Capítulo 29. Mi patética y fallida confesión.

¿Qué es lo que hay que hacer para que el director de una escuela snob suspenda clases durante el resto de la semana? Fácil, incendiar el laboratorio de química y medio rostizar a dos alumnos en el proceso. En la Wittelsbach funcionó, seguro que en otras escuelas también lo hace. ¡Tomen nota! No, es broma, en serio que no les aconsejo que hagan semejante estupidez, por muchas ganas que tengan de adelantar sus vacaciones.

Dejando de lado ese humor negro que muchas personas odian en mí, voy a tratar de ponerme serio por una vez para contar qué sucedió después del incendio. Para empezar, es cierto que el director Zimmerman suspendió las clases por el resto de la semana. Su motivo no era preservar la salud mental de sus estudiantes, como aseguró, sino el hecho de que un alumno ya había reportado que el mechero causante del problema estaba presentando fallas y nadie le hizo caso. Que ese estudiante fuese Mijael Schneider sólo empeoraba la situación debido a que era ampliamente conocido por todo el alumnado que el director Zimmerman no lo tragaba ni con agua, por lo que el no haberle hecho caso cuando advirtió que algo andaba mal ponía a la Wittelsbach en el terreno de una demanda bien gruesa por parte de los padres de Mijael quienes, para colmo de males, eran los Emperadores de Alemania. Y ni hablemos de la Quilty, quien seguramente ya se veía siendo desterrada a Tombuctú pues ella fue la primera en expresar abiertamente su temor a una demanda por no haber querido hacerle caso a Mijael. Creo que el director necesitaba esos días libres para llamar a todos sus abogados y a su médico, o quizás más bien a su enterrador. Esas mini vacaciones nos vendrían bien aunque sólo serían dos días más; el punto negativo era que el que nos dieran un par de días libres significaba que el fin de cursos se atrasaría.

En cuanto se fueron las ambulancias, llevándose a Mijael y a Edward, las cosas volvieron parcialmente a la normalidad; los alumnos se retiraban conforme sus padres llegaban por ellos y pronto los bomberos volvieron a abrir la escuela, aunque sólo el director y algunos maestros quisieron regresar, entre ellos mis profesores de francés y de matemáticas. Me dieron ganas de seguir a la primera y pedirle que se apiadara de mí, que el incendio había afectado mi frágil mente y que necesitaba un año más de estudio para presentar el examen final pero me aguanté las ganas de hacerlo, no sé por qué pero creo que me hubiese mandado por un tubo de haberlo intentado.

- Entrenador Kaltz.- el imbécil de Hoffman se acercó al papá de Adler y Mina, aprovechando que sus padres aún no aparecían.- ¿Se va a cancelar el partido del sábado después de esto?

- ¿Qué?.- el ahora entrenador Kaltz no se acordaba de que teníamos programado un encuentro para dentro de dos días.- Eh, no lo sé, tendré que hablarlo con el otro equipo, después de ver cómo siguen Mijael y Edward, por supuesto.

- ¿Nos enviará un aviso por Whatsapp o cómo lo sabremos?.- insistió Hoffman.- Le recuerdo que no vamos a tener clases sino hasta el lunes.

- Quizás sea mejor suspenderlo, no creo que los otros chicos tengan ganas de jugar fútbol después de lo que pasado.- respondió el señor Kaltz, ignorando parcialmente al muchacho.

- Entrenador, si me permite meterme en donde no me llaman, yo sugeriría que no lo cancelara.- intervino Erick Levin, con su característica cortesía tranquila.- A mí me gustaría jugar para olvidar lo que ha sucedido hoy.

- Estoy de acuerdo con eso, papá.- añadió Adler.- Es cierto que no contaremos con Mijael pero Erick y yo podemos hacernos cargo del ataque, no será ni la primera ni la última vez que lo hagamos.

- Con Mijael no contamos en más de la mitad de los partidos porque le da flojera jugar.- tercié yo.- A mí también me caería bien el quitarme el estrés, además de que así no abultaremos el calendario final.

- Eso también.- señaló Erick.- Con el desfase que ahora tenemos entre las clases y el torneo, no estaremos tan cargados de trabajo.

- Es importante además que las cosas vuelvan a la normalidad lo antes posible, papá.- señaló Mina, con una voz que tenía un alto nivel de manipulación femenina.- Mientras menos alteres el mundo de un adolescente, menos sufrirá.

Pronto se reunió junto a nosotros el 90% del equipo de fútbol de mi categoría, cada uno exponiendo sus motivos para querer jugar el sábado. Debimos de habernos vuelto locos, ¿de verdad estábamos asegurando tan campechanamente que queríamos jugar fútbol para olvidar nuestros problemas? ¿Quiénes éramos, nuestros traumatizados padres?

- Es igualito a ti.- suspiró mi madre, dirigiéndose a mi padre.- Tan obsesionado como tú a esa edad.

- Jugar fútbol es buena opción para olvidar los problemas.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, con una sonrisa maliciosa.- Ya te lo he dicho muchas veces, doctora.

Pretendí que no escuché eso y me enfoqué en el asunto que teníamos entre manos. Yo quería decirle a mi madre que no quería que se suspendiera el partido para que no se me mezclaran tantos pendientes pero me abstuve, de todos modos no me hubiera creído. El señor Kaltz, después de escuchar a los casi veinte quejosos que conformaban el club de fútbol juvenil, accedió a dejar el partido tal y como estaba programado. Los demás aplaudimos, aliviados porque nuestro pequeño mundo seguiría girando como debía hacerlo.

- Si Wakabayashi no está en condiciones de jugar, yo puedo suplirlo.- señaló el bocón de Hoffman.- Seguro que el ir a rescatar a su novia lo dejó agotado.

- Mi hijo estará en perfectas condiciones el próximo sábado, yo me encargo de eso.- antes de que yo pudiera responder, el gran Genzo Wakabayashi se paró detrás de mí y me puso una mano en el hombro.- Espero que no tengas objeción, Kaltz.

- Por supuesto que no, Gen.- el entrenador sonrió con burla.- Y seguro que Hoffman tampoco pues ya estaba determinado que Daisuke estará en el equipo titular debido a que recuperó ese puesto a base de esfuerzo.

