Capítulo 9. Un cumpleaños celebrado bajo la sombra de la Muerte.
Sé que éste es un título un tanto macabro pero realmente no podría haber uno mejor. Al menos la bomba no estalló totalmente el día del cumpleaños de mi hermana mayor, así pudo ella disfrutar de la mayor parte de su fiesta. Pobre Jaz, si hubiera sabido lo que estaba por ocurrir muy seguramente habría pedido que canceláramos todos los festejos.
A las doce de la noche del día 1 de abril, un joven y patético enamorado (no, no fui yo) se trepó al balcón de la habitación de Jazmín para poner en un reproductor de audio, a todo volumen, la pista de una canción oldie de un grupo mexicano que para estas alturas ya está extinto (aunque mi tío Leonardo, quien seguramente es el responsable de que ese joven y patético enamorado conozca esa canción, jura y perjura que ni está extinto el grupo ni su música es oldie) para cantársela a mi hermana a todo pulmón. La canción en cuestión se llama "No dices más" y básicamente trata de alguien que intenta declarar su amor a alguien que no se ha dado cuenta de sus sentimientos. Mijael está aprovechando sus conocimientos en español para cantar la letra y, aunque evidentemente le falla la pronunciación de varias palabras, la verdad es que, en general, no lo está haciendo mal.
- Solamente tú me puedes destruir, o salvar, dos palabras bastarán… .- dijo Mijael. ¿Se podía ser más directo? Sólo que le dijera un "te amo", pero quién sabe si con la letra de la canción sería suficiente para que Jazmín lo entendiera.- Y te podría esperar hasta que se evapore todo el mar…
- Me sorprende que Mija hable tan bien el español.- comentó mi mamá, en voz baja.
- Está rodeado de familiares que hablan ese idioma, lo raro sería que no lo pronunciara adecuadamente.- comentó Genzo.
- ¿Será que al fin se le va a declarar? Me estoy haciendo viejo de tanto esperar.- terció Benji, a mi lado.
Mi familia es más entrometida de lo que cualquiera de sus integrantes quisiera admitir. En cuanto la música comenzó a sonar, mis padres y Benji entraron a mi habitación porque es aquí desde donde se ve mejor el balcón del cuarto de Jazmín y ninguno quería perderse el espectáculo. Mientras que para Benji y para mí era de lo más fácil entender la canción, mamá tenía que traducírsela a papá en susurros (en alemán, porque mi madre no habla japonés) para que comprendiera de qué iba la cosa. Éramos la viva representación de una comedia familiar norteamericana de los ochentas, sin duda alguna, excepto porque ninguno de nosotros es estadounidense, no estamos en la lejana época de los ochentas y vivimos en Alemania.
- ¿Cómo? ¿No son novios ya?.- mi padre enarcó ambas cejas en actitud interrogativa.
- No, no lo son.- negué; estuve a punto de meter la pata y mencionar que Jaz salía con Kentin pero me contuve a tiempo.- No hasta hace rato, al menos.
- Yo creí que sí lo eran.- manifestó papá.- Con eso de que andan juntos todo el tiempo.
- O sea que no te molestaría si nuestro ahijado empieza a salir en citas románticas con nuestra niña.- Lily sonrió.
- Es preferible eso a que ande con un Hyuga.- replicó el gran Genzo Wakabyashi, encogiéndose de hombros.
Benji y yo intercambiamos miradas de complicidad y decidimos quedarnos callados. Si mi papá supiera que es precisamente eso lo que ocurre con su hijita mayor, que sale con un Hyuga, acabaría por darle un infarto por lo que no seremos ni Benji ni yo quienes se lo digamos. Hasta yo tengo mis límites a la hora de molestar a mi padre.
Hacía rato ya que Jazmín había salido al balcón, emocionada por el espectáculo que le estaba dando su "mejor amigo". Cuando Mijael acabó de cantar, le ofreció a mi hermana un ramo de flores; yo sabía que eran rosas rojas porque lo acompañé a comprarlas, lo que no sabía era si Jazmín entendería el mensaje: en Alemania, regalar rosas rojas es símbolo de amor de pareja.
- ¡Ay, le regaló rosas rojas!.- aplaudió mi mamá, emocionada.- ¡Su primer ramo de rosas rojas! ¡Y viene de Mijael!
