Capítulo 16. Rompimientos.

Me quedé atónito. ¿Cómo había encontrado mi padre la carta de la JFA? Se suponía que ésta había acabado en la basura y que Mine se encargaba de vaciar mi bote a diario. ¿Habría sido ella quien la vio y se la entregó a mi padre? Podría ser pero no lo veía factible, a pesar de que debió haber sido ella quien dejó esa misiva en mi escritorio, en primer lugar. Si hubiera querido decirle a mi padre que me había llegado una carta de la JFA, lo hubiera dicho desde el momento en el que la recibió, aunque nada me garantiza que no haya sido esto lo que sucedió. En fin, que a esas alturas daba lo mismo, el gran Genzo Wakabayashi ya se había enterado de la convocatoria y, a juzgar por sus palabras, también sabía ya que la había rechazado. Si bien de inicio me sentí asustado, este miedo se transformó en rabia porque, ¿acaso no tenía derecho a elegir si quería o no jugar con una Selección determinada? ¿Qué derecho tenía mi padre a molestarse porque no quise ser parte del equipo de Tsubasa Ozhora?

- ¿Qué es exactamente lo que hice mal, padre?.- exclamé, sintiendo que comenzaba a enojarme.- ¿Por qué el rechazar jugar para la Selección de Japón es motivo para decepcionarte?

- Porque ésta es una oportunidad única.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, muy enojado.- ¿Acaso crees que Tsubasa te va a convocar cada vez que quieras?

- ¿Y quién dijo que quiero que el señor Ozhora me convoque?.- repliqué, elevando el tono de mi voz.- ¿Quién te ha dicho que yo quiero jugar partidos internacionales?

- No me grites.- advirtió Genzo.- ¿Es acaso una de tus bromas, Daisuke? ¡Ser convocado para la Selección es uno de los mayores honores de un futbolista!

- ¿Y quién te dice que yo quiero dedicarme al fútbol toda mi vida?.- protesté, mientras hacía trizas la maldita carta de la maldita JFA.- ¿Qué tal si quiero hacer otra cosa como ser violinista profesional o médico, como mamá?

- ¿Es en serio?.- la sonrisa de mi padre fue de pura y franca burla.- ¿Quieres ser músico profesional y morir de hambre?

- Ay, por favor, papá, hablas como un ignorante.- repliqué, a gritos.- Para ti, todo aquél que no se dedique al fútbol es un fracasado muerto de hambre y eso te hace quedar como un inculto.

- Cuidado con lo que dices porque no voy a permitir que me insultes.- ladró mi padre, molesto.- ¿Qué es lo que quieres, entonces? ¿Dejar el fútbol de manera definitiva?

- ¡No!.- negué, sorprendiéndome a mí mismo con la respuesta.- ¡Pero tampoco quiero hacer todo lo que me digas, quiero que me dejes tomar mis propias decisiones! ¿Qué no te das cuenta de que mi hermana está enferma y que eso me quita las ganas de seguir jugando? ¿Qué tan ciego estás que no puedes comprenderlo?

- ¿Es por eso entonces que te has negado a aceptar la convocatoria?.- sorprendentemente, mis palabras parecieron suavizar el comportamiento del gran Genzo Wakabayashi.- ¿Es debido a la enfermedad de tu hermana?

- ¿Tú qué crees?.- sabía que una parte de mí estaba mintiendo.- No tengo muchas ganas de jugar ahora, no cuando no sé qué va a pasar mañana con Aremy. Mamá y tú me dicen que debemos continuar con nuestras vidas normales como si nada ocurriera y eso intento pero… ¡Jugar un partido internacional no es precisamente lo que se haría en una vida "normal"! ¿Por qué no entiendes que no quiero irme lejos y dejar a Aremy sola?

- Si es ésa la razón por la que te has negado, está bien, Daisuke.- a mi padre pareció afectarle el darse cuenta de lo mucho que a mí me perturbaba todo este maldito asunto de la leucemia.- Hablaré con Tsubasa, estoy seguro de que aceptará llamarte nuevamente cuando Aremy esté mejor.

Vaya, que mi hermano tenía razón. Estaba usando a Aremy como pretexto para justificar mi negativa de jugar con Japón pero, cuando ella se recuperara, las trabas desaparecerían y entonces la convocatoria me caería encima otra vez y no quería eso. No, no quería jugar con Japón porque mi hermana estuviera enferma, no quería hacerlo simplemente porque no me siento a gusto con el estilo de juego japonés. Una parte de mí siempre lo supo pero me negaba a aceptarlo, quizás porque sé que papá nunca lo aprobará.

- No, padre.- me escuché decir, sorprendiéndome a mí mismo una vez más.- No hables con el señor Tsubasa, no quiero que me vuelva a convocar.

