Capítulo 18. Recuerdos.
El gran Genzo Wakabayashi conoció a la que habría de ser su esposa en el Hospital Universitario de Múnich, un día en el que por azares del destino se resintió de una antigua lesión en la muñeca que se había hecho poco antes de su participación en el Mundial Sub-19. Si bien en esa época el portero japonés se había lastimado las dos muñecas, en esta ocasión específica sólo se volvió a lesionar la derecha. Ese día, el Gran Súper Portero había estado ejercitándose en su departamento y, al lastimarse, decidió contactar con el médico del equipo para el cual jugaba para que lo valorara y determinara un tratamiento antes de que la cosa llegara a mayores. Sin embargo, el jefe del cuerpo médico de su equipo, el Dr. Stein, no se encontraba disponible porque era fin de semana, de manera que el gran Genzo Wakabayashi tuvo que acudir al Hospital Universitario de Múnich para ser atendido ya que sabía que su lesión había sido cosa seria y no debía descuidarla. Para ese entonces, Wakabayashi llevaba poco más de un año jugando para el Bayern Múnich y tenía un futuro brillante por delante, así que esperaba que la contusión no fuese demasiado sería. Mejor dicho, no podía serlo porque no tenía tiempo para que así fuera, el Bayern estaba por jugar la final de la DFB-Pokal y lo necesitaba a él en la portería si quería ganarle al Borussia Dortmund, el eterno rival del Bayern Múnich tanto en la Bundesliga como en la Pokal, las dos ligas más importantes de Alemania. Sin embargo para su mala (buena) suerte, fue la doctora Lily Del Valle, emigrada de México y nacionalizada alemana, quien estuvo de turno ese día y lo atendió personalmente. La doctora, tras hacerle las revisiones de rutina, no se dejó impresionar por la fama de su paciente (ni por su carácter terco y amargado) y lo obligó a hospitalizarse para que lo revisara el traumatólogo de turno ya que determinó que esa lesión de la muñeca derecha era más grave de lo que aparentaba ser.
En ese entonces, la doctora Del Valle estaba haciendo sus prácticas en medicina deportiva en, precisamente, el Bayern Múnich; si el gran Genzo Wakabayashi no la conocía era porque nunca habían coincidido ya que los periodos que ella pasaba en las instalaciones de Säbener Straße eran más bien cortos. La doctora Del Valle trabajaba también en el Hospital Universitario de Múnich, sitio en donde se fue a encontrar con alguien a quien era más probable ver en Säbener Straße que ahí. Ella era muy estricta con el control de sus pacientes, no permitía que éstos descuidaran su salud por motivos banales y cuando alguien tenía una enfermedad seria, siempre conseguía que esa persona permaneciera bajo el cuidado más estricto hasta que se recuperaba por completo. Por supuesto, cuando dos personas como el gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle, dueños de personalidades muy fuertes y muy tercas, se encontraban, no podía esperarse que no hubiera un choque entre ellos. El guardameta del Bayern protestaba porque él debía decidir si quería ser hospitalizado o no y aseguraba que su lesión era algo "menor" que no merecía tanta atención, que sólo había ido a "hacerse una radiografía mientras aparecía su médico". La doctora, por su lado, rebatía diciendo que decidir si su lesión no era grave no era elección suya sino del galeno que lo atendía y que, si no quería que se le hospitalizara, no debió de haber ido al hospital en primer lugar. Para zanjar la cuestión, la doctora Del Valle localizó al entrenador del Bayern Múnich y al director del hospital, mismos que tuvieron que dejar sus comidas con sus familias para ir a arreglar el problema "diplomático" que se estaba presentando en el hospital; ambos tuvieron que hablar por separado con la doctora y el portero para saber quién tenía la razón y se llegó a la conclusión de que era la médica la que estaba hablando con conocimiento de causa, de manera que el entrenador obligó al gran Genzo Wakabayashi a acatar sus indicaciones, so pena de no tomarlo en cuenta para sus planes a futuro con el equipo.
- ¡Pero ella ni siquiera forma parte del cuerpo médico del Bayern!.- fue lo que protestó el incorregible, irascible y terco Wakabayashi cuando se enteró del veredicto.- ¿Por qué hemos de hacerle caso?
- Técnicamente hablando, sí es parte del cuerpo médico, está haciendo prácticas con nosotros.- el entrenador se encogió de hombros.- Que no te hayas dado cuenta de eso es otra cosa. Y aunque no estuviera trabajando con nosotros, de cualquier manera ella tiene más conocimientos en medicina que tú y yo juntos, entiende que ninguno tiene la autoridad para rebatir sus indicaciones, Wakabayashi.
