—Explícamelo.

—Ginny...

—No, enserio. Explícamelo, con peras y manzanas, realmente quiero entender lo que vi.

—Ginny...

—¿Qué? —Respondió Ginny exasperada.

Luna volteó los ojos por milésima vez. ¿Sería posible que su amiga se calmara por un minuto y le dejara hablar?

—No es nada Ginny. Sólo estaba hablando-

—Con Draco, Draco Malfoy. El chico más insoportable de Hogwarts. Sí, ya lo sé, mis ojos lo vieron. La cosa es que no termino de entender cómo fue que eso pasó —Respondió Ginny cada vez más alterada.

Luna suspiró.

—Sólo estábamos hablando. Íbamos a buscar unos libros en la tienda.

—¿Y desde cuando hablas tan amistosamente con Draco Malfoy de todas las personas, eh?

Luna suspiró profundamente, sabía que no había forma de escapar de esta. Su amistad con Draco no era ningún secreto, pero tampoco se lo había contado a nadie, nunca había visto la necesidad de ello; ahora se daba cuenta de que fue un error. Comprendía a Ginny, era obvio que su amiga estaba preocupada por ella, aunque esto no evitaba que fuera algo molesto su exageración respecto al asunto.

De todas formas decidió contarle cada detalle al respecto, Ginny era su mejor (y única) amiga, le tenía confianza. Así que le contó todo, absolutamente todo. Una vez terminó de contar la historia la pelirroja se quedó completamente callada, como si su mente no acabara de procesar lo que acababa de oír.

—¿Ammm, Ginny? —Dijo Luna al ver que su amiga seguía sin reaccionar.

—Así qué... Me estás diciendo que desde hace dos meses empezaste a encontrarte con Malfoy en el salón que está abandonado, y que gracias al paso del tiempo y alguna otra mágica razón que no entiendo ustedes se llevan... ¿bien?

Luna asintió.

—Supongo que sí. No es tan malo como parece.

—Luna, estamos hablando de Draco Malfoy. El chico más patán de Hogwarts, el chico que siempre se ha burlado de quienes considera inferiores a él, es decir, tooodo el mundo excepto sus amiguitos Slytherin.

A Luna le generó incomodidad escuchar eso. Era cierto que Draco era conocido por su carácter apático, lo sabía mejor que nadie. No obstante, eso no evitó que Luna pudiera acercarse a él.

Todo parecía obra del destino ahora que lo pensaba.

A fin de cuentas, todo empezó porque ambos querían estar compartir un mismo lugar, sin más ni menos. De esa forma llegaron al acuerdo de compartir el salón. A partir de ahí sus simples encuentros terminaron volviéndose una rutina, y después de eso empezó a surgir una relación amistosa.

Al inicio Draco no fue muy amable con ella, era cierto; pero honestamente casi nadie en Hogwarts lo había sido con ella. Lo importante es que eso ya no era así, Luna no era tonta, podía notar como el muchacho había cambiado leeeeentamente con el paso de los meses, un cambio que sólo ella podía ver.

Luna siempre había pensado que Draco era más de lo que parecía, sus padres lo habían adoctrinado para ser alguien perfecto, pero aquí era libre y ella sabía que podía llegar a ser mucho más, sólo necesitaba una oportunidad. Ahora mismo lo había confirmado, y no había tenido que hacer nada.

Draco era una persona que le parecía interesante desde que lo conoció, siempre parecía estar en guardia, centrado y distante de lo que le pasaba a su alrededor. Pero eso era una fachada, y Luna lo había descubierto, no por nada siempre se había considera buena leyendo a las personas. Draco cambiaba su semblante cada vez que ella le sorprendía con algo nuevo, lo cual pasaba relativamente seguido. Cuando él bajaba la guardia se volvía alguien diferente, alguien que miraba el mundo de forma diferente.

Al contrario de lo que muchos creyeran Draco tenía bondad en su interior, la cosa es que aún no sabía demostrarla del todo.

—Sé lo que dices. Lo sé mejor que nadie —Dijo Luna —. Pero... No es tan malo como parece, lo he notado. Sus padres lo han criado para ser así, no conoce otra forma de ser. Siempre parece sorprendido cuando le muestro que existen otras formas de hacer las cosas... El es más de lo que parece, Ginny. Él es amable conmigo.

Ginny le miró con ganas de vomitar. ¿Acaso su amiga estaba loca o qué?

—Por favor, no hables más así de él. Me da asco —Dijo Ginny llevándose la mano a la boca.

