Capítulo 6. El Sueño.

Así, con mayúscula, porque no se trata de un sueño común sino de El Sueño. Es terriblemente idiota creer que uno tiene el poder de predecir el futuro en sueños pero no puedo negar que lo que pasó conmigo tuvo algo de "sobrenatural", aunque a estas alturas mi mente de científico me dice que todo fue el producto del estrés al que estuve sometido en esas épocas. No el estrés de ser el heredero del gran Genzo Wakabayashi sino la nube negra que parecía cernirse sobre mi hermana menor.

En fin, Adler y Erick querían saber qué pasaba con Mijael y Jazmín; el más interesado en el asunto era Erick pues nos confesó que le gustó Jazmín desde que la vio (al parecer el Fede no fue el único impresionado por su perfume floral) pero aseguró que si Mijael estaba enamorado de ella entonces él no se interpondría entre los dos. Tuve que explicarles a mis amigos, mientras les dábamos de comer a los perros, que Jazmín y Mijael habían estado juntos prácticamente desde que nacieron, por lo que habían crecido juntos y compartido muchas cosas, habían sido compañeros de juegos y aventuras y quedaba muy en claro que Jazmín era una buena influencia para Mijael, ella era la única que podía convencerlo de hacer algo que no quería, como acudir a los entrenamientos o no saltarse las clases. No estaba muy seguro de en qué momento mi hermana había comenzado a gustarle a mi mejor amigo pero casi podría asegurar que al Fede no le había gustado ninguna otra chica antes que ella.

- Y aunque Jaz no se ha dado cuenta de ese amor, creo que en algún momento ella acabará por corresponderle.- suspiré, mientras vaciaba los sacos de comida sobre el plato de Phobos.- Es sólo cuestión de tiempo.

- Bueno, ni modo.- Erick se resignó.- Si a Schneider le gusta ni siquiera lo voy a intentar.

- Muy bien, amigo.- aprobó Adler.- Ya encontrarás a la adecuada para ti, ésta definitivamente ya está apartada.

Claro, sólo es cuestión de que Jazmín lo sepa.

Los Schneider nos acompañaron a cenar para celebrar dos acontecimientos importantes, la llegada de los Kaltz y el cumpleaños de mi tía Elieth. O mejor dicho, los papás y hermanos de Mijael decidieron unírsenos para festejar porque habitualmente el Fede comía con nosotros unas tres noches por semana, más o menos; la conversación giraba en torno a temas diferentes (o dicho en otras palabras, cada loco con su tema), pero yo estaba entretenido espiando a mis dos hermanos menores quienes comenzaban a querer dar muestras de estar entrando a la pubertad: Aremy se había convencido de que la diferencia de edad entre ella y Erick no era un obstáculo para estar con él, así que se había esmerado mucho en su arreglo para "verse linda ante sus ojos", según palabras de Jaz. Realmente no estaba de acuerdo con las ideas de mi loca hermana menor pero por fortuna Erick la trataba como si fuera otra de sus hermanitas, lo que me causaba cierto alivio. Mientras estaba distraído con este asunto, Adler me picó las costillas con un tenedor y me señaló a Vania y a mi hermano, quienes platicaban alegremente de un tema que no alcanzaba a escuchar; lo que nos llamó la atención a Adler y a mí fue que los ojos de Benji brillaban como lucecitas de árbol de Navidad, como si Vania fuera lo más impresionante que él hubiera visto en su vida. Vaya, que al parecer el enamoramiento también se puede dar de un Wakabayashi a un Schneider, no sólo de un Schneider a un Wakabayashi, aunque a juzgar por la sonrisita de Vania, yo estaba seguro de que ella sí sabía que a Benji le gustaba, a diferencia de Jazmín quien no entendía las indirectas que le lanzaba constantemente el Fede, como su evidente entusiasmo por un tema que sólo le podría interesar por el hecho de que a Jazmín le emocionaba: la competencia de baile de la Wittelsbach.

