Draco pensaba que estaba tentando su suerte.
Se encontraba parado en medio del pasillo, con una amenazante Ginny Weasley que le miraba fijamente a los ojos, todo mientras Luna seguía esperándole en las escaleras.
Los ojos de Ginny parecían lanzar fuego y honestamente Draco empezó a pensar que la pobre de Luna seguramente tendría que recoger su cadáver después de que todo terminara.
Tal vez esto no fue tan buena idea...
Aunque bueno, tal vez estuviera exagerando, ¿qué es lo peor que podría pasar?
Ah cierto… La última vez que algo malo pasó la pelirroja le rompió la nariz justo después de enfrentarlo en un duelo en medio del pasillo. Eso sin contar que ambos se ganaron un castigo durante dos semanas.
Lo mejor era no pensar mucho en eso.
—¿Qué sucede Malfoy? —Preguntó Ginny, trayéndolo de regreso a la realidad.
—Yo…
La mirada de Ginny parecía lanzar fuego.
—¿Tú qué?
Cielos, esto sería más difícil de lo que pensó.
Esto de resolver los problemas conversando pacíficamente era demasiado complicado para él. Por Merlín, ¿cómo la gente hacía esto regularmente? Él sentía que estaba a punto de desmayarse de tan sólo pensarlo.
Concéntrate, Draco
Muy bien, era ahora o nunca.
—Lo siento.
—¿Qué?
Draco apartó la mirada, incómodo.
—Tampoco me hagas repetirlo dos veces. Mira Weasley, quería pedirte disculpas —Dijo él finalmente —. Ya sabes, por haber roto mi promesa.
Ahora era el turno de Ginny de quedarse sin palabras. De todas las cosas, ella no esperaba escuchar eso.
La pelirroja no pudo hacer otra cosa que mirar incrédula a la persona que tenía al frente. ¿Este era Draco Malfoy? ¿El insufrible Slytherin que sólo le había causado problemas durante años?
Tal vez estuviera soñando.
—¿Qué? ¿Es en serio? ¿Por qué me dices esto?
Draco se cruzó de brazos y apartó la mirada, parecía bastante incómodo con la situación y no era para menos. No estaba acostumbrado a disculparse, sólo lo había hecho con Luna una vez y francamente no quería seguir haciéndolo.
Era mucho para él.
Pero estaba hablando de Ginny Weasley. La mejor amiga de Luna, y por muy incómodo que fuese si quería que todo saliera bien tenía que empezar a llevarse bien con ella.
O al menos decentemente. Lo que pasara primero.
—Porque es lo correcto. Y porque te lo debo —Respondió Draco encogiéndose de hombros.
—¿Es enserio?
Draco asintió.
—Tal vez lo más serio que he dicho en mi vida —Admitió Draco.
—Pues… Pues no sé qué decirte.
—No tienes que decir nada. Honestamente no espero que me perdones; yo no lo haría. Pero quiero que sepas que al menos lo estoy intentando.
Ginny se detuvo a verlo por unos segundos, parecía estar organizando sus ideas.
Era posible que Draco lo estuviera intentando, pero aún tenía una duda importante en mente, y este era el momento de aclararla.
—Malfoy tú… Sabes que Luna es sangre mestiza, ¿verdad?
Draco finalmente posó su mirada sobre ella.
—Sí, lo sé muy bien —Respondió él tranquilamente.
—¿Y no te importa?
Sabía que tarde o temprano le harían esa pregunta. De hecho, probablemente sería la primera de miles de veces que le preguntarían eso.
Jamás he querido que cambies. Desde el momento que todo comenzó aquel día en el salón abandonado te he aceptado tal y como eres porque tú has hecho lo mismo conmigo. Sobre todas las cosas eres mi amigo, no te cambiaría por nada del mundo —Había dicho Luna.
Una sensación de tranquilidad llenó su pecho.
Ciertamente las palabras de Luna le reconfortaron. No tenía que pensarlo mucho, la respuesta era muy sencilla.
—No… Si te soy sincero, no me ha importado desde hace un buen tiempo.
La forma tan honesta en que respondió sorprendió a la pelirroja. Tal vez realmente estuviera soñando.
Todo este tiempo había despreciado a Malfoy por su actitud arrogante contra sus amigos y ella. No soportaba su aura de superioridad y su falta de empatía hacia los demás.
No podía verlo ni en pintura.
Y siendo honestos, aun no terminaba de confiar en él. Era Malfoy a fin de cuentas, pero… Podía notar que algo había cambiado y que seguiría cambiando en él. Esta conversación era prueba de ello.
Él sólo estaba pidiendo una oportunidad, y justo en esos momentos ella no tenía razones para negársela.
—Entonces… ¿Ahora qué? —Preguntó Ginny.
