Capítulo 32. ¿Es tu enemiga la Muerte?

Después del partido contra el Shondorf me enteré de que los cazatalentos del Bayern Múnich estuvieron presentes en las tribunas. Me sorprendí mucho al saberlo ya que habitualmente esos tipos sólo van a presionar a Mijael aunque en esa ocasión quien les llamó la atención fue Erick. Y quizás también Adler, considerando que éste ya había declarado abiertamente que sus intenciones eran entrar al Bayern y quedarse en la Wittelsbach. En cualquier caso, deseé con toda mi alma que los cazatalentos me buscasen para hablar de entrar al club, aunque nadie se acercó a mí y eso estuvo a punto de hacer tambalear mi reciente recuperada confianza en mí mismo.

- Papá y mamá no autorizarán mi ingreso hasta los quince años así que no debería de preocuparme por el hecho de que esos señores me estén ignorando.- traté de darme ánimos mientras me cambiaba de ropa.- Tengo todo un año para demostrarles que valgo.

- ¿Qué tanto murmuras, Daisuke?.- me preguntó Adler.- Si estás rezando para que Giovanna te haga caso, déjame y te digo que ella no se fijará en ti ni aunque le lances un hechizo.

Cierto era que Giovanna había vuelto a hablarme pero se marchó de la escuela, junto con sus hermanos y los Schneider, sin que pudiera hablar con ella pues mis tíos debían ir al hospital a recoger a Mijael, quien sería dado de alta ese día. Si bien el que se hubiese ido tan temprano no era culpa suya, Gio sí hubiera podido hablar conmigo si hubiese querido pero el que no lo hiciera me daba a otro mensaje contradictorio. ¿Me odias todavía o no, pequeña pelirroja? ¡Qué complicadas son las mujeres, caramba!

- Estoy practicando la manera de mandarte al carajo en español.- repliqué.- Se dice algo así como mandarte a chingar a tu madre.

- Suerte que yo no sé español.- Adler me sonrió con cinismo.

- Pues entonces te lo diré en alemán.- lo golpeé con una toalla.

- Ya, era broma.- Adler se echó a reír.- Es obvio que Giovanna está loca por ti, Mina me dijo que se molestó mucho por culpa de tu club de fans.

- Sí, cómo no.- seguía ofuscándome la idea de tener un "club de fans".- Ya déjame en paz.

- Dejen de pelear ustedes dos, que tengo una noticia que darles.- Erick se acercó a nosotros, con una sonrisa de oreja a oreja.- Me habría gustado hacerlo cuando estuviésemos todos reunidos pero simplemente no puedo esperar más.

- ¿Qué, al fin te decidiste a hacerte la operación de cambio de sexo?.- me burlé.- ¡Ya era hora, camarada!

- ¿Serás Ericka entonces?.- añadió Adler.- Te van a confundir con la mamá de Marko, también se llama así, ¿no?

- Quizás se lo cambie a Saúla.- hice alusión al segundo nombre de Erick, el cual odia.- Así ya nadie la confundirá.

- Saúla, la Reina de la Noche.- dijo Adler.- La nueva Drag Queen de Múnich.

- ¿Quieren dejar de comportarse como idiotas?.- Erick nos golpeómientras nos reíamos a carcajadas.- No me voy a cambiar de sexo, imbéciles, es algo mucho mejor.

- ¿Van a operarte del cerebro?.- cuestioné.

- ¿Me vas a dejar decírselos o no?.- a pesar de nuestras bromas, Erick estaba de muy buen humor.

- Ya, perdón.- Adler se puso parcialmente serio.- ¿Qué es eso tan importante que nos tienes que decir que no puede esperar a que nos reunamos todos?

- Algo grande: voy a fichar por el Bayern Múnich.- contestó Erick, con una enorme sonrisa orgullosa.

- ¿Qué cosa?.- Adler y yo saltamos a la vez.- ¿Es verdad?

- Sí, lo es.- asintió Erick, muy feliz; noté que aún llevaba en la muñeca la pulsera de Aremy.- Se hará oficial dentro de un par de semanas cuando se realice la conferencia de prensa pero yo no podía esperar tanto. ¡Estoy tan feliz que necesitaba compartirlo con ustedes!

- ¡Felicidades!.- le dije con sinceridad, palmeándole el brazo.- ¡Sí que te lo tenías bien escondido! De verdad que me da mucho gusto por ti, camarada.

- Si en tu primera actuación haces el ridículo, no se te ocurra decir que estudiaste en la Wittelsbach, que nos vas a quemar a todos.- dijo Adler, a su vez.- Es genial que hayas conseguido fichar por fin, amigo. Ésa es mi meta también, pronto te daré alcance allá.

Aunque los rumores decían que el Bayern Múnich estaba por fichar al hijo del gran Stefan Levin, razón por la cual los Levin se habían mudado de Suecia a Alemania, aún no había algo en concreto como para que pudiese tomarse en serio dicho chisme. Si no fuese porque el mismo Erick nos lo acababa de confirmar, yo habría tachado de mentiroso al que me hubiese contado esta noticia.

- Por supuesto que no haré el ridículo, estoy bien preparado.- Erick nos miró como lo haría un superior con sus discípulos.- Por el contrario, allá los estaré esperando, seremos un gran equipo, fuerte y sólido, con nosotros jugando ahí.

- Creí que quien pecaba de egocéntrico era Karl Heinz Schneider, camarada.- me burlé.- Pero creo que como todavía no le han ofrecido algo a Mijael, seguro que tú puedes ocupar ese lugar en la nueva generación.

- Tú sabes bien que a Mijael lo han invitado miles de veces y es él quien no ha querido aceptar.- Adler puso los ojos en blanco.- Muchos matarían por estar en su lugar.

Sé que Adler lo dijo sin conocimiento de causa pero recordé que Edward casi consigue matar a Mijael por querer estar en el lugar de este último y me dio un escalofrío. Es cierto que Edward no lo hizo a propósito y que no envidaba el talento futbolístico de mi amigo pero la aseveración de Adler fue muy acertada de cualquier manera. En fin, que no quise verme aguafiestas así que me guardé mi pensamiento y le repetí mis felicitaciones a Erick. Algún día, me dije, yo también recibiría una propuesta de fichaje para el Bayern Múnich.

Después de hablar de su contratación, Erick felicitó a Adler por haber sido convocado a la Sub-17 alemana. Una vez más sentí que mi confianza se tambaleaba porque yo no tenía algo que presumir, pues el haber sido llamado para jugar con la Selección de Japón no era algo que a mí me emocionara. Para no deprimirme, me pregunté qué diría Mijael cuando le informaran, si es que no lo habían hecho ya, que die Mannschaft lo había vuelto a convocar. ¿Sería que en esa ocasión sí aceptaría el llamado de los alemanes o volveríamos a tener a los franceses acosándolo para que se nacionalizara? Bien, que no tardaría mucho en descubrirlo ya que esa noche mi amigo estaría de regreso en casa.

