Capítulo 28. Un ardiente fin de curso.
Y comenzó junio, lo que significaba que el grado escolar estaba por concluir. No quedaban más que tres semanas de clases y la mayoría de los estudiantes estábamos volviéndonos locos con las evaluaciones finales. Se suponía, pues, que el 99.99% de las escuelas en Alemania entregan sus notas en febrero y julio pero la snob Wittelsbach, ya lo había dicho, tenía su propio sistema y subía calificaciones a su plataforma digital cada mes así que al menos teníamos la ventaja de que nuestros padres no se sorprenderían con las notas finales. A pesar de esto, muchos queríamos tirarnos a un pozo ante la inminente llegada del fin del curso, sobre todo los que teníamos problemas con una materia, como yo con el francés. Cierto es que gracias a Chris mi francés mejoró mucho pero de todos modos estaba seguro de que la profesora querría lanzarse al Sena en cuanto leyera mi ensayo final. Que alguien me explique por qué quise tomar francés como idioma opcional teniendo tantas otras alternativas, seguro estoy de que me hubiese ido mejor hasta con el italiano, además de que así le hubiese podido pedir ayuda a Giovanna. ¿Por qué soy tan imbécil, caramba?
Aparte de todo, tendría que combinar los exámenes con las finales del torneo de fútbol en donde la Wittelsbach planeaba llevarse el campeonato; ahora que he vuelto a formar parte del equipo titular debo hallar la manera de entrenar y estudiar sin volverme loco en el intento. ¡Aaargh, que voy a tirarme por la ventana! De todos modos no sé por qué me estreso, con excepción de los muchos tres y cuatros que tenía en francés, en las demás materias sólo llevaba unos, mi promedio no sería tan malo al final de cuentas. Sin embargo, no fue el fin del ciclo escolar ni las finales del torneo de fútbol lo que acabó con mi poca cordura en junio sino el hecho de éste fue el mes en el que estuve a punto de quedarme sin mejor amigo, sin un primo político y sin la niña de mis sueños, todo porque a Edward Cruyffort se le fue de las manos su asunto de "yo odio a Mijael Schneider".
Pero antes de pasar a ese escabroso tema he de mencionar dos detalles relacionados a mi cumpleaños que valen la pena de ser mencionados. El primero es que, entre los regalos de cumpleaños que no abrí la noche previa, había uno envuelto en color rojo brillante que captó mi atención desde el primer momento; sin embargo, no quise abrirlo por temor a que fuese algo verdaderamente bueno que me hiciera perder el control así que decidí reservarlo para cuando estuviera solo, pero la emoción de que mi padre hubiese aceptado que puedo elegir otro camino que no sea el que él quiere me hizo olvidar ese obsequio. Sé que estoy loco por decirlo pero dicho regalo emanaba un dulce aroma a rosas, un aroma que conocía muy bien y de inmediato supe quién me lo había dejado.
- Ya déjate de tonterías, Daisuke Wakabayashi.- musité, quitando la envoltura para encontrar una cajita de color negro.- Ni que le hubiese echado de su perfume a esto antes de envolverlo.
Dentro de la caja encontré un dragón de oro que colgaba de una correa de cuero; casi grito como niña cuando lo vi. ¡Siempre me han encantado los dragones! Pero lo que verdaderamente me emocionó fue ver una tarjetita de regalo prendida al dragón, en donde Giovanna Ferrari había escrito una dedicatoria con su pulcra caligrafía.
Daisuke:
Quisiera regalarte la salud de Aremy, que es lo que más deseas ahora, pero desgraciadamente no puedo hacerlo así que te doy este pequeño colgante con mucho cariño y mis mejores deseos, para que al verlo te acuerdes de que no estás solo. Siempre recuerda que a tu alrededor hay muchas personas que te quieren y que estarán contigo incondicionalmente. Buon compleanno!
P.D: Sé que tu apodo es "Dragón Occidental" porque te encantan los dragones así que no me resistí a la tentación de obsequiarte uno que puedas traer contigo todos los días, espero que sea de tu agrado.
¡Quise gritar de la emoción! Otra vez se abrió el cielo y bajaron los ángeles cantando para llevarme en brazos hasta las nubes. ¿De verdad la niña de mis sueños me había escrito algo tan hermoso? ¿Me vería muy ridículo si mandaba enmarcar esa tarjeta y la ponía sobre mi cabecera? Muy seguramente que sí, caramba, ni que fuese una adolescente enamorada de uno de los integrantes de esa banda inglesa, One Direction o algo así, soy un hombre hecho y derecho que debe comportarse a la altura. No puede ser, ¡ya empiezo a hablar como mi padre! La emoción me estaba haciendo pensar estupideces, no cabía duda. En fin, que de todos modos no me iba a deshacer de la tarjeta aunque no la mandara enmarcar, así que la guardé cuidadosamente en la copia de uno de mis libros favoritos, Battle Royale (que es mucho mejor que la imitación que le gusta tanto a Aremy, Los Juegos del Hambre), ahí la tendría siempre a la mano aunque fuese para recordar que Giovanna Ferrari se preocupa por mí. ¡Tremendo regalo de cumpleaños!
Pero el asunto con Giovanna y mi cumpleaños no acabó ahí; cuando bajé a desayunar me encontré a mi tía Elieth, a quien le agradecí por los dangos de té verde que preparó para mi fiesta no deseada de cumpleaños. Ella me sonrió dulcemente y me dijo que no había nada qué agradecerle porque los hizo con mucho gusto.
- Aunque también deberías de darle las gracias a Gio, ella me ayudó.- señaló la mamá de Mijael, como quien no quiere la cosa.
- ¿Qué?.- exclamé, sorprendido.- ¿Giovanna te ayudó?
- Sí, y mucho.- asintió mi tía.- Cuando le dije lo que planeaba hacer, me comentó que quería aprender a prepararlos y me insistió mucho en que la dejara ayudarme. Creo que quería hacer algo especial para ti pero por alguna razón me pidió que no te lo contara.
- Y aun así lo hiciste.- repliqué.
- Claro, porque un detalle así no debe pasar desapercibido.- Elieth Shanks-Schneider se encogió de hombros.- Sobre todo porque Giovanna los hizo con mucho cariño, estoy segura.
