Capítulo 27. Llegando a los "terribles" catorce.
Yo, Daisuke Wakabayashi (ni loco menciono mi nombre completo), el primer hijo varón de Genzo Wakabayashi y Lily Del Valle, vine a incrementar la población mundial un 31 de mayo de algún año cualquiera, dos años después de que lo hiciera la primogénita de la ya mencionada y feliz pareja. Como dije al principio de esta historia (y si no lo dije, tuve la intención de hacerlo), si bien el gran Genzo Wakabayashi adora a su hija, él siempre quiso tener un varón por esa razón idiota de desear que alguno de sus hijos hombres siguiera sus pasos. Vamos, que si a estas alturas no lo saben a pesar de que llevo veintiséis capítulos quejándome de eso, entonces es porque de plano andan en otro planeta.
No debería de sorprender el hecho de que mis padres planearon el nacimiento de sus retoños hasta el más mínimo detalle, calcularon fechas y tiempos de gestación para que no hubiera mucha diferencia de edad entre sus hijos y que todo se les acoplara de la mejor manera posible, no se puede esperar menos de dos personas tan estresadas y controladoras como el gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle. Así pues, los tres embarazos fueron planeados, ellos nunca pasaron por la cuestión de "ups, me embaracé por accidente", como sí les pasó a varios de sus amigos (cof, cof, los Schneider, cof, cof, los Levin, cof, cof); eso sí, lo único que les falló a mis padres fue que en el último embarazo salieron dos hijos en vez de uno pero no es como si se tratase de una mala noticia, o al menos para ellos no lo fue.
En cualquier caso, hablando de mi nacimiento en específico, en cuanto el gran Genzo Wakabayashi se enteró de que su mujer estaba embarazada por segunda ocasión, se preparó por si acaso ése sí era el hijo varón que tanto había estado esperando y comenzó a hacerle lavado cerebral a mi madre para convencerla de dar a luz en Japón. Ya mencioné al principio de esta historia que mi padre le insistió mucho a la doctora Del Valle para que se animara a conocer el sexo de su segundo hijo y que ella se enojó con él por su insistencia; sin embargo, algo debió hacer el gran Genzo Wakabayashi para que mi madre lo perdonara y acabara cediendo, haciéndose la prueba del sexo del bebé y descubriendo que el mocoso que venía en camino era un hombre. ¡Al fin! Ya veo a mi padre haciendo fiesta porque estaba casi seguro de que convencería a su pobre esposa de que se fuera a Japón a parir. La verdad, admiro a la doctora Del Valle, miren que irse a dar a luz a un país extranjero con un idioma tan difícil de comprender, sin familia que la apoyara y sólo para hacer feliz a su marido es algo digno de reconocer.
- Pero dime la verdadera razón por la cual quieres que nuestro segundo hijo nazca en Japón, Genzo.- pidió mamá cuando iba por el sexto mes de embarazo.- No creo que sea por el hecho de que Jaz es mexicana y ahora quieres que este niño tenga tu nacionalidad, ¿o sí?
- Bueno, supuse que sería lo más lógico.- el gran Genzo Wakabayashi se encogió de hombros.- Tsubasa y Sanae tuvieron a sus tres hijos en Japón.
- Sí, pero ambos son japoneses.- señaló mi madre.- Y yo no lo soy.
- ¿Preferirías que naciera en México?.- cuestionó mi padre, muy serio.
- No.- negó la doctora Del Valle, con el mismo nivel de seriedad.- Suficiente con que Jazmín haya nacido allá, un error basta y sobra. Sin embargo, pensé que este niño podría ser alemán, eso sí que sería lógico. Quiero decir, si yo fuese japonesa entendería que este niño naciera en Japón pero dado que no lo soy, pues… no lo sé, no he pensado demasiado en eso pero no veo cuál sería la razón real de irme a parir al otro lado del mundo…
- Sé que lo que te voy a pedir es extremadamente egoísta.- la interrumpió mi padre, mirándola a los ojos.- Pero me gustaría que me dieras el placer de que este niño sea japonés. Me gustaría que siguiera mis pasos, cuando sea mayor, que juegue fútbol para Japón.
- ¿Es una broma?.- la doctora Lily enarcó las cejas con sorpresa.- ¿No crees que es demasiado pronto para declarar eso con tanta seguridad? ¿Qué te hace pensar que este niño va a querer ser portero, como tú?
- No lo sé.- confesó el gran Genzo Wakabayashi, muy serio.- Pero tienes que reconocer que la gran mayoría de los niños que se destacan en algo, ya sea en un deporte o en alguna rama del arte, comienzan a una edad en la que no son capaces de discernir lo que sucede a su alrededor; por tanto, no son realmente conscientes de qué es lo que quieren hacer con su vida así que muchos de ellos sólo siguen el camino que alguien más les trazó de antemano. No hay algo de malo en darle un poco de ayuda a mis hijos, Yuri.
- Hmmm, hay algo de verdad en lo que has dicho pero de cualquier manera… .- mi madre no estaba muy convencida.- Creo que hay una diferencia notoria entre "ayudarlos a decidir" y "obligarlos a seguir el camino que quiero", Wakabayashi. No me gustaría que presionaras a nuestro hijo a hacer algo que no lo hace feliz.
- No lo haré.- prometió mi padre, solemne.- Pero te pido que me des la oportunidad de intentar convertirlo en un mejor guardameta de lo que fui yo. Prometo que, si nuestro hijo decide que ése no es el camino que quiere seguir, lo dejaré elegir el que quiera.
- Honestamente espero que no quieras usar a este bebé para resarcirte de esa semifinal de la Copa del Mundo en donde Japón perdió el pase a la final con Holanda. No fue culpa tuya y no tienes por qué pagar ninguna deuda de honor, Genzo Wakabayashi.- mi madre suspiró, ciertamente desalentada.
