Capítulo 14. Opciones no viables.

Al lunes de mierda le siguió un martes del asco. La profesora de francés entregó las notas del examen (retrasó las calificaciones de mis compañeros hasta que yo hiciera la prueba) y descubrí sin sorpresa que me había ido tan mal como esperaba. Bueno, no, que había creído que reprobé y en realidad alcancé a obtener la mínima aprobatoria por un pelo, y esto fue gracias a que la profesora había tenido cierta "compasión" por mí por lo que estaba sucediendo con mi hermana, ella sabía que no estaba en condiciones de concentrarme y por eso había hecho "todo lo posible por ayudarme", según sus propias palabras.

- Eso suena a que te regaló puntos.- susurró Chris, a mi lado.

- Hubiera sido mejor que me dejara repetir la prueba.- repliqué, en voz baja.

- Te dije que le pidieras una prórroga, seguro que te la daba.- insistió mi amigo.

- Si hubiera querido dármela de inicio, no me habría puesto el examen ayer.- repliqué.

- Bueno, en ese punto tienes razón.- suspiró Chris.- Pero al menos podrás recuperarte para el final.

- Eso espero aunque de cualquier modo mi promedio ha quedado arruinado.- gruñí.- Con esta calificación a lo más a lo que aspiro es a obtener una nota medianamente buena en esta materia y con eso se irá al traste mi promedio general.

- ¿Crees que baje lo suficiente como para que tu mamá ya no te deje practicar fútbol?.- preguntó Marko.

- Eso espero.- farfullé, aunque a mis amigos les causó gracia porque creyeron que no estaba hablando en serio.

Quizás eso era lo único bueno de todo este embrollo, que si bajaba mi promedio general, mamá ya no me permitiría seguir jugando fútbol. Una parte de mí lo temía, por supuesto, porque sí quería seguirlo practicando, pero otra decía que eso sería lo mejor que podría pasarme, así mi padre dejaría de fastidiar por un rato, por lo menos hasta que mis calificaciones volvieran a subir, lo que me daría un respiro de la presión que estoy sintiendo por mantener mi nivel. Y por último, había una tercera vocecilla en mi cabeza que me decía que estaba comportándome como un cobarde por desear una salida fácil y tuve que darle la razón.

Entre clase y clase teníamos quince minutos de descanso para despejarnos o trasladarnos a otra aula o laboratorio en caso de que así se requiriera. En esa ocasión no teníamos que movernos de sitio así que mis amigos y yo aprovechamos para seguir hablando sobre las calificaciones, o mejor dicho, sobre las malas notas que habíamos obtenido Claude y yo. Ambos estábamos decididos a ocultar el mayor tiempo posible los resultados a nuestros padres pero sabíamos que tarde o temprano éstos iban a enterarse. Los resultados de las calificaciones se subían a una plataforma en línea que estaba disponible para alumnos y padres de familia, quienes podían ver los resultados antes de recibirlos de forma escrita. Tanto mis papás como los de Claude sabían que era a finales de mes cuando las notas se subían a la plataforma así que sólo era cuestión de tiempo para que ellos se enteraran de lo cerca que estuvimos de reprobar.

- La única ventaja es que estamos empezando abril, falta mucho para que las calificaciones se suban a la red de la escuela.- suspiró Claude.

- Y apenas que había conseguido que mi padre dejara de fastidiar, en cuanto vea mi horrible nota va a volver a soltarme alguno de sus repetidos sermones.- protesté.- Se va a decepcionar porque no soy perfecto como él.

- ¿No crees que estás exagerando un poco, Daisuke?.- cuestionó Marko, con mucho tacto.- Tu padre no parece ser un hombre tan intransigente, no es como si hubieras reprobado el curso, en todo caso. Además, no por nada pero no parece ser del tipo de persona a la que le interesen mucho las calificaciones de la escuela.

- Eso último es verdad.- acepté.- Mi mamá me dijo que papá faltaba mucho a la escuela en vísperas de un partido importante para irse a entrenar.

- Oh, yo supe que si nunca lo reprobaron fue porque asistía a un colegio privado.- añadió Chris.- Mi mamá nos contó que en esa escuela no se atrevieron a reprobar al capitán del equipo de fútbol que ganó muchos torneos importantes, sobre todo porque también era hijo de un millonario que aportaba muchas donaciones a la institución así que, aunque se merecía reprobar por exceso de faltas, los maestros lo pasaban para no tener problemas.