- ¿Cómo dices?.- el gran Genzo Wakabayashi enarcó las cejas por la sorpresa.

- ¡Que no quiero que Tsubasa Ozhora me vuelva a convocar!.- repliqué, alzando la voz.- ¡La negativa que le he dado no fue momentánea, ha sido definitiva!

- ¿Por qué?.- mi padre gritó también.- ¿Otra vez vas a salirme con eso de que no quieres ser futbolista?

- ¿Por qué no lo entiendes de una buena vez, si eres tan inteligente?.- grité, sabiendo que estaba rebasando el límite.- ¡No es que no quiera ser futbolista, es que NO QUIERO JUGAR PARA JAPÓN!

Silencio sepulcral. Bueno, pues ahí estaba, ya lo había dicho. Había dejado caer la bomba y después de eso sólo quedó el silencio.

- Está de más decirte entonces que no voy a aceptar que juegues para otra Selección, me parece que eso ya lo sabes así que ni siquiera lo intentes.- dijo el gran Genzo Wakabayashi, después de un prolongado periodo de silencio.- No tienes más opción que jugar para Japón, por eso es que naciste allá, pensé que te había quedado muy en claro.

- ¡Por supuesto que lo sé, me ha quedado perfectamente claro desde el momento en el que me trata no como si fuera su hijo sino su clon, señor Wakabayashi!.- respondí, a gritos.- ¡Y precisamente por esa obsesión suya, señor, es que estoy empezando a odiar el fútbol!

No quise quedarme a averiguar qué contestaba mi padre a mi impetuosa (y mentirosa) declaración así que me di la vuelta y salí corriendo sin detenerme. ¡Válgame! ¿De verdad le había gritado que estaba empezando a odiar el fútbol? Sí, eso hice, y aunque en el momento en el que lo dije me sentí muy bien, no pasó mucho tiempo para que empezara a sentirme mal por haberlo hecho. Era mentira que comenzaba a odiar el fútbol, lo único que deseaba era herir a mi padre tanto como me hirió él al confirmarme que, efectivamente, no iba a permitir que jugara para otra Selección que no fuera la de Japón.

En algún punto de mi alocada carrera estuve a punto de chocar con Catrina, la cual se hizo a un lado para dejarme pasar al tiempo que me mira ba con mucha compasión. ¿Por qué tenía que ser yo el que armara siempre tanto drama? ¿Cómo era que Jazmín y Benji conseguían mantener el decoro? Ahora que Aremy está enferma, soy el único que se comporta como un adolescente hormonal que no sabe mantener el control de sus emociones.

- Sé que no debería meterme en lo que no me importa.- le dijo Catrina a mi padre, con mucho tacto.- Pero creo que éste no es el mejor momento para obligar a tu hijo a ser como tú.

- ¿Pedir que juegue para Japón es obligarlo a ser como yo?.- cuestionó el gran Genzo Wakabayashi, mitad sorprendido y mitad dolido.

- Por supuesto.- asintió Catrina, sin titubear.- Quizás te molesta el que él no quiera ser como tú pero lo cierto es que Daisuke es un ser humano con mente propia, no un clon tuyo. Es normal que no tenga deseos de seguir tus pasos, sobre todo porque nunca le has dado la oportunidad de ver si puede encontrar los suyos por su cuenta

- Como bien dijiste, quizás no deberías meterte en lo que no te importa.- gruñó Genzo aunque no tardó en retractarse.- Discúlpame, Catrina, de verdad lo siento, no quise decir eso, es sólo que…

- Que has estado bajo mucho estrés, lo entiendo, no necesitas disculparte.- asintió mi madrina, toda comprensión y dulzura.- No es fácil para ti llevar el mando de una familia que amenaza con desmoronarse de un momento a otro, sobre todo ahora que sabes que de ti depende su salud moral. Está bien, Genzo, que te sientas tan presionado y también que tengas miedo, pero no ganarás nada positivo forzando así a tu hijo para liberar tu estrés.

Mi padre se dejó caer en un sillón, sin responder; de acuerdo a lo que Catrina me dijo más tarde, en ese momento él se veía derrotado, como pocas veces se había mostrado en la vida ante alguien más. Supongo que el gran Genzo Wakabayashi no quería que nadie de su familia lo viera así porque no quería fallarnos ni como padre a mis hermanos y a mí ni como esposo a mi madre, por eso es que dejó que Catrina lo ayudara en esa ocasión. Con momentos como éste es como se puede comprender el por qué el gran Genzo Wakabayashi aceptó que Catrina Mikistli apadrinara a uno de sus hijos, ella siempre había sido un gran soporte para mis padres y tíos.

