Capítulo 33. Llueve sobre mojado.

Después de las largas vacaciones que nos "regaló" el incendio, el volver a la escuela fue poco menos que una tortura. ¿Y cómo no, si me estaba esperando un regaño ejemplar ahí? No me quedaba duda de que el director se iba a desquitar bien y bonito conmigo, como no pudo hacerlo con Mijael bien que podría usarme a mí en su lugar para sacar su frustración, aunque me consolaba saber que ninguna reprimenda, por más dura que fuera, sería peor que la que ya me habían dado el gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle. En serio, esos dos enojados son mucho peor que cualquier director de escuela. Yo ya había sido amonestado, maltratado psicológicamente y amenazado con el destierro por parte de mis dos amados y respetados padres (más drama, por favor), así que nada de lo que me esperaba en la Wittelsbach podría agravar las cosas.

Al llegar a la escuela, sin embargo, descubrí que el asunto era menos feo de lo que creí, pues tanto alumnos como maestros andaban vueltos locos debido a los exámenes finales y casi nadie tenía tiempo para pensar en otra cosa que no fuera eso, de manera que poca gente se enteró de que Claude y yo estábamos acusados de haber cambiado nuestras notas. El único tema que seguía siendo un chisme común era el incendio del laboratorio y eso era lógico, considerando que fue algo excepcional, y el que el área siguiera acordonada no ayudaba a controlar los rumores. Una de las cosas buenas que sacamos de ese evento, además del fin de las hostilidades entre Mijael "Pollo Rostizado" Schneider y Edward "Costillitas al Carbón" Cruyfford, fue que los exámenes de química serían exclusivamente escritos, ya no tendríamos que hacer mezclas extrañas en el laboratorio para demostrar que habíamos aprendido algo. Supongo que a la pobre profesora Quilty le quedó bien claro que cualquiera de nosotros puede hacer volar la escuela entera si se lo propone.

Por cierto que, por algún motivo que mi cerebro adolescente no entiende, mi osado acto de ir a buscar a Giovanna seguía causando sensación, al grado de que se me estaba dando el trato de héroe por parte de algunos grupitos de lambiscones (los mismos que se cortaron el cabello para seguir una moda); varios de esos muchachos me preguntaron por qué se me ocurrió ir por ella y yo la verdad no sabía qué responder, porque no pensé en algo en concreto en ese momento, sólo se me ocurrió dejar salir mi estupidez innata. En otras circunstancias, me habría sentido el macho más macho de Macholandia por tantas lambisconerías, digo, elogios, pero gracias al nuevo problema que traía encima, ninguno de esos falsos intentos por ganarse mi simpatía conseguían hacerme sentir otra cosa que no fuera fastidio. En fin, quizás es cierto lo que dice mi madre acerca de que entre adolescentes la estupidez se toma como algo bueno.

En cuanto la secretaria del director se dio cuenta de que Claude y yo ya habíamos llegado al colegio, fue directamente por nosotros y prácticamente nos arrastró hasta la oficina de su jefe (no la culpo, quizás la amenazó con ponerla a escuchar música de Justin Bieber a todo volumen, yo que sé), para que él y yo pudiéramos recibir el correspondiente regaño por nuestros "malos actos". El director Zimmerman, quizás predispuesto por las travesuras de Mijael, culpó de todo a Claude y lo acusó de haberme obligado a hacer lo que él quería, como si yo fuese una niñita manipulable de tres años que no conociera la diferencia entre el bien y el mal.

– Entiendo que Daisuke está pasando por un momento difícil y por tanto es susceptible de ser convencido de realizar acciones poco honestas.- dijo el director.- Pero tú, Claude, no tienes justificación.

Si bien es cierto que la enfermedad de Aremy me había librado de ser expulsado por haber golpeado a Hoffman, comenzaba a desesperarme el que me trataran como el "pobrecito niño de la hermana enferma" que necesitaba ser justificado por todo. Que es cierto que hay cosas que las hice impulsado por el dolor, pero otras las hago por pura terquedad. Sin embargo, pareciera que el director se pasó por los huevos, que se comió en el desayuno, las palabras que le dijo mi padre acerca de que sus hijos somos fuertes.

– Discúlpeme, director.- lo interrumpí, arriesgándome a que me castigaran de por vida.- Pero no soy un pusilánime sin voluntad propia. Es cierto que estoy pasando por un mal momento pero eso no me quita el cerebro ni la voluntad. De primera intención, nosotros no hemos cambiado las calificaciones, se lo hemos dicho a todos y se lo repetimos a usted, pero si lo hubiéramos hecho, sin duda que Claude y yo habríamos participado a partes iguales, él no me habría obligado a ayudarlo.

Silencio total. El director me miró durante unos segundos, seguro que preguntándose si debía expulsarme de una vez o hacerlo en una semana. Bien, qué más da, de todas maneras ya estoy reprobado en francés, ¿no? Y es muy probable que mis papás me manden a construir porterías en el fondo del mar, así que un castigo más no importa.

– Están reprobados los dos.- el director, para mi buena suerte, decidió ignorarme y continuó como si yo no hubiera hablado.- Wakabayashi en francés y Schneider en matemáticas, de manera que ambos tendrán que ir a cursos de verano. Sus padres han sido notificados ya de estas medidas y se les pedirá que autoricen su inscripción a los cursos. ¿Tienen alguna duda?

– No, señor.- suspiramos Claude y yo. Tuve que morderme la lengua para no añadir un "nos queda claro que lo que digamos le importa un carajo".

– Pueden retirarse entonces.- Zimmerman nos dio la espalda.

No tuvo que decírnoslo dos veces. Al salir de la dirección, Claude y yo caminamos en silencio durante algunos minutos, sin decirnos palabra. Él y yo no recibimos el regaño de nuestras vidas (quizás porque Zimmerman seguía tratándome con sutileza, seguro que creía que yo me volvería loco del estrés si me presionaba demasiado), pero sí que nos deprimimos por saber que fuimos reprobados, él en matemáticas y yo en francés, y porque tendríamos que pasar el verano en los cursos de aprovechamiento. Y al final, ni siquiera habíamos sido nosotros los que habíamos hecho el cambio, aunque como era de esperarse, el hombre tampoco nos creyó.

– No estuvo tan mal allá dentro.- comenté, sólo por decir algo.

– ¿Es broma?.- Claude me miró con burla.- Si ya estaba pensando en tu epitafio cuando le contestaste al director: "Daisuke Wakabayashi, muerto por jugarle al vergas".

– No exageres, no fue para tanto.- me reí.- Ese epitafio tendré cuando le responda mal a mi madre. Como sea, creo que es momento de buscar al auténtico culpable.

