Capítulo 30. En medio de la tormenta.
Si mi vida fuese una novela, en esos momentos en donde estaba siendo acusado de hacer algo que no hice se escucharía una música dramática de fondo y se le harían acercamientos innecesarios a la cara enojada de mi padre. Yo, por mi parte, sería enfocado por una luz que destacaría mi rostro de preocupación, segundos antes de que la escena se fuese a negro. Por supuesto, mi vida no es una novela y no sucedió lo que acabo de contar pero tengo la increíble habilidad de pensar idioteces cuando estoy estresado y estuve a punto de soltar una carcajada ante esta reflexión tan imbécil. Sin embargo, mi indignación era mayor que mi estupidez y esto evitó que se desencadenara el caos. ¿Se imaginan lo que el gran Genzo Wakabayashi me hubiera hecho si se me hubiese ocurrido reírme en ese momento? Sin duda que yo habría acabado como esclavo de algún árabe millonario, castrado y condenado a pasar mi vida dando de comer a los camellos.
Volviendo a lo importante, ¿alguna vez los han acusado de hacer algo que no hicieron pero, como se han metido muchas veces en problemas, ya nadie les cree cuando dicen que son inocentes? Sí, supongo que sí, no creo ser el único.
- ¿Qué cosa?.- exclamé, cuando mi padre me acusó de haber alterado mi calificación en francés.- ¡Yo no hice nada, no soy tan estúpido como para intentar hacer algo así!
- ¡No quiero que me mientas, Daisuke!.- respondió el gran Genzo Wakabayashi, furioso.- ¡Has llegado demasiado lejos esta vez, estoy muy decepcionado de ti!
- ¡Ya te dije que yo no lo hice!.- protesté, comenzando a enojarme.- ¿Por qué rayos no me crees, padre?
- ¡No me grites!.- mi padre me ordenó que dejara de hacer algo que él mismo estaba haciendo.- ¡Te creo perfectamente capaz de hackear las computadoras de la escuela para cambiar tu cuatro en francés por un uno!
¿En serio, papá? ¿Crees que sería tan tarado como para cambiar mi nota mínima aprobatoria por un excelente? Primera regla fundamental de un tramposo: no levantes sospechas. Si yo hubiese querido cambiar mi calificación, no me habría puesto un uno sino un dos, sería menos dudoso. Hay que ser verdaderamente idiota para hacer lo contrario.
- ¿Y cuándo se supone que hice eso, padre?.- cuestioné, tratando de no gritar.- ¿Y cómo? No tengo habilidades de hacker, por mucho que quiera fanfarronear con eso.
- Yo qué voy a saber.- respondió el gran Genzo Wakabayashi, fastidiado.- Pero si la escuela lo ha dicho por algo ha de ser. ¿O me vas a negar que hace tiempo hackeaste los correos electrónicos de Débora y Levin?
Ups, sí, maldita sea, eso sí fue verdad. La noche en la que los Levin llegaron a Alemania, mis amigos y yo nos divertimos rompiendo las contraseñas de las cuentas de e-mail de los padres de Erick, ya lo mencioné en el capítulo 5. Pero eso fue distinto, caramba, si adivinar una contraseña de alguien a quien conoces es de lo más fácil, pero entrar al sistema de calificaciones de la escuela, con tantos bloqueos, cortafuegos y sistemas de seguridad informática es más propio de un pirata informático profesional y yo no lo soy, caramba, que sólo tengo catorce años y no soy súper dotado, por más que quiera creer que sí lo soy.
- Papá, eso fue diferente, adivinar la contraseña de un correo convencional no es difícil.- traté de explicarme.- Pero entrar a un sistema escolar sí que lo es…
- Yo no sé nada de eso así que no intentes convencerme con palabras sin sentido.- el gran Genzo Wakabayashi movió la cabeza de un lado a otro.- Ya no confío en ti, Daisuke, me has decepcionado en verdad.
- ¿Y cuál es la novedad?.- creo que las palabras de mi padre me hirieron más de lo que me gustaría admitir.- Tú nunca has confiado en mí porque me niego a seguir tus pasos, porque me he negado a ser un obsesivo que sólo piensa en el fútbol. ¡Todo el tiempo crees ciegamente lo que te dicen los demás en vez de darme el beneficio de la duda, sólo porque no soy "perfecto" como tú! ¡Pues perdóname por ser una decepción pero tú tampoco has sabido ser un buen padre!
- ¡Dai, no te vayas!.- Jazmín, que no se marchó cuando empezó la pelea entre nuestro padre y yo, intentó detenerme.
Sí, salí corriendo como princesa Disney en desgracia. Sí, me encerré en mi habitación dando un portazo. Sí, lloré como princesa Disney en desgracia mientras golpeaba un saco de dormir que tenía guardado en el clóset. Sí, en ese momento me quería morir pero más de la rabia que de otra cosa. ¿Qué cuernos estaba sucediendo, de verdad alguien cambió mi calificación en francés? ¿No se trataba de alguna broma? Bueno, ya lo dije alguna vez, el gran Genzo Wakabayashi no hace bromas así que si él me lo dijo debe ser cierto. ¿Pero cómo, cuándo, a qué hora, en qué momento fue, quién lo hizo y por qué razón? Es que no se me podía ocurrir quién podría querer tenderme una trampa como ésa, no había motivos para ello. ¿O será que alguien quiso ayudarme, se pasó de "buena onda" y no pensó en las consecuencias? Lo cierto es que no se me venía a la mente ninguna explicación coherente para ese grave problema en el que estaba metido.
Mientras tanto, tras haber realizado mi drama de princesa Disney en desgracia, mi madrina (ey, todas las princesas Disney tenemos una, ¿qué no?), quien también vio la escena con lujo de detalles, se acercó a mi encabronado padre para hablar con él; Jaz, a su vez, se dio cuenta de que lo mejor que podía hacer era desaparecer y regresó a su habitación, a pesar de que tenía muchas ganas de hablar conmigo, o eso fue lo que ella me dijo después. En cualquier caso, mi linda y preciosa madrina no dudó en poner las cosas en claro, algo que desgraciadamente mi terco padre no iba a permitir del todo.
