Capítulo 31.- La Casa del Té de la Luna.
Y como dice el dicho, me llueve sobre mojado. Apenas llevábamos seis meses de ese condenado año y yo ya quería tirarme a un pozo. ¿No podía irme a dormir y despertarme el 31 de diciembre?
Sí, ya sé que eso es de cobardes y en teoría yo no lo soy. En teoría. En fin, al volver a mi casa y encerrarme en mi cuarto, ya se me había pasado la bonita sensación que tuve tras haber comprobado que mi mejor amigo y mi primo sobrevivirían y me cayó de golpe otra vez mi dura realidad. ¿De verdad estaba castigado y me iban a reprobar en francés? No terminaba de creérmelo, tenía la esperanza de que en algún momento mi padre entrara por la puerta de mi habitación para decirme que todo había sido una broma y que en realidad nadie habló de la Wittelsbach para quejarse de que yo cambié mis calificaciones. Por supuesto, una vez más tuve que repetirme una verdad incuestionable.
El gran Genzo Wakabayashi no hace ese tipo de bromas.
Necesitaba hablar con alguien pero gracias a mi estúpida idea de besar a Giovanna, ahora ya ni siquiera podía contar con su apoyo. Intenté marcarle a su celular una vez más desde el infame "cacahuate" (porque tanto ella como sus hermanos y los Schneider ya habían regresado a casa de éstos ahora que los matrimonios Cruyffort y Schneider se turnaban para cuidar a los heridos en el hospital y no dejar a sus otros hijos solos), pero Gio no me respondía, era evidente que no quería hablar conmigo. Ya estaba más que arrepentido de habérmele declarado pero el daño estaba hecho y tampoco sentía el ánimo que me dieron las palabras de mi padre con respecto a que nunca me diera por vencido, no cuando el gran Genzo Wakabayashi había expresado que lo decepcioné por algo que no hice. En fin, tendría que esperar unos días a que a Giovanna se le pasara su odio hacia mí para intentar hacer algo, o por lo menos debía aguantar a que Mijael saliera del hospital para contarle mi desgracia y tratar de hallar juntos una solución.
Ahora bien, ¿quién podría haberme cambiado las calificaciones por pura maldad u odio? Es cierto que no soy monedita de oro y que había muchos en la escuela que no me toleraban, sobre todo desde que me volví un gruñón amargado a causa de la enfermedad de Are, pero no creía que hubiese alguien que me detestara al grado de querer verme reprobado en francés. El nombre de Margus Hoffman me vino de inmediato a la mente. ¿No era la opción más lógica? No había dejado de molestarme desde que regresó de su castigo, su actitud de bulleador no desapareció ni porque sus padres le quitaron su apoyo de manera parcial así que me supuse que yo seguía siendo un buen blanco para sus descargas, considerando que soy el que le impide obtener la titularidad en la portería. Si en la escuela seguía provocándome y fastidiando, ¿qué lo detenía de alterarme las calificaciones? Seguro que sabía que en algún momento la administración lo notaría y me castigaría por eso.
Sin embargo, aquí fallaban dos cosas importantes: la primera de ellas era que Hoffman no era tan inteligente. Ya he dicho anteriormente que si él está en la Wittelsbach no es por su cerebro sino por el dinero de su padre y por tanto yo no creía que fuese lo suficientemente inteligente como para idear un plan tan rebuscado. Para eso se necesitaban cierto número de neuronas y definitivamente Hoffman no las tenía. La segunda cosa que fallaba con mi teoría era que se justificaba que Hoffman quisiera fregarme a mí pero no había razón para la que también fastidiara a Claude. Es decir, esos dos nunca habían tenido roces y el hecho de que Claude fuese mi amigo no era razón suficiente para que Margus quisiera atacarlo, o al menos de esa manera lo veía yo pues de ser así también les habría jugado chueco a varios, como a Mijael, ¿o no?
- ¿Dai, estás ahí?.- escuché que mi hermano me hablaba a través de la puerta cerrada de mi habitación.
- No, ya me fui a China.- dije, antes de abrir.- Claro que estoy aquí, ¿en dónde más podría estar? Te recuerdo que estoy castigado de aquí a que cumpla la mayoría de edad y todavía no sé atravesar paredes.
- Qué curioso, pensé que sólo te iban a castigar por un mes. ¿Cómo le vas a hacer para cumplir años cuatro veces más en ese periodo de tiempo?.- replicó Benji, poco sensible a mi fabuloso sarcasmo.- Y podrías haber estado en la sala o cumpliendo trabajos forzados en el jardín, yo que sé. Con unos padres como los nuestros, ya no se sabe.
Touché.
- No les des ideas, por favor.- gemí.- ¿Qué sucede?
- Hay algo importante que tengo que decirte pero necesitas venir conmigo a la sala.- me respondió el incorruptible Ichimei.
- ¿A la sala? ¿Para qué?.- me sorprendí.
- Tú sígueme y verás.- pidió mi hermano.
No tenía algo mejor que hacer y dado que no tenía prohibido moverme por la mansión, obedecí. Benjamín se aseguró de que no hubiese adultos rondando por el sitio antes de ir a la puerta que llevaba al diminuto corredor por el que Jazmín espiaba a nuestros padres; tras abrirla, los gemelos Schneider salieron de ella, tan desconcertados como yo. Claude y yo saltamos al vernos, de haber sido niñas de seguro que habríamos corrido para abrazarnos y llorar por nuestra desgracia.
- ¿Qué están haciendo aquí?.- les pregunté.
- Yo los hice venir por este pasadizo para no levantar sospechas en nuestros padres.- fue Benji quien respondió.- Si nos ven juntos a los cuatro van a pensar que algo tramamos y sí será así pero no conviene que piensen que es algo malo.
- Empiezo a creer que tendré que cambiarte el apodo de "incorruptible Ichimei".- comenté, perplejo.
- El fin justifica los medios y la anarquía es aceptable si vas a sacar algo positivo de ella.- Benji sonrió con malicia.
En serio, empiezo a preocuparme por la mente de mi hermano.
- ¿Y qué es lo que se supone que vamos a tramar?.- Chris lo miró con suspicacia.
- Del cambio de calificaciones de mi hermano y de tu hermano.- contestó Benji.- Yo sé quién lo hizo.
