Capítulo 11. Leucemia.

Miré el reloj de la mesita de noche y me di cuenta de que pasaban de las tres de la mañana. Al día siguiente tendría que ir a la escuela y al finalizar las clases habría entrenamiento por lo que era indispensable dormir bien, pero de cualquiera manera mi cerebro no conseguía dejar de pensar. ¿Quién podría dormir sabiendo que su hermana estaba enferma de cáncer? Sin embargo, el gran Genzo Wakabayashi y su esposa, la doctora Lily Del Valle, insistieron en que la enfermedad de Aremy no iba a detener la vida de la familia, por lo que nos dijo a Jazmín y a mí que debíamos continuar con nuestras actividades normales. Jaz no dejaría su club de baile y yo no abandonaría el de fútbol, así como Benji no dejaría de practicar el patinaje artístico, aunque tanto mi hermana como yo deseábamos abandonarlo todo para estar con nuestra hermana todo el tiempo, y estoy seguro de que Benji también tomaría la misma decisión si algún día se dignaban mis padres a contarle la verdad.

- Lo importante ahora es que nuestras vidas continúen lo más normal que se pueda, por Aremy y por ustedes mismos.- había dicho Lily.- Por salud psicológica así debe ser.

El gran Genzo Wakabayashi no dijo nada, se limitó a mirarnos detenidamente para analizar nuestras reacciones. En ese momento lo sentí más distante que nunca de mí, como si se le hubiese olvidado que nosotros somos sus hijos también. Mientras tanto, mamá nos decía que mi tía Gwen ya había hecho una cita con el doctor Jean Lacoste, un reconocido oncólogo-hematólogo francés, cuyo trabajo sería definir el tratamiento de mi hermana ya que ni Gwen ni mamá tenían especialidad en la enfermedad que aquejaba a Aremy.

- ¿Qué es un oncólogo, mamá?.- preguntó Jazmín. Habitualmente Lily siempre nos hablaba con términos que pudiéramos entender pero en esta ocasión estaba tan distraída que se dirigía a nosotros usando terminología médica.

- ¡Oh, lo siento! Es el médico especialista que se encarga de curar el cáncer.- mi madre se ruborizó.- Y un hematólogo es el que cuida las células de la sangre, que son las que tiene enfermas tu hermana. El doctor Jean tiene ambas especialidades y por eso es que se va a hacer cargo de curar a Aremy.

- Y un francés es un hombre que nació en Francia, Jaz.- añadí, tratando de ser gracioso pero más bien fui patético.

- Éste no es momento para hacer bromas, Daisuke.- recriminó Genzo, enojado.- Deberías estar más preocupado por tu hermana.

- ¿Y qué quieres que haga? ¿Qué llore y me suicide?.- repliqué, sin poder evitarlo.- Espera, lo primero ya lo hice pero no creo que eso cure milagrosamente a Aremy. Si crees que matándome consiga algún cambio, sólo dímelo.

- ¡Dai, basta!.- me pidió Jazmín, asustada.

- ¡Cuida la forma en la que me hablas, Daisuke, si no quieres recibir un castigo!.- mi padre casi gritó. Pocas veces lo había visto tan enojado.- ¡No estoy de humor para tus rebeldías!

- Mi amor, por favor, no es el momento.- intervino mi madre, con voz calmada, para después dirigirse a mí.- Entiendo que estás impactado por la noticia, Daisuke, pero ése no es motivo para ser tan maleducado con tu padre.

- Lo siento, padre.- me disculpé aunque no sé por qué no tenía muchas ganas de ser sincero. Sólo deseaba largarme a mi cuarto y desaparecer.- Es el estrés.