– Sí, supongo.- gruñó Claude.- De cualquier manera ya me puse a estudiar matemáticas, aunque voy a poner en práctica mi plan, a ver si me resulta.

– ¡A buena hora!.- me quejé.- ¿Qué estás tramando?

– No te lo diré hasta que sea un hecho.- replicó Claude.- No voy a revelar uno de mis secretos mejor guardados a menos que tenga la necesidad de hacerlo.

– De acuerdo, camarada, pero procura hacerlo antes de que se acabe el año escolar.- me encogí de hombros.- Que no estoy dispuesto a pagar por algo que no hice.

Por fortuna, no tuve que esperar mucho para saber qué estaba tramando Claude; a la hora del receso, él nos reunió a Chris, a Benji y a mí para revelarnos su gran plan y, tengo que admitirlo, era una idea condenadamente buena. Como no queríamos que se inmiscuyera mucha gente en el asunto pues no sabíamos qué íbamos a encontrar, los ya mencionados nos escapamos de nuestros otros amigos y parientes para seguir a Claude hasta un pequeño edificio que era poco frecuentado por los alumnos: el área en donde se encontraban las cámaras de vigilancia de la escuela, las cuales eran permanentemente monitoreadas por los guardias de seguridad contratados para evitar que nos convirtiéramos en delincuentes juveniles.

– ¿Y cómo se supone que vamos a entrar?.- preguntó Chris, mientras contemplábamos el estrecho edificio sin ventanas.- No me vayas a decir que tu gran idea es entrar de contrabando, si alguien nos ve aquí seguro que nos expulsan de la escuela.

– Vamos a entrar, pero no de contrabando.- replicó su gemelo, tras sonreír.- No será necesario.

Claude tocó a la puerta de hierro gris que servía de entrada y nos abrió una mujer muy bonita de cabello rizado y cobrizo, una de las guardias de seguridad que solíamos ver constantemente por la escuela. Claude la saludó con mucha confianza y ella nos ordenó que la siguiéramos rápidamente y sin hacer escándalo. Mis amigos y yo estábamos encantados con la aventura, jamás habíamos puesto un pie en ese edificio y todo lo que veíamos nos parecía increíble, pensamos que era como estar en un cuartel de vigilancia del FBI (a pesar de que nosotros nunca hemos estado en un cuartel del FBI), aunque para ser sinceros no había más que un panel enorme de pantallas que revelaban cada ubicación de la escuela. Me gustaría detallar más la fascinante escena que tenía ante mis ojos, tanta tecnología hecha para espiar a las personas me resultaba fascinante, pero no voy a aburrirlos con detalles que sólo le importan a un nerd como yo.

– Chicos, ella es Marlene.- Claude nos presentó con la guardia.- Ella nos va a ayudar con las cintas de seguridad.

– Mucho gusto, señora.- respondimos nosotros, haciendo gala de la ñoña educación que nos dieron nuestros padres.

– Manténganse quietos y no toquen nada.- nos advirtió Marlene, aunque sonreía al decirlo.- Les voy a dar lo que buscan pero a cambio de que no se lo digan a nadie, ¿les queda claro?

– Sí, señora.- respondimos a coro.

¿Cómo carajos le hiciste, condenado franchute, para conseguir que una guardia de seguridad nos deje ver los vídeos de la escuela? ¿La habrá sobornado o algo así? Hay muchas cosas que quiero preguntarle a mi amigo pero no será en ese momento, sabemos que tenemos poco tiempo y no podemos perderlo en tonterías. Claude le dice a Marlene cuál es nuestra petición y le cuenta la escena que necesitamos ver.

– ¿En qué lío estás metido ahora, eh, Claude?.- preguntó Marlene, mientras buscaba en un servidor virtual el vídeo que podría aclarar nuestras dudas.- Pensé que el de los problemas era tu hermano Mijael.

– Lo sustituyo de vez en cuando.- bromeó Claude.- Sobre todo cuando se le pasa la mano con las travesuras, como sucedió esta última vez.

– Uno de mis compañeros y yo comentamos muchas veces que, algún día, Mijael Schneider acabaría por hacer estallar la escuela.- dijo Marlene, de buen humor.- ¡Pero nunca lo dijimos de manera literal!

– Así es mi hermano mayor, sobrepasa con creces la expectativa que tiene la gente sobre él.- Claude se encogió de hombros.

Como buenos adolescentes, somos capaces de burlarnos del incendio a pesar de que Mijael y Edward apenas acababan de salir del hospital. Es, como diría mi padre, una prueba de que "los adolescentes de hoy no nos tomamos las cosas en serio". En fin, volviendo al tema, Marlene se quedó callada cuando encontró la carpeta que buscaba, una rotulada con el nombre "Sala de Cómputo"; ella rebuscó entre los archivos durante un rato, tras lo cual sacó un vídeo etiquetado con la fecha del día del incendio.

– Tienen suerte, chicos.- exclamó Marlene, con voz triunfal.- Habitualmente nos deshacemos de la mayoría de las grabaciones en quince días pero ustedes han venido rápido. Ésta es la que corresponde a la cámara de vigilancia de la sala de computación del día en que ocurrió el incendio. ¿Qué hora en específico buscan?

– De las doce del día a la una de la tarde, más o menos.- fue Ichimei, el anarquista, quien respondió.

– Muy bien.- Marlene reprodujo el vídeo y lo adelantó a la hora acordada.

Como si de una película vieja se tratase, vimos las escenas borrosas a blanco y negro. Increíble que haya tecnología para llevar al hombre a hacerse tonto al espacio pero que, al mismo tiempo, tengamos que aguantar que las cámaras de vigilancia no posean una buena resolución de imagen. ¿No sería más urgente mejorar la tecnología en este terreno antes de andar mandando chatarra al espacio exterior? A pesar de ese pequeño detalle, pudimos corroborar que lo que nos dijo Benji fue cierto: los profesores de francés y matemáticas ocupaban dos computadoras contiguas mientras el grupo de mi hermano tomaba clases en las máquinas cercanas. Unos diez minutos después, más o menos, vimos que alguien entró haciendo grandes gestos con las manos y de ahí profesores y alumnos dejaron lo que estaban haciendo para salir inmediatamente del lugar. Vimos entonces cómo la sala se fue vaciando lentamente hasta que no quedó nadie, tras lo cual pasaron cinco minutos sin que ocurriera algo.

– Creo que te equivocaste.- farfulló Claude, decepcionado.

– Espera un poco más.- Benji frunció el ceño.- Hombre de poca fe.