- No me gusta meterme en la manera en la que educas a tus hijos, Genzo, pero acabas de cometer un error.- le recriminó Catrina al gran Genzo Wakabayashi. ¿He dicho ya que ella es de las pocas personas que se atreven a llamar a mi padre por su nombre de pila?.- Lo último que tu hijo necesita ahora es que lo acuses de haber hecho algo que no hizo.
- ¿Cómo estás tan segura de que no lo hizo?.- cuestionó mi padre.- Su profesora no inventaría ese cuento y no sé quién más podría haber cambiado las notas si no fue él. Además, Daisuke admitió haber hackeado los correos de los Levin, no creo que sea tan difícil entrar al sistema de la escuela.
- Yo no sé si sea fácil o no pero sí sé que mi ahijado no es un tramposo.- replicó Catrina, sin inmutarse.- Y eso tú mejor que nadie debería de saberlo. Tú lo criaste, ¿no es así? Tú has estado encima de él durante sus catorce años de vida, inculcándole tus ideas y tu forma de pensar, obligándolo a seguir tu régimen estricto, sólo dejándolo respirar cuando Lily ha intercedido para evitar que lo conviertas en una máquina idéntica a ti. ¿Crees entonces que, con ese entrenamiento tan intenso para convertirse en el segundo Genzo Wakabayashi, sería capaz de hacer trampa en algo tan elemental?
¡Auch, eso debió doler! El gran Genzo Wakabayashi no está acostumbrado a que alguien le hable de esa manera, son contadas las personas que pueden hacerlo y no morir en el intento, pero él siempre le ha tenido muchísimo respeto a Catrina y por tanto ella podía echarle sus verdades a la cara. Ay, madrina, que de verdad que me habría encantado ver este asunto en persona, pero entiendo que no habría sido igual de haber estado yo presente.
- No.- admitió mi padre, ofuscado.- Por supuesto que no pero… También es verdad que a últimas fechas he sido muy blando con él…
- ¿Llamas "ser blando" a dejarlo pensar en otra cosa que no sea fútbol?.- mi madrina continuó con sus ataques.- No te pases de estúpido, por favor, Genzo. Tu hijo tiene derecho a querer hacer de su vida lo que le venga en gana y no sentirse obligado a hacer lo que alguno de sus padres desea. Tu mujer te ama demasiado como para decírtelo pero a últimas fechas, en las que según tú fuiste "muy blando", has sido más padre para Daisuke de lo que lo fuiste en todos esos años en donde sólo querías presionarlo para que el fútbol fuese el único pensamiento que existiera en su mente.
- Ya, Catrina, por favor.- pidió el gran Genzo Wakabayashi, irritado.- No me ayudas con tantos ataques dirigidos a mi manera de educar a mis hijos, menos mal que dijiste que no querías meterte en eso.
- Me disculpo si he tocado una fibra sensible pero sabes bien que todo lo que te he dicho es verdad.- Catrina suavizó el tono de su voz.- En estos momentos Daisuke necesita que confíes en él, Genzo, no que des por hecho que lo que te ha dicho alguien más es verdad.
Si mi padre fuese otro, seguro que le habría preguntado a Catrina qué podía hacer conmigo, pero el gran Genzo Wakabayashi es demasiado orgulloso como para demostrar ante alguien más que tenía dudas con respecto a qué hacer con uno de sus hijos; por mucho respeto que él le tuviese a Catrina, seguía siendo terco y reservado y jamás expresaría sus miedos en voz alta.
- Me parece que tengo que hablar de este tema con mi esposa, Catrina.- fue lo que mi padre respondió.- ¿Sería mucha molestia el pedirte que la releves por un rato de su labor de cuidar a mi hija?
- Sabes que no es molestia, Genzo.- Catrina le sonrió con ternura.- Espero que tomes en cuenta mi consejo y que confíes un poco más en tu hijo.
El gran Genzo Wakabayashi no respondió pero ni falta que hacía. Ambos fueron entonces a la habitación de Aremy para que Catrina se quedara y así mi madre pudiera salir a hablar con mi padre, irónicamente al sillón en donde yo me le había declarado a Giovanna la noche previa. Dice mi padre que cuando la doctora Del Valle se enteró de "mi" trampa, soltó tantas palabras en español que a él no le quedó duda de que a mí me iba a cocinar vivo. ¡Y yo no había hecho nada! ¿Cómo iba a convencer a mis padres de que era verdad? No pasó mucho tiempo antes de que el sufrido matrimonio Wakabayashi llegara hasta la humilde puerta de mi habitación, a donde mi madre entró como tromba porque yo no le puse seguro a la chapa.
- ¿ME QUIERES EXPLICAR, DAISUKE WAKABAYASHI, CÓMO FUE QUE TE ATREVISTE A COMETER LA ESTUPIDEZ DE HACER TRAMPA CON TUS CALIFICACIONES?.- la doctora Del Valle gritó tan fuerte que seguro que su voz se escuchó hasta Siberia.- ¿Eres imbécil o qué? ¿Qué acaso crie a un tramposo? ¿Te das cuenta de lo que hiciste? ¿Con qué cara vamos a ver a tu director después de lo que acabas de hacer? ¿En qué momento te hemos enseñado tu padre o yo a hacer trampa, condenado cabrón?
- ¡Mamá, yo no lo hice!.- el enojo se me bajó de golpe al ver a mi madre tan furiosa.- ¡Te juro que yo no cambié mi nota de francés!
- Yuri, cálmate.- hasta el gran Genzo Wakabayashi se sorprendió de la reacción de su mujer.- Dijimos que íbamos a tratar este asunto como los adultos maduros que se supone que somos.
- Con un carajo, ¡sabes bien que no lo somos!.- replicó mi madre; en otra circunstancia yo me habría reído muchísimo con esta respuesta.- ¡Que nomás decimos eso delante de nuestros hijos para no parecer unos incompetentes! Pero todo ha sido en vano si este pequeño mequetrefe se ha pasado nuestros consejos y educación por donde no le brilla el sol para resolver las cosas por el camino fácil.
- ¡Que yo no cambié la calificación, mamá!.- repetí, desesperado.- ¡Ni siquiera sé cómo alguien podría entrar a ese condenado sistema! ¡NO soy un hacker profesional, sólo soy un adolescente muy idiota!
- De eso no nos queda la menor duda.- dijo el gran Genzo Wakabayashi, con dureza.