Fue así como el gran Genzo Wakabayashi se enteró de que la doctora Del Valle estaba haciendo sus prácticas en el cuerpo médico del Bayern Múnich, a donde tenía intenciones de ingresar como miembro de planta una vez que concluyeran las mismas. En sus momentos de mayor rabia, el guardameta juró no permitir que la doctora se saliera con la suya, decidido a hacerle la vida imposible en la Säbener Straße para impedirle entrar al cuerpo médico de manera oficial; por supuesto, el gran Genzo Wakabayashi sólo era muy terco, no un reverendo idiota, de manera que cuando la rabia se le pasó se dijo que sería demasiado cobarde el intentar bloquearle el paso a alguien que sólo pretendía ayudarlo, así que dejó de lado sus idiotas deseos de venganza y prefirió intentar llegar a una conciliación con la médica a través de otras vías.
- No sé qué gana usted con dejarme encerrado aquí, doctora.- soltó Wakabayashi cuando estuvo instalado en su habitación.- Pareciera que quiere ver al Dortmund como campeón, cosa que me sorprende ya que me avisaron que está haciendo prácticas médicas en el Bayern.
- Si interpusiera mis deseos personales a mi deber médico, sería una persona poco ética, ¿no le parece?.- replicó la doctora Del Valle, sin dejar de anotar las indicaciones en la carpeta de su paciente.
- Su ética no se le ha cuestionado en ningún momento.- replicó Wakabayashi, frunciendo el ceño.- Mucho menos si hay otras cosas más importantes en juego, como un campeonato. Soy futbolista profesional, seguramente que puede hacer a un lado sus deberes en aras de algo más importante. Su rigidez médica puede aplicarse a la mayoría de las personas pero no a mí, no cuando hay tantas cosas en juego.
- A ver, señor Wakabayashi, hablemos seriamente.- ese comentario hizo que la doctora Del Valle se molestara al grado de azotar la carpeta metálica contra la mesita del paciente.- Usted quiere que le deje hacer su trabajo, ¿no es así?
- Sí, exactamente eso.- a pesar de su aplomo, Wakabayashi no pudo evitar estremecerse ante la mirada gélida de su interlocutora.- Sólo quiero que me deje hacer mi trabajo. Después de todo, mi lesión no es tan seria.
- Pues entonces yo le pido que me deje a mí hacer el mío.- replicó la médica, mordaz.- Sé que su "deber" es ayudar al Bayern a ser campeón de Copa y que por eso cree que debe jugar a pesar de su herida e incluso pretende usar su fama para saltarse las indicaciones de un profesional que sabe más que usted acerca de lesiones pero que le quede claro que, al menos conmigo, eso no le va a funcionar. Que se crea usted una persona importante no le da derecho a demeritar mi trabajo ni a tratar de convencerme con cosas que en resumidas cuentas siguen sin ser más importantes que la salud. Si el Bayern no puede ganar la final sin usted entonces no se merece ese título pero nadie morirá por eso; en cambio, si lo dejamos jugar así de lesionado, ése será el último partido en el que usted juegue por el resto de su vida.
Sin esperar respuesta, la doctora tomó la carpeta y se marchó, muy enojada, dejando al gran Genzo Wakabayashi completamente mudo por una vez en su vida. Habían sido muy pocas las personas que se habían atrevido a hablarle de esa manera, en otras palabras, a ponerlo en su lugar, así que no habría sabido qué contestar en caso de que la doctora Del Valle no se hubiese ido. Lo que sí es que al portero le quedó muy en claro que había cometido la estupidez de faltarle el respeto a una persona que estaba haciendo su trabajo sólo porque éste se interponía en sus deseos. El gran Genzo Wakabayashi se la pasó el resto del día buscando una manera adecuada de disculparse, encontró una y la pulió hasta dejarla decente. No es que fuera bueno ofreciendo perdón ni tampoco lo era con las palabras pero sin duda que bastaría lo que tenía planeado porque iba a ser muy sincero con la médica. Todo iría bien de no ser porque a la mañana siguiente la doctora Del Valle no apareció, siendo el traumatólogo el que se presentó en su lugar. Wakabayashi llegó a pensar que quizás ella pasaría a verlo más tarde pero no fue sino hasta que llegó la segunda noche en el hospital que él supo que la doctora no volvería y se arriesgó a preguntarle a un enfermero por su paradero. El hombre no estaba muy enterado del asunto pero le contestó que había escuchado que la doctora había pedido que la dejaran fuera del caso ya que consideraba que no tenía algo más que aportar a él. Esta noticia hizo que el gran Genzo Wakabayashi se sintiera más avergonzado aún de su comportamiento pero al mismo tiempo hizo que decidiera buscar a la doctora en cuanto se recuperara para disculparse por su mala actitud aunque seguía negado a reconocer que ella había tenido la razón.
