Capítulo 20. Consecuencias.
La Wittelsbach es una escuela muy, muy grande, tiene planteles para todos los niveles educativos, exceptuando universidad, además de contar con áreas de esparcimiento, jardines, una cafetería enorme, canchas de fútbol, tenis y hockey sobre pasto, un gimnasio con piscina y canchas de basquetbol y volibol incluidas, una zona para tiro y una pista de atletismo, entre otras cosas, así que pueden darse una idea de lo enorme que es la escuela. Considerada como la número 1 de Europa a nivel educación, la Wittelsbach es también muy buena a nivel deportivo y, como ya había mencionado antes, nutre de jugadores infantiles a la Academia de Fútbol del Bayern Múnich. Esta escuela tan elitista sólo admite a lo mejor de lo mejor y sus cuotas son muy altas aunque cuenta con un buen sistema de becas que ayuda a gente con talento que no puede costear aquéllas; sin embargo, en cualquier parte del mundo siempre va a pesar más el dinero que el talento por lo que podías obtener un lugar en la Wittelsbach, aunque no tuvieses mucho cerebro, siempre y cuando tuvieras el capital suficiente. Era éste, pues, el caso de Margus Hoffman, quien no era precisamente muy brillante aunque, como su padre tenía dinero de sobra, podía estar en la Wittelsbach sintiéndose la gran cosa y molestando a muchachos que tenían hermanas enfermas. Okey, quizás lo estoy viendo de manera personal pero ya se sabía que Hoffman era muy dado a hacerle "bullying" a todo aquél que se dejara y, aunque yo siempre pensé que los rumores sobre él eran exagerados, acababa de darme cuenta de que no era así.
No sé cuánto tiempo me tomó atravesar la escuela a todo correr pero debió haber sido bastante, considerando que el plantel es enorme. Me detuve cuando llegué a la pared oeste de la escuela, una de las menos concurridas por encontrarse rodeada de almacenes. Era tal mi furia que, estando ahí, no se me ocurrió otra cosa que golpear uno de los árboles con toda mi fuerza, con el mismo nivel de hipnosis con el que golpée a Hoffman; de hecho, era la estúpida cara de Margus la que veía cada vez que mi puño se estampaba contra el tronco del árbol, su sonrisa imbécil no dejaba de mirarme con burla a pesar de lo mucho que me esforzaba por borrarla. No sé cuánto tiempo habré pasado así, aporreando el árbol sin cesar, sin cansarme y sin pensar en algo más que en la mezcla de dolor y rabia que me agobiaban en ese momento.
Nótese que uno de mis mayores defectos es que me da por golpear algo cuando me enojo en verdad; mi madre dice que tengo que aprender a canalizar mi ira pero no es como si lo hiciera cada vez que me molesto por nimiedades, sólo en situaciones de auténtica rabia es cuando tengo deseos de destrozar con los puños cualquier cosa que se me ponga enfrente. El gran Genzo Wakabayashi me dice que me va a enseñar a boxear para que al menos canalice esa energía en algo positivo pero, aunque la idea de practicar box me resulta atractiva, el que sea mi papá quien me enseñe a hacerlo me hace desdeñar el asunto, como todo lo que se relacione a él.
(Sí, por si no lo sabían, el gran Genzo Wakabayashi sabe boxear; aprendió a hacerlo cuando tenía 18 o 19 años y se estaba preparando para el Mundial sub-19. Supuestamente dicho entrenamiento le sirvió para aprender a detener los tiros de mi ahora tío político Bryan Cruyffort y de Stefan Levin aunque después el gran Genzo Wakabayashi habría de darse cuenta de que el box le sería muy útil para ejercitar los brazos y continuó practicándolo después de dicho evento, incluso actualmente lo sigue haciendo).
El caso es que los nudillos me sangraban cuando escuché el ruido que hacen las hojas secas al ser pisadas por alguien. No me importó la llegada de esa persona y continué golpeando el árbol, me daba igual si se trataba del mismo director, no me iba a contener por él.
- Dai, ya detente, por favor.- dijo una inesperadamente suave voz femenina.
Me sobresalté. Sólo había una voz en el mundo que podría haberme parado y ésa era la de ella… Me detuve durante el tiempo suficiente para girarme y ver de reojo a la persona que me había hablado, constatando que, efectivamente, se trataba de Giovanna.
- ¿Qué haces aquí?.- pregunté, más ácido de lo que esperaba, al tiempo que volvía a golpear el árbol.
- Llevo buscándote más de media hora, al menos.- contestó Gio.- Estás sangrando y evidentemente necesitas que alguien te ayude.
Hasta ese momento me di cuenta de que también había sangrado de la nariz, aunque a esas alturas la sangre ya se había secado en mi cara, además de tener los nudillos enrojecidos y despellejados, y los ojos llenos de lágrimas. Quería desaparecer, la rabia no cedía y el árbol tampoco lo cual, reconozco que fue estúpido, me hizo enojarme aún más y continué atacándolo como si el pobre tuviera la culpa de todos mis problemas.
- Estoy bien, ¡ahora vete!.- sigo preguntándome por qué fui tan idiota con Giovanna.- ¡Ya vete y déjame en paz!
- Dai, ya basta, por favor.- ella se acercó y me abrazó por detrás, ignorando mi mala actitud.- Te estás haciendo daño y no vale la pena.
El sentir su cálido abrazo hizo que me detuviera de repente; estrellé mi puño derecho por última vez contra el tronco y agaché la cabeza, dejando que las lágrimas mezcladas con sangre cayeran al suelo y mancharan mis zapatos y mi ropa, mientras Giovanna seguía abrazada a mi espalda, haciendo que su aliento me hiciera cosquillas en la nuca. La suavidad y el calor de su cuerpo hicieron que me fuese serenando poco a poco, hasta que tuve plena conciencia de que, otra vez, estaba haciendo un drama de chica adolescente y me separé de ella.