- ¿No es muy pronto para que le esté regalando rosas de ese color?.- mi papá, por supuesto, sabía cuál era el simbolismo de las rosas rojas.- ¿Por qué no le compró mejor unas de color blanco?
- ¿No acabas de decir que no te molesta el hecho de que ellos estén juntos?.- rebatió mamá, con malicia.
- Sí pero me imaginaba que tendrían una relación más ligera.- mi padre frunció el ceño.- ¡Apenas tienen dieciséis años!
- Julieta y Romeo se casaron y se suicidaron antes de esa edad.- comentó mi trol hermano, como quien no quiere la cosa.
- ¡Benji!.- Lily trató de regañarlo pero lo cierto es que le estaba ganando la risa tanto como a mí.
No sé qué tanto se habrán dicho Mijael y Jazmín pero él no tardó en despedirse e irse, tras lo cual mis padres y Benji regresaron a sus respectivas habitaciones. En honor a la verdad, tenía ganas de saber qué le había dicho Fede a mi hermana pero también era cierto que en unas cuantas horas tenía que presentar un examen y necesitaba descansar. Sin embargo, me había llamado la atención el que, a pesar del escándalo, Aremy no se hubiese aparecido en mi cuarto también para enterarse del chisme. Quizás estaba exagerando al preocuparme, ciertamente que mi hermana tenía el sueño un tanto pesado pero aun así no resistí la tentación de darme una vuelta por su habitación, sólo para estar seguro de que todo estaba bien. Por fortuna, Aremy no cerraba la puerta con llave así que entré sin hacer ruido y me acerqué a su cama. Mi hermana estaba profundamente dormida, con el castaño cabello enredado sobre su almohada; su respiración acompasada y su frente fresca me tranquilizaron y solté un pequeño suspiro. ¿Qué pensaba encontrar, realmente? Creo que estaba preocupándome de más. Me acerqué para darle un beso en la frente y entonces vi que ella tenía en su brazo un moretón espantoso en el sitio en donde se le había extraído la sangre para los análisis. ¿Por qué se le había formado ese cardenal tan grande? A los demás también nos habían sacado sangre alguna vez y no nos había quedado un moretón de ese tamaño, pero me daba la impresión de que, a últimas fechas, cualquier golpe mínimo le dejaba a mi hermana una huella criminal.
Regresé a mi habitación y me acosté en la cama; esperaba que lo que acababa de ver no me quitara el sueño pero antes de que pudiera pensar en eso me quedé dormido. Horas más tarde presenté mi prueba de matemáticas, que terminé en el tiempo récord de veinte minutos. Ojalá que me vaya así de bien con el francés pero bueno, espero al menos tener durante ese examen una mejor cara que la que tuvo Claude durante la evaluación de matemáticas, parecía que se había tragado una bolsa entera de limones bien agrios. A pesar de eso, yo estaba seguro de que no iba a irle tan mal pues nos habíamos pasado toda la tarde previa estudiando y, aunque peque de vanidoso, no soy un mal profesor.
Durante el receso las amigas de Jazmín, lideradas por Danielle, le llevaron un pastel con velitas e incluso arreglaron la cafetería en su honor, labor en la cual hasta mis primas cooperaron. Me sorprendió ver que incluso Giovanna anduvo de aquí para allá encargándose de que todo quedara perfecto aunque si me pongo a pensarlo un poco no es para asombrarse pues de sobra sé que ella es perfeccionista. Durante los tensos minutos previos a la llegada de Jaz a la cafetería para recibir su sorpresa, vi que Gio estaba furiosa porque algún muchacho de los que se ofrecieron a ayudar no pegó bien una cadena con globos y ésta amenazaba con caerse de un momento a otro.
- ¿Quién fue el gracioso que dejó eso mal pegado?.- gritó Gio.- ¡Que venga y lo pegue de nuevo! ¿Qué no ven que yo traigo zapatos altos y que no me puedo subir a las sillas para acomodarlo?
Ésa, por supuesto, era mi oportunidad. Raudo y veloz me subí a una silla y pegué la dichosa cadena que pretendía caerse y lastimar a esa preciosa pelirroja. Okey, no es para tanto pero mi esfuerzo rindió frutos: cuando me bajé, Gio se me acercó con el agradecimiento pintado en sus hermosos ojos azules y me dio un abrazo muy dulce.
