Capítulo 3. Un largo camino por recorrer.
Así me siento cuando tengo que enfrentarme a mi madre, como si tuviera que recorrer un largo camino al final del cual está una persona a la que he decepcionado. Nunca me han dado miedo los regaños de mi padre, pero no soporto ver la mirada de decepción que se refleja en los ojos de mamá cuando hago algo mal... Y esta noche es la peor de todas porque mi hermana está enferma y mamá se va a pasar toda la noche cuidándola, lo que menos necesita son quejas acerca de que uno de sus otros hijos se ha portado mal, y aunque sé que papá se esforzará por ocultarle mi travesura, ella tiene un sexto sentido que le permite adivinar cuando algo no anda bien con su familia...
Cuando llegamos a casa subí inmediatamente a mi habitación, y si no azoté la puerta fue por consideración a Aremy. Sin embargo, al poco rato escuché que mi padre subió a la habitación de mi hermana y decidí salir sigilosamente del cuarto para escabullirme por el corredor hasta la puerta del cuarto de Aremy. La puerta estaba entreabierta y por ahí los espié.
- Ya dime qué es lo que pasa.- pedía mi mamá.
- Ya te dije que no pasó nada.- mi padre suspiró y arrojó su chaqueta a los pies de la cama de mi hermana, quien me supongo que se encontraba dormida.
- Ahora sí sé que pasó algo.- mamá se incorporó.- Tú no eres así de desordenado.
- No quiero molestarte con eso ahora, mi amor.- mi padre besó a mi madre.- Necesitas descansar un poco, ve y toma una siesta mientras yo cuido de Aremy.
- No tengo sueño, me tomé un café muy cargado para aguantar el desvelo.- replicó ella.- Así que ahora dime qué pasó con Daisuke.
- ¿Cómo sabes que fue él?.- inquirió el gran Genzo Wakabayashi, ofuscado.
- ¿Quién más podría ser? Es el único que consigue sacarte de quicio.- mi madre suspiró.
- Tú y tu sexto sentido.- gruñó papá.- No sé qué le pasa a últimas fechas a Daisuke. Se comporta como si fuera...
- ¿Un niño?.- aventuró mamá.- Gen, Daisuke es un niño.
- Sí, pero... Es que yo no solía ser tan problemático cuando tenía su edad.- protestó papá.
- Sí, pero tú vienes de otro planeta, mi amor.- rió mamá, de esa manera tan tierna con la que siempre consigue que mi padre haga lo que ella le pide.- Así que no te tomes como ejemplo.
- Muchas gracias, Yuri.- gruñó él, otra vez, aunque en el fondo sabía que ella tenía razón.
- Es la verdad, Gen.- mamá se alisó el cabello y suspiró.- Mira, sé que Tsubasa, Misaki y tú eran unos niños buenos que solo se dedicaban a cumplir sus sueños y que Schneider y Kaltz también te seguían la corriente, primero en el Hamburgo y después en el Bayern Múnich, pero la mayoría de los niños son como Daisuke. Son traviesos y aventureros porque quieren descubrir el mundo a su manera y porque quieren encontrar su camino por sí solos.
Mi padre suspiró. Había captado el mensaje, al parecer.
- Sigues creyendo que presiono mucho a Daisuke, ¿verdad?.- preguntó él.
- Sólo creo que no debe ser nada fácil ser hijo tuyo.- respondió mamá.
Mi dulce mamá. Ella siempre me comprendía, no importando qué tan diferente fueran nuestras personalidades.
- Ya.- suspiró Genzo.- ¿Qué quieres que haga?
- Que lo dejes ser él mismo.- pidió Lily.- Daisuke necesita tiempo para encontrarse a sí mismo. Va entrando en la adolescencia y sabes que esta etapa no es nada sencilla.
- Sí, lo sé.- aceptó él.- Voy a darme una ducha, entonces. Si lo deseas puedo relevarte después de que acabe para que duermas aunque sea un par de horas, mañana tienes turno en el hospital.
- Quizás lo haga.- asintió Lily.- Pero primero quisiera hablar con Daisuke.