Después de concienzudas pruebas y de exhaustivos exámenes, el traumatólogo determinó que, efectivamente, la doctora Del Valle había estado en lo cierto y el gran Genzo Wakabayashi tenía una lesión que podía considerarse como seria dada la actividad física que realizaba, una pequeña fractura no movida de uno de los huesos que conformaban la muñeca la cual, de no tratarse adecuadamente, podría convertirse en una fractura desplazada que ameritaría urgentemente una cirugía. El traumatólogo se tomó su tiempo para explicarle al terco guardameta que, si se tratara de otra persona que realizara menos actividad física (o de una que sí siguiera las indicaciones médicas), realmente no se consideraría su lesión como algo de gravedad pero, tomando en cuenta que Wakabayashi era un deportista profesional, uno que, además, utilizaba la muñeca para realizar su juego, la pequeña fractura debía tratarse como si fuera de alto riesgo.
- El tratamiento no lleva gran ciencia, se le pondrá una escayola para inmovilizar la muñeca y facilitar que consolide la fractura por sí sola.- explicó el traumatólogo.- Será cuestión de unas pocas semanas, cuatro a lo mucho. Pero si la lesión no tiene el tratamiento adecuado, la fractura podría moverse y entonces requeriría cirugía para volver a colocarla en su sitio y asegurar que ahí permanezca hasta que sane. Me parece que no necesito explicar que el tiempo de curación y las secuelas en este caso serían mucho, mucho mayores a que si sólo nos preocupamos de que cierre una fractura pequeña y no movida, ¿cierto?
- No, doctor.- el gran Genzo Wakabayashi suspiró al darse cuenta de que la doctora Del Valle había tenido la razón.- Me queda perfectamente claro.
- Entonces le pondré el yeso y podrá irse a casa.- replicó el médico, llamando al enfermero.- Sólo necesito que firme la hoja de consentimiento.
- Por supuesto.- Genzo usó la mano izquierda para plasmar un garabato de su firma.- Dígame sólo una cosa más, doctor: ¿Era necesario que para esto me quedara hospitalizado todo un día?
- Sí, porque había que asegurarse de que la fractura no estuviera desplazada.- asintió el galeno.- Si lo dejábamos marcharse sólo con la escayola siendo el caso de que necesitara cirugía, habríamos corrido el riesgo de que nos hubiésemos dado cuenta de la mala evolución de la fractura hasta que ya fuera muy tarde y eso habría dejado secuelas difíciles de corregir, aún con la operación, lo cual sin duda habría afectado seriamente su carrera profesional.
- Entiendo, doctor.- el joven se recargó contra la cama y cerró los ojos.- Gracias.
Como era de esperarse, el Bayern Múnich tuvo que jugar la final de la DFB-Pokal sin su portero estrella pero aún así no tuvo problemas para ganar con una amplia ventaja gracias al capitán del equipo, Karl Heinz Schneider, quien fácilmente consiguió un hat-trick en el primer tiempo, siendo el chino Sho Shunko y el sueco Stefan Levin los que metieron dos goles en el tiempo complementario para sellar el destino de ese partido; era cierto que se resintió la ausencia de Wakabayashi puesto que el Bayern recibió dos goles en contra pero de cualquier manera el equipo se las arregló para evitar más anotaciones y conseguir así la victoria, gracias a la poderosa defensa del equipo muniqués, considerada como una de las más fuertes de la Bundesliga. Durante la entrevista que se le hizo a Schneider al final del encuentro, éste dedicó el trofeo a su prometida, la esgrimista francesa Elieth Shanks, campeona olímpica y mundial, así como a su amigo Genzo Wakabayashi, quien se había perdido la final debido a una lesión. Sho y Levin hicieron dedicatorias similares y Wakabayashi agradeció desde las gradas, con bastante ironía, el que sus compañeros hubiesen pensado en él a la hora de dar las entrevistas.
(A propósito de Sho Shunko, espero que algún día su familia y él decidan regresar a Alemania ya que, por el momento, ellos se encuentran en Inglaterra debido a que Sho es el actual entrenador del Manchester United y su esposa Nela se dedica a dar terapia psicológica a todos los ingleses que se le atraviesan en el camino. A muchos nos gustaría tener a Liam y a Yue, sus hijos, como compañeros en la Wittelsbach pero eso es algo que no depende de nosotros).