Es raro escuchar hablar del gran Genzo Wakabayashi, de las épocas en las que era tan sólo un niño mimado, grosero y altanero que se creía el mejor del mundo sólo porque tenía talento y dinero. Papá, por supuesto, jamás me ha hablado de esas épocas y mamá me dice que es porque le da vergüenza admitir que era un niño malcriado insoportable.

- A mi padre nunca le han importado mis calificaciones mientras vaya bien en el equipo de fútbol, lástima que es mi madre la que me exige que tenga un buen promedio en la escuela. Y por cierto que no tenía idea de que mi abuelo paterno donaba mucho dinero a la escuela de papá.- comenté.- Aunque en realidad no tengo idea de nada relacionado al abuelo Wakabayashi, ni siquiera lo conozco en persona.

- ¿En verdad?.- Marko enarcó mucho las cejas. Hasta en eso nos parecíamos, en que ninguno conocía a su abuelo paterno pero, a diferencia mía, él no lo conocía porque ya estaba muerto.- ¿No se lleva con tu papá?

- Lo único que sé es que mi abuelo rechazó a mi padre por haberse casado con mi madre.- contesté.- Porque ella no es japonesa o algo así. Ya sabes, mi abuelo quería que papá se casara con una japonesa de buena familia, papá lo mandó de paseo y el abuelo respondió con la típica frase de "yo no tengo hijo", o algo así. Él nunca nos visita, ni nos habla ni nada, creo que a duras penas sabe que existimos y de eso no estoy muy seguro. A la única que conozco es a mi abuela paterna, ella sí nos ha visitado a escondidas de su marido.

- Vaya, lo lamento mucho.- señaló Marko.- No lo sabía.

- No importa, realmente.- me encogí de hombros.- No es como si lo extrañara, no puedes extrañar a alguien a quien no conoces.

- Supongo que no.- admitió Marko.

- Volviendo al tema de las calificaciones, creo que hay una manera de evitar que nuestros padres nos maten, Dai.- intervino Claude, dándole un giro brusco a la conversación.

- Vaya manera de cambiar el tema.- replicó Marko.- ¿En qué estás pensando, Schneider?

- Bueno, me quedé pensando mucho en lo que sugirió Kentin Hyuga… .- soltó Claude, como quien no quiere la cosa.

- Oh, no, ni se te ocurra.- lo interrumpió Chris, con una mirada de advertencia.- ¿Qué no te quedó claro que eso es un delito?

- Pero vamos, que puede que el imbécil del Hyuga tenga razón.- insistió Claude.- Es un delito sin víctima, no es como si la escuela se fuera a caer a pedazos por eso. Si lo hacemos bien, nadie se enteraría de lo que hicimos y saldríamos mejor librados a que si esperamos a que nuestros padres se enteren de la verdad.

- No lo sé... .- mi mente comenzó a dudar.- No es ético, camarada franchute, y tampoco es tan sencillo como parece. ¿Cómo le haríamos de entrada para cambiar las calificaciones?

- ¿De verdad están considerando hacerlo?.- Marko volvió a levantar las cejas, alarmado. A él ya lo habíamos puesto al tanto de lo ocurrido la semana pasada con Kentin en el patio, incluyendo su sugerencia de que Claude y yo cambiáramos nuestras calificaciones.

- ¿No se podría simplemente hackear el sistema de la escuela?.- cuestionó Claude, ignorándolo.- Tú sabes mucho de informática, Dai.

- Sí pero no te pases, no soy un hacker de verdad.- negué. Qué suerte que el profesor de la próxima clase estaba retrasándose y que todo el mundo estaba distraído con sus propias pláticas, lo suficiente como para no prestarnos atención.- No es tan sencillo romper las contraseñas de la plataforma y, aunque supiera cómo hacerlo y lo consiguiera, quizás queden huellas de mi intromisión y sabrían que fui yo. Creo que la única manera de hacerlo sin levantar sospechas sería que entraras desde la cuenta de algún profesor y para eso tendríamos que hacerlo en el momento justo en el que estuviera subiendo calificaciones a la plataforma.