—Lo siento...

La pelirroja sacudió la cabeza.

—No, no. No te disculpes, Luna —Respondió Ginny mirándole a los ojos nerviosa —. Es que... Debes entender, soy tu amiga, y me preocupas. No creo que algo bueno pueda salir de esto, y no quiero que termines mal. Todo Hogwarts se pondría en contra tuya.

Luna miró con cariño a su amiga. Su preocupación era molesta, pero la entendía, en el fondo sólo se estaba preocupando por ella, y eso era algo que apreciaba más que nada en el mundo.

—No tienes que preocuparte por mí, Ginny. Estoy bien. Tampoco es algo de otro mundo, simplemente me llevo bien con él, es mi... Amigo. Realmente creo que Draco puede llegar a ser alguien muy diferente de lo que imaginamos si le damos una oportunidad.

—No sé, no confío en él ni en su definición de amistad si te soy honesta. Pero confió en ti, así que te dejaré tranquila por ahora. Sólo... no hagas que me preocupe. ¿Ok?

Ella asintió sonriente.

—Sí.


Hoy no era su día.

Tal vez era muy temprano para decretar eso, pues apenas eran las 12 del mediodía. Pero a Draco no le importaba, todo lo había salido mal en apenas las 12 horas que llevaba de día, desde llegar tarde a clases hasta su pésimo desempeño en el último examen. Así que no podía ver como la situación iba a cambiar.

Por eso decidió no ir a almorzar, no tenía ganas de ver a absolutamente nadie, ni siquiera a sus compañeros de casa. Lo único que quería era estar solo. Se podría decir que había una tormenta en su cabeza, una tormenta que tomó control de su cuerpo e hizo que empezara a moverse en modo automático, sin saber a dónde iba.

Fue así como terminó frente a la puerta del salón abandonado.

Qué sorpresa (no lo era)

Era extraño, el lugar se había convertido en una especie de refugio para él, ahí podía estar tranquilo y en paz, sin nadie que lo molestase. Con excepción de Lovegood, pero ella no contaba, su presencia desde hacía tiempo no le molestaba, era mil veces mejor estar con ella que con sus compañeros.

No fue sorpresa entrar y encontrarse con Luna sentada en una mesa. Al parecer se encontraba trabajando en un proyecto de pociones, pues tenía varios libros y distintos materiales alrededor de la mesa.

—Hola, Draco —Le saludó Luna amablemente.

Draco se limitó a hacer un gesto de saludo con la mano. Por mucho que apreciara a Luna no estaba de humor para hablar con ella o con nadie. Simplemente caminó hasta donde estaba la mesa y sacó sus libros. Aprovecharía el tiempo para estudiar.

—¿Sucede algo? —Preguntó Luna mirándole.

—No. En lo absoluto.

Sabía que Luna no se creería eso ni en mil años, pero tenía que intentarlo.

—Está bien, si me necesitas aquí estoy para escucharte.

El joven le miró. No estaba sorprendido por comprensión de Luna; ella era un persona que rara vez lo forzaba a algo. Y en estos momentos lo agradecía más que nadie, por mucho que la apreciara en estos momentos no quería hablar, ni siquiera con ella.

De esta forma reinó el silencio.

Draco quería calmarse y pasar el resto de su tiempo libre tranquilo, pero lamentablemente eso no parecía suceder. Su cabeza le dolía y tener tareas que hacer no le ayudaba en lo absoluto. Se suponía que tenía que hacer un informe larguisimo para Historia de la Magia, pero por mucho que tratara de escribir no lograba organizar las ideas.

Él era muy buen alumno, nadie podía negarle eso. Pero hoy simplemente su cabeza no le quería colaborar. Demonios, todo era culpa del profesor, ¿a quién se le ocurría mandar semejante montón de tarea de un día para otro?

Draco arrancó la hoja de papel y la lanzó, molesto.

—¿Todo bien?

—No —Respondió cortante.

El silenció reinó por un rato hasta que el joven decidió volver a hablar.

—Todo es culpa del idiota de Binns. Mandó a hacer un ensayo de mínimo 40 cm de un día para otro y por más que trate no logro organizar las ideas. Lo odio.

—Oh —Respondió Luna con claridad en sus ojos.

Después de eso la muchacha decidió agarrar el trozo de papel arrugado que había lanzado y abrirlo, la joven Ravenclaw pudo notar que Draco apenas había escrito unas oraciones hasta llenar la página de tachones.

