Capítulo 23. La ocasión la pintan calva.
Esa noche, cuando la casa se quedó en silencio, busqué el estuche de mi violín de marca Cremona, al que le puse Tenshi (que significa "ángel" en japonés) en un momento de inspiración del cual me arrepentiría después porque suena muy cursi pero el daño estaba hecho, mis hermanas no me dejaron cambiarlo. Siempre tuve el sueño de tocar un violín Stradivarius pero conseguir uno original es tremendamente difícil y mi madre no aceptó comprarme una imitación porque consideró que era demasiado para un músico joven y amateur que aún no estaba seguro de querer ser violinista de tiempo completo. De inicio lamenté esta decisión pero ahora estoy convencido de que comprarme un Stradivarius, aun así fuese una copia, habría sido un desperdicio de instrumento.
En fin, volviendo al punto, como aún tenía resentidas mis manos, quizás no podría tocar a Tenshi como quería por temor a que la tensión me reabriera las heridas, así que me limité a limpiarlo y a verificar el estado de sus cuerdas y de la madera en general, aliviándome al descubrir que, a pesar de mi abandono, mi pequeño ángel aún estaba en buenas condiciones.
- Te he tenido muy abandonado, querido amigo.- suspiré.- Te cambié tan gradualmente por los guantes de fútbol que no me di cuenta.
A pesar de que dije que no podía, o mejor dicho, que no debía tocarlo, después de afinar a Tenshi interpreté una melodía muy simple, una que no requiriera de mucho esfuerzo, y me asombró notar que había extrañado tocar el violín. Me encanta jugar fútbol, no lo voy a negar, pero también es bonito saber que uno es capaz de producir cosas armoniosas aunque fuese de vez en cuando; el fútbol es una especie de danza barbárica llena de testosterona (o de estrógeno, en el caso del femenil), estimulante y hermosa a su manera, pero la música de un instrumento tan sublime como lo es el violín es una de las cosas más bellas que puede haber en esta vida. Por supuesto, yo estaba muy lejos de tocar como un profesional y estaba consciente de que si seguía los pasos de mi padre jamás me volvería músico profesional. Siendo más niño, uno de mis sueños fue ser violinista profesional, incluso admiraba (aún lo hago) a Alexander Wald, primer violín de la Filarmónica de Viena y actualmente considerado como el mejor violinista del mundo; mi mamá pudo convencer a mi padre de que el ya fallecido ex director de la Filarmónica de Viena, Armand Lorenz, me diese clases particulares y a mí comenzaba a gustarme el asunto de la música clásica pero en algún momento, difuso para mi memoria, cambié el violín por los guantes de portero y las clases con el señor Lorenz se terminaron, lo cual fue una verdadera lástima porque él falleció poco después y siempre me quedará la impresión de que no aproveché todo lo que pude de mis clases con él. Sinceramente, ya no me veo a mí mismo como músico profesional, vistiendo traje de gala en vez de unos cómodos pantalones deportivos, pero sigo preguntándome qué habría sucedido si hubiese escogido otro camino; quién sabe, quizás lo que verdaderamente me desanimó fue saber que incluso en el mundo de la música sufriría de discriminación por ser japonés: varios de los "altos mandos" actuales de la Filarmónica de Viena, la mejor del mundo, consideran que los asiáticos no podemos hacer buena música porque no tenemos alma.
Definitivamente, ésta es una de las creencias sobre los japoneses más estúpidas que he escuchado en mi vida.
Alguien tocó a la puerta de repente, sacándome tan brutalmente de mi concentración que salté y por poco dejo caer a Tenshi, lo cual hubiera sido una gran desgracia. Azorado, dejé el violín en la cama para abrir la puerta, encontrándome ahí a la calva presencia de mi padre, quien me miró con una expresión bastante neutra.
- Lo siento.- me excusé de inmediato aunque no supe por qué.- ¿Hice demasiado escándalo?
- No, Daisuke, no te preocupes.- negó el gran Genzo Wakabayashi.- No necesitas disculparte. Vengo porque tu hermana te escuchó tocar y quiere que lo hagas para ella en su habitación, si no tienes inconveniente y si tus heridas han sanado lo suficiente como para hacerlo.
Evidentemente se estaba refiriendo a Aremy porque Jazmín habría venido por sí misma a pedírmelo o simplemente se sentaría en mi cama a escucharme; la petición de mi padre me sorprendió porque no creí que el sonido de Tenshi alcanzase a llegar hasta el cuarto de mi hermana. Tuve, además, mis cinco segundos de curiosidad porque conocía muy bien la opinión que tenía el gran Genzo Wakabayashi con respecto al violín, ¿qué pensaría del hecho de que su hijita menor quisiera escuchar a "su heredero" tocarlo?
- ¿Daisuke, me has oído?.- tardé tanto en responder que mi padre tuvo qué insistir.
- Sí, padre, lo siento.- volví a disculparme.- Iré en un momento. ¿Toqué tan fuerte que la desperté?
- No, ella no ha conseguido dormir bien en toda la noche, dormita a ratos y se despierta con el más mínimo ruido.- el gran Genzo Wakabayashi suspiró, desalentado.- Escuchó el sonido de tu instrumento y dijo que le gustaría escucharlo; he creído que quizás eso podría ayudarle a dormir y por eso he venido, pero si no te sientes cómodo haciéndolo no habrá problema.
- Sabes que no me voy a negar a hacer algo que me pida Are, papá.- agarré a Tenshi y salí de mi habitación.- Vamos.