- ¿QUÉ COSA?.- Claude y yo gritamos al unísono.
- ¿Cómo es que tú sabes quién fue?.- Chris levantó sus cejas, asombrado.
- Bueno, no es que lo sepa al cien por ciento pero sí tengo una idea clara de quién pudo haber sido.- aclaró Benji, en voz baja.- Y seguro que ustedes también pueden suponer quién es, basta con que activen sus cerebros. ¿Quién fue el que hace algunos meses les sugirió a Daisuke y a Claude que mi hermano usara sus habilidades de hácker para mejorar sus calificaciones?
Qué tremendo par de tarados somos Claude y yo. La respuesta siempre estuvo ante nuestros ojos y simplemente no la supimos ver. ¿Quién nos detestaba a los dos al grado de querer fregar nuestra existencia? Sí, Kentin Hyuga. Ciertamente que éste preferiría molestar a Mijael más que a Claude pero fastidiar al hermano también era una buena manera de joder a alguien, ¿no?
- Maldito hijo de puta.- solté, al darme cuenta de algo tan obvio.- ¡Ni siquiera me acordaba de eso!
- Pero lo dijo, es cierto que lo dijo.- Claude se palmeó la frente.- ¿Cómo es que no se me ocurrió antes?
- Pero una cosa es que les haya sugerido hacer ese movimiento y otra muy diferente que él lo haya hecho.- intervino Chris, con mucha razón.- Si ni Daisuke, que le sabe más a las computadoras, es capaz de penetrar en el sistema escolar, ¿cómo podría Kentin Hyuga hacerlo?
- Yo tampoco creería que eso es posible de no ser porque yo sé algo que ustedes no.- contestó Ichimei, el anarquista.- Cuando comenzó el incendio yo estaba en la sala de computación, en donde algunos profesores se dedicaban a subir calificaciones a la plataforma escolar, entre ellos el de matemáticas y la de francés, lo que significa que tenían abiertas sus cuentas personales del servidor de la escuela.
Creo haber dicho que todos, tanto alumnos como maestros, poseemos cuentas que nos permiten acceder al sistema escolar para checar calificaciones y tareas, tanto nuestros como los de otros alumnos (es así como yo he podido espiar los trabajos de Giovanna), pero las de los profesores tienen acceso a zonas vedadas a los estudiantes, en donde se manejan las calificaciones y otros detalles de utilidad para la administración escolar. Ningún alumno podría cambiar sus notas a través de su cuenta pero sí podrían hacerlo a través de la de un profesor, en el caso de que pudieran acceder a una, y esto era mucho más sencillo que intentar hackear el servidor.
- Ajá, ¿y eso qué significa?.- Claude aún no comprendía lo que yo ya empezaba a entender.
- Que es altamente probable que las dejaran activas cuando comenzó el incendio.- continuó Benji.- Entre el caos de salir corriendo, dudo mucho que alguno pensara en cerrar sesión. Y una cuenta abierta de un profesor le puede dar mucho poder a un alumno.
- ¿Y qué es lo que piensas tú, que alguien vio esa oportunidad y la tomó?.- sugirió Chris.- ¿Crees que Hyuga pasó casualmente por ahí, vio las cuentas activas y aprovechó para hacer el cambio de notas?
- No pasó casualmente por ahí porque ya estaba ahí.- replicó mi hermano.- Kentin estaba en la sala de computación desde antes de que yo llegara y estoy seguro de que no salió antes del incendio. De hecho, no recuerdo haberlo visto cuando evacuamos aunque no puedo asegurar al cien por ciento que no venía con nosotros.
- Yo sí me acuerdo haberlo visto a las afueras de la escuela pero no sé cuánto tiempo llevaba ahí ni a qué horas llegó. En ese caos, lo que menos me importaba era saber qué andaba haciendo ese infeliz.- señaló Claude.- ¿Será que ese cabrón fue capaz de jugarnos tan chueco?
- Motivos los tiene.- señalé yo.- Aunque no sepamos por qué nos detesta, es verdad que nos detesta. Y si la oportunidad se le presentó, dudo mucho que la dejara pasar.
- Aun así, el pensar que en vez de evacuar aprovechó para hacerles la maldad es demasiado.- insistió Chris.- No los odia al grado de arriesgar la vida por fastidiarlos.
- A menos que se haya enterado de que el incendio no estaba desarrollándose en un lugar cercano.- replicó Ichimei, el anarquista.- A nosotros nos dijeron que el problema estaba en el laboratorio de química pero que íbamos a evacuar por seguridad; todos sabemos bien que la sala de computación está bastante retirada de ese laboratorio, podríamos habernos quedado ahí y permanecer a salvo.
- Aunque hay pruebas, son meramente circunstanciales.- suspiré.- Es decir, de nada nos sirve creer que fue Hyuga si no tenemos cómo comprobarlo. Ir a sugerirle a Zimmerman que Kentin es el culpable sólo porque andaba por ahí cuando los profesores subían las calificaciones a la plataforma nomás ocasionará que nos incrementen el castigo por andar de difamadores.
- A menos que tengamos pruebas de que él lo hizo.- señaló Claude, pensativo.- Toda la escuela tiene cámaras, lo que significa que debe haber vídeos. Si en alguno de esos vídeos vemos que Kentin Hyuga utilizó las computadoras de los profesores después de que éstos evacuaron, podríamos comprobar que se traía algo turbio entre manos, sobre todo porque no debería de estar ahí si ya habían dado la orden de desalojar.
- ¿Y cómo se te ocurre que tengamos acceso a esos vídeos, tarado?.- lo cuestionó su gemelo.- Nos van a mandar al carajo si pedimos que nos dejen verlos.
- Tal vez no, si se lo pedimos a la persona correcta.- Claude sonrió enigmáticamente.- Pero tendremos que esperar hasta el lunes para saberlo.
Benji, Chris y yo nos miramos con duda porque ninguno sabía qué estaba planeando Claude. No pudimos preguntar más, de cualquier manera, porque en ese momento se escuchó la voz del gran Genzo Wakabayashi en las cercanías, lo que hizo que los gemelos Schneider y Benji se pararan de un salto para apresurarse en salir por el pasadizo secreto. Mi hermano me dijo que acompañaría a nuestros amigos para, en el caso de que algún adulto los descubriera, echarse la culpa de la travesura y que no los castigaran a ellos. Así pues, yo me quedé solo en la enorme sala, pensando en lo que acababa de enterarme. Bien, ciertamente que Kentin Hyuga era un sospechoso más creíble que Hoffman y, de acuerdo a lo que acababa de decir mi hermano, tuvo una oportunidad muy buena para cambiar nuestras notas. La cuestión era: ¿Tendríamos forma de comprobarlo antes de que se acabara el curso?