- Y una vez más, la Bella ha calmado a la Bestia.- dije, sintiéndome estúpido.
- Oh, no, ni loca me voy a ir a consolar a ese imbécil de Hoffman.- replicó Giovanna, frunciendo el ceño.
- ¿Qué?.- la miré sin comprender.
- Que aquí la Bestia no fuiste tú, Daisuke, sino Hoffman.- ella me miró con mucha seriedad.- Escuché lo que te dijo y lo único que lamento es que no hayas tenido tiempo de romperle todos los huesos porque se lo merecía, ese imbécil rebasó con mucho el límite de la decencia.
- Aún así creo que debí haberme controlado mejor.- suspiré.- Ahora es seguro que me van a expulsar.
- Si te expulsan a ti y no a él, voy a cancelar mi intercambio y regresaré cuanto antes a Italia.- replicó Giovanna, muy enojada.- No me interesa estudiar en una escuela que castiga a alguien que se defendió de su acosador.
- No creo que Hoffman sea precisamente un acosador.- no pude evitar sonreír.- Pero todo dependerá de cómo se haya visto la pelea a los ojos de los demás.
- Oh, créeme, muchos escuchamos lo que te dijo Hoffman acerca del "premio de consolación".- los preciosos ojos azules de Gio echaban chispas.- Me encargaré personalmente de que el director Zimmerman sepa cómo fue que ocurrieron realmente las cosas.
- Gracias.- me senté en el suelo e intenté limpiarme los ojos y la nariz con los dedos.
- Ten mi pañuelo.- dijo Giovanna, ofreciéndome entonces un rectángulo de tela de color perla, muy fino y elegante.
- No, gracias, te lo voy a ensuciar.- negué al ver el inmaculado lienzo, preguntándome si todas las chicas tenían la costumbre de llevar pañuelos en sus bolsas.
- Bueno, si no lo haces tú lo haré yo.- Gio se sentó frente a mí y me limpió el rostro con mucha suavidad, he de decirlo. A pesar de lo alterado que estaba, percibí su perfume a rosas flotando lentamente hasta mis fosas nasales.
Inconscientemente me recargué contra el árbol y apreté los ojos, más porque la luz del sol me hirió directamente que por otra cosa pero esto alertó a Giovanna, quizás porque creyó que me estaba lastimando.
- ¿Te duele?.- preguntó ella, preocupada.
- Sólo en mi orgullo.- contesté.
- Tienes la nariz hinchada y algunos cortes en la cara.- comentó Giovanna, deteniéndose.- ¡Y mira nada más cómo tienes los nudillos!
- Supongo que debería ir a la enfermería en algún momento.- puse mala cara, no me gustaba que me revisara un médico que no fuera mi mamá. Miré mis manos y me di cuenta de que me había hecho más daño golpeando el árbol que atacando a Hoffman.
- Tal vez pueda ahorrarte ese paso.- Gio se estiró para alcanzar una pequeña maleta blanca que estaba en el suelo, cerca de nosotros, y que yo no había visto.- Traje un botiquín para curarte. A menos, claro, que prefieras que lo haga tu novia Maia.
- Otra vez con eso de que Maia es mi novia.- bufé y puse los ojos en blanco.- ¿Por qué insistes en eso?
- Porque le gustas, ya te dije.- replicó Giovanna mientras empapaba un pedazo de algodón con alcohol.
- Mira, aunque fuera cierto que le gusto, eso no la convierte automáticamente en mi novia, primero tendría que gustarme ella.- me encogí cuando Gio pasó el algodón sobre mis heridas.- Y a mí me gusta otra chica.
- ¿Ah sí?.- Giovanna, concienzudamente, limpió las lesiones con una habilidad que no sabía que tenía.- ¿Y quién es?
- Creo que tú sabes perfectamente bien de quién se trata, Giovanna.- respondí, mirándola a los ojos.
Oh sí, soy muy obvio, siempre lo he sido, no me digas que no lo sabes porque sí lo sabes, tan es así que me frienzoneaste en cuanto te diste cuenta de eso. Giovanna me sostuvo la mirada por varios segundos durante los cuales supe con toda certeza que sí, que sabía que ella me gustaba; sin embargo, Gio decidió dejarme en la "amigozone" durante un tiempo más.
- Bien, tendrás que pedirle a tu mamá que te cheque la nariz, yo no sé mucho de eso.- Giovanna se alejó de mí y cambió el tema para comenzar a vendarme las manos.- Pero por el momento puedes volver a clases, si es que quieres hacerlo.
- Seguramente van a llamar a mis papás y a mí me van a mandar a la dirección.- suspiré, muy apesadumbrado.- Justo ahora, que toda su atención debería de estar puesta en Aremy, van a tener que ocuparse de mis idioteces.
- Daisuke, es noble de tu parte el querer que tus papás se enfoquen sólo en tu hermana enferma pero también eres su hijo y tienes derecho a que se preocupen por ti.- replicó Giovanna.- Sólo tienes trece años, necesitas su apoyo y ellos no deben olvidar que tienen otros tres hijos más, por mucha ayuda que Aremy necesite.
- ¿No crees que estás siendo muy dura con ellos?.- pregunté, suspirando.
- ¿Y no crees que tú estás minimizando tus problemas?.- rebatió ella al acabar el vendaje.- Estás comportándote como si hubieras hecho alguna broma estúpida, como ponerle miel en el shampoo a alguien, y lo único que hiciste fue defenderte de alguien que te estaba lastimando. Dai, por más que te he dicho que no ocultes tus problemas a tu familia lo sigues haciendo, tus líos no son menos importantes que los de los demás.