Por cierto que me enteré de que los cazatalentos del Bayern Múnich decidieron no seguir buscando a Hoffman; al parecer, se enteraron de que ese cabrón se ganó una buena suspensión por mal comportamiento en la escuela así que el Bayern optó por decirle adiós, ya saben que los alemanes no se andan con rodeos y no quieren tener tratos con personas conflictivas. No saben lo feliz que me siento por esta noticia, mamá me dice frecuentemente que no debo alegrarme por las desgracias ajenas pero seguro que hasta ella saltaría con ésta. Seguro que Hoffman ya conoce ahora lo que es el karma.

Cuando salí de los vestidores me topé con mis hermanos, quienes me miraron con tal expresión de burla que me pregunté qué había hecho mal durante el partido, o quizás era que me compararían con el gran Genzo Wakabayashi, como les gustaba hacer cada vez que juego. Ellos, sin embargo, no querían burlarse de mí por mi actuación sino por mi "fabuloso club de fans".

- Ya, en serio.- bufé, incómodo.- ¿De verdad existe ese club?

- Sí, existe.- me contestó Benji, con una media sonrisa muy parecida a la de nuestro padre.- Esas chicas no dejaban de gritar tu nombre. ¿Cómo le haces para ser tan popular? En serio que tienes que enseñarme, querido hermano mayor.

- Vete al carajo.- repliqué, avergonzado.- Con ese tono de voz no puedo creerte nada de lo que dices.

- Oh, pero si ha dicho la verdad.- intervino Jazmín, quien también tenía ganas de burlarse.- Esas chicas gritaban "Daisuke" a todo pulmón y estoy completamente segura de que tú eres el único que se llama así en nuestra escuela. Si estuviéramos en Japón tal vez podría prestarse a confusión pero aquí no.

- Gracias, Jaz, no tienes por qué ser tan sarcástica.- protesté, mientras mi hermano reía a carcajadas.- ¿Por qué carajos ese grupo de niñas decidieron ponerse a gritar por mí como condenadas? ¿Qué les hice?

- Bueno, hasta donde sé, creo que es por tus últimas actuaciones en la escuela.- Jazmín puso una cara pensativa.- Ya sabes, el haber golpeado a Hoffman y haber conseguido que lo suspendieran por quince días, además de que haberte metido a la escuela a buscar a Giovanna también te dio muchos puntos.

- Te hizo ver como el caballero de brillante armadura.- se mofó Ichimei, el anarquista.- O quizás te ven como su samurái, más bien.

- De verdad que las niñas son taradas.- dije, echando a andar.- Excepto tú, Jaz.

- Seguro que no pensarías eso si Giovanna Ferrari formara parte de tu club de fans, ¿eh?.- insistió mi hermano, el bocón.

- Eso nunca va a suceder y lo sabes.- suspiré, desanimado.

- No seas tan dramático.- Jazmín puso los ojos en blanco.- Es cierto que Gio nunca va a formar parte de tu club de fans porque no es del tipo de chica que se deja llevar por la valentía estúpida, pero sí te apoya porque te aprecia y eso es más importante, creo yo.

- Haces bien en llamarla "valentía estúpida".- acepté.- Porque eso es lo que es.

No quise decirlo pero las palabras de Jazmín me hicieron sentir mejor. Giovanna nunca formaría parte de mi estúpido club de fans pero tampoco quería que lo hiciera. Yo deseaba que ella me quisiera por lo que realmente soy, no por lo que cree que soy, y esas niñas de mi estúpido club de fans no se interesaban en mí porque realmente me conocieran sino porque creían que yo era un samurái de brillante armadura. Gio al menos me apreciaba por mí mismo, eso valía más que cualquier otra cosa, ¿no?

Mientras caminábamos hacia la salida, en donde nos esperaba nuestro padre, me puse a pensar en que, a pesar de que las clases se suspendieron, los profesores siguieron acudiendo a la Wittelsbach, seguramente para ponerse al día con asuntos escolares. Debió ser así como se enteraron tan rápido del cambio de calificaciones porque, de lo contrario, se habría descubierto el asunto hasta el siguiente día hábil escolar, es decir, el lunes siguiente al incendio. ¿Sería eso lo que el autor quería, que nos delataran a Claude y a mí delante de todos y quedar como tramposos ante toda la escuela? Era una posibilidad remota pero probable, tendría que estar al pendiente de la actitud de Kentin para ver si algo lo incriminaba. Por el momento, tanto Benji como yo habíamos decidido el no contarle nuestras sospechas a Jazmín, no queríamos culpar a su ex novio de nuestra desgracia sin tener una buena base para ello.

Pensaba dedicarme a leer un rato al llegar a casa, ya que no podía hacer gran cosa sin mis aparatos tecnológicos, pero el gran Genzo Wakabayashi me volteó a ver apenas cruzamos el vestíbulo, con una expresión muy seria que a mí casi me hace retroceder.

- Daisuke, ven a la sala en cuanto puedas.- me dijo.- Quiero hablar contigo.

- Sí, padre.- respondí, reprimiendo un escalofrío.

¿Y ahora qué? ¿Qué querría hacer conmigo el gran Genzo Wakabayashi? ¿Iba a mandarme a un templo budista perdido en los Himalayas? ¿A combatir el dengue en África? ¿A empedrar el fondo del mar? Mejor me dejo de idioteces y continúo con lo que viene. ¿Cuántas veces he hablado con el gran Genzo Wakabayashi desde que empezó este drama? ¿Cinco, diez, quince, veinte? Creo que tanto él como yo estamos cansados de esto pero no creo que estas pláticas vayan a parar pronto.

- ¿Qué pasa, papá?.- prácticamente sólo subí a mi habitación a cambiarme de ropa para bajar a toda velocidad a la sala. Al mal paso, darle prisa.- ¿Para qué soy bueno?

- Siéntate, Daisuke.- mi padre se veía preocupado, lo cual me sorprendió porque en el partido parecía encontrarse bastante feliz por mi actuación.- Aremy me dijo que anoche te pusiste mal por algo que te contó y quería que me asegurara que estás bien.

- ¡Oh!.- me sorprendí.- ¿Aremy te dijo eso? Bueno, que tanto como ponerme mal pues no, más bien deberías de preocuparte por lo que la tía Eriko les cuenta a tus hijos, papá.

- ¿Qué quieres decir?.- las cejas del gran Genzo Wakabayashi se elevaron con interés.