—Pues ahora estoy tratando de reparar todo lo que hice, Weasley. Y compensarlo poco a poco. Supongo que siempre hay que tratar de estar a mano con los demás.
—¿Eso es algo que te enseñó Luna?
Draco asintió.
Mientras tanto, Ginny no pudo hacer más que mirarlo fijamente. Al punto de que Draco empezó a temer lo peor: un grito, un maleficio, otro golpe. Pero no. Gracias a Merlín no.
Al final la muchacha lo único que hizo fue suspirar. Parecía resignada, pero mucho más tranquila, como si se hubiera quitado un peso de encima.
—Bueno, no me agradas Malfoy. Realmente no, pero… Veo que te preocupas —Dijo Ginny soltando un suspiro —. Supongo que no podemos seguir perdiendo tiempo odiándonos... Sólo espero que no me decepciones.
Draco asintió.
—Haré todo lo posible.
—Entonces eso es suficiente. Al menos por ahora.
—Gracias.
Por primera vez Ginny parecía cómoda en su presencia, lo suficientemente cómoda para ser honesta con él.
—¿Sabes? Aun no entiendo que vio Luna en ti.
No lo decía como ofensa ni nada por el estilo.
Sus palabras venían desde la sinceridad de su corazón. Aún después de tanto tiempo seguía sin entender como su amiga había llegado al lado bueno de Draco.
Por Merlín, antes de esto ni siquiera sabía que Draco tenía un lado bueno.
Mientras tanto el rubio sólo pudo frotarse el cuello, incómodo. Entendía perfectamente a la pelirroja, aunque eso no significaba que sus palabras dolieran menos.
¿Algún día sería suficiente?
—Si te soy honesto yo tampoco...
—Espera, no me dejaste terminar —Dijo Ginny, ganándose la atención del rubio.
Draco le miró confundido.
—No entiendo que vio en ti —Admitió nuevamente Ginny, mordiéndose el labio —, pero también entiendo que ella siempre ha sido capaz de ver cosas que uno no ve a simple vista. La primera vez que hablamos me dijo que eras mucho más de lo que parecías. Ella… Ella cree en ti. Así que yo también lo intentaré. Poco a poco por supuesto, tampoco pidas un milagro.
Creer en él…
Realmente esperaba estar a la altura.
—No esperaría menos de ti.
Ginny pareció quedar satisfecha con esa respuesta.
—Entonces… Hasta luego Malfoy —Dijo ella extendiendo su mano.
Draco miró por un segundo la mano frente suyo, sabía muy bien lo que significaría tomarla. Era un símbolo de un nuevo inicio.
¿Estás dispuesto a darlo todo?
No tenía que pensarlo mucho. Sin dudarlo tomó la mano, cerrando finalmente el trato.
—Nos vemos, Weasley.
Los días pasaron sin que nada relevante sucediera.
Bueno, nada relevante excepto por el hecho de que el baile estaba en boca de todos. Sólo faltaba un día y Luna estaría mintiendo si dijera que no estaba nerviosa.
¿Alguien podía culparla? Jamás había imaginado en su vida que iría a un evento como este, mucho menos que tendría un vestido o una pareja.
Incluso había tomado clases de baile todos estos días junto a Draco.
Luna sonrió divertida al recordar todas las escenas únicas que habían vivido estos días gracias a esas clases. Draco trataba de ser amable la mayor parte del tiempo, pero de vez en cuando se le notaba la frustración que sentía al ver sus torpes movimientos.
Le parecía divertido.
—¿Qué fue lo único que te pedí que no hicieras, Luna?
—Amm... ¿Caerme?
—Bien, ¿y qué fue lo que hiciste?
Luna suspiró.
—Caerme —Respondió ella agachando la cabeza.
Draco negó con la cabeza, realmente no podía molestarse con ella.
—No importa. Como te decía: así no se hace ninguno de esos pasos.
—Pero en mi historia...
—En tu historia las bailarinas se tropezarían al primer intento —Le interrumpió, rodando los ojos —. En un vals primero se hace así...
Había sido complicado, pero había valido la pena. Se podía decir que Luna ya no era un completo caso perdido.
En fin, ahora otra cosa ocupaba su mente.
Ante ella estaba su vestido, lo había colocado en una especie de maniquí para apreciarlo mejor. Realmente se sentía muy feliz con tan solo verlo.
Aún estaba sorprendida de lo parecido que era al de la protagonista de su cuento. Su color azul resplandecía en toda la habitación, incluso los detalles de encaje rosa se veian muy bonitos.
Ciertamente era hermoso, pero... Sentía que le faltaba algo.
Luna empezó a sentirse a culpable de pensar aquello. Draco se había esforzado junto a Blaise para entregarle esto, incluso le habían agregado los detalles del encaje, los cuales no eran nada fáciles de hacer. Debería estar agradecida y no pensar en otras cosas.