- Bueno, pues en este caso no voy a poder ocultarles mucho a mis padres.- dije, con cierto sarcasmo.- Es obvio que ellos van a acabar enterándose de lo ocurrido.
Giovanna se acercó a mí, apretando la boca como si tratara de reprimir una sonrisa, y me jaló una oreja.
- No te hago algo peor nada más por lo que pasó, que si no… .- ella no terminó la frase y se echó a reír.- De verdad que eres un tonto, Daisuke Wakabayashi.
- No lo soy tanto.- negué, en voz baja.- Gracias por venir a buscarme, aunque no sé por qué lo hiciste.
- Oh, pues… .- Gio se ruborizó ligeramente y desvió la mirada.- La verdad es que me identifico contigo más de lo que crees.
- ¿De verdad?.- de repente la plática había dado un giro de lo más interesante.- ¿En qué sentido?
- En que yo también soy hija de alguien famosa.- contestó ella, con un suspiro.- Mi madre es Julieta Ferrari, una de las mejores sopranos de la historia, quien además es una elegante, refinada y educada dama de sociedad, el ejemplo perfecto de cómo debe ser una mujer de mundo. Sé que no es mi obligación ser como ella pero yo siento la presión porque soy su única hija mujer. Uriel y Emirett se reparten el peso de ser como nuestro padre pero soy yo la que debe ser como nuestra madre.
- No tenía idea de que te sintieras así.- confesé, sorprendido.- Es decir, siempre actúas tan segura de ti misma que parece que ser como tu mamá es algo natural.
- Es que en el fondo sí quiero ser como ella pero al mismo tiempo me gustaría no tener ese estrés encima.- Giovanna se avergonzó.- Lo siento, creo que mi caso no es igual al tuyo pero quería que supieras que no estás solo en este asunto de no querer ser una copia de alguien más.
- No te disculpes.- repentinamente me sentí mejor.- Gracias por compartir esto conmigo, Gio.
- De nada.- ella volvió a tomar su actitud de chica inalcanzable.- Sólo te pido, por favor, que no le comentes a nadie lo que acabo de decirte, ni siquiera a mis hermanos.
- Nunca en la vida.- me llevé la mano al pecho con mucha seriedad.
Creo que nunca he confesado por qué me gusta Giovanna Ferrari, o si lo he hecho ha sido de manera muy superficial. Si bien es cierto que ser pelirroja le da puntos extra (me matan las cabelleras rojizas, qué puedo decir), no es su físico lo primero que me atrajo de ella, al contrario de lo que cree Hitomi Wakashimazu (ya lo dije alguna vez, yo necesito una base intelectual para poder sentir atracción por alguien). Gio comenzó a gustarme desde antes de conocerla en persona, incluso, y fue gracias a los trabajos que tuvo que entregar como parte de su solicitud de intercambio con la Wittelsbach. Los maestros de mi snob escuela hacen que todos los alumnos y los candidatos a nuevo ingreso y/o intercambio suban sus ensayos a la plataforma en línea del plantel porque así inspiran a los demás a superarse. Dice mi honesta y mexicana madre que si eso se hiciera en México, los estudiantes más flojos copiarían sus trabajos de los más responsables pero en la intachable Alemania eso no sucede. En teoría. Así pues, gracias a esto es que yo leí los ensayos que Giovanna tuvo que hacer para demostrar que sus conocimientos en Historia y Literatura tienen el nivel requerido por la Wittelsbach y quedé muy impresionado pues se notó desde el primero que es una chica inteligente y de buen criterio. Por supuesto, cabía la posibilidad de que ella hubiese tenido ayuda de alguien en Italia, por eso es que continué siguiendo sus avances en la Wittelsbach y pude comprobar con singular alegría que Giovanna Ferrari es la niña inteligente y culta que nunca pensé que querría buscar alguna vez. Es cierto que cuando vi lo preciosa que es acabé por caer ante sus encantos pero ya me gustaba su intelecto desde antes y creo que ella me habría gustado aún cuando no fuese ni pelirroja ni bonita, me bastaba con su inteligencia.
Sí, soy un nerd en el más estricto sentido de la palabra y me agrada que la chica que me guste sea tan estudiosa como yo. Giovanna no tiene la culpa de que la gente la juzgue sólo porque es preciosa, que piensen que es tonta sólo porque es muy bonita.
- ¿Sabes lo que me agrada de ti?.- continuó la pelirroja de mis sueños, como quien no quiere la cosa.- Que no usas a tu padre para llamar la atención de la gente. En Italia, los muchachos que se acercaban a mí usaban esa frase, "soy hijo de Fulano de Tal", como si eso fuera suficiente para impresionarme y no sabes cómo me molestaba que lo hicieran.
- Bueno, muchas chicas se emocionan con ese tipo de cosas.- me sentí inesperadamente consolado. ¿Giovanna había dicho que hay algo que le gusta de mí?
- Sí, puede ser, pero tú no lo haces y aún así causas buena impresión en los demás.- continuó Giovanna, mirándome con una sonrisa curiosa.- No lo necesitas, tienes tu propia personalidad, Daisuke Wakabayashi.
- ¿Eso crees?.- sonreí yo también.- Yo creo que paso bastante desapercibido, incluso creo que mucha gente me detesta actualmente porque he sido un auténtico patán en las últimas semanas.
- No es lo que yo he escuchado de ti.- negó Giovanna, con un gesto.- Le gustas a muchas chicas. A Maia Shanks, por ejemplo.
- ¡Y dale otra vez con eso!.- protesté pero ella se echó a reír.
Gio terminó de limpiarme y vendarme, guardó todo en el botiquín y se acercó a mí para darme un beso en la mejilla. Yo me puse colorado hasta la raíz del cabello.
