Capítulo 7. Entre porteros te veas…
Marko Hernández es uno de los cuatro hijos que Gino Hernández tuvo con Erika Shanks, una de las más prestigiosas y mejores abogadas de Italia, siendo además el primer varón de su familia. En Italia formaba parte del club de fútbol de su escuela en donde llegó a ser capitán y con el cual ganó varios torneos infantiles; la mayoría de sus compañeros lo respetaban, querían y admiraban porque, además de ser un buen líder, Marko posee una personalidad agradable y tranquila que le servía para ganarse rápidamente la confianza de los demás, y debo decir que las cosas no eran muy diferentes en la Wittelsbach. Marko y yo tenemos muchas cosas en común, empezando por el hecho de que somos hijos de dos de los mejores porteros que ha visto el mundo en los últimos años: Gino Hernández, el portero de la Selección Italiana de fútbol, disputó con mi padre el título de Mejor Portero del Mundo por muchos años ya que su destreza y habilidad lo hacían ser uno de los mejores en su género, llegando a compararse incluso con el legendario Buffon. Además, Marko tenía el mismo número de hermanos que yo, sin olvidar que nuestras hermanas eran mejores amigas, batallábamos con ellos casi en las mismas cosas, no éramos los primogénitos pero nos trataban como tal, compartíamos muchos temores y sueños, y casi teníamos también los mismos problemas para seguir los pasos de nuestros padres, con la notoria diferencia de que Gino Hernández nunca presionó a su hijo para ser como él.
(Ahora que lo pienso, creo que soy el único que tiene ese problema…).
Cuando se abrieron las convocatorias en su escuela italiana, los Hernández fueron de los primeros que se ofrecieron para el programa de intercambio con la Wittelsbach, lo cual no sorprendió a nadie considerando que sus primos estudian aquí. A ninguno le costó trabajo hacer amigos pero sin duda el más popular es Marko debido a las razones que ya mencioné arriba, aunque Lisa Marie me aseguró que él tiene muchas seguidoras mujeres porque les gusta por ser guapo. Marko es de los pocos "extranjeros" que se atreven a contrariar a los locales sin morir en el proceso y, en honor a la verdad, si otro me hubiera golpeado con el balón seguro que se hubiera armado una pelea inmediatamente pero tratándose de él lo dejé pasar; aun así, me dieron muchas ganas de regresarle el ataque por haberme forzado a tirar al piso mi sabroso sándwich.
- ¿Qué quieres, Hernández?.- pregunté, con cara de pocos amigos.
- Retarte para quitarte el puesto de portero titular.- contestó Marko.
- Te lo intercambio por un sándwich.- repliqué.
Las personas que estaban a nuestro alrededor nos miraron mitad espantados mitad preocupados, excepto por mi hermano y mis amigos a quienes no parecía interesarles el "enfrentamiento" que estábamos teniendo Marko y yo. Nosotros nos medimos con la mirada durante varios segundos hasta que ambos soltamos la carcajada.
- En buen plan, camarada, no hay necesidad de que me golpees para que llames mi atención.- yo miraba con tristeza mi sándwich al tiempo que sentía que mis tripas me gruñían de hambre.
- Siento mucho lo de tu almuerzo, Dai.- se disculpó Marko.- No era mi intención dejarte sin comer, sólo quería me acompañas a practicar unas atajadas.
- ¿Ahora? No, gracias.- me negué, sí que me enfurruñaba haber perdido mi almuerzo aunque supiera que Marko no tuvo la intención de echármelo a perder.
- Si el problema es la comida, puedo darte mi sándwich de atún.- ofreció mi amigo.
- No le gusta el atún.- señaló Benji, detrás de mí.- Por eso no le ofrecí del mío.
- Y de todos modos no es ése el motivo por el cual no quiero aceptar tu amable oferta.- añadí.- No tengo muchas ganas de practicar mis atajadas en mi hora libre.
- Oh, vamos.- Marko sonrió con cierta picardía.- Giovanna va a estar ahí.
