Capítulo 19. Celos.

Y al fin llegó el dichoso partido en el que yo no sería titular, situación de la que estaban enterados todos excepto Aremy. No fue algo excepcional, fue un encuentro como cualquier otro excepto porque era Margus Hoffman quien estaba plantado frente a mi portería, o la que tuvo que haber sido mi portería... No entendía el por qué pero me molestaba ver que había alguien más ocupando mi lugar, peor aún porque lo hizo mejor de lo que yo podría haberlo hecho de haber estado ahí. Cierto es que a últimas fechas me he quejado constantemente de ser el hijo del gran Genzo Wakabayashi y, por ende, de verme obligado a seguir sus pasos pero ahora que me encontraba sentado en la banca la cosa me molestaba. Supongo que ver los toros desde la barrera no es una buena opción para el que quiere ser torero…

Sin embargo, debo reconocer que mi equipo jugó muy bien. Mijael anotó tres goles con su estupendo Hurricane Shoot, un disparo de su autoría en el que el balón rotaba tan velozmente sobre sí mismo que quienes estaban en su camino, o cerca de él, eran víctimas de ráfagas de aire dignas de un huracán. Hasta la fecha, ningún portero había podido detener ese tiro (yo nunca lo había intentado, a decir verdad), y era la causa principal de que Mijael fuese acosado constantemente por los cazatalentos del Bayern Múnich, quienes ardían en ganas de tener al representante de la siguiente generación Schneider entre sus filas. ¿Y Margus? Pues él hizo estupendamente su trabajo, tapando disparos que en manos de otros porteros habrían terminado en gol.

- Vaya que ese muchacho es excelente.- comentó el ahora entrenador Kaltz.- Quizás por eso es que Köpke consideró ponerlo de titular.

- Uhm.- gruñí, sin mucho entusiasmo. ¿Qué se le olvidó al entrenador que yo estaba ahí también?

- No te lo tomes a mal, Daisuke, tú también eres muy bueno.- el padre de Adler pareció leerme el pensamiento.

Otro detalle que también me hizo sentir mal, aunque no quería admitirlo, era que mi padre no hubiese ido al partido. Por supuesto, no podía culparlo ni tampoco debía enojarme con él porque yo sabía que estaba cuidando a Aremy, por mucho que mi madre insistiera en que ella sola podría vigilarla. Todos sabíamos que, a la larga, el gran Genzo Wakabayashi aceptaría que no era necesario que él estuviese junto a mi hermana las 24 horas del día pero no existía poder humano sobre la Tierra que hubiese conseguido que él se alejara de Aremy después de que ella acabara su primera sesión de quimioterapia. Aún así, sentí que algo hizo falta en el partido pues el gran Genzo Wakabayashi siempre había ido a todos mis juegos, incluyendo aquéllos en donde no jugaba por lesión, y se me hizo raro no verlo en las tribunas.

Al finalizar el partido, el cual ganó la Wittelsbach po (con los tres goles de Mijael y dos más de Erick), vi que dos cazatalentos del Bayern Múnich se acercaron a Mijael mientras éste buscaba una forma de escapar de ellos; al darse cuenta de que no podía hacerlo, mi amigo se limitó a poner cara de fastidio esperando que, en esta ocasión, los cazatalentos fueran breves porque de verdad que le molestaba hablar con ellos.

Mijael Schneider es, hasta el momento, el integrante de la familia Schneider que más ha tardado en aceptar unirse a un equipo de fútbol. Su abuelo, Rudy Frank Schneider, jugó para las ligas menores del Hamburgo desde los 10 años y debutó como profesional a los 16, mientras que el hijo de éste y padre de Mijael, Karl Heinz Schneider, se unió al equipo infantil del Hamburgo a los siete años y e hizo su debut profesional a los 15 con el Bayern Múnich, el equipo que habría de darle gloria internacional. Mijael, nieto de aquél e hijo de éste, tenía quince años cumplidos y no se había unido a un equipo profesional aún, jugando y entrenando únicamente con el de la Wittelsbach el cual, si bien era bueno y ayudaba a formar futbolistas, no estaba al nivel de la Academia de Fútbol del Bayern Múnich. A los cazatalentos les desesperaba que Mijael no se decidiera a seguir los pasos de sus ancestros pero ellos no entendían que el Fede no tenía tantos deseos de convertirse en el goleador Schneider de su generación y que por eso les daba tantas largas. Por supuesto, los ya mencionados caballeros no querían darse cuenta de que, mientras más presionaban a mi amigo, menos ganas tenía éste de unirse a la Academia de Fútbol del club bávaro.

Por mi parte, yo también había recibido visitas por parte de los cazatalentos pero la cuestión conmigo es que, como no soy alemán, no me presionaban tanto como a Mijael, gracias al plan a largo plazo que la Deutscher Fußball-Bund (Federación Alemana de Fútbol o DFB), estableció para volver a la cima del fútbol mundial, el cual consiste en volcar dinero y esfuerzo en niños con talento que puedan convertirse en los jugadores de élite que Alemania necesita para ser potencia en el fútbol. Por supuesto, esto hacía que quedáramos fuera de dicho plan los que no somos alemanes, aunque aun así los cazatalentos mantenían la esperanza de poder tentar con la ciudadanía alemana a los extranjeros prodigio, como hicieron con mi padre en su adolescencia. De esta manera, a mí me tenían en la mira con el deseo de que quisiera jugar para Alemania algún día pero estoy casi seguro de que ellos creían que yo militaría con Japón, tal y como el gran Genzo Wakabayashi lo hizo en su momento (hasta los cazatalentos alemanes no pensaban que yo tuviera la oportunidad de escoger mi camino, qué fastidio). Ojalá pudiera decirles que había rechazado la convocatoria de Tsubasa Ozhora pero, aunque lo hubiera hecho, no habría servido de mucho.