- Él puede esperar hasta mañana.- replicó Genzo.- Aremy es la prioridad ahora.
Mamá ya no respondió. Sé que ella nos ama a todos sus hijos por igual pero sin duda que un niño enfermo tiene prioridad sobre los sanos, sobre todo si éstos se dedicaron a poner ratones en casas ajenas. Apenas tuve tiempo de regresar a mi habitación antes de que papá saliera del cuarto de mi hermana para entrar a su propio cuarto y darse la ducha mencionada. Cuando Genzo desapareció de mi vista decidí regresar a mi puesto de vigilancia, tentado a entrar para hablar con mi mamá y entonces… Lily miró de reojo hacia la puerta y sonrió.
- Entra, Dai.- pidió ella.- Puedes pasar, sólo no hagas mucho ruido.
Yo solté un respingo. ¿Sabía mi mamá que yo estaba ahí? ¿Debía irme y hacerme el occiso o reconocer mi derrota y entrar?
- Sé que estás ahí.- insistió mamá.- Entra, Daisuke. Tu padre está en el baño y no va a saber que estás aquí.
Derrotado por segunda vez en una misma noche (mis papás siguen ganando cada vez), abrí la puerta y entré en la habitación. Mi mamá estaba sentada a la cabecera de la cama de Aremy, con su largo y brillante cabello suelto sobre la espalda; ya se había puesto su camisón blanco, uno que a mí me gustaba mucho porque la hacía verse como un ángel, y particularmente esa noche sí parecía un ángel que velara por la salud de mi hermana. Ésta se encontraba dormida, respirando agitadamente y me esforcé mucho por no molestarla.
- Hola, mamá.- saludé en voz baja.
- Siéntate, corazón.- me pidió ella, sonriéndome y señalándome el pequeño sillón blanco y peludo que tanto le encantaba a Aremy.
Me sentí mal. Era raro que mi mamá nos hablara a mis hermanos o a mí con tono de enojo o malas palabras cuando quería regañarnos, lo cual hacía que nos sintiéramos peor por habernos portado mal. Lily siempre era dulce con sus hijos, no importando lo mal que se hubiesen portado ellos.
- Supongo que Genzo ya te dijo que soy un insolente, ¿no?.- me senté en el sillón con actitud recelosa.
- Sí, ya me lo dijo.- sonrió mamá.- Y no deberías llamarlo por su nombre y lo sabes. Es tu padre, no lo olvides.
- Pero a veces se comporta como su no lo fuera.- gruñí.- A veces se comporta nada más como el gran Genzo Wakabayashi y no como mi padre.
- Eso lo sé perfectamente pero no te da derecho a llamarlo por su nombre todavía.- replicó Lily.- Tal vez algún día lo tengas, cuando cumplas 30 años y vivas en tu propia casa.
- Sí, lo sé.- admití. Ouch por eso último.
- Y tampoco debiste boicotear la fiesta de Vania.- me regañó mi madre.
- Lo lamento.- me dediqué a mirar las agujetas de mis tenis.- Sé que estuvo mal pero no lo pudimos evitar.
- Todos sabemos bien que Mijael y tú son de temer cuando están juntos.- suspiró Lily, y su sonrisa se le borró del rostro después de eso.- Y que es normal que los hermanos molesten a sus hermanas pero aun así te pasaste y lo sabes, Vania le tiene pánico a los ratones. Entiendo que ustedes son varones y que está en su naturaleza el hacer travesuras pero estoy de acuerdo con tu padre en que debes de empezar a comportarte de acuerdo a tu edad, casi cumples los catorce años y pronto dejarás de ser un niño. ¿No crees que ya es momento de que dejes de hacer esas cosas propias de chiquillos?
- Lo lamento, mamá, de verdad.- me sentí avergonzado.
- No tienes que disculparte conmigo, sino con Vania y sus amigas.- replicó Lily tras voltear a ver a Aremy.- Y tal vez también con tu hermana porque estoy segura de que la broma también iba para ella, pero más que nada debes ponerte a pensar en si quieres seguir haciendo este tipo de cosas. Tienes aun un largo camino por recorrer y estás muy a tiempo de corregir el rumbo.