Una semana después de la final de la DFB-Pokal, el gran Genzo Wakabayashi recibió la visita de sus amigos extranjeros, es decir, Schneider, Levin y Sho. Ellos deseaban saber cómo iba avanzando su lesión y si Wakabayashi estaría listo para la siguiente temporada, a lo que éste respondió que sí ya que se había cuidado de no esforzarse de más para evitar secuelas. En algún punto el tema de conversación se desvió hacia la doctora Lily Del Valle y su papel en el cuerpo médico del Bayern Múnich, descubriendo Wakabayashi con sorpresa que al parecer todos sabían quién era ella pues ya habían recibido tratamiento suyo en alguna ocasión.
- Eres el único que no la conoce, Wakabayashi.- señaló Schneider, con cierta curiosidad.- Lo cual me asombra porque podría jurar que la doctora Del Valle ha trabajado con todos los miembros del equipo al menos una vez.
- Pues conmigo no.- señaló el portero, mosqueado.- Eso no es algo necesariamente malo.
- Ciertamente que no pero sí que ha sido mala la manera en la que procediste con ella en el hospital.- replicó Schneider, ácido.- No creas que no nos hemos enterado de tu actuación ahí.
- Digna de un premio, he de decir.- señaló Sho, con sorna.- El entrenador nos dijo que te comportaste igual que niño malcriado que está haciendo una pataleta sólo porque no pudo conseguir lo que quería.
- Olvidaba que tu padre es el entrenador, Schneider, y que por eso te has enterado de todo.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, frunciendo el ceño.- Pero no he sido el único que se ha portado mal, ella pidió que la sacaran de mi caso y no me ha dado la oportunidad de disculparme.
- Bueno, pues ya podrás hacerlo cuando regreses a los entrenamientos.- señaló Schneider, encogiéndose de hombros.- Por cierto que siempre que creo que ya no puedes sorprenderme con nada, al final te las arreglas para sacar algo nuevo. Ya sabía que eres un bruto con las mujeres pero no me figuré que lo serías tanto, mira que tratar así a la primera chica que se ha interesado en tu salud en años.
- Por favor, si no me interesa salir con la doctora Del Valle, sólo disculparme.- Wakabayashi se ofuscó con el comentario.- Y para eso no necesito coquetear con ella.
Además, Karl Heinz Schneider era el último hombre sobre la Tierra que podría burlarse del mal comienzo que tuvieron el gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle, pues él tampoco había iniciado con el pie derecho su relación con Elieth Shanks. El alemán y la francesa se conocieron en una Villa Olímpica, durante unas Olimpiadas, cuando él derramó jugo sobre ella por ir jugando con sus compañeros de Selección a la hora del desayuno. Schneider había querido disculparse pero no usó las expresiones correctas, avergonzado por haberse convertido en el centro de atención por las razones equivocadas, lo que hizo que la señorita Shanks pensara que él era un patán. Esa relación tan tirante entre los dos que salió como consecuencia duró muchos años hasta que Schneider tuvo el buen tino de reconocer que lo que sentía por la señorita Shanks era amor y no repulsión y decidió dejar de fingir lo contrario. Al final las cosas resultaron bien porque esos dos estaban ya comprometidos y conformaban una de las parejas más estables del ámbito deportivo, pero nadie podría negar que Schneider se comportó como idiota con la señorita Shanks durante muchos años.
Por supuesto, el gran Genzo Wakabayashi no tenía esto en mente cuando pensó en disculparse con la doctora Del Valle; como le había dicho a Schneider, no buscaba salir con ella sino sólo decirle que lamentaba su actitud y que se había ganado su respeto debido a la seriedad y la entrega con las que tomaba su profesión, además de asegurarle que estaba impresionado por la forma en la que se le enfrentó, pocas personas le habían puesto un alto a la actitud engreída del SGGK y eso era digno de admirar. Sin embargo, habrían de pasar varias semanas antes de que Wakabayashi pudiera volver a ver a la doctora Del Valle y, para entonces, él ya se había dado cuenta de que pensaba en ella con más frecuencia de la necesaria.
Casi un mes después de que el Bayern ganó la DFB-Pokal, la doctora Lily Del Valle se dirigía a sus prácticas en la Säbener Straße cuando tuvo un leve percance con su automóvil, nada serio pero que no le permitiría llegar a tiempo a su trabajo, considerando también que necesitaba pedir una grúa para llevar el coche con un mecánico. Sin embargo, ese día había mucho tráfico, estaba lloviendo y no pasaba ningún taxi vacío, además de que su teléfono portátil se quedó sin batería por lo que además no podía avisarle a alguien que necesitaba ayuda. La doctora Del Valle estaba a punto de volverse loca cuando un automóvil se estacionó detrás del suyo y de él descendió el "Señor Don Engreído Tenis Caros", como ella lo había apodado desde su percance en el hospital.
