Capítulo 15. Conservar la esperanza a pesar de las estadísticas.

Durante unos días pareció que las cosas volvían a la normalidad, con la pequeña diferencia de que todos buscábamos pasar más tiempo en casa: Jazmín disminuyó sus horas en el club de baile de dos a una diaria, mi padre canceló todos los compromisos que tenía después de las cuatro de la tarde, Benji redujo el tiempo que pasaba en la pista de patinaje por las tardes y yo tuve que decirle adiós al club de computación. Claro, hubiera preferido decirle adiós al fútbol pero eso habría empeorado las cosas con mi padre, una situación que nadie necesitaba en ese momento. Después de la escenita que le había hecho el lunes, ni el gran Genzo Wakabayashi ni yo nos dirigíamos la palabra más que lo estrictamente necesario, a pesar de que él había asegurado que dejaría pasar mi mal comportamiento. Yo sabía que me había comportado con él de una manera muy grosera pero a pesar de eso seguía creyendo que tenía la razón. Yo no soy como mi padre, no soy el gran Genzo Wakabayashi, sólo soy Daisuke Wakabayashi, su hijo, no su clon ni la persona que va a revivir sus logros, y papá tiene que entender que lo fue importante para él no tiene por qué serlo para mí. Por fortuna, Catrina hizo un poco más llevadera mi situación puesto que la única persona que podía haber mediado entre nosotros, o sea mi madre, estaba luchando por salvar la vida de mi hermana. Mi madrina le llamó la atención en más de una ocasión al gran Genzo Wakabayashi para que moderara un poco su severidad hacia mí, recordándole que soy un niño asustado que requería de su apoyo más que de sus regaños.

En fin, sea como fuere, cada uno de los miembros de mi familia permaneció más tiempo en casa para apoyar a Aremy a su manera; aunque siempre había otra persona dispuesta a ayudar, mi padre, mi madre, Jazmín, Benji y yo nos turnábamos para estar todo el tiempo con Are y nunca dejarla sola. Al único lugar al que se nos prohibió ir a mis hermanos y a mí fue al hospital. Mi hermana pronto comenzaría con su ciclo de quimioterapias y sólo podían acompañarla mis padres o mis tíos, ni siquiera los mayores como Erick o Lizzie pudieron ir con ella, supuestamente porque un hospital "no es lugar para los niños". Estaba también el hecho de que a nosotros no se nos dijo cuáles fueron los resultados de las últimas pruebas practicadas a Aremy, no sabíamos qué tan grave o avanzada estaba su enfermedad, ni siquiera conocíamos el nombre de ésta, era cierto que ésas eran cosas que mis hermanos y yo no entendíamos pero de cualquier manera mis padres debieron decírnoslo, sobre todo porque después de la consulta con el doctor Lacoste ellos establecieron la nueva regla de que se restringirían las visitas hechas a Aremy, es decir, que no cualquiera podría entrar a su habitación porque no se podía correr el riesgo de que ella se contagiara de alguna gripa o enfermedad que pudiera ponerla en peligro. Sí, ahora hasta una simple gripa se consideraba como una enfermedad mortal cuando se trataba de mi pobre hermana.

Debido a esta nueva regla, los compañeros de clase de Are tuvieron que cancelar la salida que habían programado para ir a verla a nuestra casa. Los amigos de mi hermana habían tenido la idea de ir a visitarla y llevarle tarjetas, regalos y dulces para hacerla sentir mejor pero Lily se los prohibió. ¿La razón? Demasiados niños significaban demasiadas bacterias y por más buena voluntad que tuvieran esos preadolescentes, sin duda representaban más un riesgo que una ayuda o beneficio, así que los compañeros de mi hermana se tuvieron que conformar con hacerle llegar todo a través de Benji y Vania. Aremy se decepcionó mucho cuando se enteró, estar encerrada en su habituación sin poder ver a mucha gente la estaba deprimiendo más de lo que cualquiera de nosotros esperó; para tratar de animarla un poco, al día siguiente de la cancelación de la visita de su grupo decidí faltar al entrenamiento de fútbol para pasar con ella toda la tarde. Le pregunté a mi hermana qué quería hacer y me dijo que le apetecía que le leyera un poco sobre Harry Potter; como no especificó qué libro deseaba escuchar, me llevé los siete a su habitación y los puse sobre la colcha de su cama para que eligiera uno. Are tomó su favorito, "Harry Potter y el Cáliz de Fuego", y me pidió que le leyera la parte del baile de Navidad.

