Capítulo 22. Una declaración oportuna en un momento inoportuno.

Me niego a seguir hablando de mi padre y de su estúpida terquedad, así que pasemos a lo que había ocurrido con mi familia en los últimos días. Aremy había pasado mucho más tiempo en el hospital de lo que lo hacía en casa, en gran parte debido a que su cuerpo no resistió los embates de la quimioterapia y comenzó a perder peso; además, sus sangrados constantes dejaron en evidencia que sus cifras de plaquetas (que se encargan de evitar los sangrados) y de glóbulos rojos (que llevan el oxígeno a la sangre) estaban muy bajas por lo que tuvo que ser sometida a transfusiones de paquetes de ambos tipos de células. Era rara la ocasión en la que nosotros podíamos ver a nuestra hermana ya que, cuando Aremy estaba en casa, no teníamos permitido verla durante mucho rato para evitar el riesgo de una infección, nos habíamos vuelto una amenaza potencial para ella. El doctor Lacoste les hizo saber a mis padres que pronto iniciaría el tratamiento especial que evitaría que Aremy tuviera cáncer en el cerebro y que muy probablemente no sería con radiación dirigida a su cabeza sino con quimioterapia inyectada directamente en su sistema nervioso, entre dos vértebras de su columna vertebral. No me quedó muy en claro el asunto pero entendí que el cambio se haría porque la radiación sería más nociva para ella que la quimioterapia inyectada en su columna. Cualquier cosa que disminuyera los efectos secundarios sería buena para ella, ¿no?

Con respecto a los otros tres hijos Wakabayashi que seguíamos pululando por la Tierra como zombis sobrevivientes de un apocalipsis, Jazmín no aceptó regresar a la competencia de baile, ni siquiera Mijael pudo convencerla de lo contrario; además, ella comenzó a presentar ataques de llanto cada vez más seguido, de los cuales sólo Mijael y el tío Karl podían sacarla (quizás también mi madre la hubiera ayudado pero Jaz renunció a su privilegio de hija para cedérselo a mi hermana, así que no lloraba cuando estaba aquélla cerca). Varias veces la encontré encerrada en el escondrijo desde donde se podía espiar la sala, abrazada a su conejita de peluche y con los ojos llenos de lágrimas. Benji, por su lado, se caía frecuentemente en sus rutinas de las competencias regionales de patinaje y su entrenadora le sugirió que, a pesar de sus deseos de participar en nombre de su hermana, lo mejor que podía hacer era desistir de su intención de competir ese año y que lo intentara cuando las cosas hubiesen mejorado. El incorruptible Ichimei llegó a mi cuarto llorando de la frustración porque no quería seguir el consejo de su entrenadora aunque lo que más le molestaba era el hecho de que ella tenía razón.

- No estoy ni estaré en mi mejor forma mientras Aremy esté enferma, Dai.- me confesó mi hermano, enojado.- Por más que me esfuerzo no logro concentrarme, sólo escucho sus llantos y gritos de dolor. Soy un completo fracaso…

- No lo eres y lo sabes bien.- negué, tratando de animarlo.- No estás hecho de hierro, camarada, es perfectamente normal que no puedas concentrarte por el hecho de que tu gemela está enferma. Te diría que quizás no deberíamos intentar hacer actividades muy elaboradas o de competencia en estos meses, no hasta que las cosas mejoren pero no creo que sea el mejor consejo que podríamos seguir. Ahora que Jaz renunció al concurso de baile y que yo no estoy jugando por mis heridas, me doy cuenta de que tener una actividad extracurricular había estado evitando que ambos nos volviéramos locos. ¿Te has dado cuenta de que Jazmín anda todo el tiempo con los ojos rojos de tanto llorar? Y yo estoy a cinco segundos de lanzarme por la ventana, así que mi consejo es que no renuncies, camarada. Sigue patinando, aunque sea para no volverte loco, no importa si ganas o pierdes, lo haces por ti mismo y también por Aremy, para poder darle hermanos cuerdos que le proporcionen estabilidad emocional.

- Gracias, Dai.- Benji me sonrió, aliviado.- Justamente necesitaba eso de ti, hermano mayor, que me dieras una razón válida para seguir en vez de apoyar la opción de darme por vencido. No me gustaba la idea de pensar que mi entrenadora tiene razón, rendirme no es algo que me agrade hacer a pesar de que sé que no estoy dando mi mejor esfuerzo.

- Eso es algo que aprendiste de nuestro padre.- me encogí de hombros.

- No soy el único.- replicó mi hermano, mordaz.- Supongo que vas a regresar a jugar fútbol cuando te recuperes, ¿no?

- Lo haré aunque mucho me temo que el entrenador Kaltz va a dejar a Marko en mi puesto en cuanto se dé cuenta de que él es mucho mejor que yo.- suspiré.- Quizás no sea demasiado tarde para retomar el violín, quizás me vaya mejor como músico que como futbolista.

- Cuando te da por ser dramático, te da en serio.- mi hermano soltó una carcajada.- No eres un derrotista, hermanote, pero cómo te gusta ser pesimista.

- Oye, dicen que siempre tienes que esperar lo peor y prepararte para lo mejor.- protesté, sintiéndome regañado.

- Es al revés: hay que esperar lo mejor preparándose para lo peor.- Benji me sonrió con condescendencia.- Me sigo preguntando de quién sacaste lo pesimista.

- De mamá.- respondí, sin titubear.- Ella, como buen médico, es pesimista pero sabe ocultarlo.

- Nuestra mamá no es pesimista, Dai, no le eches la culpa.- negó el incorruptible Ichimei.