- ¿Necesita ayuda, doctora?.- preguntó el gran Genzo Wakabayashi, a quien parecía no molestarle la lluvia gracias al paraguas negro que llevaba consigo.
- Necesito poco menos que un milagro, realmente.- a pesar de que él le desagradaba, la doctora Del Valle sintió un enorme alivio al verlo.- Un milagro que me consiga una grúa, un taxi y un teléfono celular con batería. O por lo menos uno que me haga tener acceso a un cargador y a una fuente de energía.
- Puedo conseguirle las tres primeras cosas.- Wakabayashi llegó junto a ella y la protegió con el paraguas.- Puede llamar a la grúa desde mi teléfono y yo la llevaré después a donde necesite ir.
- Gracias pero no quiero molestarlo tanto.- protestó la doctora Del Valle, inesperadamente ofuscada.- Con que me preste su celular basta.
- No es una molestia.- negó el portero.- Además, podría apostar a que usted se dirige a Säbener Straße, que es precisamente a donde voy yo, no me cuesta nada llevarla también.
- No, gracias.- ella fue enfática y muy cortante.- Prefiero esperar a la grúa.
- En ese caso me quedaré con usted hasta que llegue la ayuda.- replicó Wakabayashi, sin estar dispuesto a darse por vencido.- No es conveniente que se quede sola.
- No es necesario.- la médica se veía cada vez más inconforme.- Sólo déjeme hacer una llamada, por favor, y podrá retirarse después de eso.
Los dos hablaban debajo del enorme paraguas negro, que no era tan grande como para que ambos estuvieran debajo de él sin estar muy separados pero a pesar de esto la doctora Del Valle no hacía intentos por acercarse a su interlocutor. Dándose cuenta de cuál era el problema, el gran Genzo Wakabayashi movió el paraguas para que ella quedara cubierta aunque se mojara él.
- Doctora, sé bien que quizás soy la última persona a la que quería ver el día de hoy pero ha sido la suerte quien me hizo pasar a esta hora por esta avenida para darme cuenta de que está usted en problemas.- dijo el gran Genzo Wakabayashi, haciendo gala de su habitual franqueza.- Déjeme aprovechar este momento de suerte y permítame ayudarla, la llevaré a donde desee y si después de eso no quiere volver a hablarme, lo aceptaré.
- ¿No cree que se está dando demasiada importancia?.- la doctora respingó.- ¿Qué le hace pensar que no quiero volver a hablarle?
- Su actitud.- replicó Wakabayashi, con una sonrisa resignada.- Y el hecho de que sé que fui un idiota con usted la última vez que nos vimos. Si yo fuera usted, me odiaría mucho.
- Insisto que eso es darse demasiada importancia.- la médica suspiró.- Pero tengo que admitir que su actitud deja mucho qué desear. Mire, no quiero molestar más de lo que ya lo he molestado hasta ahora, sólo le pido que me deje usar su teléfono y podrá irse en paz.
- Como usted diga, doctora.- Wakabayashi pareció darse por vencido y sacó su teléfono del bolsillo de su pantalón para ofrecérselo.
- Gracias.- sin saber por qué, la doctora Del Valle se sintió avergonzada.
El gran Genzo Wakabayashi no se movió hasta que la grúa llegó y se llevó el automóvil y un taxi se detuvo para llevar a la doctora Del Valle hasta el taller mecánico a donde sería transportado el carro descompuesto. El portero se negó a recibir de vuelta el teléfono celular, diciéndole a la médica que se lo regresara cuando ya tuviera el suyo en funcionamiento. Además, insistió en darle el paraguas negro a la joven ya que ella había olvidado el suyo en la cajera de su averiado auto.
- Quédese también con mi paraguas, va a necesitarlo más que yo.- Wakabayashi, con mucha delicadeza, hizo que la doctora tomara el mango con los dedos.- Me lo devuelve después junto con el celular. Ah, y si no le molesta, me encargaré de avisarle al Dr. Stein lo que ha sucedido.
Él no dejó que ella respondiera, se dio la media vuelta y echó a andar hacia su propio vehículo. La doctora Del Valle se quedó parada, con el paraguas en la mano, sintiéndose mal por haber sido tan grosera con alguien que había hecho todo lo posible por ayudarla, alguien que incluso estaba empapándose con tal de evitar que ella se mojara.