Mi padre le lanzó tal mirada de odio contenido a Hoffman que éste balbuceó algo inentendible antes de salir corriendo en dirección contraria. Vaya, que el gran Genzo Wakabayashi no bromeaba cuando dijo que no toleraba a Hoffman. Tengo que admitir que fue algo épico el ver a ese imbécil apabullarse ante la presencia de mi padre, seguro que se le quitaron las ganas de seguir molestando.

- Si vuelve a acosarte, avísame para romperle la cara.- me soltó el gran Genzo Wakabayashi, en voz baja.

- ¡Gen, no puedes decirle eso!.- protestó mi madre, escandalizada.- ¡Se supone que debemos comportarnos como adultos!

- A menos que la otra persona sea un imbécil redomado.- replicó mi padre, encogiéndose de hombros.

- Que conste, no me vayas a reclamar entonces cuando le patee al trasero a la madre chismosa que corrió el rumor de que Aremy está enferma.- mi madre le sonrió con cierta maldad.

Al final sólo nos quedamos los Kaltz, los chicos Levin y los Wakabayashi en la zona de evacuación. Si permanecimos ahí fue porque mis tíos Stefan y Débora tardaron mucho en llegar debido al tráfico y a nosotros no se nos ocurrió llevarnos a sus hijos y avisarles que los buscaran en nuestra casa. El accidente había llamado la atención de los medios de Múnich y en las calles había muchos automóviles de la prensa, junto con los carros de bomberos y los coches de policía, lo que causaba que hubiese más caos ahí del que se creó dentro de la escuela.

- Bien, ya todo está bajo control.- de la nada salió mi padrino del interior de la Wittelsbach, con cara de quien ha hecho un buen trabajo.- Ya no hay nada que ver allá adentro.

- ¿Qué cosa?.- exclamé, sorprendido.- ¿Qué estás haciendo aquí? ¿A qué hora entraste?

- Cuando más caos había.- Demian Krieg me lanzó una mirada misteriosa.- Ya sabes que es mi especialidad.

Antes de que pudiera preguntar otra cosa, mi padrino salió a la calle para hablar con los reporteros, como si él tuviese la primicia de lo sucedido en la Wittelsbach. De verdad que Demian Krieg era un hombre raro y enigmático pero esa vez sí se pasó de misterioso. Lo único bueno fue que su acto permitió que los Levin pudieran entrar a la escuela para reunirse con sus hijos sin ser vistos.

- Quisiera ir a ver a Mijael y a Edward al hospital pero no voy a poder.- musitó Jazmín, mientras mi tía Débora se comía a besos a sus hijos.

- ¿Por qué no?.- preguntó el incorruptible Ichimei.- No hay tareas por entregar mañana, Jaz, ¿lo olvidas?

- No lo olvidé pero no es por eso por lo que lo digo, sino porque no podré entrar al hospital.- replicó Jazmín.- Soy menor de edad y no tengo permitido el ingreso.

- Si tan sólo conocieras a alguien que trabajara ahí, no sé, algún médico o enfermera que te pudiera ayudar sin problemas.- dije, con sarcasmo.- ¡Oh, espera! Creo que tenemos una madre que es doctora, ¿no?

- Deja el sarcasmo de lado, Daisuke.- Jazmín me jaló la oreja.- No está bien pedirle a mamá que rompa las reglas por mí.

- Pero ésta es una situación especial.- señaló Benji.- Por poco perdemos en un incendio a dos personas que nos importan, no creo que mamá se niegue a hacernos el favor de permitirnos entrar a verlos.

- Ya veremos.- Jaz frunció el ceño, aunque se notaba que en el fondo sí quería pedirle a nuestra madre que hiciera trampa por ella.

Sin embargo, esa noche la entrada estaría vedada para cualquiera que no fueran los padres de Mijael y de Edward (y aun así ellos tuvieron muchos problemas para conseguir su ingreso), porque ambos acabaron en Terapia Intensiva. Los dos se intoxicaron con el humo y se quemaron las manos y parte de los brazos así que mi tía Gwen no quiso arriesgarse y los mandó a terapia para tenerlos mejor vigilados, a pesar de que estrictamente hablando no era tan necesario pero después de todo ella estaba emparentada con los dos y por lo mismo iba a darles el mejor tratamiento. Ahora comprendo mejor el significado de la palabra "nepotismo", si no me quedó claro con los Schneider con esto sí que lo tuve.

(¡Lección nerd del día! La Wikipedia define al nepotismo como un favor hecho a un familiar o a un amigo por el mero hecho de serlo, sin tener en cuenta otros méritos. ¡Que no se diga que con mi historia no aprenden!)

Todo esto lo supimos cuando mi tío Karl llegó a nuestra casa, acompañado de sus hijos y de los Ferrari. Mi tía Elieth y él, así como Bryan Cruyffort y mi tía Lara, se quedarían toda la noche en el hospital así que el señor Schneider les pidió a mis padres el favor de cuidar a sus otros tres hijos así como a los Ferrari (Lizzie y Vladimir se quedarían con mis tíos Leonardo y Marie). Por suerte, en la casa había seis adultos y muchas habitaciones disponibles de manera que cuidar a seis niños más no sería un problema. Yo estaba pensando en ir a buscar a Giovanna para preguntarle cómo estaba pero en cuanto mi tío Karl se hubo ido, mis padres me tendieron una emboscada en la sala.

- Daisuke, tenemos que hablar contigo.- me dijo la doctora Del Valle, tan seria que supe que estaba metido en un problema grave.- Siéntate, por favor.

Ella estaba sentada en su diván como toda una reina justiciera, con mi padre detrás, recargado contra la pared con los brazos cruzados, cual verdugo que esperaba la sentencia. El gran Genzo Wakabayashi no traía puesta su gorra y noté que su cabello ya había crecido lo suficiente para cubrirle el cráneo, igual que a mí, aunque él estaba menos quemado por el sol gracias a su costumbre de traer gorra (no, ni por eso voy a empezar a usarlas). Mi primer pensamiento fue preguntarme qué había hecho para merecer esa cacería de brujas, a últimas fechas ya estaba portándome decentemente.

