...

Eso en parte era cierto.

Nunca se acercaba a los hijos de Muggles. De hecho, los trataba como seres inferiores que no tenían derecho a tener lo que tenían. Eso era lo que se la había enseñado en su familia y él seguía ese pensamiento, pero ahora había estado una tarde entera junto una nacida de muggles y le costaba admitirlo, pero la había pasado bien.

Demonios, lo que le faltaba: más dudas en su vida.

La voz de Luna lo trajo de regreso a la realidad.

—Lamento si fue incómodo para ti, Draco —Dijo Luna honestamente.

—No fue nada que no haya vivido antes. Sólo... Sólo avísame a la próxima, ¿entendido?

Ella asintió.

—Le caíste bien. Tu apellido la agarró por sorpresa, eso es todo— Respondió ella.

—Ya te dije que no me importa, Lovegood.

—Lo digo porque igual no fue correcto que reaccionara así, aunque fuera por un segundo.

—No la culpo; y no todo en la vida puede ser correcto, deberías saberlo mejor que nadie Respondió Draco rodando los ojos.

—Eso no significa hay que parar de intentar, Draco.

Después de aquellas palabras reinó el silencio. Ninguno quiso volver a forzar la conversación, era mejor dejarlo así.

Realmente no le importaba, entendía porque esa mujer se había sorprendido y no la juzgaba, él también se había sentido incomodo al saber que era hija de muggles, pero ahora no le importaba mucho. Muy en el fondo, la mujer le seguía agradando un poco, a pesar de ser nacida de muggles.

Obviamente, no lo admitiría nunca. No le daría ese gusto a Luna.

Vaya, ¿cuándo habían llegado a este nivel de confianza?

Ahora que la ventana de la confianza estaba abierta ya no se sentía incomodo. Nunca se sentía incomodo con ella realmente, pero ahora sentía que le podía decir cualquier cosa sin problemas.

Draco se fijó que Luna le estaba mirando fijamente. Perfecto: justo en ese momento tenía una duda y quería aprovechar para aclararla.

—Lovegood, ¿te puedo hacer una pregunta?

Ella le miró curiosa, no era usual que él se le acercara de tal forma.

—Adelante Draco, soy todo oídos.

—Precisamente eso quiero saber, ¿por qué me sigues llamando Draco?

No era que le molestara precisamente, simplemente era… Raro. Le había dicho hasta el cansancio que le llamara por su apellido, ya que su nombre era algo reservados para sus seres cercanos; pero la chica no hacía más que ignorarlo, y si bien llevaba juntándose con Luna desde hacía un tiempo Draco no sabía definir que rayos eran, y que ella lo tratara con tanta familiaridad no hacía más que confundirlo.

Siendo honestos, ¿se podría decir que eran amigos, no? Una parte de él empezaba a pensarlo con más frecuencia últimamente, pero no quería admitirlo. Descartaba el pensamiento apenas surcaba por su cabeza, probablemente debido al miedo a lo desconocido.

Por un momento pensó que le respondería algo corto y sencillo como: "Porque me gusta hacerlo, tu nombre es bonito" pero el resultado fue todo lo contrario, al parecer quería aclararle todas sus dudas.

—Porque es tu nombre. Nunca he entendido esa obsesión por llamar a las personas por sus apellidos. Los apellidos representan status e historia, pero a mí no me interesa eso, las personas son sólo personas. Tu nombre es lo que te hace único, existe sólo un Draco Malfoy en el mundo después de todo; eso es lo que pienso, pero… ¿Prefieres que te llame por tu apellido, Malfoy?

Por primera vez en su vida a Draco no le gustó escuchar su apellido, sonaba extrañamente amargo, sobre todo proviniendo de Lovegood. Estaba acostumbrado a que ella le tratara con familiaridad, puede que no supiera definir si eran amigos, pero eso no significaba que quería cambiarlo.

—No, no hay problema, Lovegood. Puedes… Puedes llamarme Draco —Respondió él, bajando la voz con cada palabra.

—¿Y tú… crees poder llamarme Luna?

