Capítulo 13. Deseos ocultos.
Pues ni qué decir, ya sabía que esto iba a pasar. Al gran Genzo Wakabayashi no le cayó en gracia que el entrenador me hubiese puesto de suplente para el siguiente partido y, para variar, me echó la culpa a mí en vez de a él (ciertamente que era yo el culpable y no Köpke pero mi padre no me dio ni el beneficio de la duda). Lo que no sabía era que el gran Genzo Wakabayashi había llegado al entrenamiento más temprano que de costumbre, gracias a que había llevado a mi madre y a mi hermana al hospital, y había visto mi patética actuación, de manera que no puso cara de sorpresa cuando el entrenador se acercó a él para avisarle que mi desempeño había sido muy pobre y que necesitaba que "me ayudara con mis fallas". Mi padre puso tal gesto de inconformidad y enojo que yo estaba seguro de que me iba a caer un buen castigo por haber perdido la titularidad, aun cuando ése no fuese un motivo válido para castigarme.
- No puede ser que no te vaya a dejar jugar el próximo partido.- gruñó el gran Genzo Wakabayashi cuando el señor Köpke se marchó.- Claramente se ve que eres mejor que ese Hoffman.
- Uhm.- gruñí.- Pues ya ves que no lo soy tanto.
- No te ves molesto por la situación.- hizo notar mi sapientísimo padre.- Pareciera como si no te importara en lo absoluto.
¡Wow! ¿Tú crees, papá? ¿Y a qué piensas que se deba? ¿Crees que la enfermedad de mi hermana tenga algo que ver con el hecho de que no tenga ganas de jugar un estúpido partido de fútbol?
- No tuve un buen día hoy, no estoy en mi mejor forma.- repliqué, aguantándome las ganas de responderle como quería.- Me he esforzado por intentar seguir adelante con mi vida normal pero no es tan fácil como parece.
- Supongo que no puede pedírsele mucho a un niño de catorce años.- mi padre se veía muy serio aún.
- Trece, papá, aún tengo trece años.- lo contradije, nomás por el placer de hacerlo.
Si el gran Genzo Wakabayashi hubiera dicho que tengo trece años, entonces yo le habría contestado que estoy por cumplir los catorce. No sé por qué me dicen que soy muy maduro para mi edad cuando me empeño en seguir con estas actitudes que resultan tan infantiles. Mi padre analizó mis palabras y se dio cuenta de que traía ganas de ser rebelde con él, por lo que optó por ignorarme.
- Vámonos ya, Daisuke, tus hermanos se han ido con los Schneider así que sólo quedamos nosotros y se está haciendo tarde.- fue lo que dijo.
Casi podría asegurar que la frase "no puede pedírsele mucho a un niño de catorce años", la dijo con sarcasmo y, tal vez, un poco de decepción. Era como si cada cosa que yo hiciera o dijera pasara por el filtro de sus propias experiencias, la comparara con ellas y decidiera que no había actuado a la altura de sus estándares de calidad. Con un carajo, ¿por qué es tan difícil ser hijo de este hombre? Y por supuesto que no me equivoqué cuando supuse que el gran Genzo Wakabayashi me soltaría el regaño en el viaje de regreso a casa, aprovechando que estábamos a solas.
- ¿Qué es lo que te pasa, Daisuke, en verdad?.- preguntó mi padre.- Jugaste pésimo hoy, es por eso que el entrenador no te puso de titular para el próximo encuentro. Adler y Erick te anotaron con tiros muy fáciles que tú sabes detener desde los diez años, yo te enseñé a hacerlo. ¿Por qué no jugaste hoy a tu máxima capacidad?
- Sólo me sustituyeron para un partido, no me voy a morir por eso.- contesté, con un gruñido.- Sigo siendo el portero titular y Hoffman sigue siendo mi suplente.
- No me hables en ese tono.- advirtió el gran Genzo Wakabayashi, quien comenzaba a enojarse.- Y el hecho de que seas titular no te garantiza que vas a jugar. ¿Sabes cuantos porteros titulares se han quedado en la banca por culpa de sus malas actuaciones?