- ¿Qué fue lo que hice, mamá?.- pregunté, tratando de no temblar, mientras me sentaba en el sillón de dos piezas que estaba frente al diván. Díganme, ¿mis padres son los únicos que hacen estas cosas?

- Creo que sabes por qué te hemos llamado.- respondió la doctora Del Valle.- Hiciste mal al ir tú solo a buscar a Giovanna. ¿Tienes una idea de a qué riesgos te expusiste? Pudiste haber sido una víctima más o entorpecer las labores de rescate, no niego que tuviste buena intención pero tu acto fue tan impulsivo que pudo haber tenido graves consecuencias.

- ¡Ah!.- no esperé que me fueran a regañar por mi estupidez pero debí de haberlo imaginado.- Lo siento, mamá. Sé que hice mal pero lo único en lo que pude pensar cuando nos dimos cuenta de que faltaba Giovanna fue en que alguien debía ir a ayudarla cuanto antes y que ese alguien podía ser yo.

- ¿Y por qué creíste que eras el más adecuado para hacerlo?.- intervino mi padre, cuya voz estaba llena de curiosidad más que de enojo.

- No lo sé, honestamente.- me encogí de hombros.- No pensé en otra cosa que en ayudar, lo admito, tan es así que a medio camino me cansé de llevar a Giovanna a cuestas, fue ahí cuando supe que había cometido una tontería.

- Como te dije ya, lo que hiciste fue algo muy valiente pero también muy estúpido, Daisuke.- dijo el gran Genzo Wakabayashi, quien tuvo que reprimir una sonrisa.- Si querías ayudar, lo mejor que podías hacer era quedarte en donde estabas y no causar problemas. Aunque eres fuerte, sigues siendo un adolescente y por tanto no es tu responsabilidad el salvar a alguien a menos que seas la única persona disponible.

A mi parecer, el gran Genzo Wakabayashi reprimió una sonrisa porque pensó que él hubiera hecho lo mismo que yo si hubiese estado en mi lugar, sé que él habría regresado a la escuela a buscar a la persona que faltaba (sobre todo si esa persona era mamá), pero también estaba seguro de que no lo aceptaría nunca, al menos no delante de mí, no mientras fuese menor de edad y por supuesto no mientras mi madre estuviera en la misma habitación.

- Te hemos dicho muchas veces que tienes que considerar las consecuencias de tus actos antes de tomar una decisión, cosa que no hiciste esta vez sino hasta que ya era muy tarde.- continuó la doctora Del Valle.- Y tienes que tener presente, para la próxima vez que se te ocurra dártelas de héroe, que una regla básica de cualquier rescatador es que primero tienes que estar a salvo tú antes de intentar salvar a alguien más. La idea es disminuir el número de víctimas, no aumentarlas. Por fortuna, Giovanna no estaba en peligro y por consiguiente tú tampoco pero en caso contrario hubiera habido dos heridos en vez de uno.

Bueno, ella tenía razón. Si bien muchos de mis compañeros aplaudieron mi osadía, lo cierto es que sí cometí una estupidez bien grande al ir a buscar a Giovanna yo solo. Como mi madre acababa de decirme, Giovanna nunca estuvo en peligro y podría haber esperado a que un profesor o bombero la sacara de la escuela, pero al meterme a buscarla y sacarla de su zona de seguridad, la expuse a ella a una lesión mayor y también me expuse a mí, sobre todo porque yo no tenía la condición física adecuada para salvarnos a los dos. No, no era un héroe, era un tarado de cabo a rabo. Sí, había cometido una estupidez y por tanto me había ganado una buena reprimenda por parte de mis padres.

- Fui muy estúpido, mamá, de verdad lo siento.- me disculpé, con toda la sinceridad de la que fui capaz.- No volveré a actuar de manera tan irresponsable.

- Nos gusta que tengas iniciativa y que quieras ayudar, no estamos en contra de eso.- respondió el gran Genzo Wakabayashi.- Simplemente te pedimos que seas más consciente de las consecuencias antes de actuar y que no te arriesgues de manera innecesaria.

- Eso haré, papá.- acepté, con humildad.- ¿Estoy castigado?

- No.- mi madre titubeó.- A menos que tu padre no esté de acuerdo.

- No creo que haya motivo para castigarte.- concordó el gran Genzo Wakabayashi.- No fue como si te hubieses metido en problemas por andar haciendo fechorías. Si hubiese sido otra la situación, merecerías un reconocimiento por tu valor.

- Gracias.- suspiré, aliviado. De veras que no tenía ganas de batallar con más castigos.- Y por cierto, papá, si no hubiese sido por ti, me habría cansado de cargar a Giovanna desde mucho antes de que mi tío Karl y tú nos encontraran.

- Pero el que la cargó hasta la salida fue Schneider, no yo.- mi padre enarcó las cejas, sorprendido.

- Sí, pero el que me entrenó para ser un portero fuerte fuiste tú.- repliqué.- Fue gracias a tu adiestramiento intensivo que soporté su peso durante mucho más tiempo del que creí.

El gran Genzo Wakabayashi sonrió satisfecho, incluso mi madre se veía complacida. Creo que ni en sus más locos sueños imaginaron que yo terminaría por darle gracias a mi padre por haberme entrenado tan bien. Mi madre dijo entonces que podía irme y no me lo tuvo que repetir, no quería que cambiara de parecer con respecto a mi no-castigo. Supongo que pudo haber sido peor pero el gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle no sancionarían a alguien que hizo lo que creyó que era correcto, pero yo tenía que tener bien presente que, si quería dármelas de héroe, tendría que estar en mejores condiciones físicas además de contar con un buen plan de escape. Por algo mi tío Leonardo se entrenaba constantemente para mantenerse en buena forma, siendo paramédico rescatista necesitaba hacerlo para poder ayudar a las personas.

Cuando salí de la sala me topé con los Schneider, quienes traían caras de angustia; sin decirles nada, me acerqué y pasé mis brazos por encima de Chris y de Claude, los cuales me abrazaron a su vez sin decirme nada, dejando a Vania en el centro de nuestra pequeña rueda.

- Mijael va a estar bien.- les dije.- Ha salido de situaciones peores que ésta.

