Disclaimer: FROZEN y cada uno de sus personajes es propiedad de Disney, solo lo narrado en esta historia es enteramente mio.
ADVERTENCIA:
Esto es un Dark!Fic.
Por lo cual habrá violencia, violaciones, tortura psicológica y física, y muerte de personajes.
Los personajes poco a poco irán cambiando sus personalidad, por ello serán algo OoC.
Si es que Hans es uno de sus personajes favoritos les sugiero que dejen de leer esta historia, ya que tendrá un comportamiento psicópata y enserio que lo terminaran odiando.
Si estos temas no son de su agrado absténganse de leer.
Pero bien, si después de estas advertencias deciden continuar, es bajo su propio riesgo.
Cruda realidad
Capítulo 3: El final del invierno
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Llevo su mano al mentón de la princesa, se acercó tranquilamente, inclino un poco su cabeza, la cobriza solo se dejó llevar por el momento, mientras la distancia disminuía entre ellos, cerro sus ojos con la idea que así seria mágico su tan esperado primer beso, el pelirrojo sonrió de medio lado y sin posponerlo más termino con la diminuta distancia que lo separaba de los labios de la cobriza, probando sus dulces y fríos labios, claro que no eran tan fríos como los de la platinada, sonrió divertido entre el beso al recordar la fechoría que acababa de cometer hace algunos minutos atrás, cualquiera sentiría un poco de arremetimiento pero el solo pensaba en el momento que encontraran el cuerpo de la platinada y tenga que dar su mayor actuación de estar horrorizado ante tal atrocidad.
Cerro con mayor fuerza sus ojos, esperando que el momento mágico sucediera, que las mariposas revolotearan en su estómago, que el ansiado momento fuese lento, casi eterno, que el cálido amor que le profesaba comenzara a descongelar su corazón y ese abrazador sentimiento se esparciera por todo su ser, haciéndola volar en una nube. Pero no fue así, lo único que sentía era culpa y en cierta forma desprecio, no hacia el sureño, si no hacia ella misma, por estar engañando a Hans, podía estar con el príncipe en ese momento, en esa habitación besándolo, pero en lo único que podía pensar era que no debió de haber dejado a ese huraño de muy pocos modales, pero simpático y sencillo montañés.
Deseaba que al abrir los ojos se encontrara con esa mirada ambarina fría, malhumorada y honesta del rubio, con esa gran nariz, su seño ligeramente fruncido, una torcida y discreta sonrisa honesta que era exclusivamente para ella. -Anna…-Llamo el príncipe con falsa preocupación.
Parpadeó un par de veces y la dulce voz del príncipe la regreso a la realidad forzándola a salir de su falso e iluso sueño, sin darse cuenta en que momento Hans había separado sus labios, respiro hondo, miro por unos segundos directo a esos ojos frívolos, parpadeo y por un fragmento de segundo imagino que la miraba dulcemente esa mirada acaramelada y no esas frías esmeraldas, agito su cabeza en negativo, avergonzada desvió su mirada hacia la chimenea. -Lo siento, ¿decías algo? -dijo vagamente.
-Jeje, oh cariño, ¿tanto te distraigo? -hablo juguetón y con una galante sonrisa, la sujeto del mentón obligándola a verlo a los ojos y la tomo de las manos-Te decía que tu cabello, está regresando a su color natural…
Confundida la princesa se deshizo del agarre del sureño con sutileza, sujeto una de sus trenzas y efectivamente poco a poco su cabello se iba tiñendo de cobrizo nuevamente. Lo miro con una triste sonrisa, ya que si con ese beso logro descongelar su corazón es porque realmente él era "su amor verdadero", aunque realmente no se sentía diferente. A decir verdad, hace algunos minutos antes del beso dejo de sentir ese intenso frio que se esparcía por todo su cuerpo, no entendía porque, solo se detuvo.
-Anna, jaja-rio falsamente al tiempo que acaricia con supuesto cariño la mejilla de la princesa. Saliendo de sus pensamientos miro con una triste sonrisa al sureño.