El gran Genzo Wakabayashi no me respondió y tampoco es como si me hubiera hecho falta que dijera algo. Cualquier palabra proveniente de él estaba de más. Mamá no tardó en pedirnos que nos retiráramos, una orden que tanto Jaz como yo estábamos ansiosos por cumplir; ella se marchó a su cuarto casi corriendo y no me quedó la menor duda de que, en cuanto se quedara a solas, le hablaría a la única persona que en ese momento podía consolarla, es decir, Mijael. Desde mi propia habitación escuché cómo él entraba por el balcón y cómo Jazmín le contaba todo entre lágrimas. Los oí llorar a los dos durante un buen rato, tras lo cual Mijael intentaba consolar a mi hermana lo mejor que podía. No me costó darme cuenta de que mi amigo estaba tan asustado como nosotros pero aun así estaba dando su mejor esfuerzo para apoyar a Jazmín. Después de un rato escuché que Mijael se trepaba a mi ventana y me preguntaba si quería hablar con alguien, y aunque yo deseé decirle que sí y dejarlo entrar, la verdad es que yo no soy Jaz y no podía simplemente soltar todo lo que traía por dentro, así que me hice el dormido. Después de un rato Mijael se cansó de preguntar y se marchó, al darse cuenta de que mi ventana estaba cerrada por dentro.

Suspiré. Decidí levantarme de la cama, en vista de que no podía dormir, y entrar a Internet para investigar un poco sobre la leucemia. No tenía mucha idea de lo que era esa enfermedad, cosa que no es de sorprender considerando que apenas tenía trece años. Mientras esperaba a que mi computadora se encendiera, escuché unos pasos que se detuvieron justo detrás de la puerta de mi cuarto; por un momento pensé que se trataba de papá y, molesto, frustrado y triste como estaba, iba a gritarle que si me iba a regañar por querer encontrar consuelo en una máquina, que entonces cumpliera con su papel de padre y que me brindara su apoyo. Sin embargo, era obvio que no se trataba del gran Genzo Wakabayashi pues esos pasos eran más ligeros y veloces, los cuales correspondían a Benjamín. Me quedé sin saber qué hacer cuando vi a mi hermano parado afuera de mi cuarto, llevando en sus manos uno de los libros de medicina de nuestra madre. Antes de que cualquiera de los dos pudiéramos decir algo, se abrió la puerta del cuarto de Jazmín y por ella salió mi hermana mayor.

- Llevo como cuarenta minutos armándome de valor para despertarte, Dai.- me confesó Jazmín, dándose cuenta en ese momento de que yo no estaba solo.- ¡Ah! ¿Qué estás haciendo aquí, Ichi?

- Ustedes ya saben lo que estoy haciendo aquí.- mi hermano se veía muy enojado.- Más les vale que me digan qué es lo que tiene Are, sé que ustedes lo saben y es mejor que dejen de ocultarme las cosas.

- Papá y mamá nos han pedido que no les digamos la verdad a Aremy y a ti.- respondió Jazmín, en voz baja.- Sólo quieren protegerlos.

- ¿Ocultándonos la verdad?.- Benji frunció el ceño.- ¿Les parece que es ésa la mejor manera de "protegernos"? Aremy me ha contado que van a llevarla con otro médico para que le dé un "tratamiento especial" y ni siquiera le dijeron por qué. ¿Cómo pueden papá y mamá esperar que ella no tenga miedo si no hacen más que decirle mentiras?

Jazmín y yo nos miramos durante unos segundos; Benji tenía toda la razón del mundo pero al fin y al cabo nosotros no podíamos decidir qué cosas decirle y cuáles no. No éramos los adultos de la casa, después de todo, aunque no me parecía que todas las decisiones que estaban tomando los adultos fuesen correctas.

- Bien, como sea.- Jaz suspiró, resignada.- Vine a ver a Dai porque quería que me dejara usar su computadora para investigar sobre la enfermedad de Are ya que la mía está actualizando el sistema operativo. Investiguemos juntos, Ichi, supongo que tienes derecho a saberlo también.

- Muy bien.- Benji asintió.- Intenté buscar en uno de los libros de mamá los síntomas que presenta Are para tratar de ver si encajaban en alguna enfermedad, pero obviamente no pude entender el lenguaje médico.

- Además, técnicamente hablando así no estaríamos rompiendo la promesa que le hicimos a nuestros padres de no decirte algo.- añadí.- Te vas a enterar tú solo.

Así pues, dejé que mis hermanos entraran en mi habitación. Noté que Jazmín llevaba en las manos la coneja de peluche blanca ella siempre llevaba consigo cuando era una niña. No me burlé ni mucho menos, yo entendía lo que era desear el volver a ser solo un niño que no entendía nada. Deseé en ese momento el no haber guardado el oso de peluche café con el que dormía cuando tenía tres años pero en fin, que no sirve de nada volver el tiempo atrás de cualquier modo.

