Capítulo 12. Sin salidas fáciles.
Mi padre, el gran Genzo Wakabayashi, tiene una frase que le encanta repetirnos frecuentemente a mis hermanos y a mí (nunca he escuchado que se la diga a mamá, por cierto): "No hay salidas fáciles. Si quieres algo que valga la pena, tendrás que escoger el camino difícil". Yo siempre pensé, aunque me abstuve de decirlo en voz alta, que por supuesto que existen las salidas fáciles, que él quisiera complicarse la vida era otra cosa. Sin embargo, en esos momentos me daba cuenta de que, efectivamente, las salidas fáciles no son la mejor opción. No en nuestro caso, al menos, en donde una solución sencilla, como fingir que todo estaba bien, no iba a salvar a mi hermana. Por eso es que decidí dejar de intentar dormir y aceptar acompañar a mi madrina a beber algo, considerando que de cualquier modo el fugarme al mundo de los sueños no me estaba ayudando a liberar el estrés.
Eran las cinco de la mañana pero aun así Catrina se veía fresca como la madrugada misma; elegante y vestida de negro, como era su costumbre, removía con una cucharilla su café, al que le había echado al menos unas siete medidas de azúcar (es la única persona a la que le he visto comer tanta azúcar y no ponerse mal por ello). Ambos nos encontrábamos en la cocina, sentados ante la pequeña mesa que a veces fungía como comedor, y yo tomaba el famoso té con leche para las pesadillas que me preparé ya que, aunque le insistí mucho, mi madrina no me dejó tomar café.
- No es bueno para tu salud, aún estás joven para eso.- fue lo que me dijo cuando le pedí una taza de la bebida que se preparó.
Claro, y seguramente echarle siete sobres de azúcar a una tacita de café es buenísimo para la salud, pero me abstuve de hacer algún comentario al respecto.
- El té está bien para ti.- insistió Catrina cuando puse cara de decepción por no haber podido conseguir un poco de café.- Además, tu madre se enojará si te permito beber de este "veneno café".
- Como si ella no lo tomara.- repliqué en voz baja.
Vi que Catrina sonreía por lo bajo mientras le daba un sorbo grande a mi té caliente. No sé cómo es que esa bebida tan sencilla conseguía hacerme sentir mejor cada vez que la tomaba pero así sucedió también en esta ocasión.
- ¿Y bien?.- cuestionó Catrina mientras me miraba fijamente.- ¿Me vas a decir qué soñaste, Daisuke?
- Lo mismo que te conté cuando hablamos por teléfono la última vez.- respondí, apesadumbrado.- Ya sabes, el Sueño.
- Pero ha cambiado.- comentó Catrina, pensativamente.- ¿No es así?
- ¿Cómo lo sabes?.- me sorprendí.
- Porque cuando sueñas con el futuro, el Sueño cambia conforme los hechos se van modificando al momento de que van sucediendo.- contestó Catrina.- Así es como funciona esto, Daisuke.
Nunca comprendí cómo es que Catrina Mikistli podía hablar de estas cosas "fantasiosas" con tanta tranquilidad, como si supiera exactamente de qué estaba hablando. Sin duda, si el gran Genzo Wakabayashi supiera lo que Catrina pensaba sobre el futuro y sobre el "poder" de adivinarlo en sueños", habría creído que ella era una charlatana, una chiflada o ambas cosas, pero por la misma razón era que Catrina se cuidaba de sus palabras delante de él. Ella apreciaba a mi papá, por algo había consentido en ser madrina de uno de sus hijos, pero constantemente me decía que él tenía la mente muy limitada a pesar de ser tan inteligente. "Eso es algo en lo que no debes parecerte a tu padre, Daisuke", me dijo Catrina en alguna ocasión. "No cierres tu mente a aquello que no puedes explicar". Con tales antecedentes, Catrina era la única persona en la que podría confiar para contarle acerca de mi Sueño; quizás mamá me habría entendido también pero no quería sobresaturarla con cosas de niños pubertos, así que le conté a Catrina mi Sueño de principio a fin, con las modificaciones que tuvo la última vez.
- Ya veo.- Catrina dio un sorbo a su café.- Supongo que ya debiste haber averiguado que esto se relaciona con la enfermedad de Aremy.
- Sí, ya lo hice.- asentí.- Pero no sé cómo es que voy a ayudarla, realmente no lo entiendo. Y yo no quiero que mi hermana muera...