- No soy yo quien debería decírtelo… .- comencé a decir pero me arrepentí.- ¿Sabes qué? Sí te lo voy a decir porque creo que mamá tiene razón, mi tía Eriko es bien habladora y no sabe cuándo callarse. ¿Sabías que le contó a Are el cuento de La Casa de Té de la Luna? Fue eso lo que me puso mal.

- El cuento de La Casa de Té de la Luna no es para niños.- a mi padre no le agradó el asunto.

- Pero tú lo escuchabas cuando eras niño, ¿no?.- insistí.- De ahí sacaste el nombre de Aremy, así se llamaba la niña enferma que visitaba la Luna en sus sueños, hasta que su enfermedad la mató y ya no regresó de allá.

- Estás más enterado de lo que yo creía.- el gran Genzo Wakabayashi frunció el ceño.- Es cierto, me gustaba esa historia pero la ideología en Japón es diferente Y era una época diferente… ¿Entendiste que la Aremy de ese cuento estaba enferma porque se expuso a una bomba nuclear?

- No.- me sorprendí.- Mi hermana sólo me dijo que la niña estaba enferma y que se moría.

- Bien, pues la razón por la que la protagonista enferma y muere es por culpa de la radiación, a la que se expuso porque presenció la explosión de una bomba atómica.- me aclaró mi padre.- En la época en la que fue escrita esa historia, el temor a una guerra nuclear estaba muy presente, era algo serio, no como ahora que más bien se toma como motivo de burla. Te recuerdo que las dos únicas bombas nucleares que hasta la fecha se han usado con fines bélicos cayeron en Japón, así que ese cuento era una especie de alivio a ese estrés, yo lo veía como un escape fantasioso a un problema latente que también afectaba a los niños.

- Aremy no me lo dijo así, no sé si no entendió la historia o si la tía Eriko omitió esa parte.- contesté, ofuscado.- En cualquier caso, necesitas hablas con mi tía y decirle que se actualice a la época para que deje de creer que estamos cerca de un cataclismo nuclear porque en algún momento, no sé cuándo, le contó ese horrible cuento a Aremy y ahora ella cree que también se va a morir, igual que la protagonista con la que comparte nombre. Are no lo captó como un cuento relacionado a un ataque nuclear, ella da por hecho que la historia se refiere a su enfermedad y que tú fuiste alguna especie de psíquico que adivinó que ella se moriría joven y que por eso le pusiste ese nombre. No sé qué fue lo que te dijo sobre mí pero omitió decirte que me puse mal porque me soltó de repente que está segura de que no va a salir de ésta.

Seguro que hay pocas cosas en la vida que pueden conseguir que el gran Genzo Wakabayashi se quede sin palabras. Seguro que el tema de la muerte de su hija menor es una de ellas y no es para menos, pero en ese momento yo estaba enojado y lo que quería era que él sintiera parte del dolor que yo experimenté cuando hablé con Are. Además, quizás así mi padre le pondría un alto a la hija de puta de su prima.

- Eriko no debió haberle contado ese cuento a Aremy.- el gran Genzo Wakabayashi carraspeó.- Aunque a nosotros nos lo hayan narrado cuando éramos niños, no considero que sea una temática adecuada para alguien de la edad de tu hermana. Voy a hablar muy seriamente con Eriko y… .- en ese momento él soltó un suspiro exasperado.- No sé qué demonios le pasó a Eriko por la mente, hay que ser cabeza hueca para contarle a mi hija algo así.

- Supongo que ya no resulta divertido cuando ves que hay un efecto colateral.- repuse, recordando que Eriko Misaki también me asustó cuando era niño con la famosa leyenda de los tsukumogami.- Digo, a mí me lo hizo pero no estuve en riesgo de ser asesinado por un paraguas embrujado.

- Una cosa es hablar sobre un objeto embrujado, algo que no existe, y otra muy diferente el tratar el tema de la muerte de alguien.- replicó mi padre, con una sonrisa falsa.- Lo que me pregunto es por qué Aremy eligió contártelo en vez de acudir a tu madre o a mí.

- Quizás porque sabe que si mamá se entera de que la tía Eriko ha estado haciendo de las suyas otra vez, se va a enojar en serio.- repliqué.- Y tú no eres opción porque le temes a la Muerte, papá, Are no va a hablar de eso contigo.

- ¿Qué te hace pensar que le temo a la Muerte?.- el gran Genzo Wakabayashi dio un respingo.- Eso no es verdad.

- Lo es y lo sabes.- quizás estaba hablando de más pero ya qué.- No le temes a tu propia muerte, porque los hombres valientes no le tienen miedo a eso, sino a que se muera alguien a quien amas y Aremy cae en ese rango. Te puedo apostar que ni siquiera dejas que mamá mencione esa posibilidad.

- No hay que ser derrotistas, Daisuke, ya sabes que no me gusta esa mentalidad.- la voz de mi padre tembló ligeramente.- No dejo que tu madre toque ese tema para que no los contagie a ustedes con su pesimismo.

- Papá, eso podrá funcionar con ella pero no conmigo.- me recargué contra el respaldo del sillón.- A algo le debes tener miedo, eres un humano y no un robot, hasta donde sé. Durante mucho tiempo traté de adivinar a qué le podría temer un hombre como tú y ha sido hasta ahora que lo he sabido. ¿Por qué no puedes ser sincero conmigo al respecto?

- Porque no es un tema que hablaré con mi hijo de catorce años.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, recobrando parcialmente su seguridad.- Suponiendo que sea verdad.

- ¿Cuál es la finalidad de temerle a algo que no vas a poder evitar?.- insistí.- ¿No es algo tonto?

- ¿No era algo tonto el creer que un objeto inanimado podía matarte?.- mi padre me lanzó una mirada extraña.- Pero aun así lo creías, porque no te dabas cuenta de que eso no podría llegar a suceder jamás. Algo similar pasa con la Muerte, es algo que no alcanzas a entender porque nadie ha regresado de allá para hablar de ella y por eso es natural tenerle temor.

- Pero, tal y como yo crecí y me di cuenta de que horrorizarse de un paraguas es estúpido, tú podrías hacer lo mismo y dejar de espantarte por la Muerte.- solté, sin pensarlo demasiado.- Es estúpido, ella no es una enemiga.

Creo que esta vez llegué muy lejos, seguro que mi padre ahora sí que me va a colgar y no precisamente de los pies. Sin embargo, para mi enorme sorpresa el gran Genzo Wakabayashi me miró durante varios minutos antes de echarse a reír.