Camarada, no pensarías lo mismo si la hubieras visto hablar con nuestro padre sobre las posibilidades que había de que Aremy no ganara la batalla. Créeme, sé bien que ese pesimismo mío lo heredé de nuestra madre. En fin, que de cualquier manera me ayudó hablar con Benji pues me reafirmó en mi decisión de seguir jugando fútbol aunque la idea de retomar el violín no me parecía mala tampoco. No soy un músico virtuoso pero el que fuese mi profesor alguna vez, Armand Lorenz, me dijo que tenía el talento suficiente como para ser un violinista decente pero que necesitaría de mucha práctica para poder sobresalir; cuando tenía unos siete u ocho años, en la época en la que me rebelé por primera vez contra los deseos del gran Genzo Wakabayashi, no tuve problemas en encontrar el tiempo que necesitaba para practicar con el violín pero conforme fui creciendo e incrementaron mis actividades académicas, fui dejando de lado el instrumento y ya habían pasado más de seis meses desde la última vez que lo toqué en forma. No sería mala idea el agarrar a Tenshi nuevamente e intentar afinarlo, quizás su música podría tranquilizar a mi hermana, cuando menos.

(Me he dado cuenta de que todo lo que quiero hacer últimamente lo hago por Aremy, creo que he perdido la capacidad de hacer cosas por mí mismo. ¿Estará esto mal o es medianamente aceptable dadas las circunstancias?)

Agradecía también la paciencia que me tenía Catrina en esos días, no sé qué habría hecho sin ella ya que fue la única que pudo aguantarme aunque, si yo lo hubiera querido, estoy seguro de que cualquier otro de los adultos de la casa me hubiese escuchado con gusto pero mi propia personalidad me hacía mantenerme alejado de todos. Me daba vergüenza molestar al tío Kaltz con mis tonterías, mi tía Eli no se daba abasto para atendernos a todos, no me habría acercado a mi padre ni aunque me pagaran y, al igual que como hicieron Jaz y Benji, había renunciado a mi derecho de tener la atención de mi madre de manera que Catrina y Demian fueron mi salvación. Me gustaba mucho platicar sobre la Muerte con ella, nadie entendía del tema mejor que mi madrina y me tranquilizaba que ella me pintara a la Muerte como a una buena amiga a la que no se le debía tener miedo. No quería ni oír hablar de la posibilidad de que Aremy falleciera pero estoy seguro de que ésa fue la vía que usó Catrina para hacerme sentir cómodo con el tema en el caso de que llegara a ser necesario tocarlo. Mi padrino, además, se pasó muchas tardes jugando conmigo a juegos de guerra, haciéndome trizas en cada encuentro pero consiguiendo que liberara todo el estrés que traía acumulado.

Sin embargo, las malas noticias no dejaban de llegar. Si bien sabíamos que a mi hermana se le caería el cabello por culpa de la quimioterapia, creo que ninguno de nosotros esperó que ocurriera tan rápido, excepción hecha de la doctora Del Valle, más acostumbrada a estas cuestiones que nosotros. Una mañana de sábado, muy temprano, escuché llanto proveniente del cuarto de Aremy y me asomé para ver qué ocurría, aprovechando que su puerta estaba entreabierta; vi a mi padre sentado en la cama, con el rostro crispado, mientras mi hermanita lloraba a lágrima viva, con grandes mechones de su cabello en las manos. Papá la abrazaba y consolaba lo mejor que podía pero se notaba que eso lo estaba afectando también a él.

- ¿Qué ocurre?.- entré rápidamente al cuarto, sin olvidarme de ponerme un cubrebocas.- ¿Qué le está pasando a Aremy?

- Tranquilízate, Daisuke, ya sabíamos que esto iba a pasar.- me ordenó el gran Genzo Wakabayashi, aparentando una calma que no sentía.- Ya nos lo habían advertido, se le está…

- ¡Se me está cayendo el cabello, Dai!.- lo interrumpió Aremy, llorando a mares.- ¡Me voy a quedar calva!

- Are, no te preocupes, te va a volver a crecer.- le dije rápidamente, tratando de recobrar la compostura.- ¿Recuerdas que hablamos sobre esto? Será momentáneo, después te volverá a crecer tan bonito como siempre.

- ¡No, no lo va a hacer!.- mi hermanita escondió su rostro entre sus manos y se soltó a llorar desconsoladamente.

El gran Genzo Wakabayashi hizo gala nuevamente de sus habilidades ocultas de padre y pasó el brazo por los hombros de Are, atrayéndola hacia él; ella enterró la cara en el pecho de nuestro padre y se aferró a él como si de eso le dependiera la vida. Yo quise decir algo más, darle ánimos a Aremy, decirle que le conseguiría una peluca aún así se me fuese la vida en ello pero me quedé mudo, me rompió el corazón el verla llorar así. En algún momento mi mirada chocó con la del gran Genzo Wakabayashi y éste me vio con mucha seriedad.

- Sé fuerte por ella.- dijo, sin miramientos, al darse cuenta de que yo estaba a punto de desmoronarme también.- Mantén el control, Daisuke, al menos mientras estés aquí.

- Sí, padre.- respondí, tragándome las lágrimas.

Sin embargo, no supe qué hacer después, me quedé parado viendo cómo mi padre consolaba a mi hermanita y le decía que le conseguirían una peluca, hasta que sentí las manos de mi madre posarse en mis hombros. Tomé una de ellas con mi mano y la sujeté con fuerza; ella nunca ha tenido manos bonitas, "de mujer" como dice mi abuela, porque mamá trabaja mucho con sus manos y constantemente sufre de alergias al jabón quirúrgico y tiene algunos callos debido a la actividad que realiza pero a mí me gustaban sus manos, mucho más de lo que podrían gustarme si las hubiese tenido suaves. Vaya tonterías en las que pensaba en esos momentos pero eran precisamente estas cosas sin sentido las que me permitían mantenerme tranquilo porque me distraían de lo demás.

- Daisuke, ve por favor con tus hermanos.- me pidió mamá, con voz muy suave.- Recuerda que no debemos estar tantas personas a la vez en el cuarto de Aremy.