- Gracias, Dai, fuiste mi salvación.- me dijo ella, al tiempo que me besaba en la mejilla.- Tú siempre eres muy atento.
- N-no hay de qué.- sentí que me ponía tan rojo como las gorras que usa mi padre.- P-para lo que se te ofrezca a-aquí estoy…
Gio me soltó entonces y me dejó flotando en el aire, sostenido por los ángeles, por lo menos hasta que Mijael llegó y me picó en las costillas con más rudeza de la necesaria.
- Planeta Tierra llamando a Daisuke, el Enamorado.- se burló.
- Ya cállate.- gruñí.- Tú te portas igual con mi hermana, no creas que no vi el numerito que le hiciste ayer.
- No sé de qué me hablas.- Mijael fingió demencia.
- Sí, como no.- repliqué.- Luego tendrás que pasarme cuentas de todo lo que le dijiste a mi hermana mayor o si no te las verás conmigo.
- Sí, claro.- Mijael me respondió con un gesto burlón.
Como ya había dicho antes, Jazmín Wakabayashi es tremendamente popular, básicamente porque es amable con todos y siempre tiene una sonrisa y una mano para aquél que necesite cualquiera de las dos cosas; probablemente ni ella misma era consciente de lo mucho que sus compañeros y profesores la querían hasta ese día en el que recibió con mucha alegría todas las muestras de cariño y simpatía que ellos le prodigaron. Incluso Kentin, quien siempre se mantenía separado de la mayoría de los alumnos y de las celebraciones, se acercó para felicitarla y entregarle un pequeño obsequio.
- Ábrelo, Jaz.- le pidió Lorelei, curiosa por saber qué clase de regalos eran los que daba Kentin Hyuga.
- De acuerdo.- estaba seguro de que Jazmín también quería saber qué era lo que su pretendiente le había dado.
El obsequio consistía en un pequeño peluche de tigre que usaba una camiseta de la Juventus, el equipo en donde jugó Kojiro Hyuga. Chris, Claude y yo nos echamos a reír mientras Mijael hacía un sonido de burla.
- Pues está bonito.- señaló Lorelei.- Aunque no sé si a mi tío le haga gracia que tengas uno de éstos en tu cuarto.
- Es lo mismo que estaba yo pensando pero no podemos negar que Kentin tuvo buena intención, no era su obligación regalarme algo.- señaló Jaz, la amabilidad hecha chica adolescente.
- Sí lo es, si es que pretende ser tu novio.- replicó Mijael, con sequedad.- Podría haber invertido más dinero en algo mejor para ti.
- Quizás es un recuerdo que trajo de su casa para regalar a las chicas que fuera a conocer aquí.- señaló Benji, con parsimonia.
Lo cual, si me preguntan, era para mí la opción más probable considerando que encontrar muñecos de peluche vestidos con camisetas de otro equipo que no sean el Bayern Múnich es realmente difícil en Múnich.
- Si es verdad, eso convierte su regalo en algo meramente genérico.- insistió Mijael.- No en algo pensado para ti.
- Está bien, Mija, no importa.- Jazmín esbozó una de sus dulces sonrisas.- Como dije antes, se le agradece la intención.
Mijael, así como el resto de los que éramos muy cercanos a Jazmín, le daría su regalo en la fiesta que se haría en mi casa saliendo de clases. Ese año Fede se había esforzado bastante para darle un regalo muy especial a mi hermana: ella siempre había querido conseguir una muñeca bailarina de edición especial, de las tipo Barbie que salen año con año, pero para su enorme decepción nunca vendían alguna que tuviera el pelo negro, como ella, así que Mijael se dio a la tarea de buscar a una bailarina de éstas que tuviera un traje de color morado, el predilecto de Jaz, y a otra muñeca de otra colección diferente que tuviera el cabello negro y los ojos cafés de mi hermana. Le costó bastante dinero y tiempo encontrar ambas muñecas pero al final lo consiguió y después le pagó a Lizzie (quien resultó ser muy buena para arreglar muñecas descompuestas) para que juntara el cuerpo de una con la cabeza de la otra, la arreglara y la peinara y la volviera a empacar para que pareciera una muñeca original. Hasta yo me sorprendí con el resultado y me di cuenta de que a Jazmín le iba a encantar el obsequio, si con eso no se daba cuenta de lo mucho que Mijael la quería era porque de plano estaba muy ciega. Por supuesto, Mijael tenía más derecho que nadie a decir que el regalo de Kentin había sido más bien pobre después de todo lo que invirtió en el suyo.