- Yo tampoco lo deseo.- dijo Catrina.- Puede ser que esté en ti la clave para salvarla. ¿Cómo? No lo sé, pero estoy segura de que tarde o temprano tú vas a descubrirlo.
Era tan confuso y desesperante, no quería seguir teniendo ese Sueño sin saber lo que significaba pero evidentemente no me quedaba más remedio que esperar a que algo cambiara en él, o que en la vida real hallara la respuesta que buscaba. Me sentí tan descorazonado que no tuve más remedio que cambiar el tema para que Catrina no lo notara. Ya había hecho bastante con escucharme y no reírse de mí como para mortificarla con mi desazón ante la falta de respuestas concretas.
- ¿Cuándo llegaste?.- pregunté.- Mamá no me avisó que llegarías hoy.
- Hace como dos horas.- respondió Catrina.- Y no lo hizo porque ella tampoco lo sabía, ya sabes que no tengo la costumbre de avisar cuando vengo a visitarlos, me gusta llegar de sorpresa.
- Sí, lo sé.- sonreí.- ¿Viniste sola?
- No, tu padrino vino conmigo.- aclaró Catrina, sonriendo también.- Como te dije, el mundo necesita descansar un poco y no lo podrá hacer si Demian Krieg sigue haciendo su trabajo.
Nunca he sabido realmente en qué trabaja mi padrino, Demian Krieg, el gran empresario. Sé que está a cargo de una compañía muy grande e importante en Berlín pero desconozco por completo a qué se dedica esta empresa, no sé si se encarga de fabricar automóviles o de exportar pescado y la verdad es que no me he esforzado mucho por averiguarlo. Mi madrina dice que hay cosas que es mejor no saber (?).
- Ya veo.- dije mientras miraba hacia la puerta de la cocina.- ¿En dónde está? Me gustaría mucho saludarlo.
- Y él quiere saludarte a ti, cariño.- Catrina sonrió dulcemente.- Sin embargo, él necesita dormir un poco más que yo así que está en la habitación de huéspedes, descansando, pero no te preocupes que para la hora del desayuno ya estará despierto y fresco, listo para hablar contigo.
Podía imaginarme perfectamente la escena: en esos momentos mi padrino debía estar tendido boca arriba en la cama, dormido con uno de sus brazos sobre los ojos, en una curiosa costumbre que, según él, le permite descansar mejor.
- Sí, entiendo.- me sentí avergonzado cuando me di cuenta de qué hora era.- Supongo que soy el único en esta casa que no puede dormir bien.
- No creo que seas el único, pero aunque lo fueras no tendría algo de malo.- replicó mi madrina.- Eres un niño que está pasando por un momento muy crítico y es normal que te sientas asustado. Lo que no está bien es fingir que no pasa nada, Daisuke, necesitas hablar con tus hermanos y tus padres para que te des cuenta de que no eres el único que se siente mal, el dolor compartido suele ser más llevadero que el que se sufre en soledad.
- No estoy muy seguro de que sufrir en compañía sea mejor que hacerlo solo.- rebatí, incómodo.- No imagino a mi seco y cerrado padre compartiendo sus temores conmigo.
- Tu papá es un buen hombre y te ama, Dai.- replicó Catrina.- Pero como buen hombre que es, es un completo inútil en cuestiones de sentimentalismos. Hay muchas cosas de él que no comprendo, quizás porque es hombre o porque viene de una cultura muy distinta a aquélla en la que yo me crié, y sabes que tampoco comparto su manera de pensar al cien por ciento, ni siquiera tu madre lo hace, pero sin duda que Wakabayashi está tratando de hacer lo mejor por su familia.
- Ya hablas como mi mamá.- suspiré.- De alguna forma o de otra, aunque aseguran entender mi sentir con respecto a lo estresante que es el ser el hijo mayor del gran Genzo Wakabayashi, acaban por pedirme que él sólo quiere lo mejor para mí. Supongo que tendré que empezar a creérmelo, si las mujeres adultas en quienes más confío me aseguran que así es.
- Sólo te estoy diciendo que te abras con los demás miembros de tu familia.- replicó mi madrina, sin inmutarse.- Pero si varias personas te decimos que Genzo está tratando de ser un buen padre, así es aunque no nos creas. Quizás luego te des cuenta de eso, Daisuke, no lo sé, lo que importa ahora es que sepas que no estás solo en esto, somos muchos los que sufrimos por la misma razón y lo mejor es que nos mantengamos unidos para hacerle frente a la adversidad.