- ¡Eh, disculpe!.- gritó ella cuando Wakabayashi ya había hecho el movimiento de subir a su automóvil.- ¡No se vaya todavía!
- ¿Qué sucede?.- él alcanzó a escucharla y volvió a bajarse del carro.
La doctora diría después que no supo qué le pasó por la cabeza cuando echó a correr hacia él, manchando sus pantalones en el proceso de brincar en el lodo, mientras el portero la miraba con evidente curiosidad.
- Sólo quería disculparme.- respondió ella, agitadamente, cuando llegó a su lado.- Fui muy majadera con usted cuando sólo pretendía ayudarme.
- Digamos que me lo gané, doctora.- el gran Genzo Wakabayashi esbozó una sonrisa ligera.- Puedo llegar a ser muy idiota cuando me lo propongo. No necesita disculparse, de hecho soy yo el que tiene que ofrecerle perdón por haberla ofendido en aquél vergonzoso episodio que protagonicé en su hospital hace un mes. Me comporté como un imbécil mientras buscaba hacer mi voluntad y sólo conseguí denigrarla, de verdad que lo lamento. Hoy usted actuó como lo haría cualquier persona cuya dignidad ha sido insultada, doctora, así que no tiene por qué disculparse.
- Aún así yo no tenía por qué portarme como imbécil con alguien que me ofreció tan desinteresadamente su ayuda.- replicó la doctora, sonriendo levemente también.
En ese momento el taxi que había llegado para llevar a la doctora al mecánico pitó varias veces antes de irse sin darle oportunidad a su posible pasajera de responder. La doctora emitió una imprecación en español al ver que el transporte se le iba pero al menos había tenido la precaución de no dejar ninguna de sus pertenencias en el vehículo.
- Fabuloso, ahora tendré que llamar a otro taxi.- ella lucía avergonzada.
- No es necesario.- Wakabayashi insistió.- Permítame llevarla, por favor.
En esta ocasión la doctora aceptó y el guardameta se apresuró a abrirle la puerta del lado del conductor de su coche. Ambos estaban empapados de pies a cabeza, lo que tuvo como resultado que los dos pescaran una gripa bastante fuerte que los tuvo en cama durante varios días, tras los cuales volvieron a verse en la Säbener Straße con una actitud renovada. El gran Genzo Wakabayashi se aficionó a charlar con esa mujer que adoraba al fútbol tanto como él y que manifestaba un enorme amor por su profesión, así como la doctora Del Valle se dejó seducir por el encanto extranjero de ese hombre tan serio y seguro de sí mismo. Sin embargo, estaban ambos tan ciegos de sus sentimientos que no se dieron cuenta de que estaban enamorándose hasta que apareció una tercera persona en la ecuación. Fue en una gala de la entrega del Balón de Oro en donde a cierto conocido jugador mexicano se le fueron las copas (no es casualidad que la doctora Del Valle, mi madre, hablara con tanta familiaridad de Hugo Ramírez) y comenzó a acosar a su compatriota, a quien conocía porque fueron compañeros de grupo en la escuela secundaria. La doctora Del Valle hizo todo lo que pudo por mantener a su entusiasta y beodo pretendiente a raya pero éste no parecía querer entender que un "no" no significa "hazme tuya" en ningún idioma. Karl Heinz Schneider, que en ese entonces estaba recién casado con la señorita Shanks, intentó intervenir a favor de su amiga pero mientras el alemán trataba de dialogar con el mexicano, una ráfaga nipona fue a golpear al tipo cuando éste quiso ponerle una mano a la doctora Del Valle en donde la espalda pierde su casto nombre. Con mucha, mucha sorpresa, Schneider y la médica vieron al gran Genzo Wakabayashi enfrascarse en una pelea con ese jugador mexicano, aunque aquéllos estaban asombrados por motivos diferentes: Schneider no sospechaba que Wakabayashi peleara tan bien y la doctora estaba más bien sorprendida por el comportamiento del que hasta ese momento había actuado como su amigo. Una vez que las cosas se calmaron con la intervención de varios de los presentes, y de que ese jugador mexicano hubiese sido sacado del lugar en donde se realizaba la gala, la médica se dispuso a limpiar y curar las heridas del rostro de Wakabayashi, aún sin comprender lo que acababa de suceder.
- No te he dado las gracias aún por defenderme, aunque no tuvieras qué hacerlo.- comentó la doctora al tiempo que echaba alcohol sobre una de las heridas.