Encendí mi computadora y tecleé en Google la palabra "leucemia"; sentí cómo Benji se estremeció detrás de mí. Inmediatamente aparecieron en la pantalla al menos unos 20,000 sitios en Internet con información sobre tan terrible enfermedad. Entré al primero que encontré y mi hermana comenzó a leer en voz alta lo que iba viendo.

- "La Leucemia es una enfermedad que involucra a los leucocitos".- comenzó Jazmín.- Existen varias maneras de clasificar a la leucemia; una de ellas se enfoca en dividirla en aguda y crónica, otra se basa en las variedades mielocítica y linfocítica, de acuerdo a la clase de leucocitos que están involucrados…".

Como era de esperarse, ni Benji ni yo entendimos ni una palabra.

- Como que esta página está hecha para doctores.- comenté.- Mejor abramos otra.

En el tercer sitio web al que entramos prometía dar información entendible para pacientes; ahí encontramos al fin algunas respuestas a lo que queríamos saber: que la leucemia es el cáncer de la sangre, que afecta a los glóbulos blancos o leucocitos (las células que se encargan de las defensas del cuerpo), los cuales comienzan a producirse de manera descontrolada y dañina, y que es una enfermedad tremendamente mortífera. Al final, lo único claro que Jazmín, Benji y yo sacamos fue que la leucemia era una de las peores formas de cáncer, cuyo rango de supervivencia era tremendamente bajo. El tratamiento se basaba en darle al enfermo medicamentos muy potentes, cuyo nombre en común era el de quimioterapéuticos, los cuales mataban tanto a las células buenas como a las malas por lo que la persona que los recibía se ponía tan débil que hasta una gripa podía matarla. Fue suficiente. Jazmín se dejó caer en la cama y yo cerré la página. Benji continuaba sosteniendo el libro como si éste pudiera protegerlo del mundo.

- No es algo bueno, ¿verdad?.- comenté, solo por decir algo.

- Es pésimo.- murmuró Jazmín.- No puedo creer que mamá pretenda que continuemos con nuestras vidas como si nada sucediera.

- Creo que intenta darnos valor restándole importancia a la enfermedad de Aremy.- opinó Benji.- Pero creo que no lo va a lograr, no así al menos…

- ¿Qué vamos a hacer?.- mi hermana comenzó a llorar otra vez.- No quiero que Aremy se muera.

- Ninguno de nosotros quiere eso, créeme.- tragué saliva para aguantarme el llanto.- Pero creo que no podemos hacer algo más que apoyar a nuestra hermana. Ella necesita de nosotros.

- Ojalá pudiéramos hacer algo más que eso.- musitó Benji, en voz baja.

Jazmín regresó a su habitación y Benji dijo que pasaría a ver a su melliza antes de irse a su propio cuarto. Yo me quedé dormido tan profundamente que no escuché la alarma de mi reloj despertador. Cuando Genzo fue a ver qué era lo que me había sucedido, me encontró ardiendo en fiebre. Lo curioso del caso era que no fui el único, también Jazmín y Benji, quien amaneció en la cama de Aremy, tuvieron fiebre como yo, siendo mi hermana menor la única que se mantuvo fresca durante toda la noche. Qué ironía, de verdad, pero por algo dicen que la mente es poderosa, no cabe duda que los tres nos enfermamos por culpa de la impresión. Ningún Wakabayashi fue a la escuela ese día, los cuatro nos quedamos en cama mientras nos cuidaban mi madre y mi tía Bárbara, quienes suspendieron sus labores para poder hacerse cargo de nosotros.

El gran Genzo Wakabayashi tuvo que ir personalmente a la Wittelsbach a hablar con el director y con nuestros profesores para aclararles cuál era la actual situación de nuestro hogar. Aremy fue dada de baja temporal, como era de esperarse, y los académicos le dijeron a mi padre que con todo gusto la recibirían el siguiente ciclo escolar, cuando ya estuviera recuperada. Además, prometieron guardar la más absoluta discreción y aseguraron que no les pondrían falta a los otros tres Wakabayashi que estaban haciéndose los tontos en casa porque no les quedó ninguna duda de que nosotros estábamos muy afectados por la noticia.