- Ahora comprendo por qué Aremy te eligió para contarte sus temores, a pesar de que no eras el más adecuado.- dijo mi padre, mucho más relajado.- Aunque no haya sabido reconocerlo, has madurado mucho en esos últimos meses, quizás por la razón errónea pero lo has hecho. Eso no significa, por supuesto, que voy a hablar contigo sobre mis temores, no porque no crea que no eres digno de confianza sino porque sigues siendo un adolescente, pero quizás cuando crezcas tendremos esta conversación. Por el momento, admitiré ante ti que has dado en el clavo: es momento de que yo crezca y deje de temerle a cosas que no lo ameritan, pero eso no será fácil para mí porque la Muerte y yo no somos buenos amigos, no como lo son tu madre y Ella. Sin embargo, cuando vuelva a topármela de frente, tendré que recordar que alguna vez le tuviste miedo a los tsukumogami y lo superaste, cuando en Japón hay millones de adultos que les tienen pavor. Lo menos que puedo hacer es mostrar un poco de tu determinación.

- Soy tu hijo.- me encogí de hombros.- Y de mamá también. Llevo el valor y la estupidez en la sangre a partes iguales.

- Quizás.- el gran Genzo Wakabayashi sonrió a medias.- Lo que me lleva a recordar que también quiero hablar sobre el cambio de calificaciones.

- No otra vez, por favor.- me escurrí en el sillón y me tapé la cabeza con las manos.- ¡Ya te dije que yo no lo hice! ¿Qué tengo que hacer para que me creas?

- A menos que la escuela haya cometido un error grave, todo parece indicar que el responsable fuiste tú. O Claude, ayudado por ti, no veo otra posible variante en esa ecuación.- comenzó a decir mi padre, lo cual no me dio esperanzas.- Sobre todo porque ningún alumno tiene acceso al sistema y tú presumes de saber cómo romperlo.

- Puras fanfarronerías, padre, de verdad que no sé cómo hacerlo.- repliqué, mosqueado.- Ni siquiera tengo las herramientas adecuadas.

- ¿Quién pudo haberlo hecho si no fueron ustedes?.- insistió el gran Genzo Wakabayashi.- ¿A quién podría interesarle que sus calificaciones mejoraran?

Me dieron ganas de contarle lo que Benji sospechaba pero sé que papá no me hubiera creído. El gran Genzo Wakabayashi es un padre severo e intransigente, más parecido a su propio padre de lo que quiere reconocer, y decirle lo que sospechaba sólo habría empeorado las cosas. Quizás la doctora Del Valle me entendería pero él no así que no serviría de algo gastar mi saliva.

- Supongo que a nadie.- musité.- Pero a mí tampoco me interesa mejorar mis notas con trampas, eso crea un mal antecedente para cualquier cosa que quiera hacer en un futuro.

- Ah, o sea que sí piensas en tu futuro.- mi padre enarcó las cejas.- Pensé que no lo hacías, considerando que rechazaste la convocatoria de Japón.

Ahí vamos de nuevo con la maldita convocatoria de los cojones. ¡Caramba, papá, ya supéralo!

- Que no piense en el futuro que tú quieres que siga no significa que no piense en el futuro que yo quiero seguir.- repliqué.- Y sé que hacer una idiotez como lo de cambiar mis notas me arruinará las cosas. Aunque no lo creas, sí pienso en las consecuencias de mis actos y si bien sí se me llegó a pasar por la cabeza la idea de alterar mis calificaciones, no lo hice por todo lo que conllevaría.

- Digamos que te voy a dar el beneficio de la duda pero mientras no me demuestres con pruebas tangibles que no lo has hecho tú, seguiré tratándote como si fueses el responsable.- replicó el gran Genzo Wakabayashi.- Así que sigues castigado dado que, aunque tu madre cree en tu inocencia, también está de acuerdo en no levantarte la sanción que te hemos impuesto hasta que no se cambie el veredicto.

- Culpable hasta que se demuestre lo contrario.- suspiré.- Es bueno saberlo. Lo que no entiendo es para qué sacaste el tema a colación si no ha cambiado tu opinión.

- Porque quiero disculparme por haberte dicho que me rindo contigo.- el gran Genzo Wakabayashi pareció avergonzarse.- Nunca te abandonaré sin importar la circunstancia, Daisuke, me he prometido que no cometería con ustedes los errores que tuvo mi padre conmigo y voy a esforzarme porque así sea.

- Gracias, papá.- sonreí a medias.- Viniendo de ti, significa mucho en verdad.

Bien, eso era una victoria parcial, al menos mi padre ya reconoció que se pasó de idiota. En resumen la cosa había ido bastante bien, el gran Genzo Wakabayashi se negó a abrirse conmigo pero al menos conseguí penetrar un poco en esa armadura de padre que siempre se pone. Algo es algo, ¿no?

Mientras yo mantenía esta repetitiva y acostumbrada charla padre-hijo, a Mijael lo estaban dando de alta del hospital. Cuando llegó a su casa, ya lo estaba esperando Manfred Margus, entrenador de la Selección Sub-17 alemana, para hablar con él acerca de su convocatoria. Cuenta la leyenda que Mijael le dijo que no sabía de qué hablaba porque su padre no le había avisado sobre dicha situación, a lo que el señor Schneider miró a Margus con una expresión de fastidio para soltar campechanamente una frase que más o menos decía: "no me jodas, casi muere cual pollo rostizado y tú quieres que le hable de jugar fútbol". Entonces el señor Margus confesó que si se atrevió a visitar a Mijael en un momento tan delicado fue porque sabía que agarrar a Mijael "Huracán Categoría 5" Schneider en buenas condiciones físicas para ponerse a hablar con él de cosas serias era prácticamente imposible. Punto a su favor, ni mi tía Elieth pudo dar una réplica ante tal cuestión. Además, el señor Margus era cercano al Káiser de Alemania, fueron compañeros de Selección desde que ambos tenían quince años y lo siguieron siendo cuando ganaron la Copa del Mundo, así que tenía cierto derecho a ser inoportuno.

- Y es por eso que no lo corto con mi espada de esgrima pero lo sacas de aquí en cinco minutos o no respondo.- le refunfuñó mi tía, la Emperatriz, al atribulado Káiser de Alemania.- Total, sus vísceras pueden servir como abono para el jardín.

A Karl Heinz Schneider tampoco le cayó en gracia que su ex compañero de Selección fuese a molestar a su hijo el mismo día en el que lo daban de alta del hospital, pero Mijael aseguró que estaba dispuesto a hablar con el señor Margus. Mis tíos se sorprendieron mucho con la respuesta de mi mejor amigo e intentaron disuadirlo pero ya estaban conscientes de que cuando al Fede se le mete una idea en la cabeza, no se la sacan con nada; además, daba lo mismo si Mijael mandaba al cuerno al entrenador Margus en ese momento a que si lo hacía en una semana. Así pues, mi amigo se acomodó en la sala, bien resguardado por el Káiser de Alemania, mientras Manfred Margus se preguntaba si esta vez tendría suerte y conseguiría reclutar al Fürst alemán. Se hizo un silencio denso mientras los tres se miraban entre sí, sin decir palabra, hasta que el entrenador Margus entendió que le correspondía hablar a él.