- ¿Qué vas a hacer con ese tigre, Jaz?.- quiso saber Aremy.
- Lo mismo le iba a preguntar.- terció Benji.- No sé cómo reaccionaría nuestro padre si lo llegara a ver.
- No lo he pensado, honestamente.- Jazmín se mordió el labio inferior.- No es para tanto, o sí? Quiero decir, es sólo un muñeco de peluche.
- Pero no es cualquier muñeco de peluche.- dije yo.- Es un tigre, el símbolo de uno de sus peores enemigos, que además está vistiendo la camiseta del equipo en donde jugó ese enemigo y por si fuera poco además te lo regaló el hijo de ese susodicho, con el que también sales. ¿Crees que es poco?
- Si lo dices así, soy la peor hija del mundo.- musitó Jaz.
Como era de esperarse, Mijael me dio una patada por haber hecho que mi hermana se sintiera mal consigo misma.
- Bueno, tampoco es para tanto.- dijo Benji, para tratar de calmarla.- No eres la peor hija del mundo porque tú no pediste ese regalo y hubiera sido una descortesía rechazarlo.
- Y es precisamente eso lo que puedes decirle a papá, si es que llega a verlo.- añadió Aremy.- Que te lo regalaron y ya, que no pudiste rechazarlo porque te habrías visto mal. Incluso puedes decirle que te lo dio Kentin, nomás no le digas que sales con él y listo. Eso, si es que papá se da cuenta de que lo tienes, ya sabes que en esos detalles no se fija, Jazzie.
- Es cierto.- Jaz abrazó a nuestra hermana.- No sería la primera vez que le escondemos cosas, ¿verdad, Are?
- Así es.- asintió ésta.
Mis dos hermanas se miraron con complicidad y después se echaron a reír. Quién sabe qué tantas travesuras habrán hecho estas dos pero por sus risas seguramente no fueron muy buenas que digamos.
La pequeña fiesta de la cafetería podría haber sido el acontecimiento importante a señalar de ese día de no ser porque, antes de que terminaran las clases, vi a Edward Cruyffort discutir en dos ocasiones con dos personas distintas que al parecer lo sacaban de quicio de dos maneras diferentes. La primera de ellas fue Lizzie, con quien se peleó antes del final del receso por haberse perdido gran parte del festejo de mi hermana por estar paseándose con alguno de sus enamorados; el reclamo de Edward iba por el hecho de que Jazmín era su prima y que por lo mismo debía de apoyarla en una fecha importante como lo era su cumpleaños, a pesar de que Lizzie asegurara, con toda razón, que la celebración importante sería más tarde y que ahí la apoyaría en todo lo que necesitara. Siempre he creído que Edward es un hermano sobreprotector que cuida mucho de Lizzie y de Vladimir pero me parecía a mí que su enojo rayaba más en los celos de hombre que en los de hermano.
- Sé que lo estás pensando y creo que al Cruyffort le gusta su propia hermana.- soltó Mijael en mi oído.
- Bueno, que si lo dices así se escucha bastante enfermo.- repliqué.- No es su hermana, en todo caso.
- No, ciertamente.- Mijael puso una cara pensativa que hacía que se pareciera mucho a su padre.- Los papás de ambos se casaron cuando los dos estaban ya bastante grandes, no creo que se vean como hermanos, si me lo preguntas. Lo que no sé es si Edward siente algo más por Lizzie, esos reclamos que le hace por su orangutanesco novio no me parecen muy de hermano.
- En lo mismo estaba yo pensando pero no estoy muy seguro de que Edward esté consciente de lo que hace.- dije.- Es como si no se diera cuenta de que la protege demasiado o quizás no sabe cómo comportarse con una hermana dado que hasta hace poco supo lo que es tener una.