Justo estaba Claude por protestar cuando vimos aparecer en pantalla a Kentin Hyuga; hasta ese momento no me di cuenta de que él no evacuó junto con los demás, de hecho ni me acordaba que se suponía que él estuvo ahí ese día, según el testimonio de mi hermano. Sin embargo, ahí aparecía en el vídeo, muy tranquilo, sentándose en la silla de mi profesora de francés y tecleando como si no estuviese quemándose la escuela a sus espaldas. Según la grabación, Kentin permaneció ahí durante siete minutos y cuarenta y seis segundos, durante los cuales usó la computadora como si siempre hubiese estado trabajando en ella.

– Miren al hijo de puta.- murmuró Christopher, aunque después se ruborizó.- Perdón, señora.

– No te preocupes.- Marlene le restó importancia al asunto.- ¿Era esto lo que estaban buscando?

– Sí.- respondí, enojado.- Era exactamente esto lo que buscábamos.

– ¿Y qué se supone que estamos viendo?.- quiso saber Marlene, aunque después se retractó.- ¿Saben qué? Olvídenlo, no quiero enterarme, sospecho que no es algo bueno.

Tengo que admitir que, aunque mi hermano me había convencido en su momento con su teoría, una parte de mí creyó que no hallaríamos una prueba que la sustentara. Sin embargo, ahí estaba, Kentin Hyuga había usado una computadora con la cuenta activa de un profesor sin motivo aparente, un hecho que fue claramente captado por las hermosas cámaras de vigilancia de nuestra hermosa escuela. Me sentí tan victorioso que me dieron ganas de aceptarle todas las convocatorias a Tsubasa Ozhora, por supuesto que sí.

– ¿Podemos sacar una copia de este vídeo?.- preguntó Claude.

– No, lo siento.- se disculpó Marlene.- Ni siquiera deberían de haberlo visto, se los estoy mostrando como un favor especial hacia ti, Claude. Me agradas mucho, tú sabes que sí, pero no al grado de perder mi trabajo por ti.

– Entendemos eso.- dijo Chris.- Ya ha ayudado mucho mostrándonos estas imágenes.

Nadie me escuchó cuando dije que aceptaría todas las convocatorias que me hiciera Tsubasa Ozhora, ¿verdad? Qué bueno. Fingiré que nunca pensé en eso. Ya fuera de broma, me decepcioné cuando Marlene nos dijo que no nos podía dar una copia del vídeo; sí, entiendo que ella no es rica, como nosotros, y por tanto tiene que trabajar mucho para poder comer, a diferencia de nosotros, pero eso no disminuía mi desilusión porque otra vez estábamos como al principio. Sin una prueba tangible qué darle al director, ¿cómo íbamos a demostrar que Hyuga nos tendió una trampa? No puedo culpar a Marlene, por supuesto, ya suficiente hizo con arriesgar su empleo para hacernos este favor, pero realmente me hubiera gustado haberla convencido de que nos ayudara un poco más.

– Gracias, Marlene, es usted un ángel.- dije, tratando de ocultar mi frustración.

– Lamento no poder hacer más por ustedes.- Marlene se disculpó una vez más.

– No te preocupes, hiciste suficiente.- Claude le sonrió y sacó de su mochila una caja de chocolates carísimos y se la ofreció.- Muchas gracias por todo.

– Cuando pueda ayudarte, sabes que lo haré con gusto.- Marlene sonrió y aceptó el regalo, con cierto bochorno.

Se notaba que Claude se llevaba muy bien con la mujer y me pregunté qué historia habría detrás de eso, yo ni siquiera sabía que mi amigo tenía nexos con los guardias de seguridad. Antes de irnos, me prometí que le conseguiría a Marlene una caja de pastas francesas, de dulces mexicanos o de chocolates belgas, cualquier cosa internacional que se me atravesara en el camino para agradecerle por su ayuda. La mujer nos condujo a la salida del edificio y, antes de cerrar la puerta de metal, nos soltó la última advertencia:

– Y recuerden: ustedes nunca estuvieron aquí.- declaró.

Nos quedamos callados por un rato, sin saber qué decirnos. El receso no tardaría en terminar pero ninguno tenía ánimos de regresar a clases.

– ¿Y ahora qué?.- pregunté, cuando regresamos al patio principal.- Estamos otra vez como al principio.

– Desgraciadamente, sí.- aceptó Christopher.- Es decir, ahora sabemos que Kentin sí metió mano a una computadora activada con la cuenta de un profesor pero no tenemos manera de demostrarlo. Creo que ni siquiera el vídeo nos habría ayudado como tal porque no podemos comprobar que verdaderamente Kentin alteró las calificaciones, puede alegar que estuvo haciendo cualquier otra cosa.

– En eso tienes razón.- aceptó Benji.- Pero al menos se levantaría una sospecha porque él no tendría por qué estar ahí a esa hora, ya se había evacuado el lugar y Kentin tendría que haber salido junto con los demás.

– Ni siquiera sé por qué estaba en el área de computación.- bufé.- ¿Su grupo no tenía clases de Química junto con el de Jaz y Mija?

– No tengo idea pero no lo creo.- respondió Chris.- Habrá que preguntarle a tu hermana pero casi podría apostar a que no.

– ¿Por qué estás tan seguro?.- quise saber.

– Porque si Kentin y Mijael estuviesen juntos en una clase de Química, ese laboratorio habría explotado desde inicios del semestre.- fue Claude el que respondió.

Touché, camarada.- me reí.- En cualquier caso no importa qué clase tenía Hyuga a esa hora, es obvio que tenía permiso para estar en la sala de computación o le habrían llamado la atención.

– Bueno, pues ya veremos después cómo solucionamos el problema de no contar con el vídeo, algo que se nos ocurrirá para hacer caer a Kentin.- replicó Ichimei, el casi reformado.- Si no nos damos prisa, a quienes van a llamarles la atención por no estar en clase será a nosotros.

Mi querido e iluso hermano, es más fácil convencer a nuestro papá de que baile desnudo el cancán que hacer caer a Kentin. Pero me supongo que había que intentarlo porque de lo contrario estaría condenado a perder mi hermoso verano en unas estúpidas clases que, si bien necesito, no tengo por qué tomarlas durante el verano.

No pude concentrarme por estar pensando en qué carajos orilló a Kentin Hyuga a meternos una zancadilla de ese nivel. Entendería sus motivos si el ataque se lo hubiese hecho a Mijael pero, ¿por qué tomarla contra Claude y contra mí? Sinceramente, no le veía el caso. Nunca me metí con Kentin, es más, hasta ayudé a Jazmín en muchas ocasiones en sus escapadas con el hijo de Kojiro Hyuga, el gran rival de mi padre y al que muy seguramente hubiera dejado en coma con todo e hijo si se hubiese enterado de que este último andaba pretendiendo a una de sus pequeñas. Además, Kentin y yo nunca hemos competido en las mismas áreas y por tanto nunca hemos llegado a ser rivales, tenemos diferentes puestos en el equipo de fútbol, estudiamos en diferentes grados escolares y nunca nos ha gustado la misma chica… Bien, es cierto que Lorelei me dijo que Kentin quería invitar a salir a Giovanna pero su interés en ella era tan repentino que más parecía que la buscaba por no tener otra cosa mejor qué hacer. ¿Sería que sus acciones se limitaban a una mera forma de tomar revancha contra Jazmín y contra Mijael? Quizás Kentin decidió vengarse de su "desilusión amorosa" con los hermanos de estos dos porque se le presentó la ocasión, pero a pesar de que esta teoría me sonaba convincente, mi intuición me decía que debía haber algo más. En fin, independientemente de sus motivos, de cualquier manera tendría que buscar una forma de hacerlo confesar, antes del fin de curso si era posible.