- ¿Vas a tener el descaro de mirarme a los ojos y decirme que tú no cambiaste tu nota en francés y la de Claude en matemáticas?.- me cuestionó la doctora Del Valle.- ¡Quiero ver que te atrevas!
- ¿Qué?.- exclamé, muy sorprendido.- ¿También cambiaron la calificación de Claude?
Obviamente esto yo no lo sabía. ¿Cómo podía estar al tanto? Por supuesto, la cuestión cambiaba radicalmente si también a Claude le habían cambiado una nota. ¿Habría sido él el verdadero responsable de esta situación? No, estaba convencido de que no era así. Es cierto que en algún momento a mi tarado amigo se le ocurrió hacer trampa pero yo sabía que Claude no era capaz de cometer este tipo de engaños. Además, él solo no podría haber hackeado el sistema de la escuela, si ni yo puedo hacerlo, que tengo más conocimientos en esos asuntos, mucho menos lo va a hacer él que no sabe tanto del tema. Había algo ahí que olía muy mal pero no podía identificar qué era.
- No te hagas el tonto que bien que lo sabes.- replicó mi padre.- Se cambiaron las calificaciones de ambos casi al mismo tiempo y ya estamos enterados de eso, no intentes confundirnos.
- Espera un segundo, Daisuke.- a mi madre se le bajó el enojo de golpe.- ¿De verdad no sabías que Claude también cambió una de sus notas?
- ¿Cómo se supone que voy a saberlo?.- contesté, con toda la sinceridad de la que fui capaz.- Si ya les he dicho muchas veces que yo no tuve algo que ver.
Algo debió pasar sin que yo me diera cuenta porque la doctora Del Valle se quedó callada y dejó de verme con rabia. Tampoco mi padre parecía saber qué fue lo que hizo que su esposa se calmara tan repentinamente así que intercambió con ella una mirada, que resultó más confusa para mí pues no conocía su sistema de comunicación ojo a ojo.
- Daisuke, no te muevas de aquí.- me ordenó el gran Genzo Wakabayashi.- Voy a hablar con tu madre un momento.
- Seguro.- suspiré. ¿A dónde más podría ir, de cualquier manera?
Mis padres salieron de mi habitación pero no se aseguraron de dejar bien cerrada la puerta. Obviamente, aproveché este descuido para espiarlos un poco. Y lo que escuché me dejó muy sorprendido. ¡De alguna manera conseguí convencer a mi madre de que yo no cambié las calificaciones! O eso fue lo que ella le dijo a mi padre, muy convencida de lo que decía.
- ¿Pero qué demonios fue lo que te hizo cambiar de parecer, Yuri?.- cuestionó el gran Genzo Wakabayashi, perplejo.- ¡Si hace apenas unos minutos querías castigarlo hasta que cumpla los cuarenta años!
- ¿No viste la cara que puso cuando le dije que la nota de Claude en matemáticas también cambió?.- comentó la doctora Del Valle.- Daisuke estaba completamente sorprendido, su reacción fue auténtica. Gen, he tratado con muchos niños que mienten y fingen enfermedades para no ir a la escuela así que sé muy bien cuando alguien aparenta sorpresa y créeme, el asombro de Daisuke fue real, él de verdad no sabía que la calificación de Claude también fue cambiada.
- ¿Ésa es prueba suficiente para creer que nuestro hijo no hizo trampa?.- mi padre no sabía qué responder ante la lógica de mi madre.- Pudo haber cambiado su nota y no haberle metido mano a la de Claude.
- Gen, mi amor, hasta tú tienes que admitir que eso no pudo haber sido posible.- negó mi madre, con una sonrisa ligeramente burlona.- Nuestros hijos y los Schneider lo hacen todo juntos, si tanto Claude como Daisuke hubiesen pensado en cambiar sus calificaciones, lo habrían planeado juntos.
Bueno, que eso es verdad. No hay travesura o maldad que los Schneider proyecten en donde los Wakabayashi no estén presentes y viceversa, los ocho niños nos criamos juntos y éramos vecinos desde antes de que cualquiera de nosotros tuviese memoria, los que nos conocían sabían que si un Schneider estaba metido en un lío, era seguro que también habría un Wakabayashi involucrado.
- Puede que tengas razón en eso.- el gran Genzo Wakabayashi cedió, aunque de manera parcial.- Pero de cualquier modo no podemos fingir que nada ha sucedido, Yuri, la escuela planea reprobarlos a los dos en esas materias como castigo, ni siquiera sé si el director tiene contemplado expulsarlos.
- Honestamente dudo que Zimmerman tenga cabeza en estos momentos para pensar en eso.- replicó la doctora Del Valle.- Te creo que los reprueben pero no que los expulsen.
Rayos, que con tanto enojo no me había puesto a pensar en el riesgo que corríamos Claude y yo de ser reprobados en matemáticas y en francés. ¡No podía ser posible, después de todo lo que nos esforzamos para que eso no sucediera! ¿Cómo podía ser que de buenas a primeras los profesores se creyeran que nosotros somos culpables sin investigar primero? Es cierto, los Schneider y yo hicimos muchas travesuras y jugarretas a los profesores en el pasado pero en general tanto Claude como yo llevamos notas decentes y nunca hemos hecho trampa, ¿por qué no podían darnos el beneficio de la duda? Obvio es, si nos reprobaban en francés y en matemáticas, tanto Claude como yo tendríamos que ir a las clases de regularización en verano y nos perderíamos cualquier oportunidad de hacer algo de provecho para nosotros mismos. Claude tenía programado un curso especial de fotografía y yo planeaba tomar clases de violín con el mejor violinista del mundo, pero si teníamos que ir a los cursos de verano bien podríamos decirle adiós a esos proyectos.
Y fue en ese momento en el que entendí que alguien nos puso una trampa y que nosotros caímos en ella sin vérnosla venir (aunque vamos, ¿quién se podría imaginar que alguien cambiaría nuestras calificaciones?). Las preguntas eran: ¿quién lo hizo y por qué? Bueno, quizás el motivo quedaba más o menos claro pero no así el autor. En esos momentos no se me ocurría quién demonios podría odiarnos al grado de meternos en un lío como éste, pero sin duda que tendría que averiguarlo si quería salvar mi pellejo. Y el de Claude también.
- ¿Y qué se te ocurre entonces, Yuri, que no lo castiguemos?.- preguntó el gran Genzo Wakabayashi.- Hay una posibilidad de que sí sea culpable y que sólo esté manipulándonos.