- Quizás sería prudente que sus hijos hablaran con un psicólogo.- comentó la profesora de Jaz.- Es obvio que ellos se han enfermado debido al impacto que tuvieron al saber cuál es la enfermedad tan terrible que tiene Aremy.

- Quizás.- admitió Genzo.- Pero mis hijos son fuertes, no necesitan de un psicólogo.

En cierto modo podría ser desesperante la actitud de papá, pero mucho tiempo después yo habría de comprender que ésa era su manera de creer que tanto Jazmín como Benji y yo sabríamos afrontar cualquier tipo de adversidad, porque nos estaba criando para ser personas fuertes que son capaces de afrontarlo todo sin necesidad de un psicólogo. Horas más tarde, Genzo regresó a casa y le dijo a Lily que Kaltz y él se encargarían de nosotros para que Bárbara y ella pudiesen descansar. Después de poner algo de resistencia, Lily nos dejó a cargo de mi papá y de mi tío pero no para irse a descansar sino para arreglar la cita de Aremy con el doctor Lacoste. Fue en ese momento cuando Genzo nos reunió a los tres hijos mayores en la sala para hablar muy seriamente con nosotros.

- Jazmín, Daisuke, Ichimei.- empezó a decir mi padre.- Sé que para ustedes esto no es fácil y que su primera reacción va a ser el enfermarse, pero hay algo que deben tener muy en cuenta para el futuro: Aremy necesita de nuestra ayuda. Ella está pasando por algo tremendamente difícil y ahora más que nunca necesita que estemos a su lado, que la apoyemos y que también ayudemos a su madre a cuidarla. No vamos a ser de mucha ayuda si, por el contrario, les causamos más problemas a cualquiera de las dos.

Jazmín, Benji y yo nos sentimos avergonzados pues sabíamos que papá tenía razón.

- Somos una familia, aunque tengamos nuestras diferencias.- Genzo me lanzó una mirada rápida.- Y como tal, vamos a apoyarnos cuando uno de nosotros lo necesite. ¿Lo entienden? Juntos seremos más fuertes que si afrontamos esto por separado, juntos venceremos la enfermedad de Aremy.

Mi padre siempre me sorprendía. Cuando yo estaba completamente seguro de que era un egoísta y de que su familia le importaba un comino, llegaba y nos decía que debíamos permanecer unidos. Pero créanlo o no, su regaño nos llegó hasta el alma. Los tres murmuramos palabras de disculpa y aseguramos que nunca nos volveríamos a enfermar, así tuviéramos que tomarnos unos veinte frascos de vitaminas.

- Bueno, que tampoco es para tanto.- papá sonrió a medias.- Con que se cuiden es más que suficiente.

Para nuestra buena suerte, ese día era viernes y al día siguiente no habría escuela, sólo entrenamiento. Cosa rarísima en papá, nos dijo a Benji y a mí que si lo deseábamos podíamos faltar ese día a nuestras respectivas prácticas pero ambos nos negamos. Habíamos prometido no causar problemas y por eso mismo elegimos enfocarnos en nuestros deportes con mucho ahínco, decididos a continuar con nuestras vidas como si nada malo estuviese sucediendo. Por supuesto, nuestros amigos querrían saber lo que había pasado pero nosotros teníamos la duda de si debíamos decirles la verdad o no. A esas alturas, Adler y Mina ya estaban enterados de lo que ocurría con Aremy (papá y mamá les autorizaron a los Kaltz a revelárselos) y también Mijael lo sabía, por lo que había una gran probabilidad de que sus hermanos, y quizás sus primos, también estuviesen enterados del asunto.

- Papá me ha dicho que mamá y él no quieren que los más jóvenes se enteren, los que tengan la edad de Benji y Are o menores.- explicó Jazmín.- Supongo que no desean que alguno de ellos se lo diga a ella.

- Yo estoy considerando la opción de decírselo todo a Are.- dijo Benji, muy serio.- Lo que me detiene es que no sé si va a poder resistirlo.

- Deberíamos de creer que ella es más fuerte de lo que pensamos todos.- repliqué, aunque lo cierto era que yo tampoco me atrevía a decirle la verdad.

Ese día Jazmín decidió acompañarnos al entrenamiento, por lo que Mijael también se encontraba ahí. Mi mejor amigo llegó a darme un inesperado abrazo al tiempo que me decía que estaba disponible para cualquier cosa que necesitara.