- Me encanta la escena en la que Hermione se pone un vestido bonito y baila con Víktor Krum.- me comentó mi hermana, después de un rato.- Me gusta mucho porque ninguno de sus amigos la consideraba bonita y sin embargo, un muchacho guapo y extranjero se fijó en ella aún con su apariencia normal. Me hace pensar que quizás eso me puede pasar a mí, que algún muchacho guapo y extranjero me va a considerar bonita aun cuando nadie más lo haga.

- Are, tú eres muy bonita.- repliqué, jalándole el cabello.- Te pareces mucho a mamá y ella es muy linda, así que no digas semejantes tonterías.

- Pero no voy a ser bonita cuando se me caiga todo el cabello.- musitó Aremy, bajando la mirada.- Me voy a ver muy fea porque hasta sin pestañas me voy a quedar.

- Escúchame bien, Aremy, ponme atención porque no te lo voy a repetir.- protesté, tomando a mi hermana por la cabeza para obligarla a verme.- Tú nunca vas a ser fea, nunca, y más vale que lo dejes de pensar. Estoy seguro de que habrá muchos muchachos que van a pelear por tu atención y cuando eso pase yo estaré ahí para golpear al que se te quiera acercar, pero de que les vas a gustar a muchos, les vas a gustar.

- ¿Tú crees?.- en los ojos negros de mi hermana brilló una lágrima.

- Claro que lo creo, no seas tonta.- le sequé los ojos torpemente con el dedo, nunca he sabido consolar a una chica que llora.- Se te caerá el pelo pero te volverá a crecer, mamá me lo dijo, así que deja de creer que te vas a ver fea. Además, ¿por qué quieres que un muchacho extranjero se fije en ti? ¿No te gustan los alemanes o qué?

- Me gustan más los suecos.- mi hermana se encogió de hombros, al tiempo que desviaba la mirada y enrojecía.

¿Suecos como Erick Levin? ¡Aremy, por favor, él es mayor que tú por seis años! Pero eso te lo diré después, cuando ya estés curada, si ahora quieres soñar con él, no voy a ser yo quien te rompa la ilusión.

Le leí a mi hermana hasta que se quedó dormida abrazando al pollo de peluche que le regaló Erick (al cual bautizó con el nombre de "Camila"), tras lo cual la tapé con las cobijas y recogí los libros de su cama. Antes de llegar a mi habitación, sin embargo, me topé con Benji y con Vania en el pasillo; ella me miraba como si quisiera hacerme pedacitos, lo cual no entendía porque yo no le había hecho nada últimamente y se suponía que ya me había perdonado por lo del episodio de los ratones en su pijamada.

- ¿Cuándo esperaban decirme la verdad?.- me soltó la enojada rubiecita.- ¿Cuándo mi mejor amiga se muriera?

- ¿Qué?.- exclamé, dejando caer un par de libros al suelo.- ¿De qué hablas, pequeña saltamontes?

- ¡No me llames así!.- gritó Vania, más enojada aún.

- Ey, tranquila, que de todos modos Dai no tiene la culpa.- Benji se agachó para recoger los libros que tiré.- Le he contado la verdad a Vania, hermanote. Lo siento pero ella tenía derecho a saberlo.

- ¿Qué cosa?.- casi grité.- ¿Le dijiste a Vania que Aremy tiene leucemia? ¡Papá y mamá van a matarte por eso!

- No, no lo harán.- negó Benji, muy seguro de sí mismo.