- Hablas como si me hubieran castigado para la final de la Copa del Mundo.- repliqué, molesto yo también.- Es sólo un simple juego, no una pelea a muerte, papá, ya relájate.
El gran Genzo Wakabayashi frenó frente a nuestra casa, aplicando al pedal mayor fuerza a la necesaria, lo que provocó que yo saliese impulsado hacia adelante; qué suerte que el cinturón de seguridad hizo bien el trabajo que tenía de impedir que mi cabeza chocara contra el parabrisas. De cualquier modo había sido culpa mía, sabía que lo había provocado al decir la última frase pero no me importó. En ese lunes de mierda, mi padre podía irse al carajo junto con todo lo demás que no fuera mi hermana enferma (y mi madre, hermanos, amigos íntimos y Giovanna Ferrari, por supuesto).
- Esto no es un simple juego, Daisuke.- me dijo el gran Genzo Wakabayashi, muy enojado.- A tu edad, el sóccer era mi vida.
- ¿Sí? Pues te tengo noticias.- grité.- ¡YO NO SOY TÚ Y EL SÓCCER NO-ES-MI-VIDA! Para ti todo fue muy fácil, ¿no? Como un cuento de hadas. Tú y tus grandes amigos dedicaron sus vidas al fútbol, se esforzaron y consiguieron que Japón ganara su primera Copa del Mundo y después de eso brillaron en los mejores equipos de fútbol y fueron felices por siempre. Nunca has tenido dificultades reales, papá, provienes de una familia de millonarios, tuviste tu propio entrenador personal y te fue de lo más fácil el marcharte a un país extranjero ubicado al otro lado del mundo para poder triunfar en un equipo europeo. ¡Pero el hecho de que a ti todo te haya salido bien no significa que a tus hijos les va a ir bien, nosotros no tenemos tan claro cuál será nuestro futuro y aunque a ti tus hermanos te hayan importado un carajo eso no significa que a mí no me importe que se muera mi hermana!
Me bajé del coche y azoté la puerta con fuerza, entrando después a la casa con la furia de un huracán, equiparable sólo a la energía que suelta Mijael Schneider en sus periodos de hiperactividad. A media escalera me enojé conmigo mismo por haber sido tan dramático pero ya era demasiado tarde para arrepentirse. Me encerré en mi cuarto a piedra y lodo, jurando que sólo me sacarían de ahí cuando mi cuerpo putrefacto hiciera insoportable el olor de la casa. Por mí, el gran Genzo Wakabayashi podía irse al infierno y mucho más lejos.
Sin embargo, pronto habría de darme cuenta de que ese lunes de mierda estaba lejos de terminar: cuando se me pasó la rabia noté que en mi escritorio había un sobre que tenía toda la pinta de ser importante, pues llevaba impreso el logotipo de la Japan Football Association, es decir, la Asociación Japonesa de Fútbol. ¿Qué hacía la JFA mandándome sobres oficiales a mi domicilio? ¿No habrán querido enviárselo a papá y por equivocación Mine lo puso en mi escritorio? No, sin duda alguna que la carta es para mí, está rotulada con mi nombre, Daisuke Wakabayashi. ¿Qué rayos es esto? ¿A poco la JFA sigue usando el correo tradicional como forma de comunicarse con alguien en plena era tecnológica?
No voy a negar que sentí curiosidad cuando abrí el sobre para leer su contenido, pero aquélla pronto se transformó en rabia cuando supe de qué iba el asunto: Tsubasa Ozhora, el entrenador de la Selección Sub-16 japonesa, estaba convocándome para jugar con Japón como portero. ¿Qué? Es una broma, ¿no? Seguramente todo es culpa de mi papá, él debió pedirle a su amigo que me enviara esta carta para hacerme una jugarreta. Sí, es seguro que eso es lo que pasó porque, ¿por qué motivo querría Tsubasa Ozhora convocarme para su equipo? Yo todavía no cumplía los catorce años, aunque estaba cerca de hacerlo, y no es como si me hubiese destacado a nivel internacional como para llamar la atención de alguien importante fuera de Alemania, así que sí, sin duda mi papá le pidió al señor Tsubasa que me hiciera esta broma para reírse un rato a costa mía. El asunto tenía lógica excepto por una cosa…
El gran Genzo Wakabayashi no hace este tipo de bromas.