- Gen, si nuestro hijo es capaz de manipularnos de esa manera, entonces deberíamos preocuparnos porque es un psicópata.- mi linda y dulce madre seguía defendiéndome.- Yo sé lo que vi en sus ojos y puedo asegurarte que él no es culpable, al menos no completamente.
- Puede ser que tengas toda la razón.- mi padre suspiró, resignado.- Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿Lo castigamos o no?
Decidí retirarme porque en ese momento me puse a pensar en cómo podría escaparme de mi casa para ir a ver a Claude. Necesitaba hablar con él para que entre los dos averiguáramos quién rayos nos hizo esta jugada tan torcida. Mis padres no tardaron en volver a mi habitación, en donde me soltaron el castigo que ambos habían planeado: tenía prohibido usar la computadora, cualquier consola de videojuegos y el celular durante un mes entero. Si no me requisaron la Tablet fue porque la necesitaba para mis exámenes finales, lo cual agradecí porque al menos podría seguir escribiendo esta novela de cuarta categoría en la que estoy plasmando mi sufrida vida adolescente. Tampoco podría salir a fiestas, al cine, a pasear o lo que fuera durante ese mismo mes, o sea que en resumidas cuentas estaría confinado e incomunicado por lo que me quedaba de vida, o sea, treinta días.
- ¿Qué sucederá con el club de fútbol?.- quise saber, con cierta ansiedad.- ¿También estoy castigado en eso?
- No.- negó el gran Genzo Wakabayashi, tras consultar a su esposa con la mirada.- Ése es más un compromiso que un hobby y no vas a faltar a él, sin importar lo que suceda con tus notas. Además, tengo entendido que la profesora de francés no tiene poder para bloquear tu permanencia en el club de fútbol y el director no está interesado en castigarte en ese rubro, quizás porque sabe que si la Wittelsbach aspira a ganar el campeonato, eres tú quien debe estar en la portería.
- Además, sancionarte impidiéndote que juegues fútbol haría que Hermann se viese obligado a poner al estúpido mequetrefe de Hoffman en tu puesto y de ninguna manera vamos a permitir que ese imbécil hijo de la fregada juegue en vez de ti.- replicó mi madre, enojada.- Así que, tanto si quieres como si no, ahora juegas, Daisuke, que tu padre y yo no nos hemos dedicado a maldecir a Hoffman para al final dejarle el camino libre. ¿Te quedó claro?
- Sí, mamá.- no me atreví a llevarle la contraria.- Muy claro.
Acto seguido, mis padres se encargaron de requisarme el 99.99% de mis aparatos electrónicos, en una escena deprimente y dramática que sería digna de cualquier telenovela mexicana. Cuando pregunté tímidamente que si no sería necesario que conservara el celular por si volvía a suceder otro desastre en la Wittelsbach (soy bien manipulador, ya lo sé), la doctora Del Valle me dijo que me dejaría su "cacahuate", un teléfono móvil de baja gama de la época de los dinosaurios que a duras penas servía para hacer llamadas y enviar mensajes de texto, que además no tenía Whatsapp ni Instagram ni Messenger, vamos, que me parece que ni siquiera tenía acceso a Internet. En serio, ¿en qué clase de mundo cavernícola vivían mis padres que tenían teléfonos que sólo servían para hacer llamadas telefónicas? ¿En dónde se ha visto semejante retraso tecnológico? Yo tenía la esperanza de que mi madre estuviese bromeando pero no, al poco rato de que mi padre y ella se llevaran mis cosas, me trajo un celular barato y sencillo, cuya curiosa forma me hizo comprender el por qué le llamaban "el cacahuate".
- He aquí mi mayor castigo.- suspiré melodramáticamente.- Todo porque dicen que hice algo que no hice. ¡Yo no cambié las notas pero nadie me cree!
- Sé que no lo hiciste, Dai.- me dijo mi madre.- Pero no grites, por favor.
- Perdón.- me disculpé, exasperado.- ¡Pero es que...! Espera un segundo: ¿Tú me crees, mamá?
- Aunque te sorprenda pero sí.- asintió la doctora Del Valle.- Supe que tú no cambiaste las calificaciones cuando vi la cara de sorpresa que pusiste al saber que Claude también tiene el mismo problema.
Por supuesto que esto yo ya lo sabía pero me asombró que mi madre lo reconociera ante mí. ¿Eso era una buena señal o era que simplemente estaba muy cansada?
- Mamá, sabes que yo no haría algo así.- decidí aprovechar mi oportunidad.- Es cierto que he hecho muchas cosas estúpidas y que me he metido en muchos problemas pero no soy un tramposo. Ni Claude tampoco, dicho sea de paso; nos conoces mamá, nunca hemos hecho trampa y no veo el por qué querríamos empezar a hacerlo ahora; con todos los problemas que hemos tenido en los últimos meses, lo que menos queremos es crear más.
- Te creo.- dijo mi madre, tras soltar un suspiro.- Y también creo que Claude no tuvo algo que ver. Sin embargo, lo preocupante aquí es: si no lo hiciste tú y tampoco lo hizo Claude, ¿quién cambió las calificaciones y por qué motivo?
- Ah, ten por seguro que lo averiguaré y cuando lo haga le voy a patear los hue… .- comencé a decir.
- ¡Daisuke!.- me regañó la doctora Del Valle.- ¡Cuida ese lenguaje!
- … sos.- completé, poniendo cara de disculpa.- No sé, mamá, no tengo ni idea de quién pudo habernos hecho esto.
- Quizás fue un error.- replicó mi madre, aunque no se veía convencida.- Quizás los profesores andan tan perdidos y atribulados con lo del incendio que ellos mismos cambiaron las notas y no se acuerdan.
Esta teoría no se la creyó ni ella, considerando que era bastante difícil que los maestros de francés y de matemáticas hubiesen cambiado por accidente exactamente esas dos calificaciones. No, aquí algo apestaba a huevo podrido y hasta la doctora Del Valle lo sabía, pero supongo que se dio cuenta de que como madre no podía meter esas ideas en mi frágil cabecita.
- Quizás.- decidí fingir que aceptaba su hipótesis.- Cambiando el tema, ¿sabes cómo están Mijael y Edward?