¿Y qué fue lo que yo hice tras mi aparatosa y hormonal salida? Pues llegué a la casa de Mijael, esperando que él estuviera ahí y no en el cuarto de mi hermana pues yo necesitaba a mi mejor amigo en ese instante. Por fortuna no tuve que entrar a la casa, Mijael estaba pateando una lata de cerveza vacía una y otra vez contra las paredes externas de la cocina.

- ¿Puedo patearla yo también?.- pregunté, sin saludar.

- Eh… .- Mijael se sorprendió al verme.- Claro, si eso te ayuda.

Hice trizas a la pobre lata, de tan furioso que estaba. No sirvió de mucho que Mijael me dijera que podía patear otras cosas más resistentes y que servirían mucho mejor para mi propósito, no me detuve hasta que la lata quedó hecha una bola inservible de metal y la pared quedó llena de marcas. Mijael llevaba rato mirándome muy preocupado pero no fue hasta que descargué mi furia inicial que se atrevió a preguntarme qué me pasaba.

- Pues lo que tenía que pasar, que el gran Genzo Wakabayashi se enteró de mi convocatoria.- respondí, respirando agitadamente.- ¿Y sabes lo que me ha contestado el muy infeliz?

- Espera un momento, Chucky.- Mijael miró hacia las ventanas de la cocina, en donde brilló una luz.- Vamos a los jardines, ahí es menos probable que nos escuchen.

Mijael y yo echamos a andar hacia el jardín; en cuanto nos alejamos un poco de la casa de los Schneider comencé a despotricar contra mi padre. ¿Por qué tenía que ser tan estúpido, tan intransigente, tan terco, tan obsesionado? Durante el camino me puse a golpear todo lo que se me ponía enfrente, ni siquiera destruir a esa indefensa lata me había dejado tranquilo. La gente suele decir que soy una persona muy tranquila y calmada pero creo que no me conocen en realidad, soy más explosivo que relajado, más iracundo que pacífico y sobre todo si me sacaban de mis casillas, como había hecho mi padre minutos antes.

- Diría que lo lamento pero estaría mintiendo.- dije mientras pateaba uno de los aspersores.- Si por mí fuera, destruiría todo lo que está en el jardín.

- Hazlo.- Mijael se encogió de hombros.- De todos modos no es como si mis padres fueran a resentir la falta de aspersores. O de jardín.

Sin embargo, para esas alturas ya me sentía un poco mejor debido a que ya había descargado mi furia con otras cosas, así que el aspersor vivió para ver un día más. Me tumbé a su lado, en el pasto mojado, sin importarme que estuviera empapándome la ropa.

- ¿Qué pasó entonces?.- quiso saber Mijael, esquivando hábilmente al aspersor.

- Como te dije, el gran Genzo Wakabayashi se enteró de que rechacé la convocatoria del señor Ozhora.- respondí, mientras el aspersor echaba agua en mi cara.- Discutimos por ese asunto y acabé soltándole que no quiero jugar para Japón.

- Oh, así que al fin se lo dijiste.- Mijael se dejó caer junto a mí.- ¿Qué fue lo que él te contestó cuando se enteró de que no quieres jugar para Japón? Tengo ya una idea de lo que pudo haberte dicho pero quiero saber.

- Lo que ya te había comentado, que no va a permitir que juegue con otra Selección que no sea la Japonesa.- contesté, francamente malhumorado.- ¡Ni siquiera lo consideró! Directamente me avisó que ni lo intentara porque no lo permitiría.

- De verdad que se pasa de tarado.- masculló Mijael.- ¿Qué es lo que espera? ¿Qué fracases con una Selección que no va a dar mucho de sí?

- Espera que repita el milagro que él hizo.- bufé.- De verdad que lo cree, ciegamente, que voy a repetir todos sus pasos. ¿Qué nunca se le ha pasado por la cabeza el hecho de que puedo tener mis propios deseos y aspiraciones?

- Supongo que no.- suspiró Mijael, removiéndose en el pasto mojado. A mi amigo nunca le ha gustado mancharse la ropa así que debía de estar pensando en las manchas de pasto y lodo que quedarían sobre su playera.- A todo esto, ¿cómo fue que se enteró? ¿Le dijiste algo?

- No, no estoy tan loco.- negué.- Y no tengo idea de cómo lo supo; cuando bajé a cenar, él ya me estaba esperando con la carta de la JFA en la mano. Ni siquiera sé cómo la consiguió, tú la tiraste a la basura y creí que Mine la había desechado ya.

- Ya veo.- respondió Mijael, vagamente.- Quizás Mine la vio y se lo dijo.

- Es posible pero no probable.- admití.- Ella no es metiche ni chismosa, me parecería raro que se hubiera puesto a buscar en mi basura para ver qué encuentra.

- Pues alguien se lo tuvo que decir y si no fuiste tú ni tampoco lo hice yo, la única opción es Mine.- insistió mi mejor amigo.