Antes de salir eché una última mirada y vi a mi padre abrazando fuertemente a Are, una vez más era como si él hubiese dejado de ser él para dedicarse a cuidar de alguien que lo necesitaba. Fueron esas escenas, en donde el gran Genzo Wakabayashi no se comportaba como tal, las que más se me fueron quedando grabadas en la memoria. Mientras bajaba las escaleras para reunirme con mis hermanos, decidí que no les diría lo que estaba ocurriendo, dejaría que papá o mamá se encargaran de eso pero no bien había puesto un pie en el comedor cuando solté la noticia a Jazmín y a Benji, quienes en esos momentos estaban desayunando cereal.

- A Are ya se le empezó a caer el cabello.- farfullé, tras lo cual me maldije a mí mismo por ser tan bocón.

Jazmín soltó un pequeño gemido de angustia y Benji dejó caer su cuchara, que fue a estrellarse contra el plato e hizo saltar leche y cereal a partes iguales. Yo me dejé caer en una silla junto a él, pensando en que la pasta de cereal que comían mis hermanos parecía cartón remojado.

- ¿Tan pronto?.- cuestionó mi hermana mayor.- ¡Pensé que aún faltaba mucho para eso!

- Yo también lo creí.- concordó mi hermano.- Papá me dijo algo similar hace poco, que pasarían algunos meses antes de que a Are se le cayera el cabello.

- Al parecer nos equivocamos todos.- negué.- Ya se le cae el cabello a mechones, no va a pasar mucho tiempo antes de que se quede totalmente calva.

- ¡Tenemos qué hacer algo!.- dijo Jazmín, de inmediato.

- ¿Pero qué?.- pregunté, tamborileando los dedos sobre la mesa.- No podemos hacer que le crezca de nuevo por arte de magia; además, papá y mamá ya dijeron que van a conseguirle una peluca.

- ¡Pero no va a ser suficiente!.- replicó mi hermana, ansiosa.- A Are no le va a bastar con que le compres una peluca, se va a sentir mal de todos modos.

- ¿Y qué podríamos hacer nosotros?.- insistí.- ¡Si de mi dependiera, el cabello no se le caería nunca!

- Podríamos raparnos.- sugirió Benji, en voz baja, mientras sacaba la cuchara de su plato de cereal.

- ¿Qué cosa?.- Jaz y yo nos giramos para ver a nuestro hermano.

- Digo, tú y yo, Dai.- continuó él, con una sonrisa de disculpa.- Are lo agradecería enormemente, no sería la única calva de la casa.

- ¡Oh, pero es una genial idea!.- en el rostro de Jazmín se dibujó una sonrisa auténtica, la primera que le veía en mucho tiempo.- ¡Yo también lo haré!

- ¿Vas a raparte la cabeza, Jaz?.- exclamé, sorprendido.- ¿Estás loca?

- No creo que sea tan necesario que tú lo hagas, Jaz.- el incorruptible Ichimei se rascó la cabeza, en un gesto copiado de nuestro padre.- No cambiaría mucho las cosas…

- No me pienso rapar, sólo quiero cortarme el cabello lo más corto que pueda.- Jazmín se llevó la mano a su cabellera negra, entusiasmada.- ¡Quién sabe, quizás el largo de mi pelo sea lo suficiente para hacerle una peluca a Aremy!

De verdad que Jaz debía amar muchísimo a nuestra hermana pues ella adoraba su hermoso cabello negro, largo hasta la cintura, al que cuidaba con mucho esmero. Ese pelo negro (que por cierto que siempre me he preguntado por qué Jazmín lo tiene tan bonito y yo tan feo, a pesar de ser del mismo tipo) era uno de los mejores atributos físicos de mi hermana, no el único pero sí uno de los principales, y renunciar a él sin titubear era una muestra del enorme amor que le tenía a Aremy.

- Muy bien, Jaz.- acepté, sonriendo.- Si es lo que deseas hacer, te apoyamos. La cuestión es: ¿en dónde nos cortamos el cabello?

Bueno, que por Benji y por mí no debía de haber mucho problema, con que encontráramos una máquina de afeitar bastaría pero Jaz sí tendría que ir con alguien que supiera de cortes de cabello bien hechos para que pudiera reusarse su pelo en una peluca. Nos pasamos algunas horas tratando de encontrar una peluquería que no estuviera muy lejos de nuestra casa y pensando en una manera de poder salir solos sin que alguien se diera cuenta (no queríamos que nuestros padres se enteraran de nuestra idea, temíamos que no nos permitieran realizarla) y cuando por fin pudimos trazar una ruta de escape, a través del escondite que nos permitía espiar la sala (el cual Mijael y yo ya habíamos recorrido, descubriendo que llegaba al jardín trasero de la casa, muy cerca de una puerta accesoria que casi nadie utilizaba), mi madre nos mandó a llamar a los tres y tuvimos que abortar la misión, sorprendidos de que ella quisiera hablar con nosotros. ¿De qué se trataría el asunto? ¿Se habría enterado de nuestras ideas y nos regañaría? ¿O sería que Aremy había empeorado? De verdad que temíamos mucho que se tratara de lo último por lo que no esperábamos la sorpresa que nos estaba aguardando. Cuando mis hermanos y yo llegamos a la sala, encontramos a una mujer de cabello corto esperándonos; tan drástico había sido su cambio físico que ninguno la reconoció de primera intención.

- ¿Mamá?.- Jazmín fue la primera en hacerlo, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.- ¿Eres tú?

- ¡Te cortaste el cabello!.- solté al darme cuenta de por qué no había notado que la mujer de pelo corto es mi madre.- ¡Te lo dejaste súper chiquito!

¡Por supuesto que era sorprendente, nuestra madre se había cortado su precioso cabello! Ella, que era tan vanidosa con su pelo, que lo conservaba largo hasta la cadera y tan bien cuidado que le brillaba, se había desprendido de él por la misma razón, estaba seguro, que nos motivaba a nosotros a querer deshacernos del nuestro.

- No tanto.- la doctora Del Valle acarició las puntas de su cabello, que le llegaban por arriba de los hombros; se lo habían alaciado y se le veía brillante como siempre lo había tenido, pero tan corto que ahora se veía mucho más madura y seria.- De cualquier manera me estorbaba para trabajar y sostenerlo era siempre un problema, estaré más cómoda así.