El regaño no había sido tan fuerte pero que mamá me llamara la atención siempre me hacía sentir miserable; podría ser un "rebelde sin causa" con el gran Genzo Wakabayashi pero mi madre era otra cosa. Ella pareció notar mi decaimiento porque volvió a sonreír y me alborotó el cabello.
- Sé que te sientes presionado por no querer defraudar a tu padre y que eso puede hacer que te estés comportando con más rebeldía de la que es habitual para tu edad.- continuó mamá.- Pero si quieres demostrarle que eres capaz de elegir tu propio camino estás usando la técnica equivocada, así sólo le estás demostrando que tiene razón por creer que no sabes qué quieres hacer con tu vida.
- Tengo catorce años, ¿no es un tanto lógico que no sepa aún qué quiero hacer de mi vida?.- cuestioné. ¿Cuál es la recondenada necesidad de presionarme para que escoja un camino en estos momentos? ¡Soy un adolescente, no un vago de cuarenta años que aún vive con sus padres!
- Eso es cierto pero tu papá no lo ve así.- aceptó mi mamá; Aremy se removió inquieta entre las sábanas y ella se apresuró a cambiarle el paño húmedo que tenía en la frente.- Recuerda que tiene una filosofía de vida muy diferente por su nacionalidad y por la formación que tuvo.
- Lo estás justificando, mamá, y lo sabes.- me puse en pie para ayudarla a atender a mi hermanita.
- Un poco, tal vez.- Lily sonrió avergonzada.- Pero aunque le he dicho que no te presione tanto, estoy de acuerdo con él en que debes comenzar a comportarte como un muchacho responsable, tienes dos hermanos menores que te ven como ejemplo.
Bueno, que el incorrupto Benjamín Ichimei seguramente no iba a sentirse influenciado por mis malos actos, no así Aremy quien amenazaba con ser tan rebelde como yo. Aun así ella es mujer, ¿no sería lo lógico que tomara a Jazmín como modelo a seguir en vez de a su rebelde y bueno para nada hermano no gemelo?
- ¿Y entonces qué hago?.- me recargué contra mi mamá en cuanto dejó de atender a Aremy.
- Para empezar, no les gastes a estas bromas a tus hermanas ni a tus amigas.- respondió ella, al tiempo que me abrazaba y me besaba la cabeza.- Y no seas tan rebelde ni insolente con tu padre, merece tu respeto aunque no estés de acuerdo con él.
- Sí, mamá, lo lamento.- asentí mientras me recargaba contra su pecho.- Me disculparé con él por haberle faltado al respeto.
- Me parece muy bien.- acordó mi madre.- Recuerda que tanto en su cultura como en la mía, el respeto a nuestros padres es importante y fundamental.
Nos quedamos un buen rato abrazados hasta que Aremy comenzó a toser. Yo me separé, asustado, y vi que mi hermana se había puesto muy pálida. Cosa rara, algo que había aprendido de la fiebre es que la gente se pone colorada, no blanca. ¿Será ésta una señal de que algo anda muy mal?
- ¿Está bien Are, mamá?.- le pregunté.
- Sí, corazón.- asintió ella aunque su voz me demostraba que no era cierto.
- Le avisaré a papá.- me dispuse a salir de la habitación.
- No, no es necesario.- me detuvo Lily.- Ya está bajándole la fiebre, no lo molestes ahora, en un rato vendrá a suplirme y en ese momento le avisaré sobre el estado de Aremy.
- ¿Estás segura?.- yo no me sentía tranquilo.
- Claro que sí.- insistió Lily.
Yo sabía que algo no andaba bien. Aremy siempre fue una niña llena de energía, rara vez se enfermaba y cuando lo hacía no dejaba que un simple grupito de gérmenes, como ella los llamaba, la detuvieran de ser ella. Pero el hecho de que tuviera que faltar a la fiesta de pijamas de su mejor amiga indicaba que algo andaba muy mal. Es más, ahora que lo recuerdo, mi hermana llevaba enfermándose muy frecuentemente en las últimas semanas, algo que no era normal en ella. Podría asegurar que el resto de los integrantes de esta familia sabíamos que algo no andaba bien con Aremy.