En ese momento, el gran Genzo Wakabayashi entró en la sala y se sorprendió al verme. Me dio la impresión de que quería decirme algo, quizás regañarme, pero como no encontró con qué hacerlo, se quedó callado. Noté que había vuelto a raparse el cabello, cosa que yo no había hecho aún.
- Pensé que estabas en tu habitación.- dijo mi padre, sólo por comentar algo.
- No tengo prohibido venir a la sala, ¿o sí?.- respondí, tratando de no sonar insolente.
- Siempre y cuando no conectes tus consolas de videojuegos.- replicó el gran Genzo Wakabayashi.- Más te vale que no hayas venido aquí para hacer eso.
- Claro, como soy un idiota rebelde al que le gusta llevarte la contraria en todo, seguramente esperé a que te dieras la vuelta para desobedecerte, padre.- mi gran bocota y yo volvimos a las andadas.- ¿Por qué no me encierras en mi habitación con llave? Quizás así puedas estar tranquilo.
El gran Genzo Wakabayashi me miró fijamente sin decir palabra por algunos minutos. Noté que lucía cansado, frustrado y ciertamente envejecido, como quizás nos veíamos muchos de unos meses a la fecha.
- Está bien, Daisuke, me rindo.- dijo mi padre, después de un rato.- No puedo contigo y con tu insolencia. He intentado entenderte y compenetrarme contigo a todos los niveles pero ya no puedo más. Cuando pensé que al fin había logrado conectarme contigo, traicionaste mi confianza y me demostraste que a ti no se te puede tratar a ningún nivel.
- Eso es injusto, padre.- sus palabras me dolieron y mucho.- Porque gran parte de la culpa de que nosotros no podamos dialogar la tienes tú.
- Genzo, basta ya.- mi tía Elieth habló de repente, sacándome un susto.- Ven conmigo a la cocina, por favor. Ahora.
¿Cuánto tiempo llevaba mi tía ahí y, más importante aún, cuánto de lo que dijimos escuchó? Mi padre la miró con el ceño fruncido, como si estuviese debatiéndose entre obedecerla y responderle agriamente, pero mi tía Elieth no le dio la oportunidad y prácticamente lo arrastró para sacarlo de la sala. Yo me dejé caer en el suelo, sintiéndome vacío por dentro. Ahora sí estaba seguro de que mi padre me había dejado a la deriva y no entendía el por qué. ¿Por qué el gran Genzo Wakabayashi eligió creerle a otras personas en vez de a su propio hijo? Si hasta mi madre acabó por aceptar mi inocencia, ¿por qué mi padre prefería catalogarme como "causa perdida"?
Mientras tanto, mi tía Elieth se había llevado al gran Genzo Wakabayashi a la cocina, en donde comenzó a regañarlo por su actitud. Ella le dijo que comprendía que él se sintiera frustrado y desanimado pero que no debía descargarse con ninguno de sus hijos, por más traviesos o "incorregibles" que éstos fueran.
- ¿Qué te hace pensar que estaba descargándome con Daisuke, Eli?.- quiso saber mi padre, ofuscado.
- ¿Es en serio?.- ella lo miró con enojo.- ¿Qué es eso de decirle que "ya no puedes con él y te rindes"? ¡Una tremenda estupidez, Wakabayashi, eso es lo que es! ¡Jamás debes decirle a ninguno de tus hijos que "ya te cansaste de intentarlo"! ¿Eres idiota o qué?
- Fue un momento de desesperación, lo admito.- mi padre se avergonzó.- ¡Pero tienes que reconocer que cambiar sus calificaciones estuvo mal!
- ¿Me lo dices a mí, que soy la madre del otro "tramposo"? Te recuerdo que es Claude el otro que cambió sus notas y no por eso le ando diciendo que "ya me di por vencida con él".- replicó mi tía, la Emperatriz.- Mira, sé bien que Daisuke puede ser insolente y muy rebelde, pero no lo es más de lo que tú lo fuiste en tus épocas, Genzo. La diferencia radica en que a tu padre le importaba un carajo tu actitud pero eras exactamente igual de problemático. No puedes culpar a tu hijo por ser igual que tú y menos si son tus actitudes tan severas las que lo empujan a ser tan rebelde.
El gran Genzo Wakabayashi tenía como fondo de pantalla de su teléfono una fotografía que él nos tomó casi un año antes, en donde aparecemos mi madre, mis tres hermanos y yo, con parte de nuestro jardín japonés detrás de nosotros. Yo era el único que no sonreía en esa imagen porque nunca sonrío cuando me toman fotos, no me gusta hacerlo, lo cual siempre fue motivo de burla por parte de mis amigos pues, mientras mi hermosa mamá, mis hermosas hermanas y mi hermano parecían personajes de portada de revista, yo tenía cara de Calamardo Tentáculos. A pesar de esto, esa foto era la favorita de mi padre, tan era así que la tenía de fondo de pantalla, lo cual dice mucho de un hombre que antes de conocer a mamá solía poner imágenes de guantes de fútbol como tapiz. El gran Genzo Wakabayashi, en ese momento en el que sufría calladamente como mártir por el hijo que le tocó, miró esa fotografía y se entristeció al ver mi rostro.
- ¿Habré hecho algo mal con Daisuke, Peque?.- preguntó papá.- Yo solo quería darle lo mejor a mis hijos. Es cierto que Daisuke es el que más problemas me ha dado pero también es con el que más he intentado arreglar las cosas. Sé bien que yo tengo mucha de la culpa de su comportamiento pero es por eso por lo que he querido corregir mi actitud desde que Aremy se enfermó. Quise aceptar su lado artístico, aceptando que tomara clases con ese infeliz engreído de pacotilla de Wald, esperando que con eso Daisuke me aceptara mejor y aun así no logré el resultado que esperaba. ¡Y tú sabes bien cuánto detesto a Alexander Wald!