El vestido era hermoso. Por ejemplo, la falda… pues… La falda era bastante lisa. Simple, un poco aburrida. Tal vez pudiera agregarle algo, ¿no?
Un pequeño detalle no haría daño.
Antes de que se diera cuenta miles de ideas empezaron a surcar su mente. Siempre se había considerado una persona creativa y esta vez no sería la excepción.
Sin pensarlo abrió su gaveta de materiales y sacó sus estuches de pinturas y plumas de colores. Tal vez podría pintar un patrón, algo delicado en la parte inferior de la falda.
O tal vez algo más grande y llamativo. No estaría mal mientras combinara, ¿verdad? El vestido era azul con detalles rosas en la manga, así que un color verde no quedaría mal. Incluso le daría un toque de contraste.
Rápidamente se acercó a su cajón de investigación de criaturas. Había recolectado muchos objetos a lo largo de los años, pero en estos momentos sólo le interesaba uno: las plumas de aves. Tenía de muchos tipos y colores, de seguro alguna combinaría.
Tal vez podría crear un accesorio para el cabello con ellas, o un detalle para el área del pecho o la parte posterior de la falda. Sin duda las plumas le darían un toque único y se verían muy bonitas a su parecer.
Vaya, realmente tenía muchas ideas.
De hecho, tenía tantas que su mente empezó a dudar de lo que estaba haciendo.
¿Cómo debería arreglarme?
¿Debería hacerme algo diferente en el cabello?
O tal vez agregarle más cosas al vestido.
Nunca…
Nunca he hecho nada como esto.
Luna suspiró.
De repente se dio cuenta de la realidad. Para ser una joven obsesionada con los bailes realmente no sabía nada sobre ninguno. Mucho menos sobre etiqueta o como vestir, las clases de baile eran prueba de ello.
Su estilo era su estilo y jamás se lo había cuestionado. Pero esto era diferente, se suponía que este era el día de sus sueños.
Poco a poco empezó a sentir vergüenza. En circunstancias normales no le importaría vestir a su manera, al contrario, le encantaba, pero…
Tal vez a Draco eso no le gustaría, no lo sabía.
Él siempre había sido una persona guiada por las apariencias y el estatus, y si bien el muchacho había cambiado, tal vez no le agradara la idea de que ella experimentara con su vestido.
Su mente empezó a divagar más y más, con un pensamiento negativo tras otro, hasta que un sonido se escuchó en su puerta.
—¿Hey de quién es este vestido?
—Mio no es.
—¡Pues está lindo! ¿Será de Jessica?
—No creo, ya ella compró el suyo hace dos semanas. ¿Recuerdas?
Luna se volteó a ver a sus compañeras de cuarto, Susan y Rossie. Ambas se habían quedado estas navidades debido a que irían al baile de navidad al igual que ella, aunque eso no lo sabían.
—Oh, en realidad ese vestido es mío Susan —Respondió Luna acercándose —. Olvidé sacarlo del maniquí.
Las muchachas se giraron a verla y...
De repente el ambiente se puso muy raro. Demasiado tenso para su gusto.
—¿Cómo que es tuyo? —Preguntó finalmente Rossie frunciendo el ceño.
—Pues…
—Espera, ¿qué haces aquí? Se supone que debías irte ayer con los demás, ¿no?
—Sí, ¿y esto qué? —Preguntó Susan observando el maniquí detenidamente —. ¿Ahora confeccionas ropa?
Luna no pudo evitar sonreír al ver otra vez el vestido.
—Oh no, esto fue un regalo para mí —Respondió Luna amablemente —. Me quedaré estas navidades.
La mirada de sus compañeras fue más que suficiente para entender que la idea no era bien recibida.
—¿Quééééééé? —Exclamaron ambas al mismo tiempo.
—Y yo que esperaba tener unas vacaciones normales...
—Debes estar bromeando —Dijo Susan como si el mundo estuviera a punto de acabarse —. ¿Por qué te quedarás?
—Pues… Iré al baile de navidad.
Ahora las muchachas se le quedaron mirando fijamente, al punto que Luna empezó a temer que se habían convertido en estatuas o algo por el estilo.
No fue hasta que procesaron la situación que ambas chicas empezaron a reír.
—JAJAJAJA
Luna les miró sin comprender qué era lo gracioso.
¿Se están riendo de mí?
—Luna, no puedes ir al baile sin una pareja. Está contra las reglas.
—Pero sí tengo pareja —Respondió ella.
Al parecer este último comentario fue incluso más gracioso, porque sus compañeras no hicieron más que seguir riendo y riendo.
—Sí claro, ¿quién invitaría a alguien como tú? —Dijo Rossie tratando de calmar sur risa.