- Buenas noches, mamá.- le di un beso a Lily en la mejilla.
- Descansa, Dai.- sonrió ella, al tiempo que me besaba en la frente.
Me acerqué a Aremy y le di un beso en la nariz; su piel caliente me quemó al contacto y me preocupé aún más pero decidí confiar en mi madre. Después de todo, se suponía que ella sabía lo que hacía. Salí de la habitación y cerré la puerta con cuidado. Pensé en ir al cuarto de mis papás para hablar con mi padre pero cambié de parecer en el último minuto, el gran Genzo Wakabayashi bien podría esperar hasta el día siguiente para recibir mis disculpas, así que me dirigí a mi habitación, me desvestí y me tumbé sobre la cama. Por ese día ya no quería saber más del mundo.
Por supuesto, el reloj despertador sonó a la hora de siempre, esos malditos no saben nada sobre la depresión humana y de cualquier manera suenan aunque sus dueños de carne y hueso no lo quieran. Los sábados yo tenía entrenamiento de fútbol y tenía que levantarme temprano, que era una de las cosas que más me fastidiaban. Siempre he sido malo para madrugar (soy más bien una persona nocturna), siempre me levanto de mal humor si tengo que hacerlo antes de que salga el sol y más si tenía que despertarme para dedicarme a algo que no quería. ¿Qué por qué entonces sigo teniendo entrenamientos de fútbol si realmente no los quiero? Por si no lo han notado, no es tan fácil decirle que no quieres hacer algo al gran Genzo Wakabayashi si éste ya decidió que eso es lo mejor para ti.
Me visto rápidamente y al abrir el cajón de los calcetines miro el montón de gorras que están guardadas ahí; muchas de ellas, la mayoría, fueron regalos de mi padre mientras que el resto han sido obsequios de conocidos suyos que creen que los hijos del gran Genzo Wakabayashi también deben de usar gorras (sí, también Benji tiene algunas aunque en menor cantidad que yo), y no hay que olvidar que el cabrón de Mijael me ha regalado un par de ellas sólo por el puro afán de molestar. Por supuesto, yo no las uso no sólo porque me molesta que den por hecho que me gusta algo sólo porque le gusta a mi padre sino también porque las gorras me hacen sudar mucho y el pelo se me encrespa como consecuencia. Ésta es una de las principales diferencias que pueden encontrarse entre el gran Genzo Wakabayashi y yo, una prueba que demuestra que no soy su clon.
Pensé que Genzo no querría llevarme al entrenamiento ese día debido a lo sucedido la noche anterior pero una vez más me di cuenta de que con mi padre no hay nada escrito: cuando bajé las escaleras me lo encontré esperándome en el vestíbulo. En ese momento recordé que, muy seguramente, había sido papá quien llevó a Benji a su entrenamiento de patinaje artístico a las cinco de la mañana, así que no debería de sorprenderme tanto que ya esté despierto. Definitivamente yo no podría dedicarme al patinaje artístico, eso de levantarse a las cinco de la madrugada para ir a dar saltos en una pista congelada no es lo mío.
- ¿Ya estás listo?.- me preguntó.
- Sí, papá.- respondí en forma neutra para tratar de cumplir la promesa que le hice a mi mamá el día anterior.- Aunque, ¿quién va a cuidar a Aremy si mamá va a ir al hospital y tú vas a venir conmigo?
- Tu tía Marie se ofreció cuando supo que tu hermana enfermó.- aclaró mi papá.- Tú mamá y yo no habíamos aceptado, creímos que lo mejor sería que yo la cuidara y que te llevara Schneider al entrenamiento pero Aremy mejoró en la madrugada y Lily determinó que no habría problema con que la cuidara Marie.
- Ya veo.- sentí alivio por saber que mi hermanita ya estaba mejor.