- ¿Por qué te has cortado el pelo, mamá?.- Benjamín hizo la pregunta que queríamos hacer los tres.- Lo hiciste por Aremy, ¿verdad?

- Sí.- admitió nuestra madre, cabizbaja.- Ya lo había decidido desde hace mucho pero… no había podido hacerlo, lo confieso…

- No es para menos, mamá.- Jazmín la abrazó.- Yo te comprendo porque es algo que voy a hacer aunque me duela un poquito, con tal de ayudar a Are haré lo que pueda.

- ¿Cómo dices?.- la doctora Del Valle acarició la cabellera de Jaz.- Oh, no, no es necesario que tú te cortes el cabello también, mi amor. Yo lo hice porque prometí que usaría mi cabello para hacerle una peluca a tu hermana pero no es necesario que tú también lo hagas.

- Lo voy a hacer porque quiero apoyar a Are.- replicó Jaz, sin titubear.- Ella se sentirá mejor si sus tres hermanos nos cortamos el cabello. Además, también quería donar mi cabello para su peluca, podría tener dos.

- ¿De verdad quieren hacerlo?.- nuestra madre nos miró perpleja.- ¿Están seguros?

- Íbamos a cortárnoslo a escondidas por miedo a que te negaras pero sí.- me encogí de hombros.- Eso queremos hacer.

- Como dijo Jaz, Are es nuestra hermana y no la dejaremos sola.- añadió Benji.

- ¡Oh!.- vi que los ojos de mi madre se llenaron de lágrimas.- Si eso es lo que quieren no les vamos a decir que no pero, ¡no lo hagan a escondidas! Su padre los llevará a la peluquería a la que fui yo.

- Gracias, mamá.- Jaz le dio un beso en la mejilla y le acarició las puntas.- Te ves muy bien con este corte, te queda bien.

- Gracias, mi cielo.- agradeció nuestra madre aunque no se veía muy convencida.

No sé cuánto rato habremos pasado Jaz, Benji y yo planeando nuestro escape pero sin duda que fue mucho más del que creímos porque nuestros padres tuvieron tiempo de salir de la casa y volver sin que nosotros nos diéramos cuenta, así de concentrados estábamos. Cuando papá bajó al estacionamiento para llevarnos a la peluquería, nos dimos cuenta de que su inseparable gorra blanca no ocultaba su cambio de look.

- Papá... ¿Te rapaste el cabello?.- pregunté, atónito.

- ¡Oh, tú también!.- soltó Jazmín, incrédula.- ¡No sólo fue mamá!

- Yo lo di por hecho en cuanto la vi a ella.- Benji era el único que no estaba sorprendido.- Nuestro padre no hubiese dejado que nuestra madre fuese la única que se cortara el cabello.

- Oh, papá, ¡también lo hiciste por Aremy!.- no podía culpar a mi hermana, yo tampoco podía creer que fuera cierto.

- Dije que haría todo lo posible para apoyar a mi familia.- el gran Genzo Wakabayashi se quitó la gorra y mostró su calva cabeza.- Y si eso incluye cortarme el pelo, lo haré sin dudarlo.

Jazmín comenzó a llorar y lo abrazó con fuerza mientras Benji chocaba las manos con él. Yo, por mi parte, me limité a ver a mi padre con más respeto que nunca. Había que admitirlo, el gran Genzo Wakabayashi estaba dando su mejor esfuerzo para ser un buen apoyo para todos. Después de que regresamos de la peluquería, los cuatro subimos al cuarto de mi hermana, en donde ya se encontraba mi madre; Aremy, quien ya había conseguido controlar sus lágrimas, leía "Mujercitas" cuando entramos en su habitación, los hombres con las calvas al aire y Jaz con su cabello cortísimo al estilo de los años veintes, tal y como lo llevaba Lisa Marie. Are, al vernos, abrió mucho los ojos y soltó una carcajada larga, hermosa y dulce como ella misma.

- ¿Pero qué carajos les pasó? ¡Se ven fatales!.- mi hermanita rió largo y tendido durante mucho rato.- Menos tú, Jazzie, te ves muy linda con ese corte.

- Cuida tu lenguaje, Aremy.- la regañó mi madre aunque no con mucha dureza; sin duda que estaba feliz de escuchar reír a su hija.

- Perdón mamá.- Aremy se limpió las lágrimas que le salieron de tanto reír.- ¡Pero es que míralos! ¡Se ven tan ridículos! Ay, que a papá ya lo había visto pero Dai y Benji… ¡No, ahora sí que los van a confundir con bolas de boliche!

Todos soltamos la carcajada pero más por el gusto de escucharla reírse que por otra cosa; era como si hubiésemos olvidado que Aremy era capaz de reír y de ser una niña como cualquier otra. Cuando al fin nos recompusimos, Lily le dijo a Aremy que ella y Jazmín se habían cortado el cabello para hacerle pelucas y que podía escoger cuál de las dos cabelleras quería que se usara para dicho fin. A mi hermanita le salieron las lágrimas cuando se dio cuenta de que su mamá y su hermana mayor estaban haciendo ese sacrificio por ella y le costó mucho trabajo hablar sin que se le cortara la respiración. Tras agradecerle repetidamente a ambas con abrazos y besos dijo que, aunque le encantaba el cabello de Jazmín, quería que su peluca se hiciera con el cabello de mamá por ser idéntico al suyo ya que el de Jaz era más oscuro y Are temía no reconocerse con él. Así pues, nuestra madre dijo que usarían su cabello para hacerle dos pelucas, gracias a lo largo que lo tenía, y que el de Jazmín se donaría para crearle una cabellera postiza a otra niña que lo necesitara. Si mi mamá y mi hermana mayor dudaron en algún momento de haber hecho bien, al ver a Aremy tan feliz esas vacilaciones se esfumaron al instante.