- Sí, sí lo harán, ni que no conocieras al gran Genzo Wakabayashi.- insistí.- ¡Sabes cómo se pone cuando lo desobedecemos! Y ni hablemos de mamá, hasta papá sabe que no hay que hacerla enojar.

- No lo harán porque a mí no me hicieron jurar que no le diría la verdad a Vania.- replicó Benji, sin inmutarse.- Eso sólo lo prometieron ustedes; se supone que yo no sé qué está pasando así que si me llego a enterar por casualidad y se lo comento a alguien más, como a Vania, papá y mamá no tienen por qué enojarse conmigo porque yo no les prometí que no le contaría a nadie lo que supiera acerca de la enfermedad de Are.

Me le quedé viendo fijamente a mi hermano, no me había dado cuenta de que el cabrón era tan inteligente. Por más que busqué un punto débil en la explicación de Benjamín no lo encontré, sin duda que ya había pensado en todas las posibilidades antes de contarle todo a Vania.

- Vaya, camarada, que tienes toda la razón.- respondí, sonriendo.- Y como nosotros no fuimos los que te dijimos la verdad, al menos no directamente, nuestros padres no tendrán por qué enojarse.

- Lo siento pero es que no me parecía justo que Vania no supiera qué estaba pasando.- añadió Benji.- Ella ha sufrido tanto o más que nosotros por no saber la verdad, es peor cuando no sabes lo que pasa.

- Y por eso mismo es que yo le voy a decir a Aremy cuál es su enfermedad, porque tiene derecho a saberlo.- añadió Vania, haciendo un puchero.- Ya que ninguno de ustedes se ha atrevido a decírselo.

- Ey, no, espera un momento.- la interrumpí.- No se lo hemos dicho a Are porque no sabemos muy bien todavía de qué va el asunto. Sabemos que tiene leucemia, que es el cáncer de la sangre, pero no tenemos ni idea de cómo hacérselo entender, nosotros mismos no lo comprendimos hasta que buscamos un poco en Internet. ¿De qué serviría darle el nombre de la enfermedad si no podemos explicársela? Va a dar lo mismo que le digamos que tiene leucemia o que tiene diarrea si no podemos aclararle qué es.

- Hmmm.- Vania gruñó.- Eso tiene algo de lógica... Tengo que reconocer que yo tampoco lo entendí hasta que Benji me lo explicó.

- Entonces serenidad y paciencia, pequeña saltamontes, tenemos que tomarnos esto con calma.- continué, respirando un poco más tranquilo.- Nosotros le vamos a decir a Aremy la verdad pero no será hasta que no sepamos cómo hacerlo.

- Que no me llames así.- Vania se cruzó de brazos.- ¿Y cuándo exactamente va a pasar eso?

- No lo sé.- respondí.- Nosotros mismos no hemos terminado de digerir la situación, espera al menos a que lo hagamos.

- Sí, supongo que es lógico.- Vania agachó la cabeza.- Lo lamento, Dai, me he estado portando muy mal contigo y tampoco debe ser fácil para ti.

- Está bien, pequeña saltamontes.- me acerqué y le di un abrazo.- Eres la segunda hermana de Aremy, es lógico que te sientas tan enojada.

- ¡Que no me digas así!.- protestó ella, aunque me devolvió el abrazo.

- Bueno, Vania, tienes que prometer que no vas a decirle a tus papás que ya sabes de qué está enferma Are.- señaló Benji, frunciendo el ceño. ¿Por qué siento que a mi hermano le molestó que abrazara a Vania?.- Eso sigue siendo un secreto entre nosotros.

- Y lo seguirá siendo.- Vania le sonrió de una manera muy especial a Benji.- No deben preocuparse por eso.

- Eso espero.- terció Jaz, desde el extremo del pasillo.