– Planeta Tierra llamando a Daisuke.- la voz de Maia me sacó de mis pensamientos.- ¿Estás bien, Dai?

– ¿Qué?.- me sobresalté.- ¡Ah, sí! Perdón, ¿me estabas diciendo algo?

– Llevo rato intentando hablarte pero estás perdido en tu mundo.- me respondió ella.- ¿Te sientes mal?

– No, sólo estaba pensando en el montón de locuras que han sucedido últimamente.- traté de sonreír pero se me olvidó cómo hacerlo.

– Ha sido demasiado, ¿verdad?.- suspiró mi amiga.- Como que las cosas fueron poniéndose peores con el tiempo pero el punto máximo se produjo con el incendio. Creo que, después de eso, todos queremos que este horrible ciclo termine ya.

– Sí, nos merecemos unas buenas vacaciones.- sonreí.- En alguna playa paradisiaca que quede lo más lejos posible de esta horrenda escuela.

– Estoy de acuerdo.- a pesar de que sonrió, Maia se veía nerviosa.

– ¿Qué tienes?.- quise saber; temí que ella también estuviese guardando algún secreto, como lo hizo Edward, y que antes de que acabaran las clases tuviéramos otro accidente catastrófico en la Wittelsbach.- Te noto rara.

– Oh, es una tontería.- Maia se estrujó un mechón de su bonito pelo oscuro y desvió la mirada.- No quiero molestarte con eso.

– No me molestas.- insistí. Cierto que Maia no es como Edward pero es una chica y, por lo que sé hasta ahora, todas las chicas vienen al mundo con una bomba de tiempo incluida.- Si te puedo ayudar en algo, dímelo.

– En realidad quería saber… .- Maia se armó de valor.- ¿Es cierto que Giovanna Ferrari es tu novia y que estás enamorado de ella?

– ¿QUÉ?.- mi grito se debió haber escuchado hasta Turkmenistán, aunque no sepa en dónde carajos está eso. Sí, también tengo que mejorar en Geografía.- ¿Quién te dijo eso?

– Oh, es lo que se rumora por ahí.- contestó ella.- Que te metiste a la escuela a salvarla porque te gusta.

Estoy seguro de que me puse de mil colores y creo que hasta me salió humo por las orejas. ¿Qué rejodido hijo de los cuarenta mil demonios empezó con ese rumor? O sea, es verdad que entré a buscar a Giovanna porque la amo y quiero que sea la madre de mis hijos, ¡pero nadie tiene por qué estarlo divulgando en la escuela!

– Eh, e-en realidad actué más por impulso que por otra cosa.- me rasqué la nuca.- No estaba pensando bien las cosas en ese momento, fue el estrés.

– ¿Seguro?.- Maia me miró a los ojos.

– C-claro.- tartamudeé.- ¿Por qué mentiría?

– Porque tal vez la gente tiene razón y tú sí estás enamorado de Giovanna.- por alguna razón extraña, ella me miró con tristeza.- Es muy linda, ¿verdad?

– ¿Qué? Bueno, sí, sí lo es, es preciosa.- sentí que volví a ponerme como tomate.- Pero tú también eres bonita, Maia.

Esto sorprendió mucho a mi amiga, quien me miró con los ojos muy abiertos antes de sonreír, no de forma mecánica como hizo cuando me preguntó si me gustaba Giovanna, sino de una manera natural. Algo en mí, alguna especie de recóndito sexto sentido, me dijo que había metido la pata de manera garrafal pero no sabía cómo. Maia desvió la mirada hacia la pulsera que ella misma tejió y que seguía amarrada en mi muñeca, para después agarrarla con los dedos durante unos momentos.

– Gracias, Dai.- Maia se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla.

Bueno, qué alivio, un beso en el rostro es señal de una bonita amistad, ¿no es cierto? Seguramente a Maia también le había afectado mucho lo del incendio y por eso andaba tan rara. Le sonreí a mi amiga y ella también me sonrió, tras lo cual se dio la media vuelta y se fue. Menos mal que no continuó preguntándome si me gusta Giovanna porque no habría podido negarlo durante mucho tiempo más aunque, ¿por qué carajos está Maia tan interesada en saberlo?

El resto del día transcurrió sin novedades en la escuela, no así con mis padres, quienes habían acudido con Aremy para el chequeo mensual del doctor Lacoste. Desgraciadamente, éste no tenía buenas noticias pues, a pesar de todos sus esfuerzos, la vida de mi hermana se le estaba escurriendo entre los dedos. Me costó trabajo entender y reconstruir lo qué sucedió en esa consulta, porque Aremy no comprendió gran cosa y mis padres no accedieron a decirme más de lo estrictamente necesario, así que si narro esto con inexactitud es por culpa de ellos. Según entendí, el doctor Lacoste revisó a Aremy y le preguntó cómo se sentía, tras lo cual mandó llamar a la enfermera Azumi para que se la llevara al consultorio de al lado para pesarla, medirla y realizarle otros chequeos menores. Hasta Aremy entendió que la estaban sacando del consultorio para hablar con papá y mamá a solas y eso le reforzó la idea de que se estaba muriendo, pero se dejó conducir por la enfermera Hayakawa porque se sentía muy cansada como para protestar.

– Bien, lo que les voy a decir no es fácil.- comenzó el doctor Lacoste.- Estamos muy avanzados con los ciclos de quimioterapia, prácticamente ya se han aplicado más de la mitad y, si bien es pronto para asegurar algo... desgraciadamente no tengo buenas noticias…

– ¿Qué ocurre, Jean?.- mi madre trató de mantener la calma; me contó que mi padre le tomó la mano para darle ánimos pero que la de él estaba helada. Además, el gran Genzo Wakabayashi permaneció mudo y a la expectativa de lo que iba a escuchar.

– Las pruebas de laboratorio de Aremy reportan que sus niveles de células malignas no han disminuido, no al nivel que esperábamos.- explicó el doctor Lacoste.- He ido modificando la combinación de fármacos en busca de una mejoría pero ésta ha sido muy leve.