Mientras tanto, Draco miraba como Luna leía su miserable intento de ensayo, ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Burlarse de él?

—Si quieres... Podría ayudarte.

Draco quiso reír.

—¿Tú? ¿Ayudarme a ? ¿No debería yo decirte eso a ti? —Respondió él —. No creas que no he notado que llevas media hora leyendo la misma página.

Al escuchar esto la joven se sonrojó un poco de la vergüenza.

—Es una tarea para pociones, nunca ha sido mi punto fuerte —Murmuró la muchacha mirando la página del libro.

—¿E Historia de la Magia sí?

Ella asintió.

—Me gusta la Historia y también me gusta escribir, ya sean ensayos o artículos. Supongo que es parte de ser la hija del editor del Quisquilloso.

Ah sí, Draco conocía esa revista. Su padre le había hablado sobre ella, era el hazmerreír del mundo editorial mágico al parecer. Pero Luna parecía entusiasmada al hablar del tema, así que tal vez era mejor que no mencionara nada sobre eso.

Luna decidió seguir hablando.

—Pero Pociones... Siempre ha sido difícil para mí, tiendo a desconcentrarme mucho y a perder el sentido del tiempo al hacer las tareas. Snape tampoco me tiene mucha paciencia; así que debo esforzarme el doble.

Eso era cierto. Desde que Draco conocía a Luna podía estar seguro de algo: ella era muy inteligente, pero se desconcentraba con facilidad. Supongo que no era su culpa, su mente estaba llena de ideas y siempre se dejaba llevar por ellas, era una de las cosas que la hacía única. Lástima que esto hiciera que perdiera la noción del tiempo tantas veces.

Draco se volteó a verla.

—Eres Ravenclaw, ¿no se supone que eres super inteligente?

—Puedo ser inteligente, pero no un genio. No puedo saberlo todo —Respondió Luna honestamente.

—Supongo que eso es cierto —Admitió Draco cruzándose de brazos —. Soy mejor en lo teórico, pero hoy... No sé qué me pasa.

—Es normal tener un bloqueo de vez en cuando, Draco.

Draco se volteó a ver a Luna. No veía el punto de llevarle la contraria, en el fondo sabía que decía la verdad. Una parte de él no quería aceptar su ayuda, era algo que iba en contra del honor Malfoy, pero honestamente estaba desesperado y podía ver que la joven también necesitaba que le echaran una mano.

Quién sabe, tal vez ayudarla no lo mataría.

—Supongo, pero aun así... —Murmuró Draco por un instante, hasta que finalmente suspiró con resignación. No había para donde huir —. Mira, hagamos algo, ¿qué te parece sí yo te ayudo con Pociones y tú me ayudas con Historia? Sólo por esta vez.

A Luna se le iluminaron los ojos.

—¿De verdad?

Draco asintió. ¿Era lo menos que podía hacer verdad? No estaba acostumbrado a hacer favores, pero Lovegood siempre había sido amable con él y lo había ayudado con cualquier cosa. Era lo justo a su parecer.

Además, una parte de él simplemente quería ayudar a Luna. Por muy raro que sonase.

—Sólo no hagas que me arrepienta.

¿Qué podía salir mal?

-1 hora después-

Todo podía salir mal.

Ya entendía porque Snape no tenía paciencia con Luna. La muchacha era difícil.

Se desconcentraba con una facilidad increíble y esto hacía que se olvidara de lo que fuera que estuvieran hablando. Más de una vez Draco tuvo que repetir lo que había dicho, además de que la joven era muy adepta a improvisar, muchas veces sabía el ingrediente correcto pero prefería usar otro porque creía que daría un mejor resultado, o al menos un resultado más ''interesante''.

Draco no lograba hacerle entender que el punto era hacer la poción tal y como se la pedían y ya. Eso sin contar que no podía mencionar un ingrediente relacionado con una criatura mágica porque empezaba a distraerse hablando de dicho animal.

Ya estaba empezando a cansarse.

—A ver Lovegood, estamos hablando de materiales para una Poción Atrapasueños, así que necesitamos algún material inflamable que a su vez tengan propiedades que puedan contrarrestar los efectos de las plumas de fénix, ¿Puedes mencionar alguna? —Preguntó Draco, calmadamente. No sabía cómo podía seguir manteniendo ese tono.

La joven se quedó pensando un instante, tratando de recordar lo que habían leído hacía unas páginas atrás.

—¿Hierva del atardecer podría ser?

Draco meditó por un rato.

—Sí, esa podría servir.