Los tres nos giramos a verla. ¿Desde cuándo estaba ella ahí y qué tanto de lo que dijimos escuchó? Seguramente oyó casi todo, a juzgar por su expresión. Bueno, que eso al menos me libraba de tener que explicarle a mi hermana mayor por qué Vania sabía lo que le pasaba a nuestra hermana menor.

- De verdad, Benjamín, no sé por qué creíste que sería buena idea contradecir a nuestros papás y decirle todo a Vania.- el que Jazmín le llamara a nuestro hermano por su nombre occidental indicaba que estaba molesta con él ya que habitualmente le llamaba por el diminutivo de su nombre oriental.- Digo, no te molestes conmigo, Vania, por favor, pero me la he pasado riñendo a Daisuke en los últimos días porque no quiero que contradiga a nuestro padre delante de Aremy y ahora es Benjamín quien hace exactamente lo que no quiero que haga, no importa si él no prometió no decirte las cosas como son.

- Jaz, lo siento, pero hasta yo estoy consciente de que hay cosas que no están bien y creo que ésta es una de ellas.- la contradijo el incorruptible Ichimei.- Ya has visto lo mal que la ha pasado Are porque papá y mamá insisten en decirle mentiras. ¿A dónde crees que vamos a llegar con esto?

- Aun así ésta no es la forma de hacerlo.- replicó Jazmín, sin dejar de fruncir el ceño.- En todo caso deberíamos pedirles a nuestros padres que reconsideren su postura en vez de llevarles la contraria a sus espaldas.

- Como si no supieras que con eso no vas a conseguir nada.- insistió Benji.- Si bien que sabes que nuestro padre, el Súper Great Goal Keeper, no cambia de opinión ni aunque su vida dependiera de ello.

- En eso estoy de acuerdo.- intervine yo, divertido de ver a mis habitualmente tranquilos hermanos discutir.- El gran Genzo Wakabayashi es más terco que una mula.

- ¡Pero si ustedes están igual!.- replicó Jaz, abriendo los brazos.- Salieron igualitos a él.

- Yo creo que la terquedad la heredaron los cuatro.- añadió Vania, como quien no quiere la cosa.- Aunque mi mamá dice que el problema viene de mi tía Lily también, dice que se unieron dos mulas y que por eso todos los hijos les salieron mulitas.

Jazmín, Benji y yo volteamos a ver a Vania, con cara de pocos amigos antes de soltar la carcajada. Sin duda que vino bien la broma para romper un poco la tensión.

- Como sea, sigo insistiendo en que no está bien que les llevemos la contraria a nuestros padres.- dijo Jazmín, un poco más calmada.- Antes de decirle cualquier cosa a Are, les pido que me dejen hablar con los dos para tratar de convencerlos de que cambien su postura. Si no lo consigo, yo misma le diré a mi hermana la verdad.

- Bien, me parece justo.- asentí, y tanto Benji como Vania estuvieron de acuerdo conmigo.- No tenemos nada que perder.

- Muy bien.- dijo Jaz, suspirando.- Y antes de que pase el momento, quiero que me acompañes a la sala, Dai. Papá y mamá llevan rato hablando ahí y estoy casi segura de que están discutiendo acerca de la enfermedad de Are, me gustaría espiarlos un poco para ver si podemos averiguar algo importante.

Ah, la virtuosa Jazmín, la que solía respetar la intimidad de los demás, está dispuesta a romper sus reglas con tal de estar bien informada. ¿Podía culparla, acaso? Sin duda que no pero, si Jaz y Benji ya estaban dando señales de rebeldía, siendo los dos más rectos de esta familia, ¿qué nos quedaba a Aremy y a mí, que siempre les habíamos llevado la contraria a todos casi desde que empezamos a hablar?

- ¿Qué te hace pensar que hablan de eso?.- quise saber.

- ¿De qué otra cosa podrían estar hablando estos días?.- replicó mi hermana.

- Touché.- señalé.- Prácticamente toda nuestra vida gira alrededor de ese tema.