Supongo que aquí tendré que hablar un poco sobre el pasado "trágico" de mi famoso padre (y lo pongo entre comillas porque me parece una estupidez que eso se considere como algo "trágico"): como ya muchos deben de saber, el gran Genzo Wakabayashi formó parte de la Generación Dorada, ese equipo que consiguió ganar la Copa del Mundo para Japón en una proeza sin precedentes en el fútbol asiático y que sucedió en gran medida gracias a Tsubasa Ozhora, ese prodigio japonés que no se rindió hasta cumplir su sueño, bla, blá, ya se saben la historia. Es sabido también que, cuatro años después, Japón llegó al Mundial con toda la intención de defender la corona, de ganar el título dos veces consecutivas, proeza que sólo han conseguido Brasil, Italia y Alemania hasta el momento. Para no fallar, el entrenador de Japón decidió llevar a los mismos jugadores que conquistaron el primer título y parecía ser que conseguirían su objetivo pues el equipo fue imparable hasta las semifinales del torneo, que se jugó contra Holanda. Llegados a este punto, se hizo evidente que el único problema del plan del entrenador del equipo nipón fue, precisamente, que repitió a los mismos jugadores, olvidando la regla esencial de que ningún torneo es igual a otro y que las circunstancias varían. Para no hacerles el cuento largo, mi padre llegó a ese Mundial con su capacidad disminuida gracias a que las múltiples lesiones que se hizo a lo largo de su carrera le cobraron factura; según sus propias palabras, sus manos no le respondieron tan bien como hubiese querido y permitió dos anotaciones de Bryan Cruyffort en ese partido tan crucial, quedando el resultado final como 2 goles a cero a favor de Holanda, truncándose así el sueño de Japón de repetir campeonato. El gran Genzo Wakabayashi va a culparse toda la vida de esto, siempre que le preguntes te dirá que es culpa suya que Japón no haya podido ganar su segundo mundial aunque, tal y como le ha dicho mi madre en múltiples ocasiones, la culpa no recae totalmente en él porque, si bien es cierto que permitió dos goles en contra, también es verdad que ninguno de sus compañeros fue capaz de anotarle un tanto a los holandeses y que no se ganan partidos si no se anotan goles.
Puedo comprender el trauma de mi padre pero hay que decir también, sin embargo, que querer que tu hijo haga lo que tú no pudiste es una cuestión bastante estúpida, las cosas como son.
- No lo estoy haciendo por eso.- respondió mi padre.- En verdad quisiera que uno de mis hijos siguiera mis pasos, ¿es eso tan malo? Sé que dices que Jazmín debería de tener el mismo derecho a jugar fútbol y a querer ser como yo pero, a pesar de su corta edad, no la veo tan dispuesta a seguir ese camino. ¿Por qué no intentarlo con nuestro segundo hijo?
- Tienes razón en eso de que Jaz no tiene ningún interés por tomar una pelota de fútbol.- suspiró la doctora Del Valle.- Pero aún así, Gen, no sé qué decirte, me estás hablando de cosas que van a pasar dentro de un plazo de tiempo muy grande, sé que te gusta ser previsor pero a mí no me gusta pensar tan a futuro, podrían suceder muchas cosas mientras tanto. Como que la prueba esté errada y al final tengamos otra niña, por ejemplo.
- ¿Eh? ¿Eso puede ser posible?.- el gran Genzo Wakabayashi se sorprendió.- ¿En verdad?
- Por supuesto que sí, Gen, casi ninguna prueba médica es cien por ciento confiable.- mi mamá se echó a reír.- Débora y yo estamos casi seguras de que este bebé es un niño pero no es seguro al cien por ciento, así que tienes que estar abierto a la posibilidad de que en realidad sea una mujer. Eso no te va a afectar, ¿cierto?
- No.- negó mi padre, sin titubear.- De cualquier manera la voy a amar. Supongo que, si este bebé resulta ser una niña, tendré que acostumbrarme a las ligas femeninas de fútbol.
- Seguramente.- mi madre lo miró con escepticismo.- Aun sabiendo esta posibilidad, ¿de todos modos deseas que este bebé nazca en Japón? Considera que no hablo ni pizca de japonés y que me pondría nerviosa ponerme en manos de médicos que no conozco.
- Sí me gustaría.- aceptó el gran Genzo Wakabayashi, humildemente.- Sé que el hecho de que Jazmín haya nacido en México fue más un accidente fortuito que algo hecho por elección pero aun así me gustaría que otro de nuestros hijos fuese japonés, Yuri. Yo me encargaría de que te cuidaran muy bien, me pondría en contacto con personas que conozco allá para que te atendiera el mejor ginecólogo.
- ¿El mejor ginecólogo según quién?.- la doctora Del Valle seguía sin convencerse.
- Según los estándares nacionales. Confía en mí, es lo único que te pido.- pidió mi padre, usando su voz más persuasiva.- ¿Considerarás entonces en la posibilidad de marcharnos a Japón para que nuestro primer hijo varón nazca allá?
- ¿Y qué sucederá con Jazmín?.- quiso saber mi madre.- ¿La vamos a dejar aquí encerrada con muchos pañales y botellas de leche preparada y le vamos a decir que se sirva lo que necesite o qué?
- Qué tonta eres, Yuri.- el gran Genzo Wakabayashi se echó a reír.- Aunque precisamente por eso es que te amo. Por supuesto que a Jazmín nos la llevaremos, contrataré a alguien para que la cuide o le pediremos ayuda a Schneider y a Eli, ellos no se negarán.
- Es cierto es que tienes derecho a querer que uno de nuestros hijos tenga tu nacionalidad.- cedió mi mamá, parcialmente.- Aunque no puedes negar que la opción de que nazca en Alemania es muy buena también. Déjame pensarlo unos días, por favor, todavía hay tiempo para decidirlo.
Hasta la mujer más inteligente puede comportarse como tonta con el hombre que ama, eso es de ley (si llegas a ver esto, mamá, no me pegues con el cinturón, por favor), pues yo terminé naciendo en Japón gracias a que mi madre cedió ante los caprichos de mi padre. Sin embargo, yo no nací en Shizuoka, de donde es originario el gran Genzo Wakabayashi, sino en Okinawa debido a algunos asuntos relacionados con ese señor que dicen que es mi abuelo paterno. No sé qué fue lo que pasó ahí, sólo sé que mis padres y los Schneider se trasladaron a Naga para que mamá me diera a luz (y al menos tuvo el apoyo de mi tía Elieth ya que no lo tuvo de la familia de mi padre), al fin y al cabo, lo que el gran Genzo Wakabayashi quería era que yo naciera en Japón, poco importaba la ciudad. Dice mi mamá que la experiencia fue menos traumática de lo que esperó pero yo creo que me miente descaradamente para que yo no tenga otro motivo para juzgar a mi padre. Después de todo, ¿qué mujer no se sentiría estresada por realizar el acto más doloroso y asqueroso del mundo en un sitio en donde todo está escrito en un idioma de palitos y casitas que no entiende?