- ¿Y eso por qué fue?.- pregunté, muy abochornado.
- Por todo lo que has tenido que aguantar.- respondió Gio, mirándome a la cara.- ¿Sabes? Siempre he pensado que eres un muchacho muy fuerte pero es hasta ahora que lo estoy comprobando.
- Gracias... .- murmuré, emocionado.
Nos miramos fijamente a los ojos durante algunos momentos pero antes de que yo pudiera hacer cualquier cosa, nos encontró uno de los prefectos de la escuela; al parecer llevaban mucho rato buscándome por toda la escuela y por fin alguien había topado conmigo. El prefecto me avisó que el director me estaba esperando en su despacho y que ya le habían pedido a mis padres que acudieran a una reunión con él dado que ésa era una situación que no podían dejar pasar.
- Quizás quieras ir a la enfermería primero aunque.- el prefecto enarcó las cejas al ver los vendajes que me había puesto Giovanna.- Veo que ya te curaron.
- Estaré bien.- dije, apesadumbrado.- Prefiero ir con el director.
- Vamos entonces.- señaló el prefecto.- Señorita, regrese a clases por favor.
- Sí, señor.- asintió Giovanna aunque no se veía muy conforme.
Al llegar a la oficina del director me sorprendió mucho darme cuenta de que Margus tenía el aspecto de alguien que ha querido parar un autobús con la cara, de tan amoratada e hinchada que la tenía, y mi sorpresa, por supuesto, derivaba del hecho de saber que había sido yo quien lo dejó en ese estado. Guau, si no hubiera sido por la situación me habría enorgullecido de ser tan fuerte. Daba lo mismo, una vez que entramos Margus y yo, solos, a la oficina del director, desapareció el bienestar que sentí estando con Giovanna pues cuando el señor Zimmerman nos dio la oportunidad de dar nuestra versión de los hechos, el muy hijo de put* de Hoffman negó que él me hubiese provocado, afirmando que fui yo quien perdió el control por culpa del mentado puesto de titular. Cuando el director me confrontó y me preguntó si eso era verdad, yo contesté que Hoffman había cruzado el límite y no precisamente en la cuestión del puesto de titular, pero me negué a repetir lo que él dijo sobre mi hermana, era demasiado fuerte para que pudiera hacerlo.
- Muy bien, he escuchado suficiente.- el director Zimmerman nos miró a ambos con una expresión inescrutable.- Hablaremos de sus respectivos castigos en presencia de sus padres.
Antes de que cualquiera de los dos pudiera añadir algo, la secretaria del director entró para avisarle que los señores Hoffman estaban esperando afuera; Zimmerman los hizo pasar y de inmediato el señor Hoffman se puso a hablarle en tono autoritario, casi a gritos, por lo acontecido con su hijo. La señora Hoffman, mientras tanto, corrió a abrazar a Margus, a quien besó y llamó "bebé" en medio de unos angustiosos gimoteos; el señor Hoffman vociferaba que era el colmo que en una escuela tan prestigiosa, en la que gastaba tantos euros al año en colegiaturas, no se tuviera cuidado con los estudiantes vagos y buenos para nada que andaban por ahí atacando a inocentes muchachos, como su pobre e indefenso hijo.
- La cuestión está, señor Hoffman, en que no fue un estudiante vago y bueno para nada quien se peleó con su hijo.- replicó Zimmerman, muy serio.- Lo hizo con uno de nuestros mejores alumnos y debió haber habido una razón de peso para eso.
- ¿Ah sí?.- el señor Hoffman lanzó una mirada altanera hacia el rincón en donde yo me encontraba.- ¿Y quién ha sido entonces, si no es un bueno para nada?
- Mi hijo, señor.- dijo mi padre en ese momento, haciendo saltar a más de uno.
Al parecer, mi padre no quiso esperar a que la secretaria lo anunciara y abrió la puerta de la oficina, sorprendiéndonos a todos. Al ver al gran Genzo Wakabayashi, el señor Hoffman respingó y se calló inmediatamente, palideciendo casi en el acto, lo cual me llamó mucho la atención. ¿Por qué el señor Hoffman había saltado como si le intimidara mi padre? No tuve mucho tiempo para averiguarlo porque en ese momento vi a mamá entrar detrás de él. ¿Qué? ¡No, ella no podía estar aquí también!
- ¿Mamá? ¿Qué hacen papá y tú aquí?.- pregunté, sin poder evitarlo.- ¿Quién está cuidando a Aremy? ¡Alguien tiene que estar con Aremy!
- Tranquilo, mi amor.- me dijo mi madre, abrazándome por detrás.- Ella no se ha quedado sola, está con tu tía Eli.
- Lo cual me recuerda que debo disculparme por la tardanza, señor Zimmerman.- dijo el gran Genzo Wakabayashi, con mucha seriedad.- No pudimos venir antes porque tuvimos qué esperar a que alguien nos relevara en el cuidado de mi hija menor quien, como usted sabe, está enferma.
- Entiendo, señor Wakabayashi, no es necesario que se disculpe.- aceptó el director, tras lo cual le pidió a su secretaria que le llevara más sillas para que todos se sentaran, momento que yo aproveché para hablar con mi madre.
- ¿Qué hacen los dos aquí, mamá?.- le cuestioné, en voz baja.- ¡Deberías estar cuidando a Aremy y dejar que mi padre se encargue de esto!
- Creo que, si "esto" es lo que nos avisaron que es, tenemos que estar los dos aquí.- respondió mi madre, muy seria.- Tú también eres nuestro hijo y debemos ponerte la misma atención que le damos a Aremy.