Me quedé mirando el sobre durante un buen rato. Era legítimo y oficial, no podía equivocarme al respecto, el papel y el sello eran difíciles de imitar a ese grado de precisión, o por lo menos era difícil para aquéllos que también podrían jugarme una broma, como Mijael, Claude o Adler. Además, ellos me habrían enviado un email, no una carta. Por más vueltas que le daba al asunto, por más explicaciones que trataba de encontrar, mi cerebro una y otra vez llegaba a la misma conclusión: la carta es oficial y, por tanto, la convocatoria para formar parte del equipo sub-16 de Japón es real.
- No.- dije, cuando al fin admití lo innegable.- No quiero hacerlo. No es el momento.
Una vez que acepté que Tsubasa Ozhora, el Prodigio del Sóccer Japonés, el que llevó a Japón a conquistar su primera Copa del Mundo, me quería en su equipo juvenil para intentar repetir las hazañas que él logró de niño con la ayuda de mi padre y de otros más, tomé la decisión más rápida de mi vida. Una de las ventajas de que mi padre, el gran Genzo Wakabayashi, fuese tan cercano al Prodigio del Sóccer Japonés era que yo tenía una manera rápida e informal de comunicarme con éste: en varias ocasiones Tsubasa Ozhora me envió algunos mensajes electrónicos para felicitarme por cumpleaños o por algún evento importante mío, más como, estoy seguro, cortesía para mi papá que por auténtico interés por mí, así que no me costó trabajo encontrar en mi cuenta de Gmail su dirección de correo electrónico. Abrí una pestaña para un mensaje nuevo y me dispuse a darle contestación a su carta. Me importaba poco si ésta no era la mejor forma de decirle "no" a alguien, realmente no tenía ganas de andarme con cortesías. Una vez que terminé de redactar el mensaje, de releerlo varias veces para asegurarme de que no había pie a malinterpretaciones y de enviarlo antes de darle la oportunidad al gran Genzo Wakabayashi de enterarse de qué estaba yo haciendo, me tumbé en la cama dispuesto a cumplir con mi reclusión eterna.
Mientras enterraba la cabeza bajo la almohada, mi inútil y estúpido cerebro me hizo ver que no debí haber asegurado que todos los hijos del gran Genzo Wakabayashi no sabíamos qué haríamos con nuestras vidas puesto que Jazmín, Benji y hasta la propia Aremy ya tenían una idea de lo que querían hacer de adultos para ganarse el pan. Sólo yo no sabía qué camino seguir, sólo yo me resistía a aceptar cualquier salida, por buena que fuera. Sólo yo eran tan patético para negarme a reconocer que algo me gustaba sólo porque había sido una "imposición" de mi padre…
Supe que me quedé dormido cuando unos golpecitos dados a la ventana me despertaron. Fui a abrir, adormilado, y me encontré a Mijael mirándome preocupado. Supuse que el chisme de mi mal comportamiento ya se había corrido en mis círculos cercanos a juzgar por su expresión. Espera que fuera eso y no la carta de la JFA lo que había llamado la atención de mi amigo.
- Oye, Daisuke, ya se inventaron los cepillos y los peines, ¿sí sabías, no?.- dijo él, a manera de saludo.
- No molestes, Fede.- gruñí.- ¿Qué hora es?
- Pasan de las cinco.- respondió Mijael.- ¿Te sientes mal, Daisuke?