Bueno, no era para menos, Lizzie es una muchacha muy bonita también, de cabello muy negro como el de Jazmín aunque sus ojos son grises, como los de su mamá. Eso sí, Lizzie es del tipo de chica que se sabe bonita y que lo usa a su favor para conseguir que los hombres hagan lo que ella quiere, situación que contrasta mucho con la personalidad dedicada y trabajadora de su hermanastro. Por supuesto, sus caracteres tan contrarios hacían que Lizzie y Edward discutieran todo el tiempo y por las cosas más simples, al grado de que la mayoría de nosotros ya no prestábamos atención a sus pleitos. Bueno, que al menos ése sería el último año que Lizzie estudiaría en la Wittelsbach puesto que se graduaría al terminar el ciclo y a Edward aún le faltaban dos años más así que yo esperaba que esta separación los terminara domando un poco.
- O simplemente ellos no se agradan, tal vez.- añadió Mijael, sabiamente.- El que sus papás se hayan casado no hace obligatorio el que sus hijos se agraden.
- Touché, Fede.- respondí.- ¿Desde cuándo eres tan inteligente?
- Más que tú, siempre.- Mijael me dio una palmada en la cabeza.
La segunda discusión que tuvo Edward en ese día fue, precisamente, con Mijael. Ya he mencionado antes que, a últimas fechas, todo lo que hace el mayor de los Schneider acaba irritando al mayor de los Cruyffort sin razón aparente. Si supiera que Mijael hace las cosas por auténtica maldad o por molestar, pensaría que Edward tenía motivos para enojarse con él pero realmente Mijael no era un mal muchacho, a pesar de ser incorregiblemente travieso y bromista, por lo que no entendía qué era lo que a Edward le molestaba tanto de él. Por fortuna iban en diferentes grupos de manera que no tenían que verse a diario aunque sí compartían las horas de laboratorio de química, que era precisamente el momento en el que Edward aprovechaba para quejarse de Mijael todo lo que podía.
En fin, como dije, la segunda discusión de Edward fue con Mijael, aunque ésta más bien fue un conato de pelea (a los que no saben lo que es "conato", les consejo que busquen un diccionario, burros, significa "intento"), ocurrida durante el breve receso de diez minutos que nos daban para cambiar de clase; por lo que alcancé a escuchar, algo hizo mi mejor amigo que ocasionó que la profesora lo pusiera en equipo con Edward. No es que cuestione los métodos de enseñanza de algunos profesores alemanes (bueno, sí lo hago), pero no entiendo cómo es que consideran que la mejor manera de lidiar con dos muchachos adolescentes que son como agua y aceite y que se llevan peor que Estados Unidos con Corea del Norte, que Estados Unidos y Rusia, que Estados Unidos y Afganistán, que Estados Unidos y prácticamente cualquier país en el siglo XXI, es poniéndolos a trabajar juntos. La profesora Quilty, sin embargo, consideraba que ésta era la mejor solución y se siente muy orgullosa de ser tan estricta, espero que nunca llegue el momento en el que deba arrepentirse de sus decisiones. En fin, que el caso es que Edward estaba furioso con Mijael por el resultado de su desinterés y aunque éste tampoco estaba muy feliz de formar equipo con Cruyffort (siempre trabaja con mi hermana), no quería pelearse con éste para no arruinar el día de Jazmín.
- Sólo sabes causar problemas, Schneider.- alcancé a escuchar que decía Edward.- No sirves para nada, si Jazmín no está pegado a ti no sabes cómo funcionar.
- Ya déjame en paz, Cruyffort.- replicó Mijael, apretando los puños.- ¿Qué carajos te hice para me trates así?
- ¿Qué carajos me hiciste?.- Edward pareció encenderse de golpe.- ¡Existir, Schneider! ¿Te parece poco? Todo mundo habla de ti todo el tiempo, les caes bien a todos los profesores y te manipulas a todos los adultos. ¡Incluso cuando haces las cosas mal siempre encuentras la manera de salirte con la tuya! Tú, con tu familia perfecta y tu vida perfecta y tus amigos perfectos.
- ¿Es en serio, Cruyffort?.- replicó Mijael, asombrado.- ¿Me odias sólo porque eres tan idiota como para no darte cuenta de que tú también tienes una muy buena familia?