- O sea que tendrían que estar espiando a la profesora de francés y al de matemáticas para caerles encima como kamikazes en el preciso instante en el que empiecen a pasar las calificaciones de los exámenes para cambiar sus notas.- concluyó Marko.- Y eso si es que ellos usan las computadoras de la escuela para ingresar al sistema, podrían hacerlo desde su casa y no lo sabrían hasta que fuera demasiado tarde.

- Exactamente. ¿Ya viste de qué va el punto, camarada?.- me dirigí a Claude.- Aparte de no ser ético, no es tan fácil hacerlo. No es una opción viable, pues.

- ¿Qué necesitas para que dejes de pensar en esas idioteces?.- Chris lo golpeó en la nuca.- ¿Qué te muela a golpes?

- Lo siento.- suspiró Claude, apesadumbrado.- Me dejé llevar por las palabras de ese idiota.

- Que es lo que está buscando, como dijo Erick.- replicó Chris.- ¿Ya puedes dejar eso por la paz? En vez de eso, a la próxima estudia con anticipación y no busques salidas fáciles.

- Sí, ya entendí, lo siento.- repuso Claude.- Fue una idea estúpida.

A pesar de todo yo no conseguía sacarme la idea de la cabeza. ¿Realmente sería tan malo cambiar una calificación? ¿Pero qué rayos me pasaba? Claro que era malo, no sólo por las implicaciones morales sino también porque, al final, sólo estaríamos haciéndonos tontos a nosotros mismos, además de que estaríamos traicionando la confianza de nuestros padres. Claude y yo podríamos ser bromistas pesados y unos auténticos dolores de cabeza, pero al menos no éramos tramposos.

- Ni modo, a afrontar las consecuencias.- suspiró Claude.

- Ya saldremos de ésta.- dije.- No es lo peor que nos ha pasado.

En mi mente seguía rondando el asunto de la convocatoria de la Selección de Japón; en el lunes de mierda había estado muy seguro de mi decisión de rechazarla pero en el martes del asco la duda comenzó a asaltarme: ¿Realmente había tomado la elección correcta? Según yo, mi decisión estaba basada en el hecho de que ése no era el mejor momento para andar viajando a otro país para jugar un partido, no cuando Aremy me necesitaba, pero una y otra vez me preguntaba si de verdad ésa era una razón válida. Benji, por ejemplo, también tenía programadas algunas competencias internacionales en un futuro cercano y él no había anunciado que renunciaría a participar en ellas a causa de la enfermedad de nuestra hermana. ¿Yo estaba actuando como un cobarde o simplemente había tomado la salida fácil? Comencé a dudar tanto de mi decisión que supe que tenía que hablar del asunto con alguien que supiera tan bien como yo a qué tipo de incertidumbre me estaba enfrentando, y ese alguien era Benjamín. Esa misma noche, cuando acabamos de cenar, le pedí a mi hermano que me acompañara a mi dormitorio para hablarle del asunto ya que la carta había desaparecido del cesto de basura. Benji no se sorprendió por la noticia en lo más mínimo, quizás él ya suponía que tarde o temprano eso iba a pasar.

- La verdad, Dai, no sé si felicitarte o no, no te ves particularmente feliz.- me dijo Benji, dubitativo.

- No lo estoy.- negué.- En peor momento no me pudo haber llegado esta invitación.

- ¿Y qué ha dicho papá al respecto?.- quiso saber mi hermano.

- No lo sabe.- contesté, en voz baja.- Y no se lo pienso decir. Hasta donde sé, ésta es sólo mi decisión.

- Ciertamente.- Benji asintió con la cabeza, pensativo.- Por más que papá quiera que juegues, si no lo deseas no te puede obligar pero, ¿por qué no quieres aceptar la convocatoria, Dai?

- Precisamente de eso te quería hablar, camarada.- señalé, dejándome caer en la cama.- La rechacé porque siento que éste no es el mejor momento para ir a jugar con Japón, con todo este asunto de la enfermedad de Aremy. ¿De verdad alguien espera que juegue partidos internacionales en un momento como éste?