- ¿Y ustedes por qué se raparon?.- mi hermana nos miró a los tres hombres Wakabayashi, con curiosidad.- ¿Van a donar su cabello también?

- Nos gustaría pero es tan rebelde y horrible que nadie querrá usarlo.- contesté, haciéndola reír otra vez.

- En eso estoy de acuerdo.- aceptó el gran Genzo Wakabayashi, acariciándose la calva cabeza.- Mi cabello no sirve ni para peluquín pero la verdadera razón por la que nos hemos rapado es para apoyarte, hija. No estás sola en esto.

- No debieron haberlo hecho.- Aremy bajó la mirada, conmovida.- No tienen por qué sufrir lo que sufro yo, papá.

- No digas tonterías, somos tu familia y si no te apoyamos nosotros, ¿quién lo va a hacer?.- intervino Benji.

- Él tiene razón, Are-hime.- acordó mi padre, poniéndose nuevamente su gorra.- Además, no debes preocuparte por nosotros, la verdad es que mi tipo de cabello no es muy favorecedor, me viene mejor estar a rapa que batallar con él y esconderlo todo el tiempo bajo la gorra.

- ¡Sabía que la razón por la que usabas gorra no era por gusto o por comodidad sino por no batallar con tu cabello!.- exclamó mi madre, triunfal.- Tantos años de matrimonio valieron la pena.

- Algún día te ibas a enterar.- mi padre se encogió de hombros y yo hice un esfuerzo para no reír, no quería que pensara que las cosas entre nosotros se habían suavizado.

Aunque no me arrepentía de haberme rapado el cabello, después de que pasó la emoción del momento y me fui a mi habitación a contarle a (mi) Gio lo que habíamos hecho para confortar a Arey, comencé a darme cuenta de que tendría que tomar medidas para que no se me quemara el cuero cabelludo con el sol y evitar que se me congelara por las noches. Es totalmente cierto lo que dijo el gran Genzo Wakabayashi con respecto a que su cabello es difícil de manejar, él siempre lo ha llevado muy corto porque si se lo deja crecer mucho suda en exceso y batalla para peinarlo, tal y como me pasa a mí (y sigo preguntándome cómo carajos le hace Jazmín para domar a esa bestia negra, de verdad que la envidio), pero yo primero me corto la lengua antes que admitir que mi padre tiene razón en algo así que dejo que me crezca el pelo lo más que tolero para llevarle la contraria. Tenía que reconocer, pues, que el corte a rapa me resultaba cómodo a pesar de que creía que había perdido todo mi atractivo físico, si es que alguna vez lo tuve, me sentía como el tío Lucas de los Locos Adams pero no me importó aunque tendría que encontrar una manera de cubrir mi cabeza. Usar una peluca anulaba por completo el acto de solidaridad para con mi hermana así que, por mucho que lo quise negar y que traté de encontrar soluciones alternativas, llegué a la conclusión de que mi única y mejor opción era usar una gorra…

Aquí hago un espacio para gritar: ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

¡Primero muerto! Okey, estoy exagerando pero si de por sí no puedo quitarme el estigma de ser el hijo del gran Genzo Wakabayashi, usar gorras todo el tiempo no me iba a ayudar. ¡Tenía que haber otra solución! Por fortuna, en la escuela no iba a poder usar gorra por protocolo de vestimenta así que al menos evitaría que alguien ahí quisiera fastidiarme con este asunto. Mientras gruñía y renegaba contra mi inevitable destino (más drama, por favor), Mijael entró por mi ventana y, al verme, se echó a reír a carcajadas. Al parecer, el rumor de nuestros nuevos cortes de cabello se corrió gracias a los Kaltz y Mijael no había resistido las ganas de venir a burlarse.

- Perdóname, cabrón, pero es que no puedo evitarlo.- Mijael no dejaba de reírse, el infeliz.- ¡Te pareces al Pitbull!

- ¡Primero perro antes que reguetonero!.- exclamé, indignado.- ¡Mejor miéntame la madre!

- Ese tipo no es reguetonero, es rapero.- me corrigió mi amigo.- O eso creo. Y bueno, que Pitbull también es una raza de perro, por cierto.

- ¿A quién le importa?.- protesté.- Su música es un asco de cualquier manera. Y lo bueno es que eres mi mejor amigo, cabrón.

- Precisamente por eso es que me burlo.- replicó Mijael mientras sacaba su celular y me tomaba fotos.- Cuando Adler me avisó lo que habían hecho me dije que tenía que venir a verte. Que conste, apoyo mucho lo que haces por tu hermana, yo pienso hacer lo mismo en un rato más pero eso no quita que me burle de ti primero, sería imperdonable que no lo hiciera.

- Dai, ¿estás ocupado?.- en ese momento Jaz abrió la puerta de mi habitación.- Mamá quiere verte para checar tus lesiones.

Mijael dejó de reírse abruptamente en cuanto vio a Jazmín, sumiéndose en un mutismo azorado que nos desconcertó a ella y a mí. Los ojos de Mijael miraban fijamente el cortísimo cabello de mi hermana pero ella no lo notó y creyó que había interrumpido alguna conversación importante que él no quería que escuchara alguien que no fuera yo.

- Perdón, ¿interrumpí algo?.- Jazmín titubeó.

- No, para nada.- negué.- ¿Mamá me busca, entonces?

- Sí, está esperándote en la sala.- asintió mi hermana.- Quiere que vayas a verla ahora porque no tardará en regresar con Are.

- Muy bien.- suspiré, aliviado por tener un buen pretexto para no seguir sufriendo la burla de mi mejor amigo.- No me tardo, Fede. ¿Me esperas aquí o me acompañas?

- Aquí te espero.- respondió Mijael, muy serio.

Me encogí de hombros y me dirigí a la sala, dejando solos a Mijael y a Jazmín. La siguiente situación asquerosa tuvo lugar en mi habitación y la puedo narrar con fidelidad gracias a que ambos me dieron sus versiones de la historia aunque hubiera preferido que no lo hubiesen hecho. Después de que me fui, Mijael continuó mirando fijamente a mi hermana y ésta le sonrió con cierta timidez, sin saber qué era lo que había azorado tanto a aquél.