- Pues gracias por decírmelo.- sentí que la sonrisa se me iba a salir de la cara.- Aunque no entiendo por qué hace este tipo de cosas a mis espaldas.
- Las mujeres somos complicadas, Daisuke.- mi tía me sonrió con paciencia.- A veces simplemente queremos hacer feliz a alguien sin que éste lo sepa, sobre todo cuando nos da vergüenza admitir nuestros sentimientos.
¿Qué? ¿Qué quería decir mi tía con eso? ¿Por qué a Giovanna le daría vergüenza admitir sus sentimientos de amistad por mí? Eso no tenía ninguna lógica, al menos no para mí. Bueno, que tenía que estar de acuerdo con eso de que las mujeres son complicadas y ni ellas mismas se entienden. De cualquier modo, el que Gio hubiese preparado los dangos de té verde junto con mi tía también me emocionó, no todos los hombres tienen la suerte de comer algo preparado por la chica que a cada rato los friendzonea. Supuse que en algún momento tendría que agradecerle a la niña de mis sueños tanto su regalo como el detalle de los dangos, me dije que si Gio no quería que yo me enterara de que ella participó en la elaboración de estos últimos, quizás no debió habérselo pedido tan expresamente a mi tía Elieth, sabiendo que ésta haría precisamente todo lo contrario.
- Por cierto, hoy en la noche es la fiesta de cumpleaños de Vania.- añadió mi tía.- Esperamos que te sientas con humor para acompañarnos un rato.
- Ahí estaré.- se me había olvidado que Vania Schneider cumple años un día después que yo y que, como niños ricos y mimados que somos, nos hacen dos fiestas por separado.- Si ella estuvo en la mía, lo mínimo que puedo hacer es acudir a la suya.
- Te estaremos esperando, Dai.- respondió mi tía Eli, risueña.
Lo único malo era que yo había olvidado comprarle un regalo a Vania, tendría que pensar después en cómo salir de este problema.
La segunda cosa relacionada a mi cumpleaños que es necesaria mencionar es el hecho de que Tsubasa Ozora decidió llamarme por teléfono para felicitarme por mi cumpleaños. Me figuro que esto debe ser un "gran regalo de cumpleaños" para alguien que lo admire pero para mí no lo es. ¿Por qué? Porque si bien es cierto que el gran Genzo Wakabayashi me habló de las hazañas del prodigioso Tsubasa Ozora, también es cierto que a éste lo conocía demasiado bien y, en honor a la verdad, el hombre no tenía una personalidad muy impactante. Es decir, seguramente que cuando estaba en activo fue un gran futbolista y todo mundo quería ser su amigo (aunque hubo personas que desmintieron esta afirmación), pero ahora que era padre y entrenador, Tsubasa no parecía ser ni remotamente el carismático jugador que mi padre asegura que alguna vez fue. El caso es que la llamada de Tsubasa Ozora no me causó mucha emoción porque, además de todo, también presentía que no la hizo por mi cumpleaños, él rara vez se acordaba de esa fecha y cuando me felicitaba solía hacerlo hasta con semanas de retraso.
- Konnichiwa, Daisuke, espero no haberte despertado.- me saludó el señor Tsubasa, en japonés.- Demasiado tarde me doy cuenta de que quizás hablé en una hora indebida, no sé cuánta diferencia horaria hay entre Múnich y Tokio, aquí son las dos de la tarde.
- No hay problema, señor Ozora, aquí son las siete de la mañana y ya estaba despierto para ir a la escuela.- respondí en el mismo idioma, aunque con cierta dificultad ya que mi japonés no es tan fluido.- ¿En qué lo puedo ayudar?
- Oh, antes de eso, ¿prefieres que hablemos en español?.- por vivir durante muchos años en Barcelona, el Prodigio del Sóccer Japonés conocía ese idioma.- No sé qué tanto japonés hables por allá con Wakabayashi, quizás no me entiendas.
- Preferiría el español si no es molestia.- pedí, sin pensarlo demasiado.
Mi japonés no era tan malo como para no entender las frases básicas del señor Tsubasa (no era como si fuese a dar un discurso ante el Comité del Premio Nobel, vamos), pero la cuestión estaba en que el japonés es un idioma que sí conoce el gran Genzo Wakabayashi, a diferencia del español, y definitivamente yo no quería que mi padre me escuchara hablar con Tsubasa Ozora y entendiera lo que estaba por decirme.
- Bien.- el hombre cambió al idioma elegido, aunque su pronunciación era muy extraña.- Quise llamarte para desearte un feliz cumpleaños, Hayate me recordó que fue ayer.
- Se lo agradezco, señor Ozora.- si no fuese por Hayate, el señor Tsubasa no se acordaría ni de cuándo cumple años su mujer.- No se hubiera molestado en llamarme para eso.
- No es molestia, Daisuke.- respondió el Prodigio del Sóccer Japonés.- Además, hay otra cosa de la que quiero hablarte también.
- ¿Ah, sí?.- ya se me hacía que mi cumpleaños no era importante, no fue más que un simple pretexto para que el señor Ozora me hiciera esa llamada. Bien me decían que al Prodigio del Sóccer Japonés no le gusta perder el tiempo.- ¿De qué se trata, señor Ozora?
- De tu convocatoria a la Selección Juvenil de Japón.- respondió Tsubasa Ozora.- Recibí el email en donde la rechazaste pero me gustaría preguntarte si has meditado el asunto con más calma. Sé que éste no es para ti el mejor momento debido a la situación que atraviesa tu hermana pero para septiembre se jugará el Campeonato Sub-16 de la Confederación Asiática de Fútbol y me gustaría contar con tu apoyo para defender la portería. Para entonces me figuro que la salud de Aremy habrá mejorado y entonces estarás en mayor disposición de jugar.
Estuve a dos centésimas de segundo de colgar el teléfono. ¿Era una broma? ¿Qué le pasaba a este tipo? ¿Qué lo único que tenía en el cerebro era fútbol o cómo demonios podía ser tan insensible? Me contuve para no responderle al señor Ozora de una forma grosera, no quería que el gran Genzo Wakabayashi viniese a reclamarme después; además, siendo honestos, al señor Tsubasa Ozora le importaba un pepino el estado de salud de mi hermana, lo único que le interesaba era que su nueva Generación Dorada ganara torneos internacionales. No podía culparlo por esto, si ni siquiera estuvo presente en el nacimiento de sus gemelos por andar jugando un partido, mucho menos le van a importar los hijos de otra persona, por muy amiga que ésta sea.