- Es entendible que no lo quieras hacer, yo tampoco tengo muchas ganas de seguir patinando justo ahora pero es obvio que los compromisos grandes, como los partidos de la Sub-16, no se van a detener por el problema al que nos estamos enfrentando nosotros.- replicó Benji.- Para nosotros es el fin del mundo pero la verdad es que para el resto de las personas no lo es, para los demás la vida sigue y esperan que nosotros hagamos lo mismo.

- No sé por qué dicen que soy muy maduro para mi edad, en todo caso ese título lo tienes tú.- sonreí.- Te estás tomando las cosas con más calma que yo, camarada.

- No tanto como tú crees.- mi hermano esbozó una sonrisa triste.- Estuve a punto de cancelar mis compromisos pero Are no me dejó, me hizo prometerle que participaría y que ganaría en su honor. Ella no va a poder asistir a las competencias de equitación de este verano así que dice que se va a conformar con nuestras victorias.

- Y ahora que me lo dices me siento mal por haber rechazado la convocatoria.- suspiré, desalentado.- Aunque realmente no tengo ganas de jugar para Japón.

- No lo dije para que te sintieras obligado a aceptar algo que no deseas, si no quieres hacerlo, no lo hagas.- replicó Benji, dejándose caer junto a mí en la cama.- Pero, ¿no quieres jugar para Japón ahora o no quieres hacerlo nunca?

- No lo sé.- admití.- Te mentiría si te dijera que me entusiasma mucho la idea de formar equipo con los hijos de los ex compañeros de papá, aparte de Hayate, Daibu y Kentin, no conozco bien a ninguno. ¿Por qué no convocan mejor al hijo de Ken Wakashimazu para que juegue de portero? Ese hombre era el suplente de papá.

- Hija.- me corrigió mi hermano.- Ken Wakashimazu tuvo solamente una hija.

- Ya sé, era una broma.- protesté.- ¿Cómo es que se llama? ¿Harumi? ¿Hotaru? ¿Haruki?

- Hitomi.- respondió Benji.- No sé cómo es que no te acuerdas, si estaba enamorada de ti.

- Precisamente por eso es que no me quiero acordar de ella.- gruñí, dándole un golpe.- Claro que la recuerdo pero sabes bien que me gustaría no hacerlo.

Oh, sí, Hitomi Wakashimazu, hija única de Ken Wakashimazu, en algún momento de su alocada adolescencia decidió que estaba enamorada de mí y que, no sé cómo llegó a esa conclusión, yo sentía lo mismo por ella. Que yo sepa nunca hice o dije algo que le diera esperanzas a la chica, sólo fui amable con ella como trataba de serlo con todos en general en las reuniones familiares de la Generación Dorada (excepto con aquéllos que me caían mal, como Kentin) pero supe por boca de Daibu Ozhora que ella andaba muy entusiasmada con "nuestra relación". Hitomi se tomó a mal mi supuesto rechazo porque mi error, según lo que me dijo Jazmín, es haber sido tan directo con ella y dejarle muy en claro que no es mi tipo. No es que Hitomi sea fea, todo lo contrario, pero yo necesito una base intelectual para sentirme atraído por alguna muchacha y a Hitomi no la conocía lo suficiente como para que llegara a gustarme por su personalidad; sin embargo, soy tan idiota con las chicas que le hice creer que el problema con ella es que es morena y que yo tengo debilidad por las pelirrojas, lo que me hizo quedar como un completo superficial. No me sorprende que Hitomi se haya enojado cuando alguien (me figuro que fue Kentin, tengo entendido que esos dos son muy cercanos) le dijo que yo estaba interesado en la pelirroja hija del magnate de los automóviles Ferrari; incluso intentó venir de intercambio también a la Wittelsbach pero no fue aceptada, para mi fortuna.

- El caso es que no sé a qué se dedique Hitomi pero aunque fuera futbolista, el señor Tsubasa no podría convocarla.- continuó diciendo mi hermano.- Por lo menos no hasta que la FIFA autorice que los equipos sean mixtos.

- Sí, ya entendí, gracias.- protesté, dándole otro golpe a mi hermano.- No tienes por qué ser tan sarcástico.

