N/A: Un pelín tarde pero no he tenido tiempo de subirlo antes. He llegado de natación y después de medio dormirme en el sofá he corrido a encender el ordenador, escribir esto y subirlo. Admirar mi fuerza de voluntad jajaja.
Disclaimer: Aún sigo buscando un disclaimer divertido y original que diga que no soy Oda.
Hoy, cuando amanece, yo ya estoy despierta. Llevo despierta horas ¡pero es que no puedo dormir! Estoy demasiado nerviosa como para hacer algo tan trivial como dormir, algo que por cierto hago todos los días, aunque no abro los ojos y me quedo descansando en la cama hasta que vienen a llamarme para decirme que el desayuno está listo.
Me falta tiempo para salir de la cama y bajar a desayunar, ni si quiera estoy vestida pero no importa. Con los nervios a flor de piel pido que me traigan el correo.
–Te veo muy feliz Hebihime-sama–me dice la vieja Nyon desde la otra punta de la mesa.
–¡Pues claro! Hoy es el Día Blanco.
Llevo todo un mes esperando este día y por fin ha llegado. Margaret me trae el correo, la mayoría son cartas de la marina que despacho sin prestarles atención, son muy pesados cuando quieren, pero no voy a hacerlo porque soy hermosa. Paso las cartas y los paquetes con rapidez pero no está lo que yo quiero. Vaya…¿será que se ha retrasado? Bueno, el día no ha hecho más que empezar, aún queda tiempo.
–¿Esperas alguna notificación Hebihime-sama?
–¿Es que acaso estás tan vieja que te has quedado sorda por fin? ¡Te he dicho que es el Día Blanco!
La vieja Nyon me mira sin comprender, pero no estoy de humor para responderle las dudas. Cómo se nota que esta mujer no ha estado enamorada en su vida. Cuando llegan Sandersonia y Marigold yo ya he terminado mi desayuno y me levanto y me voy a mi dormitorio a vestirme.
–¿Vosotras sabéis que es el Día Blanco?–escucho que les pregunta la vieja Nyon a mis hermanas, aunque no puedo escuchar si alguna le responde ya que en ese momento se caen un par de tenedores al suelo. Ni me preocupo por eso, ¡voy a aprovechar y a ponerme bien guapa para hoy!
El día pasa con bastante rapidez, más de la que me gustaría, pero no llega ningún paquete nuevo. Cuando se encienden las primeras luces al atardecer ya estoy seriamente preocupada. ¿Será que Luffy-kun se ha olvidado de qué día es hoy? Es muy despistado para estas cosas, pero…cuando hace un mes me envié los bombones por correo esa misma tarde ya tenía una nota de agradecimiento escrita por él…¿será que me está siendo infiel con una de sus nakamas? No, no, no, no, no, Luffy-kun no haría algo así, ¡estamos enamorados! Y Luffy-kun no es una mala persona. Aunque a lo mejor lo que pasa es que todavía no ha terminado de hacerme los bombones, será eso, sí, tiene que ser eso. O que esté muy lejos y por eso tarda en llegar. Seguro que para la hora de la cena está.
Las horas singuen pasando y cuando Margaret me dice que la cena está lista yo le digo que no tengo apetito. No quiero comer nada si no son los bombones de Luffy-kun. ¿Cómo es que todavía no han llegado?
–¿Qué es todo ese alboroto?–le pregunto a Margaret, hace un rato que no dejo de escuchar a la gente correr de un lado para otro y me molesta. Así no hay quién se concentre en estar triste y deprimida.
–No es nada Hebihime-sama–me dice la chica, de pronto parece muy nerviosa.–Un ligero contratiempo pero ya lo estamos arreglando.
No me lo creo. Margaret no deja de mirar a la puerta cada pocos segundos y sigue en la habitación ¿Porqué o se ha ido cuando le he dicho que no quería cenar?
–¿Margaret qué ocurre?
–Nada, nada de lo que deba preocuparse Hebihime-sama. ¿Está segura de que no va a cenar? ¿Ni siquiera un poco de fruta?
–¡No quiero nada a no ser que sea el regalo del Día Blanco de Luffy-kun!
Me tiro de nuevo a la cama, estoy a punto de llorar, lo sé. ¿Cómo ha podido hacerme esto? Abrazo la almohada y hundo mi cara en ella, después de todo lo que hemos pasado. Después de los dos años en los que estuvimos juntos pero sin vernos–solo aquella estúpida vez en la que salió para ayudarme con la estúpida misión de la Marina–Raileigh me devolvió los bombones de muy malos modos, los dos años. Por eso este año era nuestro año. ¿Cómo ha podido olvidarse Luffy-kun del Día Blanco? De pronto, unos pasos acelerados resuenan con más fuerza y sé que alguien va a entrar, mis hermanas si no me equivoco.
–¡Hermana!–gritan a la vez.
–¡Dejadme en paz! ¡Quiero estar sola con mi dolor! ¿Es que nadie entiendo lo duro que están siendo para mí estos momentos?
–Por eso tienes que levantar la cabeza y mirar. Ha llegado un paquete de Luffy-kun–dice Marigold.
Me levanto como si fuera un resorte y salto de la cama hacia la puerta donde, efectivamente, mis hermanas tienen un pequeño saco del que sale un olor a chocolate. No sé qué clase de chocolate es, pero huele deliciosamente bien, como si lo hubiesen cocinado aquí incluso. Lo abro y la mala veo una nota con la mala caligrafía de Luffy-kun que dice: «Feliz Día blanco.» Soy tan feliz en estos momentos que incluso se me empañan los ojos por las lágrimas. Sandersonia y Marigold también están felices por mí, de repente las veo muy aliviadas, a ellas y a Margaret. Qué buenas son, cómo se preocupan por mí.
–¡Están riquísimos! Luffy-kun es todo un experto en la repostería por lo que parece.
Oigo resoplar a Margaret, Marigold y Sandersonia, pero cuando levanto la vista hacia ellas están sonriendo de nuevo.
–Disfruta del día Hebihime-sama–me dice la vieja Nyon con un tono un poco socarrón pero no me importa. Soy feliz ahora mismo, además Marigold ya se ha encargado de darle un capón por mí. Luffy-kun ¡estoy más enamorada de ti si cabe!
Anexo: A muchos kilómetros de ahí, en el Thousand Sunny…
–Oye Luffy, ¿no crees que deberías mandarle unos bombones a la Emperatriz Pirata?–pregunta la navegante del barco.
–¿Y eso?–pregunta Luffy.
–Hoy es 14 de marzo–replica la chica, y al ver la cara de incomprensión de Luffy añade:–El Día Blanco.
–Pues a mí me parece que está más bien soleado el día…–dice el capitán llevándose una mano a los ojos a modo de visera. De pronto siente el capón de su navegante en la coronilla.–¡Nami! ¿A qué ha venido eso?
–¡A qué eres más idiota de lo que pensaba! Si tenemos algún problema con esa mujer que sepas que te lo habrás buscado por idota.
–Pero si Hancock siempre me está mandando comida y dice que no le debo nada a cambio, ¿por qué debería agradecerle el chocolate que me mandó hace un mes? ¿No crees que es un poco tarde? ¡La próxima vez avísame con tiempo!
La navegante sale se va rumbo a la cocina echando humo por las orejas. Encima que le intenta explicar las cosas…
¿Os imagináis a Luffy haciendo chocolate para el Día Blanco? Yo tampoco n.n'