- Eh, creo que no hay mucho qué meditar al respecto, señor Ozora.- contesté, la mar de educado.- Discúlpeme pero mi decisión no fue tomada a la ligera en un momento de debilidad, en este año no tendré cabeza para torneos internacionales y no voy a aceptar ninguna convocatoria para jugar con un seleccionado nacional. Además, creo que estoy muy joven y fuera de forma para hacerlo, no he entrado aún a una Academia de Fútbol y seguro que estoy en desventaja con respecto a otros porteros que sí han estado entrenándose bien desde hace tiempo.
- No estoy de acuerdo con esto último.- me contradijo el Prodigio del Sóccer Japonés.- Eres el hijo de Wakabayashi y él ha estado adiestrándote personalmente, estas dos enormes ventajas te ponen por encima de cualquier otro guardameta.
- Me da demasiado crédito, señor.- me pregunté qué diría el señor Ozora si le mintiera y le contara que dejaría el fútbol para convertirme en músico.- Pero aunque fuese verdad, aunque estuviese en mejores condiciones de las que creo, no quiero dejar Alemania en lo que resta del año. Mi hermana menor estará en tratamiento durante muchos meses y quiero estar a su lado todo el tiempo que pueda. Para usted puede parecerle que no es mucho pero, para mí, irme al otro lado del planeta durante un mes entero será una eternidad. Le ruego que me disculpe pero tendré que repetirle mi negativa, no quiero jugar para Japón y no voy a cambiar de parecer por ahora.
"Ni tampoco después", pensé.
- De acuerdo, Daisuke.- Tsubasa Ozora soltó un prolongado suspiro.- Tenía la esperanza de convencerte, de verdad que daba por hecho que contaría contigo para el Campeonato Sub-16 de la AFC pero no puedo obligarte a jugar si no lo deseas. Además, al fútbol hay que jugarlo con alegría y sentirlo en el alma, si estás preocupado por tu hermana no vas a poder hacer ninguna de las dos cosas. De cualquier forma, te convocaré nuevamente para el Mundial Sub-17, espero que para entonces estés más dispuesto a proteger la portería de Japón.
No, realmente no lo estaría pero esto es algo que no voy a decirle al Prodigio del Sóccer Japonés, que si voy a jugar un Mundial Sub-17, no lo haré con Japón. Ey, que hasta México ha ganado dos veces este torneo, en los años 2005 y 2011, bien podría irme con esta selección y tendría más posibilidades de vencer que jugando con Japón, que hasta el momento no lo ha ganado ni una sola vez.
- Ya veremos qué sucede después, señor Ozora.- le respondí.- Gracias por sus felicitaciones y por respetar mi decisión.
Cuando colgué la llamada, me quedé pensando en los planes a futuro que el Prodigio del Sóccer Japonés tenía para Japón. Como él mismo ya lo había dado a entender, sin duda que pretendía que la Sub-16 japonesa ganara el Campeonato de la AFC para ganar su pase al Mundial Sub-17, sabiendo de antemano que los cuatro mejores equipos del torneo asiático son los que se clasifican. Japón había ganado la última edición del Campeonato Sub-16 de la AFC con los gemelos Hayate y Daibu Ozora como líderes goleadores pero, aunque ellos hicieron un buen papel en el Mundial Sub-17, fueron derrotados en la final por Nigeria, a la que curiosamente vencieron en la final del Sub-16 asiático. Tsubasa Ozhora, quien no fue elegido entrenador de esa Sub-17 por algún extraño conflicto de intereses, había tomado las riendas de la siguiente generación Sub-16 con la esperanza de "reparar" la derrota que sufrieron sus gemelos, los cuales ahora tenían la vista puesta en el Mundial Sub-19.
Vaya, que al parecer el gran Genzo Wakabayashi no era el único que creía que era su deber reparar los errores de su apellido, con la diferencia de que él quería usar a su hijo para corregir los suyos mientras que Tsubasa Ozora quería usarse a sí mismo para arreglar los de sus hijos. En mi personal punto de vista, el problema es que Hayate y Daibu son buenos, sí, pero no excelentes, no como decían que era su padre y además está el lío de que ellos son dos mientras que el señor Ozora sólo era uno. Me da la impresión de que Hayate y Daibu constantemente discuten por ver quién es el líder del equipo, dado que ambos tienen prácticamente el mismo derecho a serlo. Según sabía, para evitar estos problemas el entrenador del seleccionado japonés de los gemelos Ozora puso como capitán a Yuu Misugi, el hijo mayor de Jun Misugi, otra de las estrellas de la Generación Dorada original, pero esto no evitó que Hayate y Daibu tuviesen problemas a la hora de jugar y bueno, el resultado de esta mala compenetración se vio en la final del Mundial Sub-17 contra Nigeria.
Mientras me dirigía a la escuela, me pregunté si debía contarle a mi padre que el señor Tsubasa Ozora me había llamado por teléfono. Casi nunca le avisaba al gran Genzo Wakabayashi cuando el Prodigio del Sóccer Japonés me felicitaba por mi cumpleaños o por cualquier otra eventualidad, no tendría por qué ser diferente en esta ocasión excepto por el hecho de que el señor Ozora me había vuelto a convocar. Bah, que de todos modos ya me había peleado con mi padre una vez por negarme a jugar con Japón, ¿qué más daba hacerlo en otra ocasión? Eso no me iba a hacer cambiar de parecer. Sin embargo, al que sí le comuniqué de inmediato sobre mi conversación con Tsubasa Ozora fue a Mijael, a quien le molestó el hecho de que el Prodigio del Sóccer Japonés fuese tan insistente con el tema de la convocatoria.
- Debiste decirle que no quieres jugar para Japón, ni este año ni los que siguen.- me dijo mi mejor amigo.- ¿Por qué no le aclaraste de una vez que estás planeando cambiarte de nacionalidad? Así dejará de fastidiar en momentos inoportunos.
- Principalmente porque no se lo he dicho a mi padre aún y éste es el primero que debe saberlo.- repliqué.- Imagínate el pandemónium que se va a armar cuando el gran Genzo Wakabayashi lo sepa, no quiero ni pensar en cómo se pondría éste si llegara a enterarse a través de Tsubasa Ozora y no de mí.