– En otras palabras, el tratamiento no está resultando bien.- concluyó el gran Genzo Wakabayashi, apretando la mano de mi mamá con fuerza.- ¿Qué otras opciones hay?

– Medicamentos más potentes, otras combinaciones, alargar los ciclos… .- comenzó a decir la doctora Del Valle pero se interrumpió.- Lo siento, Jean, no quise entrometerme.

– Está bien, más o menos era eso lo que iba a decir.- el doctor Lacoste le quitó importancia al asunto.- Ése sería el siguiente paso, buscar una nueva combinación de fármacos más potentes y esperar el resultado. Sin embargo, tal vez sería prudente comenzar a considerar la opción más desesperada, en caso de que los ciclos sigan siendo inefectivos.

– ¿Cuál es?.- quiso saber mi padre, a quien la angustia le estaba amargando el rostro.

– El trasplante médula ósea.- la doctora suspiró.- Es eso, ¿verdad, Jean?

– Sí, eso es.- el doctor Lacoste miró a mi padre.- ¿Sabes más o menos en qué consiste el procedimiento?

– No.- negó el gran Genzo Wakabayashi.- Honestamente me bloqueo cuando hay términos médicos de por medio así que, a pesar de que no es la primera vez que escucho el nombre, no me ha quedado claro en qué consiste.

Esta vez, mi madre se quedó callada y dejó que el doctor Jean le explicara a mi padre lo que yo ya sabía gracias a Bryan Cruyfford y a mis investigaciones en Internet: la médula ósea es una sustancia que tenemos en los huesos grandes, como el de la cadera o el fémur, la cual se encarga de producir las células que hay en la sangre y que es lo que se enferma en una leucemia. Para el trasplante, primero se "mata" a la médula ósea enferma con medicamentos especiales para asegurarse de que no quede nada que pueda convertirse en cáncer otra vez; después de esto, al enfermo se le inyecta médula ósea nueva, donada por otra persona. Este procedimiento daba buenos resultados en la mayoría de los casos, pero en otros, el cuerpo del enfermo podía rechazar el trasplante y morir más rápido que si lo hubiera hecho a causa de la propia enfermedad.

– Explícame algo, doctor.- pidió el gran Genzo Wakabayashi.- ¿Qué sucede cuando "matas" la médula enferma? ¿Eso no dañará a Aremy?

– La hará más susceptible a los gérmenes.- explicó Jean.- Es como matar su sistema inmunológico, lo que significa que hasta una simple gripe podría causarle la muerte. Por supuesto, se toman medidas para evitar esto, se le mantendría en un cuarto especial, libre de potenciales agresores, y sería vigilada las veinticuatro horas del día.

– Hmmm, entiendo.- mi padre frunció el ceño.- ¿Y eso garantiza que a mi hija no la va a matar una gripe?

– El porcentaje de muertos a causa de eso es bajo.- respondió mi mamá.- El problema principal no es ése, sino el hecho de que si Aremy rechaza el trasplante… nada podrá evitar su muerte…

– Y todavía así es la mejor opción.- el gran Genzo Wakabayashi no estaba convencido.

– Es la última, considerando los resultados.- el doctor Lacoste escogió con cuidado sus palabras.- Y se tendría mucho cuidado con el donador, se elegiría al que fuese más compatible con ella y para eso haríamos pruebas especiales a los posibles candidatos.

– Ya te había dicho alguna vez, Gen, que Aremy cuenta con la ventaja de tener tres hermanos.- dijo mi madre.- Cualquiera de ellos puede ser un buen candidato para el trasplante.

– ¿Y no puedo ser yo?.- quiso saber mi padre, siempre dispuesto a inmolarse por su familia.

– No serías la mejor opción.- negó el doctor Lacoste.

– ¿Cómo lo sabes? Ni siquiera me has hecho esas pruebas.- insistió el gran Genzo Wakabayashi, terco como toda la vida.

– No necesito hacerlas para saber que no eres la mejor opción.- suspiró Jean.- Mira, Aremy tiene el 50% de tus genes, lo que significa que 50% de ti es conocido para ella y 50% es desconocido, y ese 50% desconocido podría matarla precisamente por el hecho de ser extraño para ella. Tus otros hijos, por otro lado, tienen 50% de tus genes y 50% de los genes de su madre, al igual que Aremy, por lo que hay una alta probabilidad de que compartan una mayor cantidad de genes entre ellos y que en la médula de alguno de sus hermanos haya menos material extraño que pueda matarla. Quizás en la médula de Jazmín, de Daisuke o de Benjamín haya tan sólo un 15% o menos de material desconocido, eso es mucho menos que el 50% que hay en la tuya. No sé si me estoy dando a entender.

– Sí lo hiciste, pero eso no significa que la idea me agrade.- mi padre hizo una mueca.- No quisiera que alguno mis hijos se enfrentara a algo como esto…

– Desgraciadamente es algo que no vas a poder evitar.- replicó el doctor Jean, con suavidad.- Si quieres salvar a Aremy, la mejor opción para conseguirlo es pedirle ayuda a uno a sus hermanos. Es casi imposible que haya otra persona en el mundo, aparte de ellos, que sea más compatible.

No puedo explicarlo bien porque yo tampoco lo entiendo al cien por ciento, pero donar médula ósea es igual a donar sangre: el donante no puede ser cualquier persona, tiene que ser alguien que sea compatible con el que va a recibir el trasplante. El mejor donador siempre será un hermano, debido a lo que el doctor Jean le explicó a mi padre acerca de los genes, así que Aremy tenía muchas probabilidades de tener un trasplante exitoso, no sólo porque tiene tres hermanos sino también porque uno de ellos es su gemelo, y nadie es mejor donante que un gemelo.

– ¿Es ya un hecho que tendrá que hacerse este procedimiento?.- preguntó el gran Genzo Wakabayashi; una de las pocas cosas que me confesó mi madre fue que en ese momento, él se veía derrotado.

– Aún no, pero vayan considerándolo.- contestó el doctor Lacoste.- No me he dado por vencido con la quimioterapia todavía.

– Y nosotros no lo haremos tampoco.- añadió mi padre.

Sin embargo, la doctora Del Valle intuía ya en qué iba a terminar este asunto, presentía que, más pronto de lo que todos esperaban, uno de los tres hermanos de Aremy iba a terminar siendo su donador. ¿Sería que de eso iba el Sueño, que alguno de nosotros, quizás yo, iba a ser la clave de su recuperación? Supongo que alguien menos hormonal y estúpido que yo lo hubiese captado antes, pero seguía sin estar seguro de creer que el Sueño poseía un significado oculto. Además, si Aremy tenía un donante perfecto, ése era Benji pues él es, como ya dije, su gemelo, y nadie mejor que un gemelo para ser donador, equivale a ganarse la lotería o a que se enfermen en día de exámenes los tres maestros que más odias.