La pregunta lo agarró por sorpresa.

Una parte de él quería hacerlo, realmente quería hacerlo; pero otra parte se rehusaba completamente. Nunca había tenido amigos fuera de Slytherin, esta familiaridad con la que le trataba Luna era distinto a todo lo que conocía.

Hacerlo sería ir en contra de todo lo que creía, y eso le asustaba.

—…No lo sé, tal vez… tal vez en un futuro.

Por un segundo temió que se molestara con él, pero al contrario, a Luna no pareció molestarle su respuesta. Por el contrario, parecía entenderle, últimamente Luna parecía ser la única persona que lo comprendía perfectamente, tal vez porque nunca forzaba a nadie a nada.

—Está bien, no hay ningún problema… —Dijo Luna mirándole a los ojos—. Igual gracias por dejarme llamarte por tu nombre, Draco.

El Slytherin asintió, mirando hacia otra dirección. No estaba acostumbrado a tanta amabilidad, de repente se sintió un poco avergonzado. Su cara probablemente estaba algo roja, ¿por qué estaba hablando tanto?

Tenía que cambiar el tema.

—Sí bueno, tengo que ir a comprar unos libros, Lovegood. Ya es algo tarde.

—Oh, está bien.

Entonces Draco empezó a caminar, igual estaba cansado de estar parado ahí sin hacer nada. Por su parte Luna se quedó quieta en su sitio, sin saber muy bien que debía hacer.

Él se volteó a verla, extrañado por su reacción. Lo único que quería era cambiar el tema, no pasar el resto de la tarde solo. Además, si ya habían pasado todo este tiempo juntos no importaba seguir así unas horas más.

—¿Qué? ¿Acaso te vas a quedar ahí?

El rostro de Lovegood pareció iluminarse completamente al ver que podía seguir pasando la tarde con él. Mientras tanto, el corazón de Draco se detuvo por un instante; sólo por un instante.

Rápidamente Luna caminó hacía donde estaba.

Los dos se miraron mutuamente, y siendo honestos, el tiempo pareció paralizarse de repente. Entre lo blanco de la nieve, lo único que resaltaba era Luna con su inmenso traje y su colorido gorro. Draco siempre había dicho que Luna nunca pasaba desapercibida, lo cual era cierto, pero había algo particular esta vez, era diferente. Ahora se sentía distinto en una forma que no sabía descifrar.

De hecho, lo único que lo podía reconfortar bajo todo este frio y nieve es que estaba ahí, junto a Luna.

Draco ahogó un suspiro. Había sido un día alocado, pero ya tendría tiempo de pensar mejor las cosas. Ahora solo quería pasar la tarde tranquilamente, olvidarse de todo por un rato. Así que sin decir nada más, ambos empezaron a caminar juntos en dirección al pueblo.


Hola! ¿Qué tal? ¿Que les pareció el capitulo? Tuve que hacer bastante esfuerzo pero estoy muy contenta con el resultado, este es por momento mi capitulo favorito, además de él más largo que he escrito hehe, cada vez avanzo un poco más. Ya a partir de aquí se puede ver un posible futuro para Luna y Draco, ¿no les parece?

En fin, muchas gracias a Elo y a todos quienes siguen esta historia, cada comentario, favorito y follow me motiva a escribir día a día. Por eso no olviden contarme que les pareció! Realmente espero que les haya gustado :')

Por cierto, aquí les traigo un extra. Estoy pensando en incluir un poco de Ginny en la historia, más que todo para que aconseje a Luna e intervenga entre ella y Draco, pero no es algo que tenga seguro por el momento, por eso no puse la escena, aquí está:

EXTRA:

—Hey Ginny, ¿esa no es Lovegood?

La pelirroja miró hacia donde le señalaron y abrió la boca sorprendida. Debía estar alucinando. Efectivamente, Draco y Luna estaban caminando juntos, parecían estar conversando tranquilamente. Amigablemente incluso.

—¿Qué? —Dijo ella mirándolos. No podía creer lo que veían sus ojos.

Ginny Weasley tenía que hablar con Luna enseguida.