Fue hasta la segunda vez que él me dijo Daisuke que noté que mi mejor amigo estaba tratándome con demasiada condescendencia. Mijael jamás se dirigía a mí por mi nombre, no desde que Benji empezó a decir sus primeras palabras y me llamaba "Chuke", al no poder pronunciar Daisuke de manera correcta. Al Fede le había hecho tanta gracia el sobrenombre por su parecido con Chucky, el muñeco diabólico de esa película de terror tan famosa, que terminó por convertirlo en mi apodo permanente. Mijael no me llamaba Daisuke bajo ninguna circunstancia, hasta en los entrenamientos o en la escuela se dirigía a mí usando mi apellido, así que me llamó la atención que en ese momento sí estuviese usando mi nombre de pila.
- El que me digas "Daisuke" en vez de "Chucky" no hará que yo te llame "Mijael" en vez de "Fede".- señalé.- ¿Qué carajos te pasa?
- Es lo que yo venía a preguntarte a ti.- suspiró Mijael.- ¿Puedo pasar?
- Sí, dale.- regresé a mi cama y Mijael entró en mi habitación de un salto.- ¿Qué sucede?
- Pues dímelo tú, no fui yo quien hizo un drama de niña adolescente azotando la puerta del carro de mi padrino.- replicó Mija.- ¿Qué pasó?
- Ah, te diste cuenta de eso.- me dejé caer en la cama.- Pensé que nadie me había visto.
- Jaz y yo estábamos en la sala, estudiando, cuando escuchamos el patinazo que dio mi padrino al frenar y nos asomamos para ver lo que ocurría.- Mijael se trepó a la silla de mi escritorio.- Así que nos dimos cuenta de que ustedes discutieron, a juzgar por la forma tan violenta en la que entraste en la casa. ¿Qué te dijo tu papá esta vez?
- Me regañó por haber perdido la titularidad.- contesté, enojado.- Y se puso peor cuando le dije que el sóccer no es mi vida.
- ¿Qué? ¿Cómo que perdiste la titularidad?.- Mijael abrió mucho los ojos, por la sorpresa.
Oh, es verdad, que Mijael no fue al entrenamiento y no se enteró de la decisión del señor Köpke, y al parecer mi padre no la había hecho pública, al menos no hasta ese momento.
- Si hubieras ido al entrenamiento lo sabrías.- gruñí.- Köpke no me va a poner de titular para el próximo partido porque me equivoqué de obra y actué como una coladera en vez de hacerlo como un portero. Mi papá se enteró, se enojó por eso, me enojé porque él se enojó y discutimos.
- Ey, estoy de tu lado.- Mijael alzó las manos para calmarme.- No te pongas así, no creas que falté al entrenamiento por gusto, tuve una buena razón.
- ¿Ah, sí? ¿Y cuál fue?.- quise saber, mientras agarraba una pelota de béisbol para comenzar a lanzarla hacia arriba y tratar de atraparla antes de que cayera al suelo.
- Es una de las cosas de las que te quería hablar pero primero acaba de contarme lo de mi padrino.- respondió Mijael, bajándose de la silla para sentarse en ella.
- Pues básicamente eso.- suspiré. La pelota rebotó en mis manos con fuerza.- No jugué bien hoy, no estoy en mi mejor forma y no quise decirle al entrenador cuál es la razón, así que él decidió sustituirme por Hoffman para el próximo partido. Mi padre se enojó porque cree que todo es mi culpa y, aunque en esto tiene razón, no tiene derecho a enojarse porque para mí el fútbol no es mi máxima prioridad ahora. Insiste en decirme que a mi edad, su vida giraba alrededor del sóccer.
- Y él espera para ti sea igual.- Mijael suspiró.- Creo que mi padrino está llevando muy lejos este asunto de querer que sigas sus pasos.
- Y se va a poner peor.- me levanté para tomar la carta de la JFA, que había acabado en el cesto de la basura.- Lee esto.
Mijael tomó la carta y se dispuso a verla. Vi cómo se iba sorprendiendo más y más conforme iba enterándose de su contenido; cuando acabó de leerla la hizo bola y la arrojó nuevamente al bote de la basura.
- Esto es serio, Chucky.- me dijo, sin sonreír.- ¿La Selección Nacional de Japón? ¿La oficial?