Aremy sonrió al vernos entrar y aplaudió entusiasmada; llevaba puesto el gorrito quirúrgico que le regaló Erick y abrazaba al pollo de peluche, y con la escasa luz de la lámpara de noche no se veía tan demacrada aunque sí muy cansada. Me paré junto a su cama y, lo mejor que pude, toqué un par de melodías sencillas para ella, nada complicado porque yo realmente apenas sé tocar las piezas más simples. No podría interpretar el extracto Allegro non molto de Winter de Vivaldi, pero sí podría tocar el Largo, por poner un ejemplo. Algo era algo y me complació ver que Aremy me escuchaba con mucha atención aunque, quizás movida por la música, se quedó dormida al poco rato, por lo que decidí terminar la melodía que tocaba en esos momentos para después salir de su recámara sin hacer ruido. Para mi sorpresa, el gran Genzo Wakabayashi me siguió y temí que quisiera hablar sobre el asunto de mi ingreso a la Academia de Fútbol del Bayern Múnich pero, para mi sorpresa, no fue así.
- Gracias, Daisuke.- papá se escuchaba aliviado.- Se me habían agotado las ideas para conseguir que tu hermana se durmiera.
- No pensé que funcionaría.- miré a Tenshi con mucho cariño, ahora quería más al condenado instrumento.
- Yo tampoco lo creí pero… .- el gran Genzo Wakabayashi dejó inconclusa la frase y se encogió de hombros.- ¿Sabes? Tocas muy bien, tengo que decírtelo, mucho mejor de cómo lo recordaba.
- Bueno, eso es porque rara vez me escuchaste hacerlo cuando practicaba a diario.- señalé, tratando de no sonar muy ácido.
- Lo sé bien.- mi padre hizo una mueca.- Sé que me he comportado muy intransigente y grosero con respecto a ese tema, Daisuke, pero quería que supieras que tocas muy bien el violín. Yo no tengo talento musical aunque sí un buen oído, de manera que me asombra saber que un hijo mío sí posee lo primero aunque no sepa de dónde lo sacó.
- Eh, gracias, aunque más que talento creo que sólo fue práctica.- no esperaba que mi papá me felicitara así que no supe qué más decir.- Mañana tocaré otra vez para Are si no puede conciliar el sueño.
Me marché antes de que el gran Genzo Wakabayashi añadiera otra cosa; sin embargo, tuve la oportunidad de echarle un vistazo antes de irme y noté cuán pálido y decaído se veía en esos momentos. No sabía si era el estrés o el desvelo pero realmente se le veía bastante mal y su falta de cabello no contribuía a su buena presentación. Entre su felicitación sincera por mi "talento" y su aspecto general, mi padre me había sorprendido tanto que no me dio tiempo de preguntarle si seguía creyendo que los músicos profesionales eran unos muertos de hambre.
Para mi desgracia, la gente de la Wittelsbach continuó dando muestras de su esnobismo, o por lo menos de su nivel de presunción. El primer día de clases que tuvimos tras nuestros cortes de cabello, nuestra "buena acción" se corrió como reguero de pólvora entre los estudiantes y maestros, como si fuese algo digno de mencionar. La profesora de Aremy se acercó a mis hermanos y a mí, apenas nos vio entrar en la escuela, para decirnos, llorando a mares, que éramos unos muchachitos muy comprensivos y cariñosos y que Are debía de estar feliz por tenernos de hermanos. No sé quién de los tres estuvo más incómodo ante la presencia de esa señora de edad madura que se sorbía los mocos con un pañuelo estrujado y húmedo, pero sin duda que los tres agradecimos por igual cuando se esfumó y nos dejó con unas tremendas ganas de salir corriendo a comprarnos una peluca.
- Mándenle mis saludos a Aremy junto con mis mejores deseos.- dijo la mujer, hipeando.- Espero tenerla de vuelta muy pronto.
- Lo haremos.- contestó Jazmín, toda educación y cortesía.- Muchas gracias por sus buenos deseos.
Esperaba ser el único en darme cuenta de que, por muy pronto, Aremy volvería hasta el siguiente ciclo escolar, era seguro que ese año lo perdería completo. Sería raro para Benjamín porque ellos iban en el mismo grupo y solían ayudarse mutuamente para las tareas pero, a como estaba la situación, él la aventajaría un año académico a menos que se encontrara la manera de que Aremy tomara clases particulares y después le permitieran hacer sus exámenes de forma extraordinaria.
Por cierto que los Wakabayashi, los Levin y los Schneider no fuimos los únicos que nos cortamos el cabello por Aremy: al llegar a la escuela nos dimos cuenta de que los Hernández, los Del Valle-Schneider, los Cruyffort, los Shanks y los Ferrari habían hecho lo propio con sus respectivas cabelleras; en honor a la verdad, no me sorprendí demasiado cuando vi a mis primos llegar con el pelo corto (aunque he de reconocerle a Lizzie que haya hecho su mayor esfuerzo para no llorar en frente mío por culpa de su nuevo corte), pero Giovanna me dejó con la boca abierta cuando apareció con su precioso cabello anaranjado reducido a su mínima expresión. Caramba, que en ese momento comprendí qué debió de haber sentido Mijael cuando vio a mi hermana, era cierto que Gio luciría hermosa aunque estuviese calva pero sin duda que me impactó verla con el pelo tan corto.
- No tenías por qué haber hecho esto.- le dije en cuanto se acercó a mí.- No era tu obligación.
- Oh, pero si no es una obligación.- repuso Giovanna, sonriendo.- Lo hago para demostrar lo mucho que los quiero a ustedes, no sólo a Aremy sino también a Jaz y a Benji. Y a ti también, por supuesto.
- Gracias.- me sentía tan perturbado que olvidé que ella aún no me había visto calvo.- Seguro que a tus hermanos no les hizo gracia.
- Ay, pero si se divirtieron mucho rapándose mutuamente.- Gio se echó a reír.- Relájate, que estás actuando como si nos hubiéramos cortado una mano o una pierna.
- Tienes razón.- me reí también.- Gracias de cualquier manera.
- Por cierto, antes de que se me olvide.- Giovanna abrió su elegante mochila escolar, sacó un paquete y me lo ofreció.- Compré esto para ti, me parece que te hará falta.
- ¿Qué es?.- quise saber, asombrado.