Veinte minutos de trayecto en coche, desde mi casa ubicada en el distrito residencial de Múnich hasta la muy honorable Schule Wittelsbach son más que suficientes para que un hijo se disculpe con su papá. ¿No es así? Pues bien, hice la prueba y descubrí que, además de que veinte minutos son más que suficientes para presentar una disculpa, a mi padre se le había pasado el enojo de la noche anterior. En honor a la verdad, él lucía cansado y recordé que había acordado con mamá que la supliría en la madrugada para que ella pudiera descansar antes de ir a suplir a una de sus amigas, Gwen Heffner, en el Hospital Universitario de Múnich, así que pudiera ser que ésa era la razón por la cual mi padre ya no estaba tan enojado.
- Si sientes que te presiono demasiado sólo dímelo, Daisuke.- pidió mi papá mientras se estacionaba a las afueras de la escuela.
- Sí, claro.- espero que no se haya notado mucho mi sarcasmo.
Cinco minutos más tarde yo me encontraba en el campo de entrenamiento de la escuela, esperando a mi equipo. Como todas las mañanas de sábado, me pregunté por qué seguía yo ahí, por qué no les había dicho directamente a mis padres que ya no quería jugar fútbol y que abandonaría el equipo, como supuestamente deseaba hacer desde hacía mucho, y una vez más me respondí que no lo había hecho por la sencilla razón de que, muy en el fondo, me gustaba el fútbol. Dicen que ser adolescente es ser contradictorio pero sin duda que yo llevo esto al extremo. Mientras me ponía a correr alrededor de la cancha para calentar, vi que Genzo fue a sentarse a las gradas, como siempre lo hacía.
- Guten morgen, Chucky!.- me saludó Mijael, con una sonrisa de oreja a oreja.- ¿Qué tal estuvo el regaño?
¡Milagro, milagro! ¡Mijael Schneider se ha presentado a un entrenamiento! ¡Ahora sí que se va a acabar el mundo! Cuenta la leyenda que el famoso Karl Heinz Schneider no se presentaba de joven a los entrenamientos porque era tan bueno que no necesitaba practicar, pero si su hijo lo imita en esta cuestión no es por la misma razón sino porque no le gusta entrenar. Seguro que al Fede le harían falta una o dos prácticas para pulir sus técnicas pero como él quiere dedicarse al motocross dice que le importa un carajo asistir a los entrenamientos de fútbol, de manera que si está aquí el día de hoy es porque hay un motivo muy importante de por medio.
- Estuvo fatal.- suspiré.- Ya sabes que mi mamá es buena para hacerte sentir miserable.
- Sí, mi madrina tiene ese don.- aceptó Mijael para luego señalar hacia las gradas, en donde el señor Schneider acababa de tomar asiento al lado de Genzo, acompañado por Chris y Claude.- A mi papá se le pasó el coraje después de jurarme como un millón de veces que si vuelvo a jugarle una bromita con ratones a su Prinzessin me va a mandar a una academia militar. Qué bueno que específico que sólo lo hará si vuelvo a usar ratones, hay muchos otros insectos y anfibios que puedo usar.
- Yo no tuve tanta suerte.- no pude evitar reír un poco por su desvergüenza.- Tuve qué prometerle a mi mamá que dejaría de ser tan insolente con mi padre.
- Ni hablar.- Mijael me palmeó la espalda.- A mi madrina no le puedes quedar mal.
- Lo sé. Y por cierto, cambiando el tema, últimamente estás haciendo cosas que no son propias del gran Fede Schneider.- le dije.- ¿Qué carajos haces aquí? Tú nunca te paras en los entrenamientos.
- Ah, eso.- Mijael se encogió de hombros.- Forma parte de mi castigo. Ya sabes, idea del gran Káiser.
El equipo estaba conformado por tres categorías: los menores de diez años, los de diez a trece y los de catorce a diecisiete. Estrictamente hablando a mí me tocaba la segunda rama pero el entrenador quiso meterme en la categoría de los mayores porque, según sus palabras, hacía falta un buen portero en ella. Además, no faltaba mucho para que yo cumpliera los catorce así que nadie protestó. Así pues, había varios muchachos entre los quince y los diecisiete años preparándose para entrenar, entre ellos Kentin Hyuga, uno de los estudiantes de intercambio italianos que estarían en nuestra escuela hasta que concluyera el ciclo escolar. Mijael hizo un gesto de desagrado al verlo, quedaba muy en claro que mi amigo no soportaba al anteriormente mencionado, principalmente porque, por mucho que me pese decirlo, Kentin estaba saliendo con mi hermana Jazmín. No comparto los gustos de mi hermana, por fortuna, y siempre he dicho que ella es libre de hacer con su vida lo que le venga en gana pero… ¿Salir con un Hyuga? ¿Es en serio?