Pues bien, han pasado catorce años desde entonces y ahora soy yo el que lamenta el que mi madre se hubiese dejado convencer por mi padre para que me diera a luz en Japón. Supongo que el gran Genzo Wakabayashi jamás esperó que el hijo que escogió para que fuese japonés algún día querría nacionalizarse alemán. ¡Qué ironía! Como la doctora Del Valle le dijo a mi padre en su momento, éste tomó decisiones de situaciones que sucederían muchos años después y que en ese lapso de tiempo podrían pasar muchas cosas que podrían arruinar sus bien pensados planes. Como que el hijo le saliera muy rebelde, por ejemplo, y que quisiera hacer todo lo opuesto a lo que él pensó.
La mañana del día en el que cumplí 14 años desperté sintiendo que el día sería como cualquier otro, sin ninguna variación. Había sido muy directo con mi familia y con mis amigos, no quería una fiesta, no quería una celebración y no quería que hicieran algo especial para mí así que esperaba que esas 24 horas transcurrieran rápidamente para poder continuar con mi vida. No contaba, por supuesto, con que mi familia y amigos siempre hacen todo lo opuesto a lo que quiero nomás por el puro gusto de llevarme la contraria. Bueno, no, estoy siendo injusto, lo cierto es que todo lo que hicieron, lo hicieron por mí, porque querían verme feliz en un día que, en teoría, sí es importante.
La noche anterior había vuelto a tener el Sueño, como había estado pasando de manera frecuente en las últimas semanas; sin embargo, desde que hablé con Catrina sobre la Muerte, había habido un cambio notorio en él y era que en algún punto conseguía darme cuenta de que todo no era más que un mal sueño y me despertaba antes de tener que pasar por la tortura de ver cómo mi sangre deshacía el cuerpo de mi hermana. Esto, por supuesto, no me ayudaba a conseguir más pistas para tratar de averiguar en qué manera podía ayudar a Aremy pero sí que me facilitaba el no tener que seguir pasando por más traumas psicológicos y existenciales. En algún momento, cuando dejara de ver a la Muerte como enemiga y empezara a verla como amiga, dejaría de sufrir por ese Sueño, de eso estaba seguro.
Apenas me había acabado de vestir cuando alguien tocó a la puerta de mi cuarto; al abrir, descubrí a mi madre con un pastelillo en las manos, el cual llevaba una velita encendida. Me reí al verlo, ¡el pastelito tenía glaseado de color rosa! Y además tenía dulces de arco iris, era el tipo de pastelillo que podría gustarle a Aremy, no a mí pero vamos, que fue tan inocente el detalle que no pude enojarme con mi mamá. Antes de que ella dijese algo, soplé la velita y tomé el pastelito.
- Feliz cumpleaños, mi dragón.- me dijo la doctora Del Valle, usando un apodo que raras veces me decía delante de alguien más.- Sé que no querías algo especial para hoy pero no puedes pedirle a una madre que ignore el cumpleaños de uno de sus hijos.
- Está bien, mamá.- sonreí.- Te perdono por ser tú.
- ¡Mira qué generoso!.- ella se echó a reír.- ¿Al menos puedo darte un abrazo?
- De ésos, todos los que quieras.- abrí los brazos para recibirla.
- Gracias.- mi madre me estrechó con fuerza y yo pude oler su aroma tan especial, el que hacía que me sintiera seguro y feliz.- Por cierto que no soy la única que te quiere felicitar, Dai.
- Mamá, ya te lo había dicho, no quiero felicitaciones el día de hoy.- fruncí el ceño.- ¿Por qué insistes en eso?
- Porque a ella no puedes decirle que no.- la doctora Del Valle me soltó y me miró con ternura.- No le dijimos que no quieres ser felicitado así que desea verte. ¿Me vas a acompañar a su habitación o le digo que no quieres hablar con ella?
- ¡Ah!.- caí en la cuenta de que estaba hablando de Aremy.- No, por supuesto que voy contigo, tratándose de ella la cosa cambia. ¿Estás segura de que puedo entrar sin problemas?
- Por supuesto.- asintió mi madre.- No te preocupes, el día de hoy haremos una pequeña excepción.
Seguí a mi mamá hasta la habitación de Aremy, llevando el pastelillo rosado en la mano. Al entrar, hice el intento de ponerme el cubrebocas pero la doctora Del Valle me hizo saber que no sería necesario que lo hiciera. A pesar de que era muy temprano, Aremy estaba ya despierta, sentada en la cama y con su peluca castaña bien acomodada y recién peinada; se veía tan pálida y delgada como siempre pero su sonrisa seguía ahí, bien intacta, y por un momento me sentí afortunado de que ella aún estuviese aquí para felicitarme.
- ¡Feliz cumpleaños, hermanito!.- gritó Aremy, con mucha emoción.- ¡Ya eres un año más grande!
- Gracias, Are.- corrí a abrazarla y tuve que hacer un esfuerzo para apretujarla sin destrozar el pastelito en el proceso.- Estoy feliz de que te hayas acordado.
- No se me hubiera olvidado por nada del mundo.- mi hermanita rio, despreocupada y feliz, y por un momento volvió a ser la de antes.- ¡No todos los días cumples años, Dai!
- Eso es verdad pero tampoco es como si se tratase de algo importante.- repliqué, soltándola.
- No digas tonterías, un cumpleaños siempre será importante para cualquier niño.- me contradijo ella, con mucha solemnidad.- Sobre todo por el pastel y los regalos.
- Bueno, mira, ya tengo mi pastel.- le enseñé el manoseado pastelillo a mi hermana y vi cómo le brillaron los ojos.- Ya sólo me faltan los regalos.
- ¡Ah! Adoro esos pastelitos.- musitó Are, con ojos ansiosos.