Luna asintió anotando eso en su cuaderno.

El joven Slytherin suspiró, había sido un tiempo largo pero finalmente habían terminado. Era increíble, mientras entre Lovegood y él hicieron su informe de Historia en pocos minutos, lo de Lovegood tomó una hora.

Al menos ya se le había pasado el malhumor de cuando entró. Algo es algo, ¿no?

—Bueno creo que eso es todo. Sí llevas ese ensayo y recuerdas todo lo que estudiamos para la parte práctica, tu clase de mañana debería ser pan comido —Dijo Draco estirando su espalda.

—Gracias Draco —Respondió Luna sonriendo.

Draco se negó a mirarla, capaz el brillo de su sonrisa le quemara los ojos o algo así. Apreciaba los agradecimientos de Luna, pero aun así no terminaba de acostumbrarse a tanta amabilidad.

—No es nada, igual tú me ayudaste con Historia.

—Supongo que sí, igual es muy amable de tu parte.

—Puedes pagarme sacando un E mañana, ¿te parece? —Respondió Draco, sonriendo también.

La joven rió un poco al escuchar esto.

Draco se le quedó mirando, pocas veces la había escuchado reír, no sonaba para nada mal, debería hacerlo más seguido.

—Me parece un buen trato... —Dijo Luna —. ¡Ah por cierto!

De repente, Luna pareció recordar algo, porque su expresión cambió a una de realización y rápidamente empezó a buscar algo en su bolso. Para su sorpresa, lo que Luna terminó sacando fueron un par de botas.

Draco las reconoció rápidamente: eran las botas que le había prestado hacía ya un tiempo.

—Olvidé devolvértelas —Dijo Luna entregándole las botas.

—Honestamente no me acordaba de ellas —Respondió Draco, sin intención de sonar mal.

—No importa —Dijo Luna —. Gracias otra vez, por prestármelas; ya era hora de que las devolviera.

Draco no sabía que responder. Le había dado las botas a Luna porque simplemente no soportaba la idea de la joven congelándose los pies; pensar que ella estuviera en esas circunstancias simplemente porque algunas personas le habían escondido los zapatos había sido sumamente en molesto en su momento, no sabía por qué.

Aun así, hizo por eso más por instinto que por otra cosa. No esperaba tanta gratitud al respecto por parte de la joven, ahora se sentía raro. Estaba empezando a cansarse de que Luna lo sacara tan constantemente de su zona de confort, esto tenía que parar.

—Está bien, gracias. No es la gran cosa.

—No digas eso. Para mí sí lo fue, nadie hubiera hecho eso, pero tú sí.

Draco empezó a sentirse raro, su estómago se revolvió, debía ser a causa del hambre, después de todo no había almorzado. Las palabras de Luna estaban jugando con su cabeza. ¿Cuándo se iba a acostumbrar a estas cosas? Esto le pasaba por juntarse con incompetentes con la inteligencia emocional de un rinoceronte; no sabía manejar bien las emociones, suyas o de alguien más.

—Estás exagerando, Lovegood —Respondió Draco desviando la mirada.

—Puede ser —Admitió ella, mirando sus propias manos—; no estoy acostumbrada a que las personas sean particularmente amables conmigo, así que valoro mucho los gestos que alguien hace por mí.

—...Está bien —Dijo él, aun sin mirarla a los ojos.

Después de eso guardó las botas en su bolso y el silenció se apoderó nuevamente del salón, era un silencio tranquilo, como siempre había sido, y eso estaba bien.

De repente, a Draco le empezó a dar sueño, no había dormido bien la noche anterior y lo estaba empezando a sentir más ahora. ¿No pasaba nada si se relajaba por un segundo, verdad?

Poco a poco empezó a relajar la cabeza, él era un Malfoy y por ende; tenía altos estándares respecto a casi todo. Aun así, estaba cansado... la mesa se sentía extrañamente confortable... Tal vez, sólo tal vez, pudiera cerrar los ojos unos segundos... Sí, sólo unos segundos.

Esos pocos segundos se convirtieron en minutos.

Luego esos minutos se convirtieron en media hora.

Draco se había quedado completamente dormido.

—Draco...

—Hump — Gruño Draco.

—Vamos, Draco. Tienes que levantarte —Dijo Luna sacudiéndolo.

Finalmente el pobre chico despertó.

—¿Lo-Lovegood?

—Jamás imaginé que tuvieras el sueño tan pesado —Comentó ella.