- Qué gay te ves abrazándome, Fede.- repliqué, tratando de no demostrar demasiado mis emociones.- Pero gracias.

- Por algo somos mejores amigos, animal.- Mija me dio un puñetazo en el hombro para cortar la escena.- Pero es en serio lo que te digo de que puedes contar conmigo, Chucky, para lo que sea que necesites, estaré ahí siempre que lo desees, y cuando no, también.

- Lo sé muy bien.- sonreí a medias.- Como bien dijiste, por algo somos mejores amigos.

- Por cierto que mis papás y yo les hemos contado todo a Chris y a Claude, a la única a la que no le hemos dicho es a Vania, por petición de mis padrinos.- aclaró Mijael.

- Sí, estoy enterado de esa "orden".- suspiré.- No quieren que ella se lo diga a Aremy.

- Sí, algo así me dijo mi mamá.- Mijael bufó.- Si me lo preguntas me parece estúpido pero… Oh, mira quién viene ahí, Chucky.

Me giré justo a tiempo para darme cuenta de que Giovanna se dirigía hacia nosotros, cosa que me sorprendió bastante porque ella habitualmente llegaba a los entrenamientos mucho más tarde. La pelirroja de mis sueños se dirigió directamente hacia mí y, antes de que pudiera saber qué estaba sucediendo, me abrazó con mucha fuerza.

- Lo siento muchísimo, Dai.- musitó Giovanna a mi oído, con la voz entrecortada.

Su gesto me impactó por sorpresivo y sincero. Su perfume de rosas me envolvió y su abrazo fue tan cálido que tuve deseos de soltar las lágrimas que llevaba conteniendo desde la noche previa. Abracé a Giovanna con fuerza sin responderle y enterré mi cara en su cabello; eran tan poquísimas ocasiones en las que me habían dado un gesto tan sincero que no pude evitar derrumbarme por un momento entre los brazos de esa chica con esencia de ángel. Creo que algunas lágrimas se me escaparon y mojaron su blusa, cosa que después me hizo sentir avergonzado pero que en ese momento me hizo sentir mejor. Gio no me soltó hasta que yo aflojé la presión que hacía con mis brazos y me miró con mucha empatía cuando me hice hacia atrás para liberarla.

- Gracias.- musité, con voz ronca.- No sabes lo mucho que agradezco tu apoyo.

- Estaré contigo para lo que necesites, Dai.- su voz era tan suave como la mantequilla.- Si necesitas hablar con alguien no dudes en buscarme. Sé que no puedo ayudarte con otra cosa más útil pero…

- Con eso ya haces bastante, gracias, Gio.- sonreí.- Discúlpame, no he tenido la oportunidad de devolverte tu recipiente, he tenido la cabeza en otro lado…

- ¡Oh, no te preocupes por él!.- ella hizo un gesto con la mano para restarle importancia al asunto.- Ahora es lo que menos importa. Llámame cuando me necesites, ¿sí? O envíame un mensaje, ya sabes en dónde encontrarme.

Giovanna se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla; a pesar de lo mal que me sentía, noté que mi cara enrojeció al extremo pero creo que ella no se dio cuenta, para mi suerte. ¿Mi suerte? Sin duda era bastante hija de la fregada porque justamente hace que la chica que me encanta me bese en un día en el que me siento fatal porque mi hermana ha sido diagnosticada con una enfermedad mortal. Además, presentía que Giovanna sólo estaba tratando de ser amable conmigo, estaba casi seguro que ella preferiría apoyar a Jazmín, a quien consideraba como una de sus amigas más íntimas.

- Vaya, que debes sentirte realmente mal para no ponerte a saltar de la emoción.- comentó Mijael cuando Giovanna se marchó.

- No tan mal como para no ponerme feliz porque ella me ha besado.- suspiré.- Aunque puede ser que sólo lo ha hecho porque sabe que con eso va a conseguir que me sienta mejor. Y hablando de hacer sentir mejor a alguien, gracias por ayudar ayer a Jazmín, me contó que estuviste con ella gran parte de la noche.