Me pregunté desde hacía cuánto que Aremy no se comía un pastelillo así; vi que mi madre nos había dejado solos y me dije que las reglas podrían romperse un poco por esa ocasión. ¿No era lo que ella había dicho? Así que partí el pastelito a la mitad y le di una a Aremy, quién tenía tanto antojo de comerlo que ni siquiera lo cuestionó.
- No te lo doy entero porque sé que te hace daño.- le dije.- Pero no creo que medio pastelillo haga mucha diferencia, sólo no se lo vayas a decir a nuestros padres.
- Claro que no.- mi hermana le dio una mordida ansiosa al pastel.- ¡Qué rico!
- No está tan mal.- admití, después de comerme mi porción.- ¿Ves? Ya tuve mi pastel de cumpleaños.
- Pero te falta uno más grande.- replicó ella, con la boca llena.- Y también regalos.
Tras decir esto, Aremy metió la mano bajo su almohada y sacó un paquetito pequeño, mal envuelto con un papel de color oscuro y un moño verde como único adorno. Ella me lo ofreció con todo el amor del mundo y yo sentí que se me hacía un nudo en la garganta.
- Mamá me ayudó a hacerlo.- dijo Are, un tanto avergonzada.- Yo todavía no soy tan buena con las agujas.
- No te preocupes por eso.- respondí, quitando la envoltura con cierta ansiedad para descubrir un paliacate fabricado con tela verde, mi color favorito, al que mi hermana le había bordado un dragón un tanto chueco, así como las iniciales de mi nombre.- ¡Guau! ¿Esto de verdad lo hiciste tú?
- Sí, mamá me está enseñando a bordar y se me ocurrió regalarte un paliacate con un diseño especial cuando te dije que podías usar uno en vez de gorras para que no te relacionen tanto con papá.- Aremy se encogió de hombros.- El dragón salió muy chueco, Benji lo vio y dice que parece más un pollo rostizado que un dragón pero él que va a saber de eso.
- Exactamente, él que va a saber de animales de fuego si sólo conoce el hielo.- tuve el impulso de abrazar a mi hermana y así lo hice.- Gracias, de verdad que me encanta. Lo voy a usar en todos los partidos que juegue.
- Así tendrás algo para recordarme.- me dijo Aremy, en voz muy baja.
Yo no respondí; por supuesto que había notado que ella se ponía cada vez más delgada y pálida conforme la leucemia y la quimioterapia se peleaban por su cuerpo y por su vida pero yo me negué a pensar en esa posibilidad. No en ese día, no en ese momento.
- Gracias, Are.- le di un beso en la mejilla y le sonreí.- Ya conseguiste que este día fuese el mejor de todos. Hoy mismo estrenaré tu regalo, será mi amuleto de la buena suerte.
- Me hace feliz saber que te gustó.- contestó Aremy, tras lo cual bajó la voz.- Y gracias a ti por el pastelillo.
Me puso de muy buen humor el haber compartido un momento tan íntimo con mi hermanita menor y me sorprendí al descubrir que ella estaba aprendiendo a bordar porque jamás en sus once años de vida había mostrado interés por las cosas manuales; sin embargo, me di cuenta de que era algo natural que Aremy buscara en qué entretenerse en sus largos días de terapia, ahora que la quimio la estaba dejando demasiado agotada como para ponerle atención a sus deberes escolares. Fue lindo, por supuesto, que su primer "obra" fuese mi regalo de cumpleaños, quedaba claro que iba a atesorar ese paliacate por siempre; algún día, me dije, iba a enseñárselo cuando los dos fuésemos mayores, para recordarle que alguna vez estuvo en una situación de la que pudo salir sin problemas. O eso esperaba.
- Bien hecho allá adentro, Daisuke.- mi padre me habló en cuanto salí al pasillo.
- ¡Ah!.- retrocedí, sorprendido.- ¡Me has asustado, papá! ¿Nos estabas espiando?
- No esperabas que dejáramos a tu hermana sola, ¿o sí?.- me respondió el gran Genzo Wakabayashi, imperturbable.- Les dimos un poco de privacidad por petición de ella pero teníamos que estar al pendiente.
- Ya veo. Sí, supongo que tiene lógica.- respiré más tranquilo.
- No te preocupes, no le contaré a tu madre lo del pastelillo.- me dijo mi padre, con una sonrisa maliciosa.- Yo hubiese hecho lo mismo estando en tu lugar aunque a ella no le habría parecido tan buena idea. Feliz cumpleaños, Daisuke.
- Gracias, papá.- a pesar de mi bochorno, le sonreí.- Por partida doble.
Ese 31 de mayo el día estuvo perfecto, con un clima como a mí me gusta: frío, lluvioso y gris. No soy partidario de los días radiantes y llenos de sol, ni siquiera para los partidos ya que me hacen sudar demasiado. Para mí, hay mucha belleza en las nubes grises de tormenta. El clima estaba ligeramente fresco y me alegré de poder usar uno de los gorritos que me había regalado Giovanna, asegurándome además de guardar el paliacate de Aremy en mi mochila pues lo usaría en el entrenamiento de ese día. Supuse ingenuamente que, con excepción de Aremy y de mis papás, nadie más me felicitaría pero estaba bien equivocado, ni bien puse un pie en la planta baja cuando mi hermana mayor se me dejó venir a todo correr para envolverme en un abrazo que casi me saca los pulmones del cuerpo.
- ¡Feliz cumpleaños, hermanito!.- gritó Jazmín.- ¡Que cumplas muchos más!
- ¿Mh dejs rspirá?.- musité.
- ¿Qué cosa?.- mi hermana me soltó.
- Que si me dejas respirar.- respiré agitadamente.- Quien diga que eres dulce y tierna e incapaz de dañar a una mosca, es porque no ha recibido ninguno de tus abrazos.
- ¡Qué exagerado!.- rio Jazmín.- A Mijael le gustan.
- A Mijael le gusta todo lo que viene de ti.- bufé, sin notar que mi hermana se ponía colorada.- Jaz, te agradezco tus deseos pero ya te había dicho que no quería que nadie me felicitara.
- ¡Ups! Lo olvidé.- Jazmín esbozó una sonrisa que decía todo lo contrario.- Pero vamos, que mamá me dijo que Aremy sí te felicitó. Yo también tengo derecho, ¿no?