- Touché.- Mijael hizo una mueca.- En eso tienes toda la razón, Chucky, pero no sé, me desespera que ese señor Ozora no entienda que no quieres jugar por causa de tu hermana enferma. ¿Cómo va a pensar que para septiembre la Pecas ya va a estar cien por ciento sana y que tú vas a querer dejarla? ¿En verdad no puede comprender algo tan básico como el hecho de que la familia es más importante que cualquier otra cosa?
- Honestamente, no creo que para él haya algo más importante que el fútbol.- suspiré.- O es lo que Hayate me ha dado a entender las pocas veces que he hablado con él de su padre. No me lo tomo a mal, las prioridades del señor Ozora son otras y está bien por él, al menos respetó que ésas no sean las mías. No me sorprende que mi padre sea igual, queriendo poner el fútbol por encima de otras cosas, después de todo son compañeros de generación.
- Pero al menos mi padrino ha ido entendiendo que la vida no gira alrededor del fútbol.- reconvino Mijael.- Aunque haya sido a base de quejas por parte de su hijo rebelde.
- No te creas, estoy seguro de que la enfermedad de Are también le está haciendo ver a mi padre que hay cosas en la vida que son más valiosas que ganar un campeonato.- dije, en voz baja.- Creo que es esto lo que lo ha hecho cambiar más que mis desplantes, camarada.
- Sí, puede que tengas razón.- aceptó Mijael, con cierta tristeza.
Cuando llegamos a la Wittelsbach, Mijael le dio la mano a Jazmín para entrar juntos al edificio principal. Según me dijo él, ellos se abstuvieron de demostrar su cariño en público mientras no me contaran lo de su relación y ahora que ya lo habían hecho, no había más impedimentos para que comenzaran a actuar como enamorados. Yo pensé que estaban haciendo más escándalo del necesario porque a nadie le iba a importar que Mijael Schneider y Jazmín Wakabayashi fuesen novios, habiendo ya tantas parejas en la escuela pues qué más daba otra. Me equivoqué, se me olvida que la Wittelsbach está llena de niños snobs que sólo quieren seguir las tendencias y dado que Mijael Schneider es el muchacho más popular de la escuela y que los Wakabayashi somos el foco de atención por tener una hermana enferma, el ver a Mijael y a Jazmín tomados de la mano fue una gran novedad para la mayoría de los que los vieron pasar.
- ¡Ay, por favor!.- bufé, mientras caminaba detrás de los dos mencionados.- Ni que fuese la gran cosa, no se van a casar ni algo por el estilo.
- Te aseguro que para Mijael sí ha sido la gran cosa.- se mofó Claude, a mi lado.
- No me refiero a eso y lo sabes.- comencé a ignorar a los que me hacían señales.- ¿Qué de novedoso tiene que dos chicos que se gustaban desde hace tiempo se hayan hecho novios al fin?
- Que ella tenía otro novio hasta hace poco.- señaló Chris, de inmediato.- Y que Mijael tiene fama de ser difícil de enamorar.
- Sí, es muy difícil enamorar a alguien cuyo corazón ya le pertenece a otra persona.- replicó Claude.
Iba yo a contestar como correspondía a un evento de semejante estupidez cuando vi a Kentin Hyuga junto a su casillero. La expresión de su rostro me dejó tan perplejo que me detuve por unos segundos para mirarlo bien y asegurarme de que era él. Sí, era Kentin Hyuga y sí, su expresión era de auténtico dolor; su rostro se veía tan angustiado que me di cuenta de una verdad asombrosa e impactante por lo inesperada: él sí estaba enamorado de Jazmín y le dolió confirmar que, en el fondo, ella siempre amó a Mijael. Eso, o tenía un gas atorado en el intestino, también podría ser.
- Muévete o llegarás tarde, Wakabayashi.- me regañó Marko, quien acababa de despedirse de Katie de una manera muy melosa.
- Ya voy, Hernández, no fastidies.- repliqué, tras sonreír.- Y deja de comer pan delante de los pobres, ya sabemos que traes a Katie vuelta loca, deja de presumir con los que seguimos viviendo en la friendzone.
Mi comentario hizo que Claude y Chris molestaran a Marko con burlas por su relación con Katie, aunque Claude le lanzó una mirada a Anne Levin antes de enfocarse en molestar a nuestro amigo. Yo busqué a Kentin con la mirada pero él ya había desaparecido, quizás molesto por lo que acababa de ver. Pensé que Hyuga se le dejaría ir a Jazmín para reclamarle acerca de su relación con Mijael pero no fue así y yo no podía dejar de sorprenderme ante este hecho. ¿Qué carajos le pasaba a ese tipo, en cualquier caso? Qué más daba, no era mi problema ni tampoco el de mi hermana mayor.
Como dije al principio del capítulo, junio fue el mes en donde estuve a punto de quedarme sin tres personas importantes para mí por causa de una estupidez. Haré una reconstrucción de los hechos en base a los testimonios de los directamente involucrados y en lo que yo mismo viví. Seguro que a ninguno de nosotros se nos va a olvidar ese 1 de junio, ni siquiera a Vania quien tuvo que retrasar su fiesta de cumpleaños debido a este evento catastrófico.
Ese 1 de junio transcurrió como cualquier día normal de escuela, con las últimas clases y prácticas del semestre escolar. La clase de Mijael, Jazmín y Edward tendría laboratorio de química alrededor del mediodía y parecía que todo transcurriría sin mayores tropiezos ya que Mijael y Edward ya podían pasar más tiempo sin discutir. Sin embargo, casi al finalizar la práctica, esos dos se volvieron a pelear por algún detalle sin importancia, algo que no pasaría a mayores si la discusión la tuviesen dos personas sin rencillas personales, pero que en dos muchachos con líos sin resolver terminó siendo una bronca mayor. Mijael se hartó de la altanería de Edward y le reclamó el que lo odiara sin razón, a lo que Edward respondió que sí tenía muchos motivos para detestarlo. Mijael quiso saber cuál era el problema real pero Edward le daba largas al asunto y le pedía que lo dejara en paz; como Mijael no le hizo caso, Edward aprovechó una distracción de la profesora Quilty y agarró el encendedor de bolsillo que usaban para prender los mecheros, con la finalidad de quemar los nuevos apuntes de Mijael. El ángel guardián de mi mejor amigo fue el que debió recordarle que la válvula de gas del mechero de su mesa no cerraba bien y se lanzó a empujar a Edward, una décima de segundo antes de que la llama del encendedor creara una bola de fuego con el gas que escapaba de la válvula defectuosa. En cuestión de segundos el fuego se propagó gracias a los innumerables objetos y sustancias inflamables que había en el laboratorio, creando un incendio que pronto se salió de control.