- Lo sé perfectamente bien.- mi tía Elieth sonrió a medias.- Que le hayas conseguido esas clases habla mucho de lo que Daisuke te importa.
- ¿Qué he hecho mal entonces?.- insistió el gran Genzo Wakabayashi.- ¿En dónde está mi error?
- No has hecho algo mal, Genzo, no te traumes.- negó mi tía Elieth.- Tus cuatro hijos son excelentes muchachos, cada uno a su manera.
- Pero a pesar de eso Daisuke ha hecho trampa, por más que Yuri y yo nos hemos esforzado en enseñarle que no existen los caminos fáciles.- gruñó mi padre.- Quizás el problema estuvo en que lo presioné demasiado para que siguiera mis pasos pero, ¿es tan malo el desear que uno de tus hijos sea como tú?
- No es malo, siempre y cuando no los obligues a ello.- respondió mi tía, la Emperatriz.- Mira a Gino, quien también tiene un hijo que va a ser portero como él pero Gino ha sabido equilibrar la presión con el libre albedrío. Si algo te falla es eso, Genzo, que eres demasiado estricto con Daisuke y no has sabido dejarlo desarrollarse por su cuenta, es normal que en algún momento se rebele.
- ¿Soy un tirano, entonces?.- el gran Genzo Wakabayashi frunció el ceño.
- A medias, en ocasiones.- a mi tía Elieth no le gustaba andarse con rodeos.- No seas tan severo con Daisuke y, lo más importante de todo, jamás le digas que te has dado por vencido con él. Es un adolescente y como tal es dado a cometer estupideces pero eso no significa que sea un caso perdido. Yo, por ejemplo, voy a castigar a Claude de una manera tan dolorosa que terminará por pedir que le ponga la música de Justin Bieber a todo volumen para sentir alivio, pero en mi interior sigo esperando que alguien me diga que todo ha sido una equivocación, porque sigo creyendo en él.
- ¿Cómo es que te tomas esto con tanta tranquilidad?.- suspiró mi padre.
- Oye, soy la madre de Mijael "Huracán Categoría 5" Schneider.- se rio mi tía, la Emperatriz.- Tengo doctorado en lidiar con niños que se meten en problemas. ¿Debo recordarte el asunto de la Torre Eiffel? Un cambio de calificaciones es nada comparado a eso.
¿Qué acaso nuestros padres jamás van a olvidar ese pequeño asuntito de la Torre Eiffel, caramba? Ni que hubiera sido para tanto…
En fin, que tengo que agradecerle a mi hermosa tía por haber intercedido así por mí. Ella es tan cercana a papá que no me queda duda de que sus palabras calaron hondo en él, ojalá que eso lo haga reaccionar y recapacitar con respecto a mí.
Ya antes comenté que los cuatro hijos del gran Genzo Wakabayashi tenemos un nombre japonés y uno latino para honrar nuestro mestizaje, recordando también que fue nuestro padre quien eligió los primeros mientras que nuestra madre se encargó de los segundos. En mi caso, mi nombre japonés proviene de mi bisabuelo, el único Wakabayashi que aceptó a la doctora Del Valle como esposa del gran Genzo Wakabayashi, mientras que Ichimei es el nombre que le hubiese puesto Tatsuo Mikami a su hijo, en caso de haber tenido alguno. El nombre japonés de Jazmín es Sayuri, que significa "pequeña flor de azucena", entendiéndose que el gran Genzo Wakabayashi lo eligió por ser muy parecido al nombre de mi madre. Sin embargo, nadie sabía de dónde salió el nombre Aremy ni por qué mi padre lo escogió, de hecho durante mucho tiempo creí que ése era el nombre occidental de mi hermana, de no ser porque su otro nombre es "Azucena" y éste definitivamente no es de origen nipón. Esa noche descubrí, sin embargo, el origen del nombre "japonés" de mi hermanita pequeña por pura casualidad y, siendo honestos, hubiese preferido no saberlo nunca.
La noche previa al partido de la Wittelsbach fui a visitar a mi hermanita, a quien tenía algunos días de no ver, entre el caos ocasionado por el incendio y el asunto del cambio de calificaciones. Mi madre me advirtió, antes de entrar a verla, que papá y ella no le hablaron del incendio y no querían que alguno de nosotros lo hiciera; como tampoco quería contarle de mi castigo, me llevé mi libro de Battle Royale para ver si convencía a Aremy de leerlo en vez de los de Los Juegos del Hambre que tanto le gustaban. Fracasé miserablemente, a los diez minutos de haber llegado a su cuarto mi libro descansaba en mis piernas y yo le leía Sinsajo a mi hermana. Sin embargo, pude notar que ese día ella andaba muy distraída; en la cama había un par de agujas de tejer y un estambre de color morado a los que ella no les prestaba atención.
- ¿Qué te pasa, Are?.- quise saber.- ¿Estás cansada o tienes sed?
- No. Últimamente me he sentido muy rara, nada más.- Aremy se encogió de hombros.
- ¿Rara en qué sentido?.- insistí.- Si te sientes mal, puedo llamar a mamá.
- No es necesario.- Are me sonrió a medias.- Ella no me puede quitar estas pocas ganas que tengo de hacer cualquier cosa.
El estambre morado se iba convirtiendo poco a poco en algo que parecía ser una bufanda. Me dio la impresión, al verlo, de que esa bufanda estaba destinada a Jazmín; era como si Aremy quisiera regalarles a todos sus familiares y amigos cosas tejidas o hechas por ella, pues a Vania le dio por su cumpleaños una pañoleta de color rosa bordada con una estrella dorada que a la Pequeña Saltamontes le encantó. Yo no pude evitar preguntarme si ese regalo no lo hizo Aremy con la misma intención con la que hizo el mío, es decir, "para que la recordáramos después". De sólo pensarlo me dio un escalofrío.
- ¿No le has dicho al doctor Jean que te sientes mal?.- pregunté.- Él podría darte medicina o algo.
- No.- negó Aremy.- Porque de todos modos ninguna de sus medicinas me funciona, no quiero tomar pastillas que no me van a servir.
- Entiendo.- dije, aunque no era verdad.- ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor, Are?