- Primero que nada, espero que tu recuperación sea efectiva y pronta.- dijo el señor Margus, tras carraspear.- Espero que no vaya a dejarte secuelas graves.

- Dice mi madrina que me recobraré completamente, que tuve suerte.- Mijael se encogió de hombros.- Las cicatrices me tienen sin cuidado, estaré bien mientras pueda seguir usando mis manos.

- Es bueno saberlo.- respondió el entrenador.- Perdona que vaya directo al grano pero no quiero cansarte. Ya estás enterado de que te he convocado para la Selección Sub-17, tengo la esperanza de contar contigo para la próxima Euro y el Mundial.

- Me vine enterando cuando lo vi apoyado junto a su carro, fumando como desquiciado.- replicó Mijael.- Es curioso que, siendo ex deportista, no le tenga un poco más de cariño a su cuerpo.

- Es un mal hábito, lo admito.- el alemán se avergonzó.- Ciertamente no podría esperar que supieras de la convocatoria estando en el hospital.

- Da lo mismo, ahora ya lo sé.- lo interrumpió Mijael.- De cualquier manera no necesito mucho tiempo para tomar una decisión.

- Supongo que no has cambiado de parecer.- el entrenador Manfred suspiró, resignado.- Bien, no perdía nada con intentarlo.

- En realidad, debe ser éste su año de suerte porque se ha abierto una pequeña posibilidad para que yo acepte la convocatoria para jugar con Alemania.- lo contradijo Mijael, bien quitado de la pena.- Si usted me cumple esa condición, yo aceptaré la invitación.

Creo que si el Fede hubiese proclamado que quería cambiarse el sexo y llamarse Federica, no habría sorprendido tanto a los dos adultos que estaban con él como lo hizo al asegurar que jugaría con Alemania. Mi tío Karl estuvo tentado de llamar una ambulancia, al parecer los médicos se habían apresurado a dar de alta a Mijael porque no quedaba duda de que éste seguía muy enfermo. El entrenador Margus miró al Káiser con la sorpresa y la expectación en el rostro pero Karl Heinz Schneider estaba tan estupefacto como él.

- ¿Estás seguro de que eso es lo que quieres, Mijael?.- cuestionó el señor Schneider.- Nadie te obliga a aceptar.

- Eso ya lo sé, papá.- mi amigo estaba de lo más divertido.- Y no, no estoy enfermo ni el humo me mató las pocas neuronas vivas que tenía, he dicho que jugaré para Alemania si el señor Manfred me cumple un capricho.

- Dime cuál es y lo haré.- Manfred Margus se preguntaba qué sería lo que le pediría el Fürst de Alemania. ¿Dinero? ¿Joyas? ¿Drogas? ¿Un carro? ¿Un jarabe para la tos que no supiera a orina de perro procesada?.- Siempre y cuando esté dentro de mis posibilidades, por supuesto.

- Oh, claro que lo está.- el cabrón de mi mejor amigo sonrió con malicia.- Una de las cosas por las que me he negado a jugar para Alemania es que no cuenta con el mejor portero juvenil, los seleccionadores andan perdiendo el tiempo con imbéciles mediocres como Margus Hoffman en vez de poner la vista en gente que sí vale la pena. Con esto no me daban ganas de jugar para Alemania, ¿cuál sería el chiste de anotar goles si mi arco no iba a estar bien resguardado? Pero ahora que el mejor portero juvenil está en la posibilidad de jugar para Alemania la situación ha cambiado, si usted lo llama y consigue que acepte, yo con gusto también aceptaré mi convocatoria.

- ¿Y se puede saber quién crees que es el mejor portero juvenil?.- el entrenador Manfred estaba tan desconcertado como el señor Schneider.- Para ver si estamos en la posibilidad de reclamarlo.

- Daisuke Wakabayashi.- contestó el reverendo hijo de fruta de mi supuesto mejor amigo.- ¿Quién más?

Se hizo el silencio mientras los dos adultos procesaban la información. Era obvio que faltaban datos ahí o Mijael no solicitaría un portero que no era alemán.

- Eh, hasta donde sé, Daisuke Wakabayashi es japonés.- dijo el señor Manfred con mucho tacto.- Incluso sé de buena fuente que ha sido convocado por Tsubasa Ozhora para formar parte del combinado nipón.

- ¿En verdad?.- el Káiser enarcó las cejas.- Yo no estaba enterado de eso.

- Actualízate, papá.- replicó Mijael.- Y usted también, entrenador Manfred, porque es verdad que Daisuke fue requerido por Japón pero también es cierto que ha rechazado la convocatoria por falta de interés. Daisuke ha crecido en Alemania, es más alemán que las salchichas wurst y el muro de Berlín y no se siente a gusto jugando para Japón. Ni se sentirá, considerando lo racistas y discriminativos que son sus compatriotas, de manera que no sólo rechazó esa convocatoria sino que también negará las que vengan de Tsubasa Ozhora; lo que Daisuke verdaderamente quiere es jugar para Alemania aunque es demasiado gallina para admitirlo, pero si usted le sugiere que se nacionalice, entrenador, seguro que lo acepta sin pensarlo.

- Ni siquiera creo que Genzo Wakabayashi esté dispuesto a considerarlo.- replicó el señor Manfred.- Es bien sabido que él está entrenando a su hijo mayor para convertirlo en su sucesor en la portería de Japón.

- Sí, bueno, pero una cosa es lo que mi padrino quiere y otra muy diferente lo que Daisuke quiere.- Mijael puso los ojos en blanco.- Y mi amigo no es un clon de su padre, tiene derecho a tener sus propios sueños.

- Eso es cierto pero… .- el entrenador alemán se detuvo a media frase.- Mentiría si no reconociera que por lo menos una vez he pensado en ofrecerle la nacionalidad alemana a Daisuke, una idea que deseché de inmediato por los planes de su padre.

- Créame cuando le digo que Daisuke no tiene deseos de jugar para Japón ni los tendrá.- insistió Mijael.- Lo que él quiere es que Alemania lo convoque y no hay un impedimento real para eso. Así pues, si usted consigue traer al combinado teutón al mejor portero juvenil, yo le acepto todas las convocatorias que usted quiera.

Manfred Margus y Karl Heinz Schneider se miraron. El primero interrogó, quería saber si Mijael hablaba en serio; el segundo respondió que por supuesto que hablaba en serio, conocía bien a su hijo y sabía que Mijael no estaba jugando.