Draco por su parte estaba acostumbrándose a la realidad. ¿Qué pasó? ¿Se había quedado dormido? No, no podía ser, un Malfoy jamás...

—¿Lovegood, que pasó?

—Te quedaste dormido hace un rato, pensé en despertarte, pero parecías muy cansado, una siesta no te caería mal—Explicó Luna —. Pero se hizo tarde y ya es hora de ir a clases. No creo que te hubiera gustado que te dejara durmiendo aquí...

—No, realmente no.

Draco aún no se creía que se había quedado dormido tanto tiempo, mucho menos junto a Luna Lovegood. Esto de la confianza se le estaba saliendo de control.

—No puede ser... —Dijo Draco restregándose los ojos para terminar de despertarse.

—Realmente me hubiera gustado que durmieras más, te ves cómo alguien distinto al dormir —Dijo Luna más para sí misma que para él —. Además siempre he pensado que el mal sueño atrae a los Dinkles, tal vez sea tu caso...

Draco se le quedó mirando. Al parecer esto no le importaba a Luna, porque seguía hablando y hablando, sin molestarse siquiera en parar para respirar.

Era extraño tener a Lovegood tan cerca, siempre había existido una mínima distancia entre ellos establecida por Draco. Una distancia que siempre habían respetado, pero francamente en estos momentos no le importaba mucho. Tener a Luna le permitía observarla mejor, siempre había notado que ella tenía los ojos grises, pero ahora podía ver como sus ojos no eran exactamente grises, sino que se difuminaban en los bordes mezclándose con un color azulado. Eran lindos.

Ahora que lo pensaba, los ojos de Luna eran muy parecidos a los de su madre.

De hecho, Luna Lovegood, con su pelo rubio, sus ojos grises y su voz dulce. Inconscientemente le recordaba un poco a su madre y a los buenos tiempos que vivió junto a ella en Malfoy Manor, antes de empezar Hogwarts y volverse la cabeza de Slytherin. Le recordaba a esos tiempos cuando era tranquilamente feliz, sólo un poco...

Draco sacudió la cabeza al pensar en eso.

—Aun puedo creer que me quedara dormido aquí.

—Debías estar muy cansado.

—El cansancio es para los débiles.

—...¿Entonces eres débil? —Preguntó Luna dándole una vuelta a la tuerca a su pregunta.

—Cállate, Lovegood.

La joven solo se encogió de hombros, aunque Draco pudo ver una pequeña sonrisa en sus labios. Decidió que después se lo cobraría.

—Lovegood, es tarde. Deberíamos irnos ya —Dijo él.

—Está bien.

Entonces ambos empezaron a recoger sus cosas rápidamente. De repente, Draco se fijó en una hojaque se encontraban en el piso. Se agachó lentamente y la recogió.

Era un dibujo, o más bien un bosquejo, de un chico durmiendo plácidamente.

¿Ese soy yo?

Nunca nadie lo había dibujado antes.

Draco observó detenidamente el dibujo. No lo quería admitir, pero Luna tenía talento, el dibujo estaba muy bien hecho, en él se podía apreciar el detalle en los trazos de su cara, su cabello y sobre todo su expresión... Ella estaba en lo cierto, realmente se veía muy tranquilo cuando dormía.

Se quedó unos segundos admirando la obra.

—¿Draco? —Dijo Luna trayéndolo a la realidad.

—¿Este soy?

Ella asintió tímidamente.

—No está nada mal, Lovegood —Respondió Draco aliviando cualquier sensación de miedo en Luna — No sabía que dibujaras.

La joven agachó la mirada, seguramente no estaba acostumbrada a recibir cumplidos.

—Hacía mucho tiempo que no lo hacía... —Admitió Luna después de un rato.

—¿En serio? No pareciera.

—Gracias —Respondió ella sonriendo.

Draco juraba que podía ver estrellas en sus ojos, pero eso no era lo importante. Ahora tenía curiosidad, ¿sí Luna dibujaba tan bien por qué no usaba más ese talento? Podría crear grandes obras.—¿Por qué hacía tiempo que no dibujabas?

Luna bajo la mirada, reflexionando sobre lo que debía decir. Al parecer Draco había tocado un tema sensible.

—Siempre lo he hecho, lo de dibujar, desde pequeña; es algo que mi madre me enseñó. Pero después de su muerte... Supongo que perdí la costumbre, no sentía más motivación para hacerlo —Luna suspiró levemente —. Pero no mentí cuando dije que te veías diferente durmiendo, al verte me llegó la inspiración después de tanto tiempo y no podía perder la oportunidad, supongo que te debo eso.