Esta frase debió tocar una fibra sensible de Edward porque, sin previo aviso, lanzó el puño contra Mijael; por fortuna, alcancé a reaccionar unas milésimas de segundo antes que cualquiera de los dos (por fin me servían de algo los entrenamientos con papá) y me lancé para quitar a mi amigo del camino. Los dos caímos con dureza contra el suelo y esperé que Cruyffort no estuviera tan enojado como para atacarnos aprovechando la ventaja momentánea que tenía.
Por supuesto, no fue así. Edward podrá ser un chico solitario y reservado pero no es un idiota patán, así que al vernos tirados en el piso estrelló su puño contra la pared y se marchó por el corredor. Yo me puse en pie, me sacudí el uniforme y le tendí la mano a Mijael.
- ¿Y ahora qué pasó?.- quise saber.- ¿Qué fue lo que hiciste para que Edward se enojara tanto contigo?
- Es lo que yo también quisiera saber.- refunfuñó Mijael, haciendo un gesto de asco al descubrir que se había ensuciado la camisa.- Hice un par de bromitas en el laboratorio de química, Cruyffort me regañó y la profesora decidió que éste era motivo suficiente para hacernos trabajar juntos. Creo que eso le colmó la paciencia, él no quiere trabajar conmigo y yo prefiero estar con Jaz pero no tenemos opción, la profesora Quilty nos ha dejado muy en claro que si nos negamos nos reprobará.
- Va a ser un fin de año bastante movido, ¿eh?.- suspiré. Sí que la iban a tener difícil, los dos.- Tal vez sea una buena idea el preguntarle qué carajos le pasa, si es que van a tener que hacer las prácticas juntos.
- O tal vez sería una buena idea el partirle la cara.- replicó Mijael, con una actitud de enojo que raras veces le había visto.- Si no lo golpeé ahorita fue porque no quiero arruinar el cumpleaños de Jaz.
Después de que se hubo calmado, mi amigo se marchó con rumbo a su próxima clase y yo hice lo propio. No me di cuenta de que Edward me había alcanzado a dar un roce con el puño hasta que, a la hora de la salida, Maia se acercó para preguntarme qué me había sucedido.
- Oh, me lastimé con mi casillero.- mentí mientras me tocaba la mejilla izquierda para darme cuenta de que tenía una costra de sangre seca pegada a una herida superficial.- No es la gran cosa.
- Pero se te puede infectar si no te la curas.- replicó Maia, mientras tomaba el botiquín de primeros auxilios que había en cada salón para comenzar a curarme la lesión.- Tú también eres hijo de médico, ya deberías saberlo.
- No es necesario, Maia, de verdad.- me incomodé por el hecho de que ella quisiera curarme algo que yo consideraba una nimiedad.
- Deja, que mamá me enseñó a hacer esto así como seguramente la tuya te enseñó a ti.- mi amiga ya estaba mojando un pedazo de algodón con un antiséptico para limpiarme la mejilla lesionada.
Maia tenía unos ojos azules muy bonitos, creo que ya lo había dicho antes. No eran de un tono azul cielo, como los de los Schneider, sino de uno muy oscuro, casi índigo, muy poco comunes y que había heredado de su madre. Ella me sorprendió mirándola y se ruborizó al darse cuenta pero aun así no se hizo hacia atrás, como yo creí que haría.
- Listo, he terminado.- dijo Maia cuando acabó de ponerme un curita.
- Gracias, Maia.- le dije; ella me miraba como si yo fuera muy interesante de ver aunque no entendía el por qué.
El silencio que nos envolvió fue interrumpido por el ruido que hace un borrador de pizarrón al caerse. Los dos nos giramos y vimos a Giovanna parada junto al pizarrón blanco, mirándonos fijamente. El corazón se me fue a los pies: Gio nunca iba a mi salón y, cuando lo hacía, yo estaba casi pegado a una de mis compañeras, fabuloso. Instintivamente me hice hacia atrás pero me arrepentí de inmediato porque eso sólo demostraría culpabilidad y de cualquier manera yo dudaba que a Giovanna le importara si Maia y yo éramos más que amigos.
- Disculpen que los interrumpa, ¿han visto a Marko?.- preguntó Giovanna, muy neutral.