Supongo que aquí tendré que hacer un breve paréntesis para señalar cuál es el problema con Kentin Hyuga. Él vino a la Wittelsbach en el grupo de intercambio que llegó desde Italia para este ciclo escolar, dentro de los cuales se incluyen Giovanna Ferrari y sus dos hermanos, Uriel y Emirett, así como la mejor amiga de Jazmín, Danielle Hernández, y sus tres hermanos, Marko, Valerie y Luka (sí, sé lo que están pensando y es verdad, ellos son los hijos del famoso portero italiano Gino Hernández). Todos estos chicos llegaron a la escuela con miras a transferirse a ella en el futuro, si lograban obtener el requisito mínimo de calificaciones exigido, y aunque se entendía por qué los Ferrari y los Hernández querían venir a Alemania (básicamente porque la mayoría de sus familiares y conocidos estábamos en este país), a muchos no nos queda claro cuáles son las verdaderas intenciones de Kentin Hyuga. Él, tengo que decirlo, es el hijo varón que tuvo Kojiro Hyuga con una japonesa jugadora de softball y, si bien él sí iba a seguir de buen grado los pasos de su padre, la mayoría creímos que lo haría en Italia, el país que vio crecer profesionalmente al Tigre Hyuga. ¿Qué carajos hacía Kentin en Múnich, entonces? Los rumores decían que él buscaba ingresar en las fuerzas básicas del Bayern Múnich pero yo no acababa de creérmelo. No sé, me da la impresión de que a mi padre no le agrada mucho la idea de que Kentin Hyuga quiera jugar en Alemania; no es desconocido para nadie que él y Kojiro Hyuga nunca se llevaron bien, a pesar de que fueron compañeros en la Selección Japonesa durante muchos años, por lo que sin duda se infartaría si supiera que el hijo de éste ha estado saliendo con Jazmín desde hace algunas semanas.
No me sorprende que Mijael y Kentin se hayan odiado desde el primer instante; no sólo tienen personalidades diferentes sino que además éste quiere quedarse con la chica que ama aquél, aunque considero que la principal causa de que Mijael deteste a Kentin se remonta al primer día en el que se vieron en el campo pues Kentin, quien seguramente ya sabía que Mijael es el hijo de Karl Heinz Schneider, se acercó a él con altanería para soltarle estas palabras.
- Así que tú eres el famoso Fürst.- dijo.- No creo que seas ni la mitad de bueno de lo que fue tu padre.
Sobra decir que Mijael se enojó mucho por esto pero no por el hecho de que Kentin hubiera dicho que no es ni la mitad de bueno que su papá; no, eso le va y le viene, lo que a Fede le molestó fue que Kentin usara el apodo que él detesta. Mijael no se molestó en responder, se limitó a mirar al Hyuga como quien mira a un bicho raro y le dio una paliza en el juego de práctica que tuvimos ese día, haciendo que Kentin se tomara la ofensa como algo personal, cuando lo más probable es que Mijael sólo pretendiera dejarlo en ridículo (bueno, sí, sí es para tomárselo personal). Tengo que admitir que mi parte oscura desea que Mijael patee a Kentin en cualquier forma posible, ya sea futbolísticamente hablando o directamente a golpes pero no estoy muy seguro de que esto llegue a ocurrir estando Jaz en medio, ninguno de los dos va a querer hacerla enojar ni decepcionarla.
En fin, cambiando el tema, se corrían rumores de que el hijo de Stefan Levin, ex capitán de la selección sueca, vendría a jugar a nuestro equipo. Al parecer, Kentin no era el único que quería ingresar a las fuerzas básicas del Bayern pero en el caso del hijo de Levin tenía más lógica siendo que el señor Stefan sí había jugado en este equipo. Quién sabe, quizás no era más que un rumor aunque era cierto que el equipo de fútbol de la Wittelsbach era semillero de jugadores juveniles para los equipos alemanes, así de bueno era nuestro equipo.