Draco la miró a ella y luego al dibujo.

Era un poco incómodo escucharla hablar de su madre. Jamás hubiera imaginado que Luna Lovegood, una muchacha que generalmente estaba feliz, tendría a su madre muerta. Era una lástima, sobre todo porque se notaba lo mucho que la extrañaba.

De repente su corazón se compadeció por ella al escuchaba hablar así. Él amaba a su madre, no podía imaginar su vida sin ella, por ende, no podía imaginar el dolor con el que vivía Luna.

Tenía que animarla, siquiera un poco.

—Eso me parece muy triste, Lovegood. Tu dibujo no está nada mal, lamento lo de tu madre, pero ten por seguro que a ella no le gustaría ver como desperdicias tu talento de esa forma, a ella le gustaría verte feliz dibujando, tal como estás ahora —Dijo Draco amablemente, sintiendo algo cálido en su pecho al decir estas palabras, tratar de animar a alguien era algo que pocas veces hacía, pero al ver la sonrisa de Luna sintió que valía la pena hablar así.

No obstante, no podía negar que también se sentía un poco raro hablar así, tenía que cambiar la jugada.

—Y admitámoslo: sé que soy un gran modelo, no tienes que negarlo. Si tanto quieres retratarme sólo pídelo. Es un ganar-ganar.

—Me alegra ver qué piensas tan alto de ti mismo —Respondió Luna.

—No puedo negar la verdad —Dijo Draco encogiéndose de hombros.

La joven miró por un rato su dibujo y luego a Draco, parecía un poco nerviosa. Lo cual era rarísimo porque Luna jamás estaba nerviosa. Por un instante pensó lo que tenía que decir.

—¿En serio piensas debería volver a dibujar?

—No eres Miguel Angel, pero quien sabe, con algo de práctica...

Luna le miró sorprendida. Lo cual era muy, muy inusual. ¿Qué estaba pasando hoy?

—¿Conoces a Miguel Angel?

—Por supuesto, yo también fui instruido en las artes ¿sabes? —Dijo Draco ofendido.

Al escuchar esto Luna sonrió levemente.

—No me refiero a eso, Draco. Es que... Él es un artista muggle, uno famoso, pero muggle; creía que los Malfoys sólo conocían artistas mágicos, pero veo que me equivoqué.

Ups, te acorralaron, Draco.

—Es cierto que los Malfoy no tenemos mucho aprecio por muggles —Admitió Draco resignado, mirando hacia otro lado —, pero eso no evita que pueda reconocer el talento. Y hay unos cuantos artistas muggles con talento para el arte. Es una de las pocas cosas buenas que tienen supongo.

—Nunca pensé que te escucharía un día hablar de arte muggle.

—No te acostumbres, sólo dije que algunos merecen reconocimiento, nada más.

—No te preocupes Draco, tu secreto está bien guardado. A mí también me gusta el arte muggle. Van Gogh es uno de mis artistas favoritos.

Draco le miró incrédulo.

—¿Aquel loco sin talento que se cortó la oreja? ¿Por qué no me sorprende?

—Tampoco me sorprende que tengas esa opinión de él —Respondió Luna girando los ojos.

—Vamos Lovegood, tienes que admitir que sus pinturas son un sinsentido de garabatos que carecen de técnica.

—Claro que no, él fue uno de los artistas que me inspiró a dibujar en primer lugar — Dijo Luna cruzando los brazos, firme en su opinión —. Aunque me alegra que te gustara mi dibujo.

—Sólo dije que no estaba nada mal Lovegood —Aclaró Draco sin mirarla a los ojos, un poco avergonzado —, y me sorprendes, por cómo eres siempre imaginé que dibujarías a lo abstracto, un montón de garabatos o algo así, pero esto es... Diferente.

Era diferente a todo lo que imaginó que Luna podría crear, ella simplemente plasmaba el mundo tal y como lo veía pero agregándole su propio toque de imaginación. La sonrisa de Luna no hacía más que crecer, aunque ella se esforzara por ocultarla.

—Mi mamá solía decir que muchas veces la realidad supera la ficción. El arte solo busca magnificar lo hermoso de la realidad, al igual que yo.

Draco recordó que Luna lo había dibujado a él.

Me estás diciendo que entonces yo soy...

De repente estaba empezando a sentirse raro, ahora su cara se sentía caliente, tenía que hacer algo. Rápido.