Ella se quedó callada durante un largo rato, mientras hacía figuras en la colcha con su dedo. Yo seguí el contorno del extraño pájaro que estaba estampado en la cubierta de Sinsajo, dándome cuenta de que los dos heredamos de mamá la costumbre de jugar con los dedos cuando estamos tensos o nerviosos. Al fin, Aremy se decidió a hablar.
- ¿Sabes por qué me pusieron el nombre de Aremy, Dai?.- me preguntó mi hermana.
- Sólo sé que papá lo escogió pero no sé de dónde lo tomó.- contesté.
- Yo tampoco lo sabía, la tía Eriko me lo contó hace poco.- Aremy continuó haciendo dibujos con los dedos.- Es de un viejo cuento japonés que se llama "La Casa del Té de la Luna". La mamá de mi papá se los contaba a él y a la tía Eriko cuando eran niños; en ese cuento, la protagonista es una niña llamada Aremy, dice mi tía que no le sorprende que papá me haya puesto ese nombre porque a él le gustaba mucho esa historia.
- ¿En verdad?.- me sorprendí. No me podía imaginar al gran Genzo Wakabayashi como un niño al que le gustaban los cuentos infantiles.- ¿Y no te dijo de qué trata?
- Sí me lo contó.- Aremy no despegaba la mirada de la colcha.- Habla de una niña que se llama Aremy; ella sufría de una enfermedad muy fea que la hacía tener dolor y vómitos todo el día. A pesar de sus medicinas, Aremy no se curaba y cada vez se ponía peor; el único momento en el que ella podía descansar era cuando se quedaba dormida, porque así soñaba que se iba a volando hasta la Luna, en donde hay una Casa de Té muy bonita. Ahí ella podía pedir pastelillos de todos sus sabores favoritos, así como helados y frutas, para después irse a volar sobre un Pegaso lunar de color blanco que era su amigo. Cuando Aremy despertaba cada mañana, su mayor deseo era que volviese a ser de noche para poder dormir y regresar a la Casa de Té de la Luna porque todo el día sufría de mucho dolor.
- Ya veo.- me di cuenta de que ése no era precisamente un cuento muy infantil que digamos pero ya nada me sorprendía de mis compatriotas japoneses.- ¿Y cómo termina la historia?
- Una noche Aremy se durmió, se fue a la Luna y nunca regresó.- contestó mi hermana, bajando la voz.- Se quedó para siempre en la Casa del Té mientras su cuerpo era cuidado en la Tierra por sus papás. Ahora entiendo por qué papá me puso ese nombre, yo también me voy a ir a la Casa del Té de la Luna dentro de poco, ¿verdad?
Se me hizo un nudo en la garganta. Nunca en mi vida me he sentido más miserable, triste y vacío como en ese momento. Abracé a mi hermana con todas mis fuerzas, tratando de evitar inútilmente que las lágrimas me escurrieran de los ojos.
- No digas esas cosas.- gemí.- ¡No se te ocurra decirlas nunca más! Tú no te vas a ir a ninguna parte, Are, vas a quedarte con nosotros por siempre. ¿Quieres pasteles y frutas? ¡Pues te los damos aquí, no tienes que irte a la Luna para obtenerlos! No pienses en esas cosas, tú sí te vas a recuperar, no vas a ser como la Aremy de ese cuento.
- Dai.- ella se separó y me miró con tristeza resignada.- No quiero irme a la Casa del Té de la Luna porque los voy a extrañar mucho. Pero no tengo miedo de ir y tú tampoco deberías de tenerlo. Según lo que me dijo la tía Eriko, para allá nos vamos a ir todos algún día, ¿no es cierto? Y si de todos modos vamos a ir allá, ¿para qué asustarse?
Maldita sea, de verdad que en ese momento estaba muy de acuerdo con mi madre: mi tía Eriko se pasa de bocona. Tenía tantas ganas de llamarle por teléfono y mentarle la madre en mexicano que comencé a temblar ante la sola idea. ¿O temblaba por el hecho de que mi hermanita hablaba de la Muerte como un hecho cercano e irremediable? Me da tanta vergüenza admitirlo pero no podía dejar de llorar. ¿Por qué tenía que ser mi tía Eriko tan hija de puta?
- No tengo miedo de que vayas.- musité, con voz entrecortada.- Sólo no quiero que te vayas porque te voy a extrañar muchísimo.
- Pero el que yo me vaya no significa que no voy a estar contigo.- replicó Aremy, sonriéndome con ternura, en un gesto que me hizo recordar a nuestra madre.- Te voy a estar viendo y cuidando desde la Luna, cada vez que me extrañes podrás verla y recordarme.
- No, no y no.- mi hermana estaba dando más muestras de madurez de las que yo había dado en toda mi vida y aun así no podía apreciarlo.- No te vas a ir, no aún, de eso me encargo yo.
No sabía cómo, pero tenía que encontrar una cura definitiva para la leucemia. No iba a permitir que mi hermana se fuese a ninguna Casa de Té espacial a jugar con caballos voladores. Por cierto, ¿qué clase de mariguana se fuman los japoneses para inventar esas historias tan tristes? Daba lo mismo, yo estaba seguro de que tenía en mis manos la clave para curar a mi hermana. ¡Sólo tenía qué descubrir cómo hacerlo!
No sé cuánto tiempo habremos estado abrazados mi hermana y yo pero sentí que ella se estaba quedando dormida así que la recosté, recogí sus libros y me fui, no sin avisarle antes a mi padre que Aremy se había dormido. Me dio la impresión de que el gran Genzo Wakabayashi quería decirme algo pero lo ignoré, no tenía ganas de sermones ni de más acusaciones falsas así que me fui a mi habitación. No quería que mi madre me viese en ese estado, ella sabría que sucedió algo y yo no quería contarle el asunto de la Casa del Té de la Luna, no sólo porque se hubiese deprimido mucho sino también porque se marcharía a Francia a buscar a mi tía Eriko para hacerla pedacitos y yo no quería que las manos de mi madre se mancharan con sangre. ¡Cuánta falta me hacían Mijael y Giovanna en esos momentos, caramba! Porque no iba a ir a buscar a Jaz o a Benji para decirles que nuestra hermana menor tenía la idea de que se iba a morir pronto.