Después de eso, mis padres y el doctor Lacoste pasaron al consultorio en donde estaban mi hermana y la enfermera Hayakawa. Ésta le lanzó a Jean una mirada sospechosa, a decir de Aremy, y el doctor Lacoste le sonrió como perrito faldero, según mi mamá. Ella y mi padre intercambiaron miradas de complicidad y, cuando la enfermera se fue junto con mi hermana, mi querida y para nada chismosa mamá se atrevió a saciar su curiosidad.

– Jean, sé que esto es una descortesía y que no debería de preguntártelo pero cada vez es más evidente que tienes una relación muy, eh, digamos "especial" con la señorita Hayakawa.- dijo la doctora Del Valle, como quien no quiere la cosa.

– ¿De verdad?.- Jean se ruborizó.- Pensé que era más discreto…

– Disculpe a mi mujer, doctor Lacoste, suele ser muy curiosa.- el gran Genzo Wakabayashi le jaló un corto mechón de pelo a mi madre.- A veces se comporta como una niña.

– Mira quién habla.- replicó mi madre, con una mueca irónica.- El que se pelea con Daisuke como si fuese su hermano y no su padre.

El gran Genzo Wakabayashi, por respuesta, le volvió a jalar otro mechón de pelo a mi casi calva progenitora. Supongo que a mi padre no le gusta que le digan sus verdades a la cara, ja.

– Oh, de verdad no me importa hablar de eso.- aseguró el doctor.- Lo cierto es que Azumi y yo tenemos un hijo.

– ¿En serio?.- exclamaron mis padres a la vez, con mucha sorpresa.

– No sabía que Hayakawa está casada.- musitó mi padre, preguntándose qué diría su viejo amigo Taro Misaki al respecto.

– Es que no lo está.- el doctor Jean se puso muy colorado.- Azumi y yo, eh, pues, sólo estamos…

– Déjalo así, lamento haber preguntado.- lo interrumpió la doctora Del Valle, avergonzada por haber sido tan indiscreta.- No tienes qué explicar nada.

– Es una especie de desahogo.- el doctor Lacoste soltó una risa de nervios.- Yo me encargo de mantener a nuestro hijo y también la mantendría a ella si quisiera, pero es tan terca y orgullosa que se niega a dejar de trabajar.

– Sí, recuerdo que Misaki me dijo alguna vez que Hayakawa es una mujer de carácter fuerte.- comentó el gran Genzo Wakabayashi, rememorando que incluso Taro Misaki afirmó que la señorita Azumi Hayawaka tiene una personalidad muy similar a la que tenía la esposa de Tsubasa Ozhora cuando era niña.- No me sorprende que no quiera ser mantenida por alguien más.

– Bueno, eso no es algo malo.- el médico suspiró.- Ella es una excelente enfermera así que no me quejo, cada vez que me hace un desplante me digo que al menos no le he quitado al mundo a una practicante tan excepcional.

– ¿Dices entonces que ustedes tienen un hijo?.- preguntó mi padre, con cautela.- ¿Qué edad tiene el bebé?

– Lo bueno es que la entrometida soy yo, ¿eh?.- se mofó la burlona doctora Del Valle, en voz baja.

Aquí hago una pausa para decir que mi padre, el gran Genzo Wakabayashi, es más chismoso y metiche de lo que pueda parecer a simple vista. Siempre actúa de forma indiferente, como si nada de lo que ocurriera a su alrededor le importara pero bien que le encanta enterarse de todo. ¿Quién lo diría?

– Eh, pues el bebé ya no es tan bebé, cumplió los dieciséis años.- se rio el doctor Jean.- De hecho, queremos inscribirlo en la Wittelsbach, creo que me alcanza el dinero para pagar las cuotas pero no sé qué tan estrictos se pongan con el ingreso.

– Oh, no te preocupes, nosotros estamos muy bien parados con el director, nos hemos visto mucho en estos días gracias a la insolencia de Daisuke.- dijo la doctora Del Valle, con un sarcasmo que hiere mi corazón.- Seguro que podemos hablarle bien de tu hijo.

En ese momento regresaron Aremy y la enfermera Azumi, con lo que los otros tres se vieron obligados a cambiar de tema. Nuevamente se hizo presente la atmósfera sombría y depresiva que había al inicio de la consulta, pues quedaba claro para todos, hasta para mi pobre hermana, que los médicos estaban quedándose sin opciones.

Mientras tanto, los tres restantes y abandonados Wakabayashi ya habíamos vuelto a casa; se suponía que nosotros debíamos continuar con nuestras labores cotidianas pero ninguno conseguía concentrarse porque sabíamos que nuestros padres llegarían pronto, trayendo buenas o malas noticias y ansiábamos saber qué le iba a suceder a nuestra hermanita. Al poco tiempo nos dimos por vencidos y nos fuimos a invadir la sala; Jazmín tomó una revista para mujeres que tenía poco de haber llegado a la casa gracias a la suscripción que tenía alguno de sus muchos habitantes, Benji se puso a chatear con Vania y yo traté de perder el tiempo jugando en la Tablet. Al cabo de unos diez minutos, mi hermana soltó un bufido de indignación y se escuchó cómo arrugó las hojas de la revista.

– ¿Qué pasa, Jaz?.- preguntó Ichimei, el reformado, levantando apenas la vista de su teléfono.

– Alguna desgraciada infeliz, una tal Veronika A., ha declarado que papá se ve muy atractivo con el cráneo pelado.- protestó Jazmín, indignada.- Y dice que se ofrece a consolarlo si Aremy llega a fallecer. ¿Qué le pasa a esa desgraciada?

– Déjame ver eso.- Benji le arrancó la revista de las manos y frunció el ceño.- Sí, eso dice, que se ofrece a consolar a nuestro padre en el caso de que nuestra hermana pase a mejor vida. ¿Qué clase de persona de bajo nivel hace este tipo de comentarios tan insensibles sólo para llamar la atención?

– Podría darte una lista muy grande.- respondí, enojado.- Hay personas que no tienen ni pizca de cerebro.

– Ni de corazón.- añadió Jazmín.- ¡Qué tipa tan odiosa y desgraciada! Además, aunque Are… aunque ella… bueno, ya saben, aunque ella se fuera, papá seguiría casado con mamá, no es como si él fuera a divorciarse automáticamente a causa de eso.

– Esa mujer es una estúpida, Jaz.- le aseguré.- No hagas caso de los comentarios, si te pones a leer todo lo que las fans del gran Genzo Wakabayashi han dicho sobre mamá, acabarías con ganas de matar a una buena parte de la población mundial femenina. Aunque no entiendo por qué, no me queda claro por qué hay tantas mujeres suspirando por nuestro padre.