- ¡Salgan cuanto antes!.- gritó la profesora Quilty a los demás alumnos, quienes se apresuraron en abandonar el laboratorio.
En teoría, la sala tenía sistema anti incendios pero la mayoría de las personas suelen olvidar que no todos los fuegos son iguales y que hay algunos que no pueden ser apagados con agua. La profesora intentó usar el extintor de espuma química para apagar el incendio pero éste ya era demasiado grande y no podía ser contenido así.
- ¡Hay que llamar a los bomberos!.- gritó la mujer cuando se acabó el contenido del extintor.
Para su fortuna, mi presta e inteligente hermana mayor ya había pensado en ese asunto y sacó su celular del bolsillo de su bata para realizar una rápida llamada al servicio de emergencias, al darse cuenta de que la cosa era muy grave. Una vez que se aseguró de que los bomberos ya estaban en camino, Jazmín le dejó un mensaje de voz a nuestro padre, narrándole rápidamente lo que estaba sucediendo. Danielle, a su vez, corrió a dar la voz de alarma a las aulas que se encontraban cerca, mientras Osvaldo ayudaba a salir del laboratorio a los estudiantes más desorientados.
- Jaz, tenemos que irnos de aquí.- le dijo Osvaldo cuando ya sólo quedaban Danielle, ella y él.
- ¡Mijael y Edward no han salido aún!.- negó Jazmín, desesperada.- ¡No me voy a mover de aquí hasta que no lo hagan!
Pero iba a tener que marcharse sin ellos, lo quisiera o no, porque Mijael y Edward no saldrían por su cuenta. Del otro lado del incendio, los dos mencionados muchachos se habían quedado atrapados. Tras haber escapado del flamazo inicial por muy poco, Mijael arrastró a Edward hasta el único lugar disponible para resguardarse, una pequeña bodega de material de vidrio que tenía una ventanita por la cual se colaba el aire. Una vez que dejó a Edward lo más alejado que pudo del fuego, Mijael se apretujó contra él en la pequeña bodega, tratando de protegerlo del humo y del calor.
- Cúbrete la boca y la nariz con la bata.- señaló Edward.- Aunque tengamos una pequeña corriente de aire, nos podemos asfixiar con el humo si no nos protegemos.
Mijael intentó encontrar un paso entre las llamas que les permitiera salir a salvo pero no pudo hacerlo, el fuego les había cerrado la salida por completo y ahora literalmente se encontraban entre la espada y la pared. Para su desgracia, ellos habían estado trabajando en una de las mesas más alejadas de la entrada y por lo mismo no alcanzaron a escapar a tiempo.
- Lo siento.- musitó Edward, al ver lo que había ocasionado por dejarse llevar por sus impulsos idiotas.- De verdad que lo siento mucho, yo no quería hacerle daño a nadie, en serio que no quería lastimarte.
- No es momento para lamentarse.- replicó Mijael, tratando de mantener la calma.- Cuando salgamos de ésta ya te romperé la cara.
Edward lo miró varios segundos tratando de encontrar una respuesta, sin conseguirlo; él, al igual que Mijael, se había quemado las manos y el humo le escocía en los ojos y en la garganta, faltaba ver qué otras lesiones tendrían ambos antes de que consiguieran salir de ahí. Si es que lo hacían.
Afuera del laboratorio el asunto comenzaba a estabilizarse; la brigada de emergencias con la que contaba la escuela actuó de manera eficaz, tal y como lo habían hecho en los simulacros que se tuvieron a lo largo del año escolar, evacuando a los alumnos en un tiempo récord. Los de la brigada se encargaron también de dejar el paso libre a los bomberos, retirando cualquier objeto que puede ser un obstáculo al momento de sofocar el incendio. El director Zimmerman y el subdirector Wolf estaban al pie del cañón junto con la angustiada profesora Quilty, quien no sabía qué hacer ante el hecho de que estaban desaparecidos dos de sus alumnos.
- Ojalá que los bomberos puedan rescatarlos a tiempo.- señaló el director Zimmerman, o eso fue lo que se rumoró por los pasillos días después.- Porque de lo contrario, la Wittelsbach quedará en la ruina por las demandas millonarias que nos dejarán caer los padres de Cruyffort y de Schneider.
Yo, que me encontraba bastante alejado de la situación, no supe qué estaba pasando hasta que estuve en la zona de evacuación; con la mirada busqué a mis hermanos y a los amigos que se encontraban en otros grupos, preocupándome cuando me di cuenta de que faltaban Edward, Mijael, Jazmín, Osvaldo y Danielle. De entre el grupo formado por los estudiantes de niveles inferiores vi venir a Benji, quien traía el rostro descompuesto por el miedo.
- Dicen que el accidente se originó en el laboratorio de química, en donde estaba el grupo de Jaz.- me avisó el incorruptible Ichimei.- No la encuentro ni a ella ni a los demás de su grupo.
- Yo tampoco.- musité, desesperado.
Al poco rato vimos aparecer a Jazmín, traída casi a la fuerza por Danielle y Osvaldo. Los tres tenían la cara sucia de humo y sus lágrimas habían abierto surcos claros a través de la negrura de la mugre. Tanto Benji como yo nos lanzamos contra ellos, agradecidos de verlos con vida, pero no tardamos en enterarnos de que la cosa estaba lejos de acabar.
- Mijael y Edward quedaron atrapados en el incendio.- Jazmín lloraba a lágrima viva.
- No sabemos si están vivos o no.- musitó Osvaldo en voz baja.
- Por supuesto que están vivos, no seas idiota.- Danielle le dio un codazo.- Los bomberos están haciendo hasta lo imposible por sacarlos.