- No recuerdo en este momento ni una ocasión que haya sido peor que la de hoy.- replicó Claude, preocupado.

- ¿Ya se te olvidó la vez en la que él y yo estrellamos la camioneta contra la torre Eiffel, camarada?.- insistí.- Ésa ha sido la peor de todas nuestras travesuras y siempre lo será.

- Es cierto.- Chris soltó una risita.- Sobre todo porque estábamos seguros de que nuestros padres y los tuyos los iban a mandar a Terapia Intensiva a base de golpes.

- Eso hubiese sido tan épico.- añadió Claude, un poco más relajado.- Tienes razón en eso, Daisuke, aquélla vez fue peor.

- ¿Ven?.- traté de sonar convincente.- Mijael va a estar bien, dentro de un par de días lo tendremos dando lata por aquí.

- Espero que tengas razón.- murmuró Vania, en voz muy baja.

Seguimos abrazados durante otro rato sin decir nada. Era verdad que mi tío Karl había asegurado que tanto Mijael como Edward estaban fuera de peligro pero aun así no estaríamos tranquilos hasta que no pudiésemos verlos con nuestros propios ojos.

El que hubiera tantos adolescentes en la casa casi convirtió esa noche en una reunión, una compensación pequeña por la fiesta cancelada de Vania. Ciertamente que no hicimos más que ver películas y comer pizza pero eso hizo que la Pequeña Saltamontes se sintiera parcialmente mejor, al igual que los demás. Por cierto que fue en esa reunión en donde descubrí que mi hermano ya se le había declarado a Vania, ya los había visto tomados de la mano en la escuela pero no sabía que tan fuerte era su relación. Pensé que ambos eran muy chicos para tener esas etiquetas (yo tengo catorce y no me siento listo para tener una novia), pero el incorruptible Ichimei me dijo algo contra lo que no tuve réplica.

- Ya te había dicho que la vida es muy corta, Dai.- me dijo Benji con esa sabiduría que no sé de dónde cuernos sacó.- Si la enfermedad de Aremy no lo dejó claro, el incendio de la mañana sí que lo hizo, que la Muerte nos ronda todo el tiempo. No te estoy diciendo que ahora creo que nos vamos a morir mañana sino que cada minuto de vida hay que disfrutarlo al máximo porque no sabemos si nos quedan muchos o pocos.

- ¿No eres muy niño para tener esos pensamientos, camarada?.- pregunté, asombrado de su madurez.

- Dice papá que son las circunstancias que te rodean las que te hacen crecer antes de tiempo o seguir siendo un niño.- Benji se encogió de hombros.

Bueno, que en eso nuestro padre tenía razón, aunque también es verdad que los últimos hechos ocurridos nos afectaron de diferente manera a Benji y a mí: mientras él maduró y se tomó las cosas con filosofía, yo me convertí en un amargado que reniega de todo, así que a lo que le dijo mi padre le añadiría que el madurar no sólo depende de la circunstancias sino también de la personalidad.

Todos nos sentíamos mal por estar comiendo pizza mientras veíamos las películas de Star Wars cuando dos de los nuestros estaban en el hospital, pero también era verdad que ponernos a llorar no iba a ayudar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Aun así, en un punto de Rogue One me sentí agotado mentalmente hablando y me escabullí, realmente necesitaba una pausa. Se me ocurrió que podía ir a ver a Giovanna para preguntarle cómo estaba, cuando llegó del hospital pidió permiso de retirarse a descansar y no la habíamos visto desde entonces. Aún no era muy tarde como para que ya se hubiese ido a dormir así que se me ocurrió subir a buscarla a su habitación; por pura casualidad la encontré en el pasillo que conectaba las habitaciones de la planta alta, desplazándose con un par de muletas.

- ¿Qué haces?.- le pregunté, apresurándome a llegar junto a ella.- ¿Necesitas algo? Puedo traértelo, sólo pídelo.

- Oh, gracias, Dai, pero Mine me ha dado ya todo lo que necesito.- Gio sonrió al verme y se detuvo frente a mí.- Sólo fui al baño y aproveché para saludar a tus padrinos. ¿Y tú qué haces, ya vas a dormirte?

- No.- negué.- De hecho venía a ver cómo estabas, como no bajaste con nosotros me preocupé un poco.

- Qué dulce, Dai, gracias.- respondió ella, haciendo equilibrio para no caerse.- La verdad es que me duele el pie y no me sentía con muchos ánimos de hacer otra cosa que no fuera descansar, discúlpame.

- No necesitas disculparte, es perfectamente entendible que sólo quieras reposar.- repliqué.- De hecho creo que nosotros estamos igual, el incendio nos afectó a todos aunque no queramos admitirlo.

- De una manera o de otra, pero sí.- aceptó Giovanna, en voz baja.- Creo que es la primera vez que me toca ver a la Muerte tan de cerca.

- Fue la primera vez para muchos.- desvié la mirada al recordar lo sucedido.- No es algo que deje indiferente a cualquiera.

- Sobre todo porque dos personas que nos importan estuvieron a punto de no volver.- ella a su vez agachó la cabeza.- Eso me impactó más que el hecho de que yo también salí herida.

- Y no es para menos, yo me hubiera puesto igual así que no te preocupes, es comprensible que quieras mantenerte alejada de cualquier alboroto durante un rato.- me di cuenta de que comenzaba a cansarse de estar apoyada en las muletas.- ¿Te acompaño a tu habitación?

- Me basta con llegar al sillón que tienen aquí arriba, que por el momento ya me cansé de estar acostada.- Giovanna echó a andar otra vez.- ¿No es mucha molestia para ti?

- Para nada.- estuve tentado a tomarla del brazo para que se apoyara en mí pero decidí que estorbaría menos si simplemente la dejaba caminar y me limitaba a vigilarla.