Por supuesto que Catrina tenía razón pero en ese momento me negaba a aceptarlo. Bueno, que de cualquier modo me quedaba claro qué pensaba mi madrina sobre mi padre. Mi padrino, sin embargo, era otro cantar. Al igual que Catrina, Demian Krieg apreciaba a mis padres pero a diferencia de ella, él apoyaba todos mis actos de rebeldía. Constantemente me decía que yo tenía derecho a desarrollar mi propia personalidad y que no debía aceptar imposiciones totalitarias de nadie, pero no estaba seguro si me lo estaba diciendo en serio o si sólo se divertía jugando con mi mente. Creo que simplemente trataba de ayudarme a desarrollar mi personalidad y ésa era su forma poco ortodoxa de hacerlo. Sin embargo, cuando me reuní con él después del desayuno, Demian dejó de lado sus pláticas sobre anarquía (okey, exagero, dejémoslo en rebeldía), para decirme que en esos momentos debía actuar de acuerdo a las reglas porque mi hermana necesitaba todo el apoyo que su familia fuera capaz de darle.
- Hay momentos para dar guerra y momentos para mantenerse en calma, Daisuke, y éste es uno de esos momentos en los que hay que respetar la paz.- me dijo Demian, muy serio.- Se va a librar una batalla importante aquí y no vas a ayudar creando otra, así que mantente en calma todo lo que puedas.
- Eso intento aunque precisamente en este instante lo que más deseo es crear caos.- repliqué, enojado.
- Y en otras circunstancias te apoyaría.- mi padrino sonrió de oreja a oreja.- Pero no es el momento, créeme. Ya habrá otras ocasiones para poner el mundo cabeza arriba. Además, todos necesitamos un descanso de vez en cuando; mírame a mí, que tuve que tomarme un respiro para mantener el equilibrio.
- ¿No me dices frecuentemente que se debe ser un guerrero las 24 horas del día?.- insistí.
- Uno nunca deja de ser un guerrero aunque te tomes un respiro.- replicó Demian.- Pero para planear una buena estrategia es necesario detenerse para analizar el entorno con detalle. Estás a punto de librar una buena guerra, necesitas poner atención a estos momentos de calma para que después sepas como atacar.
Una de las cosas que más me gustan de mi padrino es que hablar con él es como hablar con un genio militar, todavía no me explico cómo es que no entró al ejército, con la enorme visión de tácticas de guerra que tiene. Ese día, sin embargo, se negó a hablarme de tácticas militares y me contó historias de la Segunda Guerra Mundial. Demian también es un apasionado de la Historia Mundial, sabe tanto sobre guerras que no me queda duda de que dedica todo su tiempo libre a leer sobre el tema, por eso es que puede presumir de sus conocimientos diciendo que ha estado presente en cada guerra que ha librado la Humanidad a lo largo de su existencia, aunque sería imposible para un ser humano saber toda la información que existe sobre esta temática.
No sé cuánto tiempo pasamos Demian y yo hablando sobre la Segunda Guerra Mundial, es más, no tengo una idea clara de qué otras cosas ocurrieron ese día, mi mente andaba en las nubes y me sentía fuera de lugar. El gran Genzo Wakabayashi debió adivinar que algo ocurría conmigo porque por ese día me dejó en paz, así que pude vagar en el limbo sin que alguien me molestara. Debí quedarme dormido en algún lugar, tal vez en la sala o quizás recargado contra la mesa del comedor porque no recuerdo haberme ido a acostar a mi cama y sin embargo ahí desperté, cuando el maldito reloj despertador quiso recordarme que la maldita vida sigue, a pesar de todo. Abrí los ojos deseando que lo ocurrido en los últimos días hubiese sido una pesadilla, pero bien que sabía que no era así.
- Otro maldito lunes.- gruñí mientras me vestía.- Un maldito lunes de escuela, para acabarla.
Cuando bajé a desayunar, usando el uniforme de la Wittelsbach que Mine se esforzó por planchar, encontré a papá sentado en la poltrona de cuero de la sala, leyendo el periódico, o mejor dicho, fingiendo leer el periódico porque no creo que hubiese estado poniendo atención a algo. Creo que ni siquiera había notado que yo estaba ahí hasta que le dirigí la palabra.
- ¿Cómo está Aremy?.- fue lo primero que pregunté, consciente de que el día previo no había puesto mucha atención a la salud de mi hermana.