- Pero Are está enferma y tú no.- repliqué.
- ¿Y eso la hace tener más derecho a felicitarte, hermano mayor?.- terció el incorruptible Ichimei, bajando las escaleras.- No seas discriminativo, todos tenemos derecho a darte nuestros mejores deseos hoy.
- Es lo que digo.- Jazmín hizo un puchero.- ¿O es que no nos quieres?
- Ya hagan lo que quieran y dejen de molestar.- bufé, aunque en el fondo me sentía muy feliz.
Mis dos hermanos hicieron sándwich conmigo y me reí con ellos, olvidando por un momento la situación general. Fuimos interrumpidos por mi tía Elieth, quien aprovechó la situación para abrazarme y felicitarme también. A este paso, eso de pedir que no me dieran sus felicitaciones iba a quedar anulado, ¿qué no entendían que no quería que me recordaran que era mi cumpleaños?
- Sigo sin creer que no quieres que te hagamos una fiesta.- dijo mi tía Eli, sin soltarme.- Ya hasta había averiguado cómo hacer dangos con sabor a té verde.
- ¡Oh!.- no era secreto para nadie que me encantaba el dango, sobre todo el de té verde.- Supongo que podrá ser en otra ocasión.
- Como quieras.- mi tía suspiró dramáticamente.- Lástima, yo quería hacértelos especialmente por tu cumpleaños pero qué se le va a hacer.
- No me vas a hacer caer con eso, tía.- repliqué, aunque lo cierto era que sí tenía ganas de que ella me preparara algunos dangos.
En la enorme camioneta de los Schneider, los cuatro retoños de esta familia comenzaron a fregar con que les debía una celebración, que ellos no tenían la culpa de mis "amargueces" y que tenían derecho a tener una fiesta en donde pudieran "destramparse" (todos tienen derechos en mi cumpleaños, por lo que veo). Los envié al carajo aunque mis hermanos no dejaban de reírse. Parecía ser que mientras más quería que no se mencionara mi cumpleaños, menos caso me hacía la gente que me rodeaba.
- Tengo un regalo para ti que te va a gustar.- me dijo Mijael en cuanto entramos a la Wittelsbach.
- ¿Qué, me vas a dar a tu prima con un enorme moño rojo?.- pregunté.
- No te pases de listo.- gruñó Mijael para después reírse.- No, será algo más potente.
- ¿Qué, vas a lanzarme tu verdadero Hurricane Shot en vez de esa versión "light" del entrenamiento?.- cuestioné, aprovechando la oportunidad.
- Ah, así que te diste cuenta.- Mijael no se veía impresionado.- Pensé que no lo notarías, Chucky, vaya que eres inteligente.
- Deja el sarcasmo de lado, Fede.- lo golpeé.- Sí me fijé que disparaste con tu pierna derecha en vez de con la izquierda y que la fuerza fue menor, en base a lo que he visto antes. ¿Por qué no me lanzaste el tiro con todo su poder?
- Porque no habrías podido detenerlo aunque hubieses querido y eso te habría dejado mal parado en el entrenamiento.- Mijael se encogió de hombros.- Aun así, fuiste el primer portero en reaccionar ante mi Hurricane Shot, otros no han podido hacer algo ni siquiera con su versión más "light" así que ya es algo digno de mencionar. Quería que tuvieras un poco de confianza en ti mismo y lo logré, ¿o no fue así, Chucky?
- No digo que no.- sonreí a medias.- Pero me gustaría que algún día me lanzaras tu disparo con todo tu poder.
- Seguro.- aceptó Mijael.- Si quieres morir, es tu problema.
Ambos nos reímos y entonces nos separamos para ir a nuestros respectivos salones de clase. Para mi buena o mala suerte, mis compañeros no respetaron tampoco eso de que no quería que me recordaran mi cumpleaños así que recibí muchas felicitaciones, más de las que me hubiesen gustado aunque no voy a ser tan terco como para negar que me gustaron. Sin embargo, la felicitación que más destacó fue la de Maia Shanks, quien se acercó a mí cuando salía del baño a la hora del receso (¿es idea mía o no es la primera vez que pasaba esto?).
- Hola, Dai.- me saludó Maia, con una sonrisa.- Sé que no querías regalos pero de todos modos tengo algo para ti.
- ¿En verdad?.- me sorprendí.- No es necesario que me des algo.
- Lo sé pero aun así quise hacerlo.- ella bajó la mirada, no sé por qué, y metió la mano en su mochila para sacar una cajita pequeña que me ofreció.- Puedes abrirlo cuando quieras.
- Puede ser ahora mismo.- contesté, tomando el regalo y liberando el pequeño listón.- De verdad que no tenías que regalarme algo.
- Espero que te guste, Daisuke.- me dijo Maia, poniéndose muy nerviosa.- Feliz cumpleaños.
Dentro de la cajita había una pulsera laboriosamente tejida en negro, dorado y verde, mi combinación favorita de colores; la tomé y la admiré, estaba realmente bien hecha, el tejido era elaborado y formaba figuras geométricas muy complicadas de hacer.
- ¡Guau!.- exclamé.- ¡Está genial! ¿De dónde la sacaste?
- Yo misma la hice.- me pareció ver que Maia se ponía roja.
- ¿En verdad?.- me sorprendí.- No sabía que supieras tejer estas pulseras.
- Uno de mis tantos secretos.- ella se rio al tiempo que me ayudaba a ponérmela en la muñeca.- Es una pulsera especial, ¿sabes? Debes pedir un deseo al amarrar el último nudo y no quitártela nunca. Cuando el nudo se deshaga solo, el deseo se cumplirá.
- Oye pero yo no quiero que se me pierda.- protesté, mientras dejaba que Maia me atara la pulsera.- ¡Es mi regalo!
- Bueno, hay deseos por los cuales vale la pena perder una pulsera, ¿no?.- ella volvió a sonreír.- Espero que lo que pidas sea uno de ésos.
Por supuesto que tenía un deseo así, uno de ésos que quieres que se te cumplan sin importar lo que tenga que pasar para que esto ocurra. Mientras Maia amarraba el último nudo, deseé con todas mis fuerzas que Aremy se curara.
- Gracias, Maia.- dije, cuando ella acabó.- Siempre eres muy buena conmigo.