- Bueno, Benji también lo sabía pero dudo mucho que él se lo haya contado.- dije.- De cualquier manera qué más da, el caso es que mi padre se ha enterado ya de que rechacé la convocatoria del señor Ozhora. Y bueno, que también me atreví a decirle que no quiero jugar para Japón.

- ¿Y le dijiste que no quieres jugar por lo de Are o…?.- quiso saber mi amigo.

- Le aclaré que no quiero jugar para Japón nunca.- lo interrumpí.- Aunque primero le dije que era por lo de mi hermana y después le solté la verdad. Lo cierto es que desde que me comentaste que podría nacionalizarme alemán y jugar para su Selección, no he dejado de pensar en eso. Y tengo que admitir que mi hermano ayudó a darme cuenta de qué es lo que realmente quiero. No deseo jugar para Japón, Fede, ni ahora ni nunca.

- ¿De verdad?.- Mijael se incorporó bruscamente y me miró con los ojos muy abiertos.- ¿Ya de plano lo decidiste así?

- No creo que yo vaya a cambiar de opinión en un futuro.- aseguré.- Si voy a ser futbolista profesional, lo mínimo que podría esperar es jugar con un buen equipo, algo que no voy a tener con Japón por mucho que el gran Genzo Wakabayashi así lo desee.

Mijael se quedó callado durante un largo rato, meditando. Debí haber dicho algo muy pesado para que él se quedara sin saber qué decirme o quizás estaba pensando en alguna buena respuesta.

- Bien, pues ya diste el primer paso, el más importante, que es admitir qué es lo que no quieres hacer.- dijo Mijael, después de un buen rato.- Y también diste el segundo, que fue decírselo a mi padrino. Ya es un avance aunque habría venido bien que no se lo dijeras en medio de una discusión.

- A últimas fechas es la única manera en la que puedo comunicarme con él.- protesté, tapándome los ojos con el brazo como suele hacer Demian Krieg.- No entiende de otra manera.

- Quizás vas a enojarte por lo que te voy a decir pero deberías de darle algo de tiempo, para mi padrino tampoco debe ser fácil ser quien es.- replicó Mijael.

- ¿Cómo que no es fácil? ¡Por supuesto que es fácil ser él!.- protesté.- El gran Genzo Wakabayashi siempre consigue todo lo que quiere con solo chasquear los dedos o simplemente diciendo quién es.

- No por nada pero mi padrino no es un genio salido de una botella.- comentó Mijael, con todo el tacto que pudo.- He hablado mucho con el abuelo Rudy Frank acerca de la vida de nuestros padres cuando eran jóvenes y créeme que tampoco fue sencillo para ellos, fueron grandes jugadores en su época, lograron grandes hazañas y por eso mismo ahora todo el mundo tiene la mira puesta en ellos, esperando a que cometan algún error o a que sus hijos lo hagan. Y tu padre y el mío hacen lo mejor que pueden para demostrar que lo que obtuvieron lo consiguieron con su propio esfuerzo y que nosotros haremos lo mismo. Aunque no lo parezca, ellos quieren lo mejor para sus hijos, al final de cuentas nos lo están ofreciendo todo y esperan que nosotros lo aprovechemos.

Analicé durante algunos momentos las palabras de Mijael. Quizás, muy a su manera, lo único que el gran Genzo Wakabayashi quería era que mis hermanos y yo tuviésemos un gran futuro por delante; quizás él intentaba que yo siguiera sus pasos porque era la única forma que conocía para conseguir el éxito… Bueno, hay que reconocer que mi padre también quiere que alguien reviva su glorioso pasado, pero puede ser que su insistencia sea una mezcla de ambas cosas.

- Insisto, Fede, ¿desde cuándo eres tan inteligente?.- cuestioné, levantándome para alejarme del área de los aspersores.

- Creo más bien soy perceptivo.- Mijael se encogió de hombros.- Hablar con el abuelo Rudy Frank me ha servido de mucho porque he podido comprender qué es lo que pensaba mi papá cuando era joven. Creo que es lo que te hace falta a ti, Chucky, tú no tienes quién te cuente sobre las ideas que tenía mi padrino cuando era joven.

- Sí, puede que eso sea.- admití.- Aunque mi abuelo paterno quisiera reconocerme como su nieto, dudo mucho que pudiera hablarme sobre las vivencias juveniles de mi padre, considerando que ellos nunca han sido muy unidos.

- Sí, a eso me refería.- asintió Mijael.- ¿Y bien? ¿Qué vas a hacer ahora?

- No lo sé.- reconocí.- Apenas acabo de admitir que no quiero jugar para Japón, no he pensado en algo más.

