N/A: Pues aquí estamos un día más.

Disclaimer: Aún sigo buscando un disclaimer divertido y original que diga que no soy Oda.


Hacía varios días que Aokiji se había recuperado de la batalla contra Akainu. Días en los que no había tenido nada más que hacer que pensar. ¿Qué iba a hacer ahora con su vida? Akainu había sido lo bastante bueno para permitirle seguir en la marina con el mismo cargo, títulos y deberes después de la batalla, aunque eso no era de extrañar ya que era de los mejores soldados que había en la marina. ¿Pero era realmente eso lo que quería? Siempre había querido servir a la justicia, proteger a los indefensos y a los débiles y castigar a aquellos que quebrantaban las normas. En consecuencia al castigo cometido.

Estaba claro que los buenos días en la marina acabarían en el mismo momento en el que Akainu se sentara en el despacho de Sengoku. Kizaru había hablado con los dos por separado, ya que ninguno estaba aún en forma para salir de la cama, al parecer a Akainu aún le quedaban un par de semanas de recuperación pero ya estaba empezando a dar órdenes. Y cuando le tocó la visita por parte de Kizaru, éste simplemente le tendió una bolsa con sus efectos personales. Kizaru podía parecer un idiota la mayor parte del tiempo, pero sabía cómo funcionaban sus compañeros. Cuando Aokiji levantó una ceja en una muda pregunta él simplemente le dijo que le estaba agilizando las cosas en caso de que quisiera marcharse. «Y si me equivoco, simplemente tienes que llevarlo a tu habitación de nuevo»

Ninguno dijo nada más. Las palabras sobraban, todos los que conocían a Aokiji se habían sorprendido de su arrebato por pelear contra Akainu, y sabían cuál iba a ser la decisión de éste si no salía victorioso. Así que después de varias semanas de descanso, recuperación y ejercicios de movilidad para la pierna, Aokiji dobló el pijama del hospital, dejó su uniforme medio chamuscado en una silla y salió por la puerta del hospital vestido como un transeúnte normal y corriente. Su bicicleta estaba cerca del hospital, se montó y se fue de la marina, sin mirar atrás. Aokiji tenía sus principios y sus ideales, y no estaba dispuesto a seguir a un hombre corrupto que asesinaba a inocentes y a piratas simplemente para que la marina fuera fuerte. Él también tenía sangre en sus manos, mucha, no era tan hipócrita como para negarlo. Pero tenía un código, así que seguiría ese código, esos ideales donde quiera que éstos le llevaran.


¡Espero que os haya gustado ¡Hasta mañana!