- Ya sabes que voy a participar en el concurso de baile.- Jazmín hablaba de eso por milésima ocasión.- Necesito estar preparada.

- Lo harás estupendamente, eso es seguro.- sonrió Mijael.

Debo admitir que Mijael Schneider es lo que puede considerarse como un muchacho genial: era muy popular en la escuela, tenía muchas enamoradas, era un gran jugador de sóccer como su padre, un excelente hermano mayor y, aunque solía faltar mucho a clases, sus calificaciones por lo regular eran muy buenas, sólo mi hermana le ganaba en promedio. Eso sí, se la vivía en detención por las incontables bromas y travesuras que hacía en la escuela pero incluso eso incrementaba su popularidad. Sin embargo, cuando el Fede estaba con Jazmín se ponía tan nervioso como el adolescente enamorado que era.

- Ojalá tengas razón.- rió Jazmín, nerviosamente.- Pero tengo que seguir practicando mi rutina especial.

- Me gustaría verla.- comentó Mijael.

- ¿Otra vez? La has visto como un millón veces ya.- dijo mi hermana.

Si tenía dudas de que a Mijael le gustaba mi hermana, con ver esa escena me habría convencido de ello. Por supuesto, no fui el único que notó el embobamiento de Mijael, Adler y Erick también se dieron cuenta de lo mucho que el Fede adoraba a Jazmín. El teléfono sonó a la hora del postre y James se apareció poco después con el aparato en la mano.

- Le hablan, señorita Jazmín.- anunció James.- Es el joven Hyug...

Mine llegó y "accidentalmente" le tiró a James un vaso con agua en la espalda, con lo que el solapador mayordomo captó el mensaje.

- Le hablan, señorita.- corrigió.

- ¿Cuál es el pretexto para que no te llamen al celular, Jaz?.- preguntó Benji, inocentemente (o tal vez no tanto).

- Se quedó sin batería.- respondió Jazmín mientras se levantaba de la mesa.- Gracias, James.

Al pasar junto a Mine, Jazmín le guiñó el ojo en un mensaje que captamos todos. Mijael puso cara de haber comido mucho wasabi, y Genzo volteó a ver a Lily, ceñudo, quien lo miró con cara de disculpa.

- No sé quién estará llamando a Jazmín, pero tiene muy malos modales.- comentó Genzo.- No sabe que no se debe molestar a la hora de la cena y menos si es una celebración.

- Mijael lo hace.- señaló Lily, sonriente.

- Pero Mijael es Mijael.- replicó Genzo, sin dar una justificación real de por qué su ahijado era diferente a cualquier otro.

- Mijael es patético.- susurró Adler.- Es lo que creo.

Después de la cena y la consabida partida de pastel, mamá nos sugirió que saliéramos al jardín porque ya éramos bastantes muchachos adolescentes haciendo destrozos en la casa, así que decidimos jugar una partida de basquetbol para variar un poco (por favor, hay que dejar el fútbol de lado por un rato). En alguna pausa surgió el tema de la llamada misteriosa de Jazmín la cual despertó en todos mucha curiosidad, aunque yo ya me suponía quién era la persona que se la había hecho.

- ¿Quién le llamó a tu hermana hace rato?.- preguntó Adler, como quien no quiere la cosa.

- Un tal "Hyug".- respondió Benji, distraído, creyendo que la pregunta iba para él.- Hyug Grant, tal vez.

- No creo que Hugh Grant sepa que Jazmín existe y tampoco creo que su nombre se pronuncie así.- replicó Erick.

- Quizás hablaba de Hyuga.- gruñó Mijael, quien se había puesto de mal humor después de la mentada llamada.- De Kentin Hyuga.

- Ah, sí.- respondió Benji, sin pensar.- Se supone que es el novio de Jaz.