- Mijael no tiene muy buena cara, ¿eh?.- preguntó el entrenador Kaltz, detrás de mí.- Al viejo Schneider no le agradaría mucho ver que su hijo no quiere unirse a las fuerzas del Bayern.

- ¿Usted cree?.- cuestioné.- Yo no, me parece que el tío Karl no está tan interesado en que su hijo siga sus pasos, al menos no al nivel de mi papá.

- Oh, eso es lo que él hace creer pero lo cierto es que está tan deseoso de que Mijael sea futbolista como lo está tu padre de que tú lo seas.- replicó el señor Kaltz, con una sonrisa maliciosa.- La diferencia es que el viejo Schneider sabe controlar mejor sus emociones y es menos manipulador que Gen.

¡Vaya que eso es una sorpresa! Siempre me pareció que el señor Schneider actuaba de una forma muy indiferente con respecto a los pasos futbolísticos de su hijo. ¡Qué buen actor es! Pero si el señor Kaltz lo decía era por algo. Antes de que pudiera hacer algún comentario al respecto, vi que otros dos cazatalentos, diferentes a los que estaban con Mijael, se acercaron a Margus Hoffman, seguramente para felicitarlo por su desempeño en el partido. Hoffman sonrió con tanta petulancia y orgullo que me dieron ganas de romperle la cara pero, en honor a la verdad, lo que yo tenía era envida y de las grandes, porque él sí es alemán y podía libremente entrar a la Academia de Fútbol del Bayern con miras a ser, en un futuro, el portero que llevara la camiseta de die Mannschaft (de hecho, Hoffman formaba parte ya del equipo juvenil del club bávaro aunque aún estaba lejos de debutar como profesional). ¡Malditos celos futbolísticos! Casi inmediatamente me arrepentí de haberle dejado mi puesto de titular. ¿Por qué seré tan idiota?

- ¿Estás bien, Daisuke?.- me preguntó el entrenador Kaltz, sacándome de mis celos infantiles.

- ¿Qué? ¡Ah! Sí, por supuesto.- exclamé, sobresaltándome.

- ¿Estás seguro?.- insistió el papá de Adler.- Me pareció que dejaste de escucharme desde hace rato.

- Es que estaba preguntándome si mi hermana ya habrá llegado a la casa.- mentí rápidamente para salir del apuro y no tener que admitir que estaba odiando interiormente a Hoffman.- Lo siento, entrenador. ¿Podría repetir lo que dijo?

- No te preocupes, chico.- asintió el señor Kaltz. Tan enfocado estaba en enojarme contra Margus que no había notado que sus cazatalentos ahora hablaban con Adler, lo cual obviamente me sorprendió.- Te decía que mi Adler también ha sido invitado a entrar a la Academia de Fútbol del Bayern Múnich.

- ¿Y es eso posible?.- hasta donde sabía, Adler sólo podía pertenecer a la Academia del Hamburgo gracias a una regla que impedía que los grandes clubes acapararan a todos los talentos del país.

- Siempre y cuando decidamos mudarnos a Múnich.- respondió el entrenador Kaltz.- Adler ya forma parte de la Academia de Fútbol del Hamburgo por lo que técnicamente hablando no puede pertenecer a la del Bayern a menos que él decidiera cambiar de residencia por algún motivo de peso. Tanto él como yo lo estamos considerando seriamente, si debe quedarse en Hamburgo o venir a Múnich.

- ¿Y cuál sería ese motivo de peso?.- quise saber.- ¿Tienen alguno o no lo han pensado?

- Estudiar en la Wittelsbach, la escuela más prestigiosa y de mejor nivel en Europa es uno bueno, me parece.- contestó el entrenador, con cierta malicia.- Estoy seguro que la DFB no pondrá peros si Adler decide preocuparse por sus estudios tanto como lo hace por su carrera futbolística.

Oh, por supuesto que no pondría peros, la DFB no quería jugadores con mal desempeño escolar entre sus filas. Cuando el ahora entrenador Kaltz se despidió de mí para ir a ver a Adler, me di cuenta de que los cazatalentos habían dejado a Mijael en paz y platicaban ahora con Erick Levin, el otro responsable de que mi equipo ganara por goleada. Los rumores decían, rumores que ni el mismo Erick quería confirmar o aceptar, que él estaba próximo a debutar con el Bayern Múnich como profesional, en una contratación sorpresa que sacudiría la próxima temporada de la Bundesliga. Erick había formado parte de las ligas juveniles del club Djurgårdens IF Fotboll de la ciudad de Estocolmo pero, consciente de que el fútbol sueco no está aún al nivel del alemán, había decidido mudarse a Múnich con su familia con la intención de ser contratado por alguno de los clubes del país germano. Por supuesto, no es secreto para nadie que Erick le tiraba a entrar al Bayern Múnich pero no se sabía si éste lo contrataría o si, por el contrario, esperaría a que él se curtiera en otro equipo alemán para calar su potencial.