—Pues-
Rossie alzó su mano en señal de que se detuviera.
—Mejor ni lo digas, si es capaz de invitarte seguramente estará tan loco como tú.
—¿Y este vestido realmente es un regalo? —Preguntó Susan mirando la confección —. Es muy lindo para que alguien como tú lo tenga.
—Hump, pobre chico. ¿Realmente invirtió tanto?
Luna sólo pudo mirarlas incómodamente.
Tal vez no fue tan buena idea haber sacado el vestido del closet.
—¿Y por qué tienes esas pinturas en la mano? Ya sabes lo que dijo Flickwick sobre- Ay no me digas, ¿acaso planeabas modificarlo?
Luna observó las pinturas que tenía en sus manos. No tenía sentido negarlo, la habían atrapado con las manos en la masa.
—Sólo un poco… —Respondió Luna.
Sus compañeras se miraron entre sí, como si se estuvieran comunicando telepáticamente. Luego posaron su mirada en ella.
—Luna, el vestido es demasiado lindo para que lo arruines con alguno de tus experimentos. Deberías agradecer y dejarlo como está.
—¿Experimentos?
—Sí, no sé quién habrá estado tan desesperado para invitarte, pero lo menos que deberías hacer es causarle problemas.
—¿Problemas?
Ambas chicas asintieron.
—Al menos deberías hacerle un favor a ese pobre chico y no humillarlo en una noche tan importante —Comentó Susan cruzándose de brazos —. ¿No te parece?
Luna bajó la mirada, sintiéndose completamente desmotivada.
Tal vez tuvieran razón...
—Vale…
Luna se encontraba caminando por los pasillos de Hogwarts.
¿A dónde debería ir? Tal vez a la biblioteca o a las afueras, pero ahí había demasiada gente. Pensó por un momento ir al salón abandonado, pero siendo honestos no estaba segura tampoco.
Sin darse cuenta la joven siguió caminando sin rumbo alguno. Las voces de sus compañeras resonaban una y otra vez en su mente.
¿Tienes pareja?
Si es capaz de invitarte seguramente estará tan loco como tú.
—¿Luna?
La joven se volteó, sorprendida de escuchar esa voz.
—Oh, Draco —Dijo ella viendo al muchacho de ojos grises.
Estaba en la torre de astronomía. Ni siquiera se había dado cuenta de en qué momento había llegado ahí. ¿Realmente había estado tan perdida en sus pensamientos?
Se suponía que que quería estar sola, pero la verdad es que sentía cierto alivio al ver a Draco. El joven era la persona que más quería, y tal vez estuviera exagerando, pero su simple presencia lograba hacerla sentir mejor.
Realmente se alegraba de verlo.
—¿Qué haces aquí? —Preguntó Draco al verla —. No es que no quiera verte, pero… ya es tarde.
—Sólo pasaba por aquí, no esperaba verte.
—Yo tampoco. El destino no nos da ni un respiro, ¿eh?
Draco decía esto de forma amable, ella lo sabía muy bien. Aun así...
¿Quién invitaría a alguien como tú?
Pobre chico, ¿de verdad invirtió tanto?
—Parece que no… —Fue lo único que pudo responder.
Draco se tomó una pausa, podía notar que algo estaba mal.
—¿Sucede algo, Luna?
La joven se mordió el labio.
—Yo… ¿Podría quedarme aquí contigo, por favor?
Draco le miró detenidamente por un segundo. No era un tonto, después de tanto tiempo juntos se podría decir que sabía leer a la Ravenclaw. Ella ya no era un libro cerrado.
Podía notar que algo estaba preocupando a Luna, pero… También podía notar que la joven parecía querer olvidar el asunto.
Draco suspiró.
Tal vez lo mejor ahora, y sólo por ahora, era ser el apoyo que ella tanto necesitaba en silencio. Esperaba que eso fuera suficiente por el momento.
—Eso no tienes que preguntarlo, claro que puedes acompañarme —Dijo Draco haciéndole señas para que se acercara.
Luna caminó hacía él. La torre estaba completamente sola y enseguida pudo notar que a su alrededor habían varios libros de astronomía y cuadernos con anotaciones. Eso sin contar el telescopio que estaba justo al lado de Draco.
No tardó mucho en atar los cabos.
—¿Estás observando las estrellas? —Preguntó Luna.
El asintió.
Tenía un cierto brillo especial en los ojos que nunca antes le había visto. Realmente las personas cambiaban cuando hacían aquello que amaban.
—Hacía tiempo que no lo hacía, quería volver a intentarlo —Admitió Draco frotándose el cuello, incómodo —. Estudiarlas quiero decir, cuando era pequeño lo hacía todos los días. Quiero ver si aún recuerdo cómo hacerlo.