- Un par de gorros para hombre, de ésos que se ponen de moda en el invierno.- contestó Giovanna.- No puedes usar gorras por el protocolo de vestimenta, ni creo que quieras usarlas, pero no te impedirán que uses éstas por las mañanas.
- ¡Ay, es cierto!.- sentí que la sangre se me agolpaba en las mejillas.- ¡Tú no me habías visto rapado!
- No lo había hecho pero ahora que lo hice, constato que Mijael me mintió: no te ves mal.- ella me guiñó el ojo.- De hecho, te da cierto atractivo, Dai.
Giovanna se marchó antes de que pudiera responderle; yo, por mi parte, me sentí como un cohete a punto de estallar, mi ángel pelirrojo no sólo me había regalado una prenda sino que además consideraba que me veía atractivo estando pelón. Me sentía en la novena nube hasta que alguien se paró detrás de mí y susurró a mi oído:
- Te lo dije: le gustas a Giovanna.- dijo Mijael.- Sólo así se puede comprender por qué cree que te ves bien así.
Por primera vez comencé a creer en las palabras de mi amigo aunque no quería echar las campanas al vuelo, no todavía. De cualquier modo, saqué uno de los gorros del paquete y me lo puse, constatando que no me quedaba tan mal y que me quitaba el frío de la calva. Mientras lo hacía, vi pasar a Maia quien, cosa rara, no me saludó tan efusivamente como solía hacerlo; me dio la impresión de que le había molestado verme hablando con Giovanna pero seguramente fueron imaginaciones mías.
Para nuestra desgracia, la profesora de Aremy no fue la única del personal que se acercó a los Wakabayashi para señalar nuestra "loable acción" de cortarnos el cabello para apoyarla: el maestro encargado del periódico escolar quiso incluso sacar una nota de todos los que nos cortamos el cabello por Aremy para "ensalzar nuestra nobleza" pero antes de que cualquiera de nosotros pudiera encontrar una manera de mandarlo al carajo sin ser expulsado, apareció Mijael para hacerlo en nuestro lugar.
- No lo hicimos porque seamos nobles sino porque la queremos y punto.- manifestó Mijael, bastante enojado.- ¿Qué no pueden pasar ni cinco minutos sin querer hacer de la enfermedad de Aremy Wakabayashi un show mediático? ¿Qué no se da cuenta de que estos pobres y desamparados chicos han tenido que lidiar con los medios y todavía quiere que el periódico escolar los acose en el único recinto sagrado en donde pueden estar seguros?
El profesor balbuceó una disculpa ante esto, asegurando que no había estado consciente de lo mucho que nosotros, los Wakabayashi, tuvimos qué pasar con la prensa que acosaba y perseguía a nuestros padres. Entendía, por supuesto, que no quisiéramos hacer mucho escándalo sobre el tema y lamentaba su falta de sensibilidad. Sin embargo, los "pobres y desamparados niños" tuvimos que mordernos la lengua para no reír a carcajadas cuando Mijael pronunció las palabras "recinto sagrado", sólo alguien que lo conociera bien sabría que él estaba exagerando para salirse con la suya.
- Gracias, camarada.- suspiré cuando el atribulado educador se esfumó.- Interviniste a tiempo porque estaba a punto de responderle con una palabra por la cual seguramente me hubieran castigado otra vez.
- Lo cual habría estado muy mal.- señaló Jazmín, frunciendo el ceño al estilo Genzo Wakabayashi.- No deberías de meterte en más problemas, Dai, Margus se lo merecía pero esto ya sería diferente.
- Ya lo sé.- le mostré la lengua a mi hermana mayor.- Por eso le estoy agradeciendo a Mijael por haberme detenido, a diferencia tuya que no dices algo.
- Estaba por hacerlo.- las mejillas de Jaz se tiñeron de rojo.- Gracias, Mija…
- Ay, que hasta mamá es más efusiva cuando le dice a la tía Eriko que le da gusto verla.- señaló Benji, quien no sabía nada de la impetuosa declaración que el Fede le hizo a nuestra hermana.- Pareciera que no hablas con Mijael sino con algún desconocido.
- No te preocupes, chaparro, no es necesario que me lo agradezcan.- Mijael desvió la mirada, decepcionado.- Lo hago de corazón.
- Y por eso mismo es que lo reconocemos.- Jazmín fue más entusiasta en esta ocasión pero miraba fijamente al suelo.- Siempre has estado ahí para nosotros, Mija, y no hay forma de agradecértelo porque es imposible demostrar cuánto lo apreciamos.
Schneider, emocionado, alzó la vista justo cuando mi hermana lo hizo también y hubo entre ellos un intercambio sincero de cariño, algo que no pudo ocultar el bochorno que ambos sentían, tras lo cual Jazmín se disculpó, alegando que tenía que preguntarle algo a Danielle y marchándose a paso veloz. Pensé que Mijael estaría decepcionado otra vez pero vi que sonrió levemente y pude respirar tranquilo, al parecer no todo estaba perdido en esa relación.
Durante el resto del día pude comprobar que muchos de los alumnos de la Wittelsbach estaban dispuestos a hacer las cosas más locas con tal de seguir una moda: escuché a más de un grupito de estudiantes decir que también se cortarían el pelo, tal y como lo habíamos hecho nosotros, aunque no oí que lo quisieran hacer como apoyo a mi hermana. Estaba casi seguro de que la gran mayoría de ellos lo haría por seguir la corriente más que por verdadera nobleza y me molesté, no iban a cortarse el cabello0 por verdadera empatía hacia Aremy sino para sentir que eran mejores que el resto de la gente por ser tan magnánimos. En esos momentos estuve de acuerdo con Kentin Hyuga con respecto a lo que dijo de que la Wittelsbach es una escuela de niños ricos que se sienten superiores a los demás, aunque he de decir que no todos somos así.