- Sólo quería que quedara claro el punto.- replicó Benji, sin inmutarse.- Pero no sé cómo no te lo viste venir, Dai, era obvio que en algún momento te iban a convocar, si juegas fútbol y eres hijo de un gran ex futbolista. Es cierto que ser hijo de papá no te abrirá automáticamente las puertas pero por algo se empieza, hay que admitir que su nombre tiene mucho peso y eso muchas veces bastará para que la gente te tome en cuenta. Incluso a mí me pasa y no me dedico al sóccer.

- ¿De verdad?.- me sorprendí.

- Sí. La gente espera mucho de mí por ser un Wakabayashi.- asintió Benji.- ¿Quién dijo que es una regla que todos los integrantes de una misma familia tengan que ser exitosos? Y lo peor del caso no es esto sino el hecho de que, si logras hacer algo por tu propio mérito, la gente seguirá diciendo que tu padre tuvo algo que ver. Te esfuerzas al doble para demostrar que vales por ti y aun así hay muchas personas que no lo saben reconocer.

Vaya, así que no soy el único que se siente presionado por ser hijo del gran Genzo Wakabayashi. ¡Quién lo diría! ¡Cuánta falta me hubiera hecho Benji si mis padres sólo hubieran decidido tenernos a Jaz y a mí! Me pregunto ahora si Jazmín y Aremy se sentirán igual que nosotros o esa presión sólo recaerá en los varones. No lo sé, me da la impresión de que esta carga sólo la llevamos los hombres aunque nunca me he puesto a hablar con mis hermanas sobre esta cuestión.

- Es un alivio saber que no soy el único que se siente así.- suspiré.- Pero, aunque tengas razón en lo que dijiste de que ser convocado es algo que debí haber visto venir, tenía la esperanza de que el señor Tsubasa me dejara de lado. No sé, no me acoplo muy bien a los otros chicos japoneses, me siento tan fuera de lugar cuando estoy con ellos porque al fin y al cabo mi educación ha sido más occidental que oriental y eso se nota, ellos tienen un pensamiento muy diferente al mío. Incluso papá, que nació y vivió toda su infancia en Japón, no tiene el clásico pensamiento nipón porque el resto de su vida la ha pasado en un país occidental, con costumbres e ideologías muy diferentes, no sé cómo espera que yo me acople a los demás cuando nunca he vivido en Japón. Haber nacido en un país no es suficiente para amarlo, no siempre.

- O sea que no quieres jugar para Japón porque no te sientes a gusto con sus jugadores.- señaló mi hermano.- Ni tampoco sientes mucho amor por la camiseta, ¿es eso?

- Pues sí, para qué negarlo.- admití, apesadumbrado.- Soy japonés, me gusta esa cultura y la respeto pero he crecido en Alemania y me deprime un poco saber que mis mejores amigos podrán jugar juntos y yo tendré que estar en otra Selección, lejos de ellos.

- Mira, hermanote, tú y yo estamos exactamente en la misma situación, con la diferencia de que yo sí soy alemán y por eso no me siento presionado a competir para un país en el que no crecí.- replicó Benji.- Aunque papá ha sugerido que podría participar en nombre de Japón, no pasa de ser eso, una sugerencia, la cual yo no acepto porque estoy feliz con mi nacionalidad. Yo creo que, si lo que quieres es jugar con tus mejores amigos, con los que creciste y a los que conoces desde que tienes uso de razón, entonces juega con ellos. Sólo que…

Benji se interrumpió a media frase, dudando. Quizás estaba a punto de decirme algo que sabía que no me iba a gustar.

- ¿Sólo qué cosa?.- lo animé a hablar.

- Sólo que, si la verdadera razón por la cual no quieres jugar para Japón es porque no te nace hacerlo, no pongas de pretexto a Aremy, por favor.- mi hermano me miró con una expresión muy seria en su rostro.- Es decir, yo entiendo que no tengas ganas de hacer tal o cual cosa porque te deprime lo que sucede con nuestra hermana, eso es normal. Lo que no me parece muy bueno que digamos es que quieras escudarte en eso para no admitir cuál es el verdadero problema.

¡Ouch! Eso dolió y mucho. ¿Quién dijo que yo era el maduro de los hijos de esta familia? Se equivocó de persona, indudablemente. No esperaba que mi hermano de once años me fuera a dar tremendo jalón de orejas pero sin duda que lo necesitaba. Por algo él es la voz de la razón de mi familia.