- Está bien, tómate tu tiempo.- Mijael se sacudió la ropa mojada.- Por más que mi padrino se enoje, no puede obligarte a aceptar esa convocatoria, eso es sólo tu decisión.

Regresé a casa en cuanto comencé a estornudar y para mi fortuna no encontré a mi padre esperándome, lo que me produjo cierto alivio. Subí a mi cuarto a cambiarme de ropa y a tomar un poco del jarabe de vitaminas que nos había repartido mi madre a mis hermanos y a mí para reforzar nuestras defensas, tras lo cual me dirigí al cuarto de mi hermana, estaba muy seguro de que sería ahí en donde encontraría a mi madre. Necesitaba urgentemente hablar con ella considerando que, a esas alturas, ya debía de haberse enterado de todo el asunto.

- ¿Mamá?.- hablé con suavidad al tiempo que entreabría la puerta del cuarto de Aremy.- ¿Estás despierta?

- Sí, Dai.- contestó ella, en voz baja.- Puedes pasar pero no hables muy fuerte porque tu hermana está dormida.

- Gracias, mamá.- musité, cerrando con cuidado la puerta después de entrar.- Verás, hay algo de lo que te quiero hablar...

- Me imagino de qué va el asunto.- Lily se incorporó en el camastro que se había instalado en la habitación de Aremy para que su cuidador en turno descansara.- ¿Qué sucede?

- Yo creo que Genzo ya te ha de haber dicho algo... .- comencé, dejándome caer en el sillón blanco de mi hermanita.

- ¿Sobre la convocatoria de Japón?.- me interrumpió Lily.- Sí, ya lo hizo. Y ya te he dicho muchas veces que no lo llames por su nombre, Daisuke, él es tu padre y le debes respeto.

- Lo siento, es que estoy furioso.- me disculpé.- ¡Quiere que juegue a fuerza para Japón aunque yo no quiera! ¿No tengo derecho a elegir mi propio camino?

- Sí que lo tienes, Dai.- suspiró Lily, apesadumbrada. De inmediato me di cuenta de que, en esa ocasión, mi madre no estaba de acuerdo con mi padre.- No voy a negar que tu papá actuó mal y que no manejó muy bien la situación pero en su defensa puedo decir que él se emocionó mucho cuando Tsubasa Ozhora le anunció que te convocaría.

- ¡Ah!.- exclamé, sorprendido.- ¿El señor Ozhora fue quien se lo dijo a papá?

- Sí.- asintió mi mamá.- ¿No te lo dijo?

- No, no tuvimos tiempo para tratar esos detalles insignifcantes.- repliqué, tratando de no sonar muy sarcástico.- ¿Cuándo se lo dijo?

- Hace un par de semanas, quizás más.- me explicó Lily, al tiempo que mi hermana se removía inquieta en la cama.- Le llamó por teléfono y se lo contó, tu padre no cabía en sí del gusto y del orgullo, tenía muchas ganas de decírtelo él mismo pero había acordado con Tsubasa que esperaría a que te llegara la carta oficial de la JFA.

- Así que se estuvo aguantando todo este tiempo.- repuse, recostándome en el sillón.- Me imagino que debió sufrir mucho para no soltármelo antes.

- No tanto como crees, la enfermedad de Aremy lo afectó más de lo que te imaginas.- replicó mi madre mientras acariciaba a mi hermana para ayudarla a relajarse.- El caso es que tu padre supo lo de esa convocatoria primero que tú, sólo estaba esperando a que le dijeras que te había llegado la carta; él creyó que se lo contarías de primera instancia, jamás se le pasó por la cabeza la idea de que no le avisarías nadie y que rechazarías la oferta, además.

- Bueno, se lo conté a Mijael y a Benji.- repuse, tratando de no sonar muy cínico.- Y en honor a la verdad es que ni yo mismo creí que no se lo diría a papá. No lo sé, mamá, Benji me dijo que no use a Are de pretexto pero una parte de mí no quiere jugar porque no deseo estar lejos de ella.

- ¿Y la otra parte de ti, qué es lo que desea, Daisuke?.- Lily me miró fijamente a los ojos, con esa mirada que todas las madres han de usar con sus hijos para sacarles la vedad.

- Eh… No lo sé… .- titubée. Era cierto que ya había aceptado el hecho de que no quiero jugar con Japón pero de ahí a hacerlo público hay un trecho muy grande.- Podría jugar para México, por ejemplo, podría hacerlo si quisiera.

- De que puedes, puedes, eres mitad mexicano y por tanto tienes derecho.- Lily me sonrió con cierta burla.- Y estoy segura de que el Héroe de México estaría muy feliz de tenerte en su equipo, considerando que no hay un portero novel que pueda suplir la ausencia de Ricardo Espadas en el futuro.