- Ojalá hubiera podido hacer más que sólo abrazarla, ya sabes que me destroza verla llorar.- murmuró Mijael, con mucha tristeza en los ojos.- Y por supuesto que también me pone mal saber que la Pecas está enferma, a ella la quiero como a una segunda hermana y no quiero que algo malo le pase.

- Lo sé bien.- palmeé el brazo de mi amigo.- Gracias por preocuparte por mis hermanas.

- También estaba preocupado por ti.- añadió mi amigo, muy serio.- Intenté entrar a tu cuarto después de dejar a Jaz pero creo que estabas dormido.

- ¿Ah, sí? No me di cuenta, sí estaba dormido, perdón.- mentí.- Pero gracias por la intención. Y cambiando el tema, ¿qué sucedió con el asunto del laboratorio de química? ¿Pudiste convencer a tus papás de que no tuviste la culpa?

- No.- Mijael frunció el ceño.- Ellos creyeron que el del problema sí fui yo pero pensaron que fue un accidente que se me salió de las manos, por eso es que no aumentaron el castigo que ya tengo. Me da rabia porque esta vez no hice nada, todo fue culpa de Cruyffort.

- El problema es que Cruyffort es un excelente estudiante con un récord impecable de buena conducta, nadie va a creer que te tendió una trampa.- repliqué al tiempo que buscaba mis guantes de portero.- Es más, incluso a mí me costaría trabajo creerte sino fuera porque los vi peleando. Nunca había visto a Edward comportarse de ese modo.

- Sí, ya lo sé.- gruñó Mijael.- Ya vamos a darle a este estúpido entrenamiento.

Rato más tarde, cuando el entrenamiento al fin terminó (al parecer, nadie le avisó al señor Köpke acerca de mi drama familiar), se acercaron a mí muchos de mis amigos para ofrecerme su apoyo: Erick, Anne y Katie fueron los primeros, seguidos por Uriel, Osvaldo, Lorelei, Lizzie, Danielle, Marko y Valerie. Todos a su manera me ofrecieron su apoyo y su ayuda incondicional y yo me sentí sorprendido de darme cuenta cuánta gente se preocupaba por mí.

- No lo has notado porque eres muy reservado, pero sin duda que eres más popular de lo que quieres creer.- me señaló Valerie, con una enorme sonrisa.

Incluso Maia y su hermano Alec se acercaron para hablar un rato conmigo; los dos se sentían mal porque creían que, debido a que su madre había sido el "portador de las malas noticias", ni mis hermanos ni yo tendríamos ganas de seguir siendo sus amigos, cosa que me hizo reír. Quizás fue una reacción muy inapropiada pero al menos sirvió para que mis amigos se relajaran, por supuesto que nosotros querríamos seguir teniendo contacto con los Shanks, no era culpa de mi tía Gwen que Aremy estuviera enferma y eso lo sabíamos muy bien. Un poco más relajada, Maia me dijo entonces que se ofrecería para cuidar a Are en sus ratos libres.

El último en venir a hablar conmigo fue Edward; me sorprendió no verlo junto a sus hermanos, el que anduviera solo y su reciente mala actitud me hacían pensar que algo serio le pasaba a mi primo político pero yo tenía mis propios y serios problemas como para poder hacerme cargo de los de alguien más, considerando además que él traía broncas con el que es mi mejor amigo. Aun así, quería buscar la manera de ayudar a Edward o mínimo conseguir que él confiara en mí lo suficiente para contarme qué le pasaba, pero en esos momentos esto último era poco menos que imposible. De cualquier modo, Cruyffort también se ofreció para ayudarnos a mis hermanos y a mí en lo que necesitáramos y yo se lo agradecí sin hacer mención de la escena que me tocó presenciar y vivir en la escuela el día del cumpleaños de Jazmín. Los dos nos comportamos como si no hubiera sucedido nada, como si la pequeña herida en proceso de cicatrización que traía en la mejilla no me la hubiera hecho él, y antes de despedirnos vi en sus ojos un sincero y apenado agradecimiento por no haberle mencionado ese detalle.