Quise replicar pero ella no me dejó, avisándome con la mirada que más me valía no responder y no me quedó más remedio que obedecer. Una vez que estuvimos acomodados, quedando yo en medio de mis padres, el director Zimmerman volvió a su silla y carraspeó antes de hablar.
- Bien, como les avisé ya por teléfono, señores Hoffman y Wakabayashi, los mandé llamar porque sus hijos se pelearon a golpes a la hora del receso.- dijo el hombre, con mucha seriedad.- He hablado con ambos para que me dieran su versión y, de acuerdo a lo dicho, parecería que la riña fue por culpa del puesto de portero titular del equipo de fútbol, al cual pertenecen ambos muchachos.
Maldito Margus, el muy cabrón va a salirse con la suya. Lo miré de reojo y me di cuenta de que el infeliz sonreía con malicia. Sentí, además, que mi padre se puso tenso a mi lado. ¿Será que le afectó creer que me peleé con alguien por un puesto que él me ha insistido en que obtenga?
- Sin embargo.- el director aún no terminaba.- He tenido tiempo suficiente para hablar con los alumnos que los vieron discutir, ya que hubo muchos testigos, y todos han concordado en que fue Margus quien comenzó el pleito. Varios muchachos lo vieron iniciar la disputa en el baño de hombres y continuar acosando a Daisuke cuando éste salió, siguiéndolo después para gritarle que se podía quedar con el puesto titular como consuelo para cuando su hermana falleciera. Con estas u otras palabras, tras lo cual Daisuke respondió golpeándolo repetidamente en la cara.
Todos nos quedamos impactados con las palabras del director. Yo porque no creí que alguien le hubiese contado a Zimmerman lo que Hoffman me había gritado, Margus porque no creía que alguien lo hubiera escuchado, y los padres de ambos porque no esperaban que el asunto hubiera llegado tan lejos. De reojo, vi a mi madre apretar los labios para no soltar un sollozo y casi al mismo tiempo sentí que mi padre apretaba los puños con fuerza. Me pregunté qué clase de reacción idiota tendría el señor Hoffman, quien seguramente debería estar orgulloso de las patanerías de su hijo, pero cuando me giré a verlo descubrí con sorpresa que se veía muy avergonzado.
- Lamento tener que hacerles pasar este mal momento, señores Wakabayashi, pero no puedo dejar de señalar la gravedad del problema.- continuó el director.- Daisuke no ha querido delatar directamente a su compañero, sólo afirmó que se había metido con su hermana pero aún esto concuerda con lo que me han dicho los demás estudiantes.
- Oh, por Dios, Margus.- soltó la señora Hoffman.- ¿De verdad le dijiste eso a ese pobre niño?
- Mi hijo no es ningún "pobre niño", señora.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, de inmediato.- Creo que se lo ha dejado muy en claro a su hijo.
- Gen, por favor, mantén la calma.- intervino mi madre, a mi lado.
- Margus, discúlpate inmediatamente con Daisuke.- ordenó el señor Hoffman, con voz gélida.
- ¿Qué?.- exclamó Margus, asombrado.- ¿Por qué?
- Es lo mínimo que debe hacer.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, sin bajar su enojo ni un poco.- No sé por qué el director no lo ha obligado antes a hacerlo.
- Porque no es nuestra responsabilidad enseñarle sensibilidad a los estudiantes, señor Wakabayashi.- replicó Zimmerman, sin cambiar de actitud.- Es nuestro deber educar sus mentes más no moldear sus modales, eso depende de los padres.
- Tiene razón, señor director, y le aseguro que estamos muy avergonzados por lo que ha ocurrido.- el señor Hoffman había dejado su altanería de lado para dar paso a una actitud de perrito faldero.- Estamos muy apenados de hacerle pasar esto a la familia del gran Genzo Wakabayashi, estamos conscientes de que deben estar pasándolo muy mal y no es correcto que nuestro hijo moleste al suyo usando a su hermana enferma. Margus, discúlpate inmediatamente con este muchacho.
En ese momento me di cuenta de por qué el señor Hoffman actuaba tan zalameramente con mi padre: sin duda el hombre era fan del gran Genzo Wakabayashi y buscaba quedar bien con él. Por lo que sabía, el señor Hoffman era un banquero muy rico cuyo sueño frustrado era ser futbolista profesional, de manera que solía enloquecer un poco cuando se topaba con ex jugadores del Bayern Múnich en las juntas de la escuela. Ahí estaba el asunto, el señor Hoffman no quería que su hijo se disculpara porque en realidad se sentía apenado, quería que se disculpara para no quedar mal con el ex portero estrella del Bayern Múnich, lo que me hizo enojar mucho más.
- Lo siento, Daisuke, no debí meterme con tu hermana.- dijo Margus, secamente.
- Okey.- fue todo lo que respondí, aguantándome las ganas de volver a partirle su horrenda cara.
- ¿Es todo lo que vas a decir, Daisuke?.- me cuestionó mi madre, tratando de hacerme actuar de una forma más cortés.
- Sí, madre, porque él no se está disculpando porque realmente lo sienta.- contesté, entre dientes.- Lo está haciendo porque lo presionan o quizás porque espera que, ahora que ya sabe que el director siempre estuvo enterado de su comportamiento, el castigo sea menor si ofrece perdón. No puedo decir que acepto su disculpa ni que "no pasa nada" porque Margus no está siendo honesto de verdad. Alguien que le desea a otra persona, con tanta mala fe y poca sensibilidad, que algo banal lo recompense de la muerte de un ser querido no puede disculparse con tanta facilidad y sentirlo en verdad. Además, ¿una simple petición de perdón es suficiente para reparar el dolor que me causó?