- Desgraciadamente así es.- asintió Jazmín, para después dirigirse a nuestro hermano.- Lo siento, Ichi, pero no quiero que ni tú ni Vania nos acompañen porque se supone que ustedes no saben nada, si nos descubren no habrá manera en la que podamos ocultar que nosotros sabíamos que ustedes ya conocen todo. Después les contaremos lo que averigüemos.

- De acuerdo.- aceptó Benji.- Los esperaremos en mi habitación.

- ¿Vienes conmigo entonces, Dai?.- me invitó Jaz mientras se dirigía hacia las escaleras.

- Seguro.- acepté.- Yo también quiero saber.

Jazmín y yo bajamos la escalinata a todo correr pero tratando de hacer el menor ruido posible; ella me llevó hasta una puerta escondida, la cual yo siempre había visto cerrada, que abrió con uno de sus broches para el cabello (en serio: ¿Qué le estaba pasando a mi honrada hermana?). Entramos entonces a un pasillo que yo no sabía que existía y desde el cual se podía escuchar y ver todo lo que pasaba en la sala a través de una pequeña rendija de ventilación.

- ¿Cómo encontraste este lugar?.- le pregunté, muy sorprendido.

- En alguna Navidad en la que tuve muchas ganas de saber qué me regalarían, buscaba un sito desde donde pudiera ver lo que pasaba en la sala sin que alguien notara mi presencia.- me respondió mi hermana.- Casi me topé con este lugar por accidente, en aquellas épocas James solía dejar la puerta abierta y podía entrar y salir sin problemas.

- ¿Y tuviste suerte?.- quise saber.- O sea, que si averiguaste qué te iban a regalar.

- No esa vez.- rió ella.- Pero después caí en la cuenta de que este lugar funcionaba genial como escondite y como sitio para espiar. No sé a dónde llevará este pasillo, realmente no lo he querido recorrer todo porque está oscuro y temo meterme en un sitio del cual no pueda salir pero casi podría asegurar que se trata de alguna ruta de escape, aunque no sé en qué lugar de los alrededores de la casa podría desembocar.

- Ya veo.- estaba seguro de que a Mijael le encantaría recorrer el lugar, claro que sí. Luego habría de sugerirle que lo hiciéramos juntos, sólo por diversión.

En fin, que papá y mamá hablaban en la sala, mejor dicho, discutían. El gran Genzo Wakabayashi se había enterado, al parecer, de que su esposa había programado una cita con el doctor Lacoste a sus espaldas y eso lo había hecho enojar. No quería aceptar la explicación de mamá de que lo había hecho para poder hablar con Jean usando terminología médica sin tener que detenerse a explicar las cosas que papá no entendía. En ese momento yo podía comprender que mi padre se sintiera traicionado aun cuando mi madre no le había ocultado información.

- Debiste haberme dicho la verdad.- reclamó Genzo, muy serio.- No está bien que quieras decidir las cosas tú sola basándote en el hecho de que sabes más que yo por ser médico.

- Es que nunca ha sido ésa mi intención, sólo quería hablar con él de doctor a doctor y eso no habría sido posible estando tú ahí.- se excusó Lily.- Habría tenido que explicarte todo y lo que quería era que Jean no se contuviese al hablar. Sólo quería eso, información verídica y pura, no la que se le suele dar a los padres que no saben nada del asunto. Entiéndeme, por favor.

- No estoy muy convencido de que me estés diciendo la verdad pero al menos dime qué fue lo que te comentó el doctor.- pidió papá.

- Ya te lo dije, me habló de estadísticas y probabilidades.- replicó mamá.- Lo que en resumidas cuentas no te deben de interesar mucho porque eres una persona a la cual las estadísticas le importan un carajo.

- No en este caso.- el gran Genzo Wakabayashi se escuchaba un tanto dolido.- No cuando se trata de una de mis hijas.

- ¿Y qué harás si te digo que Aremy tiene muchas probabilidades de perder la batalla?.- replicó Lily.- ¿Vas a darte por vencido sólo porque las estadísticas así lo marcan?