Después de mi suspensión decidí quedarme a ver lo que restaba del entrenamiento del equipo de fútbol por, no sé, mero masoquismo quizás, o tal vez se debía a mi enorme espíritu de contradicción: cuando tenía que ir a los adiestramientos, hacía falta que me llevaran arrastrando, pero nomás no puedo jugar y voy y me aparezco en el campo, no sé para qué. En esos instantes me daban ganas de pararme frente al espejo y preguntarme: ¿Por qué eres así? No puedo culpar al gran Genzo Wakabayashi por no saber qué hacer conmigo, soy más contradictorio que mi madre y eso ya es mucho decir. En cualquier caso, me quedé porque quería ver a Marko jugar con mi equipo; ya conocía bien su estilo de juego pero ansiaba saber qué tan buena recepción tenía entre mis compañeros, no es desconocido para nadie que alguien como él en la portería es una muy buena elección.
- Tranquilo, Wakabayashi, no tienes por qué preocuparte, tu sustituto no será permanente.- dijo Kentin Hyuga, pasando a mi lado sin voltear a verme.- A menos que él sea mejor que tú. Ah, es cierto, que sí lo es.
Pude escuchar la risa burlona del Hyuga mientras ingresaba al campo y me tuve que controlar para no ir a patearlo. Maldito infeliz, a últimas fechas se deleitaba soltándome frases hechas con el afán de fastidiar, como si fuera culpa mía que mi hermana mayor hubiese decidido tronar con él. Aun así, yo sé que Kentin es sincero al decir que considera que Marko es mejor portero que yo porque lo conoce desde su escuela en Italia, en donde habían jugado en el mismo equipo, de ahí que supiera de sobra cuáles son sus habilidades.
Además, podía ser también que la apreciación de Kentin sobre Marko le viniese heredada de su padre, Kojiro Hyuga, quien jugó en Italia durante casi toda su carrera profesional y conocía de sobra a Gino Hernández, el padre de Marko, a quien aprendió a respetar a base de partidos perdidos contra el Milán, el equipo de Hernández. Además, Gino Hernández tenía una reputación labradísima como guardameta a nivel mundial, era conocido no sólo en Italia sino también en el resto del planeta y tuvo una trayectoria profesional tan sórdida que rápidamente se ubicó como el segundo mejor portero que hubiese dado Italia, sólo por detrás del legendario, del único, del grande Gianluigi Buffon. Los rumores decían que Gino incluso fue entrenado por Buffon en persona, lo que despertaba envidia en todos aquéllos que queríamos ser porteros. ¡Ser entrenado por el mejor guardameta que ha existido jamás! Vamos, que hasta el gran Genzo Wakabayashi admiraba y reconocía la habilidad de Buffon y estoy seguro de que a él también le hubiera gustado ser entrenado por él, pero que me desvío del tema porque yo estaba hablando de Gino Hernández, quien tiene el honor de ser el único futbolista del mundo que ha participado en seis copas mundiales (superando así a Buffon quien sólo pudo jugar cinco), consiguiendo además ser campeón del mundo en su cuarta justa mundialista. Por algo lo apodaban el Perfect Keeper, vamos. Así pues, con tremenda trayectoria no era de sorprender que su hijo fuese tan bueno como Gino, yo sabía bien que éste estaba esforzándose al máximo para pasar la estafeta a Marko, quien estaba destinado a tener un futuro tan grandioso como lo había tenido él.
No me malentiendan, no estoy menospreciando a mi padre pero el ser el hijo del gran Genzo Wakabayashi no me hace ciego a la habilidad de otros guardametas. Digo, mi papá también fue campeón del mundo aunque él sólo pudo jugar tres mundiales gracias a que sus múltiples lesiones acabaron cobrándole factura antes de tiempo, obligándolo a retirarse de la Selección Japonesa a temprana edad para un portero y quitándole la oportunidad de ser bicampeón. Ahora que lo pienso detenidamente, me pregunto si no será por esta razón por la cual mi padre está tan obsesionado con que yo sea portero y juegue para Japón, si no querrá que yo sea campeón del mundo con este país para que así él pueda sentir que consiguió un bicampeonato. No sé, parece un tanto exagerado pero tratándose del gran Genzo Wakabayashi, todo es posible. En fin, volviendo a lo que decía, reconozco que Gino Hernández es tan buen portero como mi padre y respeto su estilo de juego, por tanto, también respeto a su hijo. Como dije antes, muchos esperaban que se estableciera entre Marko y yo una rivalidad en cuanto él llegara a la Wittelsbach pero no fue así, nos respetamos mutuamente y admiramos el estilo de juego del otro, tal y como hicieron nuestros padres en su tiempo.
Sin embargo, tengo que reconocer que en ese entrenamiento me sentí muy inferior a Marko. Su desempeño era muy bueno aunque, por alguna razón que no entendía, él parecía estarse conteniendo a la hora de jugar. ¿Qué le estaba pasando? No estaba haciéndolo mal pero no desplegaba toda su capacidad y el ahora entrenador Kaltz lo notó. El alemán lo instaba a soltarse, a desenvolverse plenamente en el manejo de la defensa pero Marko a duras penas hacía lo mínimo indispensable. Y con todo y que no estaba dando su mayor esfuerzo, mi amigo y rival italiano estaba haciéndolo mucho mejor que como lo hice yo en los días en los que Hoffman me ganó la titularidad. Además, maldita sea, aún con el cráneo pelón continuaba viéndose bien y no como una mala imitación asiática de Pitbull.
- Hola, Dai.- Danielle apareció de la nada y se sentó junto a mí en las gradas.- ¿Estás solo hoy?
- Hola, Dani.- respondí, tras sonreírle.- Estaba por preguntarte lo mismo, creí que estabas con Jazmín.
- Ah, ella se fue a tu casa con tu hermano.- suspiró Danielle, jugando con las puntas cortas de su cabello castaño.- Y por eso quería aprovechar para hablar contigo.
- ¿Sobre qué?.- me sorprendí.- ¿Ahora qué hice?
- Curiosamente, esta vez no eres tú el del problema.- respondió Danielle.- Quiero hablarte de dos personas, empezando por la misma Jaz. ¿Sabías ya que Mijael le declaró al fin sus sentimientos?