- La Sub-16, al menos.- me encogí de hombros.- No es como si fuera tan importante.
- ¿Y qué vas a hacer?.- noté que Mijael se puso tenso.- ¿Vas a aceptar?
- No.- negué, enérgicamente.- En lo que menos pienso es en jugar algún estúpido partido internacional. Sé que es altamente probable que el señor Tsubasa no tenga idea de que mi hermana está enferma, lo cual sería raro considerando que supuestamente es muy amigo de mi papá, pero aun así me siento muy enojado con él por ocurrírsele enviarme esta estúpida convocatoria justo ahora. Peor momento no pudo haber elegido.
- ¿Vas a negarte, entonces?.- quiso saber Mijael.
- Ya lo hice.- contesté.- Le envié un correo electrónico al señor Tsubasa hace un rato.
- Ya veo.- Mijael daba vueltas en mi silla giratoria.
- Voy a decirte algo, Fede, pero no se te ocurra decírselo a alguien, ni siquiera a Jaz.- anuncié, bajando la voz.
- Sabes que puedes confiar en mí, tarado, no necesitas aclararlo.- replicó Mijael, sin dejar de dar vueltas.- ¿Qué pasa?
- No me entusiasma mucho la idea de jugar para Japón.- confesé, suspirando.- No sólo porque Are está enferma, no me entusiasma porque realmente no me siento muy japonés que digamos.
- Ajá.- Mijael bruscamente dejó de girar en mi silla para mirarme de frente.
- Creo que también influye el hecho de que no conozco a ninguno de esos tipos.- continué.- A lo más que he llegado es a hablar en algunas ocasiones con Hayate y Daibu Ozhora pero no es como si fueran mis amigos. Y por supuesto que ya sabes lo mal que me llevo con Kentin Hyuga, no me entusiasma para nada tenerlo de compañero de equipo.
- Ah, los gemelitos Ozhora.- Mijael exageró un bostezo.- Mucho ruido y pocas nueces con esos dos.
Hayate y Daibu Ozhora, los dos hijos varones (y gemelos) de Tsubasa Ozhora, eran cuatro años mayores que Mijael y desde muy niños habían sido arduamente entrenados por su padre para ser futbolistas, siendo uno mediocampista y el otro delantero. La idea era que ambos hicieran un dueto similar al que Tsubasa tenía con Taro Misaki pero lo cierto era que ninguno de los dos era un prodigio del fútbol, no al nivel que lo fue su padre, a pesar de que le ponían mucho empeño a los entrenamientos. Yo los conocía gracias a que nos habíamos visto en las muchas ocasiones en las que mi familia se reunió con las familias de otros jugadores de la Generación Dorada del fútbol japonés, pero no éramos tan cercanos como para que me emocionara la idea de jugar con ellos.
- No me agrada este asunto de jugar con tipos que no conozco.- repetí, apesadumbrado.- Con idiotas que no dejan de llamarme haifu, como si fuera un insulto, o que no paran de decir que mis hermanos son unos nisei.
- Es irónico que sean tus propios compatriotas los que te discriminan por ser mestizo, Chucky.- señaló Mijael.- Irónico, triste e idiota. Tus amigos alemanes jamás te hemos discriminado por eso, sobre todo porque yo también soy un mestizo.
- Por favor, eres de mestizaje europeo, eso no cuenta.- repliqué, tratando de no reír.- Sólo vale cuando en el mestizaje está involucrada al menos una minoría.
- Bah, si me lo preguntas, me parece que tus compatriotas te discriminarían aunque fueras mitad alemán.- insistió Mijael.
- Tienes razón.- acordé.