- ¿Crees que sea cierto que el Levin va a jugar para el Bayern la próxima temporada?.- me preguntó Mijael, haciendo como si su entrevista con los cazatalentos no hubiera ocurrido.

- No lo sé, ni sus hermanas nos lo han querido confirmar pero, ¿por qué otro motivo se habría venido él para Múnich?.- cuestioné.- No llegó para estudiar en la Wittelsbach, sólo le falta un año para graduarse, ni tampoco lo hizo por seguir a su familia, por su edad podría haberse quedado a vivir solo en Estocolmo. Si se vino para Alemania es porque hay algo importante esperándolo aquí.

- Tienes razón en eso, Chucky.- asintió mi mejor amigo, pensativo.- Pero vaya que se lo tiene bien escondido.

Y hablando de Erick Levin, valdría la pena mencionar otro asuntito que él se traía entre manos pero que estaba relacionado al hecho de ser un estudiante adolescente de la Wittelsbach. Desde su llegada a nuestra escuela, Erick se había unido al "Club de los Hombres Que Son Un Buen Partido", como tan estúpidamente lo llama Lisa Marie, y se había ganado su considerable cuota de fans, entre ellas, la propia Lisa Marie, su hermana Lorelei y mi prima Lizzie. Esto, por supuesto, no tenía muy contentos a varios de mis amigos, entre ellos Osvaldo y Edward, los hermanos de las anteriormente mencionadas, quienes traían muchas ganas de hacer puré a la sueca con Erick. Mijael, por cierto, estaba harto de la actitud de ambos muchachos porque constantemente se quejaban del sueco en su presencia, ya fuese a la hora del receso o en las prácticas del laboratorio de química, y no podía hacer mucho para evitar las molestias. Como sea, el asuntito que Erick se traía entre manos involucraba directamente a Lizzie y la reciente relación que había surgido entre ellos: después de que los cazatalentos se fueron, el sueco se puso a hablar muy animadamente con mi prima, quien se reía alegremente y con cierta coquetería bajo la fúrica mirada de Osvaldo y de Edward.

- A ver si haces algo con esos dos, ya me tienen harto.- gruñó Mijael, fastidiado, al verlos.

- ¿Con cuáles dos?.- cuestioné.- ¿Con Lizzie y Erick o con Osvaldo y Edward?

- Con Osvaldo y Edward.- aclaró mi amigo, haciendo muecas.

- ¿Qué les pasa?.- pregunté, tratando de ver si Lizzie estaba coqueteando con Erick o si sólo se pasaba de amistosa.

- Quieren matar a Erick.- suspiró Mijael.- Ni que no supieras.

- ¿Por qué?.- me escandalicé.- Es buen muchacho.

- Será un buen muchacho pero está coqueteando con las hermanas de los dos y eso no les agrada.- gruñó Mijael.- Ése es el problema.

- No creo que Erick esté coqueteando con ninguna de las tres chicas, creo que sólo es sociable.- repuse, aunque no muy convencido.

- Sí, ya sé a qué clase de sociabilidad te refieres.- Mijael frunció el ceño al recordar que no hacía mucho que Erick expresó tener cierto interés por Jazmín aunque eso ya había quedado en el pasado.

En días anteriores, cuando Osvaldo se empezó a dar cuenta de que sus dos hermanas andaban tras Erick, se acercó a Mijael en la escuela para pedirle que lo ayudara a "poner al Levin en su lugar", es decir, a "bajarle los humos", como se dice en México. Mijael, para decepción de Osvaldo, se negó a hacerlo porque, a pesar de todo, Erick le caía muy bien y su propia hermana no estaba interesada en él.

- Pero Lorelei y Lisa Marie son tus primas.- replicó Osvaldo, con el ceño fruncido.- ¿No te preocupan?

- No, porque no creo que alguna de las dos esté interesada en Levin como novio, creo que sólo cayeron ante "el encanto del extranjero".- Mijael reforzó esta última frase con movimientos de sus dedos.- Están eclipsadas porque Erick fue el último foráneo en llegar a la escuela, dales tiempo y verás que en algún momento se les va a pasar ese "enamoramiento". ¿Ya se te olvidó que Lisa Marie andaba colada por Marko cuando éste llegó y después se le pasó?

- No me convence tu teoría.- fue lo que contestó Osvaldo, enfurruñado, ignorando además la última pregunta de Mijael.- Y ya que veo que con eso no te convenzo, dime entonces una cosa: ¿No te molesta que Levin esté atrayendo a algunas de las chicas de tu club de fans?

- Sabes bien que eso me tiene sin cuidado.- aceptó mi amigo, encogiéndose hombros.- No me interesa tener fans.

Por supuesto que a Mijael le tenía muy sin cuidado que algunas chicas anduvieran tras Erick en vez de andar tras él porque la que al Schneider le interesaba, es decir, mi hermana, ya había mandado de paseo a Levin así que Osvaldo tuvo que resignarse a que no iba a recibir ayuda de parte de su primo para acorralar a Erick. Haciendo un paréntesis en esto, hace algunos capítulos comenté que los extranjeros de intercambio en la Wittelsbach llevarían las de perder si osaban contrariar o agredir a uno de los estudiantes "de base" pero también influía mucho la actitud que tomaran los recién llegados con respecto a la escuela. Era cierto que Ken Hyuga no había sido recibido de buena manera pero fue por su insistencia en tratarnos como racistas e imbéciles, lo he dicho en muchas ocasiones, pero Erick Levin, al igual que Marko, es un excelente ejemplo de lo que una buena actitud podía ocasionar entre los estudiantes estirados de esta snob escuela. O por lo menos mientras no hubiera celos de por medio.