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Mi mamá decidió contactar al doctor Lacoste antes de la primera cita que Aremy tendría con él; lo hizo a escondidas, sin decírselo a papá, porque quería hablar con Lacoste de médico a médico, sin reservas y sin mentiras, poniendo todas las cartas sobre la mesa en base a lo que se sabía sobre el estado de salud de mi hermana. El doctor Jean Lacoste resultó ser un joven francés de cabello muy negro y ojos grises, aproximadamente de la misma edad que papá, y se notaba que era buena persona aun cuando su expresión siempre era de lo más adusta. Mi madre nos diría después que no supo por qué pero que Jean le inspiró confianza en cuanto lo vio, quizás porque, como habría de comprobar yo mismo más adelante, él tenía "la sangre muy liviana", como suele decir mi madrina.

- La doctora Heffner me ha hablado de su hija.- comenzó el doctor Lacoste.- ¿Le molesta si la tuteo? Si vamos a hablar de médico a médico es mejor que nos tengamos confianza.

- Estoy de acuerdo.- aceptó mi mamá.- No quiero que me ocultes información, por favor, por más dura que sea. Si voy a afrentar la enfermedad de mi hija será sabiéndolo todo y no a medias, como suele hacerse en muchas ocasiones con otros pacientes.

- Bien, yo siempre he estado a favor de no ocultarle información a los padres.- acordó el doctor Jean.- La ventaja es que como eres médico me va a resultar mucho más sencillo hablar contigo sobre los planes de tratamiento.

- Sé que con los estudios que se le han hecho a mi hija hasta el momento no podemos determinar qué tipo de leucemia tiene.- continuó Lily.- Aunque podríamos basarnos en estadísticas por edad para tratar de determinarlo.

- Sería algo así como un cálculo aproximado, sí, aunque no muy confiable.- asintió Jean.- Supongo que tú hiciste eso ya. De cualquier modo necesitamos hacer pruebas más específicas para determinar el tipo, conocer qué tan avanzado está el asunto y saber cuál será el tratamiento a seguir.

- Sí, lo sé.- suspiró Lily.- Aspirados de médula ósea, más exámenes de sangre…

- Me da la impresión de que no viniste a verme para que te aclarara algo de los estudios ni del tratamiento, aunque no seas oncóloga eres médico y sabes más de lo que sabría cualquier padre que no lo sea.- replicó Jean.- ¿Qué es exactamente lo que quieres que te diga, Lily?

- Lo que realmente quiero saber es la tasa de supervivencia.- respondió Lily, muy seria.- Yo sé que eso depende también del tipo de leucemia que mi hija tenga pero… Me gustaría saber cuáles son nuestras posibilidades de ganar.

Aquí hago un paréntesis para hacer notar que mi madre adoptó algunas de las frases de mi padre. Eso de "cuáles son nuestras probabilidades de ganar", sin duda lo copió del gran Genzo Wakabayashi.

- Bueno, la medicina ha avanzado mucho en estos años.- replicó el doctor Lacoste.- Y los niños son muy fuertes, son los que llegan a tener las recuperaciones más asombrosas. Aunque aún no sepa qué tipo de leucemia tiene tu hija, diría que tiene muchas probabilidades de ganar. Algo que tiene a su favor es que además tiene tres hermanos, ellos pueden llegar a ser de mucha utilidad en casos extremos. Al menos en eso tu hija tuvo suerte.

A mí no me hubiera quedado muy en claro el por qué el que Aremy tuviera tres hermanos se podía considerar como "tener suerte", aunque mamá sí que lo entendió. Ella y el doctor Jean continuaron hablando de los pasos a seguir con mi hermana menor, programando desde ese momento un estudio llamado aspirado de médula ósea (oh, me resulta imposible describirlo, sólo sé que es un estudio complicado y doloroso en donde te pinchan un hueso con una aguja enorme para aspirar lo que hay ahí dentro y analizarlo, pobre de mi hermanita), así como una tomografía (que es algo así como si fuera una radiografía pero mucho mejor y más especializada). Mamá le pidió entonces al doctor Jean que, de ser posible, le ocultara a Aremy cuál era su enfermedad pues tanto ella como papá creían que era lo mejor.

- Si es lo que quieres lo haré, pero yo no recomiendo mucho mentirle a mis pacientes, tengan la edad que tengan.- advirtió el doctor Lacoste.- Lo mejor para ellos es saber a qué se enfrentan ya que así además sentirán que se les está permitiendo elegir el camino.