- ¡Oh, sí!.- el rostro de mamá se iluminó por la alegría que le causaba la noticia que estaba por darme.- Hablé con Eli y con Lara hace rato, ambos están mucho mejor y van a sacarlos hoy de Terapia Intensiva. Si siguen evolucionando bien, podrían darlos de alta en un par de días.
- ¡Genial!.- sentí que el pecho me iba a estallar del alivio que experimenté. ¡Ellos sobrevivirían!.- ¡Éstas son excelentes noticias, mamá!
- Claro que lo son.- mi madre compartió mi felicidad.- Quizás más tarde pueda conseguir que ustedes entren a verlos, aunque sea por un par de minutos.
- Eso me gustaría.- de repente sentí que el mundo no era tan miserable.- Gracias, mamá.
- Procura no meterte en más problemas, Dai.- la doctora Del Valle volvió a suspirar.- Ni tampoco dejes que otras personas lo hagan por ti.
Ay, mamá, lo dices como si eso fuese algo que me encantara hacer.
Cuando mi madre se fue, miré el infeliz "cacahuate" y llegué a la conclusión de que esa porquería sólo me iba a servir como pisapapeles, aunque quién sabe, quizás me ayudaría a comunicarme con Claude ahora que tenía restringido el acceso a Internet. En los siguientes días él y yo debíamos mantenernos frecuentemente comunicados si queríamos averiguar quién nos había tendido esa trampa. Ni modo, no nos quedaría más remedio que jugar a ser detectives.
A pesar del montón de cosas malas que seguían pasando (incluyendo el hecho de que mi Giovanna se negaba a responder mis llamadas), la situación comenzó a mejorar alrededor de media tarde, cuando mi madre anunció que nos llevaría a mis hermanos y a mí a ver a Mijael y a Edward. Jaz estaba emocionadísima, tanto que se le salieron las lágrimas y pues tengo que reconocer que Benji y yo también estábamos muy contentos, no habían pasado más de 24 horas desde que los dejamos de ver pero sentíamos como si hubiese transcurrido un siglo. Los tres teníamos ganas de asegurarnos de que nuestros amigos no se habían muerto y que regresarían pronto a casa. Me sentí un poco culpable porque nosotros podríamos ver a Mijael y a Edward mientras que sus hermanos no, pero cuando llegué al hospital me enteré de que los gemelos Schneider y Vania ya habían visitado a Mijael (desgraciadamente Claude ya había vuelto a su casa así que no podría hablar con él) y que incluso Lizzie era una de las personas autorizadas para cuidar de Edward (al parecer mintió y dijo que tiene dieciocho años y no diecisiete), además de que Vladimir ya nos estaba esperando para entrar con nosotros. Lo dicho, la doctora Del Valle es bien nepotista pero en esta ocasión fue para bien.
- ¿Están listos?.- nos preguntó la doctora Del Valle.- No contesten preguntas, no miren a nadie, no toquen nada y, por supuesto, no se metan en lugares que no deben.
Ésa fue la primera vez que entré a un hospital y debo decir que el asunto me encantó. No sé si fue el olor a alcohol y a medicina, las deprimentes lámparas fluorescentes o que se percibía el dolor en cada esquina pero algo ahí me cautivó. Ver a tantas personas vestidas de blanco, serias y profesionales en su trabajo, me produjo un respeto profundo por mi madre, por mis tíos Gwen y Leo, por mi tío Leonardo y por todo aquél que dedicaba su vida a ayudar a recuperar la salud perdida. Si no fuera porque ya estoy demasiado confundido con mis posibles carreras, podría considerar el ser médico pero no quiero crear más líos en mi mente. Ni en la de mi padre, dicho sea de paso.
A pesar de que mamá nos advirtió sobre la condición de Mijael y de Edward, al incorruptible Ichimei, a Vladimir y a mí nos impactó demasiado el verlos a ambos acostados en las camas, con los brazos vendados y con muchísimos sensores pegados en el pecho. Mi tío Leo insistió en que eso era algo que se les hacía a todos los pacientes pero a nosotros nos pareció que estaban en su lecho de muerte. A Jaz, sin embargo, nada de esto le importó y se acercó para abrazar a Mijael; éste se aferró a ella como si de ello le dependiera la vida y quizás en cierto modo así había sido.
- ¡No sabes lo feliz que me hace el saber que estás bien, Mijael!.- mi hermana mayor se soltó a llorar.- ¡Tenía tanto miedo de perderte!
- Y yo tenía mucho miedo de no volverte a ver.- Mijael le secó las lágrimas con los dedos vendados.- Mientras estaba ahí atrapado no hacía más que desear el poder verte de nuevo. A ti y a mi familia, por supuesto.
- Gracias por dejarnos de lado, Fede.- dije, haciendo gala de mi increíble habilidad para decir estupideces en momentos complicados.- Se ve que te importamos todos.
- No seas celosa, Chucky, ven a darme un abrazo.- Mijael se separó de mi hermana y me hizo señas.- Tú también, Benji, que para todos tengo.
Nosotros obedecimos mientras Vladimir se acercaba a abrazar a su hermano, quien había permanecido muy callado hasta ese momento; Lizzie estaba a su lado y le acariciaba una de las vendadas manos, en un gesto que decía mucho de los sentimientos que había entre ambos. En una esquina estaban Bryan Cruyffort y mi tía Lara, a quien se le notaba ya bastante su embarazo; ambos permanecían apartados y sin hablar, como si no quisieran interrumpir nuestra emotiva reunión.
(Aquí hago una pausa para preguntar: ¿Será que los Cruyffort ya se enteraron de que sus retoños están enamorados? ¡Eso es algo que me muero por saber!)
Cuando terminé de abrazar a Mijael, de una forma macha, varonil y masculina por supuesto, me acerqué a Edward para abrazarlo también pues no deseaba que se sintiera menos.
- ¿Cómo estás?.- le pregunté.- Me da mucho gusto que estés bien.
- Gracias.- Edward me sonrió de una forma más bien triste.- Es bueno saber que a pesar de haber sido tan imbécil hay gente que se sigue preocupando por mí.
- No eres un imbécil.- rebatió Lizzie, de inmediato.- Un accidente cualquiera lo puede tener.