- Te lo mereces, Dai.- Maia volvió a ponerse nerviosa.- Tengo que irme ya, espero que tengas un bonito cumpleaños.
Y se fue corriendo sin que pudiera responderle. Bien, que ahora tenía dos regalos hechos a mano por dos chicas que eran importantes para mí a su manera. Cuando me puse el paliacate que me dio mi hermana, antes del entrenamiento, me acordé de sus palabras, "al menos tendrás algo para recordarme", y con cierto pesar me di cuenta de que eso sería verdad, que si ella llegara a, pues a fallecer, sería su paliacate lo que me haría tenerla bien presente.
Pensé que en el entrenamiento Mijael me lanzaría, como regalo, su Hurricane Shot real pero no, por alguna razón mi amigo decidió que mi cumpleaños no era un buen día para humillarme delante de todo el mundo y optó por no tirar a gol hacia a mí a menos que fuera estrictamente necesario y, cuando lo hacía, no usaba su mejor disparo. Pude notar también que el intercambio de miradas entre él y Jazmín era más intenso, como si algo hubiese evolucionado entre ellos y, aunque me alegré al darme cuenta de que ella había dejado de huir de él, me pregunté qué habría pasado que no me habían querido contar. Bueno, que ya tendría oportunidad de averiguarlo después.
Ese día, por primera vez en mucho tiempo, disfruté realmente de jugar al sóccer y descubrí algo asombroso: el fútbol me encantaba cuando lo jugaba por gusto y no por obligación. ¿Por qué no podía ser así siempre? Insisto en que no sé por qué soy tan imbécil pero fue entonces cuando pude comprender el por qué mi padre amaba este deporte y el por qué quería que yo lo practicara: quería mostrarme lo bello que puede ser el fútbol, aunque el gran Genzo Wakabayashi siempre ha sido bastante ortodoxo con sus métodos y por eso mismo yo no había podido comprenderlos antes. En cualquier caso, jugué como nunca, sintiéndome genial porque amenazaba con llover con fuerza y el sol no me lastimaba mis ojos. Veía que los Schneider me lanzaban miradas de aprobación y supe que iba por el camino correcto. Tan bien me fue que, al finalizar las prácticas, el entrenador Kaltz se me acercó con una sonrisa en el rostro.
- Bien jugado, Daisuke.- me dijo.- Prepárate porque vas a jugar el próximo sábado.
- ¿Qué?.- grité.- ¿En serio?
- Claro que es en serio.- asintió el entrenador Kaltz, riendo.- Te has ganado tu lugar en el equipo con creces.
- ¡Gracias, entrenador!.- exclamé, muy feliz.- Me dará gusto jugar el sábado.
¡Sí! ¡Al fin iba a volver a mi puesto como titular! Me sentía bastante eufórico, ¡iba a jugar por gusto, no por obligación!
- ¿Nos vamos a casa, Dai?.- me preguntó Jazmín, sonriendo.- No tarda en empezar a llover. Y por cierto, estuviste genial. Perdona que te lo diga pero juegas tan bien como papá. Heredaste su talento, no cabe duda.
- Estoy de acuerdo, hermano mayor.- Benji me golpeó levemente con el puño.
Y esa vez no me molestó que alguien me comparara con el gran Genzo Wakabayashi.
Me sentí cansado en el camino de vuelta a casa así que me quedé dormido, mientras la lluvia caía y amortiguaba el escándalo de los Schneider y de mis hermanos. Si no me hubiese dormido, habría visto cómo Mijael le robaba un beso a Jazmín, ante las miradas de asco de Chris, Claude, Benji y Vania, pero estaba soñando otra vez con Aremy recostada en su cama, pidiéndome con la mirada que la ayudara, mientras mis padres y hermanos lloraban a nuestro alrededor… Me despertó de golpe el sonido de la puerta de la camioneta al cerrarse; abrí los ojos, asustado, y vi a mi tía Eli mirándome con compasión.
- ¿Estás cansado, Dai?.- me preguntó, suavemente.
- Un poco.- confesé, aturdido, notando que ya sólo estábamos ella y yo.- No me di cuenta de a qué hora llegamos.
- No tiene mucho pero tus hermanos tenían prisa.- respondió mi tía, con una mirada sospechosa.- ¿Tuviste un mal sueño?
- Creo que sólo es estrés.- suspiré, incorporándome.- Creo que cenaré y me acostaré temprano.
- Muy bien, cariño.- asintió mi tía Elieth.- Tal vez sea lo mejor.
Por supuesto, ella estaba dándome por mi lado. Cuando entré a mi casa, todas las luces estaban apagadas; no soy tan tonto como para no saber lo que eso significaba pero no creí que de verdad mi familia y amigos me hubiesen llevado la contraria hasta ese extremo.
- Genial.- bufé, caminando a tientas.- ¿Se fue la luz? ¿Mine, James, hay alguien que me pueda traer una lámpara? Quiero subir a mi habitación.
- Joven, por favor, deje de hacerse el tonto y vaya a la sala.- Mine me cortó el paso hacia las escaleras mientras se reía.- Es muy temprano para que se vaya a descansar.
- No tengo nada qué hacer en la sala, Mine.- a pesar de todo intenté resistirme.- ¿Me puedes traer una lámpara?
- Señorito, haga el favor de dejar de protestar y déjese querer.- detrás de mí, James apareció con un candelabro enorme. ¿Quién sigue teniendo esas cosas en esta época, por cierto? Ah, sí, mis padres.- Acompáñeme al salón, yo lo guiaré.
- Si voy a la sala, ¿me dejaran en paz?.- los miré a ambos con fastidio.- Ya están peor que mis hermanos.
- Deje de protestar y siga a James.- Mine me empujó suavemente.- Ya sabe que lo están esperando en el salón, no sea tan terco y vaya.
"Los voy a colgar a todos", pensé cuando iba entrando a la enorme sala de mi casa. "Les dije que no quería nada".
- ¿Hay luz en esta casa o no?.- pregunté, al entrar.