En fin, que me desvío del tema principal, el cual es que Erick charlaba con Lizzie después de que los cazatalentos se marcharon, como ya había dicho, causando molestias en más de uno; quién sabe qué tanto le decía él pero ella se reía en verdad y no de la manera falsa en la que solía hacerlo cuando estaba con su novio. Tenía que admitir, pues, que rara vez había visto a mi prima tan feliz y es que desde que su papá las abandonó a ella y a mi tía, Lizzie había sido una chica más bien reservada y triste aunque se esforzaba por ocultarlo detrás de su máscara de niña vanidosa; si bien es cierto que se abrió un poco cuando su mamá se casó con Bryan Cruyffort, Lizzie aún estaba lejos de ser completamente feliz y se le notaba. Sin embargo, parecía ser que Erick tenía toda la intención de cambiar esa situación, aunque yo nunca creí que quisiera hacerlo de la forma en la que lo haría un novio sino más bien como lo haría un hermano mayor.

(¡Oigan, aprendí a usar la cursiva para darle más impacto a mis palabras! ¿A qué es genial?)

No todos parecían felices con la amistad entre Erick y Lizzie, por supuesto; Edward en verdad se veía furioso y parecía que quería crear una Tercera Guerra Mundial en donde los protagonistas principales fueran Holanda y Suecia, así de enojado se veía. Lo que yo no acababa de entender era la causa por la cual mi primo político actuaba de esa manera. ¿No que no soportaba a Lizzie? ¿En qué le afectaba que ella fuera feliz con un chico? Entiendo que ella no le fuera muy grata pero ése no era motivo para que Edward quisiera verla triste todo el tiempo, él no es tan idiota.

- Hola.- Vladimir se acercó a Mijael y a mí con cara de fastidio.- ¿Están viendo el drama que está montando mi hermano?

- Ehm, hola.- Mijael miró a mi primo político con cierto recelo; no lo culpo, después de todo es el hermano de uno de sus rivales.- No sé, todo depende de con qué intención lo estés preguntando.

- Oh, es cierto.- Vladimir vio a Mijael con curiosidad.- Olvidé que mi hermano no te soporta.

- O sea que es verdad.- el Fede suspiró.- ¿Y se puede saber por qué?

- Realmente no me queda muy en claro.- Vladimir se encogió de hombros.- Sólo puedo confirmar que se queja mucho de ti, a todas horas y cada que puede, pero cuando le pregunté por qué le caes mal, no me supo dar una explicación precisa. Primero dijo que es porque eres un desobligado pero cuando le hice ver que no sacas malas calificaciones, dijo entonces que es porque eres un cínico descarado. Honestamente creo que ni Edward sabe por qué no te quiere.

- Entiendo.- dijo Mijael, aunque yo dudo mucho que lo hiciera ya que ni el mismo Edward se entendía a sí mismo.

- Bueno, si te sirve de algo saberlo, a mí no me desagradas.- se apresuró a decir Vladimir.- Es más, me caes bien, creo que eres un buen tipo.

- Gracias, sí que me sirve.- Mijael sonrió levemente.- Tú también me agradas.

- Es bueno saberlo. Bien, como decía antes, mi hermano se está montando un drama por ver a Lizzie hablando con Erick.- continuó Vladimir.- ¿Alguien tiene una idea de por qué?

- Esperaba que tú nos lo dijeras.- repliqué.- Es tu hermano y convives más con él que nosotros, por obvias razones.

- ¡Argh, es que él tampoco ha sabido explicarse en eso!.- Vladimir abrió los brazos, exasperado.- ¡Lleva días diciendo que no le gusta la amistad entre Erick y Lizzie pero no me sabe decir por qué! Levin no es un mal tipo y a Lizzie le ha hecho muy bien su amistad pero aún así Edward no lo aprueba y me sale con que "es su deber proteger a Lizzie". ¿Protegerla de qué? Ni que Erick fuera un asesino en potencia.

- Bueno, dicen que los psicópatas son "encantadores" con la gente, como él.- comentó Mijael, con sorna.- Tal vez sí lo sea.

- Si a ésas vamos, tú también entras en ese rubro, Fede.- repliqué, dándole un codazo a mi amigo.- Ya en serio, Vladimir, coincido contigo en que tu hermano exagera.

- No es por defenderlo pero desde que murió nuestra madre Marianne, Edward cambió mucho, según lo que me dice papá.- Vladimir se puso repentinamente triste.- Yo no la recuerdo mucho, a decir verdad, pero Edward sí y resiente mucho su pérdida, a pesar de que mamá Lara se ha esforzado bastante por ser una buena mamá para él y para mí.

- Eso me sorprende porque nunca he creído que mi tía sea del tipo maternal.- confesé.

- Pues de primera intención no lo parece pero sí que lo es.- rebatió Vladimir.- Me consta que ella nos quiere a Edward y a mí como si fuera nuestra verdadera mamá y yo de verdad que la quiero de la misma manera, yo sí deseo tener una madre y me siento muy feliz de que Lara haya aceptado serlo pero mi hermano… No lo sé, no lo veo capaz de aceptar que nuestra vida cambió, lo veo infeliz y enojado por el hecho de que nuestra familia ya no es la misma y no quiere entender que esto no es malo sino todo lo contrario. Yo sí estoy feliz por tener una mamá otra vez además de una hermana mayor y otro u otra que viene en camino pero Edward parece estar enojado con la vida por tener cosas por las que debería estar muy contento. Me hace sentir que soy yo el que está mal.