- Y aunque seas un imbécil, porque yo creo que sí lo eres, eso no significa que ya no te vamos a querer.- añadió Vladimir.- Incluso, aunque tú no lo quieras creer, mamá Lara también lo hace y se preocupa mucho por ti.
- Lo sé.- a Edward se le quebró la voz y evitó la mirada de su madre.- Sé que Lara nos quiere como si fuésemos sus hijos, eso lo he podido comprobar ahora… Por eso digo que he sido un tremendo imbécil…
Mi tía Lara estuvo a punto de abrir la boca pero mi tío Bryan la detuvo; Edward necesitaba una catarsis y si lo interrumpían quizás nunca la tuviera. Era evidente que Edward llevaba mucho tiempo peleándose con su peor enemigo, es decir, él mismo, y había tocado fondo con el incendio del laboratorio. Nosotros queríamos ayudarlo pero no estábamos seguros de cómo hacerlo, éramos tan niños como él y además no sabíamos cuál era el infierno personal por el estaba pasando.
- Bueno, no te lo tomes tan a pecho, Cruyffort, todos somos unos imbéciles.- fue Mijael el que rompió el silencio.- De una forma o de otra pero lo somos; todos en un momento hemos llegado a creer que nuestros padres no nos quieren porque nos obligan a hacer lo que ellos desean así que no te sientas tan especial. Lo que estuvo mal es dejar que ese sentimiento de soledad y abandono que sentías se arraigara en ti y que no lo comentaras con nadie. Durante mucho tiempo me pregunté por qué la habías agarrado contra mí si nunca te hice nada, tardé en darme cuenta de que en realidad me tomaste para descargar toda tu frustración por cosas que no termino de comprender pero que sé que tienen que ver con tu soledad.
- He sido un estúpido, Schneider, eso lo sé perfectamente.- respondió Edward.- Por eso es que quiero disculparme contigo, porque te hice blanco de mis ataques y no había razón para eso ya que tú no tienes la culpa de lo que me pasa.
Jaz, Benji, Vladimir, Lizzie, Mijael y yo nos quedamos con la boca abierta. ¿Qué Edward quería disculparse con Mijael? ¡Anda, que se va a acabar el mundo! Edward notó nuestra sorpresa y se turbó, sin duda que le hubiese gustado hablar de esto a solas con Mijael pero no estaba en posición de exigir.
- No hay necesidad de que te disculpes, Cruyffort.- aseguró Mijael, para tratar de bajar la turbación de aquél.- Todo ha quedado en el pasado.
- Tal vez para ti sí pero para mí no.- negó Edward, con la voz rota.- Lo lamento, Schneider, en verdad. Sé que te jugué muy sucio y te pido que me disculpes, lo único que deseaba era descargar mi frustración contigo, te hice víctima de mis ataques por la estúpida razón de que tú tienes todo lo que yo quería tener...
- ¿Qué carajos quieres decir con eso?.- Vladimir formuló la pregunta que todos nos estábamos haciendo.
- Sé que suena estúpido.- Edward cerró los ojos cuando las lágrimas comenzaron a caer.- Pero yo te odiaba porque tú tienes viva a tu mamá y tu familia está completa. Yo me veía a mí mismo como un huérfano con una familia destrozada que no conseguía estar unida otra vez. Y en vez de darme cuenta de que Lara y Lizzie eran eso que nos hacía falta para estar unidos de nuevo, las vi como un par de intrusas que pretendían deshacer algo que, en realidad, estaba roto desde hace mucho tiempo…
- Básicamente, me usaste para descargar tu dolor porque no podías hacerte bullying a ti mismo.- gruñó Mijael.- ¿Es eso?
- Lo lamento, Mijael.- insistió Edward, sin dejar de llorar como Magdaleno.- Sólo quiero que me perdones, que me perdone Vladimir y Lizzie, que me perdonen papá y mamá porque he sido un estúpido que no ha sabido darse cuenta de las cosas, que no he sabido ver que siempre tuve una familia y que ellas son lo mejor que nos pudo pasar después de que mi madre se fue, porque nos volvieron a unir cuando ya amenazábamos con fragmentarnos, pero todo esto no lo supe ver hasta que casi maté a alguien en el proceso… Perdóname, Lizzie, perdóname Vladimir, perdóname papá pero por sobre todo, perdóname, mamá, por haberme negado tanto tiempo al amor que siempre me has querido dar.
Ay, a pesar de lo muy macho y hombre que soy, no pude evitar que se me llenaran los ojos de lágrimas cuando mi tía se acercó a abrazar a su bebé y éste le correspondió. Edward lloró con tanto dolor reprimido que creo que a todos nos caló muy profundo, como dije ya en muchas ocasiones, se notaba que él llevaba mucho tiempo cargando con un peso enorme en la espalda pero nunca quiso decírselo a nadie y en cierto modo ahora comprendía el por qué. Yo, en lo personal, acabaría detestando a alguien que tuviese una hermana menor viva si Aremy llegase a morir, aunque ese alguien no tuviese la culpa. Después del llanto inicial, Vladimir, Lizzie y mi tío Bryan se unieron al abrazo colectivo y los Wakabayashi nos pegamos a Mijael, en parte para no romper la magia y en parte porque nos sentíamos agradecidos de poder tenerlo a él.
- Todo va a estar bien, mi niño.- dijo mi tía Lara cuando se controló lo suficiente.- Quizás sería buena idea que fueras con alguna psicóloga.
- Si tú crees que es lo mejor, mamá, está bien.- aceptó Edward, con humildad.
- Perdóname, hijo, por no haber sabido reconocer que necesitabas ayuda.- dijo mi tío Bryan, a su vez.- Yo perdí a mi hermano cuando era muy joven y necesité apoyo psicológico para superar ese suceso tan traumático, debí de suponer que ustedes también lo necesitarían para recuperarse de lo sucedido con su madre.
- No te disculpes, papá, que tú tampoco tienes la culpa.- negó Edward.- He sido yo el que se ha tomado las cosas a mal pues Vladimir sí supo seguir adelante.
En ese momento iba el susodicho a decir algo cuando la puerta se abrió y por ella entró mi tía Gwen, quien lucía muy molesta. Al parecer, el director Zimmerman, el subdirector Wolf y el abogado de la Wittelsbach estaban ahí e insistían en hablar con Edward y con Mijael para que dieran su versión de los hechos. De primera intención, mi tía Lara saltó porque era una inconsciencia y una tremenda falta de respeto el que ese hijo de puta (juro que así lo dijo) del director estuviese ahí para importunar pero entonces entraron mis tíos Karl y Elieth, muy enojados también porque habían escuchado que Zimmerman pensaba culpar a Mijael de lo sucedido.