- Claro que tenía qué hacerlo.- gruñó Wakabayashi, más por el alcohol que por otra cosa.- ¿O es que no te diste cuenta de en dónde te puso la mano ese imbécil?
- Sí lo noté pero pude haberme defendido sola.- replicó la joven, concentrándose en su labor.- Además, Schneider ya estaba hablando con Ramírez.
- Pero se vio muy lento.- replicó el arquero, enojado.- ¿Qué era lo que quería, que el idiota ése quisiera violarte?
- ¿No crees que estás exagerando?.- quiso saber la doctora Del Valle, sorprendida.- ¿Y por qué estás tan enojado?
- ¿De verdad me lo preguntas? ¡Como si no lo supieras ya!.- respondió Wakabayashi, tratando de no protestar por la limpieza enérgica que realizaba la muchacha.- No me gusta que se te acerquen otros hombres.
- Schneider se me acerca y es hombre.- replicó la joven, quien se esforzaba por no ponerse más nerviosa.
- No te hagas tonta que bien que sabes a qué me refiero, Schneider no cuenta para estas cuestiones.- protestó el gran Genzo Wakabayashi, mirando a la doctora a los ojos.- No me gusta que se te acerquen otros hombres a tratar de seducirte. ¿De verdad no has notado que me gustas desde hace mucho tiempo, doctora Del Valle?
Por respuesta, esa mujer que habría de darme a luz algunos años después derramó el antiséptico en el suelo, haciendo que el hombre que me engendró soltara una carcajada. Cuando la doctora Lily Del Valle se dispuso a continuar curando las heridas del gran Genzo Wakabayashi como si nada hubiera sucedido, éste la tomó por el rostro y la besó, dando inicio a un romance que habría de llevarlos al altar mucho más pronto de lo que ambos imaginaban. Después, con el tiempo, fueron llegando los hijos y las responsabilidades propias de los padres, pero aún así el portero del Bayern Múnich y la doctora del cuerpo médico de su equipo siempre se las arreglaron para mantener viva la llama de su amor, una llama que ninguno de los dos permitiría que se apagara con nada, ni siquiera con la enfermedad de uno de sus hijos.
- Y henos aquí, unidos ahora por un mal suceso.- dijo mi padre, cuando él y mi madre acabaron de recordar su pasado.- Un mal suceso que no nos va a separar, mi querida doctora.
- Claro que no lo hará.- mi madre suspiró mientras tomaba la mano de su esposo con fuerza.- Al contrario, nos va a unir más. Siempre hemos sabido cómo afrontar las adversidades.
- Y no es la primera vez que nos vemos metidos en un problema de salud.- suspiró también el gran Genzo Wakabayashi, recordando que había tenido que retirarse del fútbol más pronto de lo que pensaba debido a sus antiguas lesiones.
Por supuesto, no era lo mismo estar lesionado uno mismo a que uno de tus hijos padeciera una enfermedad mortal pero ninguno de los dos lo dijo. Aremy se había quedado dormida en la poltrona, envuelta en una cobija que le tejió nuestra abuela Emily, situación que nuestros padres habían aprovechado para recordar el pasado, específicamente la época en la que se habían conocido.
- Me dijiste que ustedes iban a depender de mi fortaleza para no decaer pero últimamente he creído que eres tú quien está siendo la fuerza de todos nosotros.- murmuró el gran Genzo Wakabayashi, en voz baja.- No he sido precisamente el mejor de los padres, sobre todo con Daisuke, y a ti te he creado más problemas de los que he resuelto, Yuri.
- No has sido un mal padre con ninguno de nuestros hijos, ya hemos hablado de eso.- Lily suspiró.- Aremy me ha dicho que se siente segura estando contigo, no tiene miedo si tú la acompañas y eso indica que has actuado bien con ella. Y con respecto a Daisuke… No creo honestamente que seas un mal padre con él, sólo pienso que dejaste que tus ilusiones te llevaran demasiado lejos, Gen.
- Sí, lo sé.- mi papá frunció el ceño.- Pero de verdad creí que Daisuke se emocionaría por jugar con Japón, le fue bastante bien en el campamento japonés al que acudió cuando tenía 11 años y se lleva bien con los hijos de Tsubasa, pensé que sería un buen complemento para ellos.
- Dale tiempo para pensar las cosas, aún es joven para decidir, ¿no es así? Pero tampoco dejes que tus emociones nublen tu buen juicio, que corres el riesgo de pensar no como Genzo Wakabayashi sino como un hombre normal.- aconsejó mamá, con una media sonrisa.- Daisuke no tiene muy en claro aún qué es lo que desea hacer, lo más lógico sería que jugara para Japón dada su nacionalidad pero creo que ni él mismo sabe bien lo que quiere. Me parece a mí que se siente tan tentado por el fútbol alemán como te sentiste tú en su momento.