- La Muerte no es tu enemiga, Daisuke.- la suave voz de mi madrina susurró en mi oído; yo me incorporé y la vi ahí, sentada en mi cama, mirándome con ternura.- No le temas, no le huyas. Es el final del viaje que hacemos en este vehículo llamado Vida, es algo que no puedes evitar. Déjala que fluya, que llegue a ti. Abrázala, sé su amiga…
- Gracias, Madrina.- susurré, sintiéndome inesperadamente mejor gracias a su helada sonrisa.- Eso es algo que pienso hacer, pero no ahora. Perdóname pero soy un Wakabayashi y los Wakabayashi no aceptamos lo irremediable hasta que no lo hayamos intentado todo. Mientras no juegue hasta la última de mis cartas, no aceptaré que Aremy se muera. Si después de haberlo arriesgado todo ella sigue condenada a morir a causa de su leucemia, te prometo que abrazaré su Muerte y la celebraré con el corazón. Pero mientras eso no suceda, me niego a dejar ir a mi hermana.
- No esperaba menos de ti.- me respondió Catrina; sus bellos ojos violetas refulgían como nunca.- Está bien, querido mío, puedes luchar hasta el final.
- Gracias.- repetí, sonriéndole.- Gracias, de verdad, Madrina…
Me desperté mucho rato después, con la ropa puesta aunque alguien me había quitado los tenis y me había tapado con las cobijas. ¿Había soñado lo de mi madrina o ella me había acomodado para que durmiese mejor? Daba lo mismo, de todos modos ya era muy tarde así que decidí cambiarme de ropa e ir al baño para vaciar el depósito y lavarme los dientes. El partido sería al día siguiente así que tenía que levantarme muy temprano para estar listo. Al menos eso me distraería un poco del maldito cuento de La Casa del Té de la Luna, aunque me temí que esa noche soñaría con algo relacionado. Para mi fortuna, ni siquiera el Sueño se hizo presente esa noche, quizás mi mente estaba tan agotada que mi subconsciente la desconectó para que yo pudiese relajarme un poco. Y funcionó, porque desperté sintiéndome más relajado y sí, quizás un poco emocionado.
¡Por fin iba a jugar otra vez con mi equipo! Me puse el uniforme de portero y la chamarra de mi traje deportivo encima, metí mis guantes y mi paliacate en la mochila y bajé corriendo las escaleras para robarme algo de comer de la cocina antes de que alguno de los adultos de la casa me llamara para marcharnos. Me sorprendió mucho ver a mi madre preparando un desayuno pero lo agradecí al instante porque, como me fui a dormir sin cenar la noche previa, mi estómago rugía por comida.
- Buen día, Dai.- me sonrió la doctora Del Valle con dulzura.- Te he preparado el desayuno porque ayer no cenaste. ¿Te sentías mal?
- Sólo estaba cansado de tantos malos momentos y necesitaba relajarme.- traté de restarle importancia al asunto.- Y de verdad te amo, mamá, ya me había resignado a comer alguna barra proteínica y un yogur.
- No mientras yo viva.- mi madre me puso un plato con comida deliciosa en la barra de la cocina.- Come antes de que se enfríe, tu tío Kaltz te llevará al partido.
- ¿Alguno de ustedes irá?.- pregunté. En realidad quería saber si mi padre acudiría pero no quise preguntar tan directamente.
- Tu padre estará presente, estoy segura.- respondió la doctora Del Valle.- Pero irá más tarde, que anoche se quedó cuidando a Aremy y necesita dormir un poco.
No pude evitar preguntarme si él habría notado algo raro en mi hermana durante la noche. Como sea, me apresuré a terminar mi desayuno para recibir después los buenos deseos de éxito y fortuna de mi madre e irme con mis hermanos y los Kaltz a los campos de fútbol de la Wittelsbach. Al llegar a la escuela nos dimos cuenta de que el área del laboratorio de química había sido acordonada, pero las tribunas de las canchas estaban llenas hasta el tope. No era para menos, era sábado y muchos esperaban ese partido con ansias así que a nadie pareció importarle el regresar a la escuela en un día en el que no debían de hacerlo. Jazmín y Mina de inmediato buscaron a los Hernández y a las Levin mientras Benji se iba con Vladimir hacia la tribuna para encontrar un lugar en dónde sentarse. Adler se puso a calentar junto con Erick, los Ferrari, los gemelos Schneider y el resto del equipo, al tiempo que yo me acomodaba los guantes y el paliacate, paseando mi mirada entre la gente que llenaba las gradas. Casi me voy de espaldas cuando vi a Marko sentado a un lado de una pelirroja preciosa de ojos azules, quien al verme me sonrió levemente, casi podría decirse que con timidez.
- ¡Mucha suerte, Dai!.- exclamó Giovanna, agitando la mano.
Por andar de baboso casi choco contra el poste de la portería. Ni siquiera me di cuenta de que en qué momento llegó Giovanna pero no pude hacer menos que estallar de la alegría cuando ella me saludó. ¡Ya no me odiaba por haberla besado! O al menos ya se le había pasado el enojo lo suficiente como para hablarme. ¡Hasta me deseó buena suerte! Pellízquenme que debo estar soñando, seguramente que sigo dormido en mi cama.
- Bien, muchachos, llegó el momento.- el entrenador Kaltz nos reunió justo antes de que saliéramos al campo.- ¿Están listos? ¡Vamos a ganar por Mijael y por Edward!
- Muy bien, equipo.- habló Erick, quien en ausencia de Mijael era el capitán.- No sólo debemos ganar por ellos sino también por Aremy.
- ¡Ganemos por ellos!.- respondimos los demás, en coro.
No pude evitar conmoverme ante la petición de Erick; él seguía visitando a Aremy regularmente para levantarle el ánimo y ayudarla a pasar sus malos ratos así que el que la hubiese recordado en ese momento era una señal de lo mucho que la apreciaba. Al pasar a su lado, le di una palmada en el brazalete de capitán y le agradecí su gesto. Erick me respondió levantando su brazo derecho para mostrarme una pequeña pulsera tejida en color rosa y blanco que yo reconocí como una de las que Aremy solía usar cuando estaba sana.
- Es mi amuleto.- me dijo Erick, sonriendo.
Por respuesta, yo señalé mi paliacate verde. Mijael y Edward, hagan el favor de no enojarse, cuando nos tejan algo para usarlo a diario hablamos, mientras tanto se aguantan a que nomás nos acordemos de ustedes de vez en cuando. Es broma, por supuesto, saben que siempre los tenemos bien presentes.