- Nada de eso.- negué, enfáticamente.- Si hay alguien que está actuando mal no eres tú.

- Pero también es cierto que no todos aceptan los cambios de la misma manera.- añadió Mijael, suspirando.- Para unos no es tan fácil como lo es para otros.

Vladimir iba a responder pero se detuvo al ver que Edward se dirigía hacia nosotros, con cara de pocos amigos. Intuyendo que el Cruyffort traía ganas de armar bronca, Mijael decidió despedirse para evitar que Edward se desquitara con él, dejándonos a Vladimir y a mí con la penosa necesidad de lidiar con su mal humor. Bien, que después de todo somos sus familiares y para eso estamos, supongo.

- ¿Qué es lo que le pasa a esa idiota?.- soltó Edward cuando estuvo a nuestro lado.

- ¿A cuál de los dos te refieres?.- preguntó Vladimir.- ¿A ella o a él?

- A ella. A él. A ambos. ¡Yo qué sé!.- bufó Edward.- Me harta que Lizzie no hable de otra cosa que no sea Erick Levin. ¿Qué es lo que le ve o por qué le llama tanto la atención?

- Quizás lo vea como un hermano. O quizás… .- dije, y después añadí para probar la reacción de Edward ya que realmente no creía que la segunda opción fuera cierta.- O quizás a ella le gusta Erick.

- Cállate, a Lizzie no le gusta ese tipo.- Edward se molestó más de lo que ya estaba.- ¿Eres imbécil, Daisuke?

Supe por dónde iba el asunto al comprobar cuál había sido la reacción de Edward, no soy tan tonto e ingenuo como se puede pensar. Sin embargo, no dejaba de llamarme la atención el hecho de que, una vez más, los celos de Edward no parecían ser de hermano…

- ¿No será que lo que no te gusta es que Lizzie esté tras Erick?.- pregunté, sabiendo que me estaba jugando el pellejo.

- ¿No será que te hace falta un cerebro?.- gruñó Edward, más molesto si podía.

Él no esperó a que respondiera, le masculló algo a Vladimir y se alejó a paso veloz; éste me lanzó una mirada de resignación antes de marcharse tras su hermano, sin duda que el pobre ya estaba cansado de que Edward no le permitiera ayudarlo.

Y sí, era definitivo: Edward estaba celoso de Lizzie. La pregunta era: ¿De qué manera?

Cuando volví a casa me enteré de que Aremy no la estaba pasando muy bien por culpa de sus síntomas. En el hospital había tolerado adecuadamente las molestias gracias al medicamento preventivo que le dieron pero a las pocas horas de haberse encerrado con mamá en su habitación, Are comenzó con las náuseas, los vómitos y el dolor de cabeza. Nuestra madre tenía preparados varios remedios médicos y caseros para ayudarla a combatir sus problemas aunque de cualquier manera mi hermanita lo pasó bastante mal, hasta mi cuarto alcanzaba a escuchar el sonido de sus arqueos y sollozos. Incapaz de soportarlo, me fui a refugiar a la habitación de Benji.

- Deberíamos hacer lo que hizo Jaz, bajar a la sala.- señaló mi hermano cuando me abrió la puerta, adivinando cuál era el motivo por el cual buscaba amparo.

- Debería pero es casi seguro que nuestro padre anda por ahí también y no quiero verlo.- repliqué.- Temo que, con su poder de enterarse de todo, sepa ya que saqué la mínima aprobatoria en francés.

- En algún momento va a saberlo, Dai.- Benji me miró con cierta compasión al tiempo que me dejaba pasar.- Aunque, si me lo preguntas, dudo mucho que a nuestro padre le interesen mucho tus calificaciones.

- Pienso exactamente igual que tú pero, tratándose del gran Genzo Wakabayashi, uno ya no puede estar seguro de nada.- suspiré, dejándome caer en el enorme sillón 'puff' que tenía mi hermano.- Además, mi mala calificación en francés me molesta mucho por las razones que tú ya sabes, Benji. Si los cazatalentos alemanes se enteran de que tengo bajas notas sin duda que me van a mandar al carajo.

Como he venido mencionando ya desde hace varios párrafos, la DFB estableció desde el año 2001 o 2002, no recuerdo bien, un plan a largo plazo para llevar a Alemania a la cima del fútbol otra vez, tras quedar como el segundo peor equipo de la Eurocopa del 2000. Este plan, que consiguió que die Mannschaft ganara el Mundial del 2014, la Copa Confederaciones del 2017 y la Euro Sub-21 del mismo año, obligaba a los equipos profesionales germánicos a apegarse a él para formar futbolistas de élite, los cuales comenzaban a entrenarse en grandes cantidades desde muy niños; los cazatalentos se dedicaban a viajar por todo el país, determinando quiénes tenían potencial para llevarlos a las numerosas Academias de Fútbol que se establecieron por toda Alemania, dando oportunidad a los entrenadores de escoger a lo mejores de entre miles de muchachos que ansiaban con conquistar la Gloria.