—Woao... Me siento alagado, Lovegood —Dijo Draco con una sonrisa simplona —. Si es así como tú dices, ¿qué mejor modelo que yo, Draco Malfoy?

A Luna le entró algo de nerviosismo, al parecer no se había dado cuenta de lo que implicaban sus palabras hasta ahora. Draco no supo por qué, pero le gustaba verla así, rara vez se tenía la oportunidad de jugar con los pensamientos de Luna Lovegood.

—Quiero decir... —Luna sacudió la cabeza para organizar sus pensamientos —. Todo en nuestro mundo es hermoso, todo, por eso me gusta pintar... Puedo plasmar cosas bellas que muchas veces la gente no nota que están ahí.

—¿Cómo los Nargles, no? —Dijo Draco, por primera vez no le estaba jugando una broma a ella.

Luna le miró sorprendida otra vez, seguramente no esperaba que el recordara el nombre de sus criaturas mágicas, pero sorpresa; lo hacía.

—Exactamente como eso —Dijo Luna asintiendo.

Verla hablar así, tan apasionadamente de algo que gustaba, era... interesante. Podía ver como sus ojos brillaban al hablar de aquello que tanto le gustaba. Ahora se daba cuenta que la imagen de Lunática había desaparecido hacía mucho tiempo, aun considera que Lovegood era alguien diferente a los demás, pero eso estaba bien. A diferencia de todos la veía como Luna Lovegood, una chica como cualquier otra que amaba a los animales y disfrutaba del arte, aunque con unos gustos excéntricos.

—Creo que nunca te había escuchado hablar tan seria, Lovegood. —Respondió Draco —Me asusta, y mucho.

—Gracias —El chico no supo si lo decía en serio o en broma —. Te haré caso, trataré de dibujar otra vez.

El joven sonrió y ella también, no supo cuánto tiempo estuvieron así. Hasta que finalmente la realidad le llegó de golpe, tenían que irse.

—Ahora vayámonos de aquí.

Sin decir más, ambos salieron del salón, ya habían perdido mucho tiempo y tenían que irse a clase. Seguidamente, Draco extendió el dibujo hacia Luna para devolvérselo, pero ella negó con la cabeza.

—Mejor quédatelo —Dijo ella —. ¡Adiós, Draco!

Luna se fue rápidamente, dejando a Draco con el dibujo en mano. Lo vio por unos instantes y finalmente suspiró.

Draco se quedó quietos unos instantes, después miró a su alrededor y saco su varita.

—Sé que estás ahí Weasley, sal ya.

Al decir esto Ginny Weasley salió detrás de una armadura que se encontraba en el pasillo. Estaba muy bien escondida, sólo se dio cuenta por un milímetro de su cabello rojo.

—¿Qué quieres Weasley? —Dijo Draco de una vez.

—¿Qué haces con Luna, Malfoy? —Respondió Ginny acercándose amenazadoramente.

Si las miradas mataron Draco habría muerto mil veces. Ginny parecía estar a punto de atacarlo.

—No veo porque eso sea de tu incumbencia.

—Pues lo es, Luna es mi amiga y si estás planeando hacerle algo...

Al escuchar esto Draco no pudo evitar soltar una risita. ¿Realmente Weasley venía aquí a hacer todo este alboroto por eso? Supongo que no podía culparla, ellas eran amigas. Pero el pensamiento era absurdo, no tenía intenciones de causarle un daño a Lovegood, sería una pérdida de tiempo.

Ginny le miraba molesta.

—¿Acaso te parece divertido?

—No, sólo me parece tonto. Muy tonto.

—No entiendo como Luna puede siquiera juntarse contigo, eres completamente insoportable, Malfoy.

—Muchas gracias —Dijo Draco con un guiño en el ojo.

Ginny guardó silencio por un instante, guardándose la rabia para otro momento. Al parecer estaba viendo que decir.

—Luna te aprecia.

Draco asintió.

—Bien.

—No, no lo entiendes. Luna te aprecia, a ti, Draco Malfoy, la persona más detestable del mundo, y no logro comprender por qué. Luna es amable, trata de ver el lado bueno a las cosas por muy difíciles que sean, y aunque no lo parezca es muy buena leyenda a las personas. Por eso no entiendo como rayos ella puede decir que eres mucho más de lo que pareces, que puedes ser amable y un buen amigo a pesar de que todos digan lo contrario. No tiene nada de sentido.

Draco se detuvo por un segundo al escuchar lo que dijo Ginny. Esas palabras... Jamás habría pensado que ella pensara tan alto de él. ¿Ella realmente había dicho?