- Descansando.- respondió el gran Genzo Wakabayashi, mirándome.
- ¿Pasó buena noche?.- quise saber, con cierta ansiedad.
- Supongo que quieres una respuesta directa, Daisuke.- suspiró Genzo.- Supongo que no quieres que te mienta.
- Así es.- asentí.- No me agrada que se le den tantas vueltas a las cosas.
- Nunca has sido un niño normal, Daisuke.- comenzó a decir mi padre.- Siempre has aparentado ser más maduro de lo que te corresponde por edad, con todo y que te gusta meterte en problemas.
- A ningún niño, normal o no, le gusta que le mientan, papá.- repliqué.- Menos cuando se trata de la salud de alguien de su familia.
- Lo sé bien, a mí tampoco me gustaba que me mintieran.- el gran Genzo Wakabayashi esbozó un gesto de resignación.- Puedo comprender cómo te sientes aunque yo no pasé por una situación como ésta a tu edad.
- ¿Entonces podrías dejar de darle vueltas al asunto y decirme cómo está Are?.- insistí.
- Aremy tuvo fiebre ayer.- respondió Genzo.- Tu madre me dijo que eso va a sucederle con mayor frecuencia y que no debemos alarmarnos demasiado, es sólo una respuesta de su organismo a la enfermedad.
- Ya veo.- murmuré, dejándome caer en un sillón frente a él.- ¿No puede hacerse algo para evitarlo?
- El tratamiento definitivo, el que ayudará a combatir la leucemia, comenzará pronto.- el gran Genzo Wakabayashi se veía muy sombrío.- Mientras tanto sólo podemos darle medicamentos para calmar sus síntomas más molestos, como la fiebre.
"Sus síntomas más molestos", vaya. Creo que mi hermana tenía mucho más que unos "síntomas molestos" por controlar, pero en fin, que había prometido que no crearía más caos del necesario. De cualquier modo, mis pocas energías acabaron yéndose por la cañería cuando escuché que mi hermana había tenido fiebre.
- ¿Quién va a quedarse a cuidarla?.- pregunté.
- Tu madre ha decidido que va a pedirle permiso a su jefe para dedicarse a cuidar de Aremy.- respondió el gran Genzo Wakabayashi.- Se lo darán porque se trata de un caso excepcional.
- ¿Y tú no piensas hacer lo mismo?.- quise saber, ansioso.- Estoy seguro de que el tío Karl también aceptará darte un permiso especial para que cuides de Are.
- Quiero hacerlo pero tu madre no quiere que lo haga.- el gran Genzo Wakabayashi exhaló con fuerza.- Asegura que ella sola se basta para cuidarla. Además, alguien debe hacerse cargo de Jazmín, de Ichimei y de ti.
- ¿Y vas a hacerle caso?.- cuestioné, bastante enojado.- Nosotros podemos cuidarnos solos.
- Daisuke, no quiero empezar una pelea otra vez.- mi papá se frotó los ojos con fuerza.- No voy a poner a tu consideración las decisiones que tome con respecto a mi trabajo. Y aunque Jazmín ya tenga dieciséis años, sigue necesitando de un padre que la cuide y la guíe, al igual que Ichimei y que tú. Si en algún momento se hace indispensable que pause mi colaboración como entrenador de porteros para ayudar a Aremy, ya hablaré con Schneider al respecto pero mientras tanto no quiero escuchar ni una sola palabra más al respecto.
Me di cuenta entonces que el gran Genzo Wakabayashi tenía ojeras enormes debajo de los ojos. Quizás se pasó toda la noche ayudando a mamá a cuidar de mi hermana y yo estaba cuestionándole sus deberes como padre pero realmente me enojaba que él no hubiese renunciado inmediatamente a su trabajo para cuidar de Aremy como sí lo hizo mi madre. Estaba por desobedecerlo y hacerle notar esta cuestión cuando Benji bajó las escaleras, seguido por Jazmín, y mis intentos de rebelión quedaron frustrados por un triste y deprimente desayuno. Rato después, mi padre nos condujo a la escuela en el más absoluto silencio, cosa que me irritó todavía más. ¿Por qué le costaba tanto trabajo a mi padre el acercarse a nosotros? También somos sus hijos, es cierto que su hija menor estaba enferma pero, aunque me duela decirlo, Aremy no es su única familia, también estamos Jazmín, Benji y yo, y también mamá estaba sufriendo. ¿Por qué insistía el gran Genzo Wakabayashi el encerrarse en sí mismo en vez de acercarse a nosotros, el muy egoísta? Ya, que me estoy comportando de una manera muy infantil...