Hugo Ramírez, también conocido con el sobrenombre de "El Héroe de México", fue durante muchos años el capitán de la Selección Mexicana de Fútbol. El señor Ramírez era un futbolista excelente que tenía poco de haberse retirado tras conseguir algunas glorias para la Selección de México en compañía de Ricardo Espadas, el "Miracle Goalkeeper"; papá se enfrentó a Ramírez en muchas ocasiones, decía que era un buen jugador pero éste nunca consiguió anotarle un gol así que no sé qué tan sinceras hayan sido sus declaraciones.

- Hugo Ramírez aún no es el entrenador de la Selección Mexicana, a duras penas se acaba de retirar del fútbol profesional, mamá.- repliqué, sonriendo.

- Oh, pero los mexicanos sabemos que acabará por entrenar al equipo, es sólo cuestión de tiempo.- ella se estiró antes de continuar.- Sin embargo, mi amor, por mucho que me pese decirlo, tengo que advertirte que cometerías un error si decidieras jugar para México. Es cierto que el Tri ha mejorado mucho y sin duda que un refuerzo como tú les vendría bien a largo plazo pero no sería la mejor Selección para la que podrías jugar.

- ¿Ah sí?.- levanté ambas cejas, sorprendido.- ¿Crees entonces que lo mejor que podría hacer es jugar con Japón?

- No.- negó mi madre, con energía.- Pero Japón y México no son los únicos países para los que puedes jugar, Daisuke. Déjame preguntarte algo: si alguien de die Mannschaft viniera a pedirte que te nacionalizaras alemán y jugaras para ellos, ¿aceptarías?

¡Santos protones! ¿Cómo había adivinado mi madre que me gustaría jugar para Alemania? ¿Era bruja, adivina o algo similar, o es que ya se había comprado una bola de cristal? Ella debió ver mi cara de desconcierto porque soltó una risilla suave.

- ¿Qué, te sorprende mi pregunta?.- dijo.- ¿Me equivoco al pensar que te gustaría jugar con la Selección de Alemania?

- No.- admití, suspirando con fuerza.- La verdad es que ése es exactamente mi problema, mamá. ¿Cómo supiste que ése es mi verdadero deseo?

- En primer lugar, porque soy tu madre.- contestó mi mamá, con cierta altanería.- No hay nada que no conozca de ti ni de tus hermanos, Daisuke. Y en segundo lugar, tu padre ya pasó por algo similar cuando tenía la edad de Jazmín, más o menos.

- Algo así me ha contado Mijael, que su papá le pidió al mío alguna vez que se nacionalizara alemán pero que mi padre no quiso hacerlo.- repuse; distraídamente tomé a Camila y me puse a aventarla hacia arriba, en esa maña que no consigo quitarme de arrojar a lo idiota cualquier objeto que pueda detener con las manos.

- Bueno, fue algo más que una simple petición de Karl, Daisuke.- mi madre habló en un tono confidencial.- Tu padre jugó un partido con la Selección de Alemania, un amistoso contra Holanda, en el cual tu tío Bryan le lesionó las manos, por cierto. Creo que los directivos de die Mannschaft querían tentar a tu papá con ese amistoso pero terminó saliéndoles muy mal el plan debido a las lesiones que sufrió, y perder 3 goles a 1 no ayudó tampoco.

- Es raro que papá se deje meter tantos goles.- admití, asombrado.- No tenía idea, además, de que mi padre hubiese jugado con Alemania alguna vez.

- No fue más que un partido amistoso pero el que tu papá haya cedido a la tentación de aceptar la convocatoria de Alemania ya indica algo.- continuó mamá.- Si él al final eligió quedarse con Japón fue para cumplir esa promesa que hiciera con Tsubasa de llevar a su país a la gloria. No me queda la menor duda, sin embargo, de que tu padre se sintió tentado por el fútbol alemán, después de todo vino para acá para convertirse en el mejor portero y no debió pasar mucho tiempo antes de que notara cuán grande es la diferencia entre el estilo europeo y el japonés, simplemente no hay punto de comparación. Sé que al final a Genzo le pudo más el peso de su promesa que otra cosa y por eso rechazó a Alemania, además de que en la Selección Japonesa estaban sus amigos de la infancia, muchos de los cuales crecieron con él en su ciudad natal. En teoría, tu padre tenía motivos para rechazar a Alemania pero no va a pasar lo mismo contigo, Daisuke, porque tú has crecido en este país, lo que significa que tus amigos son alemanes. Tú también debes sentirte tentado por la maravilla que es el fútbol teutón aunque, a diferencia de tu padre, no le hiciste promesas a nadie por lo que no tienes algo que te ate a tu país de nacimiento.