- Se ha ido ya.- respondí.- ¿Necesitas algo de él específicamente o te puedo ayudar?
- No te preocupes, no es algo importante, puede esperar.- respondió ella, con una sonrisa condescendiente que me hizo sentir mal.
- Quizás puedas hablar con él en la fiesta de Jazmín, si es que vas a ir.- señaló Maia oportunamente.
- Oh, no estoy segura de si voy a ir o no.- declaró mi pelirrojo ángel, con una gélida mirada de sus ojos azul claro.- Un muchacho me invitó a salir y estoy considerando aceptar.
- Sería una lástima que no fueras.- aseguré, un tanto alicaído.
- No creo siquiera que te des cuenta de si estoy o no ahí.- replicó Giovanna.
Me dio la impresión de que Maia respondió pero yo no capturé sus palabras; el escuchar que Giovanna saldría en una cita con un muchacho, quien seguramente era mejor que yo, hizo que mi corazón se estrujara. Estúpido, mil veces estúpido, no soy más que el "amigo buena onda" de Mijael para ella, si alguien que le gusta la invita a salir era obvio que iba a aceptar. Me pasé el regreso a casa sumido en pensamientos deprimentes e idiotas propios de un adolescente emo y que en mí resultaban ridículos. Lo único destacable del viaje fue un comentario que me hizo Jazmín mientras los mellizos hablaban entre sí sobre los sucesos del día.
- ¿Te has enterado de algo más con respecto a Aremy, Dai?.- preguntó Jaz, en voz baja.
- Si te refieres a su enfermedad, no, no sé nada.- respondí en un murmullo.- ¿Por qué?
- Porque ha bajado mucho de peso, más de lo que podríamos creer.- respondió mi hermana, muy seria.- Cuando nos abrazamos en el receso me di cuenta de que ha adelgazado mucho. Ya sé que Are es de complexión delgada pero aun así creo que ya es demasiado.
No supe qué responder. No creo que, aunque haya sabido la verdad, hubiera podido decírsela a Jazmín.
Ya en casa, nuestra atención se enfocó en la fiesta del festejo de los 16 años de mi hermana, la cual desapareció en su habitación junto con Danielle para cambiarse de ropa. Claude quiso aprovechar que Mijael estaba ocupado ayudando a mi mamá con los preparativos finales para poner en práctica la broma que planeamos para la fiesta; Chris se nos unió porque, al fin y al cabo, a pesar de ser más tranquilo que nosotros, también tenía ganas de divertirse un rato.
- ¿Qué están planeando ustedes tres?.- preguntó Erick, detrás de nosotros.- Nada bueno, por lo que veo.
- Es una sorpresa para Jaz.- respondí, con cara de inocencia.
- ¿No están muy grandes para eso?.- por lo que Chris tenía en las manos, Erick concluyó que la sorpresa no iba a ser buena.
- Nos empezaremos a portar bien el próximo año, de verdad.- señaló Chris, con tranquilidad.
Mi hermana apareció usando un vestido corto de color violeta que dejó a Mijael con la misma expresión de estúpido que seguramente yo pongo cuando veo a Giovanna; por un "terrible accidente", Danielle olvidó invitar a Kentin así que esa noche no habría pleitos por la atención de Jazmín, siendo Mijael el que se la acaparó toda. Poco me faltó para ponerme a saltar de alegría cuando vi a Giovanna llegar acompañada únicamente de sus hermanos. ¿En dónde estaría el misterioso pretendiente? ¡Qué importaba, no había venido a la fiesta con ella! Gracias a eso sentí que podía volver a ser feliz de nuevo y darme cuenta de que todos nuestros primos y amigos estaban ahí para festejar a mi hermana. Sería sin duda una gran fiesta y eso me daba gusto por Jaz porque realmente se la merecía.
En el estudio-bar, mis padres, los Kaltz y los Schneider hablaban de varias cosas acompañados por varios litros de cerveza, parecía que tenían su propia fiesta y que estaban pasándosela muy bien, por lo menos hasta que Mine llegó a avisar que había habido un problema con el pastel; al parecer, la camioneta de entregas de la pastelería se había averiado y alguien tenía que ir por él al local. Mi madre de inmediato se ofreció a ir por el pastel ya que mi padre no sabía en dónde se encontraba la pastelería, y partió de inmediato acompañada por Elieth, mientras Bárbara aprovechaba para darse una vuelta y asegurarse de que nosotros no estuviésemos destruyendo la casa. Todo iba bien hasta que, al regresar del baño, vi a Aremy recargándose contra la escalera.