Ese fue un lunes de mierda, como nunca antes lo había tenido en mi corta vida. Con tantas malas noticias, olvidé que el viernes anterior mi grupo tuvo la prueba de francés y, al no acudir ese día a la escuela, no la pude presentar. Sin embargo, la profesora ya estaba enterada de lo que había sucedido gracias a que mi padre había hablado con ella y me perdonó la falta aunque me dijo que tendría que tomar el examen por fuerza ese día para no reprobar la asignatura, así que no me quedó más remedio que acudir al pabellón de los condenados. No necesito decir que me fue muy mal, las palabras se me confundieron y los verbos se enredaron en mi cabeza, además de que no fui capaz de redactar el ensayo de cien palabras que exigía la prueba, a lo mucho habré llegado a las setenta. Ni hablar, si no reprobaba sería por puro milagro y a esas alturas ya no creía mucho en los milagros.
- Debiste haberle dicho a la profesora que no estabas en condiciones de presentar un examen.- me dijo Chris, a la hora del receso.- Estoy convencido de que te dará una prórroga si se la pides.
- Y si ella no acepta seguro que el director lo hace.- añadió Marko.- No son cerrados para esas cosas.
- Si hago eso, mi padre dirá con justa razón que no sé afrontar mis derrotas.- repliqué, moviendo la cabeza en un gesto negativo.- Y que sólo busco pretextos para justificarme.
- ¿Sabes? Creo que te preocupa lo que tu padre piense de ti más de lo que quieres admitir.- comentó Claude.- Como que muy en tu interior buscas su aprobación.
No respondí. No estaba de humor para discutir. Después de un rato se nos unieron Erick, Adler y Mijael pero yo no estaba de humor para hablar con ninguno, a pesar de que todos se estaban esforzando por hacerme sentir mejor. Me sentía extraño, como si de repente alguien hubiera decidido que yo no pertenecía a ese grupo porque mis amigos tenían a sus familiares felices y sanos mientras que mi propia familia amenazaba con fragmentarse. No sé si eran las hormonas adolescentes las que me hacían tener esos pensamientos tan idiotas pero tampoco me interesaba saberlo. No me había dado cuenta de que mi hermano no se nos había unido hasta que llegó Jazmín y me tomó de la mano para llevarme consigo.
- Se los regreso en un rato.- dijo ella, sonriéndoles a mis amigos.
Caminé tomado de la mano de mi hermana durante un rato, sintiéndome extraño y reconfortado a la vez. Extraño porque ya no teníamos edad para andar haciendo esas cosas, y reconfortado porque ella era una de las pocas personas que sabían cómo me sentía. Jaz me llevó hasta una jardinera en donde nos esperaba Benjamín; él se veía tan pálido y enfermo como seguramente nos veíamos nosotros pero sonrió genuinamente al vernos.
- Perdonen que los haya separado así de sus amigos, Ichi y Dai.- nos dijo Jazmín.- Pero necesitaba hablar con mis hermanos, los únicos que comprenden lo sola que me siento.
- No te preocupes.- le dije.- Yo también me estaba sintiendo incómodo.
- ¿No les has contado todavía a tus amigas lo ocurrido?.- Benji hizo la pregunta que yo estuve a punto de formular.
- No a todas.- negó mi hermana.- Lo saben Danielle, Valerie, Lorelei, Maia, Giovanna y Lizzie, nada más. Básicamente sólo se lo conté a mis primas o a gente muy cercana a nosotros.
- ¿Y entre ellos está Kentin Hyuga?.- la cuestioné, mordaz.
- No tiene derecho a saberlo.- respondió mi hermana, enojada.- No se ha comportado muy bien que digamos en los últimos días. Es cierto que me dio un obsequio en mi cumpleaños pero se la ha pasado los últimos días criticando a Mijael en mi presencia a pesar de que ya le he dicho en varias ocasiones que eso me molesta mucho.
- Noticia de última hora: el tipo es un idiota, Jaz.- señalé, con cierta acidez.- No sé por qué has tardado tanto en darte cuenta.
Pensé que mi hermana me regañaría pero en vez de eso me sonrió. Yo me sentí aliviado, la verdad me habría enfermado saber que Kentin estaba al tanto de la enfermedad de Aremy. Él era un Hyuga, no era cercano a nuestra familia, no tenía derecho a enterarse de cosas tan personales y si yo fuera Jazmín, hacía mucho que lo habría mandado al carajo.