- Bien, veré qué puedo hacer.- declaró el entrenador Margus.- ¿Tengo tu palabra de que aceptarás formar parte de mi equipo si traigo a Daisuke Wakabayashi?

- Sí.- asintió mi amigo, muy serio.- Lo juro por Jazmín Wakabayashi, el amor de mi vida.

- Si te escucha Wakabayashi, te va a hacer pedacitos.- mi tío Karl sonrió a medias.

- Es una promesa seria, entonces.- el señor Manfred también sonrió.- Tenemos un trato, Mijael.

Lo dijo como si convocarme fuese tan sencillo como comer tacos. Ya quiero ver cómo le va a hacer el entrenador Margus para convencer al gran e intransigente Genzo Wakabayashi de que deje ir sus ganas de vivir sus sueños a través de otros y me libere. Yo no habría de enterarme de este trato sino hasta tiempo después; si lo hubiese sabido ese mismo día, Mijael habría regresado al hospital con uno de mis zapatos atorado en las posaderas, por cabrón. ¡Miren que comprometerme de esa manera y más sabiendo lo sensible que es mi padre con el tema de jugar para otro país que no sea Japón!

En fin, que después de eso se dio por terminada la conversación y Mijael pudo subir a su habitación, en donde sería acosado por sus hermanos y sus primos (incluida mi preciosa Gio). Cuando Margus y Schneider se quedaron a solas, aquél no pudo evitar el comentario.

- ¡Vaya con tu hijo!.- exclamó el entrenador alemán.- Heredó tu costumbre de querer reclutar en su equipo a un Wakabayashi.

- Estoy tan asombrado y divertido como tú, tal vez más.- Karl Heinz Schneider soltó una carcajada.- Lo lleva en la sangre, supongo. ¿Qué harás al respecto, Margus? ¿Vas a cumplirle el capricho a mi hijo?

- No es un capricho y eso tú lo sabes tan bien como yo.- replicó Margus.- De primera instancia, por afianzar al hijo del Káiser haría casi cualquier cosa, no es un elemento al que se le deba dejar ir así como así, pero si a eso le agregamos la oportunidad de atrapar también al hijo de uno de los mejores porteros que ha conocido el mundo, la apuesta sube al doble. Yo no sabía que Daisuke rechazó la oferta de jugar con Japón, siempre di por hecho que él se iría por ese camino pero ahora que tu hijo me ha dicho cómo está realmente la situación, vale la pena pelear por él. Con Adler Kaltz, Daisuke Wakabayashi y Mijael Schneider en el equipo, Alemania sería prácticamente imposible de derrotar.

- Supongo que estás consciente de que primero tendrás que convencer a Genzo Wakabayashi.- replicó mi tío Karl.- Y de que Daisuke tendría más fácil la convocatoria de México que la de Alemania.

- Estoy consciente de ambas cosas pero nacionalizarlo alemán no sería tan difícil.- replicó el entrenador Margus.- Y con respecto a Genzo Wakabayashi, bueno, bien lo dijo Mijael también, que Daisuke tiene derecho a elegir su camino y no a seguir uno que le impongan.

- Varios pensamos eso pero Wakabayashi sigue siendo un obstinado.- el Káiser de Alemania suspiró.- Si supieras lo que me ha tocado pasar con esos dos…

- Algo se me ocurrirá.- el entrenador Margus se encogió de hombros.- No pierdo nada con intentarlo y sí ganaré mucho si lo consigo.

Dice un dicho mexicano que "el que por su gusto muere, hasta la Muerte le sabe", así que si el señor Manfred Margus quiere suicidarse haciendo enojar al gran Genzo Wakabayashi, es su problema.

Yo no iba a enterarme pronto de que mi mejor amigo me había tendido una trampa mortal. Okey, exagero, no fue una trampa mortal y estoy siendo demasiado estricto con Mijael, sé que él sólo deseaba ayudarme a dar el paso que yo no me atrevía a dar por cobarde, si no me lo dijo en su momento fue porque sabía que yo haría lo posible por boicotear cualquier cosa que el entrenador Margus tratara de hacer para conseguir que me nacionalizara alemán. Sé que Mijael se cansó de verme titubear y de que no le hiciera caso así que tomó el asunto por su cuenta, usándose a sí mismo como carnada para que alguien más me presionara a hacer lo que tengo miedo de hacer. Dicho así, me veo como un cobarde de cabo a rabo, lo sé, pero si ustedes fuesen el heredero de Genzo Wakabayashi tendrían tanto miedo como yo de rebelarse a ese extremo. Tengo que reconocer que fueron las acciones de mi mejor amigo lo que echó a andar la maquinaria de mi verdadero destino, así que siempre le estaré agradecido por haberme apoyado cuando más lo necesitaba. De cualquier manera, Mijael Schneider, si estás leyendo esto quiero que sepas que te patearé tanto el trasero que hasta a tus nietos les va a doler sentarse, condenado cabrón. ¡Merecía que me dijeras la verdad, así me habría preparado para lo que sucedió después!

Ejem, volviendo a la historia, esa noche Jazmín fue a buscarme a mi habitación para decirme que había convencido a nuestros padres de que me permitieran ir a ver a Mijael. Al parecer, mi manipuladora hermana les dijo que él era el único que conseguía hacerme sentir bien y que merecía un descanso después de tantas injusticias (porque Jazmín no creía que yo hubiese cambiado mis notas). De verdad, Jazmín tiene tal poder de convencimiento que debería de ser abogada, seguro que liberaría a mucha gente encarcelada injustamente, lástima que su carácter tan bondadoso no la hace apta para los tribunales. En fin, que mientras mi querida hermana mayor me llevaba a la casa vecina, me dijo que renunciaría a Mijael por una noche para que yo estuviera con él, consciente de que me hacía más falta que a ella.

- Sigues sin querer abrirte con los demás, lo cual me molesta bastante, pero al menos sé que a Mija no le ocultas cosas.- suspiró Jazmín, entre enojada y resignada.- Prefiero que hables con él a que no lo hagas con nadie.

No respondí a eso, básicamente porque tenía razón. Cuando Mijael y yo nos vimos, nos abrazamos durante un buen rato (no homo), felices de que pudiéramos estar celebrando su salida del hospital como si hubiese sido otra de sus aventuras. Él me confió lo que sucedió con Edward después de que nosotros nos fuimos del hospital y me aseguró que ahora estaban en proceso de llevarse bien.

- Voy a estarme tranquilo lo que queda del año, con un incendio es suficiente.- dijo Mijael.- No creo sobrevivir a otro tan pronto.