- ¿Estás bien, Are?.- pregunté, preocupado.
- No me siento muy bien, voy a acostarme un rato.- ella no se veía bien.- Bajo cuando vayan a partir el pastel, sólo avísame por favor.
Benji apareció en ese momento y, al ver lo que sucedía, se ofreció a acompañar a mi hermana hasta su cuarto mientras yo iba a buscar a papá. Los tres acordamos no molestar a Jazmín con esto, por lo menos hasta que la fiesta terminara. Mientras Benji prácticamente cargaba (o mejor dicho, arrastraba) a Aremy escaleras arriba, yo corrí en busca de mi padre. Por todos los Cielos, ¿qué le está pasando a mi hermanita?
- Papá, ¿puedo hablar contigo un segundo?.- le pedí a Genzo.- Es urgente.
- ¿Qué sucede, Daisuke?.- el gran Genzo Wakabayashi me miró con cara de: "¿Qué hiciste esta vez?", al tiempo que se disculpaba con los demás adultos para seguirme hasta las escaleras.
- No soy yo, es Are.- respondí, ignorando su actitud.- Benji se la llevó a su cuarto porque no se siente bien.
Debo admitir que mi papá se tomó las cosas muy en serio; Genzo no necesitó que le dijera algo más y subió corriendo las escaleras, conmigo detrás. Cuando llegamos a la habitación de Aremy, ésta ya se había recostado en la cama mientras Benji la tomaba de la mano. La cara de alivio de éste al ver llegar a nuestro padre me hizo darme cuenta de que él estaba tan angustiado como yo.
- Yo me hago cargo, Ichimei.- le dijo a mi hermano. Éste asintió y le soltó la mano a Are para que papá pudiera acercarse.
El gran Genzo Wakabayashi, el Super Great Goal Keeper frío y calculador, el "dios protector de Japón" que nunca mostraba sus sentimientos, se bajó del pedestal en el que la gente lo puso para pasar a ser un padre preocupado por uno de sus hijos y se recostó en la cama junto a mi hermana. Aremy se recargó contra él, buscando su protección, y Genzo la abrazó y le acarició el cabello, mientras le murmuraba que todo estaría bien.
- Regresen a la fiesta para no alertar a los demás, si Jazmín se da cuenta de que ninguno de nosotros está allá abajo, se va a preocupar.- nos ordenó.- En cuanto llegue su madre avísenle lo que ha sucedido, por favor.
- Sí, papá.- accedí.- Vamos, camarada.
Mi hermano y yo bajamos sin saber qué decirnos; hasta nosotros llegaba el sonido de la música y el ruido de las conversaciones pero ninguno de los dos se sentía particularmente festivo.
- Hay que comportarse como si no pasara algo serio, Dai.- me dijo Benji.- Por Jaz.
- Estoy de acuerdo.- asentí.- Aunque no nos va a perdonar que no se lo hayamos dicho antes.
- Probablemente.- Benji quiso esbozar una sonrisa pero se arrepintió.- Tengo miedo por Are, Dai. Tengo el presentimiento de que esto no es una gripa que se le va a curar en dos días.
- Yo también, camarada.- suspiré y le puse la mano en el hombro a mi hermano.- Yo también.
Cuando regresamos a la fiesta, Claude me hizo una seña para avisarme que pronto sería momento de hacer la broma que estábamos planeando desde ayer. Por un momento pensé en pedirle que la cancelara, si le hubiera explicado lo que pasó sin duda que lo hubiera hecho, pero también pensé en que varias personas se estaban dando cuenta de que faltaba Aremy y que esa broma sería una buena forma de distraerlas para que no hicieran demasiadas preguntas.
"Por favor, mamá, no tardes en volver", pensé, confiado en que Lily sabría qué hacer.
Notas:
- La canción "No dices más" es interpretada por el grupo mexicano Moenia, el cual, honestamente, no sé si todavía exista.