La señora Hoffman comenzó a llorar, esta vez de verdad, mientras mi madre me miraba con mucha compasión. En esos momentos odié con todas mis fuerzas ser quien era, me hubiera gustado mucho ser el hijo de una persona cualquiera. ¿Por qué era yo tan rencoroso, en todo caso? Quizás hubiera sido mejor ser hipócrita como Margus y fingir que todo estaba bien. Después de unos tensos minutos de silencio, el director carraspeó para tratar de encauzar la conversación por otro camino.
- Lamentablemente no puedo dejar pasar este episodio sin que sus protagonistas se lleven un castigo.- dijo.- Ustedes deben de saber que la prestigiosa Wittelsbach es intolerante con respecto a las peleas, habitualmente quienes las protagonizan son expulsados de manera inmediata; sin embargo, estoy consciente de que Daisuke ha estado bajo mucho estrés por la situación que está viviendo en su hogar y dado que lo único que hizo fue responder a un ataque, no voy a expulsarlo. Por supuesto, si él no es expulsado tampoco lo será Margus por justicia pero…
- Pero… .- balbuceó el señor Hoffman, sin mucho ánimo.
- Sí voy a suspenderlo por quince días, además de dejarlo un mes en detención después de clases.- continuó Zimmerman.- Su pertenencia al club de fútbol no se verá afectada. A Daisuke le daré quince días de detención y no lo voy a suspender pero como condición debe ir con la psicóloga de la escuela, les guste o no, señores Wakabayashi.
- Hijo de put*.- musitó mi madre en español, en voz muy baja.
- De acuerdo, director, como usted quiera.- al gran Genzo Wakabayashi tampoco le agradó el asunto.
- ¡No me puede dar detención durante un mes, me perderé muchos entrenamientos del equipo de fútbol!.- exclamó Margus, indignado.
- En eso debiste pensar antes de ofender a uno de tus compañeros, Margus.- replicó su padre, con frialdad.
- ¡Mamá!.- soltó Margus, girándose hacia su progenitora.- ¿Estás de acuerdo con esto?
- ¿Tienen alguna objeción qué hacer con respecto al castigo, señores?.- cuestionó el director, ignorando al muchacho.
- No.- negó la señora Hoffman, entre hipeos, lo que hizo que Margus cerrara la boca al ver que su mayor defensora lo había abandonado también.- Se hará como usted diga.
- ¿Y ustedes, señores Wakabayashi?.- insistió Zimmerman.
- No, señor.- respondió mi madre, inesperadamente tranquila.- Le hemos dicho a Daisuke muchas veces que todos los actos tienen sus consecuencias y que debe estar dispuesto a afrontarlas, sin importar si cree que actuó bien, y si estar en detención es una consecuencia de su pelea, debe aceptarla aunque la considere injusta.
- Por supuesto, esto no significa que estamos de acuerdo con sus medidas, señor Zimmerman.- señaló el gran Genzo Wakabayashi, con acidez.
- Muy bien.- el director no supo cómo tomarse la respuesta de mis padres y se recargó en su asiento, resignado.- Pueden retirarse entonces ya que no hay algo más por decir. La suspensión de Margus se hace efectiva a partir de mañana así que si lo desean puede terminar las clases del día ya que el médico de la escuela ha dicho que puede quedarse. Señores Wakabayashi, lo mismo va para Daisuke, su castigo comenzará hasta mañana y, aunque él no está suspendido, tiene permiso de retirarse si quiere hacerlo.
- Quiero quedarme.- repliqué, de inmediato.- No quiero que piensen que estoy huyendo de algo.
El gran Genzo Wakabayashi, de manera inesperada, me puso una mano en el hombro y lo apretó con mucho afecto. Casi podría haberlo escuchado decir que estaba orgulloso de mí. ¿Orgulloso por haberme peleado a puño limpio con alguien? ¿Quién carajos lo entiende? En fin, que el señor Hoffman anunció que se llevaría a su hijo ya que quería asegurarse de que yo no le hubiera roto la nariz. Mi madre, por su parte, me hizo una inspección rápida para confirmar que mis lesiones eran menos graves y que, además, ya habían sido bien curadas (evité decirle que fue Giovanna quien lo hizo, no quería ruborizarme frente a mi mamá), antes de autorizar a que me quedara. Al salir de la oficina del director vi que el señor Hoffman se acercaba a mi padre con actitud de disculpa pero yo no toleraba más zalamería así que le dije a mi mamá que quería irme ya con mi grupo. La doctora Lily, tan seria e inexpresiva durante la entrevista, me dio un cálido abrazo y me besó en la mejilla con mucho cariño.
- Nunca olvides que te amamos, Daisuke.- fue lo que mi madre me dijo antes de soltarme.- Tu padre también, aunque le cueste demostrarlo.
Sonreí. Inesperadamente volví a sentirme mejor. Cuando llegué al salón en donde mi grupo tomaba la clase de Historia, muchos de mis compañeros me miraron cuando tomé asiento pero ninguno dijo una palabra, aunque los gemelos Schneider y Marko se las arreglaron para lanzarme miradas de apoyo. Yo suspiré, esperando que el día acabara mejor que como había empezado pero aún quedaba una última sorpresa. Al terminar la clase de Historia, en los diez minutos que nos daban para cambiar de aula en caso necesario, vi que en el pasillo principal estaba Margus hablando con sus amigos. Me sorprendí bastante porque creí que su padre se lo llevaría pero al parecer el cabrón no había tenido suficiente. En cuanto me vio, se dirigió hacia mí con una sonrisa burlona en el rostro, la cual se veía más como una mueca debido a lo hinchado que éste estaba.
- Aprovecha ahora que no voy a estar, Wakabayashi.- me retó.- Porque serán tus últimos días como titular, cuando vuelva voy a arrancarte el puesto, te guste o no, ya no voy a tener consideraciones contigo.