- Bueno, pues ya que insistes tanto, iré.- suspiré teatralmente.- Ya que nadie más puede ayudarte a entrenar atajadas, tendré que sacrificarme.
- Dice el dicho que más jala un par de tet*s que dos carretas.- escuché que dijo Benji detrás de mí, lo que ocasionó que todos los que lo escucharon soltaran la carcajada.- Por ahí hubieras empezado.
Cuando Marko llegó a la Wittelsbach fue sólo cuestión de tiempo para que los estudiantes, y algunos profesores, comenzaran a decir que él y yo éramos rivales por el puesto de portero del equipo de la escuela y por la atención de Giovanna Ferrari, pero a pesar de que podría haber surgido una enemistad entre nosotros por estas dos cuestiones, lo cierto era que nos llevábamos muy bien, quizás porque teníamos muchas cosas en común. De cualquier modo, para dejar las cosas en claro, nunca hubo una rivalidad real entre Marko y yo porque no hubo la necesidad: con respecto a la primera cuestión, es cierto que cuando los Hernández llegaron de intercambio a la Wittelsbach, el entrenador Hans tuvo dudas con respecto a quién poner en el puesto de portero del grupo de niños de 10 a 13 años porque Marko es mucho mejor guardameta que yo (aunque muchos aseguran que los dos estamos al mismo nivel, para mí Marko es mejor), pero el entrenador debió darse cuenta de que había una forma de aprovechar el talento de ambos y me movió a la categoría de 14 a 17 años con el pretexto de que me faltaba poco para cumplir la edad límite, así yo cubriría el grupo de los mayores mientras que Marko protegería la portería en la categoría de los de 10 a 13 años. Ventajas, supongo, de ser seis meses mayor que él. Así pues, con esto quedó zanjado el problema de poner a dos hijos de grandes porteros a competir entre sí por un puesto, pero el asunto con Giovanna Ferrari era algo que no se podía arreglar con un cambio de área.
- ¿Cómo sabes que Giovanna va a estar ahí, camarada?.- pregunté, más ansioso de lo que quería demostrar.
- Porque le pedí directamente que viniera a apoyarnos.- me explicó Marko.- Tranquilo, lo hice para que te viera jugar, ya sabes que yo sólo la veo como una amiga.
Para mi buena suerte, los rumores que decían que Marko Hernández andaba con Giovanna Ferrari eran mentira. El origen del chisme se remontaba a que Erika Shanks deseaba que su hijo mayor anduviera con una italianita de buena familia, inteligente, bien educada y segura de sí misma, requisitos que Giovanna cumplía a la perfección, además de que tanto ella como Marko estudiaban en la misma escuela; al padre de (mi) Gio, Francesco Ferrari, no le parecía mala idea que su hija estuviera con alguien de la estirpe de Marko, así que apoyó la idea de Erika de buen grado. Sin embargo, éste es un buen ejemplo de que por más que los padres quieran los hijos no siempre van a ser lo que planean pues Marko y Gio no pudieron verse más que como amigos, a pesar de lo mucho que se esforzaron por complacer a sus padres, incluso salieron en varias ocasiones pero les bastaron las primeras dos citas para darse cuenta de que ellos no iban a funcionar como pareja. A cambio, sin embargo, obtuvieron una buena amistad que si bien no dejó satisfechos a sus padres al menos los ayudó a superar la decepción. Le pregunté a Marko que cómo era posible que no se hubiese enamorado de esa preciosa y simpática pelirroja y él simplemente me respondió que "las chicas como Giovanna no eran su tipo". Cuando quise saber cuál era entonces su tipo, Marko simplemente se encogió de hombros.
Llegamos, pues, a las canchas de recreo de la escuela, las únicas en donde podíamos jugar a la hora del receso porque las de entrenamiento se cerraban para evitar que las maltratáramos con nuestros juegos de niños. Cuando nos vieron llegar, los ahí reunidos comenzaron a murmurar que iba a ser un enfrentamiento épico porque íbamos a estar Marko y yo. A mí me fastidiaban este tipo de comentarios pero mi amigo no parecía inmutarse ante ellos. Por fortuna, no seguí prestándoles atención a los rumores porque vi a Giovanna sentada entre mis hermanas y primas, esperando el momento en el que comenzara nuestra pequeña práctica.