La mansión Wakabayashi alemana es bastante grande, por algo es una mansión (o casi); las habitaciones que ocupábamos nosotros se separaban de las de invitados por un pequeño descanso en donde mamá había puesto un sillón, una mesa y un par lámparas (que Mine o James prendían todas las noches porque aparentemente los Wakabayashi somos tan inútiles que no sabemos ni prender lámparas), quién sabe si porque le desesperaba ver ese espacio vacío o porque temía que alguien se cansara de recorrer la casa y tuviese la necesidad de recostarse en algún lado (bueno, eso fue lo que le pasó a Giovanna; punto para ti, mamá). Sea como fuere, fue ahí a donde acompañé a Giovanna, quien se dejó caer en el sillón con cierto alivio, apoyando el tobillo lastimado en la mesita.

- ¿Cuánto tiempo vas a llevar eso?.- señalé la férula que había en su pie, al tiempo que me acomodaba junto a ella.

- Un par de semanas, supuestamente.- contestó Giovanna.- Pudo haber sido mucho peor pero gracias a ti no fue así, Dai, lo que me recuerda que también te estaba buscando porque quería preguntarte algo.

- ¿En serio?.- me sorprendí.- ¿Para qué soy bueno?

"¿Para casarnos y tener muchos hijos y ser felices por siempre, mi hermoso ángel pelirrojo?", pensé.

- ¿Por qué no me dijiste que regresaste a la escuela sólo para buscarme?.- soltó Giovanna, agarrándome desprevenido.- Pensé que también te habías rezagado y que me encontraste por casualidad pero Vania me dijo que saliste corriendo cuando avisaron que yo seguía adentro.

- ¡Ah!.- sentí que me puse colorado.- ¡Condenada Vania! ¿Para qué anda contando cosas que no debe? No le tomes importancia, Gio, no fue la gran cosa, da lo mismo si entré por ti a si te encontré por accidente, ¿no?

- Por supuesto que no.- negó ella, enfática.- ¡Arriesgaste tu vida por mí y no me lo dijiste!

- Tanto como que arriesgar la vida pues no.- me rasqué la nuca, inquieto.- Digo, tú no estuviste en peligro real y yo tampoco.

- Pero eso tú no lo sabías.- replicó Giovanna.- Tú sólo sabías que yo me había perdido en una escuela que se incendiaba y a pesar de eso fuiste por mí. No sabías si yo estaba en una zona de peligro, si estaba lastimada en serio o si tendrías la posibilidad de hacer algo por mí pero aun así fuiste a buscarme.

- Ya sé que fui un idiota redomado.- quería lanzarme por la ventana de la vergüenza que sentía, que Giovanna me hiciera ver mi estupidez pesaba más que el regaño de mis padres.- Ya sé que debí dejar que un adulto se hiciera cargo pero sólo quería ayudarte…

- ¿Bromeas, no?.- sus hermosos ojos azules chispeaban.- ¡Nunca antes alguien había hecho algo así por mí! Los chicos de mi grupo se preocuparon más por ponerse a salvo ellos mismos, ni se detuvieron cuando me caí, pero tú fuiste por mí e insististe en llevarme cargando hasta la salida a pesar de que no podías conmigo. No era tu obligación y aun así lo hiciste. ¿Por qué?

- Porque eres importante para mí.- me puse a mirar una mancha en la pared.- Porque no iba a permitir que algo te sucediera.

- Eso es muy dulce de tu parte.- dijo Giovanna, con cierta emoción en la voz.- Eso te convierte en mi caballero de brillante uniforme de fútbol, Daisuke Wakabayashi. De verdad, nunca podré demostrarte lo agradecida que estoy contigo por haberme protegido cuando nadie más lo hizo.

- Insisto, no tuvo tanta importancia.- me sentía muy avergonzado.

Parecía que Giovanna iba a decir algo más pero cambió de parecer y en vez de hablar, se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. Sorprendido, la miré directamente a los ojos, tratando de encontrar alguna palabra o frase que no resultara idiota pero la mente se me quedó en blanco cuando vi en los ojos de Giovanna un sentimiento que se asemejaba mucho al… ¿Amor? ¿Era amor por mí lo que había en esos ojos azules?

Aquí hago una pausa para decir: ¿En verdad estaba pasando esto? ¿No sería que sí me lesioné en el incendio y que todo era producto de un coma inducido? Quizás yo no me encontraba realmente ahí sino en un hospital con tubos y sondas saliendo de todos mis orificios, eso tendría mucha más lógica pero sería mucho más deprimente. Pero aparentemente eso era real y Giovanna Ferrari y yo estábamos sentados a solas en un desierto rincón de mi casa. Ella acababa de darme un beso en la mejilla como agradecimiento por haber sido tan idiota y protegerla en un momento en el que se encontraba indefensa. Sus ojos azules estaban radiantes y me daban a entender que había algo más que una buena amistad entre nosotros y su boca entreabierta me confirmaba que estaba dispuesta a dar más besos si así yo lo deseaba. Yo la adoraba, ¡por dios que estaba loco por ella! Y una oportunidad así no se da dos veces en la vida así que hice la cosa más asquerosa que había hecho en mis catorce años de vida: la besé. Y me di cuenta de por qué a todo mundo le encanta besar.

Sí, lo admito, ése fue mi primer beso. A pesar de que Giovanna no fue la primera niña que me gustó, no besé a ninguna otra porque seguía considerando los besos como algo asqueroso así que había mantenido mis labios tan virgencitos como prepuberta mexicana. Giovanna fue la primera chica que me hizo plantearme el qué se sentiría besar otros labios pero aun así besar no era algo que me muriera por hacer. Por supuesto, por lo menos hasta antes de ese momento, en donde consideré que la situación fue perfecta para hacerlo. Mi primer beso no fue algo memorable ni romántico ni duradero, de hecho pienso que estuvo bastante baboso pero a pesar de eso me catapultó a las nubes. ¡Había besado a la niña de mis sueños! Pero no contaba con que la niña de mis sueños quizás no sentía lo mismo por mí ya que ésta se separó después de lo que consideré que fueron pocos segundos.

- ¿Por qué carajos hiciste eso, Daisuke Wakabayashi?.- preguntó Giovanna.

- Lo siento.- farfullé, confundido.- Pensé que…

- ¿Por qué me has besado?.- ella volvió a preguntar.- ¿Qué te impulsó a hacer algo así?

- No lo sé.- mentí, poniéndome en pie.- Creo que sólo fue la emoción del momento.