Sentí que el estómago se me volvía de piedra. ¿En verdad estaba ocurriendo todo eso? A lo lejos se veía el humo y me preguntaba si no sería una broma más de Mijael, si ese humo no lo habría hecho a propósito para crear caos. Me hubiese gustado quedarme junto a mis hermanos y mis primos pero pronto la disciplina alemana se hizo presente y nos ordenaron formarnos por grupos, para que los profesores y prefectos pudieran darse cuenta si faltaba alguien o no. Cuando se reunieron los grupos que conformaban mi nivel académico, se supo que faltaba otra persona, Giovanna.
- ¿En dónde está Giovanna Ferrari?.- preguntó su angustiada profesora.- ¿Alguien la vio?
- Venía detrás de mí cuando salimos de los baños.- respondió una de sus compañeras.- Al principio pensamos que esto era otro simulacro y decidimos ir al sanitario; cuando salimos nos dimos cuenta de que la cosa iba en serio y nos echamos a correr, pensé que venía detrás de mí.
- ¿En qué baños estaban?.- pregunté.
- En los que están más cerca de la cafetería.- respondió la chica.
Los baños más cercanos a la cafetería son también los más cercanos al laboratorio en donde ocurrió la explosión. Maldita sea, justo a ésos tenía que pasar Giovanna. Confieso que no sé qué carajos me pasó por la cabeza pero, ante la posibilidad de que Gio se hubiese quedado atrapada, eché a correr en dirección a los mencionados sanitarios, sin detenerme a pensarlo ni un poquito. Detrás de mí escuché que los profesores, prefectos y alumnos gritaron mi nombre pero no les presté atención, acababa de cometer una de las estupideces más grandes que he hecho en mi vida y no tenía oídos para nada más que no fuese la voz de Giovanna pidiendo auxilio. Bien, era momento de averiguar si el entrenamiento que me dio mi padre para ser un portero veloz había tenido éxito.
- Soy el muchacho de catorce años más estúpido del mundo.- murmuré cuando me di cuenta de lo que había hecho.
Pero era demasiado tarde para arrepentirse así que me dirigí a los sanitarios en donde Giovanna fue vista por última vez. Mientras me acercaba comencé a gritar su nombre y eché un vistazo a los rincones por si acaso se había escondido ahí. Comenzaba a sentirme verdaderamente asustado cuando la vi apoyada contra uno de los muros del edificio.
- ¡Gio!.- me acerqué a ella y la abracé con fuerza.- ¿Estás bien?
- ¿Qué estás haciendo aquí?.- Giovanna se sorprendió muchísimo.
- No vine de paseo, precisamente.- la solté para mirarla en busca de alguna lesión.- ¿Qué te pasó?
- Alguien me empujó mientras me dirigía a la salida, me caí y me lastimé el tobillo.- respondió ella, haciendo una mueca de dolor.- He intentado caminar pero me duele muchísimo y pensé que sería mejor esperar aquí a que alguien venga en vez de arriesgarme a toparme con un muro de fuego o de humo del cual no pueda escapar.
- Chica inteligente.- me volteé y le hice señas.- Súbete a mi espalda, te cargaré.
- ¿Estás seguro?.- Giovanna titubeó.- ¿Podrás conmigo?
- Por supuesto que sí.- la apuré.- Súbete ya, nos tenemos que ir ahora.
Ella no esperó a que se lo repitiera y se trepó a mi espalda; yo sujeté bien sus piernas y eché a andar hacia la zona de evacuación lo más rápido que pude. Gracias, papá, por insistir en que hiciera ejercicios de fortalecimiento de músculos, eso impidió que me cansara antes de tiempo. Por supuesto, mi cuerpo comenzó a resentir el peso extra cuando todavía faltaba mucho para llegar a la salida y mis piernas empezaron a flaquear; sin embargo, no estaba dispuesto a darme por vencido y me obligué a seguir adelante, si ya había cometido la imprudencia de ir yo solo a buscar a Giovanna, ahora tenía que llegar hasta el final sí o sí.
- Bájame, Daisuke, trataré de caminar.- Giovanna debió de darse cuenta de que comenzaba a cansarme.
- De ninguna manera.- me negué.- No voy a dejar que te lastimes más ese tobillo.
Aunque yo de verdad que estaba a punto de dejarme caer de rodillas, ya no podía más. De repente, al dar la vuelta en el último recodo del camino que nos conducía al área de evacuación, apareció de la nada el Káiser de Alemania, quien vino corriendo hacia mí para quitarme a Giovanna de la espalda, cargándola después entre sus brazos con mucha facilidad.
- Gracias, Daisuke, yo me hago cargo ahora.- me dijo Karl Heinz Schneider, cuyo rostro demostraba la enorme inquietud que sentía en esos momentos.- ¿En dónde está Mijael?
- Jaz me dijo que Edward y él se quedaron en el laboratorio.- me hubiese gustado darle a mi tío mejores noticias.- No los hemos visto salir.
En ese momento vi venir a mi padre, con una cara de miedo que jamás le había visto. Es la cara que él pondría si Aremy muriese a causa de la leucemia, estoy seguro. Antes de que pudiera abrir la boca, el gran Genzo Wakabayashi llegó y me abrazó con mucha fuerza, tanta que incrementó el dolor que ya sentía en la espalda.
- Papá, ¿podrías soltarme un poco?.- pedí, sin aliento.- Por algo dice mamá que das abrazos de oso, estás apretándome demasiado.
- Lo siento.- el gran Genzo Wakabayashi aflojó la presión pero no me soltó.- ¿Estás bien, hijo?
- Sí, papá.- no podía estar más desconcertado.- ¿Qué están haciendo aquí?
- Jazmín me avisó.- mi padre se separó para mirarme detenidamente, tal y como yo había hecho con Giovanna antes.- ¿Estás herido?
- No, que yo sepa.- negué.- Estoy bien.
- Lo que hiciste fue algo muy estúpido, Daisuke.- me reconvino él, serio.- Pero también muy valiente.
- No sé bien cómo tomarme eso.- contesté, ofuscado.