—¿Solías hacerlo? ¿Qué cambió?
—No lo sé… Supongo que crecí —Respondió él soltando un amargo suspiro —. Pero estoy tratando de retomarlo, poco a poco.
Los ojos de Luna se llenaron de entusiasmo. Amaba la idea de que Draco estuviera haciendo lo que amaba hacer de niño.
Ella siempre había pensado que crecer no significa abandonar tus sueños.
—¿Cómo puedo ayudarte?
Draco sonrió al ver el entusiasmo de la joven. Era agradable ver como se interesaba por el tema, a pesar de que era algo que no conocía a profundidad.
Ella lo estaba intentando por él, y eso era lo importante.
—Bueno… Vine a estudiar las estrellas de Etamin y Aldhibain —Dijo Draco mostrándole una página de su libro de astronomía —. Se acerca el solsticio de invierno y eso significa que esas estrellas cambiarán su posición unos grados más de lo usual. Necesito anotar esas diferencias de posición.
—¿La estrella de Etamin? La conozco, forma parte de la constelación NGC 6543.
Draco asintió.
—Si, se supone que esa constelación fue listada por Ptolomeo. Usualmente está ubicada en el hemisferio norte —Respondió él señalando un espacio del cielo —. Pero por el cambio de temporada ahora puede ubicarse un poco más al noroeste, ¿la ves?
Los ojos de Luna se quedaron un buen rato mirando el cielo, justo donde Draco había le indicado.
Era tan brillante...
No era difícil ver porque Draco disfrutaba tanto de la astronomía. Realmente era un espectáculo muy hermoso e interesante.
—Sí, la veo —Respondió Luna —. Sabes mucho sobre esa constelación...
Draco se encogió de hombros.
—Bueno, es la constelación NGC 6543, también conocida como Draconis, o como solía llamarla mi madre… Mi constelación.
De repente los ojos de Luna se llenaron de claridad.
—Draconis… Draco. Oh, ¡tú nombre viene de la constelación! —Exclamó Luna, haciendo que el rubio se sonrojara.
La mayoría de las personas no sabían que su nombre no venía de la criatura mágica en sí, sino de la constelación. Era una tradición sangre pura nombrar a los hijos en base a las estrellas, específicamente constelaciones.
Draco, por supuesto, no era la excepción.
—Cuando era pequeño eso me avergonzaba. Mi nombre era raro y todo por culpa de unas jodidas estrellas.
—Tu nombre es tu nombre Draco —Respondió Luna firmemente —. Y me parece lindo… Viene de las estrellas, eso te hace especial.
Draco le miró con una mezcla de vergüenza, confusión y negación.
Su nombre… Especial. Nunca nadie le había dicho eso.
Por favor, no digas más cosas lindas. Mi corazón no puede soportarlo.
—No tiene nada de especial —Respondió él apartando la mirada —. Es una simple tradición familiar, no más. Al igual que los nombres de Orión y Regulus. Todos vienen de constelaciones provenientes de- Oye, ¿Por qué me miras así?
Luna le estaba mirando alegremente. Su sonrisa parecía brillar más que nunca ahora en medio de la oscuridad de la noche. Si es que eso era posible.
Al parecer la joven se estaba divirtiendo.
—Te quejas de tu nombre, pero aun así tus ojos parecen brillar como estrellas cuando hablas de astronomía… Es lindo.
—No digas tonterías.
—¡Es cierto! Pareces un niño pequeño viendo un Flopirish.
—No soy ningún niño, se supone que soy tu novio —Dijo Draco cruzándose de brazos.
Luna giró la cabeza sin comprender. En su mente ese argumento no tenía ningún sentido, ¿cómo se relacionaba una cosa con la otra?
—Puedes ser mi novio y soñar con las estrellas como un niño… —Explicó Luna como si fuera algo obvio —. Incluso podríamos hacerlo juntos. ¡Como un equipo!
—¿Un equipo?
—Eso dijiste la otra vez...
Podemos ser los mejores amigos y más al mismo tiempo. Como un dúo, el mejor equipo de todos. Quiero demostrarte que podemos ser mucho más que una pareja... Si quieres, y si me lo permites —Eso había dicho.
Las mejillas de Draco empezaron a teñirse de un color rojo de tan sólo recordarlo.
¿Desde cuándo hablaba tan fácilmente de sus sentimientos?
Pero no era mentira, realmente esperaba que fueran el mejor equipo de todos.
—Estoy segura… Que las estrellas se verían más bonitas si las viéramos juntos —Dijo Luna tímidamente.
Draco no pudo hacer otra cosa que apartar la mirada. Se suponía que hacía frío, pero lo único que podía sentir era el calor proveniente de su cara y su pecho.
Dios… Sentía que iba a explotar.