- Será mejor que regrese a mi cuarto, todavía me siento cansada.- Giovanna decidió ignorarme, se puso en pie ella sola y echó a andar hacia su habitación.- No me sigas, por favor.

"Piensa en las consecuencias de tus actos", escuché la voz de mi madre hablando como mi conciencia. "No sólo en el fútbol y en la vida, también en el amor hay hacerlo".

- Me gustas, Giovanna.- solté, sin pensarlo demasiado.- Me gustas muchísimo, desde antes de que llegaras a Alemania. Eres inteligente, graciosa y muy linda. Si te besé fue porque me gustas, es la verdad.

Ay, ¿por qué carajos hice eso? ¿Qué fue lo que me impulsó a declararme así, en un momento tan inadecuado? Me había pasado de estúpido, otra vez, pero creo que el incendio de la mañana me hizo sentir que vida sólo hay una, como si la enfermedad de mi hermana no fuese suficiente recordatorio de que la vida es muy frágil y que no había que contenerse de hacer algo que uno quería por miedo o por indecisión. Sin embargo, en esta ocasión mi osadía no había tenido una buena recompensa.

- ¿Me escuchaste?.- solté, cuando vi que Giovanna no se inmutó ante mi conesión.

- Sí, te oí.- respondió ella, deteniéndose un par de segundos antes de volver a andar.

No agregó algo más y yo tampoco lo hice; me dejé caer en el sillón, agaché la cabeza y no la levanté ni cuando escuché que una puerta se cerraba a lo lejos. Vaya que ahora entendía cómo se sentía Mijael, ¡me le declaré a la chica de mis sueños y ésta me dejó en visto! No supe cuánto tiempo pasó, sólo quería quedarme ahí hasta fusionarme con el sillón. ¿Por qué, en nombre de Lev Yashin, le dije a Giovanna que me gusta? ¿Por qué se me ocurrió besarla? Si antes tenía dudas sobre que yo no le gusto, ahora ya no tenía ninguna.

- Daisuke, ¿qué sucede?.- escuché la voz de mi padre como si viniera de muy lejos.- ¿Qué tienes? ¿Te sientes mal?

- No, papá, estoy bien.- respondí.- Sólo me bateó la chica que me gusta.

- ¿Qué dices?.- el gran Genzo Wakabayashi se sorprendió.- ¿Qué ha sucedido, Daisuke? Explícame, por favor.

Sentí que alguien me tiraba de la camiseta para levantarme; ahí me di cuenta de que mi padre no se encontraba a kilómetros de distancia sino que estaba sentado junto a mí. Él se veía realmente preocupado, no voy a negarlo, pero yo estaba demasiado triste como para que me importara.

- Le dije a Giovanna que me gusta.- dije, con voz lastimera y patética.- Le di un beso. Pensé que ella sentía lo mismo y no fue así…

- ¿Qué?.- mi padre casi se queda con la boca abierta.- ¿Estás hablándome en serio?

- Que sí, papá, no sé por qué te inventaría algo como esto.- farfullé.- Me le declaré a la chica que me gusta y ella me mandó a volar. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir para que me entiendas?

- Pero a ver, dime, ¿por qué estás tan seguro de que te rechazó?.- el gran Genzo Wakabayashi se veía incómodo.

- Porque cuando la besé me reclamó por haberlo hecho, después se levantó y se fue, pidiéndome que no la siguiera.- expliqué, volviendo a enterrar la cabeza entre las manos.- Soy un baboso de primera, Giovanna no va a querer verme nunca más.

Me he preguntado muchas veces qué habrá pensado el gran Genzo Wakabayashi en esos momentos en los que descubrió que su hijo adolescente ya tenía problemas de amor. Digo, no debió haber sido fácil para él, considerando que ya confesó que se enamoró muy pocas veces en la vida, a lo mucho unas dos y una de ésas fue de mi madre. En eso el gran Genzo Wakabayashi y yo sí somos bien diferentes, a mi edad él no pensaba en mujeres y estaba seguro de que ése era un tema que nunca le importaría, yo por el contrario quería aventarme a un pozo por el hecho de que me había rechazado una chica. Pobre de mi padre, en verdad que lo compadezco, seguro que a él también le hubiese gustado lanzarse por un pozo.

- Eh, confieso que no sé qué decirte, Daisuke.- dijo mi atribulado padre.- Yo no pasé por esas cosas a tu edad.

- Ni a mi edad ni a ninguna otra.- repliqué, suspirando.- Mi tía Elieth me comentó que como conquistador eres un fiasco.

- ¿Eso te dijo?.- el gran Genzo Wakabayashi frunció el ceño de una manera tan cómica que a pesar de todo estuve a punto de reírme.- ¡Eso es mentira, no lo soy! De alguna manera conquisté a tu madre, ¿no?

- Yo le dije lo mismo y mi tía respondió que eso fue porque mamá te compadeció.- comenté.

- Voy a colgar a la Peque en cuanto la vea.- bufó mi padre indignado.- Está bien, no sé mucho sobre romance pero tampoco soy un idiota, conquistar a tu madre no fue cosa fácil pero no iba a darme por vencido, ya había decidido que ella sería mía y de nadie más, sólo era cosa de que se diera cuenta y lo admitiera. Ni siquiera sé por qué no reconoció desde el principio que yo siempre fui su mejor opción.

- De verdad, papá, creo que la tía Elieth tiene razón, como conquistador eres un fiasco.- puse los ojos en blanco.- En serio, ¿cómo le hiciste para que mamá te hiciera caso? Porque si le hubieras dicho lo que acabas de decirme, seguro que te deja para irse con Hugo Ramírez.

- Hmmm.- el gran Genzo Wakabayashi gruñó ante la mención de su antiguo rival.- ¿Cómo sabes tú sobre Hugo Ramírez?

- ¿Realmente eso importa ahora?.- supe que se me había ido la lengua y traté de desviar su atención.- ¡Te dije que Giovanna Ferrari me rechazó y tú te preocupas por cosas que ocurrieron en la prehistoria!