- No.- contestó mi padre tras un breve titubeo.- No, por supuesto que no. Aun cuando me dijeras que Aremy tiene 99% de probabilidades de morir, le diría que se aferre a ese 1% y que luche con todas sus fuerzas.

- Y precisamente por eso es por lo que te amo, porque nunca te rindes a pesar de tenerlo todo en contra.- mi madre dulcificó su voz y miró a mi padre con mucho amor cursi, meloso y ridículo.- Y es precisamente eso lo que necesito de ti, lo que necesitamos de ti, todos, tanto yo como nuestros cuatro hijos, que mantengas el espíritu en alto y nos hagas creer que podemos vencer a las probabilidades. Yo funciono a base de estadísticas, así me entrenaron, pero tú las haces a un lado y las ignoras para seguir adelante, y en estos momentos nuestra familia necesita más lo segundo que lo primero. Perdóname, mi amor, por no haberte dicho que iría a ver a Jean antes de tiempo pero no quería que te contagiaras de nuestro pesimismo médico innato, deseaba que siguieras conservando intacto tu espíritu de lucha porque vamos a depender mucho de él.

- Eres una tonta.- el gran Genzo Wakabayashi movió la cabeza de un lado a otro.- Por ahí hubieras empezado.

Hubo un momento de silencio en el que ambos se dieron un respiro; al parecer, llevaban mucho rato discutiendo y al fin habían logrado calmarse un poco. Mi padre se acercó a mi madre y la abrazó con fuerza, y ella enterró la cabeza en su pecho durante varios minutos; me dio la impresión de que estaba llorando pero no podía asegurarlo.

- Así que Leucemia Ninfoclástica Aguda.- dijo papá, en voz baja.

- Linfoblástica Aguda.- lo corrigió mamá.- Es la leucemia más común en niños de la edad de Aremy. Tiene un buen pronóstico pero el tratamiento será muy duro para una niña de su edad y además…

- ¿Qué cosa?.- Genzo se oía muy aprensivo.

- Su médula ósea está invadida de cáncer en un ochenta por ciento.- Lily se soltó a llorar y esta vez sí pude escucharla.- Eso no es bueno…

- Tranquila, que tenemos un veinte por ciento de médula sana.- replicó mi padre, sin perder el control.- De alguna forma o de otra pero saldremos de esto.

En ese momento entendí por qué mi mamá quería que mi papá dejara de lado las estadísticas y los porcentajes. Sin duda que durante los próximos meses íbamos a necesitar de la fuerza de voluntad del gran Genzo Wakabayashi para poder salir adelante. A esas alturas yo ya sabía que la médula ósea es el sitio en donde se producen las células de la sangre y que se localiza en los llamados "huesos largos" del cuerpo, es decir, el hueso del muslo o fémur, y el hueso del brazo o húmero, aunque también se puede hallar en otros sitios como los huesos de la cadera (en donde le hicieron el estudio a mi hermana), las costillas o los huesos de la columna vertebral. Sabía, además, que la médula ósea es indispensable para vivir por lo que, si la de Aremy estaba invadida de cáncer en un ochenta por ciento, las estadísticas nos decían que el futuro no se veía bueno ni esperanzador…

- Renunciaré a mi trabajo.- dijo Genzo, después de un largo rato, sin dejar de abrazar a Lily.

- No deberías, no es necesario.- contestó mamá, con voz suplicante.- Recuerda que acordamos que sólo yo renunciaría.

- Aremy empezará la quimioterapia en tres días.- replicó mi padre.- ¿Vas a hacerte cargo tú sola de ella?

- Bárbara, Elieth y Catrina se ofrecieron a ayudarme.- respondió Lily.- No necesito más ayuda de la que ellas me pueden dar.

- Mira, entendería que no quisieras que dejara de trabajar si temieras que eso nos pudiera afectar económicamente.- gruñó mi padre.- Pero no es nuestro caso, tenemos suficiente dinero para seguir manteniendo a nuestros hijos durante toda su vida y pagar sin problemas el tratamiento de Aremy.