El gran Genzo Wakabayashi no dijo nada durante algunos minutos y yo acabé de darme cuenta de que lo que veía en sus ojos era, simplemente, amor de padre. El alivio de saber que no perdió a una de las personas que fueron engendradas por él, un sentimiento que no esperé que el gran Genzo Wakabayashi tuviera. Vaya que mi padre continuaba sorprendiéndome a pesar de todo. En esos momentos, en donde la angustia de no saber qué había sucedido con Mijael y Edward me invadía, aunada a la descarga de adrenalina que traía por haberme metido a la escuela a buscar a Giovanna, dejé que mi padre me abrazara y me hiciera sentir que todo estaría bien, aunque no fuese cierto.
- Espero que Mijael y Edward se salven.- musité, recargado contra el hombro de mi papá.
- Lo harán.- el gran Genzo Wakabayashi no me defraudó esta vez.- Nunca pierdas la esperanza.
- Voy a buscarlos.- el señor Schneider se acercó a nosotros.- Wakabayashi, llévate a Giovanna, por favor.
- No es conveniente que vayas solo.- lo reconvino mi padre.- Puede ser peligroso.
- ¡Cómo si eso me importara!.- replicó el Káiser.- Tengo que ir por mi hijo, ¡no voy a dejarlo solo!
Pero por muy buenas intenciones que tuviese el padre de Mijael, no pudo llevarlas a cabo porque en ese momento los bomberos acordonaron la zona y nos obligaron a salir, dejándonos con la impotencia de no poder hacer algo por Mijael y Edward. Cuando llegamos a la zona de evacuación, vi a mi madre correr hacia mí para después darme el abrazo de rigor, aunque ella lo acompañó con muchos besos y caricias que me hicieron sentir mejor.
- Eres un tonto, Daisuke Wakabayashi, igual de impulsivo e idiota que tu padre.- me dijo la doctora Del Valle.- ¿Cómo se te ocurrió meterte a buscar a Giovanna? ¡Debiste dejar que un adulto se hiciera cargo!
- Actué sin pensar, mamá, lo siento.- contesté.- Fue un impulso de idiotez.
- Igualito a tu padre, no hay duda.- ella derramó algunas lágrimas.- ¡Me hubiese gustado que sacaras mi prudencia!
- ¿Quién está con Are?.- quise saber, era inevitable.
- Tu madrina.- respondió mi mamá.- En cuanto supimos lo del incendio nos vinimos todos para acá; Catrina se ofreció a quedarse ya que, según sus palabras, no tiene nada qué hacer aquí.
- Ya veo.- acepté.- ¿Ya salieron Mijael y Edward?
- Aún no.- contestó el gran Genzo Wakabayashi, sombrío.- Dicen que los bomberos están controlando el fuego pero no hay noticias de ellos.
Cuando mi madre me soltó, vi que Jazmín estaba abrazada a mi tía Elieth; ambas lloraban mientras mi tío Karl, muy angustiado, cuidaba de Giovanna, quien estaba siendo atendida por un paramédico. Chris, Claude y Vania abrazaban a Lizzie y a Vladimir, sin duda que todos se preguntaban si sus hermanos saldrían vivos de ésa. Delante de nosotros, cercando un perímetro para evitar que otro idiota se metiera de improviso en la escuela, había un bombero que llevaba un radiocomunicador en la mano; de vez en cuando salían sonidos ininteligibles del aparato que no ayudaban a calmar nuestra ansiedad. Por fin, después de lo que pareció una eternidad, alguien llamó por el radiocomunicador y el bombero se apresuró en responder.
- ¡Rápido, paramédicos y dos camillas!.- gritó el hombre.- ¡Hay gente herida y se requiere atención médica urgente!
Murmullos de expectación corrieron como pólvora entre los que aguardábamos, al tiempo que dos equipos de paramédicos entraban a toda velocidad a las instalaciones de la Wittelsbach. El señor Schneider, con la esperanza reflejada en su cansada cara, se acercó al bombero que había hablado y le preguntó qué había pasado.
- Parece que encontraron a los dos muchachos.- respondió el bombero.- Me han reportado que están vivos pero se desconoce su estado de salud.
- Se trata de mi hijo y de mi sobrino, por supuesto que van a estar bien.- dijo mi tío Karl con tanta seguridad que todos así lo creímos.
Escuché a alguien gritar de emoción aunque no pude identificar quien fue; la mayoría de los presentes estaban felices y aliviados, mi mamá era la única que permanecía seria, quizás porque no quería echar las campanas al vuelo hasta no asegurar que Edward y Mijael no tuviesen lesiones graves. Miré mi reloj para saber cuánto tiempo había pasado, me imaginaba que habrían transcurrido cuando menos dos horas, por lo que me sorprendí mucho al averiguar que tan sólo habían pasado quince minutos desde que comenzó el incendio. ¡Quince minutos! ¿Cómo carajos pudieron pasar tantas cosas en tan sólo quince minutos?
- Ahí vienen.- gritó el entrenador Kaltz a mis espaldas, quien acompañaba a Adler y Mina.
El primero en aparecer fue Edward, semiacostado en una camilla y con una sábana cubriéndole el cuerpo hasta medio pecho; llevaba además las manos vendadas y una mascarilla de oxígeno sobre la nariz y la boca. Mi tío Leonardo, al que no vi pasar con los paramédicos, sostenía en lo alto una botella de suero que vaciaba su contenido en las venas de Edward. Al verlos llegar, Lizzie y Vladimir se soltaron de los Schneider y corrieron hacia la camilla, saltando cada quien de un lado diferente para abrazar a Edward.
- ¡Estás vivo, estás vivo!.- gritaba Vladimir, prendando del brazo derecho de su hermano.- ¡Realmente no tenía ganas de ser el único hijo hombre de la casa!
- Lo siento, Vladi.- Edward rara vez llamaba a su hermano por ese mote.- He sido un idiota.
- Un grandísimo idiota.- soltó Lizzie, colgada del brazo izquierdo de Edward.- ¡No sabes lo preocupados que estábamos, nos sentimos fatal por pensar que podías haber muerto!
- ¿Estabas preocupada por mí?.- Edward parpadeó, sorprendido.
- ¡Por supuesto que lo estaba, pedazo de animal!.- Lizzie lloraba a lágrima viva (¿Por qué todas las frases relacionadas al llanto son tan raras?).- ¿Cómo no voy a preocuparme por el muchacho al que amo?
- ¿Qué acabas de decir?.- preguntó Edward, perplejo. Hasta mi tío Leonardo se sorprendió.- ¿Qué tú me… qué?