Antes de que empezara el entrenamiento vi llegar a Jazmín en compañía de Danielle. Ahora entiendo por qué Mijael no se saltó el castigo de acudir hoy a las prácticas, él viene cuando Jaz también lo hace. ¿Será que no quiere que Kentin tome ventaja cuando él no está? Sea cual sea la razón de mi amigo para haber venido el día de hoy, en cuanto el adiestramiento comenzó se hizo patente la evidente antipatía que se tenían Kentin y Mijael. No estoy siendo parcial ni subjetivo pero siendo sinceros éste era mucho mejor que aquél; a últimas fechas, los entrenamientos han sido enfrentamientos entre un Hyuga y un Schneider y, aunque para mí resulta divertido, el entrenador comienza a exasperarse. La historia dice que cuando un Hyuga y un Schneider se enfrentan aquél es el que queda mal parado y con sus hijos no es diferente: Mijael se enfoca en "faulear" a Kentin tanto como puede dentro de los límites permitidos y una que otra vez fuera de ellos. Incluso, Mijael llegó a aplicarle a Kentin la misma técnica que Karl Heinz Schneider le hizo a Kojiro Hyuga la primera vez que se enfrentaron, de acuerdo a lo que me contó mi padre: Mijael pateó la pelota directamente al estómago del Hyuga, dejándolo tirado en pleno campo, cuando el entrenador no los estaba mirando directamente. Lo que le puso el toque cómico a la situación fue que Claude, el fotógrafo del grupo, se dedicó a tomar fotos de las humillaciones de Kentin en vez de los logros de los demás. A Kentin le costó mucho trabajo retomar el ritmo que había llevado hasta antes del golpe de Mijael así que cuando el entrenador lo notó decidió acabar con su humillación.
- Hyuga, suficiente, tú sales.- indicó el entrenador.- Schneider, concéntrate en disparar hacia la portería.
Se nota que Mijael ha quedado satisfecho porque se le vuelve a ver tan relajado y feliz como siempre; saluda a Jaz de una forma muy efusiva, lo que ocasiona que Kentin se enoje aún más porque ella le ha devuelto el saludo con la misma emoción. A veces me pregunto si Jazmín no sentirá también algo por Mijael y simplemente no se ha dado cuenta… En cualquier caso, Mijael está tan emocionado que corre hacia la portería llevando el balón en los pies y lanzó un potente disparo, el cual se me escapó de las manos. Mijael se puso a festejar y a saltar mientras yo me levantaba y sacudía el polvo de mis pantalones deportivos.
- ¡Cincuenta y cincuenta, Wakabayashi!.- gritó el papá de Mijael, para desagrado mío.- ¡Las cosas no cambian! ¡En tu cara!
- Jódete, Schneider.- respondió mi padre aunque curiosamente se veía bastante complacido.
- A todos se nos va una, Daisuke.- me dijo el entrenador, según él tratando de consolarme.- Incluso al hijo del gran Genzo Wakabayashi.
¡No, no otra vez la mula al trigo, maldita sea!
- ¡Juegas peor que mi hermana!.- gritó una voz masculina que yo reconocí al instante.
- ¡Sí, juego mucho mejor que tú!.- la secundó una voz femenina, también conocida.
Volteé hacia las gradas y ahí vi a todos mis primos, y cuando digo todos, es a todos: Osvaldo, Lorelei y Lisa Marie, hijos de mis tíos Leonardo y Marie Del Valle, así como Lizzie, Edward y Vladimir, hijos de mis tíos Bryan y Lara Cruyffort. Bueno, que para ser justos debería de haber dicho que ahí estaban todos mis primos maternos porque tengo más primos, los hijos de los hermanos de mi papá, pero éstos viven en Japón y muy rara vez los veo. Aunque fueron Osvaldo y Lisa Marie los que me gritaron, es a Edward a quien miro con atención pues no se me olvida que él parece detestar también a Mijael. Edward contempla con cierto desdén el entrenamiento pero no parece estarse fijando demasiado en Mijael; nunca me ha quedado en claro qué postura tiene Edward con respecto al fútbol, si bien su padre fue un gran futbolista en su época, parece ser que al hijo no le interesa tanto el deporte. Quizás, a lo mucho se metería al equipo sólo para fastidiar a Mijael, quien no acaba de comprender por qué no le cae bien al mayor de los Cruyffort.