Cuando tenía once años, papá me envió a un campamento para futbolistas amateurs de origen japonés; en dicho campamento me encontré, además de a los gemelos Ozhora, a los hijos de algunos otros jugadores de la Generación Dorada. Lejos de querer aceptarme en su grupo por ser hijo del gran Genzo Wakabayashi, no dejaron de atacarme por ser mitad mexicano además de que aprovecharon para burlarse de mis hermanos por haber nacido en el extranjero. No fui a ese campamento a hacer amigos, es cierto, pero el que no dejaran de llamarme haifu a cada rato fue más de lo que pude resistir y juré que no volvería a dejar que papá me enviara a otra tontería de ésas. Hasta el momento me había librado de ir a otro campamento similar pero el que Tsubasa Ozhora quisiera convocarme para su equipo, en el que muy seguramente estarían también gran parte de esos muchachos del campamento, hacía que casi deseara el no haber nacido en Japón.
- No quiero jugar para Japón.- dije en voz alta, sin darme cuenta.
- Pues no lo hagas.- respondió Mijael, haciendo que me sobresaltara.
- ¿Qué? ¿Lo dije en voz alta?.- farfullé, avergonzado.
- Sí, lo hiciste.- asintió Mijael, sin inmutarse.- Si no quieres jugar para Japón, no lo hagas. En vez de eso podrías hacerlo para Alemania.
- ¿Para Alemania? ¡Cómo crees!.- me reí.
- ¿Por qué no?.- insistió él.- Así jugarías con Adler y conmigo, con los que ya somos tus amigos. Con Erick no, porque es sueco, y Chris y Claude fueron recogidos de un basurero de París pero quedamos muchos más que con gusto te recibiríamos en la poderosa Selección de Alemania.
- Ya empiezas a hablar como tu padre.- volví a reír, con más ganas.- No soy alemán, Fede, ¿se te olvida?
- ¿Y eso qué? Podrías nacionalizarte.- replicó Mijael, encogiéndose de hombros.- Mi madrina ya tiene la nacionalidad alemana, fácilmente podría dártela a ti.
- Pero a mi padre le daría un infarto.- insistí.- ¡Él quiere que juegue para Japón!
- ¿Y eso qué? ¿No estás quejándote de que quieres seguir tu propio camino y no lo que él te imponga?.- Mijael ladeó la cabeza mientras me miraba fijamente, otro gesto que le copiaba por instinto a su padre.- Yo entiendo que no quieras jugar para Japón, es un país que no conoces y, seamos sinceros, tuvieron suerte con su Generación Dorada pero están muy lejos de repetir la hazaña de ganar otro Mundial. Hay que ser prácticos y dejar de soñar con ideas que ni siquiera son tuyas. Eso de llevar a Japón a la Copa del Mundo quedaba bien para mi padrino pero no para ti. Actualmente el dominio del fútbol sigue estando en manos de Alemania, de Italia, de Brasil, los que siempre han estado en la cima, y creer que Japón va a ponerse al nivel de ellos es realmente utópico. Yo entiendo que no quieras jugar para un país que no va a llevarte a la gloria, al menos no en este deporte.
- Deja de hablar así o mi papá va a expulsarte de la casa.- me puse repentinamente serio. Tengo que admitir que me habían asustado sus palabras porque yo llevaba tiempo pensando en lo mismo.
- ¿Por qué? Mi papá también le dijo al tuyo que lo mejor que podía hacer era nacionalizarse alemán pero no quiso, prefirió jugar para Japón.- Mijael comenzó a dar vueltas en la silla, otra vez.- Y está bien, le funcionó, mi padrino consiguió triunfar en el camino que eligió, pero lo que le sirvió a él no por fuerza va a servirte a ti.
¿Jugar para Alemania? ¿Era en serio? Tengo que reconocer que la idea me resultaba muy atractiva aunque sumamente imposible. El gran Genzo Wakabayashi nunca lo permitiría…
- ¿Podemos hablar de otra cosa?.- pedí.- En estos momentos estoy tan harto que podría retirarme del fútbol de manera definitiva. Lo único que me interesa es que mi hermana vuelta a estar sana otra vez.
- Te entiendo perfectamente.- replicó Mijael.- Pero sería bueno que te enfocaras en otra cosa diferente, para que te distraigas. Por algo yo practico el motocross, además de que me divierte también consigue que papá y el abuelo Rudy dejen de fastidiarme tanto con el fútbol. Quizás deberías intentar hacer algún otro deporte, Chucky.