- Mijael, ¿podrías ayudarnos lanzando algunos de tus tiros?.- pidió Marko.
- Habitualmente te diría que no pero vamos a dejar que el Chucky se luzca un poco.- Mijael se encogió de hombros.
- Yo también puedo ayudar.- dijo Adler, acercándose.
- Nosotros también.- agregaron Chris y Claude.
- Bueno, ¿de qué se trata esto?.- preguntó Erick, tras dejar atrás al grupo de muchachos de su edad que buscaban su compañía.
- Vamos a practicar atajadas.- explicó Marko.- Y todos nos van a lanzar sus mejores tiros.
- ¿En serio? ¡Genial! Me apunto.- se ofreció Erick, quitándose la camisa y arrojándola a un lado para quedarse en camiseta.
Alcancé a notar que Aremy corrió a tomar la prenda que se había quitado Levin y la apretaba contra su pecho. Maldita sea, Aremy, aún eres una mocosa, ¡no tengas tanta prisa por crecer! El caso es que se dispuso que nuestros amigos tirarían, por turnos, sus mejores disparos contra Marko y contra mí. Benji deseaba participar pero consciente que su fuerte no era el fútbol, aceptó tomar fotografías con la cámara de Claude. Las chicas se prepararon para ser nuestras animadoras personales aunque parecía que casi toda la escuela estaba presente en las canchas para vernos entrenar.
- Oye, Schneider.- gritó Edward, desde los límites del campo.- No lo arruines, como es tu costumbre.
- Cierra la boca, Cruyffort.- contestó Mijael, entre sorprendido y molesto. ¿Por qué parecía que Edward Cruyffort se la había tomado personal contra él?
De la nada apareció Osvaldo llevando un megáfono que no sé de dónde diablos sacó y se puso a narrar nuestras jugadas. Uno a uno, Mijael, Chris, Claude, Adler y Erick nos lanzaron sus mejores disparos, primero contra Marko, después contra mí, y los presentes alababan cada vez que alguno de los dos conseguía detener el balón. Sin duda, la forma de jugar de cada uno difería muchísimo del otro pero, de acuerdo a comentarios que escuché, tanto Marko como yo hacíamos jugadas muy buenas.
- ¡Qué momento para estar vivos, señoras y señores!.- escuché que bramaba Osvaldo a través del megáfono.- ¡Estamos viendo a los dos futuros mejores porteros de Europa! ¡No, de todo el mundo!
Me agradaba el entusiasmo de Osvaldo porque sin duda que a Marko y a mí aún nos faltaba mucho para llegar a eso. Casi al final del receso, cuando ya habíamos decidido suspender la tanda de disparos, Kentin Hyuga se acercó, tomó el balón que dejó Adler a media cancha y echó a correr con él hacia la portería. Yo, que había sido el último en detener el disparo de Kaltz, me paré por acto reflejo a mitad de mi arco y me lancé por puro instinto a tratar de tapar el potente cañonazo que lanzó Kentin. Antes de darme cuenta de lo que estaba sucediendo, sentí que el balón golpeaba mis manos y caí al suelo con él, firmemente sujeto entre mis brazos. Mis compañeros, amigos y hermanos soltaron exclamaciones de asombro.
- ¡Ése es el Chucky!.- gritó Mijael, mirando con burla a Kentin.- ¡Nadie puede anotarle más que yo!
- ¡Eres genial, Wakabayashi, no cabe duda!.- escuché que alguien gritó de entre la multitud. Me pareció que había sido Maia pero no podía asegurarlo.