- No te lo tomes a mal.- se apresuró a añadir Benji.- Simplemente digo que no ganarás algo de provecho escondiéndote detrás de un problema que tarde o temprano va a desaparecer. Supongamos que papá se entera y acepta que no quieras jugar por lo de Aremy. ¿Qué pasará cuando ella se recupere? Probablemente Tsubasa Ozhora volverá a convocarte y ahora sí que no podrás usarla para negarte.

- Ya entendí, ya.- me puse en pie de un salto.- Y tienes toda la razón del mundo, camarada. Supongo que primero debo definir bien qué es lo que en realidad quiero y no esconderme detrás de un problema que no tiene relación alguna porque eso no me va a llevar a algo bueno. Gracias por escucharme, me ayudaste a aclarar muchas cosas.

- Me alegra poder ser de utilidad.- Benji sonrió de una forma más bien triste.

Pero a pesar de saber que mi hermano tenía razón, me seguí negando a reconocer mis deseos ocultos. El no jugar para Japón no era una opción viable para mí, no mientras mi padre se negara a aceptar que no soy su clon.

Días después, mis padres llevaron a mi hermana a consulta con el doctor Lacoste. A pesar de su buena voluntad y optimismo, Aremy no iba con la mejor disposición; el aspirado de médula ósea que le habían realizado en días previos había resultado ser un procedimiento sumamente doloroso pues consistió en clavarle una aguja gruesa en la cadera, y a mi hermana no le hacía especial ilusión el saber que tendrían que repetirle ese examen con cierta regularidad para determinar su avance. El Dr. Lacoste hizo todo lo que pudo para tratar de darle ánimos a Aremy, explicarle en qué consistía su tratamiento y por qué era importante que fuese una guerrera, era indispensable para poder recuperar su salud.

- Sé que muchas cosas no las vas a entender pero quiero pedirte de favor que confíes en mí.- le dijo el doctor.- En mí y en tus papás. Nosotros sólo queremos lo mejor para ti, queremos que sepas que todo lo que hagamos será porque deseamos que te recuperes. Habrá muchas cosas que no te van a gustar, que te van a hacer sentir tan mal que es probable que llegues a pensar que somos mentirosos o que queremos lastimarte pero esto no es verdad, todo lo estaremos haciendo por tu bien. Quiero que confíes en nosotros porque sin confianza no vamos a llegar a ninguna parte, ¿me entiendes?

- Sí, doctor.- asintió mi hermana.- Pero, si quieren que confíe en ustedes, ¿por qué no me dicen lo que tengo? No tengo cinco años, puedo entender que estoy enferma.

El doctor Jean miró a mis padres; Genzo y Lily intercambiaron miradas antes de verlo a él. Aunque Aremy no los vio, ella sabía que estaban realizando una comunicación sin palabras.

- No creemos que sea lo mejor, Aremy-hime.- fue mi padre quien respondió.- No entenderías todos los términos médicos.

- Pues que me los expliquen y ya.- replicó Aremy, enfurruñada.- No voy a confiar en ustedes si no lo hacen.

La doctora Del Valle suspiró con resignación y el gran Genzo Wakabayashi se encogió de hombros. El doctor Lacoste optó entonces por hacerle a mi hermana un resumen rápido de su enfermedad y del tratamiento que llevaría, repitiéndole que era necesario que ella confiara en ellos y que hiciera todo lo que le pedían, por su bien. Lo cierto fue que, aunque mis padres y el doctor Jean tenían buena intención, Aremy continuó sin entender cuál era el problema, siguió sin saber por qué no podría ir a la escuela ni participar en los campeonatos ecuestres del verano. Ni siquiera sintió que el médico le hubiese asegurado que se curaría, por lo que se quedó con la idea de que su enfermedad era algo que nunca se le iba a quitar.

- Entonces, Are, confiamos en que serás una luchadora.- concluyó el doctor Lacoste.- Imagina que esto es una competencia y que debes dar tu mejor esfuerzo.

- Haré todo lo que pueda.- musitó Aremy, agachando la cabeza.

- Eso es lo que queremos oír.- el galeno francés sonrió.- Juntos venceremos a tu enfermedad. Y no olvides, confía en nosotros, sólo queremos lo mejor para ti.