Sin pensarlo mucho se acercó a la joven y la abrazó delicadamente, dejándose embriagar por su tacto y su olor. ¿Esto no era un sueño? Luna se sentía tan pequeña en sus brazos, su cabeza apenas llegaba a su hombro. Realmente quería protegerla.
A veces tenía que hacer esto para asegurarse que todo era real.
Realmente todo parecía muy bueno para ser verdad.
—¿Draco? —Preguntó ella en medio del abrazo.
—Tienes razón. Las estrellas… Podríamos verlas todas si gustas.
Aunque siendo honestos, su estrella favorita estaba ahí, en sus brazos. Brillante, sonriente y soñadora, como siempre había sido.
Y no dejaría que se apagara.
—Es que… Me alegra saber que volviste a estudiar las estrellas —Respondió ella separándose lo suficiente para que él viera su rostro —. Te ha caído bien.
—Sólo es un pasatiempo. No creo que haya podido cambiar tanto.
—Puede ser un pasatiempo —Dijo Luna colocando su mano en la mejilla de Draco —. Pero te hace feliz. Eso me hace feliz a mí también.
Los ojos de Luna parecían expresar mil cosas a la vez: cariño, afecto, dedicación, consideración, esperanza.
Todas y cada una de esas emociones estaban dirigidas a él.
Esto es demasiado.
Sinceramente Draco empezaba a preguntarse cuándo demonios empezaría a acostumbrarse a estos gestos lindos y a las demostraciones de afecto. Porque ciertamente se estaba cansando de que su corazón se sintiera a punto de explotar cada vez que Luna le dijera algo lindo.
Tú no sabes el poder que tienes en mí, ¿verdad?
Sin decir más, Draco se acercó un poco, mientras una sensación de paz le decía que esto era lo correcto. A Luna no parecía importarle. Finalmente comprendía que este…
Este era el lugar donde debería estar.
Poco a poco los centímetros se volvieron milímetros, y antes de que se diera cuenta unió sus labios con los suyos.
Draco antes había escuchado cómo las personas describían los besos como fuegos artificiales, explosiones de pasión que llenaban el alma y hacían que uno cayera perdidamente enamorado.
El no sintió exactamente eso.
En su lugar, sintió como era envuelto por una sensación de calidez, como un rayo de sol que crecía lentamente en él; cada vez más brillante e intenso. Por supuesto, estaba más aterrorizado que nunca en su vida, pero se sentía bien. Se sentía natural. Ahí era donde debía estar…
Por su parte, Luna cerró los ojos y lo besó de vuelta.
Jamás imaginó que esto podía hacerla sentir así. No tenía la menor idea de que estaba haciendo, pero la esencia de Draco la hacía sentir segura, protegida y amada. Sólo quería estar más cerca, a pesar de que su corazón parecía estar en llamas.
Sólo esperaba que él pudiera sentir lo mismo.
Finalmente Draco se apartó lentamente, no sin antes darle un último beso en la frente. Ambos estaban sumamente avergonzados.
Por un buen rato ninguno de los dos dijo nada.
—Gracias —Dijo Draco después de un rato.
Honestamente era todo lo que podía decir.
—¿Uh? ¿Por qué me agradeces? —Preguntó Luna.
—Por todo supongo. Yo… Supongo que te debo mucho.
Mucho más de lo que podrías imaginar...
La muchacha sólo pudo abrazarlo fuertemente y esconderse en su pecho, sin siquiera mostrar su rostro. Podía sentir como sus emociones la abrumaban. No quería que Draco la viera, lo cual le causó mucha gracia al rubio.
—¿Tan mal estuvo? —Pregunto él.
Luna negó con la cabeza, aun con la cabeza oculta en su pecho.
—No…
Una sonrisa se dibujó en sus labios, lo único que pudo hacer fue abrazarla de vuelta y acariciar suavemente su cabello.
Si tan sólo Luna supiera que él estaba tan avergonzado como ella.
Draco siguió abrazando a la muchacha, esperando a que poco a poco sus emociones se calmaran. Aunque siendo honestos, se podía quedar toda la noche en esa posición sin problemas.
No fue hasta varios minutos después que la joven Ravenclaw se tomó un instante para apartarse lentamente de sus brazos y mirar a su alrededor.
Su vista se posó específicamente en los cuadernos de Draco.
—Ay no, se supone que veníamos a estudiar las estrellas —Dijo Luna dándose cuenta de la situación —. Lo siento.
Por su parte, Draco no parecía muy preocupado.
De hecho, parecía más que feliz.
—No pasa nada —Respondió él encogiéndose de hombros —. Hice bastantes anotaciones antes de que llegaras. Eso bastará por ahora. Pasado mañana seguiré estudiando.
—Pero-
—Quiero pasar mi tiempo contigo. No te preocupes.