- En eso tienes razón pero aun así… .- mi madre no concluyó su frase.

En ese punto dejé de prestar atención porque Jazmín me abrazó, llorando. Era obvio que a ella le había afectado tanto como a mí el saber que mi hermana tenía su cáncer muy avanzado. Ay, ¿por qué no podíamos hacer algo más que sentarnos y aguardar? Decidimos esperar a que nuestros padres se fueran de la sala para salir de nuestro escondite y buscar a Benji y a Vania, pero cuando al fin subimos a la planta alta descubrimos que ambos estaban jugando con nuestra hermana. Jaz decidió hablarle a Danielle para desahogarse y yo aproveché para encender mi computadora y buscar información acerca de la Leucemia Linfoblástica Aguda. En honor a la verdad, me hubiera gustado no haberlo hecho porque lo que averigüé me bajó aún más la moral. Según lo que encontré en las páginas de Internet que visité, este tipo de leucemia es la más común en niños y adolescentes, cuyos síntomas principales son los que tuvo mi hermana: fiebre, cansancio, sangrados, moretones y pérdida de peso, así como otros signos que yo no sabía si tenía o no, como mostrar crecimiento anormal del hígado y del bazo. Hasta ahí el asunto iba más o menos bien, lo que me deprimió fue saber que era altamente probable que a Aremy se le tuviera que aplicar radiación en su cabeza, además de las quimioterapias ya establecidas, por el riesgo que tenía de que la enfermedad le afectara el cerebro (lo cual explicaba por qué se le había hecho una tomografía de su cabeza), y que ella tenía muchos factores en contra pues supuestamente a una persona enferma de Leucemia Linfoblástica Aguda le va mejor si es hombre y tiene entre 1 y 10 años de edad, y Aremy tiene once y es mujer. Vamos, que ahora entiendo por qué mi madre le dijo a mi padre que vamos a depender mucho de su habilidad para mandar las estadísticas al carajo.

Así mismo, también averigüé que se puede hacer un trasplante de médula ósea de una persona sana a la enferma con la finalidad de curarla. Según entendí, éste era el mejor tratamiento, el que podía dar la cura definitiva, pero tenía en contra el hecho de que, si el donador no era altamente compatible con el enfermo, éste podía rechazar la médula y morir. En fin, que ya había investigado lo suficiente como para deprimirme por el resto del día así que cerré la pestaña del navegador, consciente de que nada se podía hacer más que esperar a que el tratamiento principal hiciera su efecto y orar por un milagro. Decidí checar mi correo electrónico antes de cerrar la computadora y me di cuenta de que había recibido respuesta por parte de Tsubasa Ozhora. Oh, no. ¿De verdad me había contestado? Esperaba que el Prodigio del Sóccer Japonés recibiera mi mensaje y lo aceptara sin responder pero creo que fue pedir demasiado. En fin, que no importaba lo que Tsubasa hubiese contestado, no había nada en este mundo con lo que lograría convencerme de formar parte de la Selección Sub-16 de Japón, no señor. Muy diferente sería si alguien como mi tío Karl se convirtiera en entrenador de la Selección de Alemania y me pidiera que jugara con ellos, quizás podría entonces considerar su oferta aunque, para que eso pasara, el señor Schneider tendría que renunciar a entrenar al Bayern Múnich y papá tendría que dejarme seguir mi propio camino.

Cuando platiqué con Giovanna esa noche dudé en contarle acerca de mi convocatoria; sólo a Mijael y a Benji les había hablado del asunto y cada uno me había dado su opinión pero tenía curiosidad de saber qué pensaría Giovanna al respecto. Okey, lo admito, lo que quería hacer en realidad era impresionarla aunque al final me arrepentí porque temí ocasionar en ella el efecto contrario al esperado, así que lo dejé pasar, sólo le comenté lo que pasó con Aremy, que a ella le preocupaba verse fea cuando perdiera el cabello.