Cuando me puse en pie, me sorprendió darme cuenta de que Kentin me miraba con auténtica rabia; fue una causa de asombro porque, hasta donde yo sabía, no le había hecho algo para que me mirara con ese odio. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, el joven cambió su expresión y masculló un "eres bueno", tras lo cual se marchó. Al parecer, Jazmín había querido acercarse a él pero Kentin no se dio cuenta o tal vez no le importó. Mejor para Mijael, en todo caso. La gente comenzó a dispersarse debido a que casi concluía el receso, y mientras me lamentaba por tener que aguantarme hasta la hora de salida para comer algo, Giovanna se acercó a mí.
- Dai, estuviste fenomenal.- me dijo ella.- No sé por qué dicen que tu juego se parece al de tu papá si tú tienes tu estilo propio. Quiero decir, hay cosas que uno no puede borrar por culpa de la genética pero sin duda que tú te esfuerzas por destacar por tus propios méritos en vez de colgarte de la fama de tu padre y eso es algo digno de admirar. ¡Estuviste fenomenal!
Un grupo de ángeles bajó del cielo, cantando sus coros celestiales, para llevarme al paraíso. ¿Quedaba claro el por qué me traía vuelto loco esta niña? Sonreí de oreja a oreja. ¡Por fin, alguien que no me comparaba con mi padre, y ese alguien era la chica de mis sueños! Como había dicho Osvaldo: ¡Qué momento para estar vivo!
- Gracias.- dije, tratando de no sonar muy estúpido.- Se hace lo que se puede.
- Seguro que fue mucho más que eso.- Gio me sonrió también.
¡Milagro, milagro! No hice el ridículo delante de Giovanna, por fin había contestado sin tartamudear y sin decir alguna idiotez. Ya estaba yo hinchándome de orgullo como pavo real cuando mis tripas me traicionaron y gruñeron por el hambre. En un segundo, los ángeles me dejaron caer en picada y desaparecieron sin dejar rastro.
- Lo siento.- sentí que enrojecí al máximo.- Es que no alcancé a almorzar y…
- Eso fue culpa mía.- intervino Marko.- Yo hice que tirara su sándwich y ya no alcanzó a comprar algo más de comer.
- ¡Oh! ¡Qué mal! No deberías quedarte sin comer, aún falta mucho para salir.- Giovanna rebuscó algo en su mochila y sacó un refractario de color rojo y me lo tendió.- Ten, cómete mi ensalada, es de pollo y está muy sabrosa.
- ¡No!.- casi grité.- No, no, no, cómo crees, no. ¡No te puedo dejar sin comida! Aguantaré como el hombre que soy.
- Eres un reverendo idiota.- escuché que murmuró Mijael a mis espaldas.
- Vamos, tómala.- insistió Gio, con una sonrisa dulce.- No hay problema, no me estás dejando sin comida, traigo una porción extra porque iba a compartirla con Emirett pero el muy tonto se llenó con chatarra y ya no la quiso.
- ¿De verdad?.- suspiré. Válgame, la ensalada se veía apetitosa.- No quiero molestar.
- No lo haces.- Giovanna me obligó a tomar el envase.- Anda, ya no discutas y aprovecha los últimos minutos que quedan del receso.
- Muchas gracias, Gio.- decidí darme por vencido ante esa niña.- Te debo una.
- No es nada.- ella sonrió una vez más antes de marcharse.
Me devoré la ensalada con rapidez, más por hambre que por la prisa de acabar antes de que sonara la campana que anunciaría el fin del receso. Mijael no dejaba de mirarme con burla mientras lo hacía, seguramente he de haber parecido un muerto de hambre o, lo más seguro, un urgido adolescente de trece años.
- Hasta su refractario tiene su olor a rosas.- musité, cuando terminé de comer. Estaba seguro de que esto sólo lo pensé hasta que Mijael soltó la carcajada.
- Eres patético, hermano mayor.- replicó Benji, a mi lado.
Sí, probablemente lo soy.