¡Pero cómo jode este tipo, caramba! ¿Qué no sabe cuándo detenerse, maldita sea? ¿Qué tengo que hacer para que cierre su estúpida bocaza de una vez por todas? Por supuesto que yo no quería golpearlo otra vez, los nudillos no me daban para más gracias a mi maldita idea de boxear con árboles pero ni falta que me hizo. Claude y Chris, quienes iban conmigo, iban a lanzarse sobre Margus cuando mi hermana mayor los empujó y se dirigió a mi cobarde agresor, dándole dos fuertes bofetadas en el rostro; Hoffman, sensible como estaba, soltó sendos aullidos de dolor y sorpresa. Todos nos quedamos callados y asombrados por lo que acababa de hacer Jazmín. ¡La dulce, tierna y tolerante Jazmín había abofeteado a alguien! ¿Qué rayos estaba pasando?
- ¡Escúchame bien, infeliz, porque no lo voy a repetir!.- gritó Jazmín, furiosa.- ¡Vuelves a decir que mi hermanita se va a morir y te vas a arrepentir! ¡Me encargaré de que pierdas los pocos dientes que te dejó mi hermano porque yo misma vendré a quitarte los que te faltan, te arrancaré uno por uno con una llave de tuercas! ¿Te ha quedado claro?
- ¡Jaz, ya basta!.- en ese momento llegó Mijael y agarró a mi hermana por el hombro para alejarla de Hoffman.- ¡Tú no eres así! ¡Deja que yo me haga cargo!
- ¡No!.- las lágrimas comenzaron a fluir de los ojos chocolate de mi hermana.- ¡Este infeliz le dijo a mi hermano que Aremy se va a morir, todo mundo lo escuchó, y a pesar de eso actúa tan campante! ¡No sé con qué cara se atreve a aparecerse aquí después de lo que dijo! ¡Merece que le tumbe todos los dientes que Daisuke no le tiró!
- Ya, Jaz, por favor.- Mijael, no sin cierto esfuerzo, la abrazó con fuerza. Margus los miraba a ambos con azoro, sin saber muy bien qué hacer o decir.- Ésta no eres tú, tú eres dulce, tierna y comprensiva, no dejes un imbécil te haga actuar diferente. ¡No vale la pena, Jaz! Él no sabe nada de lo que sucede con Aremy, lo que dijo lo dijo porque está ardido de que Daisuke sea mejor que él y buscaba la manera de lastimarlo.
Bueno, que Mijael tenía mucha razón, Hoffman sólo quería hacerme daño. ¡Y vaya que lo logró! Pero creo que no midió las consecuencias de sus actos, a juzgar por la cara de asustado que tenía después de haber sido atacado por una de las chicas más tranquilas de la escuela. Quizás fue hasta ese instante en el que Hoffman se dio cuenta de lo que había hecho o quizás simplemente no quería que lo volvieran a llevar a la dirección y ahora sí lo expulsaran pues nadie, absolutamente nadie le iba a creer que la pacífica Jazmín Wakabayashi había comenzado el pleito.
- ¡Ese miserable necesita una lección!.- seguía debatiendo mi hermana, buscando zafarse del abrazo de Mijael.- ¡Necesita que alguien le enseñe los modales que su madre no le ha enseñado!
- ¡Sí, Jaz, y está bien si tú se los quieres enseñar pero no así, ésta no es la manera!.- creo que Mijael sí temía que el director Zimmerman pudiera castigarla.- Daisuke ya se encargó de ponerlo en su lugar; si no es suficiente para ti, yo me haré cargo entonces pero no continúes lastimándote más. Te conozco y sé que después vas a sentirte mal por esto porque tú no eres así.
Jaz soltó un suspiro bastante audible y jadeó durante algunos minutos para tratar de controlar su llanto porque no deseaba que Hoffman la viera llorar. Mijael, consciente de esto, hizo que ella escondiera la cara en su hombro sin aflojar la presión que ejercía para contenerla.
- Tú y yo no hemos terminado.- amenazó Mijael a Margus.- Que te quede claro que Daisuke no es el único que quiere y puede romperte la nariz. Mejor te cuidas si no quieres acabar yendo con un cirujano plástico.
Schneider le lanzó a Hoffman una helada y azul mirada en la que dejó ver toda su furia. Si en ese momento no se le dejó ir encima fue porque estaba más concentrado en proteger a Jaz de sí misma que en el propio Margus aunque eso no evitó que éste se encogiera en su sitio. Quizás comenzaba a darse cuenta de que, con una sola frase, se había echado encima a más estudiantes de los que él creyó.
- ¿Estás bien, Wakabayashi?.- me preguntó Mijael, mirándome de reojo.
- Lo estaré, Schneider.- asentí.
- Bien, si no te importa hablaremos luego, en circunstancias mejores.- dijo él mientras se llevaba a Jaz consigo rumbo al patio.
- Seguro.- acepté, tras lo cual le arrojé a Margus una mirada de desprecio antes de dirigirme a mis amigos.- Vámonos ya, que se nos hace tarde.
- ¡Qué día, eh!.- soltó Claude, a mi lado.- Nunca creí ver a Jazmín golpeando a alguien pero vaya que ha sido un espectáculo digno de observar, aunque mi hermano no piense lo mismo. De ti no me sorprende, Daisuke, lo raro habría sido que no atacaras a Hoffman, pero nadie esperaría lo mismo de la dulce Jaz.
- Supongo que la venció el estrés.- comentó Chris, preocupado.
- No la culpo, la verdad.- comentó Marko, caminando a mi lado.- Danielle constantemente dice que Jazmín siempre actúa como la chica perfecta, bien educada, responsable y cortés, como si fuera su deber mostrar una fachada impecable; era obvio que, con tanto estrés encima, tarde o temprano iba a estallar.