– Oye, que él no es una mala persona.- me amonestó Jazmín.- Mamá siempre ha dicho que él es un hombre excepcional y yo también lo creo.

– Está enamorada, es su deber decirlo.- yo fruncí el ceño.

– No estoy de acuerdo contigo, hermano mayor.- negó Ichimei, el reformado, en un claro intento de aliarse con mi hermana para llevarme la contraria.- Papá tiene muchas cualidades, que tú sólo quieras enfocarte en las negativas es otra cosa.

¡Auch! ¡Eso de que mi hermano menor sea el que me da las peores respuesta ya está dejando de gustarme!

– Para ti es fácil decirlo, te llevas bien con él y sólo tiene halagos para tu persona.- protesté, herido en mi amor propio.- Yo soy el que tiene que lidiar con su obsesión y con su mal humor, está loco y soy el único que se da cuenta de eso.

– Daisuke, no seas así.- reprochó Jazmín.- Papá no está loco, sólo está un poquitito obsesionado con el fútbol.

– ¿Poquitito?.- bufé.- Sí claro, el gran Genzo Wakabayashi está un poquitito obsesionado con el fútbol, así como las cataratas del Niágara son un poquitito húmedas.

– No seas exagerado.- Jazmín hizo un mohín de disgusto que la hizo parecerse mucho a nuestro padre.

– Quizás tengas razón al decir que te toca ver lo peor de papá más frecuentemente que el resto de nosotros.- Benji sonrió ante mi comentario idiota.- Pero eso no significa que a los demás no nos toque lidiar con su personalidad de vez en cuando y eso es lo que pareces olvidar, hermano mayor. Sin embargo, no te puedo culpar, ya te he dicho muchas veces que estoy orgulloso de ser hijo de Genzo Wakabayashi pero agradezco infinitamente a los dioses del deporte por no ser yo el que está destinado a seguir sus pasos.

– Si papá no fuese un hombre excepcional, no se habría cortado el cabello para apoyar a Are.- Jazmín nos regañó a los dos.- Se ha preocupado mucho por todos y siempre está al pendiente de que mamá coma y duerma a sus horas, eso les debería de bastar para comprender por qué tantas mujeres lo admiran, además de que es un hombre seguro de sí mismo, muy fuerte y valiente.

– Sí, Jaz, no te enojes.- Ichimei, el reformado, la miró con disculpa.- Es broma cuando decimos que a veces es difícil lidiar con la personalidad de papá.

– Sí, seguro.- agregué, para calmar a la defensora número 1 de los Genzos Wakabayashis del planeta Tierra.- Sólo estamos diciendo puras tonterías de muchachos, ya nos conoces.

Bueno, que de cualquier manera estaría siendo injusto si dijera que el gran Genzo Wakabayashi no había hecho méritos para ser admirado. Quitando el hecho de que hay un gran número de mujeres que sólo se fijan en un hombre por el puro hecho de que es famoso, es verdad que mi padre tiene muchas cualidades, como eso de que es seguro de sí mismo, inteligente y sabe conservar la calma en los peores momentos. Además, ya la doctora Del Valle lo había dicho también, es optimista hasta un nivel imposible pero no deja que ese optimismo lo ciegue, lo cual lo convierte en una persona con una moral difícil de romper (antes de que se enfermara Aremy, habría dicho que su moral es inquebrantable pero ahora sé que no es así). Y bueno, que se rapara el cabello para apoyar a su hija pequeña lo hizo ganar mucha popularidad, aunque ésa no haya sido la intención de mi padre. Muchas mujeres consideraron que eso era un acto del más puro amor y muchas desearon estar en los zapatos de la doctora Del Valle, a pesar de que ella no estaba pasando por un momento por el cual pudiera ser envidiada. Sea como fuere, yo tampoco pude ver a mi padre de la misma manera después de que se cortó el cabello para apoyar a Aremy, creo que nunca me había dado cuenta de lo mucho que el gran Genzo Wakabayashi amaba a su familia hasta que ella se enfermó. Si hasta Jazmín estaba impresionada, ella tampoco creía que nuestro padre fuese capaz de pelarse el cráneo por Are y miren que ella lo idolatra.

– ¡Ay no, eso sería lo único que nos faltaría!.- gimoteó mi hermana, de repente.- ¡Ahí sí que nos llovería sobre mojado!

– ¿Qué cosa?.- yo salté, no me había dado cuenta de lo mucho que me distraje pensando en mi padre.

– Aquí hay un artículo que habla de las posibles causas de divorcio.- explicó Jazmín, con voz llorosa; no me di cuenta de en qué momento ella volvió a agarrar la revista que Benjamín le quitó.- Y dice que una de las más comunes es la pérdida de un hijo… ¡Yo no quiero que mis padres se acaben divorciando por eso!

– Aremy no se ha muerto.- la contradijo Benji, enérgico.- Por tanto, nuestros padres no se van a divorciar.

– Además, no es un hecho, ¿o sí?.- añadí, inquieto.- No todas las parejas que pierden un hijo se divorcian, Jaz.

– ¿Y qué te dice que ellos no lo harán?.- insistió mi terca y tarada hermana.- ¿Qué nos garantiza que con ellos será diferente?

– ¿No recuerdas cuando mamá le dijo a papá que vamos a depender de él para no darnos por vencidos?.- insistí.- ¿Qué clase de mujer le diría eso a su marido para después divorciarse de él?

– Una muy loca o muy estúpida.- contestó Ichimei, el reformado.- Pero mamá no es de ésas, así que no deberías de preocuparte, Jaz.

– No lo sé.- mi atormentada hermana se secó una lágrima.- Hasta hace unos meses daba por sentado que lo que tenía nunca se iría pero ahora ya no pienso igual. Doy por hecho que mamá y papá estarán juntos por siempre pero, ¿qué tal si la enfermedad de Aremy es algo que no pueden superar y se separan? Aquí hay testimonios de personas que se divorciaron tras perder un hijo, una mujer aseguró que se separó de su marido porque su rostro le recordaba todos los días al niño que se les murió. ¿Qué tal si a papá le pasa eso con mamá?

– Para eso tendrías que dar por hecho que Aremy se va a morir y eso no va a suceder, Jazmín.- protesté, muy enojado.- ¡Ella ni siquiera se ha muerto y tú te estás preocupando por algo que a lo mejor podría pasar sólo en caso de que lo hiciera! ¿Te das cuenta de lo tonta que te escuchas, caramba?

– Dai, sé que te molesta el asunto pero no es justificación para que le llames "tonta" a nuestra hermana.- me reclamó Ichimei, el Defensor de las Hermanas Taradas.- Ella tiene tanto miedo como nosotros y alguna vez dijimos que nos íbamos a apoyar entre todos.