- No es tan idiota.- señaló Jaz, después de un rato.- Es atento y sensible cuando quiere.
- Palabras clave: cuando quiere.- intervino Benjamín.- ¿No será que estás queriendo ver en él cosas que no existen, Jaz?
- No lo sé, Ichi.- suspiró mi hermana.- Estaba muy enojado porque Danielle no lo invitó a mi fiesta y porque yo no le llamé en el momento en el que empezó para que acudiera, pero creo que lo que más le molesta en realidad es el hecho de que Mijael sí estuvo presente. Como dije, se la pasa criticándolo por todo y ni siquiera sé por qué lo hace.
Bueno, que eso de criticar a Mijael Schneider sin motivo aparente se estaba volviendo una moda; si no, que se lo pregunten a Edward Cruyffort. Qué bueno que Edward y Kentin no aplicaban lo de "el enemigo de mi enemigo es mi aliado", o las cosas podrían ponerse muy pesadas para Mijael en la escuela.
- Si me lo preguntas creo que, si pudiera, Kentin nos criticaría a todos, incluyéndonos.- replicó Benji, tomando la mano de nuestra hermana.- Da la impresión de que sólo se contiene porque sabe que llevaría las de perder si se le ocurriera retar abiertamente a cualquiera de nosotros. Es uno de los estudiantes de intercambio menos queridos en la Wittelsbach, al menos entre los alumnos.
- Los profesores tampoco parecen tolerarlo mucho, a pesar de que es un buen estudiante.- dijo Jazmín.- Es culpa de esa actitud tan cortante que suele tener la mayor parte del tiempo.
- Bueno, pues todo eso es culpa suya.- bufé.- ¿Qué necesidad tenía de llegar con aires de superioridad, haciéndonos sentir que esta escuela es demasiado poca cosa para él? Era obvio que, si venía con esa actitud, nadie aquí lo iba a recibir bien. Si no le gusta la Wittelsbach bien podría haberse quedado en su escuelita italiana, ni siquiera sé por qué alguien como Kojiro Hyuga consentiría en que su vástago se largara a estudiar solo a Alemania.
- Kentin me dijo que tuvo que insistirle mucho a su padre para que lo dejara venir.- contestó Jazmín, pensativa.- Se le escapó decirme que lo convenció tras asegurarle que quería hacerlo para derrotar al hijo del Káiser en su propio terreno.
- Pues vaya pretexto tan más estúpido para venirse de intercambio.- señalé, y mis hermanos estuvieron de acuerdo.
- Oye, Jaz, aquí hablando en confianza.- dijo Benji, con cautela, como si supiera que estaba metiéndose demasiado en los asuntos de mi hermana.- Acláranos una cosa a Dai y a mí, prometemos que no diremos nada de lo que nos digas: ¿Eres novia oficial de Kentin?
- Así como que "oficial", no.- negó mi hermana.- Como diría Danielle, sólo "andamos" pero no somos novios oficiales aunque creo que él no necesita de una confirmación para considerarme como "su chica". Esto también me molesta mucho y se lo he hecho saber pero no quiere entender.
- Quizás necesite de un par de golpes para hacerlo.- repliqué, con un gruñido.- Vaya idiota.
Los tres nos quedamos callados durante un buen rato, contemplando el patio de receso sin hacer caso de las muchas llamadas de atención que nuestros primos y amigos nos hacían para que fuéramos a reunirnos con ellos. La sensación de que habíamos dejado de pertenecer a ese sitio se hizo más fuerte y nos deprimió mucho a los tres. Sólo queríamos que ese lunes de mierda se acabara de una buena vez por todas.
- ¿Saben? Siento tristeza y mucha, mucha vergüenza.- comentó mi hermana, luego de un buen tiempo.
- ¿Por qué?.- quise saber.- Es decir, entiendo lo de la tristeza pero, ¿a qué viene la vergüenza?
- A que a últimas fechas he estado tan ocupada con mis propios asuntos que no les he puesto mucha atención, ni a ustedes ni a Aremy.- se disculpó mi hermana.- Sobre todo a ella… Yo debí haberme dado cuenta desde hace tiempo que algo no andaba bien con Are, hemos pasado mucho tiempo juntas y la había visto cansarse muy fácilmente cuando salíamos a montar a caballo, ya había notado que eso no estaba bien y sin embargo no di la voz de alarma. Si hubiera hablado antes con mamá y papá, probablemente esto no estaría ocurriendo.