- Grandísimo estúpido.- soltó Lizzie, antes de quitarle la mascarilla para besarlo en la boca.
Okey, demasiadas emociones por un día. Ya varios nos sospechábamos que Lizzie y Edward no se querían como hermanos pero, vamos, creo que nadie esperó que se besaran delante de todos. Vladimir miró la escena con una mezcla entre asco, asombro y ansiedad, como si hubiese descubierto que Edward era en realidad Chucky, el muñeco diabólico. Yo no pude evitar reírme, ya no sabía si era por el estrés o por el puro alivio; quizás era una mezcla de ambas cosas. El beso fue abruptamente cortado por un grito que se sobrepuso a todo lo demás.
- ¡Déjenme pasar, es mi hijo!.- mi tía Lara se abrió paso entre la gente y corrió hasta la camilla.- ¡Edward! ¡Mi niño, estás a salvo!
Lizzie se hizo a un lado para dejar que su madre lo abrazara; mi tía tuvo mucho cuidado al apretujar a su hijastro para no lastimar ni su barriga de embarazo ni las manos quemadas de aquél. Edward volvió a asombrarse cuando Lara lo abrazó con fuerza, llorando mientras agradecía que estuviese a salvo.
- Mi pequeño, te vas a poner bien.- mi tía se separó y le acarició el cabello.- Ya estás a salvo.
- Perdóname, mamá.- musitó Edward, antes de cerrar los ojos para dejar que las lágrimas salieran.- He sido un estúpido.
- Ya, no pasa nada.- Lara Del Valle lo acunó con ternura.- Vas a estar muy bien, mi amor, estás vivo y eso es todo lo que importa.
- No quiero ir al hospital.- protestó él.- No quiero estar solo.
- No vas a estar solo.- ella lo besó en la frente.- Nosotros siempre vamos a estar contigo.
Edward dejó libre a través de su llanto el dolor que había estado cargando desde hacía mucho tiempo. Como dije antes, él no era un imbécil, sólo era un muchacho muy triste y confundido quien no quiso darse cuenta de que siempre tuvo a su alrededor a mucha gente que lo amaba. Después de unos minutos de abrazos y moqueos, mi tío Leonardo le hizo ver a su hermana que debían llevarse a Edward al hospital para que fuese debidamente atendido; en ese momento llegó Bryan Cruyffort y se sumó a la caravana emocionada que acompañaría a Edward al nosocomio, llorando tanto como lo hacía su mujer o quizás más, agradeciendo también el no haber perdido a uno de sus hijos. Era curioso, algo en la expresión de mi primo me hizo saber que él había descubierto que, en realidad, siempre había tenido una familia. Bueno, menos mal que sólo hizo falta que casi se matara en un incendio para que pudiera notarlo.
- ¡Mi bebé!.- el grito de mi tía Elieth me devolvió a la realidad.
Mijael apareció por fin, acostado en la otra camilla, también con las manos vendadas y una mascarilla en la cara; sin embargo, a diferencia de Edward, Mijael lucía relajado y feliz, como si acabase de salir con bien de otra de sus locas aventuras. Al vernos, Mijael levantó sus pulgares vendados para confirmarnos que estaba bien, que fue la señal que su familia necesitó para correr a su encuentro. Mi mejor amigo quedó rodeado entonces por sus padres y sus hermanos, que no dejaban de llorar y de abrazarlo mientras él les decía que no tenían por qué estar tristes dado que tanto Edward como él habían salido con vida.
- La verdad es que, si se hubiesen tardado dos minutos más en apagar el incendio, ahora estaríamos organizando dos funerales.- comentó mi tío Leonardo a mis padres.- Uno de los bomberos me lo confirmó.
Mi madre tuvo un escalofrío y el gran Genzo Wakabayashi la abrazó; de verdad que habíamos estado muy cerca de presenciar una catástrofe mayúscula. Jazmín se acercó a nosotros, llorando de alivio, y Benji y yo nos apresuramos a rodearla con nuestros brazos.
- ¿Por qué no vas con él, Jaz?.- le pregunté.- Mijael se ha de morir de las ganas de verte.
- No lo digas así.- me regañó ella aunque se rio.- Iré después, mis padrinos y nuestros amigos tienen más derecho a estar con él en este momento.
- Sé que está mal lo que voy a decir pero casi estoy seguro de que Mijael se negó a morir porque, ahora que eres su novia, no iba a dejar que ninguna eventualidad le quitara esa felicidad.- señaló el incorruptible Ichimei.
- Que no te quede la menor duda.- añadí, riéndome.
Al final también se llevaron a Mijael al hospital, junto con Giovanna para que le revisaran su tobillo. Los bomberos no tardaron en avisar que el incendio estaba extinto aunque el laboratorio quedó en muy malas condiciones. Sin embargo, ¿a quién le importaban los daños materiales cuando no había qué lamentar pérdidas humanas? Vania tuvo que posponer su fiesta de cumpleaños pero a ella no le importó, su mejor regalo y celebración fue seguir teniendo tres hermanos mayores en vez de dos. Yo, por mi parte, me sentía feliz y agradecido de no haber perdido ese día a ninguno de mis seres queridos, así como también estaba emocionado por haber descubierto que mi padre, el gran Genzo Wakabayashi, sí me quería y se preocupaba por mí.
Juro que nunca más voy a volver a decir que la Wittelsbach es aburrida. En verdad que no.
Notas:
- Con respecto a las escuelas en Alemania he de decir que: 1) la calificación más alta es el 1 y la más baja es el 6, siendo el 4 la mínima aprobatoria; 2) no hay torneos deportivos entre las escuelas de niveles básicos pero he alterado esta cuestión por motivos de trama; 3) el ciclo escolar termina a mediados de junio pero igualmente voy a modificar esto por conveniencia; 4) las escuelas no suelen tener uniformes, ni siquiera las privadas, pero la Wittelsbach es tan presuntuosa que sí hace obligatorio el uso del uniforme.
- Battle Royale fue escrito por Koushun Takami.
- No existe el Mundial Sub-19 así como tampoco existe un Mundial Sub-16, los que se juegan son el Sub-17 y el Sub-20, pero dado que Takahashi hizo un Mundial Sub-19 para la saga del Captain Tsubasa World Youth, voy a tomarlo como "oficial".
