N/A: Pues aquí el capítulo de hoy, espero que os guste :)
Disclaimer: Sigo buscando un disclaimer divertido y original que diga que no soy Oda.
Cuando oigo los pasos acercándose por el jardín todo mi cuerpo me pide salir corriendo, abrir la puerta y lanzarme a sus brazos. ¡Ha vuelto! Ha tardado más de lo que esperaba, pero lo ha conseguido. Hacía más de un año que no salía de la isla, desde que la noticia resonó como un eco, retumbando por todos los rincones de Grand Line: el Rey de los Piratas y su tripulación habían conquistado todo el Grand Line. Desde entonces han circulado toda clase de historias por los cuatro mares y el Grand Line, Roger ha pasado a la historia, es una leyenda, todos querrán imitarle y capturarle a partes iguales. Por eso cuando me dijo que salía una última vez me preocupé, y tuvimos nuestra primera pelea en serio, pero todo eso ahora mismo me da igual.
La puerta se abre y la silueta del Capitán más famoso entra por la puerta de mi casa, extrañado por no verme fuera como siempre, supongo que preguntándose si sigo enfadada con él. Pero no, solo cuando le veo es cuando soy capaz de levantarme de la silla y correr a sus brazos, me estrecha entre ellos y por unos breves segundos me siento protegida. Protegida y feliz, quiero disfrutar de esa sensación un ratito más, por lo que le abrazo con fuerza y él comprende el mensaje ya que no me suelta, no hasta que yo lo hago.
Nos miramos, él intenta adivinar lo que me pasa pero finalmente alza las cejas en una muda pregunta. Y yo sonrío, no se espera para nada lo que voy a decirle, tengo miedo, miedo del futuro, miedo de nosotros, de lo que nos puede llegar a pasar, pero creo que me he ganado el derecho a disfrutar de unos minutos de felicidad. De mandar al resto del mundo a la mierda y que solo seamos él y yo.
–Estoy embarazada–digo finalmente. Él me mira con sorpresa y yo me río y lloro, su expresión es genial. Se queda callado, procesando la información. Así que decido ayudarle a procesarla de otra manera.–Vas a ser padre.
–¿Es en serio?–pregunta mirándome la tripa, como si esperara que saliera de la nada un bebé diciendo «Papá». Yo asiento con la cabeza y antes de que me quiera dar cuenta estamos dando vueltas por la habitación. Cuando me deja en el suelo, me abraza de nuevo y me besa, en la cabeza, en la mejilla, en la boca, luego se agacha y mira mi vientre con una sonrisa. Se hace el silencio y sé lo que está pensando, así que le cojo la barbilla con la mano y le obligo a mirarme, estoy llorando otra vez pero no puedo evitar sonreír también.
–Solo disfruta el momento.
Él asiente con la cabeza y coge en volandas otra vez para dar vueltas de nuevo.
El bote está listo, lleva un par de cajas con comida y me río, con esas cajas en el bote parece que su marcha no es definitiva. No he contado el tiempo que ha pasado desde que volvió, ha sido muy poco de todas formas. Deja la última caja y se gira con una sonrisa, cuando estamos a la misma altura se agacha y le habla a mi vientre.
–Muy bien pequeñajo, o pequeñaja, aquí van un par de instrucciones: no hagas que tu madre vomite todos los días, dale muchas patadas cuando crezcas lo suficiente pero asegúrate de no berrear demasiado cuando nazcas, no quieres ver a tu madre enfadada, te lo digo yo.
Se me escapa una risilla, vaya unos consejos de padre que está dando. Me mira desde abajo con una sonrisa, luego me besa el vientre y se levanta sin dejar de mirarme a los ojos. Sobran las palabras en este momento, y aunque no lo hicieran ¿qué se dice en estos casos? ¿Buena suerte? ¿Ten un buen viaje? Para soltar semejantes chorradas mejor no decir nada.
–No te preocupes, dentro de poco tendrá noticias mías.–Yo le mato, ¿cómo se le ocurre hacer chistes macabros en un momento como este? Le miro alzando una ceja, esto puede acabar en una discusión como siga así…me besa en la frente y cuando se separa su expresión es mucho más seria.–Ten mucho cuidado.
–No te preocupes, estaremos bien.
La despedida es mucho más corta y a la vez mucho más larga de lo que me esperaba. Por una parte quiero que se vaya, que esté lo bastante lejos para que ya no sea capaz de detenerle, pero por otra quiero tenerlo a mi lado un rato más. Me quedo en el puerto hasta que no soy capaz de verle, y luego subo hasta la colina de mi casa, donde ya no puedo distinguir su silueta dentro del barco. Tengo ganas de llorar, pero no lo hago, tengo que ser fuerte, no puedo flaquear ahora. No soy tan tonta como para pensar que lo primero que harán después de matarle será venir aquí. A partir de ahora y hasta que todo esto acabe, de puertas para a fuera mi cara tiene que ser la de la serenidad personificada, la vida del pequeño depende de ello.
Sonrío pensando en lo irónica que es la vida, he roto mi promesa y he llorado dos veces: la primera cuando leí el periódico con la noticia de su muerte, la segunda cuando me han puesto a Ace en mis brazos. No quiero dejarle, es tan pequeñito, ojalá estuvieras aquí para verle. Ojalá pudiéramos verle crecer. Pero lo importante es que crecerá, sano, feliz y lejos de aquí, oculto. Y tendrá una buena vida, estoy segura.
¿Y bien? ¿He conseguido hacer llorar a alguien? e.e