- No abuses, Daisuke.- mi padre suspiró y trató de concentrarse.- Mira, admito que no soy bueno en estos asuntos y que quizás alguien más podría aconsejarte mejor pero no te des por vencido hasta que ella no te diga abiertamente que no siente algo por ti. ¿O es que ya lo hizo?

- No.- admití.- Sólo me dejó hablando solo cuando le confesé que me gusta.

- Bien, eso ya es una ventaja.- el gran Genzo Wakabayashi sonrió, aliviado.- Mientras no te diga que no siente lo mismo por ti, no estás derrotado aún. Considera también todas tus variables, incluyendo las que no dependen de ti. Hoy no fue precisamente un buen día por lo que pasó con Mijael y con Edward, además de que Giovanna también salió lastimada, seguramente está cansada o deprimida. Dale algo de tiempo y deja que razone las cosas, quizás cuando se sienta mejor verá la situación desde una perspectiva diferente. Y si no es así, siempre queda la posibilidad de que luches por ella; como te he dicho ya, mientras no te rechace con todas sus letras aún tienes esperanza.

Bueno, tengo que admitir que mi padre será un imbécil con el tema de las mujeres pero sí que sabe cómo planear una estrategia de ataque; supongo que así es como consiguió conquistar a mi madre, la trató como un partido de fútbol que había que ganar (ay, mamá, en serio, qué enamorada tenías que estar para caer con alguien tan lerdo como él). Además, el gran Genzo Wakabayashi intentó realmente consolarme y eso ya era muy meritorio, supongo que me he de haber visto patético y sintió lástima de mi persona.

- ¿Sabes, papá? A tu manera has sabido levantarme la moral.- sonreí, aunque apenas.- Pero en serio que tengo que estar de acuerdo con mamá con que no es sano comparar todo con un partido de fútbol.

- ¿Y por qué no? Me ha funcionado muy bien hasta ahora.- él esbozó una sonrisa cínica.

Y luego se preguntan de dónde saqué mi cinismo.

- Si tú lo dices.- me puse en pie.- Creo que voy a bajar o los demás se preguntarán qué pasó conmigo. Además, supongo que es mejor que irme a mi cuarto a compadecerme.

Porque, para colmo de males, la única persona con la que hubiese querido hablar sobre Giovanna estaba en el hospital. Comencé a sentirme muy cansado otra vez, qué bueno que no tendría que ir a la escuela al día siguiente porque no podría soportar estar ahí con Giovanna presente y Mijael en el hospital. Por no olvidar al idiota de Hoffman quien seguía presionándome, lo que me hizo recordar que le debía un agradecimiento a mi papá.

- Por cierto, gracias por defenderme en la mañana.- dije.- Ya me estaba cansando de batallar con ese imbécil.

- No soy partidario de entrometerme en las batallas de mis hijos pero ese pequeño desgraciado es, como dice tu madre, "otro cantar".- el gran Genzo Wakabayashi frunció el ceño.- La mayoría de los bravucones se detienen con un buen golpe pero parece ser que él no va a admitir tan fácilmente su derrota así que, si sigue molestando, no dudes en hablar conmigo, ya encontraremos la manera de ponerle un alto a su fanfarronería.

- Sí, papá.- no pude evitar sonreír.- Y también hay otra cosa de la que quiero hablarte…

- ¿Qué es?.- mi padre enarcó las cejas.

- En la mañana me habló el señor Ozora desde Japón.- respondí, pausadamente.

- ¡Ah!.- el gran Genzo Wakabayashi se sorprendió, evidentemente no sabía de esa llamada.- ¿Tsubasa te habló? No me comentó algo al respecto. ¿Qué fue lo que te dijo?

- Me felicitó por mi cumpleaños y… me repitió que quiere que me una a la Selección para el Campeonato Sub-16 de la Confederación Asiática de Fútbol.- continué, con tanta calma como pude.

- ¿Y qué le contestaste?.- quiso saber mi padre.

- Le agradecí por ambas cosas… y le dije que no quería jugar para Japón.- respondí, tras lo cual añadí de forma muy dramática.- Por el momento. No creo que Aremy ya esté bien para septiembre y no quiero irme con el miedo de que al volver me haya perdido sus últimos días de vida.

- No digas eso, Daisuke.- me amonestó mi padre, con severidad.- No debes de pensar de esa manera.

- Sé que no pero siempre existe esa posibilidad.- repliqué.- Por lo menos no quiero irme de Alemania en este año, ya se verá el siguiente. ¿Está mal eso, padre?

- No.- el gran Genzo Wakabayashi se removió, incómodo.- Dije que respetaría tus decisiones pero espero que en algún momento aceptes una convocatoria de Tsubasa, que Japón te necesita.

Otra vez el asunto terminó poniéndose tirante entre ambos. Cada vez que había una convocatoria que yo rechazaba, mi padre volvía a ponerse en su plan intransigente de querer que a fuerza juegue con Japón. ¿Iba a ser así hasta que yo me animara a decirle que quería cambiarme de nacionalidad? Porque definitivamente ya no iba a ceder, no tan fácilmente, con respecto a lo de jugar para Japón.

- Sí, padre.- me aguanté las ganas de responderle como quería.- Voy a bajar con mis primos, si no te molesta.

- Adelante.- el gran Genzo Wakabayashi asintió con la cabeza.

Ése hubiera sido un buen momento para preguntarle si le tenía miedo a la Muerte, pero ya me sentía cansado y lo único que quería era distraerme un rato así que lo dejé para otra ocasión. Por fortuna, ya se había terminado Rogue One y ahora mis amigos estaban viendo una película mexicana muy estúpida, Salvando al Soldado Pérez, con la que me dediqué a reír sin preocuparme de nada. Ya después vería cómo resolver mi triste situación con Giovanna.