Luna no estaba muy segura de la idea.
Lo menos que deberías hacer es causarle problemas
Se suponía que Draco había venido a ver las estrellas y ella se lo había impedido. Estaba causándole problemas, justo como habían dicho sus compañeras de cuarto.
—No quería distraerte... —Dijo Luna agachando la mirada —. Sé que las estrellas son importantes para ti, no porque seas mi novio debes obligarte a pasar tiempo conmigo.
Draco frunció el ceño, sintiéndose algo ofendido por este comentario.
—Siempre me ha gustado pasar tiempo contigo.
—¿Siempre?
Ahora era turno de Luna para mirarle genuinamente sorprendida.
Draco estuvo a punto de pedir un deseo. A fin de cuentas ver a Luna sorprendida era un acontecimiento único. Casi como ver una estrella fugaz.
Pero primero tenía que aclarar algo, y este era el momento adecuado.
—Muy bien. ¿Ahora me dirás que sucede? Desde que llegaste pareces preocupada.
Luna suspiró.
Honestamente, le molestaba que esos pensamientos surcaran por su cabeza. Jamás le había prestado atención a lo que dijeran los demás, y justamente ahora su cabeza había decidido dudar.
Pero este era Draco, y sabía que podía contarle lo que fuese. Desde el inicio había sido así y no pensaba cambiar eso ahora. Mucho menos ahora.
Así que le contó todo. El cómo estaba pensando en arreglarse el baile, su idea de modificar el vestido y por supuesto, los desagradables comentarios de sus compañeras de casa.
Draco escuchó todo con expresión neutra.
—Luna, para ser una Ravenclaw a veces puedes ser muy tonta —Respondió finalmente después de escuchar todo.
—¿Uh?
Él frunció el ceño.
—Creí que después de todo este tiempo era obvio que nada de eso me importa —Dijo él sin comprender —. Y ti tampoco te ha importado jamás, ¿por qué ahora sí?
Luna agachó la mirada, sintiéndose avergonzada de tener que admitir que por primera vez en su vida se sentía insegura.
¿Por qué le estaba pasando esto? ¿Acaso era una fase?
—Porque… Porque… Porque eres tú.
Draco le miró confundido.
—¿Ah?
—Porque te quiero —Dijo ella finalmente —. Así que ahora es… Importante.
Draco sintió como el mundo se detenía con esas palabras.
Era la primera vez que Luna le decía sus sentimientos desde su confesión hacía unos días.
—Yo también te quiero, Luna.
Luna enseguida alzó la mirada, sintiendo su corazón latir con más fuerza que nunca.
Bump
—Muchísimo.
Bump bump
—Y nada de eso me importa más que tú —Respondió Draco sujetando su mano.
Bump bump bump
Luna sólo pudo mirarle fijamente mientras correspondía el agarre de su mano. ¿Desde cuándo los ojos de Draco brillaban tanto?
—Soy mejor que eso, ¿sabes? —Respondió Draco encogiéndose de hombros—. Antes de estar contigo ni siquiera me habría molestado en practicar mis clases de baile otra vez. Mucho menos enseñarle a alguien más.
—Pero…
—Luna, puedes hacer lo que quieras con el vestido.
Draco se tomó una pausa, acariciando un mechón de su cabello mientras organizaba sus ideas.
¿Cómo podía comunicar tantas cosas sin decirlas? Sólo quería que Luna comprendiera.
—Así como me veo feliz estudiando estrellas, así de feliz te ves tú creando arte —Dijo Draco calmadamente —. El vestido puede ser tu nuevo lienzo si quieres Luna. Quiero que vayas y te sientas feliz. Lo demás no me importa si te soy sincero.
—¿De verdad?
Draco asintió.
—Lo único que me importa de ese baile es ir contigo.
Eres tan… tan…
Luna sintió como poco a poco se le quitaba un peso de encima.
Cada vez que sentía que no encajaba en el mundo Draco venía de una vez a demostrarle todo lo contrario, que eran ilusiones de su mente. Como si fuera lo más especial del mundo.
En ese instante Draco se acercó y le dio un delicado beso en la frente, esperando calmarla.
Dos muestras de afecto en un día y ninguno había explotado. Ya estaban haciendo un progreso.
—¿Ya estás mejor? —Preguntó Draco amablemente.
Ella asintió, su sonrisa podía verse de ahí al al sol.
—Sí, gracias… Draconis.
¿Acaso ella acababa de…?
Draco volteó a ver a la muchacha, sintiendo como el lindo momento que se había formado desaparecía en ese instante.
Ay no.
Ay no no no no no.
—Está bien, ya entendí. Mi nombre no sólo es un monstruo, sino una constelación en el cielo. Ahora por favor no me llames así.
Luna tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no reír ante la reacción tan exagerada del rubio.