Este plan evitaba que un solo equipo acaparara a los mejores jugadores para favorecer la diversidad en el estilo de juego, estableciendo que un club de fútbol sólo podía llamar a los talentos que vivieran en un radio de 70 a 80 kms alredor de su respectiva Academia. Era esta regla la que impedía que Adler Kaltz pudiera ingresar en la Academia del Bayern Múnich por encontrarse viviendo en Hamburgo; sin embargo, como ya me lo había dicho el ahora entrenador Kaltz, mi amigo se apegaría a la regla más estricta del plan de la DFB: el desempeño escolar. Considerando que de los miles de muchachos convocados sólo unos pocos acabarían por convertirse en futbolistas profesionales, siendo más pocos aún los que consiguieran llegar a die Mannschaft, la DFB exigía que todos los reclutas de las Academias de Fútbol tuvieran buenas calificaciones, para lo cual dichas corporaciones trabajaban en conjunto con las escuelas de la zona para conseguirlo. Ningún jugador con mal desempeño escolar sería aceptado en la Academia y cuando alguno que ya estuviera dentro comenzaba a presentar malas calificaciones, se le amenazaba con expulsarlo. Así pues, Adler podría pretextar que deseaba mudarse a Múnich para ingresar a la Wittelsbach, considerada como la escuela número 1 en Europa, para mejorar su rendimiento escolar y la DFB no tendría inconvenientes con eso ni tampoco con el hecho de que Adler se valiera de esta artimaña para ingresar a la Academia del Bayern.

¿Cuál era la razón por la cual la DFB se ponía tan estricta con las calificaciones de sus candidatos? Pues que esos miles de muchachos que no consiguieran convertirse en profesionales pudieran tener un futuro por delante aún estando lejos de las canchas de fútbol; Alemania no quería gente inútil en su territorio y la falta de educación no sería un pretexto para ello. Así pues, si yo quería entrar a alguna Academia de Fútbol, si mi padre llegaba a decidirse, tenía que mantener buenas notas o ni siquiera me contemplarían, no importando que yo fuera japonés. Claro que una mínima aprobatoria en francés no sería suficiente para rechazarme pero también estaba el hecho de que mi madre sí que se enojaría mucho por eso.

- Yo me preocuparía más por el hecho de que será nuestra mamá la que te mande al carajo cuando se entere.- repuso Benji, con total tranquilidad.- Pero cada quien sabe a qué más temerle.

- Sabes bien que sí me aterra que mamá se enoje pero no gano nada con estresarme.- bufé, cerrando los ojos.- Ya son demasiadas las cosas que me preocupan ahora.

- Sí, lo sé bien.- asintió Benji, arrepentido.- Lo siento, Dai, no quise preocuparte con cosas sin importancia pero… ya no sé qué hacer para pretender que mi gemela no está viviendo un infierno ahora mismo.

- No te disculpes, que yo me siento igual. Tal vez deberíamos bajar a la sala, tal y como sugeriste.- propuse, muy serio.- Creo que en estos momentos hasta yo necesito de la fortaleza de nuestro padre.

Así pues, Benji y yo nos unimos a Jaz en la sala, quien en ese momento jugaba una partida de Scrabble con el gran Genzo Wakabayashi; yo estaba tenso porque ésa era la primera vez que mi padre y yo nos veíamos frente a frente tras la discusión por el asunto de la convocatoria de la JFA, pero él se limitó a mirarme sin hacer ningún reproche para después señalar los lugares disponibles en el kotatsu (que a veces mi padre hacía poner en la sala en ocasiones "especiales"), para que Benji y yo nos sentáramos.

- Qué bueno que llegaron, que jugar con papá al Scrabble no es tan divertido cuando no me cuesta tanto trabajo hacerlo trizas.- nos dijo Jazmín, tratando de cortar el estrés.

- Es obvio que me vas a aniquilar, Sayuri-hime, si usas palabras en español tan rebuscadas como "Parangaricutirimícuaro".- el gran Genzo Wakabayashi batalló para poder pronunciar este vocablo mexicano, consiguiendo decirlo bien hasta su quinto intento.- Ni siquiera estoy seguro de que esa palabra exista.

- Claro que existe, papá.- replicó Jaz, con fingida inocencia.- Y tú dijiste que podíamos usar palabras en español, alemán o japonés.

- Sí pero abusas del hecho de que yo sólo conozco dos idiomas y tú los tres.- mi padre quitó las fichas del tablero para revolverlas y repartirlas entre los cuatro.

- Bueno, para que sea más justa la situación, usemos sólo vocablos en alemán.- señaló Benji, con una sonrisa conciliadora.- Así ninguno tendrá ventaja sobre los demás.

A pesar de que él no me hizo ningún reclamo, el gran Genzo Wakabayashi y yo tuvimos problemas para intercambiar palabras, más allá de las estrictamente necesarias para el juego. Supongo que hay cosas que tardan tiempo en arreglarse pero al menos conseguimos sobrevivir sin discutir y ésa era ya una victoria. Era triste, sin embargo, que ni siquiera la enfermedad de Aremy pudiera ser capaz de ayudarnos a resolver nuestras diferencias. Dicen que de tal palo, tal astilla, y no me quedaba ninguna duda acerca de que soy tan terco como mi padre.