- Jaz, por lo que alcancé a entender, a Are le hubiera dado leucemia independientemente de si lo hubiéramos sabido antes o no.- repliqué.- Quizás lo único que cambiaría sería que nos habríamos dado cuenta hace tiempo de que ella está enferma.
- Aun así me siento culpable.- Jazmín agachó la cabeza.- He tenido la mente ocupada con ese estúpido concurso de baile. ¿Cómo permití que algo tan banal me impidiera ver que algo malo le ocurría a mi hermanita? Debo ser la persona más superficial del mundo.
- No digas eso, Jaz, no lo eres.- negó Benji.- Si a ésas vamos, todos estábamos demasiado ocupados con nuestros proyectos y no nos dimos cuenta de que Aremy nos necesitaba. Los tres somos superficiales y malos hermanos, en ese caso.
- Por supuesto que no lo son.- negó mi hermana.- Yo soy la mayor y debí estar más al pendiente.
- Y yo soy el protector de Aremy y Benji es su gemelo.- repliqué.- Si nos ponemos a pensarlo con detalle, todos teníamos la obligación moral de velar por ella y le fallamos. Concuerdo con Benji, los tres somos malos hermanos y tuvo que venir a pasarnos algo como esto para que nos diéramos cuenta de eso.
- La verdad es que creo que dejé que la popularidad se me subiera a la cabeza.- murmuró Jazmín.- Eso me impidió ver lo que estaba pasando en mi propia casa.
- Es broma, ¿no?.- Benji puso los ojos en blanco al tiempo que yo me reía a carcajadas.- A ti nunca te ha preocupado ser popular, Jaz.
- Precisamente por eso, Ichi.- replicó mi hermana.- Últimamente sentía que mis compañeros se apoyaban más en mí y eso me gustaba porque me agrada ayudar a la gente que lo necesita; desgraciadamente no me di cuenta de que, al ayudarlos a ellos, los estaba dejando a ustedes de lado.
- Eso no es totalmente cierto.- negué.- No es como si hubiéramos ido a buscarte y nos hubieras mandado por un tubo, siempre has estado ahí para nosotros, Jaz.
- Y no se te ha subido a la cabeza lo de "ser popular".- añadió Benji.- Tú ni siquiera sabes lo que eso significa, querer ser popular es esforzarte por llamar la atención de la gente y tú atraes la atención de todos sin necesidad de mover un dedo porque eres especial.
- Gracias, Ichi.- Jazmín nos dio un abrazo a ambos.- Gracias, Dai.
Permanecimos un buen rato abrazados a Jaz sin decir palabra alguna. Cuando pensé que terminaría el receso sin que alguien añadiera algo más a lo ya dicho, escuché a mi hermano emitir el pensamiento que todos teníamos en ese momento.
- Extraño mucho a Are.- musitó Benji.
- Yo también.- murmuré.
- Y yo.- suspiró Jazmín.
Estoy seguro de que los tres pensamos que debíamos estar con Aremy en vez de estar perdiendo el tiempo en la escuela, pero habíamos prometido portarnos bien y enfocarnos en nuestras actividades así que no nos quedó más remedio que seguir adelante con ese lunes de mierda. En el entrenamiento de la tarde no me pude concentrar. Quizás existan personas que pueden realizar una cirugía cerebral o construir un rascacielos mientras tienen miles de problemas ocupando su mente pero yo no soy una de ellas, o al menos no lo era en ese momento. En ese lunes de mierda, Erick y Adler me anotaron varios goles.
- ¿Qué es lo que te pasa, Wakabayashi?.- me preguntó el entrenador Köpke, quien seguía sin saber qué ocurría con mi familia, para mi buena suerte.
- No estoy en mi mejor forma.- repliqué.
- Eso se nota.- gruñó el hombre.- A este paso creo que tendré que cambiar mis planes para poner a alguien más de titular en el próximo partido.
Vaya, que lo dijo como si fuese una especie de castigo. A esas alturas, mis deseos de seguir jugando fútbol eran tan grandes como los que podría tener cualquier persona de recibir una patada en el estómago. Cansado, me quité los guantes y me acerqué a la banca para tomar un poco de agua; a duras penas me di cuenta de que Giovanna estaba ahí, así de miserable me sentía.