- ¡Vamos, chicos, ustedes pueden!.- gritó Jazmín, desde las tribunas.
- ¡Traten de no hacer el ridículo!.- gritó Osvaldo, a su lado.- ¡Ya sabemos que no pueden hacer mucho sin Mijael pero inténtenlo!
Adler pasó frente a él y le mostró el dedo medio, ocasionando burlas y carcajadas entre mis familiares y amigos. En ese momento caí en la cuenta de que el entrenador Kaltz no quiso darle la bandana de capitán a su hijo para no verse nepotista, supongo que con los Schneider tenemos suficiente. Noté también que Kentin Hyuga estaba en la banca, al parecer el entrenador Kaltz ni siquiera consideró alinearlo en el once inicial pero eso a él parecía no afectarle. Cuando pasé junto a Hyuga ni siquiera me miró, lo cual no me sorprendió. No tenía cara de culpable ni se comportaba como tal pero tampoco era como si fuese a traer colgado un letrero que dijera "Sí, Wakabayashi, yo te arruiné los planes del verano porque soy muy malo, jódete".
Por cierto, aunque ustedes no lo crean, Kentin Hyuga no es el villano de mi historia pero ya hablaré de eso en otra ocasión.
Cuando tomé mi lugar frente a la portería comencé a sentirme nervioso, tenía mucho de no jugar y había faltado a algunos entrenamientos, de manera que temía fracasar y a lo grande. ¡Tremendo espectáculo que hubiese dado! Sobre todo porque mi madre había asegurado que el gran Genzo Wakabayashi iría a verme. Ya me imagino lo que mi padre dirá si se me ocurre fallar, estaré escuchando durante todo un mes quejas sobre que él "no habría cometido esos errores". Caramba, que el juego todavía no comenzaba y yo ya estaba pensando estupideces.
"No pienses así", me recriminé. "Eres un Wakabayashi y tienes sangre Del Valle, en ninguna de las dos familias hay cobardes. Vas a hacerlo bien, ¡ya déjate de inseguridades!".
En ese momento vi que mi padre llegó y se sentó en un extremo de las gradas, bastante alejado de mis hermanos y amigos. No pude distraerme más con él, sin embargo, porque el árbitro dio comienzo al partido.
- ¿Estás listo, Daisuke?.- me preguntó Adler.
- Más puesto que un calcetín.- asentí.- Hagámoslo.
El equipo rival era el internado Schondorf, la escuela en su género más prestigiosa de Alemania (y digo de su género porque la Wittelsbach no es un internado, que si lo fuera ésta se llevaría ese título). La Schondorf era uno de los candidatos fuertes para ganar el torneo e incluso su delantero era el actual campeón de goleo, con sólo tres anotaciones por arriba de Mijael, quien no se había tomado muy en serio este asunto. Los jugadores de la Shondorf esperaban masacrarnos sin piedad pero, óiganme, no sé qué esperaban, si los que jugamos en la Wittelsbach somos muy buenos también, además de que para golear a un equipo tendrías que tener a un portero coladera en la portería y no es como si la Wittelsbach tuviera al hijo de Memo Ochoa, no señor, la escuela contaba con el heredero del gran Genzo Wakabayashi, o sea, yo. Ya les iba a demostrar a esos niños ricos mimados (ay, me mordí la lengua), cómo es que juega un portero.
Schubert, el goleador estrella de la Shondorf, fue el primero en llegar a mi área con un disparo bien encajado que hubiese hecho temblar a otro portero. Yo, por el contrario, me reí porque Mijael me había lanzado tiros peores así que atrapé el balón sin mucho esfuerzo. El público se animó y comenzó a apoyarnos con porras.
- ¡Hay portero, señores!.- gritó Osvaldo a través de su famoso megáfono.- ¡Daisuke le hace honor al apellido Wakabayashi!
- ¡Daisuke eres el mejor!.- un grupito de chicas me gritaron emocionadas desde las tribunas.
- ¿De dónde salieron éstas?.- exclamé, sorprendido.
- Son tu club de fans.- se burló Claude.
- ¡Ah, caramba!.- casi me voy de espaldas.- ¿Desde cuándo tengo club de fans?
- Desde que rescataste a Giovanna del incendio.- replicó Erick, antes de echar a correr hacia media cancha.
- No, más bien desde que te enfrentaste a Hoffman pero creo que aumentó cuando salvaste a Giovanna.- corrigió Chris.
- A las chicas les gustan los muchachos estúpidos que arriesgan su vida por dárselas de héroes.- añadió Adler, sin dejar de mofarse.- Eso es como un imán.
Mi amigo se apresuró en alcanzar a Erick y yo hice un despeje largo para evitar que me amonestaran por perder tiempo, tras lo cual lancé una mirada a las gradas para ver qué cara tenía Giovanna. Por alguna razón, ella estaba de brazos cruzados, en actitud enojada. Ay, ¿ahora qué hice?
Erick y Adler formaron una combinación muy buena que sus propios padres nunca tuvieron la oportunidad de hacer, pasándose el balón de manera precisa y certera, dejando sin oportunidades a la defensa del Shondorf. Erick recibió el último pase de Adler para meter un golazo de pierna derecha que abrió el marcador a nuestro favor. La gente gritó en las gradas y Erick levantó el puño derecho y se tocó con el índice izquierdo la pulsera de Aremy, dando a entender que el gol iba por ella. No sé si dárselas de héroe era un imán para las mujeres pero sin duda que hacer ese tipo de gestos por una niña enferma sí que lo era. En las gradas, un numeroso grupo de chicas gritaron muy emocionadas por Erick, el príncipe vikingo.
- Válgame, eso parece más un mar de hormonas que una tribuna.- musité.
Por supuesto que el Shondorf no se iba a quedar tranquilo con el gol en contra y armaron una agresiva ofensiva para tratar de meter un gol en mi portería. Yo tengo que admitir que me estaba divirtiendo bastante, en algún momento el estrés de meter la pata desapareció para dar paso a una sensación de alegría que no sabía de dónde venía. ¿Sería éste el famoso "amor por el fútbol" del que el gran Genzo Wakabayashi siempre hablaba? Cuando otro de los delanteros rivales intentó anotar con una copia barata del Hurricane Shot del Fede, volví a reírme otra vez y salté para atrapar la pelota. Ese tiro no tenía ni remotamente el efecto del de Mijael, qué lástima que éste no estuviese para que les demostrara a estos copiones lo que es un verdadero Huracán.