- ¿Saberlo? El muy cabrón se le declaró en mi habitación.- hice un gesto de asco.- Hasta parece que lo hizo a propósito.
- Bueno, por lo que Jaz me dio a entender, creo que a Mijael se le salió decírselo.- Danielle ahogó una risita.- No es como si lo hubiese planeado.
- Por eso dije "hasta parece".- bufé.- Me consta que todo fue espontáneo por parte del Fede, lo cual no sé si empeoró o mejoró las cosas.
- No estoy segura pero al menos al fin le dijo lo que siente por ella.- me respondió Danielle, pensativa.- Lo cual viene bien ahora que Jaz ha botado a Kentin Hyuga. Sin embargo, mucho me temo que tu hermana no tiene ni idea de qué es lo que siente por Mijael.
- No me sorprende.- hice un gesto al ver que Marko hacía una muy buena parada.- A duras penas sabe cómo se llama, Dani, siempre ha sido tremendamente despistada, por más inteligente que sea.
- Lo sé bien.- aceptó Danielle, quien tal vez notó la reacción que tuve ante la estupenda actuación de su hermano.- Jazmín es una chica inteligente para muchas cosas pero en otras es bastante despistada y por eso es que quise buscarte. Eres el mejor amigo de Mijael, ¿no? Quiero pedirte que no permitas que él se dé por vencido con Jaz o que crea que ella no lo quiere de la misma manera porque yo sé que Jaz lo ama también, es solo que... Bueno, es Jaz, ya la conoces.
- Sí, la conozco.- volteé a verla y sonreí.- ¿Así que tú también has sabido leer el lenguaje corporal de mi hermana para descubrir que ella ama a Mijael?
- Si no supiera hacerlo, no podría considerarme su mejor amiga.- replicó Danielle, con cierta vanidad.- ¿Me ayudarás entonces a conseguir que este par de tontos no se separen? Prometo que yo haré todo lo posible para que Jazmín admita que ama a Mijael tanto como él a ella.
- Claro que te ayudaré.- acepté.- No dejaré de insistirle al Fede que no pierda las esperanzas. Me alegra saber que tendré ayuda por el lado de mi hermana.
- Te hace falta mantener más comunicación con tus amigos, Dai.- dijo Danielle, haciendo que recordara que su hermana Valerie ya me había dicho algo similar.- Muchos estamos dispuestos a ayudarte, sólo es cuestión de que tú te dejes.
- Gracias.- sonreí de forma sincera.- ¿De quién más me querías hablar?
En ese momento, el entrenador Kaltz hizo una pausa para insistirle a Marko en que tenía que despabilarse; el alemán le hizo ver al chico que si lo cambió de grupo fue porque sabía que él daría la talla y no había cambiado de parecer, pero Marko necesitaba poner más de su parte para darle al equipo la estabilidad en la defensa que tanta falta le hacía.
- De él.- suspiró Danielle, apesadumbrada.- Es el primer entrenamiento que ves con Marko ocupando tu lugar, ¿cierto?
- Sí.- admití, no muy feliz.- Quedo tan fastidiado de las detenciones que me voy directamente a casa cuando terminan.
- Lo supuse.- asintió Danielle.- Te pregunto porque, ¿has visto cómo está jugando Marko hoy? Bien, pues así lo ha estado haciendo durante la última semana. El partido del jueves pasado lo ganaron por tres a uno, pero ese gol en contra se lo comió mi hermano por mera estupidez. Y digo estupidez no porque él sea malo jugando sino porque se niega a desplegar toda su capacidad por una idea estúpida que se le metió en su estúpido cerebro.
- ¿Qué idea?.- quise saber. Sí sabía que mi equipo ganó pero nadie me había contado que el gol en contra había ocurrido por una mala actuación del portero.
- ¿Sabes, Dai? Marko no estuvo muy contento cuando el señor Kaltz le dijo que ocuparía tu lugar durante el tiempo que estuvieras lesionado.- comenzó a decir Danielle, mirando al campo.- Le pregunté directamente qué le pasaba y el muy idiota me contestó que siente que está empeorando las cosas para ti.
- ¿Para mí? Ah, caray, ¿y eso cómo?.- me asombré.
- Marko dice que estás pasando por muchas cosas en estos días.- continuó ella, en voz baja.- No sólo lo de tu hermana sino también la presión que has tenido por parte de tu papá, el asunto con Hoffman y tu castigo, y el que quieran que él ocupe tu puesto le pareció que sería echarle más leña al fuego. En otras palabras, siente que ya estás pasando por muchas cosas y que jugar en tu lugar puede hacerte sentir peor, que hará que pienses que tendrás que esforzarte al doble para recuperar tu puesto.
Vaya, que Danielle lo consideraba una estupidez pero era real, bastante real. ¡Por supuesto que tendría que esforzarme al doble, iba a regresar a jugar después de que Marko Hernández estuviese en mi lugar durante tres encuentros! No se trataba de sustituir a Hoffman, quien a pesar de todo no estaba a mi nivel, sino del hijo de Gino Hernández y ésa era una razón para preocuparse. De repente tuve ganas de reírme, si Danielle supiera que yo pensaba igual que Marko, sin duda que me golpearía con su mochila hasta cansarse.
- Es una broma, ¿no?.- pregunté, lo más inocentemente que pude.
- No, no lo es.- bufó Danielle, cruzándose de brazos.- Por eso es que he venido a hablar contigo. Marko te aprecia y no quiere perder tu amistad por esta cuestión, así que le serviría de mucho que hablaras con él para que le hicieras ver que no tienes miedo de que te quite tu lugar. Después de todo, no tienes por qué temer, eres tan buen portero como él.
Tuve ganas de reírme otra vez cual foca retrasada. No sé si Danielle sabía que yo sí estaba inseguro y por eso quería darme ánimos de manera indirecta o si de verdad creía que yo no estaba inseguro de mi valor por culpa de su hermano. Sea cual fuese la cuestión, me sentí bastante estúpido y ligeramente conmovido porque no creí que Marko pudiera sentirse así por culpa mía.