- Hola, Dai.- me saludó ella, muy dulcemente.- ¿Cómo estás?
- De la shingueé.- respondí, en perfecto francés irónico, aunque después me corregí.- Fatal, Gio, sinceramente.
- Lo entiendo.- murmuró Giovanna.- Y no es para menos. Si necesitas algo, hablar con alguien, desahogarte, llorar o simplemente tener compañía, llámame.
¿Era en serio? Ya Giovanna me había hecho esa oferta el sábado anterior pero pensé que lo estaba haciendo por compromiso, y no porque ella no fuese comprensiva sino porque creí que preferiría apoyar a mi hermana. Debí haber puesto cara de sorpresa porque Gio se apresuró a explicarse.
- Sé lo que estás pensando.- ella pareció leerme la mente.- Creíste que iría a ayudar a Jazmín a pesar de que ya te había dicho que podías contar conmigo, ¿no es cierto?
- Algo así.- confesé, avergonzado.- No es por mal plan, es que pensé que…
- No necesitas decirlo.- Giovanna me interrumpió.- No te lo dije por compromiso, fue en serio. Por supuesto que me encantaría apoyar a Jazmín, la quiero mucho y es una de mis amigas más cercanas pero ella tiene a mucha gente que la apoye y me parece que tú no. No es que no tengas amigos, me consta que tienes muchos, pero quizás no te sientes en confianza con ellos para decirles lo que realmente piensas. Quizás el único con el que te podrías abrir completamente es con Mijael pero casi te puedo apostar que prefieres que él esté con Jaz, ¿no es así?
- Sí.- respondí, asombrado de que ella hubiese adivinado mis sentimientos con tanta exactitud.- Exactamente es así como me siento, Gio.
- Por eso es que prefiero apoyarte a ti.- Giovanna me apretó el brazo con calidez al tiempo que me sonreía.- No estás solo, Dai, estaré a tu lado cada vez que me necesites.
- Gracias, Gio.- sonreí, realmente conmovido.
En ese momento, casi hubiera podido jurar que yo le gustaba un poco a Giovanna Ferrari. Casi. Ya he dicho miles de veces que me gusta Giovanna, muchísimo, pero creo que me enamoré de ella en ese momento en el que adivinó mi forma de sentir. Muchas veces ese ángel pelirrojo me salvó de hundirme, cada vez que caía ella siempre encontraba la manera de levantarme. A partir de ese día, Gio y yo encontramos la forma de reunirnos para hablar sobre cualquier tema y si no podíamos vernos nos mensajeábamos por teléfono o por chat. Esas pláticas fueron la base de una relación que se haría muy fuerte con el paso del tiempo pero ésta es otra historia que tendré mucho gusto de contar después.
- Voy a regresar al entrenamiento.- dije, una vez que Gio y yo acabamos de ponernos de acuerdo para hablar por chat más tarde.- No vaya a ser que el entrenador me expulse del equipo.
- Si no te pone de titular será porque es un idiota y porque no sabe reconocer el talento cuando lo ve.- replicó Giovanna, con energía.- Mejor portero que tú no hay, aunque no te guste admitirlo.
- Gracias pero me das mucho mérito.- me reí, bastante animado por su comentario. Sin duda que en ese momento hubiera podido parar unos mil tiros a gol lanzados por Messi.
- No soy dada a sobrevalorar a la gente, Daisuke Wakabayashi, que te quede claro.- puntualizó Giovanna, agitando su cabello.- Eres el mejor y lo sabes.
Lástima que el entrenador Köpke no estaba de acuerdo con ella y que mi leve levantón de ánimo no fue suficiente para hacerlo cambiar de parecer; al final del entrenamiento, el hombre anunció que el portero titular del próximo partido no sería yo sino Margus Hoffman, mi suplente. De mis futuros desempeños en los entrenamientos se vería si podría recuperar la titularidad pero mientras tanto ésta estaba en duda ya que era evidente que no me encontraba "en mi mejor momento".
Fabuloso. Seguro que mi padre, el gran Genzo Wakabayashi, va a saltar de gusto cuando se entere. Maldito lunes de mierda.
Notas:
- Demian Krieg es un personaje creado por Elieth Schneider y usado con su expreso consentimiento.
- Había olvidado comentar que en este fanfic se estrenó el nuevo nombre japonés de mi OC Benji Wakabayashi, Ichimei, ya que el anterior era Genzo y nunca terminó de convencerme para él.