Los días pasaron más rápido de lo que cualquiera de nosotros esperó; llegaron las calificaciones del mes de abril y, para mi sorpresa, mi madre no armó un escándalo por mi nota en francés, quizás debido a que el resto de mis calificaciones eran muy buenas. Mamá sólo insistió en que debía pedir ayuda si se me complicaba demasiado el idioma y me dejó muy en claro que debía mejorar las notas finales si no quería que me castigara después. Por supuesto, sé que la enfermedad de Aremy influyó en su estado de ánimo, tras varias sesiones de quimio mamá ya se veía cansada, lo suficiente como para no querer discutir por cosas que en el fondo no eran tan importantes. Aún así, para mí ya era más una cuestión de orgullo el mejorar mi promedio, de manera que tampoco era necesario que mi madre me soltara un sermón monumental. Por supuesto, a Claude no le fue tan bien con sus padres por su calificación en matemáticas pues lo castigaron sin salir y sin poder usar cualquier tipo de tecnología, incluyendo sus preciadas cámaras fotográficas, hasta que no mejorara sus notas es decir, por lo menos en un mes. Auch. Pero sin duda que pudo haberle ido mucho peor. Ni modo, ambos tendríamos que esforzarnos muchísimo para corregir nuestros promedios aunque Claude protestó, claro que no frente a sus padres, cuando se enteró de que a mí no me fue tan mal como a él en cuestión de castigo; por supuesto, Chris no tardó en decirle que la diferencia entre él y yo era que yo no había descuidado el examen por andar planeando bromas. Marcador final: Christopher 1, Claude 0.

Desde que mis padres prohibieron que los compañeros de clase de Aremy fueran a visitarla a la casa, el rumor de que ella tenía una enfermedad grave comenzó a correrse en la escuela; fue, sin embargo, hasta su cuarta o quinta sesión de quimioterapia que se descubrió qué era lo que ella tenía, gracias a que la mamá "comunicativa" de uno de sus compañeros la vio esperando su turno para entrar a la zona de aplicación de quimioterapias. Mi madre, muy a su pesar, tuvo que saludar a tan incómoda e infeliz mujer y ésta acabó por enterarse de todo, transmitiendo la información después a su hijo, quien no dudó en pasar el chisme a sus compañeros. En este punto, esconder la verdad al resto de la escuela hubiera sido igual de difícil que encubrir un acto de brujería para evitar que te cachara la Inquisición. Hay ocasiones, como ésta, en las que de verdad que odio con toda mi alma a los seres humanos… En fin, que de cualquier manera el daño estaba hecho y al final la escuela entera ya sabía qué era lo que estaba afectando tanto a los Wakabayashi. Jazmín y Benji se cansaron de rechazar con cortesía todas las palabras de ánimo e invitaciones que recibieron por parte de sus compañeros pero sus personalidades tan afables les impedían responder como realmente querían.

- Ya fue suficiente, ¿por qué no nos dejan en paz?.- gruñía Jazmín, muy molesta.

- Porque, desgraciadamente, la gente se alimenta del morbo y la desgracia ajena, hermanita.- fue lo que respondió el incorruptible Ichimei, tan flemático como era su costumbre aunque por dentro estuviera igual de enojado que ella.

Yo, por mi parte, no fui tan político como mis hermanos y no dudé en cortar de forma grosera, y quizás hasta agresiva, a aquellas personas que se acercaban a mí para obtener información de mi hermana. Sé que con esto mi "popularidad" decayó mucho pero no me importó, por algo la mayoría de los estudiantes de la escuela no debían saber lo que ocurría con Aremy y fue precisamente porque no queríamos tener a gente hipócrita a nuestro alrededor.

Uno de los estudiantes con el que comencé a tener roces después de que se hizo público el padecimiento de mi hermana fue, precisamente, Margus Hoffman. El problema no era que él quisiera mi puesto, el problema fue que recuperé la titularidad sin mucho esfuerzo y Hoffman no estuvo muy contento con el asunto. Tras verlo usurpar mi lugar frente al arco y de experimentar la horrible sensación de estar en la banca, decidí ponerle más empeño a mi actuación y me dediqué a entrenar para convencer al equipo de que merecía defender otra vez la portería en los partidos. Por supuesto, yo sabía bien que bastaba con que le dijera al ahora entrenador Kaltz que quería volver a ser titular para conseguirlo pero entonces Hoffman me acusaría de favoritismo y se armaría una buena, no sin razón, así que me esforcé lo suficiente para dejar bien en claro quién es el mejor portero ahí. Tan bien hice mi labor que nadie reclamó, ni siquiera el mismo Hoffman, cuando el ahora entrenador Kaltz anunció que yo volvería a ser el guardameta titular. Aún así, me llegó el rumor de que Margus no se cansaba de proclamar, a todo aquél que quisiera escucharlo, que había mucho favoritismo en la Wittelsbach y quedaba más que claro que lo estaba diciendo por mí. El tipo estaba colmando mi paciencia y, dado que en esos días tenía muy poca, en algún momento iba a terminar por estamparle el puño en la cara. Mis amigos, intuyendo que las cosas estaban tensas, hacían lo posible para evitar que Hoffman y yo estuviéramos a solas en la misma habitación, incluso Mijael comenzó a acudir regularmente a los entrenamientos para ayudar en el asunto ya que Adler y Erick no podían estar todo el tiempo detrás de mí. Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones de mis amigos, Hoffman acabó por encontrar la manera de sacarme de mis casillas una ocasión en la que, a la hora del receso, nos topamos en los baños.