—A mí me gusta. Además, combina con el mio. Las estrellas y la luna siempre han sido eternas compañeras —Comentó Luna mirando el cielo estrellado, seguía sin soltar su mano —. Tal vez yo podría ser la luna de tus estrellas…
Draco elevó la mirada al cielo, sintiendo cómo poco a poco sus palabras le calmaban y a cambio miles de dudas inundaban su cabeza.
¿Será que juntos podríamos brillar más que todas esas estrellas juntas?
¿Tendremos la oportunidad de intentar?
Tantos pensamientos surcaban su mente ahora...
—Eternas compañeras… Creo que eso me gusta —Murmuró Draco.
De repente se dio cuenta de su situación: estaban en medio de la torre de astronomía, sentados en una banca y viendo las estrellas. Como si fuera lo más natural del mundo, y tal vez lo era.
El cielo parecía brillar más que nunca, pero siendo honestos su resplandor no era nada comparado con lo que estaba sintiendo ahora.
—Las estrellas, la luna, las constelaciones… ¿Crees que podamos ser como ellas? —Preguntó Luna volteándose a verlo.
—Tal vez. No lo sé… Supongo que somos muy pequeños al lado de ellas.
Luna alzó la mirada a las estrellas.
Ciertamente eran hermosas. Parecían brillar más que nunca…
Al verlas todo se volvía tan insignificante. Hogwarts, el torneo de los tres magos, su vida, su relación con Draco, incluso el baile…
El baile.
El baile era mañana y Luna no sabía qué pensar.
Toda su vida había soñado con vivir algo como esto. Su mente se había llenado de ideas e ilusiones durante años, esperando que permanecieran eternamente como eso: sueños.
Ahora, frente a las estrellas, se estaba dando cuenta de que no sabía qué haría después de perder su sueño de toda la vida.
—Todo es muy insignificante al lado de ellas, ¿verdad? —Preguntó Luna.
Draco se volteó a verla.
—¿Estás bien?
Ella negó con la cabeza y llevó su mano a un collar brillante que llevaba puesto.
No sabía qué le pasaba.
—Creo que los Dinkles están nublando mi mente, mi collar protector debe estar fallando.
—Está fallando o… Estás preocupada.
—Puede ser…
—¿Debería asustarme?
Luna negó nuevamente con la cabeza.
—Mañana es el baile.
Draco se le quedó mirando.
Se suponía que ese simple hecho debería ser motivo de felicidad, pero la expresión de Luna le daba a entender que era lo contrario.
Parecía una niña pequeña.
—Es que… Desde pequeña leía estos cuentos. Soñando con vivir un momento como este, y… y… Y ahora de verdad estoy aquí, parece un sueño pero…
Luna se mordió el labio.
—¿Pero…? —Continuó Draco.
—¿Y si no es como pensaba? —Respondió Luna volteándose a verlo, preocupada —. ¿Qué haré entonces?
Draco se tomó una pausa.
No tenía que pensarlo mucho, para él la respuesta era muy sencilla.
—Supongo que eso es lo bueno de los sueños, siempre puedes salir a buscar uno nuevo.
Yo estaré a tu lado en todo momento
Una sonrisa se dibujó en los labios de la joven.
—Otro sueño… —Dijo Luna, mientras su mirada se llenaba de claridad —. Gracias Draco.
Lo único que hizo Draco fue sonreírle de vuelta, tal vez era la sonrisa más sincera que había hecho en toda su vida. Eso sería más que suficiente por ahora.
Las palabras estaban de más en un momento como ese.
—¿Es hermoso no crees? —Preguntó Luna observando las estrellas.
Draco se le quedó mirando por un segundo, no estaba mirando el cielo estrellado. Para él, la muchacha que tenía al frente brillaba mucho más que cualquier cosa.
Luna Lovegood, su estrella más brillante.
—Sí, realmente lo es.
Creo que este es el capitulo más rosa/fluff que he escrito. Siendo honesta creo que estoy a punto de vomitar arco iris, pero el punto de este fanfic era precisamente llegar a este punto, así que está bien xD Si logré que sonrieran o dijeran aaawww entonces doy por hecho mi cometido uvu Y recuerden mis niñas: si algo parece ooc, pueden cerrar los ojos(?) okno
A partir de ahora lo que queda es el baile y con él, el final de Un Ultimo Vals. Pienso hacer uno o dos epílogos, pero la historia en si terminará con el baile. Aun no me puedo creer que llevo poco más de un año con esta historia y realmente me hace feliz ver lo lejos que he llegado. Jamás en mi vida pensé que llegaría a escribir más de 60.000 palabras, ufff aksjaksja
Como siempre muchas gracias a todas las personas que siguen esta historia, son mi razón de vivir
¡Nos vemos!