- ¿Te pasa algo, Mija?.- preguntó ella.- Te noto raro.

- No me pasa nada, Jaz, es sólo que… .- Mijael se detuvo y carraspeó.- Lo siento, me sorprendí mucho de ver que tú también te cortaste el cabello. Cuando Adler me lo contó, no sé por qué pensé que sólo lo hicieron mi padrino, Chuky y Benji así que me impresionó tu cambio.

- Me veo muy mal, ¿cierto?.- Jazmín tocó las puntas de su pelo.- Me siento tan rara.

- No, te ves hermosa.- contestó Mijael, con total sinceridad.- Es cierto que tu cabello es muy lindo pero no es lo único bonito en ti, tú eres muy hermosa y eso no lo cambiará ningún corte de pelo.

- ¡Oh, sólo lo dices para hacerme sentir mejor!.- Jaz se ruborizó.

- Claro que no, estoy diciéndolo totalmente en serio.- aseguró Mijael, aún grave.- Sabes que yo nunca te mentiría.

- Gracias.- mi hermana bajó la mirada, avergonzada.- A ti te puedo confesar que me dolió un poco perder mi cabello pero lo hice porque amo a mi hermana y no iba a permitir que pasara por esto sola. No puedo hacer mucho por ella, prácticamente no puedo hacer nada por ella así que pensé que podría darle mi cabello, cuando menos, para que se hiciera una bonita peluca y que así se sintiera mejor. Soy una cursi, ¿verdad?

- No, Jaz, no eres cursi.- Mijael esbozó una sonrisa de ternura.- Eres muy noble y tienes un gran corazón, siempre te sacrificas para tratar de hacer sonreír a otros y ésta es una de las muchas razones por las cuales te amo.

Silencio total. Mijael no hubiera causado más impacto en mi hermana ni aunque le hubiera confesado que es gay y que está enamorado de mí. ¡Demasiado tarde! Según él, mi mejor amigo se dio cuenta de que había dicho en voz alta lo que debió haber dicho en voz baja y ya no podía dar marcha atrás. ¡Vaya momento tan inoportuno para hacer una declaración de amor, por más oportuna que ésta fuese para el estado de ánimo de mi hermana!

- ¿Me… me acabas de decir que…?.- Jazmín se atragantó.- ¿Me dijiste que…?

- Sí, Jaz.- Mijael suspiró y se rindió a su destino.- Lo lamento, no quería decírtelo así pero sí, te amo, ésa es la verdad. No como amiga, no como hermana, te amo como un chico idiota como yo puede amar a una chica maravillosa como tú.

Antes de perder su valor, Mijael se acercó a mi hermana y la besó en la boca. Asco total. Él habría de decirme después que ella le correspondió pero en serio que a mí no me interesa saber si intercambiaron saliva o no. ¿Qué parte de "no quiero saber los detalles asquerosos" no entendió? En pleno beso estaban cuando regresé a mi habitación porque se me olvidó un libro que mamá quería que le prestara, así que al abrir la puerta vi la escena más repugnante que pudiera haber imaginado; al escucharme, Mijael y Jazmín se separaron, asustados como conejos.

- ¡Dai! ¿Por qué no tocas la puerta antes de entrar?.- mi hermana estaba más colorada que un jitomate.

- ¿Tal vez porque es mi habitación?.- los miré a ambos con cara de asco.- ¿En serio no pudieron encontrar otro lugar mejor para besuquearse?

- No es lo que crees.- replicó Mijael aunque tenía cara de que sí era lo que yo creía que era.- Lo que sucede es que…

- Yo me tengo que ir.- Jazmín vio la oportunidad al vuelo y la agarró.- Benji me pidió que lo ayudara con su tarea.

Y sin dar tiempo a que alguno le respondiera, mi hermana salió corriendo de mi cuarto como si la estuviese persiguiendo el fantasma de Kentin Hyuga (ya sé que no está muerto, para mi desgracia, pero se entiende). Mijael lanzó un suspiro de resignación y se dejó caer en mi cama.

- No me quiere más que como amigo.- musitó, decaído.- Por eso ha salido huyendo.

- Mira, Fede, yo más que nadie quisiera saber qué carajos estaba ocurriendo aquí pero mi mamá me está esperando.- le dije.- Y no voy a volver a dejarte solo aquí, no quiero que acabes revolcándote con mi hermana en mi propia cama. De veras, ¿no pudiste declarártele en otro lugar?

- ¡Pero si no me le declaré!.- protestó Mijael, poniéndose en pie de un salto.- Sólo se me salió decirle que la amaba.

- ¿Y no es lo mismo?.- puse los ojos en blanco.

- No, no lo es, no le pedí que fuera mi novia.- aclaró Mijael mientras bajábamos las escaleras.- Es más, ni siquiera ella me dijo cuáles son sus sentimientos por mí… Mucho mejor, así me evitaré el dolor de saber que sólo me quiere como amigo.

- Y después dicen que yo soy el dramático.- bufé y le di un golpe a mi amigo en la espalda.- Espera al menos a que mi hermana te mande al carajo antes de llorar por tu desgracia, Fede.

Esto debió hacer que Mijael se sintiera mejor porque el muy cabrón me dio un golpe en la cabeza. Una vez en la sala, sin embargo, Mijael volvió a su estado de azorado mutismo y se quedó muy quieto, sentado en un sillón mientras mi madre me revisaba. Según lo que él me dijo después, Mijael estaba impactado por ver el cambio en mi madre y en mi hermana, estaba tan acostumbrado a verlas con el cabello largo que se sorprendió mucho al verlas con el pelo tan corto pero de ninguna manera estaba decepcionado, todo lo contrario. El caso es que mi madre me revisó y vio que mis heridas estaban curándose bien, lo que me dio cierta esperanza pues, si seguía sus recomendaciones al pie de la letra, estaría totalmente recuperado en el plazo previamente establecido.