Y siguiendo con el tema de las convocatorias a las Selecciones Nacionales, al día siguiente del incendio de la Wittelsbach a Mijael y a Adler les llegaron invitaciones para formar parte de la Selección de Alemania Sub-17. Obvio es, yo me enteré de la de Adler porque su carta le llegó a mi casa, lo de Mijael lo supe después por boca de Claude. El caso es que, así como Tsubasa Ozora me quería para jugar el Campeonato Sub-16 de la AFC, así el entrenador de la Sub-17 alemana, Manfred Margus, quería a los hijos de sus ex compañeros de Selección para competir en la Eurocopa Sub-17. Es probable que no lo sepan así que les diré que la Eurocopa Sub-17 se juega cada año (tremenda flojera) y que ése año en específico se utilizaría para clasificar al Mundial Sub-17, así que era obvio que el entrenador Margus buscaría contar con los mejores futbolistas jóvenes. Adler aceptó la convocatoria sin dudar, para él era un honor el poder jugar con su Selección y ni qué decir que el señor Kaltz estaba lleno de orgullo por su muchacho. Sin embargo, Mijael Schneider era otro cantar.

Para empezar, Mijael estaba en el hospital y no sabíamos qué iba a pasar con él, cuánto tiempo le tomaría recuperarse y si lo haría por completo (estoy exagerando, claro que se iba a recuperar por completo), pero el problema principal, a pesar de todo, no era saber cuándo se iba a reponer Mijael sino si éste ahora sí aceptaría la invitación para jugar con Alemania, porque déjenme y les digo que yo no he sido el único en rechazar una convocatoria de la Selección de su país. Mijael fue convocado también el año anterior para jugar la Euro Sub-17 pero él dejó esa carta sin respuesta. Cuando los seleccionadores teutones fueron a buscarlo para preguntarle cuál era su decisión, Mijael campechanamente les dijo que no iba a aceptar porque tenía planeado jugar con Francia (recordando pues que mi tía Elieth es mitad francesa y mitad mexicana). El rumor de que Mijael Schneider rechazó el jugar con Alemania por querer hacerlo con Francia se corrió de alguna manera y después fueron los franceses quienes lo convocaron; mi trol amigo sí respondió a esta carta, diciendo que no aceptaba la invitación porque había decidido que jugaría para México. Ni qué decir que para estas alturas los mexicanos ya habían entendido que Mijael estaba jugando con todos los equipos que querían reclutarlo y se ahorraron la vergüenza de ser rechazados. En conclusión, ni Francia ni Alemania contaron con el hijo del Káiser para ese campeonato europeo y está de más decir que México tampoco pudo llamarlo a sus filas para otros torneos. Mi tío Karl se volvió loco intentando razonar con su hijo porque éste le dijo que, sin importar lo que cualquiera le dijera, él no se convertiría en futbolista profesional y por eso no aceptaría ninguna convocatoria.

Pero eso ocurrió el año pasado y en el actual Mijael ya estaba más dispuesto a jugar fútbol. En la Selección de Alemania debía de haber alguien que pecaba de soñador porque, con la esperanza de que Mijael cambiara de parecer, le envió una nueva convocatoria. Mi tío Karl me confesaría después que no tenía muchas esperanzas al respecto pero que de todos modos habló con Mijael sobre el tema. La decisión que tomó mi amigo con respecto a jugar para Alemania habría de repercutirme a mí después, en un movimiento del que yo no me enteraría sino hasta mucho más tarde y que por poco me cuesta una pelea severa con mi padre.

- Ojalá que tú pudieras jugar con nosotros, Daisuke.- me comentó Adler cuando me habló de su convocatoria.- Eres la última pieza que nos falta para formar un equipo fuerte.

- Alemania está llena de porteros buenos.- me encogí de hombros, tratando de ocultar mi frustración.- Seguro que habrá alguien que pueda hacerlo tan bien como yo.

- Quizás, pero no sería tan divertido.- replicó Adler.- Siempre he tenido la esperanza de jugar en un equipo en donde estemos Mijael, tú y yo.

Sí, yo también lo quería pero en esta vida hay que acostumbrarse a las decepciones, ¿no? ¿Qué otra cosa podría salirme mal en esos días, aparte de saber que yo no sería convocado a la Selección de Alemania? Giovanna seguía esquivándome, Mijael permanecía en Terapia Intensiva, Aremy continuaba con un tratamiento que parecía no estarle haciendo efecto y yo seguía teniendo un examen final de francés por presentar. Bueno, que al menos las cosas ya no podrían ponerse peor.

Y sin embargo, las cosas sí que podían ponerse peores. A media mañana escuché que sonó el teléfono fijo de la casa, tras lo cual oí que alguien gritaba acaloradamente en el pasillo que conectaba las habitaciones. Asustado por creer que mis padres habían recibido malas noticias de la salud de Aremy, me asomé a ver qué ocurría. Y ojalá que no lo hubiera hecho. Cuando salí al pasillo encontré a mi padre ahí, con actitud enojada. Jazmín, quien también había salido de su cuarto para saber qué sucedía, me miró con tristeza.

- Ay, Dai, no tenías la necesidad de hacerlo.- me dijo ella, compasivamente.

- ¿Qué cosa?.- me sorprendí.- ¿Yo qué hice?

- Daisuke, quiero hablar contigo.- dijo el gran Genzo Wakabayashi, con voz agria.- Ahora mismo.

- ¿Sobre qué, papá?.- no entendía lo que estaba sucediendo.

- Me decepcionas, Daisuke.- gritó mi padre, mirándome fijamente.- ¡No creí que fueras capaz de caer tan bajo!

El gran Genzo Wakabayashi comenzó a regañarme y a decirme que mi actitud y mi comportamiento eran de lamentarse. Que lo había decepcionado y que había perdido toda su confianza. Yo me sentía como cuando llegas a la mitad de una película y no entiendes lo que sucede porque te perdiste la primera mitad, pero cada vez que quería hablar, mi padre me interrumpía con mucha severidad.

- ¡Papá!.- grité para hacerme oír.- ¡No entiendo qué está pasando! ¿Qué fue lo que crees que hice, podrías decirme?

- ¿De verdad vas a hacerte el tonto?.- respondió el gran Genzo Wakabayashi, iracundo.- Acabo de recibir una llamada de la Wittelsbach, ¡el coordinador de tu grupo me ha dicho ya que cambiaste tu calificación de francés hackeando el sistema de la escuela!

Me quedé atónito. ¿Qué yo hice qué cosa?

Notas:

- Lev Yashin fue un portero de la Unión Soviética y es considerado como el mejor guardameta del siglo XX, incluso es el ícono del Mundial de Rusia 2018.