– Ya, pues, me retracto.- dije, a pesar de que seguía enojado.- Siento haber dicho que eres tonta, Jaz, pero creo que es tonto el preocuparse por algo tan improbable como el divorcio de nuestros padres, ellos no nos han dado motivos para creer que se van a separar.

– Coincido con Dai.- añadió Benji.- Papá y mamá han sabido apoyarse mutuamente en esta situación tan difícil, él siempre está al pendiente de que mamá esté bien, ¿no acabas de decir que siempre se asegura de que ella coma y duerma adecuadamente? Y cuando la ve cansada, la releva en su labor de cuidar de Are para que pueda tomar una ducha o una siesta, eso no lo hace una persona que quiere divorciarse de otra.

– Sí, tienen razón.- Jazmín tuvo la decencia de avergonzarse por su estupidez.- Creo que debería dejar de leer esta revista.

– Sería lo mejor.- se la quité y la aventé a un rincón.- Por algo mamá te ha dicho que no leas estas cosas, Jaz.

Mi hermana mayor ya no respondió pero noté que estaba más tranquila. Justo a tiempo, porque en ese momento regresaron nuestros padres y los tres saltamos para recibirlos. Debí haberme dado cuenta de que algo andaba mal cuando mamá le pidió a mi tía Bárbara que acompañara a Aremy a su habitación; por fortuna, Jazmín se fue con ellas o se habría puesto a gritar que tenía razón con respecto al divorcio de mis padres si se hubiese enterado de lo que pasó a continuación. Benji y yo decidimos quedarnos en la sala, a la espera de que Jazmín volviera para ir a preguntarles a nuestros padres qué les había dicho el doctor con respecto a Aremy, de manera que fuimos testigos de ese "pequeño" desacuerdo que tenían el gran Genzo Wakabayashi y la doctora Lily Del Valle y que amenazaba con convertirse en algo serio.

– Tengo sed, voy a buscar una soda.- me dijo Ichimei, el reformado, después de un rato.- ¿Quieres algo de la cocina?

– Te acompaño.- respondí, aburrido.- Parece ser que Jaz se quedó con Are y no va a bajar en un buen rato.

Mi hermano y yo nos pusimos a hablar estupideces, como cuántos drones serían necesarios para cargar a Phobos o a Deimos, cuando escuchamos voces que discutían y que provenían precisamente de la cocina. Benji y yo nos detuvimos al instante, sorprendidos al darnos cuenta de que quienes peleaban no eran otros que nuestros padres. Hablaban tan fuerte que se les podía entender aún con la puerta cerrada, así que no fue necesario ni que pegáramos la oreja a ella para poder escucharlos.

– ¡No vamos a discutir esto otra vez, Genzo, entiéndelo ya, por favor!.- gritó la doctora Del Valle, muy enojada.- ¡No es la primera vez que tocamos este tema pero de verdad que tú no quieres comprenderlo!

– Lo he entendido desde el primer momento y por eso es que no estoy de acuerdo, haz el favor de comprender tú eso.- replicó el gran Genzo Wakabayashi, casi tan molesto como ella.- No me parece bien que tenga que ser uno de mis hijos el que pase por eso, preferiría hacerlo yo.

– ¿Pero qué no entiendes que, si lo haces tú, las probabilidades de fracasar son altísimas?.- rebatió mi madre. No sabía de qué estaban hablando pero por sus palabras podía intuirlo.- ¡Nuestra única oportunidad radica en que sea uno de nuestros otros tres hijos el que se someta al procedimiento!

– ¡No, me niego a eso!.- respondió mi padre.- ¡No lo autorizaré!

– ¡Pues entonces tendremos que pelearnos en la Corte porque pienso quitarte la patria potestad si es necesario!.- replicó la impulsiva doctora Lily Del Valle.

Ay. ¿En serio mis padres están hablando sobre ir a la Corte y pelear por la patria potestad de sus hijos? ¿No es lo que hace la gente cuando se divorcia? Mira, Jazmín, que si tus profecías resultan ser ciertas, voy a pedirte que me leas el Tarot completo aunque, ¡cómo deseo que en verdad te equivoques!

– ¿Qué?.- evidentemente, ésa fue una jugada que ni el gran Genzo Wakabayashi se vio venir.- ¡No puedes hacer eso!

– ¡Por supuesto que puedo y si es necesario lo haré!.- recalcó mi madre.

– ¿Y lo harás para que tú seas la única en poder decidir sobre los procedimientos que se les van a realizar a nuestros hijos?.- mi papá se escuchaba perplejo.

Pobre del gran Genzo Wakabayashi, lleva muchos años de casado con la doctora Del Valle y no ha aprendido todavía que ella está dispuesta a cumplir, por puro orgullo desmedido, cualquier amenaza que haga estando enojada, por muy estúpida o irracional que ésta sea.

– ¡Sí, exactamente por eso es que lo voy a hacer.- estalló la doctora Del Valle.- ¡Porque tú te niegas a aceptar que, si queremos que Aremy sobreviva, tendremos que pedirle ayuda a uno de nuestros otros hijos para salvarla!

En ese momento se escuchó el ruido que hace una silla al caer al suelo y yo intuí de inmediato que mi madre se había levantado de donde estaba sentada y que no tardaría en aparecer, hecha una furia, así que empujé a Benjamín hacia un lado, justo antes de que la doctora Del Valle abriera la puerta de la cocina con un golpe y desapareciera a toda velocidad, mascullando en español algunas groserías de alto nivel. En otras circunstancias, me habría dado mucha risa el escuchar a mi madre vociferar como camionero pero en ese instante no pude evitar pensar, con mucha tristeza, que hace algunos meses su cabello flotaba detrás de ella con elegancia, pero ahora sólo flotó la tela de su blusa.

El gran Genzo Wakabayashi, que estuvo a punto de ir tras la doctora Del Valle, se detuvo a medio paso, muy asombrado, cuando nos vio a Benji y a mí parados afuera de la cocina con cara de ser niños pobres abandonados de un país tercermundista. Sin duda que estuvo a punto de maldecir porque no quería que dos de sus hijos escucharan la pelea que acababa de tener con su esposa, pero no le quedó más remedio que soltar un prolongado suspiro en el que seguramente estaban metidas todas sus frustraciones.

Si mis padres se terminan divorciando, voy a demandar a todas las malditas revistas para mujeres del mundo, he dicho.

Notas:

– Este fic no está muerto ni se fue a hiatus, simplemente no había tenido tiempo para terminar un capítulo porque estoy llevando otras dos historias aparte de este fanfic y les di prioridad a esas novelas antes que a este cuento (escribir este capítulo me llevó seis meses, no miento). Espero, sin embargo, el poder actualizar más seguido.