- Y que yo sepa, Mijael avisó con tiempo de que esa maldita conexión del gas estaba fallando.- dijo mi tía Eli, furiosa.- Que vaya a culpar a su abuela, carajo.
Se armó un pandemónium y Vladimir, mis hermanos y yo nos dimos cuenta de que no era prudente seguir ahí, así que Jaz se acercó a Lizzie y le sugirió salir para dejar que los padres de ambos delincuentes juveniles arreglaran el problema. Lizzie no estaba muy convencida pero aceptó que ella no podría resolver algo y se fue con nosotros, aunque a regañadientes, así que mis hermanos, mis primos y yo nos quedamos parados en el pasillo mientras el director, el subdirector y el abogado entraban en la habitación, seguidos por mi tía Gwen y mi madre, para intervenir en caso de que los enfermos se pusieran mal (mentira, seguro que querían enterarse del chisme). Lo que sucedió después me lo narró Mijael con lujo de detalles, qué lástima que no pude ser testigo presencial de esta masacre.
De inicio, como dije ya, el director Zimmerman quería a toda costa enjaretarle a Mijael el asunto del incendio; que según, a pesar de que avisó que la toma de gas del mechero no estaba funcionando bien, seguramente había sido él quien ocasionó el problema pues era conocida su manía de andarse metiendo en líos cada dos por tres, todos sus profesores eran fieles testigos de eso ("casualmente", la única que podía haberle llevado la contraria al director, la profesora Quilty, no fue invitada a la reunión); el hombre ensalzó también las cualidades de buen estudiante de Edward, alguien que acabó metido en un problema mayor por culpa de un adolescente hiperactivo que no sabía controlar sus ímpetus. En base a esto, Zimmerman insistía en que Mijael merecía ser castigado severamente y expulsado de la Wittelsbach. Mi mejor amigo me confesó que esto le habría asustado muchísimo de no ser porque vio la cara que puso el abogado, quien parecía tener ganas de patear al estúpido director en sus partes nobles.
Mis tíos Karl y Eli, que no sabían todavía la versión de Mijael y de Edward, no supieron bien cómo manejar de primera intención el asunto de la expulsión pero ambos se le echaron encima al director, acusándolo de ser un insensible por ir a hablar de expulsión cuando Mijael aún seguía hospitalizado. El abogado de la Wittelsbach creyó lo mismo pues trató de apaciguar la situación al asegurar que lo único que se buscaba era saber la verdad y en base a ello determinar qué medidas se debían tomar, que no se trataba de incomodar a los jóvenes sino de llegar a una conclusión unánime sobre lo sucedido.
- En realidad todo fue culpa mía.- soltó Edward, muy tranquilamente.- No fue Mijael quien inició el incendio, fui yo.
- ¿Qué cosa?.- soltó el director, sorprendido.- No trates de encubrir a Mijael.
- No tengo por qué encubrirlo, ni siquiera me cae bien.- replicó Edward, con tanta seriedad que nadie puso su declaración en duda.- Y precisamente porque no me agrada es que yo no le hice caso cuando él advirtió que la toma de gas no funcionaba. Me lo dijo a mí y se lo dijo a la profesora Quilty, la cual por cierto no está aquí y me sorprende porque si ella estuviera presente, ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación, señor director. De cualquier manera eso no importa, nosotros sabíamos que la toma no funcionaba correctamente, Mijael se encargó de avisarnos y no le hicimos caso, así que no puse mucha atención cuando encendí una llama cerca de la toma, que fue al final lo que comenzó el incendio.
- ¿Por qué prendiste una llama cerca de la toma de gas defectuosa, Edward?.- el subdirector Wolf carraspeó.- La profesora Quilty nos ha dicho que, a la hora en la que ocurrió el accidente, ya no estaban utilizando los mecheros de gas.
- ¿Está insinuando que mi hijo causó ese incendio a propósito?.- mi tía Lara saltó en defensa de Edward.- ¿Qué es esto, un interrogatorio policiaco? ¡Créame que no le va a gustar jugar a este juego con una agente de la Interpol!
- No te alteres, Lara, recuerda tu presión.- intervino Bryan Cruyffort, quien lucía más calmado a pesar de que seguramente estaba tan indignado como ella.- Subdirector Wolf, si esto se va a convertir en una acusación, me temo que tendremos que cortar esta plática para llamar a mi abogado.
- Yo también deseo un abogado para mi hijo.- terció el Káiser de Alemania.- Dicen ustedes que no pretenden acusar pero eso es lo que han estado haciendo desde que llegaron y no vamos a permitir que le achaquen a nuestros hijos un problema que debió de haber resuelto la escuela desde hace mucho tiempo.
- ¡Nomás eso me faltaba, que pretendan expulsar a mi hijo además de tacharlo de vándalo!.- gritó mi tía Elieth.- ¿Les parece a ustedes muy decente el negar sus responsabilidades acusando a un pobre muchacho moribundo?
Que Mijael no estaba moribundo, pues, pero ya sabemos que a mi tía Eli le gusta el drama. En fin, que nuevamente el abogado de la Wittelsbach intentó apaciguar las aguas que habían agitado el par de imbéciles que fungen como director y subdirector de mi snob escuela, sin mucho éxito, insistiendo en que las preguntas de esos idiotas sólo tenían como objetivo tratar de esclarecer los hechos y nada más.
- Eso ya lo dijo antes.- replicaron mis tías al unísono.- ¡Pero no hacemos más que escuchar acusaciones!
- ¿Podrían ya dejar el drama de lado?.- pidió Edward, fastidiado.- No sé qué más quieren saber si ya les dije todo lo que necesitaban oír, que fui yo quien ocasionó el incendio al encender una flama cerca de una toma de gas defectuosa que Mijael ya había reportado con anterioridad. Él no es ningún problemático, él simplemente salvó mi vida; si Mijael no hubiese saltado sobre mí en el momento justo, yo no estaría aquí. Así pues, si van a expulsar a alguien, ese alguien debo ser yo por haber causado el problema, a Mijael déjenlo en paz.