- Marko te respeta, eso lo sabes, ¿no?.- continuó Danielle, al ver que me quedaba callado.- Así como nuestro papá respeta al tuyo.
- Yo también lo respeto.- acepté.- Aunque no pensé que llegaría a sentirse mal por esto. Hablaré con él, no te preocupes.
- Gracias.- Danielle sonrió.- Digo, si te pones a pensarlo hay pocas posibilidades de que ustedes dos en un futuro tengan que pelear por la posición de guardameta titular en un mismo club, lo más seguro es que ambos jueguen en equipos diferentes y ni siquiera van a estar en la misma Selección Nacional. A menos que los dos quisieran jugar para México lo cual, si bien no es imposible, es poco probable que quieran suicidarse de esa manera.
- Lo sé.- me reí con muchas ganas.
Cierto, que Marko es una cuarta parte mexicano gracias a su madre, de manera que sí, existe la posibilidad de que ambos acabáramos en el mismo equipo pero sería una tontería por parte de Marko abandonar la idea de jugar con Italia, una Selección pentacampeona, para irse con México. Mismo caso que el mío, suponiendo que decidiera (y me dejaran) nacionalizarme alemán, excepto porque Marko se ahorra el paso de la nacionalización.
- Hablaré con Marko pero será otro día.- miré mi reloj y me di cuenta de que se me hacía tarde.- Tengo algo que hacer hoy.
- Está bien, no te preocupes.- aceptó Danielle.- Sólo te pediría que lo hicieras antes del próximo partido, si puedes.
- Lo haré.- asentí mientras me ponía en pie.- Te encargo a mi hermana, Dani.
- Y yo a mi primo.- Danielle puso los ojos en blanco.- Si no, son capaces de morirse de viejos sin haberse sincerado jamás.
- No lo dudes.- volví a reír antes de marcharme.
No quise decirle a Danielle que la razón por la que tenía que irme fue porque mi tío Bryan iba a pasar por mí. Al fin había decidido hablar con él y los dos acordamos que lo mejor sería hacerlo durante el trayecto de la escuela a la casa pues sólo ahí estaríamos completamente solos. ¿Han notado que muchas de las pláticas importantes de esta historia han ocurrido precisamente mientras voy de la escuela a la casa y viceversa? Eso pasa cuando vives con muchos hermanos y tienes a tantos amigos y primos pululando alrededor, prácticamente ese rato de viaje es el único sitio en donde no habrá entrometidos, siempre y cuando te asegures de sólo ir acompañado por la persona con la que quieres hablar. El caso es que mi tío pasó por mí a la hora acordada y yo no sabía cómo comenzar el tema aunque estaba consciente de que no debía tardarme porque disponíamos de poco tiempo; el problema era que yo recordaba lo que me dijo el gran Genzo Wakabayashi, de que probablemente Bryan Cruyffort no quería que le mencionaran el tema de su esposa fallecida y por eso me trabé. Por fortuna, mi tío estaba más consciente de mi turbación que yo mismo y fue él quien inició el tema.
- Podemos ahorrarnos la cuestión de las condolencias, Daisuke.- dijo mi tío Bryan, con voz neutra.- Sé que lo sientes por mí y por mis hijos varones y te lo agradezco, pero podríamos pasar a lo importante ya que tenemos poco tiempo. ¿Hay algo que quieras saber con respecto a la enfermedad de tu hermana? Desde el punto de vista de un familiar, claro, ya que tu madre podrá explicarte mejor las cuestiones médicas.
- Sí.- había un tema que me obsesionaba.- Edward me contó que a su madre le hicieron un trasplante de médula ósea pero no funcionó… ¿Podrías… decirme qué fue lo que falló?
- No sé por qué presentí que sería eso lo que querrías preguntarme.- suspiró el señor Cruyffort.- Bien, Daisuke, te lo resumiré lo mejor que pueda: como ya sabes, Marianne tenía un hermano, Sasha, quien fue el mejor candidato para ser su donante por el hecho de ser su hermano pero, estrictamente hablando, a nivel médico no era el donador ideal. La razón es que, para que un trasplante de médula ósea sea exitoso, tiene que haber mucha compatibilidad entre el donador y el receptor y no había tanta entre Sasha y Marianne, a pesar de ser hermanos. Te diré que me sorprendí cuando el médico me dijo que sólo uno de cada cuatro pacientes encuentra al candidato ideal entre sus hermanos, los demás deben buscar en las listas de donadores a alguien que tenga una compatibilidad mayor con ellos.
- ¿Cómo es eso posible?.- salté.- ¡Yo pensaba que, por el hecho de ser hermanos, ellos eran compatibles!
- Yo también lo creía así pero eso se debe a la genética y a la manera en la que cada uno de nosotros recibe sus genes por parte de sus padres.- contestó el señor Bryan, frunciendo el ceño.- Los hermanos tienen mayor probabilidad de poseer los mismos genes pero como todo es tan aleatorio, también es posible que no compartan los suficientes como para que uno pueda ser el donador ideal del otro, que fue lo que sucedió con mi cuñado y mi primera esposa. Hubiera sido preferible buscar otro donante en las listas pero ya no teníamos tiempo, la quimioterapia había fracasado y no nos quedaban más opciones. Marianne y Sasha estaban conscientes de que había altas probabilidades de fracasar pero aun así decidieron seguir adelante.
- No hay peor batalla que la que no se pelea.- musité.
- Exactamente.- asintió mi tío.- Yo, por supuesto, también estuve de acuerdo; desgraciadamente el azar no jugó a nuestro favor y el cuerpo de Marianne acabó rechazando la médula de su hermano.