- Lo sé.- replicó mamá.- Pero no creo que Aremy esté preparada para afrontarlo.

- Y no lo va a estar si no le dices la verdad.- replicó Jean.- Pero si es tu deseo y tu marido te apoya, está bien. Después de todo ustedes son los responsables legales y quienes van a tomar las decisiones importantes.

Lily ratificó la fecha de la cita oficial y se retiró, tras agradecerle al doctor Lacoste su ayuda y comprensión. El médico sabía que estaba lidiando con una familia diferente pues conocía de sobra el temperamento del gran Genzo Wakabayashi y con esa visita había alcanzado a vislumbrar que su esposa también era un hueso duro de roer. Sin embargo, de acuerdo a lo que sabía basándose únicamente en los resultados de laboratorio de Aremy, pudiera ser que las fuertes personalidades de ambos no fuesen suficientes para derrotar a la enfermedad que afectaba a su hija.

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Volví a tener el Sueño una vez más, tal y como habría de tenerlo, a partir de entonces, todas las noches. Había cambiado ya de forma aunque seguía manteniendo su esencia original. Una vez que entraba a la habitación de Aremy y veía a mis padres sosteniendo sus manos, papá me miraba con ojos suplicantes.

- Daisuke, está en ti el ayudar a tu hermana.- me dijo.- Pero nadie puede obligarte a que lo hagas. La decisión sólo te pertenece a ti.

Por supuesto, la niña que sostenía las manos de mis papás no era otra que mi propia hermana. Aremy estaba tan mal que pensé que de un momento a otro moriría. Sin embargo, el mensaje del gran Genzo Wakabayashi estaba claro: yo podía evitar que mi hermana muriera. La pregunta era: ¿Cómo hacerlo?

- Tengo miedo.- confesé, aunque en ese momento no sabía de qué lo tenía, si de ayudar a Aremy o de no ayudarla.

En cuanto pronuncié esas palabras, mi hermana empezó a desaparecer; mi mamá agachó la cabeza y comenzó a llorar, negándose a soltar la mano de Aremy. Yo grité, desesperado, pero me di cuenta de que ya era demasiado tarde, demasiado tarde para intentar hacer cualquier cosa.

- ¡No, esperen!.- pedí, muy angustiado.- ¡No dije que no iba a ayudarla! ¡Por favor, mamá, no permitas que Aremy se vaya!

Pero ya no había tiempo para tratar de corregir las cosas...

Me desperté sudando frío, con la cara mojada por las lágrimas que derramé en mi sueño. Respiré agitadamente durante algunos segundos, el tiempo que me tomó recuperar el control de mí mismo, tras lo cual tragué saliva con dificultad y pasé la lengua por mis labios resecos. ¿Qué era ese olorcillo tan rico y tan relajante que comencé a percibir, y de dónde provenía? Lavanda, recordé, alguna vez mi madre me dijo que ese aroma tan suave es lavanda y sólo conozco a una persona a quien le gusta usar este tipo de olor como perfume.

Me giré hacia la izquierda, hacia donde me pareció que se encontraba la fuente del aroma; ahí vi a una mujer de piel muy, muy blanca, cabello negro y unos extraños y muy poco comunes ojos de color violeta, el rasgo que la hace inconfundible en cualquier lugar al que va, lo cual no es para menos considerando que muy pocas personas en el planeta pueden presumir de tener ojos color violeta (dice mi abuelo Alejandro que existió una actriz de Hollywood que tenía ese mismo tono de ojos, Taylor creo que se apellidaba; si esto es verdad, esa mujer y mi madrina son las únicas personas conocidas que tienen ojos morados). Mi madrina me contemplaba con una mezcla de ternura y preocupación y tuve muchísimos deseos de darle un fuerte abrazo.

- ¿Tuviste un mal sueño, Daisuke?.- me preguntó Catrina Mikistli, con una sonrisa bondadosa.

No respondí. Mientras me debatía entre si debía darle un abrazo o no, me di cuenta de que lo que el Sueño trataba de decirme era que de mí dependía el salvar a mi hermana menor de su terrible destino.

Notas:

- Jean Lacoste y Alec Shanks son personajes creados por Lily de Wakabayashi.

- La actriz de Hollywood de ojos color violeta de la que Daisuke está hablando es Elizabeth Taylor.