- Ey, Wakabayashi, no había tenido la oportunidad de hablar contigo acerca de lo de tu hermana.- me dijo Margus, con un tono que no parecía ser de apoyo.- Debe estarte afectando mucho, ¿no?

- Sí, un poco.- gruñí, con cara de pocos amigos. ¿Qué quería ese infeliz?

- Sobre todo porque debe ser difícil ser tú.- continuó él, como quien no quiere la cosa.

- Quizás.- repliqué, con cautela.- Aunque no sé por qué lo mencionas en este momento.

- Bueno, es que me he puesto a pensar… .- explicó Margus, con una fingida actitud pensativa.- Ser hijo del mejor portero de todos los tiempos no es cualquier cosa, todo el mundo debe estar esperando a que hagas algo verdaderamente increíble con tu vida, de lo contrario dirán que el hijo mayor de Genzo Wakabayashi es un fracasado.

- Ya lo sé.- estaba comenzando a enojarme. ¿A dónde quería llegar este imbécil?

- Aunque bueno, con tanto favoritismo que hay en esta escuela, no te va a ser tan difícil conseguir lo que quieres, ¿no es así?.- machacó Hoffman, con mucha mala fe.- Con eso de que el entrenador Kaltz es tan cercano a tu padre.

- Oh, miren quién no soporta la idea de que, por más que se esfuerce, no puede llegar a ser el mejor portero del equipo Wittelsbach.- dije, con sequedad.- Te dieron una oportunidad para ganarte la titularidad y la tiraste a la basura, Hoffman, y no te queda más remedio que acusar al entrenador Kaltz de ser parcial conmigo sólo porque no quieres admitir que yo no tuve que hacer mucho esfuerzo para demostrar que soy mejor que tú. No es mi culpa que seas tan mal perdedor, camarada.

Me di la media vuelta y salí del baño de hombres a paso veloz, mi autocontrol estaba por fallarme y sabía que si ese desgraciado seguía presionándome acabaría por hacerme estallar. Por supuesto, yo ya sabía que Hoffman iría detrás de mí para continuar provocándome pero no creí que se atrevería a llegar tan lejos.

- Bien, supongo que puedo dejar que te quedes con la titularidad, Wakabayashi.- dijo Margus, a viva voz.- Será un buen premio de consolación para cuando se muera tu hermana.

¿Alguien puede culparme por lo que ocurrió después? Creo que ni el gran Genzo Wakabayashi hubiera podido mantenerse ecuánime ante semejante ataque. Sin decir una palabra, sin gritar y sin grandes aspavientos, me giré y le di a Hoffman un puñetazo directo al rostro. Éste cayó estrepitosamente al suelo pero se levantó casi inmediatamente y me regresó el ataque aunque yo ya estaba listo, y enfurecido, para darle pelea. Así de enojado debí de haber estado porque, aunque Hoffman doblaba mi peso y mi estatura, lo golpeé con tanta fuerza que en menos de un minuto él ya estaba sangrando de nariz y boca. No sé cómo lo hice pero de pronto me encontré encima de Margus, golpeándolo sin cesar, como si mi vida dependiera de ello. Mis amigos habrían de decirme después que me veía totalmente perdido, como si fuera un robot cuya única función era atacar a Hoffman dado que no pronuncié ninguna palabra y mantenía la fija vista en él, casi sin parpadear, mientras mis puños se estrellaban una y otra vez contra su cuerpo. En algún momento, no sé cuántos minutos pasaron hasta que ocurrió, subieron los niveles de audición general y comencé a escuchar que muchas personas se reunieron a nuestro alrededor y que algunos nos animaban, mientras varias voces femeninas lloraban. De repente, sentí que alguien me tomó por los hombros y me separó de Hoffman, sujetándome con fuerza desde atrás para evitar que siguiera atacando aunque entonces mis piernas comenzaron a patalear.

- ¡Puedes quedarte con el maldito puesto de titular pero jamás vuelvas a decir que mi hermana se va a morir o te mataré!.- grité, cuando recuperé plena consciencia de lo que acababa de pasar.

- Cálmate, Daisuke, no lo empeores.- me dijo Erick al oído.- Además, creo que ya lo has golpeado bastante.

- ¡Hoffman, Wakabayashi, ya es suficiente!.- ordenó el subdirector Wolf, un hombre bastante entrado en años.- ¡Quiero que los dos dejen de pelear ahora si no desean que los expulse!

Vi entonces que Ken Hyuga era uno de los que ayudaban a Hoffman a ponerse en pie; junto a mí, Mijael me observaba preocupado mientras le pedía a Erick que me soltara ya. En cuando éste lo hizo, empujé a mis amigos y eché a correr.

- ¡Dai, espera!.- me gritó Mijael pero no le hice caso.

- ¡Wakabayashi, debes ir inmediatamente a la enfermería!.- gritó el subdirector pero también lo ignoré.

Hasta ese momento me di cuenta de que estaba llorando.

Notas:

- Los datos del debut de Rudy Frank como profesional son inventados ya que no se aclaran en su historia oficial. Los de Karl sí van en relación con su historia en el manga.

- El plan de la DFB que explica Daisuke es real, traté de resumirlo para que quedara entendible.

- Un kotatsu es una mesa japonesa, baja y de madera, que está cubierta por un futón (colchón de algodón) o una cobija pesada, sobre el que se apoya la superficie de dicha mesa y que tiene una estufa en la base de la misma.