- Creo entender.- musité, cabizbajo. Me dieron ganas de llorar, mi mayor esperanza se derrumbaba cual castillo de arena ante la embestida de las olas.- Eso quiere decir que un trasplante de médula no va a salvar a mi hermana…
- Eso no es verdad, Dai.- negó mi tío.- Aremy posee una ventaja enorme que no tenía Marianne: ella tiene tres hermanos, lo que quiere decir que tiene tres oportunidades de encontrar al donador ideal en su propia familia. Como te dije, a mi esposa le jugó en contra el hecho de sólo tener a un donante cercano que no era tan compatible con ella. Podría decir que fue el destino o que la vida es una hija de puta pero lo cierto es que las cosas son diferentes para tu hermana. Primero tienen que esperar a que la quimioterapia funcione, el hecho de que a Marianne no le haya servido no significa que no vaya a ser útil para Aremy, cada persona es diferente y reacciona diferente al medicamento, además hay que recordar que ellas no presentan el mismo tipo de leucemia.
- Bueno, en eso tienes razón, tío.- me sentí un poco mejor.- Nosotros somos tres, alguno debe servirle. Además, Are tiene un gemelo, eso mejora sus probabilidades de encontrar a un buen donador, ¿no?
- Así es; por lo que sé, los gemelos son los mejores donantes.- el señor Bryan me palmeó la espalda.- No te desanimes, Daisuke, todavía hay mucho que se puede hacer por tu hermana.
Platicamos un rato más sobre la señora Marianne antes de llegar a casa; el señor Cruyffort me contó que ella, al igual que Aremy, se puso muy mal de un momento a otro, perdió peso, empezó a caérsele el cabello y se la pasaba todo el día vomitando. Cuando le hicieron el diagnóstico ya era muy tarde pero aun así tanto su marido como su hermano quisieron mantener la esperanza, aunque mi tío me confesó que cuando se intentó el trasplante de médula, él ya no tenía muchas expectativas aunque me insistió en que el caso de Aremy es diferente y que yo no debía ser pesimista. Cuando al fin llegamos a mi casa, mi tío Bryan se bajó de su coche para saludar a mis padres y yo aproveché para darle un abrazo como gratitud por sus explicaciones y por su apoyo. En ese momento me propuse, a manera de agradecimiento, que iba a tratar de ayudar a Edward en lo que pudiera.
Esa noche el Sueño sufrió una leve modificación: mientras me encontraba a los pies de la cama de Aremy, aparecían el Dr. Lacoste y la enfermera Hayakawa; a una indicación de él, ella me pinchaba el brazo con una jeringa gigante para sacar alguna especie de líquido sanguinolento, que después le inyectó a mi hermana a través de un suero. Sin embargo, en cuanto el líquido extraño entró en las venas de Aremy, ésta comenzó a consumirse lentamente, como si mi "médula" la estuviera derritiendo desde adentro. Yo le grité al doctor que detuviera el proceso pero él me dijo que era demasiado tarde, que el procedimiento había fallado y que yo era el causante de la muerte de mi hermana. Empecé a gritar y entonces la enfermera Azumi se acercó a mí con la intención de inyectarme una especie de solución verde que no tenía muy buena pinta. Desesperanzado al ver morir a Aremy, me dejé caer sobre su cama, esperando que todo acabara pronto…
Me desperté cuando alguien movió levemente mi brazo; asustado, abrí los ojos y vi a Catrina sentada en la cama, mirándome con dulzura.
- ¿Otra vez el Sueño?.- me preguntó con suavidad.
- Sí.- me incorporé mientras me tallaba los ojos.- Creo que lo que hablé con mi tío Bryan hace rato me afectó.
- ¿Quieres platicar de eso?.- Catrina usaba un elegante camisón largo de color negro.
- No lo sé.- me hice a un lado para que ella se recostara en la cama junto a mí.- Pero me gustaría que te quedaras un rato conmigo.
- Por supuesto.- Catrina se recargó contra la cabecera y yo lo hice contra su hombro. Me gustaba sentir su cercanía aunque me preguntaba por qué siempre tenía las manos tan frías.- ¿Quieres hablar de otra cosa?
- Quisiera saber por qué siempre sueño que Aremy se muere.- dije, en voz baja.- Se supone que el tratamiento va bien, hasta donde nos han dicho, y hay muchas otras opciones para ella pero aun así tengo miedo de perderla. ¿Por qué soy tan pesimista?
- No eres pesimista, Dai, no más de lo que lo es la mayoría de la gente.- negó Catrina, apretándome la mano.- Todos le temen a la Muerte, de una forma o de otra: algunos a su propia muerte, otros a la muerte de un familiar. En tu caso, temes que sea tu hermana quien se vaya, lo cual es perfectamente normal.
- ¿Cómo se puede lidiar contra eso?.- pregunté, cerrando los ojos.- No quiero vivir todo el tiempo con el miedo a la Muerte, ya sea la mía o la de mi hermana.
- Hay muchas maneras de tratarlo.- respondió mi madrina.- La primera y más importante es reconocer que la Muerte es un paso más en el proceso de Vida, que no es el fin sino el comienzo de algo más grande, es un renacer, una amiga que te llevará al siguiente escalafón. Muchas culturas ancestrales creían que morir era pasar a un nivel superior, que había Vida después de la Muerte en un lugar mejor: para los aztecas era el Mictlán, para los vikingos el Valhalla, el Aaru o Duat para los egipcios y los Campos Elíseos para los griegos. Es cierto que nadie puede constatar que el Paraíso exista pero todas las culturas ancestrales han estado de acuerdo en este punto, en que hay Vida después de la Muerte. Siendo así, no hay por qué temer a morir; es cierto que estarás triste cuando alguien a quien amas se vaya, pero en algún momento la volverás a ver en Ese Lugar al que todos irán algún día.
- ¿Realmente crees en esto, madrina, o es que tratas de consolar a un adolescente de la mejor forma que puedes?.- a pesar de todo, me sentí confortado por sus palabras.