Varios años después habría de enterarme por boca del mismo Dr. Lacoste que si había sido tan inespecífico por Aremy fue por presión de mis padres. No le había gustado la forma en cómo había tenido que manejar el asunto pero antes que cualquier cosa debía respetar el deseo de los tutores legales de su paciente, aunque no estuviera de acuerdo con ellos.

Jaz, Benji y yo resolvimos volver temprano a casa para estar ahí cuando Aremy regresara del hospital y darle nuestro apoyo. Se suponía que la idea era levantarle el ánimo pero en cuanto nuestros padres se fueron se soltó a llorar y eso nos desmoralizó a los tres. Jazmín la abrazó, Benji la abrazó, yo la abracé y aunque intentamos no llorar, acabamos derramando más lágrimas que ella. A pesar de todo admiré la valentía de Are porque se aguantó el llanto hasta que papá y mamá salieron de su vista.

- Ni siquiera sé qué es lo que tengo y quieren que pelee contra eso.- musitó Aremy, gimoteando.- ¿Por qué esperan que haga todo lo que ellos me digan si no me explican bien las cosas? Me van a dar una medicina que me va a poner mal, que me va a hacer vomitar y que hará que mi cabello se caiga, y no quieren decirme para qué me va a servir.

- Porque dicen que es "lo mejor para ti".- le dije.- No estoy muy seguro de que nuestros padres sepan bien qué es lo mejor y qué no para nosotros.

- ¡Dai!.- me regañó Jazmín.- Papá y mamá jamás harían algo que nos dañara; no está bien que le metas ideas erróneas a Are, no en este momento.

- No lo regañes.- pidió Aremy, al tiempo que se recargaba contra mí.- No quiero que se peleen por mi culpa.

Aremy tomó un mechón de su pelo castaño y lo contempló durante un largo rato. Mucho tiempo después ella me diría que lo hizo para no olvidar de qué color era su cabello cuando lo perdiera por completo.

Estábamos todos tan deprimidos que Jaz, Benji y yo llegamos a la conclusión de que apestábamos como hermanos, no habíamos sabido mantenernos ecuánimes para Are y en vez de consolarla terminamos por afligirnos todos; se nos olvidaba que nosotros también éramos niños y que necesitábamos del apoyo de un adulto, tanto como ella, pero para nuestra fortuna teníamos amigos con los que podíamos contar en momentos como ése. Erick hizo acto de presencia un par de horas más tarde, llevando un peluche de pollo de regalo para Aremy y se quedó con ella a ver películas, contarle historias y hacerla reír. Erick era como un hermano mayor que tenía la habilidad de hacer sentir bien a la gente y estaba decidido a apoyar a Aremy a como diera lugar, cosa que los otros tres hijos Wakabayashi agradecimos en gran medida. Además, papá y mamá también tenían apoyo, tanto los Kaltz como los Schneider y los Krieg se encargaban de los detalles triviales de la casa, como conseguir comida, comprar comestibles y pagar las cuentas, cosas que mis padres agradecían porque ellos no tenían mucho cerebro para andar pensando en esas cosas. Así también, se formó un grupo de cuidado entre los adultos y los hijos más grandes para vigilar a Aremy durante día y noche, estableciéndose roles para que mis padres pudieran descansar y estar alerta de que sus otros tres retoños siguieran adelante con sus vidas y no se metieran en problemas. Los cuatro chicos Schneider prácticamente se la vivían en la casa, Vania andaba todo el tiempo cuidando de Benji y de Are, Mijael de Jazmín y de mí, y los gemelos nos hacían compañía a todos. El resto de nuestros amigos se encargaban de que en la escuela no perdiéramos el rumbo, de una forma o de otra todos nos envolvieron en una telaraña de soporte sin la cual habríamos terminado cayendo al vacío. Además, yo tenía las conversaciones nocturnas con Giovanna en donde podía expresarle mis verdaderos pensamientos, todo aquello que me contenía de decir en el día se lo confesaba a ella por la noche, sin temor a que me juzgara. No sé qué habríamos hecho sin el apoyo que esas buenas personas nos dieron durante esos momentos tan difíciles.

Bien dicen que es en las malas situaciones en donde uno se da cuenta de quiénes son tus verdaderos amigos.