Tengo la mala costumbre de olvidar que no soy el único que se pone estándares muy altos en mi familia; de hecho, creo que Aremy es la única a la que le importa un pito que digan que no cumple con las expectativas de la familia Wakabayashi, de ahí en más tanto Jazmín como Benji y yo andamos siempre exigiéndonos el máximo esfuerzo para estar a la altura de las circunstancias, que es el ser los hijos de dos personas tan existosas como lo son Genzo Wakabayashi y la doctora del Valle. Sin embargo, Jazmín se añade el peso de ser un ejemplo para los demás por ser la mayor y, aunque ella había aceptado su irrevocable destino de buena gana, al final de cuentas también es un ser humano y en algún momento la presión iba a cobrarle factura... Seguro estoy que, a esas alturas, a Jazmín ya no le importaba en lo más mínimo el concurso de baile de nuestra escuela, el cual iba a realizarse en pocos días.
Al final del día ya me había arrepentido de haberme quedado en la escuela; la cabeza y los puños me dolían mucho y sentía que mis compañeros no dejaban de murmurar a mis espaldas, y los que no lo hacían me lanzaban miradas de compasión, según yo. Sin embargo, también es cierto que mis amigos no me dejaron solo e impidieron que cayera en el torbellino de vacío y dramática destrucción al que me habría lanzado de haber estado en casa. Lo único que deseaba al concluir la última clase era irme cuanto antes y encerrarme en mi habitación; al llegar a mi hogar, sin embargo, temí que el gran Genzo Wakabayashi no quisiera dejármelo tan fácil, después de todo no habíamos hablado aún del castigo que seguramente tendría por haberme peleado pero, para mi enorme sorpresa, mi padre hizo gala de una faceta comprensiva que no sabía que tenía.
- Tu madre y yo hemos decidido que no vamos a castigarte por lo sucedido en la escuela, Daisuke.- dijo el gran Genzo Wakabayashi con voz inesperadamente tranquila, parado frente a mí en el pasillo que conectaba nuestras habitaciones.- Si lo deseas puedes descansar el resto de la tarde aunque primero tienes que ir con tu madre para que vuelva a revisarte esas lesiones.
- ¿Qué? ¿Por qué no van a castigarme?.- solté, muy asombrado.- ¡Casi le rompo la nariz a un compañero!
- Porque no creemos que lo que hiciste merezca una sanción, al menos no de nuestra parte.- explicó mi padre, suspirando.- Desde nuestro punto de vista, te defendiste de alguien que cruzó el límite de lo moralmente permitido; tú no iniciaste la pelea ni atacaste a Hoffman sin motivo así que no es necesario aplicarte un correctivo. Y con respecto a su nariz, tu madre dijo que de buena gana habría terminado de desviarle el tabique.
- ¿De verdad dijo eso?.- no pude evitar esbozar una sonrisa.- ¡Se supone que, como la adulta que es, debería de decirme que estuvo muy mal lo que hice y tu también deberías de hacerlo, papá!
- Supongo que ambos nos lo tomamos de manera muy personal.- respondió el gran Genzo Wakabayashi, muy serio.- No puedes escuchar decir que alguien habló de la muerte de uno de tus hijos de una manera tan banal y fingir que no te importa. Sí importa, Daisuke, y más porque Hoffman lo utilizó para hostigarte. Por supuesto, como los adultos que somos, tu madre y yo nos aguantaremos las ganas de emplear la fuerza física con ese "cretino mozalbete", como lo ha llamado ella, pero definitivamente se ha declarado como una persona no grata en nuestra familia. En cualquier caso, ambos creemos que no hiciste algo malo y por eso es que no vamos a castigarte pero espero que hayas entendido que no vamos a meter las manos para quitar las consecuencias que tus actos tengan a otro nivel, por eso aceptamos sin protestar el castigo que te impuso el director, eso ya no depende de nosotros.
- Lo entiendo bien, padre.- asentí.- Gracias por el apoyo.
El gran Genzo Wakabayashi me miró fijamente durante algunos minutos, titubeando; parecía que quería decirme algo pero me daba la impresión de que no se decidía a hacerlo, como si lo que fuera a contarme perteneciera a la clase de cosas que un hombre jamás debe revelarle a sus hijos. Al final la voz de su conciencia debió decirle que yo no tenía la edad suficiente para enterarme de lo que sea que haya estado pensando y se encogió de hombros.
- Siempre estaré ahí para apoyarte.- dijo, en voz baja.- Aunque muchas veces lo dudes, Daisuke.
Un poco turbado por el comentario, preferí no contestar. Mientras esperaba, pues, a que mi madrina hiciera el relevo para cuidar a Aremy y que así mi madre pudiera revisarme, miré mis nudillos vendados y recordé la frase que mamá le dijo al director unas horas antes, eso de que todos nuestros actos tienen consecuencias y que debemos estar dispuestos a afrontarlas, sin importar si consideramos que son injustas. Quizás en aquellos momentos no percibí el alcance de las secuelas de mi pelea con Hoffman pero ahora me quedaban muy claras: gracias a mis nudillos lastimados y a mi castigo, no iba a poder jugar en los próximos partidos de la Wittlesbach, a pesar de lo mucho que me esforcé para recuperar el puesto de titular. A menos que mi madre encontrara alguna lesión seria en mis manos, mínimo debía quedarme 15 días sin poder jugar ni entrenar y eso era mucho tiempo para un adolescente estresado como yo. Además, si el otro portero también estaba fuera de combate significaría que el ahora entrenador Kaltz tendría que echar mano del tercer arquero o elegir a alguien más para suplir ese hueco, todo por una estúpida pelea que no debió haber ocurrido en primer lugar.
Vaya que la vida apesta.