Y en ese momento, como puede suponerse, se encendieron las luces y varias voces gritaron a coro: "¡Sorpresa!", mientras una lluvia de confeti, serpentinas y quién sabe cuántas porquerías más me caía en la cabeza. Cuando mis ojos se adaptaron al cambio repentino de luz, vi a mis amigos más cercanos y queridos, no se encontraba nadie que no fuese importante para mí: los Schneider, los Kaltz, los Levin, los Hernández, los Del Valle-Schneider, los Ferrari, los Shanks y hasta mis padrinos me miraban con expectación, vestidos con ropas de fiesta aunque yo todavía llevaba el uniforme deportivo de la Wittlesbach y el paliacate de Aremy en la cabeza. No sabía si reír o gritar.
- ¡Feliz cumpleaños, Daisuke!.- dijeron los mencionados a coro.
- Los odio en verdad.- traté de no sonar conmovido.- ¡Les dije que no quería fiesta!
- Pero nosotros sí queríamos organizarte una.- fue Giovanna quien se adelantó para abrazarme con fuerza y plantarme un beso en la mejilla.- No íbamos a permitir que te pasaras tu cumpleaños encerrado en tu habitación. ¡Felicidades, Dai!
Ay, que no sé cómo podría seguir enojado cuando mi ángel pelirrojo me tumbaba las defensas de esta manera. Esto, sin duda, fue orquestado por Mijael, seguro que la mandó primero para que no me enojara.
- Gracias, Gio.- casi me atraganto con mi propia baba.- No debiste haberte molestado organizándome esto.
Mijael "tosió" para esconder la palabra "cursi". Jazmín escuchó la conversación y se acercó a nosotros.
- ¡Oye, no!.- protestó mi hermana.- ¡La fiesta para Dai la organizamos todos!
- Sí, pero a nuestro hermano sólo le interesa lo que hizo Giovanna.- señaló Benji, muy tranquilo.
- Ya cállense.- musité, avergonzado, a lo que los demás rieron.
- Ya hablando en serio, Daisuke.- continuó Jazmín, cortando su risa.- Te organizamos una fiesta porque te queremos y deseamos que seas feliz. Sé que sientes que no hay motivos para festejar pero estás equivocado, el simple hecho de que Are siga viva y luchando, que tú tengas catorce años y estés sano, son motivos más que suficientes para tener una celebración. Se trata de festejar a la vida y al hecho de que, sin importar lo que suceda, lo vamos a afrontar todos juntos.
- Ay, Jaz.- me le dejé ir a mi hermana y la abracé con fuerza.- Me haces sentir que soy un idiota.
- No es ésa la intención, Daisuke.- terció Benji.- Sólo queremos que dejes de resistirte a dejarte apoyar por nosotros. Somos una familia y estamos juntos en esto.
- Supongo que tienen razón.- suspiré, sin soltar a mi hermana.- Eso no quita que sea un idiota. De verdad lamento haber actuado como un amargado.
- Sí, ya sabemos que eres un estúpido pero éste no es el mejor momento para que te pongas sentimental.- intervino Mijael, cortando el momento.- ¡Esto es una fiesta! Celebremos, destruyamos la casa y ya después te deprimes, ¿va?
- Por primera vez te escucho decir algo decente, Fede.- me reí, más calmado.- Bueno, pues ya que decidieron no hacerme caso, ¡vamos a destramparnos en serio!
Por supuesto, faltaba Aremy pero en ese momento sentí que no estaría mal si festejaba sin ella puesto que mi hermanita me había dado su propia celebración por la mañana. Entre los presentes vi a la doctora Del Valle, usando un vestido azul y blanco que hacía mucho que no usaba y que la hacía lucir hermosa; ella me abrazó con dulzura cuando me acerqué.
- Feliz cumpleaños, Daisuke.- me dijo mi madre.- No sabes cuán orgullosa y feliz estoy de tenerte, mi amor.
- Gracias, mamá.- musité, enterrando mi cara en su hombro. No sabía cuán alto me había puesto hasta ese momento en el que la abracé.- ¿Papá se ha quedado con Aremy?
- Sí, mi amor.- asintió la doctora Del Valle.- Decidió quedarse para que yo pudiera estar aquí, creyó que valorarías más mi presencia que la suya.
- Mi papá es tan idiota como yo.- bufé.
- Es cierto, pero también es verdad que tú no le has dejado las cosas fáciles.- señaló mi madre, con suavidad.
- Lo sé bien, mamá.- suspiré, resignado.- Quizás pase a verlo antes de irme a dormir.
- Eso sin duda le gustará, gracias, Dai.- la doctora Del Valle me besó en la mejilla.- Genzo se puede pasar de idiota pero sigue siendo tu padre y te sigue amando. No le vayas a decir que lo llamé idiota.
- Prometido.- me eché a reír.
Tengo que admitir que ésa fue una de las mejores fiestas de cumpleaños que he tenido jamás. La comida consistía en todos mis platillos favoritos, ¡incluso había dangos de té verde, hechos por mi tía Eli! Y el convivir con las personas que fueron mis soportes durante esos meses tan difíciles fue lo que verdaderamente necesitaba. En una mesa los invitados dejaron sus regalos, eran tantos que me di cuenta de que no acabaría de abrirlos todos en ese momento así que sólo tomé unos cuantos, los que estaban encima de la pila. Uno de esos obsequios era un juego de ajedrez finísimo, tallado en madera, que venía de Demian Krieg; a mi padrino le encantaba este juego y no me sorprendió que me hubiese regalado una versión de lujo, sin duda que en cuanto hubiera oportunidad me retaría para darme una paliza con él. Mi madrina me regaló un libro de leyendas de varios países que hablaban de la Muerte, muy grueso y antiguo, y me pregunté de dónde rayos lo habría sacado porque no creía que lo hubiese comprado en cualquier librería. Jazmín e Ichimei me dieron la colección completa de las 8 películas de Harry Potter, en la edición de "La Colección para Magos", ésa que traía muchísimas horas de material extra además de otros objetos de colección. Casi pongo a mis hermanos en un altar, ¡tenía tantas ganas de conseguir esta compilación! Mi madre, a su vez, me dio una Nintendo Switch aunque me aclaró que el regalo era de parte de mi padre y suyo.
- Qué raro que el gran Genzo Wakabayashi no haya incluido una gorra en el obsequio.- comenté, con cierto sarcasmo.
- No te pases.- me advirtió mi madre aunque sonrió ante mi tontería.