Se escuchó un golpe fuerte seguido del sonido que produce el aire al escapar de un lugar cerrado a través de un agujero muy pequeño. Volteé a ver a Mijael y me di cuenta, con cierta desazón, de que mi amigo había reventado el balón al usarlo como si se tratara de una pelota de fútbol.

- Y ahí quedaron nuestras ganas de jugar basquetbol.- refunfuñé.- Gracias, Fede.

- No sabía que Jaz ya era novia de ese idiota.- Mijael me ignoró completamente.- ¿Cuándo sucedió eso exactamente, Benji?

- Bueno, no estoy seguro, quizás no lo sean aún.- Benji no se inmutó ante el ataque de Mijael.- Sólo andan pero escuché que Kentin piensa pedirle pronto que formalicen su relación.

- ¿Saben qué? Ya no tengo ganas de jugar.- Mijael se dio la vuelta y echó a andar hacia la salida.- Adiós.

- ¿Dije algo malo?.- preguntó mi hermano.

Adler, Chris, Claude, Erick y yo nos quedamos sin saber qué responder.

Ésa fue la primera noche que tuve el Sueño. En ese momento no sabía lo que significaba y seguí teniéndolo en repetidas ocasiones hasta el día en el que lo que más temía se hizo realidad. Comenzaba recorriendo los pasillos de mi casa, los cuales se me hicieron más largos que nunca, y aunque había mucha gente en el lugar, el ambiente se sentía muy solo. La gente me miraba y susurraba palabras de condolencia pero no sabía por qué. Asustado, me dirigí hacia la habitación de mis padres y conforme me iba acercando esa sensación de vacío aumentó... De pronto se abría una puerta, la del cuarto de Aremy, y por ella salió Jazmín.

- Dai, ayúdala.- me pidió ella y me di cuenta de que estaba llorando a mares.

- ¿Ayudarla?.- pregunté, angustiado.- ¿De qué hablas, Jaz?

- Tú eres el único que puede salvarla... .- murmuró Jazmín y me abrazó.

Al abrazar a mi hermana la sensación de angustia llegaba al límite. De pronto, ella me soltaba y me conducía de la mano al interior de la habitación de Aremy, en donde Benji estaba hecho un ovillo en el piso; estaba seguro de que él estaba llorando pero aunque le hablé en repetidas ocasiones, mi hermano no me respondió. Me acercaba a la cama de mi hermana y veía a Genzo sentado en una silla ubicada a un lado del lecho mientras que Lily se encontraba exactamente en frente, en la misma posición. Cada uno sostenía una manita tan blanca como la cera misma… Sabía que mi hermanita se encontraba en esa cama, que ésas eran sus manos, pero cuando quería verle la cara sólo encontraba una densa bruma…

Me desperté en ese punto. Sudaba frío y mis mejillas estaban cubiertas de lágrimas. Me levanté de la cama y me dirigí hacia mi baño para mojarme la cara.

- Necesito hablar con mi madrina.- musité, mirando mi reflejo en el espejo.- ¿En dónde se mete cuando más la necesito?

En esos momentos yo estaba muy susceptible a cosas que no tuvieran explicación (quizás porque era un adolescente), de manera que ansié con toda mi alma el poder hablar con mis padrinos, los cuales me habrían entendido mejor que mis papás. El escéptico y gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle sin duda no me iban a entender si les decía que creía que estaba soñando con cosas del futuro, me dirían algo así como que "son cosas de niños" y que ya se me pasaría, por lo que no tenía muchas ganas de hablarles de eso. Sin embargo, seguro estaba de que mis padrinos Demian y Catrina Krieg sí me entenderían.