- Sólo no seas terco como tu padre y estarás bien, Dai.- sonrió mi madre. Aún me costaba asimilar su nuevo estilo pero sin duda que su sonrisa no había desaparecido.

- No lo seré, mamá, no te preocupes.- contesté, aliviado. Al fin una buena noticia, caramba.

- Muy bien.- Lily le sonrió a Mijael.- ¿Te quedas a cenar, Mija?

- No, madrina, gracias.- sorprendentemente para ella, Mijael se negó aunque yo sí sabía por qué.- Me tengo que ir ya.

- ¿Te sientes bien?.- preguntó mi madre, preocupada.- Nunca te habías negado a cenar con nosotros.

- Es que tengo algo qué hacer.- respondió el otro antes de ponerse de pie, caminar hacia mi mamá y abrazarla con fuerza.- Me gusta tu nuevo peinado, madrina, pero me gusta más cuando traes el cabello largo. Te lo vas a dejar crecer otra vez, ¿cierto?

- Sí, Mija.- mi mamá le dio un beso cariñoso en la mejilla.- No te preocupes.

Cuando Mijael se retiró, tras ignorar las miradas que le lancé, mi mamá me pidió que me quedara un poco más con ella porque había algo de lo que quería hablarme. Vaya, que estas pláticas entre madre e hijo rebelde estaban volviéndose una costumbre aunque no recordaba haber hecho algo malo últimamente. Digo, la última vez que me peleé con mi padre no le grité ni le falté al respeto, me limité a ignorarlo y a despotricar contra él cuando ya no estaba presente, de manera que no entendía de qué quería hablarme mi mamá.

- Daisuke, tu padre me dijo que volvieron a tener un desacuerdo.- dijo la doctora Del Valle, después de un largo suspiro.- Aunque parece que esta vez supiste controlarte mejor y te lo agradezco, me gustaría en verdad que ustedes dos dejaran de pelear pero ya no sé qué hacer para ayudarlos a mejorar su relación.

- Esta vez no fue mi culpa, mamá.- repliqué aunque después me corregí.- Pero admito que quizás no debí tocar el tema escabroso de las Selecciones con las que puedo jugar.

- Créeme que he hablado con tu padre el mismo número de veces que he hablado contigo y aunque he intentado hacerle ver tu parecer, a él le cuesta trabajo aceptar tu punto de vista así como a ti te cuesta trabajo aceptar el suyo.- continuó mi madre, con cierta disculpa.- Mira, tu papá cree que aún eres joven y que en algún momento puedes cambiar de opinión, él no quiere que tomes una decisión ahora de la que te puedas arrepentir después. De hecho, yo también hice algunas cosas por ti para evitar esto, para que no te sientas presionado a hacer una elección de la cual podrías lamentarte cuando estés más grande.

- ¿Qué quieres decir con eso, mamá?.- salté en mi asiento.

- Tu padre me contó que le reclamaste por no autorizar a que entres a la Academia de Fútbol del Bayern antes de que cumplas los quince años.- me explicó la doctora Del Valle, apesadumbrada.- Pero la verdad es que no fue él quien tomó la decisión de retrasar tu ingreso hasta entonces, Dai, fui yo.

- ¿En verdad?.- grité, sorprendido.- ¿Fuiste tú? ¿Por qué?

- Yo le pedí a Genzo que no te obligara a elegir un camino mientras no tuvieras la edad suficiente para razonar las cosas.- continuó mi madre, con un tono de disculpa.- Le pedí que no autorizara tu ingreso a cualquier Academia de Fútbol hasta entonces para darte la oportunidad de escoger otro rumbo diferente al sóccer, no quería que se te limitaran tanto las opciones. Y aún así, tenía la sensación de que tu padre te empujó inconscientemente a elegir el fútbol con sus deseos mal reprimidos aunque cuando comenzaron a pelear creí que yo había tenido razón al no cerrarte todas las puertas, pensé que quizás intentarías tomar otro rumbo aunque ahora veo que más bien no quieres que Genzo decida por ti.

- ¿Y por qué mi papá no me dijo que no fue él quien tomó esa decisión cuando le reclamé?.- quise saber; no, no era posible que fuese mi madre la causante de mi retraso futbolísitico, seguramente ella trataba de proteger al gran Genzo Wakabayashi, ¿no? ¡Tenía que ser!

- Porque tu padre no quería que me odiaras a mí por eso.- mi madre volvió a suspirar.- Él quería que concentraras todo tu odio en él, no quería que la relación que hay entre tú y yo resultara afectada por culpa de mis deseos de madre; tu padre creyó que quizás no entenderías qué hay detrás de mis decisiones ya que tampoco has podido comprender las suyas. Perdóname, Daisuke, por haber tomado esa elección por ti. Le he pedido a tu padre que autorice ya tu ingreso a la Academia del Bayern Múnich ahora que ya has decidido ser futbolista.

- No, mamá, no te disculpes.- moví la cabeza de un lado a otro.- Yo… De verdad, te agradezco que hayas hecho eso por mí, tengo que admitir que jamás se me pasó por la cabeza todo lo que me acabas de decir.

Bien, supongo que no me había dado cuenta de hasta qué punto mi madre trataba de evitar que el gran Genzo Wakabayashi me obligara a convertirme en su clon pero tampoco debía ser muy fácil para ella, considerando la férrea personalidad de él. Criar a un hijo tan rebelde e indeciso como yo no debía ser tarea fácil para ninguno de los dos pero aún así se las habían arreglado para tratar de darme lo que ellos consideraban que era lo mejor, a su manera, sin chocar con las opiniones del otro. Maldita sea, ahora me sentía mal conmigo mismo y el que mi padre se hubiese "sacrificado", recibiendo todo mi odio para evitar que yo me enojara con mi madre, sabiendo lo mucho que la necesitaba en estos días, no contribuía a que me sintiera mejor. El gran Genzo Wakabayashi era igual que Jazmín, ambos se sacrificaban para ayudar a las personas que les importaban (por algo eran padre e hija), y yo no había podido verlo ni apreciarlo. Maldita sea, cada vez me era más difícil seguir enojado con mi padre y de verdad que mi parte rebelde se resistía a dejar de odiarlo.