Al día siguiente, mi padre se tomó un día libre como entrenador de porteros del Bayern Múnich para acompañar a mi madre, a mi hermana y a mi tía al hospital. Lily decía que era natural que él quisiera acompañarlas pero yo sospechaba que se debía al hecho de que no deseaba que mi tía volviera a acusarlo de ser un mal padre. Dice el dicho que "piensa mal y acertarás", aunque no sé si debería darle más crédito al gran Genzo Wakabayashi, después de todo estaba esforzándose por ser un buen padre a pesar de que él mismo no tuvo uno así.
En el hospital, mi tío Bryan sorprendió a mi tía al dejarse caer en la sala de espera del área en donde se realizaban los ultrasonidos, de manera que Lily y Genzo optaron por dejar entrar a mis tíos solos para que compartieran tan especial momento. Como faltaba una media hora para la consulta de Aremy, ésta se puso a hablar con mis padres de los proyectos que tenía en mente, en una cháchara desordenada que era un fiel reflejo de su estado de ánimo.
- En el verano serán las competencias de equitación para las niñas de mi edad.- decía.- ¿Me dejarán participar si saco buenas notas en la escuela?
- Ya sabes que ésa es la condición, Aremy.- le decía mi papá.
- Muy bien, entonces me iré preparando porque es seguro que me va a ir muy bien.- continuaba mi hermana.- ¿Podrían comprarme un nuevo traje? Ya sé que el anterior aún está en buen estado pero se lo podríamos regalar a la chica que ayuda en los establos, ella siempre ha querido uno como el mío pero a su mamá no le alcanza…
- Ya veremos, corazón.- la interrumpió mi madre, un tanto tensa.- Aun falta tiempo para eso.
- Sí, mamá.- asintió Aremy.- Sólo quería preparar las cosas con tiempo. Papá, ¿me das dinero para comprar un jugo de la máquina despachadora? Tengo sed.
- Claro que sí.- mi padre sacó unas monedas y se las dio.
Aremy agradeció el dinero y salió corriendo rumbo a la máquina expendedora, no sin antes preguntarle a papá y mamá si deseaban algo. Cuando Genzo y Lily se quedaron a solas, aquél le preguntó a su mujer por qué había interrumpido la plática de Aremy.
- Porque falta mucho tiempo para las competencias, y en ese tiempo pueden suceder muchas cosas.- respondió mi mamá.- Quizás para entonces ya no le interese tanto la equitación.
- Dudo mucho que eso llegue a pasar.- la contradijo mi padre. Curiosamente, a quien acabó por comprarle un caballo fue a Aremy en vez de a Jazmín, así que sabía de lo que hablaba, mi hermana menor adoraba la equitación.- No te estreses.
- No me estreso, sólo lo comento.- replicó Lily.
- ¿De verdad? ¿Y entonces por qué me estás apretando tanto la mano, Yuri?.- preguntó mi padre, mostrando su mano la cual ya estaba poniéndose blanca de tanto que mamá se la apretaba.
- Lo siento.- se disculpó mamá y aflojó la presión.- Es solo que...
- ¿Qué pasa?.- preguntó Genzo.- ¿Sigues creyendo que a nuestra hija le ocurre algo grave?
Lily lo miró a los ojos y se mordió los labios, sin responder. Mi padre no quiso seguir insistiendo pues comenzaba a contagiarse del pesimismo de mamá, muy a su pesar. El día anterior, la profesora de Aremy les había informado que ésta tuvo que dejar una actividad a la mitad debido a que se sintió mareada y muy cansada, definitivamente esto no era una buena señal.
Gwen Heffner ha sido desde siempre nuestro médico de cabecera. Aunque mamá era doctora, su especialidad es la medicina deportiva y por tanto no se hace cargo de las enfermedades comunes, de manera que confió en Gwen el cuidado de nuestra salud. Ésta, además, es una de las amigas más íntimas de mamá y de mi tía Elieth, cuyo hermano mayor es su esposo. Yo quería mucho a la doctora Gwen porque era una mujer muy cariñosa y comprensiva, nunca me daba miedo ir a consulta con ella porque sabía ganarse la confianza de sus pacientes; su carácter dulce y su ternura lo habían heredado su hija Maia quien, como ya se sabe, es una gran amiga mía.