- Es bueno saber que te vas a calmar por un rato.- me fijé que aún llevaba las manos vendadas.- Hay algo que me gustaría preguntarte: ¿No tuviste miedo en algún momento?

- A ti sí puedo contarte la verdad.- Mijael se puso muy serio, como pocas veces lo he visto.- Mamá y Jaz se soltarían a llorar si se los digo… Sí pensé que ahí moriría, hubo un momento en donde todo lo vi negro, ya no podía respirar bien y sentí que la piel de las manos se me estaba cayendo a pedazos. Llegué a pensar que era una lástima que Edward fuese a morir conmigo, sin haber podido arreglar sus líos mentales pero al mismo tiempo me sentí mejor porque no estaba solo.

- Menos mal que eso no sucedió.- se me hizo un nudo en la garganta.

- Te vas a reír pero justo antes de que nos sacaran, vi a Jazmín acercarse a mí, con una sonrisa en su hermosa cara y la mano extendida.- continuó Mijael.- Tomé su mano sin pensar y fue entonces cuando el bombero me encontró; él me contó después que si nos halló fue porque estiré la mano. ¿Te das cuenta? Jaz siempre está para ayudarme en los momentos más difíciles.

- ¡Puaj, qué cursi!.- yo me eché a reír y algunas lágrimas salieron de mis ojos.- Seguramente ya estabas alucinando por el humo.

- Eso fue lo que me dijeron, que sentir que se me caía la piel fue producto de la intoxicación.- Mijael se encogió de hombros.- Pero lo de Jaz fue real y punto.

- Como digas, camarada.- repliqué, dejándome caer en uno de los sillones puff que había en la habitación.

- Pero dejemos de hablar de mí.- continuó el Fede.- Jaz me dijo que traes unos líos mentales que poco te falta para que te pongan la camisa de fuerza. ¿Qué no me puedo largar por un par de días sin que quieras andar de nenita llorona, Chucky?

- Cállate, Fede, que mientras tú andabas echando la flojera en el hospital, a Claude y a mí nos cayó una buena.- bufé, hundiéndome más en el sillón.- ¡Maldito Kentin Hyuga! ¡Le voy a dar una patada en los hue…sos cuando lo vea!

Le conté a Mijael lo que Benji nos había dicho y que él no sabía porque Claude no había podido informarle aún. Conforme iba diciéndole las cosas, veía que Mijael iba enojándose más y más, daba golpes con sus manos vendadas, pataleaba, gruñía y soltaba palabrotas en voz baja, hasta que la desesperación lo hizo saltar de la cama.

- ¡Ese hijo de puta me las va a pagar!.- gritó mi amigo.- ¿Pero qué carajos le pasa a ese pendejo?

- Cálmate que nos van a oír.- pedí, al tiempo que me levantaba para empujar a Mijael a la cama.- Todavía no estamos seguros de que haya sido él, es mero supositorio.

- ¡Pero vamos! ¿Quién más podría ser si no fue él?.- Mijael, a regañadientes, aceptó acostarse.- Hoffman apenas tiene neuronas suficientes para evitar que se cague en los pantalones mientras camina y nadie más que ellos dos te odian al grado de querer tenderte una trampa así. ¿Qué más pruebas necesitas? ¡El lunes lo agarramos entre todos y le damos la paliza que debimos haberle dado desde que puso los ojos en tu hermana!

Ahh, que Jaz tenía razón, ¡sí que me hacía falta hablar con Mijael!

- Aunque me encante tu plan, Ichimei el Anarquista tiene razón, debemos ser más inteligentes que Hyuga.- repliqué.- Hay que tener pruebas antes de hacer cualquier cosa.

- Ahora resulta que ese condenado chaparro manda, ¿no?.- Mijael se enfurruñó.- Me voy unos días y el pequeño cabrón de tu hermano se roba a mi hermana y pretende ocupar mi puesto. ¡Sobre mi cadáver!

Me carcajeé otra vez y Mijael me secundó. Vaya par de adolescentes idiotas que somos. Cuando él se calmó, tras asegurar que hablaría con Claude para saber qué tramaba con respecto a las cintas de vídeo de las cámaras de la biblioteca, le conté sobre el maldito cuento de La Casa de Té de la Luna, la idea de Aremy de que iba a morir pronto y la respuesta que tomó el gran Genzo Wakabayashi con respecto a si le teme a la Muerte, para continuar después con mi declaración fallida a Giovanna, todo sin pausas y sin darle la oportunidad de decirme su opinión sobre cada tema.

- Lo siento, camarada.- suspiré.- Traía eso atascado y necesitaba dejarlo salir.

- Vaya que estuviste ocupado.- respondió Mijael, con sorpresa.- Hay muchas cosas que quiero decirte acerca de la descerebrada de tu tía Eriko pero primero que nada… ¿Por fin te le declaraste a Giovanna? ¡Milagro! ¡Miren que no salió tan idiota el niño! ¡Lástima que al final ella fuera más idiota que tú y te bateara! ¡JAJAJAJAJAJA!

- Cállate.- me puse tan rojo como las gorras de mi padre.- ¡Te recuerdo que tú tardaste más en declarártele a mi hermana y que ella también te mandó a volar! ¡No tienes derecho alguno a burlarte de mí!

- Lo tengo porque soy tu amigo así que te aguantas.- Mijael continuó riendo a carcajadas.- Me hubiera gustado ver tu cara de baboso al besar a mi prima, seguro que a la pobre le ha de haber dado asco tu aliento.

- ¡Yo no tengo mal aliento!.- inconscientemente me tapé la boca con la mano, lo que hizo que Mijael riera aún más.- ¡Y si así fuera, no puedes decirlo porque a ti te apestan los pies!

- Bueno, ya.- Mijael paró de reír después de uno tres o cuatro minutos.- Mira, Chucky, ya en serio, sólo puedo decir que te felicito, por fin diste el gran paso.

- Sí, pero Giovanna sigue sin hablarme.- bufé.- Mucho que me sirvió dar el "gran paso".

- Ya te lo he dicho muchas veces: Giovanna sí te quiere y no como amigo, pero las niñas, con excepción de mi dulce Jaz, son raras.- Mijael puso los ojos en blanco.- Y muy tontas, en serio. Dale tiempo a mi prima a que se decida a dejar de ser tan babosa y verás que te hará caso.

- Sí, como digas.- me dejé caer en el sillón otra vez.- Y no le llames babosa a mi Gio, no es más mensa que Jaz, que no se dio cuenta de que la amabas.

- Vuelves a insultar a Jaz y te romperé la cara.- Mijael me lanzó una de sus múltiples almohadas.

- ¿Con qué? ¿Con esos jamones cocidos que te quedaron por manos?.- me burlé.- ¡Quiero ver eso!