El último regalo que abrí fue el de Mijael, una copia del "The Legend of Zelda: Breath of the Wild", precisamente para Nintendo Switch (qué casualidad). Me pregunté por qué Jazmín parecía estarse aguantando la risa mientras le agradecía a Fede pero no tardaría en descubrirlo.
- Y cuando sepas lo que tuvo qué hacer para comprártelo te vas a morir de la risa, como yo.- soltó Jazmín, muy sonriente.
- ¡Jaz! ¡Prometiste no decir nada!.- protestó Mijael, azorado.
- ¡Ups! Perdón.- ella se echó a reír a carcajadas ante mi confusa mirada.
- No entiendo.- dije, mirándolos alternativamente.- De hecho, hay muchas cosas con ustedes dos que no entiendo, no hace ni media semana que no podían intercambiar más de tres palabras y ahora no se separan ni un instante. ¿De qué me perdí?
- Del hecho de que Jaz es ahora oficialmente mi novia.- la sonrisa de Mijael no le cabía en el rostro de lo ancha que era.- ¿No te lo había dicho ya?
- ¿Qué?.- miré a mi hermana, quien estaba muy apenada.- ¡Si serás cabrón! ¿Desde cuándo? ¡Ninguno de los dos me lo contó!
- Lo siento, Dai, es que nos estábamos esperando a tu cumpleaños para decírtelo.- contestó Jazmín, ruborizada.- No sabíamos cómo te lo ibas a tomar.
- Par de tarados.- los abracé a ambos a la vez.- ¡Me tenían tan preocupado! Y vaya que te negaste durante mucho tiempo a admitir que estabas enamorada del Fede, Jaz.
- ¿Qué?.- ella se puso más colorada aún.- ¿Tú lo sabías?
- Por favor.- puse los ojos en blanco.- Si era bastante obvio, no sé por qué te empeñabas en fijarte en idiotas redomados infumables que vienen de Italia cuando aquí en Alemania siempre tuviste un idiota redomado más aceptable.
- Gracias por lo que me toca, cuñado.- Mijael me golpeó en el brazo.
Ah, ése fue otro buen regalo de cumpleaños, ¡cómo no! Por fin mi hermana iba a dejar de fijarse en imbéciles para estar con el único chico que iba a cuidarla y amarla en verdad. Pero que estas cosas me dan asco, no debería de estar contándolas con tal desparpajo, mejor cambiemos el tema. Tengo que admitirlo, mi fiesta sorpresa fue genial y me encantó, creo que mi madre tenía razón y esto era lo que necesitaba para sentirme menos solo aunque, si me pongo a pensarlo, nunca tuve motivos para sentirme así.
Emocionado como andaba, pensé que no iba a poder dormir esa noche pero cuando regresé a mi habitación, caí en brazos de Morfeo sin darme cuenta; me despertó mi padre al abrir la puerta, haciéndome saltar de la cama, asustado.
- ¿Papá?.- pregunté, con recelo.- ¿Qué haces aquí?
- Siento haber entrado así, Daisuke, pero toqué la puerta durante diez minutos y no me respondiste.- contestó el gran Genzo Wakabayashi, mirándome en la semioscuridad.
- Me quedé dormido.- me froté los ojos con las manos.- ¿Qué sucede?
- Sólo vine a desearte feliz cumpleaños, hijo.- respondió mi padre, humildemente.- Y a darte tu regalo.
- Creí que mamá lo había hecho ya.- me sorprendí.
- Tu madre te dio el regalo principal pero esto es algo que quiero darte de mi parte.- el gran Genzo Wakabayashi se sentó junto a mí en la cama y me tendió un sobre.- Quiero fomentar algunas de tus cualidades poco apreciadas por mí, sé que en el pasado no he hecho bien las cosas pero espero poder estar en tiempo de corregir ese error.
Abrí el sobre, esperando que no fuese otra convocatoria para la Selección de Japón, y encontré boletos para un concierto que Alexander Wald, uno de mis violinistas preferidos, daría en Múnich el próximo mes. Había tenido muchas ganas de ir a ese concierto pero mi padre, por alguna extraña razón, se negó a dejarme ir. Además, en el sobre había una carta que decía que podía tomar algunas clases de violín con el señor Wald durante el mes que él permaneciera en Alemania, si lo deseaba. Volteé a ver a mi padre con extrañeza, sin saber muy bien qué decir.
- Nunca me ha caído bien ese tipo pero tengo que reconocer que es buen músico.- gruñó el gran Genzo Wakabayashi.- Al menos sé que es uno de los mejores profesores de violín que podrías tener.
- ¿Conoces lo suficiente al señor Wald como para tener motivos para no apreciarlo, papá?.- pregunté, asombrado.
- Digamos que sí.- bufó mi padre.- No me agrada por terco y engreído.
Ay, papá, no te vayas a morder la lengua.
- Entiendo.- traté de no reírme.- En verdad que no sé cómo tomarme esto, padre…
- Como dije, sólo quiero apoyar otra de tus facetas.- el gran Genzo Wakabayashi suspiró.- Una que ha sido muy menospreciada por mí; me ha costado aceptarlo pero sé que tienes cierto talento para el violín así que no me negaré a que se te den unas cuantas clases si así lo deseas.
- Gracias, papá.- susurré, mirando el sobre.- Esto significa mucho para mí, más de lo que crees...
- Feliz cumpleaños, hijo.- sonrió mi padre.- Sigo estando orgulloso de ti.
No hubo necesidad de contestarle. En ese momento, todo estuvo perfecto entre mi papá y yo.
Notas:
- Alexander Wald es un personaje creado por Lily de Wakabayashi y no pertenece al universo de Captain Tsubasa.
- Hasta la fecha, sólo Brasil e Italia han conseguido repetir título en dos mundiales consecutivos pero yo incluí a Alemania nomás porque quiero.
- El dango es una bola de masa hervida dulce, de diversas variedades y que es muy popular en Japón.
- En el fanfic original, a Daisuke le regalaban la colección de las 7 películas de Harry Potter. En el año en el que escribí esa historia, apenas se había estrenado la cuarta película y en ese entonces no se sabía que el último libro sería adaptado en dos entregas cinematográficas así que yo concluí que sólo serían 7, ja.