- Todo lo que dijiste con respecto a mí es verdad.- confesé, abrumado por el hecho de que mi madre me conociera tan bien.- Nací en Japón pero crecí en Alemania, por lo que mis mejores amigos son alemanes, no japoneses, y el país que me está ayudando a desarrollarme como persona y como jugador es Alemania, no Japón. No puedo sentir "amor" por una nación que no conozco, mamá.

- Temía que esto pudiera pasar.- mamá suspiró.- Que los cálculos de tu padre "fallaran" por el factor humano, y con "factor humano" me estoy refiriendo a ti. Era obvio que había una alta probabilidad de que tú no quisieras hacer lo que él desea, como jugar para Japón, pero Genzo se ha negado durante mucho tiempo a ver la realidad. Escucha, Daisuke, hay muchas cosas que has hecho mal, como discutir con tu padre a gritos en vez de hablar como persona civilizada con él, pero querer seguir tu propio camino no es una de ellas. Si no deseas jugar con Japón estás en todo tu derecho, ni tu papá puede obligarte a hacerlo, así que si quieres nacionalizarte alemán y jugar para Alemania, es tu decisión, y si quieres mandarlo todo por un tubo y jugar para México, es algo bastante estúpido pero también es cosa tuya.

- Gracias, mamá.- me reí por lo bajo, sintiéndome inesperadamente mejor.

- Y no te preocupes por tu padre, he de hablar con él un día de éstos.- añadió Lily.- Tiene que entender que tienes derecho a tomar tus propias decisiones, eso de que él elige por ti porque no estás en edad de comprender queda para muchas cosas pero no para el fútbol. Eso sí, es la segunda o tercera vez que te digo que tienes que respetarlo, no está bien que le grites ni que lo ofendas, Daisuke, más vale que no te lo tenga que repetir otra vez porque, si lo hago, el regaño irá acompañado de un castigo severo.

- Sí, mamá.- asentí, muy serio.- No volverá a pasar.

- Eso espero.- Lily se puso en pie para arropar a Aremy.- Vete ya a dormir, que es tarde. Yo me encargo de hablar con tu padre con respecto al asunto de la convocatoria.

- Gracias, mamá.- me acerqué y le di un beso en la mejilla.- Te quiero.

- Yo también, mi dragón.- respondió ella, con una sonrisa.

Bueno, que al menos ahora mi madre y mi hermano me apoyaban y respetaban mi decisión. Y estaba casi seguro de que Jazmín y Aremy también lo harían cuando les contara cómo había estado el asunto. Sin embargo, me negaba a aceptar que, muy en el fondo, deseaba que el gran Genzo Wakabayashi también pudiera llegar a entenderme.

Al día siguiente, en la escuela, Jazmín fue el centro de atención por un suceso que ocurrió sin que ella lo buscara, no a propósito, al menos. Desde su fiesta de cumpleaños, las cosas entre ella y Kentin Hyuga no iban particularmente bien y eso se notaba cada vez más. Ambos se habían sentado a comer juntos a la hora del receso, en un movimiento que ocasionó malestar en Mijael y que causó que los amigos y parientes de mi hermana nos sentáramos a su alrededor para no perder detalle del asunto. El Hyuga no dejaba de reclamarle a mi hermana que no lo hubiese invitado a su fiesta, a pesar de que Jazmín se había cansado de decirle que no fue ella sino Danielle quien se encargó de las invitaciones.

- Eso fue algo planeado, seguramente ese Fürst, de quien eres tan amiga, le ha de haber dicho a su prima que me dejara fuera.- reclamó Kentin.- Todo en esta maldita escuela se tiene que hacer a su maldito antojo.

- En primera, es falso que todo aquí se haga como Mijael quiere.- replicó mi hermana, sin turbarse.- En segunda, él no le dijo a Danielle que te dejara fuera de mi fiesta, fue un error que cometió ella y del cual ya se disculpó. Y en tercera, ¿por qué maldices tanto a la Wittelsbach? Fuiste tú el que quiso venir a ella, en todo caso.

- Porque es un colegio de niños ricos que se sienten superiores a los demás.- contestó Kentin, frunciendo el ceño.- Empezando precisamente por Mijael Schneider.

- Vuelvo al punto anterior: si no te gusta, ¿por qué solicitaste venirte de intercambio?.- insistió Jazmín.

- Ya te lo dije antes, quería vencer a Schneider en su propio terreno de juego.- masculló el Hyuga, enojado.