- Un poco de ambas.- ella me sonrió de forma enigmática.- Lo que trato de decirte es que morir no es el final ni para los que se van ni para los que se quedan. Los que se van lo hacen a un lugar mejor y los que se quedan revivirán a los fallecidos a través de sus recuerdos. Toma como ejemplo el Día de Muertos que celebramos en México: una vez al año tendrás la oportunidad de rememorar a los que ya no están a través de una fiesta en donde honras su vida. No te estoy diciendo que Aremy se va a morir sino que, si llegara a hacerlo, no debes estar triste porque podrás mantenerla viva en tus recuerdos mientras te reúnes con ella en Ese Lugar.
- Supongo que tienes razón.- musité, con mi cabeza recargada en su hombro.- ¿Por qué es tan fácil hablar de la Muerte contigo, Cat?
- Es una buena pregunta.- ella soltó una risita de complicidad, que me pareció extraña.- Quizás porque yo la veo como una buena amiga y no como enemiga.
- Quisiera que hablar con mi padre de esto fuese más fácil.- comenté.- No me cuesta trabajo tratar el tema con mamá pero mi papá es otro cantar…
- Bueno, tu madre es doctora y está acostumbrada a la Muerte.- contestó Catrina.- La ha visto tantas veces que se acostumbró a verla como una vieja amiga con la que solía mantener muchas batallas. En algunas ocasiones ganó tu madre, en otras lo hizo su Vieja Amiga, pero Lily aprendió a respetarla y a convivir con ella, por eso es que no le teme. Tu padre, el gran Genzo Wakabayashi, pues… Lo que sucede con él, y es un secreto que te voy a contar, es que le tiene miedo a la Muerte.
- ¿Tú crees?.- cuestioné, escéptico.- Nah, el gran Genzo Wakabayashi no le teme a nada.
- A la Muerte sí y te voy a decir por qué pero no hables con él de esto por el momento.- continuó Catrina, con voz confidencial. Llevábamos rato metidos bajo las sábanas, recargados contra la cabecera y tomados de las manos y aun así éstas seguían estando heladas.- Tu padre nunca ha estado en contacto con la Muerte ni la ha visto siquiera de lejos. No perdió a alguien importante durante su niñez ni en su adolescencia y en sus planes Ella nunca ha estado presente, ni siquiera como posibilidad remota. No era lo suficientemente cercano a alguien que estuviera a punto de morir como para que temiera perderlo, la mayoría de las personas a las que Genzo apreciaba eran jóvenes, como él, o gozaban de buena salud. El primer contacto real que tu padre tuvo con la Muerte fue cuando falleció tu bisabuelo y, cuando eso sucedió, Genzo ya era adulto.
- No lo había visto de esa manera.- confesé, aturdido.- Pero aun así la muerte del bisabuelo le tuvo qué doler, ¿no?
- Sí, pero no le temía porque ya se lo había visto venir.- replicó Catrina.- Daisuke Wakabayashi senior tuvo una enfermedad cardiaca prolongada cuyo fin sólo podía ser la Muerte, de manera que su nieto tuvo mucho tiempo para prepararse. En cambio, la enfermedad de tu hermana ha sido tan repentina que ha sacado a Genzo de su equilibrio. Además, Aremy es una niña y en teoría tiene una vida por delante, a diferencia de Daisuke Wakabayashi senior, quien era un hombre mayor que ya había vivido lo suficiente. Tu padre no está preparado para afrontar la posible Muerte de tu hermana y no sabe cómo hacerlo, de ahí que le tenga tanto miedo.
- Me resisto a creerlo.- insistí.- Es decir, ¡es el gran Genzo Wakabayashi! Nunca ha habido obstáculo que lo detenga ni situación que pueda hacer mella en su espíritu. ¡No puede tenerle miedo a la Muerte, él no le teme a nada!
- Daisuke, los hombres fuertes y de gran voluntad, como tu padre, son precisamente los que más le temen a la Muerte, porque la ven como enemiga ya que no la pueden detener.- me explicó Catrina, dulcemente.- Genzo Wakabayashi no le teme a la derrota ni a la adversidad porque sabe que puede salir de ellas cuando lo desee; sin embargo, la Muerte es la única a la que nunca podrá vencer por más que se esfuerce, por eso es su gran temor.
Vaya, que nunca me había puesto a pensar en eso pero tenía tanta lógica que me pregunté cómo carajos no lo vi antes. Me di cuenta entonces que la razón por la que había visto a mi padre tan cansado en los últimos días era porque su peor pesadilla podía convertirse en realidad, esto era, que se muriera alguien a quien él amaba. Es cierto que le dolió perder a mi bisabuelo (según lo que me dijo mamá) y sé que llorará cuando Tatsuo Mikami, su antiguo entrenador, se muera, pero ninguna muerte le dolerá tanto como la de Aremy.
- No quiero cometer ese error.- bufé.- No quiero temerle a la Muerte como él.
- Pues entonces empieza a verla como amiga.- Catrina me miró con sus hermosos ojos color violeta.- Acostúmbrate al hecho de que está siempre contigo, vigilando tus pasos para esperar el día en el que deba ser tu guía y compañera. No le tengas miedo, abrázala y acéptala como parte ineludible del ser humano y mantén siempre presente que la Muerte es el inicio y no el final, así como que la gente que fallece sólo se ha marchado al sitio a donde tarde o temprano también irás tú, por lo que la volverás a ver. Si consigues esto, Daisuke, serás más fuerte que tu padre en ese sentido y podrás apoyarlo cuando él desfallezca.
Esbocé una sonrisa irónica casi sin darme cuenta. ¿Había algo en lo que podría ser mejor que el gran Genzo Wakabayashi? Sin duda que me esforzaría porque así fuera. Quién sabe, tal vez así podría demostrarle que soy capaz de tener mi propio criterio y entonces él comenzaría a confiar en mí.
Notas:
- Ya sé que Italia sólo ha ganado cuatro copas mundiales pero considerando que Gino Hernández ya consiguió otra en esta historia, es lógico que esta selección ya sea pentacampeona.