Nos reímos tanto que comenzó a dolerme el estómago. Comencé a sentirme mejor otra vez y me dije que tendría que regalarle a Jaz uno de sus dulces favoritos como agradecimiento.

- ¿Entonces le diste tu primer beso a mi prima?.- cuestionó Mijael, después de un rato de silencio.- Bien hecho, aunque te tardaste un poco, yo di primer beso a los doce.

- Sí, pero tú has besado a la mitad de las adolescentes de Alemania, qué asco.- repliqué.- De seguro se lo diste a la primera niña tonta que te hizo ojitos, yo sí se lo di a alguien que sí me gusta.

- En eso te equivocas.- Mijael me lanzó una mirada triunfal.- Mi primer beso fue con Jazmín.

- ¿Le diste tu primer beso a mi hermana?.- casi escupí las palabras.- ¿Me estás hablando en serio?

- Ehh... .- hasta ese momento Mija cayó en cuenta de lo que había dicho.- Bueno, es que los dos teníamos curiosidad de saber qué se sentía y...

- Tú, muy generosamente, te ofreciste a quitarle la duda, ¿no?.- gruñí.

- Oye, que alguien se lo tenía que dar y mejor que fuera yo.- Mijael, a pesar de todo, se puso colorado.

- Ahora entiendo muchas cosas, cabrón.- bufé, regresándole la almohada que me aventó.- ¡Traidor, a los doce años prometimos que nuestras hermanas serían intocables!

- Vamos, en aras del primer beso todo se vale.- defendió Mijael.- Jazmín ya me gustaba desde entonces pero no quería que te enojaras conmigo.

- Yo no creo que por el primer beso todo sea válido.- protesté, a pesar de que yo mismo abusé de la confianza de Gio para besarla.- ¿De verdad tu pretexto fue que querían saber qué se sentía?

- Más o menos, sí.- asintió Mijael.- Lo que yo no le dije es que quería saber qué se sentía besarla a ella, pero bueno, el resultado fue satisfactorio para ambos.

- Bah, yo no sé ni para qué me enojo si de todas maneras ya lo hiciste.- me encogí de hombros.- Pero no puedo creer que me lo hayas ocultado.

- Ya te dije, no quería que te enojaras conmigo.- insistió Mijael.- Sobre todo porque, como bien dijiste, habíamos dicho que nuestras hermanas serían intocables pero ni yo lo respeté ni Benji tampoco.

Bueno, que eso es verdad. Al menos Benjamín nos va a vengar a los dos en nombre de Jaz.

No quiero hablar sobre el apoyo que me dio Mijael con respecto a Aremy y al tema de la Casa de Té de la Luna, no porque sea algo malo sino porque es muy personal. Ni siquiera lloré delante de mi padre cuando hablé de eso pero con Mijael sí lo hice porque sólo él podía comprenderme en ese aspecto; tal y como yo esperaba, mi mejor amigo no me falló, me dio todo su apoyo y las palabras de ánimo adecuadas, algo que yo llevaba esperando desde la tarde anterior.

- Voy a ayudarte a encontrar una cura para Aremy.- dijo Mijael.- Si tengo que estudiar medicina lo haré, pero de que la encontramos, la encontramos.

- Me conformo con que me ayudes a recordar que no todo está perdido.- suspiré.

- No lo olvidarías si hablaras con mi padrino.- replicó Mijael.- Tienes que admitir que si algo sabe hacer Genzo Wakabayashi es nunca darse por vencido.

- Excepto cuando se trata de mí.- refunfuñé, molesto.- Él sí cree que yo cambié las notas, dice que me dará el beneficio de la duda pero que a sus ojos sigo siendo culpable hasta que demuestre lo contrario.

- Pues entonces tendremos que probar tu inocencia.- sentenció Mijael.- Hablaré con Claude para que me cuente su plan y ponerlo en marcha cuanto antes. Ya casi terminan las clases, si no conseguimos desenmascarar al verdadero culpable, tanto el tarado de mi hermano como tú acabarán en los cursos de verano.

- Ya lo sé.- suspiré.- Espero que mi padre deje de tratarme como criminal, nuestra relación avanza un paso y retrocede dos, cuando apenas estamos saliendo de una discusión, comenzamos otra. Más que padre e hijo parecemos casados, aunque él nunca ha discutido así con mamá.

- Porque mi madrina sí es inteligente.- se burló el Fede.- Tú eres tan tarado que ni cuenta te das de que encontraste la forma de conectarte con él a través del miedo que le tiene a la Muerte. Por lo que me contaste, él estuvo muy cerca de abrirse contigo pero dejaste que te cambiara el tema.

- No esperaba llegar tan lejos, la verdad.- confesé.

- Lo que tienes que hacer es dejar de ser tan cobarde y hablar con mi padrino de frente.- no me di cuenta de que Mijael me dio una última oportunidad para hacer las cosas por mi cuenta.- Dile que quieres jugar para Alemania y que no vas a seguir obedeciéndolo ciegamente. Quizás así vea que tienes agallas y tenga más confianza en ti.

- Gracias por lo que me toca.- repliqué, aunque sabía que él tenía razón.

Mucho rato después regresé a mi casa, tras aguantarme las ganas de preguntarle a mi tía, la Emperatriz, si podía pasar a ver a Giovanna, pues decidí que le haría caso a Mijael y que le daría tiempo a Gio para que asimilara la situación. Si insistía en buscarla y presionarla para que me diera una respuesta más concreta sobre lo que sentía por mí, sólo iba a conseguir que me viera como el patético desesperado que soy. No pude evitar preguntarme, sin embargo, quién le habría dado el primer beso a Giovanna y, aunque era altamente probable que yo no conociera al sujeto en cuestión, tuve celos de él y lo odié con toda mi alma.

Cuando estuve de vuelta en mi habitación agarré mi violín para practicar. A últimas fechas estaba tocando mucho, no sólo porque la música calmaba mi alma sino también porque estaba practicando dos melodías para Aremy: una por si se salvaba y otra por si se moría, las cuales elegí por ser relativamente fáciles de interpretar ya que mis habilidades no son muy buenas. La canción que tocaría para ella en su fiesta de celebración por haber vencido a su terrible enfermedad sería "La Terre Vue Du Ciel", que era la melodía que Benjamín usaba para sus rutinas de patinaje; si por el contrario Aremy moría, tocaría en su funeral el tema de la película "La Lista de Schindler", que me parecía perfecta para un evento tan trágico y triste.

Pero yo esperaba que lo último jamás sucediera.

Notas:

- He escrito completo el cuento de La Casa de Té de la Luna y lo he publicado en mi cuenta de Wattpad, por si alguien desea leerlo.