- ¿A qué te refieres con eso?.- el gran Genzo Wakabayashi enarcó las cejas.
- A que, si él llega a ser tan bueno como tú, es altamente probable que die Mannschaft quiera tenerlo entre sus filas.- respondió mi mamá, con cautela.- Y quizás a Dai no le desagrade la idea. ¿Se te ha ocurrido pensarlo?
- No. Sí.- papá se encogió de hombros.- Alguna vez se me pasó por la cabeza la idea gracias a un comentario que hizo Schneider pero no pensé que Daisuke pudiera sentirse atraído por una oferta así. ¿Qué te hace pensar que así sería?
- Que, a pesar de lo mucho que a él le molesta, es bastante parecido a ti, Gen.- Lily soltó una risilla breve.- Además, nuestro hijo ha jugado prácticamente toda su vida con alemanes, es lógico que quiera seguir haciéndolo.
- Hmmm, sí, no había pensado en eso.- el gran Genzo Wakabayashi frunció el ceño.
- Y por lo que sé, Daisuke sí podría ser convocado por Alemania, ¿no es así?.- insistió mamá.- Después de todo, yo ya tengo la nacionalidad y él podría adquirirla a través de mí.
- Hmmmm.- volvió a gruñir mi padre, nada contento con la idea.- Sí, podría ser.
- Pero bueno, aunque Daisuke fuese convocado por los alemanes y aceptara jugar con ellos ahora que es joven, podría cambiar de parecer cuando sea adulto e irse definitivamente con Japón, ¿cierto?.- añadió mi madre.- Sólo tienes que darle tiempo para que decida qué es lo que quiere hacer a largo plazo, Gen.
Según las reglas de la FIFA para casos como el mío, en el que soy mitad japonés y mitad mexicano, podría jugar para Japón, por ser mi país de nacimiento, o podría jugar para México, por ser mexicana mi madre. Sin embargo, como ella también tiene la ciudadanía alemana, yo podría nacionalizarme alemán y ser convocado por Alemania también. La FIFA me permitiría jugar con cualquiera de las tres selecciones en sus categorías juveniles (siempre y cuando no se pusiera muy roñosa por el hecho de que mamá no era nativa de Alemania sino sólo nacionalizada), pero una vez que me decidiera por una Selección Mayor y jugara un partido oficial con ella, no habría marcha atrás, con ésa me quedaría por el resto de mi vida futbolística. Así pues, yo tenía un abanico de posibilidades para elegir pero el escoger una Selección a la edad de 14 años no me amarraba a ella de manera definitiva.
- Sí, supongo.- cedió mi padre al fin, suspirando.- Yo a su edad lo tenía todo muy en claro pero creo que a él le está costando trabajo decidirse porque tiene muchas más opciones de las que yo tuve. Lo único que me hubiera gustado es que no me hubiese ocultado su negativa a jugar con Japón.
- Quizás no quería defraudarte, mi amor.- Lily lo tomó de la mano.- Trata de no ser tan duro con nuestro hijo mayor, él ha prometido ser menos rebelde y majadero contigo, so pena de hacerme enojar en serio.
- Uy, entonces sí que puedo esperar que cambie su actitud.- Genzo sonrió de manera auténtica, hasta él sabía que no era muy prudente hacer enojar a mamá.- Trataré de ser más comprensivo pero no quito el dedo del renglón, dejaré que tome sus decisiones pero sigo esperando que algún día acepte jugar para Japón.
- No esperaba menos de ti.- mi madre soltó un suspiro resignado.
Al parecer, ni ella iba a poder convencer a mi padre de que cambiara de parecer y me dejara decidir mi destino. Era evidente que la doctora Del Valle intentó hacerle ver a su terco marido que quizás yo estaba interesado en opciones diferentes a las que él me ofrecía pero no quiso verlo. Ni modo, que el gran Genzo Wakabayashi sólo aceptaría que no quiero jugar para Japón cuando me viera usando el uniforme de otra Selección y quizás ni así se atrevería a reconocerlo.
Notas:
- Nela McGregor, Liam Sho y Yue Sho son personajes creados por Elieth Schneider.
- Las reglas de la FIFA que menciona Daisuke acerca de un jugador con más de una nacionalidad son las oficiales hasta el momento.
- Este fic NO es continuación de "In This Together", es una historia completamente diferente aunque guarde algunas similitudes con ese fanfic.