- Sé que es egoísta de mi parte pero me siento mejor después de esta confesión.- continuó mi madre, avergonzada.- Temí en verdad que te enojaras conmigo.

- No podría enojarme contigo, mamá, aunque me dijeras que quieres más al Fede que a mí.- respondí.- Bueno, no, sí me voy a enojar si me dices que lo quieres más a él que a mí porque yo soy tu hijo.

- Eres tan tonto como tu padre.- mamá me abrazó con fuerza y me besó en la frente.- Tenle un poco de paciencia y trata de comprender sus acciones, ¿de acuerdo? Él no es bueno demostrando sus sentimientos, debes aprender a leer sus actos para entenderlo.

- Lo intentaré.- acepté, aunque no estaba muy seguro de querer hacerlo.- Y por cierto, estoy de acuerdo con entrar a la Academia del Bayern hasta que cumpla los quince, mamá. No sé, a últimas fechas me he puesto a pensar si no me iría mejor con el violín.

- ¡Oh! ¿En serio? ¿Quieres que volvamos a pagarte clases particulares?.- preguntó la doctora Del Valle, un poco sorprendida.- Tengo entendido que, lamentablemente, el señor Lorenz ya falleció pero podríamos buscarte otro instructor.

- No. Sí. No sé.- me encogí de hombros.- Voy a sacar a Tenshi de su encierro y te digo después, ¿va?

- Como quieras.- asintió ella.

Esa misma noche, los Kaltz, los Krieg y los Schneider hicieron acto de presencia en mi casa y nos dejaron perplejos a los Wakabayashi, pues todos los hombres se habían rapado la cabeza mientras que las mujeres se habían cortado el cabello hasta la altura de las orejas, tal y como lo traían mi mamá y mi hermana mayor. ¡Hasta Demian Krieg se había rapado el pelo! Aremy, quien pudo salir de su cuarto un momento para recibir la sorpresa, se echó a llorar cuando vio lo que sus amigos y familiares habían hecho por ella.

- Esto es para que sepas que no estás sola.- le dijo nuestra tía Elieth, con una luminosa sonrisa.- Estaremos contigo en las buenas y en las malas, querida; de verdad lamentamos que no podamos hacer algo más por ti pero ésta es nuestra forma de decirte que te amamos con todo nuestro corazón.

- No nos dejaremos crecer el cabello hasta que no te crezca a ti el tuyo.- señaló Vania, quien siempre fue la mejor amiga de Aremy.- Y cuando eso suceda, verás que lindos peinados nos vamos a hacer.

- ¡Pero falta mucho tiempo para eso!.- mi hermanita no sabía si reír o llorar.

- No importa el tiempo, esperaremos lo que haya que esperar.- dijo Vania, abrazando a Aremy.

Según supe después, mis tías Elieth y Bárbara, mi madrina, y Mina y Vania donaron sus cabelleras para hacer pelucas, como habrían de hacerlo también las chicas que decidieron unirse a la causa. Los niños Levin llegaron un rato después y confirmaron que sus padres también habían donado su cabello, así como ellos se habían cortado los suyos. ¡Vaya locura! De repente todo era un mar de cabezas calvas y cabellos cortos, rara vez había visto a Aremy más emocionada. Erick, además, llevaba un gorrito quirúrgico de color rosa y blanco, los colores favoritos de mi hermana, que habían cosido Anne y Katie para ella, y se lo puso a Aremy para cubrirle la cabeza y el poco cabello que le quedaba, acomodándoselo frente a un espejo para enseñarle a mi hermana cómo arreglárselo. En ese momento, viéndolos jugar y reírse, pude comprender por qué a Aremy le gustaba Erick, sólo él le ponía tanta dedicación y empeño en consentir a una chica que no era su hermana ni su novia. Vaya, que de verdad no me importaría que ellos acabaran casándose en un futuro porque eso significaría que mi hermana había logrado vencer su enfermedad.

Esa noche decidí que buscaría a mi tío Bryan para preguntarle sobre su primera esposa aunque primero tendría que hablar con Mijael para que me aclarara qué había sucedido exactamente entre mi hermana y él ya que Jazmín parecía querer evitarlo a toda costa. No, corrijo, ambos se comportaban de una manera tan estúpida, evitándose mutuamente y fingiendo no verse que daban ganas de querer jalarles las orejas a los dos, por idiotas. Yo no sabía qué rayos sentía mi hermana por el Fede pero estaba seguro de que esa timidez era producto de un amor correspondido, la conocía lo suficiente como para asegurarlo, pero el Fede estaba convencido de que ella sólo lo veía como amigo.

Vaya par de imbéciles, todo parecía indicar que iba a tener que intervenir para ayudarlos.

Notas:

- "Mujercitas" fue escrito por Louisa M. Alcott.

- En mi cuenta de Deviantart hay un meme con una versión de Lily con el cabello corto, diseñada por Elieth Schneider. El nombre del meme es "Hair Style Meme: Lily" y está en blanco y negro. La versión a color la encuentran en la cuenta de Elieth con el nombre "Hair Style Meme Lily Completo". No pongo los links directos porque Fanfiction no me lo permite pero si alguien tiene curiosidad de ver a Lily con el pelo corto, puede entrar a cualquiera de las dos cuentas (la mía es Lily-de-Wakabayashi y la Elieth Schneider es Elieth, a secas) y buscar las imágenes con esos nombres.

- Olvidé decir que Hugo Ramírez tiene 33 años en el manga cuando Wakabayashi, Schneider y compañía tienen 21 años pero en este fic hice que tuviera la misma edad que tienen éstos por cuestiones de trama.