- ¡Bien, hecho, Daisuke!.- gritó el entrenador Kaltz.
- ¡Ése es mi hijo!.- me pareció que el gran Genzo Wakabayashi gritaba desde las gradas pero no estaba seguro de si fue real o si me lo imaginé.
- ¡Eso estuvo genial!.- exclamó Adler, eufórico.- ¡Vamos a ganar contigo en la portería!
- ¡Portero, portero, portero!.- coreaban los seguidores de la Wittelsbach.
Yo tenía muchas ganas de mirar a mi padre para saber qué postura tendría, si se sentiría asombrado u orgulloso, pero no me atreví. Casi había conseguido olvidar que el gran Genzo Wakabayashi estaba presente y temía que si lo veía me empezaran a entrar los nervios así que preferí no voltear hacia las gradas como no fuera para ver a Giovanna. Ella ya había cambiado de actitud y ahora me apoyaba como todos los demás.
Ah, mi preciosa angelita pelirroja, te amo, cásate conmigo y tengamos mil hijos, ¿sí? Ah, es cierto, olvidé que no quieres estar conmigo. En fin…
El siguiente gol fue de Adler. Éste levantó un puño al cielo, tal y como lo hacían Karl Heinz Schneider y Mijael, dando a entender que el gol iba por éste. El tercer gol fue de Erick, quien le hizo una señal a Vladimir para indicar que esa anotación iba por su hermano. Los goles cuatro y cinco los anotaron Adler y Uriel, demostrando que si el Schondorf quería quitarnos el campeonato iba a tener que esforzarse más. Schubert y un compañero suyo quisieron anotar el gol de la honra pero yo no se los permití. Al final el marcador quedó con un glorioso cinco a cero a nuestro favor, lo que hizo que el señor Kaltz se pusiera a saltar como loco.
- ¡Wittelsbach, Wittelsbach!.- coreaban muchos de los presentes.- ¡Hurra por Erick, Adler y Uriel, nuestros goleadores estrella!
- ¡Hurra por Daisuke Wakabayashi, nuestro Guardián de Oro!.- exclamaban otros.
- Quiero la revancha, Wakabayashi.- me dijo Schubert, quien a pesar de la derrota no tenía mala actitud.- Quizás nos veamos las caras otra vez en las finales.
- Es probable.- admití y le ofrecí la diestra.- Pero tampoco ahí dejaré que me anotes un gol.
Shubert estrechó mi mano y sonrió a medias, tras lo cual se retiró del campo con la cabeza en alto, a diferencia de sus compañeros quienes se sentían deprimidos por la primera derrota que habían sufrido en todo el torneo. Al regresar a la banca, mis compañeros y yo nos felicitamos entre nosotros, al tiempo que nos palmeábamos las espaldas y nos reíamos como urracas. El entrenador Kaltz se acercó a mí con una gran sonrisa en el rostro.
- Muy bien hecho, Daisuke.- me dijo él, poniéndome una mano en el hombro.- No hace falta decir que a partir de ahora serás nuestro portero titular, ¿verdad?
- Muchas gracias, entrenador.- contesté, tratando de no sonar petulante.- Lo hice bien, ¿verdad?
- Más que bien.- dijo el señor Kaltz.- Estuviste excelente, Genzo debe de estar muy orgulloso de ti.
Bien, de eso no estaba yo muy seguro pero sería muy bueno creer que sí. De reojo vi a Hoffman con cara de pocos amigos y pensé que, aunque eso denotaría un nivel alto de inmadurez por mi parte, bien valdría la pena regresarle sus bravuconerías así que me pavoneé como pavo real delante de él y mostré el dedo medio frente a su horrenda cara.
- Chúpate ésta.- dije.- Espero que ya te haya quedado claro quién es el mejor portero.
Hoffman me soltó una palabrota. Tengo que admitirlo, eso fue bastante satisfactorio para mí. ¡Ya se la merecía!
Al pasar frente a la tribuna en donde estaban mis familiares y amigos, éstos comenzaron a felicitarme a gritos. A duras penas pude entenderles porque ellos se pusieron a hablar al mismo tiempo, descoordinados y locos como buenos adolescentes; sin embargo, sí alcancé a comprender las palabras de las personas que más me importaban.
- Muy bien jugado, Dai.- me dijo Jazmín.- ¡Estuviste genial!
- Fue grandioso, hermano mayor.- añadió Benjamín.- ¡Eres el mejor portero de tu edad!
- Atrapaste esos tiros en una manera en la que yo no lo hubiera hecho pero fuiste muy efectivo, preciso y certero, que es lo que importa.- dijo el gran Genzo Wakabayashi.- Así se juega, hijo mío.
Casi me voy de espaldas. Ni me había fijado que mi papá se había unido ya a la eufórica celebración de mis hermanos. Yo pensé que el gran Genzo Wakabayashi me miraría con desdén o enojo pero no, en sus ojos oscuros sólo se reflejaba el orgullo. Yo apenas estaba intentando encontrar una respuesta que no fuera demasiado idiota cuando vi que Giovanna se acercaba también, con una tímida sonrisa en el rostro.
- Bien jugado, Dai.- dijo ella, con voz suave.- Lo hiciste genial.
¡Sí! ¡Giovanna ha vuelto a hablarme! ¡Éste debe ser el mejor día de mi vida! Bueno, no es para tanto, pero se entiende el concepto.
Notas:
- La trilogía de Los Juegos del Hambre fue escrita por Suzanne Collins.
- El cuento de "La Casa del Té de la Luna" es de mi autoría; para inventarlo me inspiré en la canción Tea-House Moon de la cantante irlandesa Enya. El cuento lo creé siguiendo la premisa de que, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se hicieron varias historias japonesas cuyos personajes morían o sufrían mutilaciones para que los niños nipones se sintieran identificados con ellas, considerando que muchos de ellos sobrevivieron a dos bombas nucleares. Que yo sepa, el nombre Aremy no es japonés, tengo entendido que es de raíces árabes pero distorsioné un poco el asunto para adaptarlo a mis necesidades aunque no aclaré que la protagonista del cuento fuese japonesa.