Quedaba claro que a Kentin Hyuga le molestaba sobremanera la popularidad que Mijael Schneider tenía en la Wittelsbach. Yo casi no lo he mencionado porque es algo que me viene importando tanto como el precio de la leche en Timbuctú, pero Mijael tiene mucha influencia entre los estudiantes de nuestra escuela. No es para menos, el Fede por sí solo tiene muchas cualidades que lo hacen popular entre la gente, los muchachos lo respetan por su innato don de liderazgo, su honestidad y su forma tan poco complicada de ver la vida. Mijael es del tipo de muchacho con el que siempre vas a poder contar, el que te hablará de frente sin tapujos y te dirá lo que verdaderamente piensa, por eso es que muchos confían en él; según palabras de Lisa Marie, además, Mijael es cotizado entre las chicas por ser rubio, atlético y guapo, y si a eso se le agrega que él es el hijo mayor de Karl Heinz Schneider, el Káiser de Alemania (lo cual por sí solo es suficiente razón para lanzarlo directo a la cima de la popularidad), se obtiene como resultado que el Fede tiene a su alrededor a muchas fervientes candidatas a ser su novia aunque muchos sabemos él sólo tiene ojos para mi hermana. Sin embargo, me parece a mí que el Fede nunca ha tratado mal a nadie ni lo ha menospreciado por ser de diferente raza o condición social a la suya, para muestra basto yo, que soy un mestizo japonés y aún así soy su mejor amigo; por supuesto, la enemistad con Kentin no se debía a que él fuese extranjero ni hijo de Kojiro Hyuga sino al hecho de que Ken había sido un imbécil desde el comienzo y aparte de todo había tenido el descaro de invitar a salir a Jazmín. No es justo, pues, que él acuse a Mijael de ser un idiota con los demás cuando es el mismo Kentin quien nos ha menospreciado desde el inicio.

- Mijael nunca se ha portado mal con alguien.- Jaz, por supuesto, saltó a defender a su mejor amigo.- Ni siquiera contigo, Ken, te recuerdo que fuiste tú quien comenzó la rivalidad entre ustedes.

- Y allá vas a defenderlo otra vez.- reclamó Kentin.- Lo proteges más a él que a mí y pasas más tiempo con él que conmigo.

- Y allá vas tú a atacarlo otra vez.- replicó mi hermana, quien empezaba a impacientarse.- No estás siendo justo con Mija, ya te lo dije. Si supiera que tienes razón te la daría pero sabes que las acusaciones que haces contra él son falsas.

- ¿Es una acusación falsa decir que Schneider se muere por ti?.- masculló Kentin.

- Por supuesto que lo es, Mija y yo sólo somos amigos.- Jazmín alcanzó a ruborizarse un poco.- Lo hemos sido desde niños, no voy a dejar de ser su amiga sólo porque tú y él no se llevan bien.

- ¿Es decir que lo prefieres a él antes que a mí?.- Kentin acabó por enojarse y decidió jugar la última carta, la más patética.- Empiezo a creer, Jazmín, que no estás tan interesada en nuestra relación como deberías, gracias a tu amigo el Fürst. Ya me harté de que todo el tiempo estemos discutiendo por su culpa así que es momento de que tomes una decisión: o es él o soy yo, tú decide.

- ¿Me estás diciendo que me vas a poner a elegir entre mi mejor amigo y tú?.- Jazmín estaba incrédula.- ¡Es ridículo!

- Piensa lo que quieras pero así están las cosas.- replicó Kentin.- O dejas de ver a Mijael Schneider o terminamos.

Silencio sepulcral. Todos los que estábamos alrededor habíamos escuchado perfectamente el ultimátum del Hyuga; sentí cómo Mijael se estremecía a mi lado al tiempo que aguantaba la respiración. Sin embargo, mi hermana mayor era el ejemplo perfecto de la compostura, cualquier institutriz inglesa le habría dado un premio por sus perfectos modales.

- Muy bien, Ken, es una lástima que tenga que ser así pero que sea como tú quieres.- Jazmín dobló su servilleta, empacó sus envases de comida y se puso en pie.- Hemos terminado. Bueno, aunque no sé si sea posible terminar con alguien que no es tu novio, en todo caso. Digamos entonces que lo nuestro, lo que sea que haya sido, se acabó. Me parece que eso sí lo vas a entender.

Jazmín se dio la vuelta y se marchó con la orgullosa cabeza en alto, dejando a Kentin sin poder creer lo que estaba ocurriendo. Mijael, a mi lado, soltó un grito de felicidad que debió haberse escuchado hasta China. Uy, ahora sí que la rivalidad entre Mijael Schneider y Kentin Hyuga iba a llegar a su punto máximo. Sin duda que las cosas en la escuela se iban a poner de lo más interesantes en los próximos días.

Notas:

- Ricardo Espadas y Hugo Ramírez son personajes oficiales del manga de Captain Tsubasa y creados por Yoichi Takahashi; ambos son jugadores de la Selección Mexicana, el primero apareció en la saga Captain Tsubasa World Youth y el segundo hizo su aparición en la saga Captain Tsubasa Rising Sun.

- El Tri es el apodo que recibe la Selección Mexicana de Fútbol, así como la de Alemania se conoce como die Mannschaft.