- Quizás. O retomar mis clases de violín.- asentí.- Por cierto, ¿vas a decirme por qué faltaste al entrenamiento?
- Ah, eso.- suspiró Mijael.- La culpa la tuvo Cruyffort otra vez.
Las dos últimas horas de clase de Mijael de ese día habían sido en el laboratorio de química; debido al comportamiento negativo que su compañero insistía en mantener con él, Mijael se había visto en la necesidad de enfocar su atención al cien por ciento en las prácticas, estar al pendiente de los procedimientos y estudiar arduamente para no cometer ningún error. Considerando que en química existía una alta probabilidad de que hubiera accidentes si se mezclaban las sustancias equivocadas, Mijael había tenido que aprenderse las posibles reacciones de los componentes con los que trabajaban y poner atención al más mínimo detalle para evitar que Edward le tendiera otra trampa. Sin embargo, esto sólo consiguió que Cruyffort se enojara aún más porque la profesora Quilty acabó por alabar el comportamiento de Mijael.
- Le eché más leña al fuego.- dijo mi amigo.- La profesora prácticamente se vanaglorió de haber tenido la buena idea de ponernos al Cruyffort y a mí en el mismo equipo, según ella eso fue lo que consiguió que yo lograra concentrarme al cien por ciento en sus clases.
- Y es verdad, Fede, sólo que no por la razón que ella cree.- señalé.- Es algo negativo y no positivo, realmente.
El caso era que, como Edward no encontró la forma de causar caos y echarle la culpa a Mijael, al final aquél derramó alcohol sobre la libreta en la que mi amigo apuntaba sus reportes, haciendo que quedara completamente arruinada.
- Perdí todo lo que llevaba anotado, Chucky, absolutamente todo.- bufó Mijael, enojado.- Los datos que nos había dado Quilty, sus apuntes de clase, los resultados de las prácticas, todo. Edward aseguró que fue un accidente pero bien que sé que lo hizo a propósito.
- Velo desde el punto de vista positivo, al menos no arruinó tu Tablet.- dije, sin mucho convencimiento.- ¿Sabes qué? Si no fuera porque se trata de ti y de él, diría que está acosándote.
- ¿Te refieres a que me está haciendo "bullying"?.- Mijael abrió mucho los ojos y después se echó a reír.- Sí, cómo no. Mira, Chucky, Cruyffort es un idiota pero no es un acosador.
- Pero lo que está haciendo contigo es precisamente eso, acoso psicológico.- insistí.- Busca a toda costa conseguir que repruebes química, como menos, o que te expulsen del colegio, a lo más. Eso de que ande viendo de qué manera te puede complicar la existencia durante las horas de clase habla de acoso escolar, camarada.
- No, no estoy de acuerdo.- negó Mijael, enfáticamente.- Sólo es cuestión de que vencerlo en su propio juego.
- Como digas pero yo creo que sería conveniente que vayas pensando en la manera de decírselo a tus papás.- repliqué, mientras volvía a jugar con la pelota de béisbol.
- No será necesario, yo lo sé.- mi amigo se puso en pie y se dirigió hacia mi ventana.- Por eso es que no fui al entrenamiento, Jaz me estuvo ayudando a recuperar mis apuntes, me pasó los que ella tomó en clases y me echó una mano para recordar cuáles fueron los resultados de las prácticas. Me aconsejó también que le tomara fotografías a todo lo que escriba y seguiré su consejo, lo bueno es que la profesora Quilty sólo prohíbe el uso de Tablets y computadoras personales pero no dice nada acerca de los teléfonos.
- Ahora entiendo.- suspiré.- Discúlpame por haberte juzgado sin saber.
- No pasa nada.- Mijael se encogió de hombros.- Sé que en estos momentos tienes muchos problemas encima.