- ¡Juegas tan mal, Daisuke, que hasta yo podría anotarte un gol!.- gritó Lisa Marie. Seguramente me está regresando la ofensa ratonil de anoche.
- Ya quisieras.- le grité.- No puedes ni meterle gol al hijo de Yuzo Morisaki.
Carcajada general entre todos los que me alcanzaron a oír, excepto por mi padre quien me mira con enojo. Cierto es que Yuzo Morisaki nunca se ha destacado por ser un excelente guardameta pero Genzo lo respeta mucho por su fuerza de voluntad. Sacudo mi cabeza para fingir que no lo vi y me acerco a mis primos, aprovechando que el entrenador ha hecho una pausa tras el gol de Mijael.
- ¿A qué debemos el honor de su visita?.- les pregunto.
- A que mamá anda vuelta loca.- suspiró Lizzie, con cierta resignación.
- Y como anda vuelta loca, fue a molestar a nuestro papá y lo volvió loco también.- añadió Lorelei.- Y mamá anda como una cabra también.
- ¿Y eso por qué?.- cuestioné, curioso.- ¿Qué ha pasado?
- Pues que mamá anda vuelta loca porque está esperando un bebé.- completa Lizzie, suspirando una vez más.
- ¿QUÉ COSA?.- grité, muy sorprendido.- ¿Mi tía está embarazada?
- Sí, es lo que estás pensando: nuestros papás siguen teniendo sexo.- soltó Vladimir, muy compungido.
- Ya hablamos de eso, no hay algo de malo en el hecho de que papá y mamá quieran tener un hijo propio.- intervino Edward, flemático.- Es más, era lo más lógico.
- Es lo mismo que yo pienso pero las chicas, y Vladimir, se toman las cosas demasiado en serio.- Osvaldo se puso las manos tras la cabeza.
Yo sí estoy impactado y no por el hecho de saber que mis tíos aún tienen relaciones sexuales (asco), sino también porque mi tía Lara es dos años mayor que mi madre y ya no está en condiciones de esperar otro bebé. Sin embargo, lo que dice Edward es cierto también: Bryan Cruyffort se casó con Lara Del Valle en segundas nupcias, tras haber perdido a su primera esposa y haberse quedado con los dos hijos que tuvo con ella; a su vez mi tía se había separado del padre biológico de Lizzie, con el que nunca se casó, y aunque tanto ella como Bryan aceptaron de buen grado a los hijos del otro, era lógico que ellos quisieran tener uno propio.
Sólo esperaba que el embarazo resultara bien, por el bien de todos. Quién sabe, quizás mis papás podrían procrear también, de preferencia otro hijo varón, el tercero de la familia Wakabayashi-Del Valle, nombrarlo Genzo* y obligarlo a él a ser el heredero de papá, así la responsabilidad de continuar con la estirpe Wakabayashi dejaría de recaer en mí. ¿No soy un genio? ¡Qué buenas ideas tengo, en serio!
Lo dicho, yo también me paso de cínico.
Notas:
- *El nombre Genzo significa "tres orígenes" o "tres fuentes" en japonés, por lo que Daisuke se refiere al hecho de que si tiene otro hermano hombre, éste podría llamarse Genzo debido a que es el tercero de su familia, tal y como le ocurre al original Genzo Wakabayashi.
- Sí, el nombre de Kentin lo tomé del absurdo juego "Corazón de Melón".
- Osvaldo, Lorelei y Lisa Marie Del Valle, así como Lizzie Cruyffort y Leonardo y Lara Del Valle son personajes creados por Lily de Wakabayashi.
- Edward y Vladimir Cruyffort así como Danielle, Marko, Valerie y Luka Hernández son personajes creados por Elieth Schneider y usados con su expreso consentimiento.