La consulta comenzó con preguntas generales sobre Aremy; al inicio, eran sus padres quienes contestaban las interrogantes de Gwen pero al final ella misma comenzó a responder, revelando síntomas que les había estado ocultando muy bien a papá y a mamá.
- A últimas fechas me he sentido muy cansada.- comentó mi hermana.- Me duele mucho la cabeza, he tenido fiebre y algunos ataques de tos. A veces también me mareo en clases.
- Ya veo.- asintió Gwen.- ¿Se lo has comentado a tu maestra?
- No, no quiero que molesten a mis papás por eso, no es para tanto.- negó Aremy.- Además, tampoco quiero que mis amigos piensen que soy una debilucha.
- ¿Hay algo más que te haya sucedido en las últimas semanas?.- inquirió Gwen.- Que te sangre la nariz o los dientes cuando te los lavas, por ejemplo.
- Me sangra la nariz a veces.- aceptó mi hermana.- Sobre todo en las noches.
- Entiendo.- Gwen mantuvo un tono de voz neutral para no asustarla. ¿Algo más?
- Sí, los moretones.- añadió Genzo, preocupado.
- ¿Moretones?.- preguntó Gwen, enarcando las cejas.
- Sí, en los últimos quince días le han salido varios moretones en brazos y piernas.- aclaró papá.- Al menos como unos siete.
- Ésos no cuentan, me los hice montando a caballo y jugando con mis amigos.- protestó Aremy.
La doctora Gwen, con mucho tacto, les avisó a mis padres que sería necesario que se le hicieran a Aremy análisis de sangre muy específicos. A mamá le bastó saber cuáles eran e intercambiar miradas con Gwen para entender que sus miedos no eran del todo infundados.
Al salir de clases, debido a que mis papás y Aremy aún no salían del hospital, los demás nos dividimos para volver a casa: Jaz y Benji se fueron con mi tío Karl, quien además llevaba a sus propios hijos y a sus sobrinos Ferrari, mientras que los Kaltz y yo nos fuimos con Erick, Anne y Katie en la camioneta del señor Levin, la cual Erick usa gracias a que es el único de nosotros que tiene permiso para conducir (mentira, también Lizzie pero casi nunca contábamos con ella porque nosotros siempre andábamos con Mijael, y Lizzie jamás se ofrecería a llevarlo a ningún lado a menos que quisiera que éste y Edward se asesinaran mutuamente en el camino). La conversación giraba en torno al entrenamiento de la hora del receso aunque de vez en cuando también hacíamos comentarios relacionados al cumpleaños de Jazmín, el cual se encontraba muy próximo. Era conocido por todos que Danielle y Giovanna estaban organizándole una fiesta sorpresa, a la cual, por supuesto, también estaban invitados los Levin y los Kaltz. Anne y Mina se ofrecieron voluntarias para hornear el pastel y Erick dijo que le gustaría contribuir con la música; mientras ellos hablaban de los detalles, Katie aprovechó para preguntarme en voz baja si el guapísimo portero de ojos verdes era Marko Hernández.
- Eh, sí, es él.- me sacó de onda que me dijera que Marko es "guapísimo".
- ¿Y tiene novia?.- quiso saber Katie.
- Eh… Hasta donde sé, no, sólo muchas pretendientes.- contesté, aún más asombrado.
- ¡Qué genial? ¿Me lo podrías presentar?.- me preguntó mi impaciente compañera de asiento.
¡Anda pues! ¡Ahora resulta que a Katie le gusta Marko! ¿Qué pensaría él al respecto? Quiero mucho a Katie como a una hermana pero no sé si será capaz de llamar la atención del tímido y escurridizo hijo de Gino Hernández. Después de todo, una chica como Giovanna Ferrari no fue capaz de capturar su atención. ¿Realmente mi vida se había convertido ya en una novela juvenil? Sí, al parecer sí.
Qué asco.