Catrina Krieg era una famosa pintora cuyo arte encontraba inspiración en la temática de la Muerte y el Más Allá. Ella creía que había un mundo que no podíamos ver ni comprobar pero al cual acudían las almas de los que nos habían dejado y que era cuestión de "sensibilidad" para poderlo percibir. Catrina tenía alma de artista y lo demostraba en su forma de ser y de comportarse, aunque se cuidaba de hacer comentarios que pudieran resultar controversiales delante del gran Genzo Wakabayashi para que éste no creyera que ella les iba a enseñar ideas raras a sus hijos. Demian Krieg, mi padrino y esposo de Catrina, era un exitoso empresario que aseguraba que había estado presente en todos y cada uno de las guerras más importantes de la Historia. Por supuesto, él no tenía la edad suficiente para hacerlo de manera física pero aseguraba que su alma se había reencarnado infinidad de veces y que seguiría haciéndolo en el futuro. Seguía sin comprender cómo una pareja tan bohemia como los Krieg habían conseguido hacerse amigos de mis escépticos padres al grado de que éstos decidieran hacerlos mis padrinos pero ciertamente lo agradecía: yo los quería mucho a ambos y eran una muy buena guía para mí.

Por fortuna, mis padrinos vivían en Berlín así que sólo era cuestión de tomar el teléfono y llamar a su casa para poder pedirles su consejo. Por supuesto, prefería hacerlo desde la línea de la casa ya que hacerlo desde mi celular habría salido muy caro (malditas compañías telefónicas) así que tuve que bajar a la planta baja ya que el teléfono fijo de la planta alta se encontraba en la habitación de mis papás. Como aún era muy temprano bajé las escaleras con sigilo, entré de puntillas en la sala y estaba por tomar el aparato cuando la luz se encendió.

- ¿Andas de sonámbulo o no puedes dormir, Dai?.- me preguntó Lily, suavemente.

- ¡Ah!.- di un respingo, asustado.- Este, es sólo que...

- No puedes dormir, ¿cierto?.- sonrió mamá.- ¿O tal vez tuviste una pesadilla?

- Lo segundo.- suspiré.

- ¿Quieres que te prepare un té de manzanilla con leche?.- ofreció ella. Noté que llevaba una taza entre las manos.

- Eso me caería bien.- asentí, respirando más calmado.

El tomar té de manzanilla con un poco de leche cuando se tienen problemas para dormir es una costumbre muy arraigada en mi familia; me sorprendí muchísimo cuando descubrí que, aunque la idea viene de mi abuela materna, el gran Genzo Wakabayashi era muy aficionado a seguirla. Mamá me sirvió el té en mi taza favorita, una que compré en el parque temático de Harry Potter, pero aunque la bebida humeaba de manera tentadora en esta ocasión no me sentí tan reconfortado.

- ¿Qué pasó, Dai?.- preguntó mamá.- ¿Qué soñaste?

- Una pesadilla.- respondí, irónico.

- Me lo imagino.- rió Lily, con mucha paciencia.- A veces ayuda el contar los sueños. En México se tiene la creencia de que si cuentas tu sueño antes de las doce del día siguiente al que tuviste el sueño, no se hará realidad.

Sonreí. Ojalá fuera cierto, ojalá se lo hubiera dicho todo pero en ese momento, mientras más me sonreía mi mamá, más crecía en mí la seguridad de que muy pronto los dos perderíamos a alguien a quien amábamos. Fue en ese momento cuando comprendí que el sueño estaba relacionado con Aremy. Me atraganté con el té.

- ¿Qué te pasa, Daisuke?.- me preguntó Lily, mirándome muy seria.

- Nada, madre.- respondí yo, en el mismo tono.- Estoy bien.

Lily me sostuvo la mirada otros minutos más y después se dio por vencida.

- Ya no eres un niño, Daisuke.- dijo mamá, después de un rato.- De hecho, creo que nunca lo has sido, no del todo, pero sabes que, pase lo que pase, siempre contarás conmigo.

- Lo sé, mamá, gracias.- asentí por lo bajo.

Pero bien que sabía que ni ella podría salvar a mi hermana. Sintiéndome repentinamente muy cansado (al parecer el té con leche había hecho efecto), decidí dejar para otra ocasión la llamada a mis tíos, me despedí de mi mamá y subí a acostarme. Por suerte, esta vez pude dormir sin soñar, o por lo menos sin recordar lo que había soñado.