- Y no es para menos, Dai, para una chica el cabello es muy importante aunque sé que los chicos no piensan lo mismo.- me señaló Giovanna.- Ella debe de estar muy asustada por muchas cosas pero creo que lo de su pelo es lo que más le preocupa porque es lo único que le ha quedado perfectamente claro, que lo va a perder.

- Sí, supongo que tienes razón.- respondí yo.- Digo, para mí el cabello no es tan importante, no aún, pero quizás es por lo que dices, que yo no soy una chica. Quisiera poder darle a entender a mi hermana que la vamos a querer con o sin cabello, que lo que más deseamos es que ella esté viva aunque no le quede ni un solo pelo en el cuerpo pero no estoy muy seguro de lograrlo.

- Yo creo que Are sí lo va a entender, tarde o temprano.- dijo Giovanna.- Sólo no dejes de repetírselo y de quererla mucho, ¿de acuerdo? ¿Y no podrían conseguirle algo después, no sé, como una peluca?

- Mamá dice que sí, que va a buscar a alguien que las haga.- contesté.- Eso le ayudaría muchísimo a mi hermana.

Mucho rato después, a la hora de cenar, bajé al comedor gozando de la felicidad que solía embargarme cuando hablaba con Giovanna; ella, como siempre, lograba hacer que olvidara mis problemas durante un rato. Si tan sólo Gio me viera como algo más que un buen amigo, yo podría pedirle que fuera mi novia, se casara conmigo y fuera la madre de mis hijos… Okey, tal vez lo último no pero podría empezar por invitarla a salir. ¿Sería que ella aceptaría si se lo propusiera?

No tuve oportunidad de seguir pensando en eso porque cuando llegué a la planta baja descubrí que mi padre me estaba esperando en la sala, con actitud muy seria. Jazmín me vio llegar desde su posición al pie de la escalera y me miró con una mezcla de tristeza y empatía.

- Ay, Dai, ¿por qué no nos lo dijiste?.- quiso saber ella.

- ¿Qué cosa?.- me sorprendí.

- Daisuke, quiero hablar contigo ahora mismo.- me ordenó el gran Genzo Wakabayashi con voz agria, desde la sala.

- Voy, papá.- no entendía lo que estaba sucediendo.

Al entrar al lugar vi a mi padre parado junto a la chimenea, muy enojado; en su mano derecha apretaba algo con tanta fuerza que los nudillos se le estaban poniendo blancos. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Se habría enterado ya de mi espantosa calificación en francés? No, eso era imposible, faltaban muchos días para que aparecieran las notas en la plataforma de la escuela.

- No necesito decir que me decepcionas, Daisuke, y mucho.- comenzó a decir el gran Genzo Wakabayashi mientras me miraba fijamente.- ¡No puedo creer que hayas rechazado una oportunidad como ésta!

- ¿De qué estás hablando, papá?.- pregunté, aunque mucho me temía que sí que sabía de lo que estaba hablando.- No te entiendo.

Mi padre me aventó una bola de papel arrugado, que era lo que había estado apretando en su puño derecho. Atrapé la pelota y no tuve la necesidad de desarrugarla para saber que se trataba de la carta que me envío Tsubasa Ozhora para convocarme a jugar con Japón.

Bueno, que tarde o temprano iba a enterarse, aunque hubiera preferido que esto no hubiese ocurrido nunca.

Notas:

- Harry Potter y todos sus personajes le pertenecen a J.K. Rowling.

- Como dato curioso, cuando escribí el fic original aún no se publicaba el último libro de Harry Potter pero yo puse que Daisuke tenía ya los siete tomos porque se supone que la historia ocurre en un futuro en donde ya deben de estar publicados los siete libros.

- En el fic original, Lily tenía Leucemia Granulocítica Crónica, que es la variedad más común en adultos de su edad, pero en esta nueva versión Aremy tiene Leucemia Linfoblástica Aguda porque es la que ocurre con más frecuencia en niños de su edad.