- ¡Que se atrevan a expulsar a alguno de los dos y verán como les cae una demanda millonaria!.- exclamó mi tía Lara.- Es más, ya estaba considerando demandarlos por negligencia, no es posible que esa escuela tan prestigiosa no le dé mantenimiento adecuado a sus instalaciones. ¡Todos los días hay niños ahí! ¿Qué no pueden ver el enorme riesgo al que siempre los expusieron mientras ustedes no hacían algo para impedirlo?
- De que demandamos, demandamos.- se unió mi tía Elieth.- ¡Es lo menos que se merecen!
- No nos precipitemos, señoras, por favor.- el director supo que metió las cuatro patas e intentó frenar el tren descarrilado que se le venía encima.- Como institución estamos muy conscientes de que es nuestro deber hacer que las instalaciones sean seguras para nuestros alumnos, les aseguro que nuestro sistema de mantenimiento es infalible, de ahí que me haya atrevido a suponer que Mijael haya tenido la culpa en la creación de la deflagración…
- Ya le dije que si va a culpar a alguien, que sea a mí.- a Edward no le importó interrumpirlo.- Yo ocasioné el incendio.
- Pero fue un accidente.- Mijael por fin se atrevió a hablar.- Con tanto escándalo, Edward no ha podido responder a la pregunta del subdirector Wolf así que lo haré yo: Edward quiso volver a encender el mechero porque yo tuve un pequeño error en uno de los experimentos que estábamos haciendo e íbamos a repetirlo. Por fortuna, me acordé a tiempo de esa falla de la toma y salté sobre él a tiempo para evitar que se quemara… más de lo que ya está, quiero decir. Ninguno de nosotros tuvo la culpa, fue un accidente nada más.
- Un accidente que se pudo haber evitado.- señaló el señor Schneider.- Porque mi hijo ya había reportado que esa toma de gas estaba mal.
- Por eso es que vamos a demandarlos.- añadió mi tía Lara.- Seguro que la Wittelsbach podrá pagar bien una buena indemnización, con lo terriblemente caras que están sus colegiaturas.
No sé si el director y el subdirector hicieron su estrategia sin consultar antes con el abogado o si éste estaba drogado cuando planearon el asunto porque la verdad es que querer culpar a Mijael para lavarse las manos fue la peor de las ideas que pudieron tener. Si por lo menos no hubiesen mencionado lo del castigo y la expulsión, quizás en un universo paralelo la cosa podría haber resultado, pero así como se planteó el asunto pues nada, era evidente que los Schneider y los Cruyffort iban a saltar si a uno de los heridos se lo acusaba de sabotaje. Además, como Edward buscó la manera de exonerar a Mijael echándose la culpa, era casi imposible que el director Zimmerman continuara con su plan idiota de querer acusar a Mijael, sobre todo porque a Edward no lo expulsaría por ser un buen alumno que nunca se metía en problemas. Y Mijael, a su vez, se encargó de mantener seguro el pellejo de Edward al decir que el asunto no fue más que un accidente (obviamente que si Mijael revelaba el acoso que había estado sufriendo a manos de Edward la situación sería diferente pero mi amigo no iba a decirlo jamás).
- A ver, ya.- en algún momento, Bryan Cruyffort se cansó de la situación y puso fin a las quejas de mis tías.- Independientemente de quién haya tenido la culpa, señores, debo recordarles que es responsabilidad de la escuela el mantener las instalaciones seguras para sus alumnos. ¿No tienen ustedes un plan de mantenimiento anual? Bien, lo primero que haré entonces en cuanto mi hijo salga del hospital es pedir una inspección de ese plan para saber cuándo fue la última vez que se le dio mantenimiento al laboratorio de química, porque no importa si Mijael avisó o no del defecto en la toma de gas, es responsabilidad de la Wittelsbach verificar que no haya desperfectos en sus aulas y laboratorios para que éstas no se conviertan en trampas mortales para nuestros hijos.
- No es necesario, señor Cruyffort.- el pobre abogado de la Wittelsbach supo que el daño estaba hecho y trató de limitar la extensión del mismo aunque ya era demasiado tarde, ya tenía a cuatro padres enojados y con poder que estaban dispuestos a hacer lo que fuese necesario para amolar a la escuela lo más posible.- Esto no es más que una confusión, la Wittelsbach está en la mejor disposición de ayudar con los gastos de hospital de estos jóvenes.
- Bah, que no necesito su dinero.- mi tía Lara hizo gala del espíritu contradictorio tan característico de los Del Valle.- En todo caso, usen su cochina plata para pagar las cuentas de algún niño de bajos recursos que sí lo necesite. ¡Y para contratar a alguien que les revise las malditas tomas de gas, por el amor de dios! Lo que es seguro es que no voy a permitir que se culpe a ninguno de estos dos muchachos por lo sucedido cuando todos sabemos que es responsabilidad de la escuela.
- Señores, les ofrezco una disculpa por lo sucedido.- el director Zimmerman decidió capitular y trató de corregir el daño que había hecho.- Nunca quise culpar directamente a Mijael, sólo lo manejé como una posibilidad pero ahora que hemos comprobado, por boca del propio Edward, que el incendio fue accidental, no hay motivos para seguir afirmando que vamos a expulsarlo.
- Eso está mucho mejor.- mi tío Karl sonrió con cierta burla.- Ya estamos hablando en un idioma en el que todos nos vamos a entender.
Lo que pasó después no importa, basta con saber que ni Edward ni Mijael serían expulsados de la Wittelsbach. Lo único que queda por señalar con respecto a este tema es que cuando mi madre y mi tía Gwen los corrieron a todos para cuidar de los enfermos, Edward le preguntó con timidez a Mijael si era demasiado tarde para que intentaran limar asperezas y comenzar de nuevo.
- Sería demasiado pedir que seamos amigos así como así.- dijo Edward.- Sobre todo después de lo que hice; quizás tú no estés en condiciones de perdonarme aún pero si me dieras una oportunidad podríamos intentar llevarnos mejor.
- Si quieres ser mi amigo, sólo pídelo y ya.- Mijael sonrió ampliamente.- Y deja de ser tan formal.
Bueno, que ya podemos agregar "arreglar problemas entre dos personas que no se tragan" a la lista de cosas que puede solucionar un incendio.