El siguiente lunes transcurrió tan aburrido como siempre. Adler y Mina se incorporaron a las clases como oyentes para no perder el ciclo escolar pues cuando regresaran a Hamburgo tomarían los exámenes correspondientes, mientras que Erick, Anne y Katie sí fueron matriculados oficialmente en la Wittelsbach para concluir sus estudios ahí. Se suponía que mi madre llevaría ese día a Aremy a hacerse los análisis pero en su grupo tenían programadas unas actividades que contaban para las notas finales y mi mamá prefirió posponer el asunto para el día siguiente. Gracias al Sueño, me angustiaba que la revisión de mi hermana se estuviera retrasando tanto pero como yo no tenía injerencia en eso tuve que aguantarme. Lo único que pudo distraerme bien fue la clase de matemáticas, que era mi favorita. Soy bueno con los números, menos mal, ya que alguien tiene que sacar de apuros a Claude con esta materia y alguien tiene que sacarme de apuros a mí con el francés. No se me hace justo, en la casa de los Schneider hablan francés gracias a que mi tía Elieth es francesa, eso es tener una ventaja injusta. ¿Por qué rayos no tomamos mejor clases de español? Sacaría las notas más altas sin el más mínimo esfuerzo.

- El siguiente martes vamos a tener examen de matemáticas.- señaló Claude, con ojos suplicantes.- ¿Me vas a ayudar, cierto?

- Ah, lo voy a pensar.- me desperezo en mi silla.

- Bueno, entonces que te vaya bien en el examen extraordinario de francés.- replicó Claude.

- Touché.- musité.- Condenado franchute.

El examen de matemáticas sería el mismo día que el cumpleaños de Jazmín, suerte que ella no presentaría esa prueba. A la hora del receso Chris, Claude y yo nos reunimos con Mijael y Benji en el patio, en donde nos dispusimos a disfrutar de nuestros alimentos. Estaba muriendo de hambre y no estaba de humor para aguantar a otros que no fueran mis hermanos y mis amigos, por lo que cuando uno de los muchachos del grupo "B" (yo voy en el "D") me retó a un duelo, no dudé en enviarlo al carajo. Estaba más interesado en comerme mi delicioso sándwich que en aceptar desafíos idiotas.

- ¡Oye, Wakabayashi!.- gritó el muchacho.- ¡Te reto a que detengas mi disparo!

- Mejor que sea a un duelo Yugimon.- contesté, aburrido.- Saca a tu mejor pokémon y ponlo a jugar con las cartas de Yugi-Oh.

Los muchachos que estaban alrededor nuestro rieron, incluyendo mi hermano y nuestros amigos. El chico frunció el ceño, decepcionado.

- Qué gracioso.- gruñó.- No creí que fueras tan cobarde, Wakabayashi.

- Pues ahora ya lo sabes.- no me inmuté ante el insulto.

- Definitivamente no eres como tu padre, él sí hubiera aceptado mi reto.- replicó el otro.

- Gracias por el cumplido.- sonreí. Bien podía irse ese tipo a freír espárragos.- No me interesa jugar ahorita, tengo hambre y quiero comer, si quieres fastidiar a alguien consíguete un amigo.

Más risas y burlas por parte de mis amigos. De pronto, un balón me golpea en la espalda de improviso, haciéndome tirar mi sándwich al suelo. Enfurecido, me doy la vuelta.

- Vamos, Wakabayashi, seguro estoy de que no eres un cobarde.- me dijo un muchacho de ojos verdes y cabello castaño peinado al estilo Gino Hernández.

Oh, mi estimado y buen amigo Marko. ¿Había la necesidad de tirar mi almuerzo al piso para obtener mi atención? Con que hubieras traído a Giovanna contigo habría bastado.