Nunca nadie había hablado con tanto aprecio de él, además de sus padres por supuesto. Los Slytherin no eran conocidos por hacer ese tipo de cosas, o al menos no de forma honesta. Aquellas palabras rezonaron una y otra vez en su cabeza, más de lo que le hubiera gustado admitir.

Poco a poco empezó a relajarse.

—¿Lovegood dijo eso?

Draco debía parecer genuinamente sorprendido, porque Ginny se relajó un poco al verlo.

—Sí —Respondió ella, sin mirarle a los ojos.

El joven finalmente entendió que por muy molesta que fuese, Weasley sólo estaba viendo por Luna, esto teniendo en cuenta que la Ravenclaw no contaba con más nadie en la escuela. Así que decidió que no tenía que seguir irritándola, no lo llevaría a nada, además de que podría meterle en aprietos con Luna; no es que le importara.

—No tengo nada que explicarte, Weasley. Lovegood es la única persona fuera de Slytherin que tolero, sólo es eso.

Una parte dentro de él decía: mentira, mentira, mentira. Sabes que Lovegood es más que una persona tolerable, deja de negarlo. Draco sacudió la cabeza tratando de ignorar esas palabras.

—Creo que aún no lo entiendes, ella te considera su amigo, eso es algo muy serio viniendo de Luna. Significa que de una u otra manera le importas; eso me preocupa.

Una voz empezó a sonar en su cabeza otra vez: a Luna le importas, a Luna le importas. Supongo que era obvio si se tenía en cuenta la forma de ser de ella. Aun así una parte de él no pudo evitar sentirse diferente al escuchar eso, no muchas personas se preocupaban por él además de sus padres.

Decidió calmarse un poco y hablarle mejor a Ginny, sólo así podrían llegar a un acuerdo sin matarse.

—No tengo intenciones de hacerle daño, si eso es lo que te preocupa. Como te dije, es la única persona fuera de Slytherin que tolero, no pienso arruinar eso haciendo algo estúpido. Así que quédate tranquila, Weasley. Tú amiga estará bien.

La pelirroja suspiró amargamente, seguramente no lo creía ni un poco.

—Debes saber que aunque me digas eso no confío en ti —Dijo Ginny cruzándose de brazos.

—Creo que puedo vivir con ese incesante dolor en mi pecho —Respondió Draco llevándose la mano al pecho dramáticamente —. ¿Ahora ya me puedo ir?

Ginny se le quedó mirando fijamente hasta que finalmente asintió. Ya no había más que se pudiera decir, y ambos debían regresar a sus clases pronto.

—Si le haces algo a Luna, date por muerto. ¿Entendiste?

—Muchas gracias por tus buenos deseos, Weasley.

Sin decir más, Ginny se fue dejándolo con una incómoda sensación en su pecho. Por ahora sus interacciones con Lovegood habían sido algo entre ellos dos solamente, no esperaba que esto pudiera involucrar más personas. Tal vez estás eran las consecuencias de no haber cortado su amistad con Lovegood cuando pudo.

Draco suspiró, ya no había nada que se pudiera hacer de todas formas.

Sobra decir que al final del día Draco guardó el dibujo que Luna le había dado en su baúl de objetos valiosos.

¿Por qué? Ni él mismo lo sabía realmente.


AL FIIIIIIIIIIIIN

HOLIS :3 por fis, no me maten. Estos días fueron extremadamente duros, estoy presentando la tesis y planeando las cosas para mudarme, pero jamás piensen que dejaré esta historia abandonada, tengo el final ya listo en mi cabeza y tengo que plasmarlo sí o sí.

En fin, qué les pareció? Como ven Ginny empezó a meter manos en el asunto de estos dos porque alguien tenía que hacerlo y quién mejor que ella. Y como ven Draco y Luna siguen haciendose más cercanos, aunque Draco sea un niño necio y lo niegue con todo su corazón que aprecía a Luna.

Honestamente, no sé si estoy yendo muy rápido o muy lento, ya que en lo que se refiere a relaciones ambos personajes son muy inexpertos supongo (Draco está en 4to y Luna en 3ro)

Lo bueno es que a partir del siguiente capitulo volveremos a tocar el tema del baile, no por nada el fanfic se llama un ultimo vals.

En fin, haganme saber si les gustó porfis, sólo sus comentarios y estrellistas fueron los que me motivaron a seguir :') Cualquier sugerencia es bien recibida también.

Nos vemooos