En ese instante mi padre tocó a la puerta de mi habitación, quería hablar conmigo acerca de la escena que protagonicé en el automóvil al llegar a casa. Mijael y yo nos miramos en silencio durante algunos segundos, tras lo cual él decidió marcharse por donde había venido, es decir, por la ventana. Yo, que había jurado que sólo me sacarían de ahí cuando mi cadáver putrefacto estuviera apestando la casa entera, abrí la puerta para encarar al gran Genzo Wakabayashi, dispuesto a pelearme con él en otra batalla campal si era necesario (mira qué bien me sale el melodrama, caray). Sin embargo, y para mi enorme sorpresa, mi padre sólo quería disculparse conmigo. Según él, fue injusto haberse enojado conmigo por un evento que no tenía tanta importancia comparado a lo que ha estado pasando en nuestras vidas últimamente, además de entender que no me encontraba en mi mejor forma en ese momento.
- Creo que he estado presionándote demasiado, Daisuke.- era curioso cómo mi padre nunca se equivocaba al pronunciar mi nombre en la forma 'correcta', "Daiske", cuando todos los demás lo decían de la manera 'incorrecta'.- No puedo pedir que estés concentrado al cien por ciento en lo que haces, no sólo en el fútbol sino también en la escuela, cuando te acabas de enterar de qué es lo que le está pasando a tu hermana. Aunque no estoy de acuerdo en la forma en la que me respondiste porque los dos sabemos que fue una falta de respeto el dirigirte a mí de esa manera, estoy consciente de que yo provoqué esa actitud.
- Discúlpame, papá, por haberte hablado así.- las palabras me salieron antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba diciendo.- Fue el estrés, no tuve un buen día en la escuela.
- Lo entiendo, hijo.- el gran Genzo Wakabayashi suspiró.- Ya Jazmín y Benji me dijeron algo similar. Ahora espero que podamos dejar esto en el pasado para que Aremy no se vea afectada por cosas que no tienen importancia.
Y de repente me di cuenta de en dónde estaba el truco. Papá estaba dejando pasar mi mal comportamiento para tratar de conseguir un ambiente de paz imperturbable en la casa, un ambiente en donde Aremy se sintiera tranquila y segura. A pesar de todo, no pude evitar impresionarme un poco porque no debió haber sido fácil para él controlar su carácter.
- Gracias, papá.- acepté.- Y no te preocupes, que Are sólo va a recibir apoyo de nosotros.
- Eso espero.- dijo el gran Genzo Wakabayashi antes de irse.- Y dice tu madre que te alistes porque cenaremos en veinte minutos.
Cuando mi padre se fue, cerré la puerta y suspiré con alivio, no sólo porque me había librado de una buena sino porque, al parecer, él no se había enterado de que Tsubasa Ozhora me había convocado a la Selección Sub-16 japonesa ya que no lo mencionó y seguro estoy de que no lo habría dejado pasar de haberlo sabido. Quizás, con un poco de suerte, jamás se enteraría de que fui convocado, aunque no creía que fuera posible, en algún momento se haría público que el hijo del gran Genzo Wakabayashi le había dicho "no" al Prodigio del Sóccer Japonés.
Vaya que la vida puede llegar a ser complicada.
Notas:
- Cuando escribí el fanfic original en el 2006, se tenía la duda de si Hayate y Daibu eran gemelos o no por lo que yo hice que tuvieran diferentes edades en esa historia ya que se acoplaba mejor a mis necesidades de trama. Sin embargo, en el manga Captain Tsubasa Rising Sun se confirmó que ellos son gemelos por lo que he corregido este dato aquí.
- Ya lo había explicado en el fanfic "Re: Soy Daisuke Wakabayashi", 'nisei' es el término que se les da a los que son hijos de japoneses pero que nacieron en un país extranjero, y 'haifu' es usado para referirse a los que no son cien por ciento japoneses. Dependiendo del contexto, estos términos pueden ser usados como insultos por un japonés que sea hijo de japoneses y que sí haya nacido en Japón.
- Desconozco cómo se convoque a un jugador para que se acople a la Selección, yo puse el método de la carta más por efecto dramático que por otra cosa.