-Lo siento, es solo que…-Guardo silencio por unos segundos, agachando su mirada y antes de proseguir tomo una gran bocanada de aire-han pasado tantas cosas en tan solo unos cuantos días, que…
-Lo se Anna, pero ya todo estará bien…-aseguro con una media sonrisa, acariciándole el cabello.
-No Hans, nada está bien, necesito regresar a la montaña del norte e intentar nuevamente hablar con mi hermana, sé que está asustada, confundida…-Se puso de pie, se abrazó a sí misma y miro fijamente la chimenea- yo estoy aterrada con todo esto…-Se giró para ver al pelirrojo, con los ojos llorosos y la voz quebrada. -Y estoy segura que Elsa se siente igual o peor que yo.
Con una expresión neutral se puso de pie el pelirrojo, camino algunos pasos hasta quedar frente a la pecosa, la sujeto de los hombros y con su pulgar limpio la solitaria lágrima que sin ningún permiso de la cobriza decidió salir. -Tranquila Anna, -La rodio con sus brazos obligándola a que hundiera su rostro en su pecho- te aseguro que las cosas mejoraran…- una sonrisa maligna se instaló en su sombrío rostro.
-No será así, hasta que traiga a Esla de vuelta y…-decía entre hipidos la princesa.
-Ya me encargue de ello…-la joven sorprendida se separa del sureño, que de inmediato cambio su expresión a una dulce y compasiva.-Si, aunque lo dudes, me quede muy preocupado al ver que regreso tu caballo sin ti, reuní a un grupo de voluntarios y salimos al instante a buscarte, al notar algo extraño en la montaña del norte decidimos ir de inmediato a ese lugar con la esperanza de encontrarte y a la Reina…-narraba con ilusión y ese falso respeto hacia la platinada.-tuvimos un pequeño enfrentamiento…-La sujeto fuerte de los hombros al notar el terror en su mirada, intentándola calmar y evitar que comenzara con una de sus fastidiosas divagaciones, sonrió galantemente- calma, tuvimos un desacuerdo con Weselton ya que sus órdenes fueron diferentes a nuestra misión principal, la reina se golpeó la cabeza al defenderse-la presiono nuevamente de los brazos para evitar que hablara-pero la reina está bien.
-Quiero verla-Pidió al borde de las lágrimas.
Hans respiro hondo, fingiendo estar apenado-Bien, te llevare, pero…-desvió su mirada-debo decirte que todos tenían miedo de Elsa, querían tomar justicia por su propia mano, así que por seguridad de ella y para que todos estuvieran más tranquilos di la orden de que la enceraran en una de las celdas…-dijo avergonzado, mirando de reojo a la consternada princesa.
- ¡Elsa, no le aria daño a nadie! -declaro furiosa y bruscamente se alejó del príncipe.
-Lo se Anna, pero…-con una mirada tristes y voz arrepentida- lo hice por su bien, fue la mejor opción que tuve para protegerla y calmar un poco a cada habitante y visitante…-se defendió, acercándose con cautela a la princesa que instintivamente se alejó nuevamente, dándole la espalda. El pelirrojo hizo un deje de fastidio y rodo los ojos-Bien, vamos.
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- ¿Por qué no hay ningún solo guardia? -cuestión curiosa y ligeramente molesta la princesa, entre cerrando los ojos en un intento por ver más allá de lo que iluminaba la lámpara de aceite que llevaba entre sus manos.
-No tengo idea, di indicaciones de que dos guardias custodiarán…
- ¡Oh!, no puede ser…-Exclamó alarmada la princesa, acelerando sus pasos al ver unos bultos en el suelo, al estar cercas de estos cubrió su boca reprimiendo un grito. Su pupila se contrajo, sintiendo una terrible revolución en su estómago al ver el carcho de sangre alrededor de esos dos guardias, uno tenía un disparo en el pecho, mientras el otro tenía la nariz reventad, su rostro bañado completamente de carmín, su respiración se aceleró, sintiendo que su corazón se hundía en un profundo abismo, su mente comenzó a torturarla y en lo único que podía pensar era en su hermana, quería correr y asegurarse que estuviese bien pero su cuerpo se desconectó por completo dejándola paralizada frente a esa aterradora escena.
El sureño con un paso lento se acercó y fingiendo sorpresa se inclinó, para tomar el pulso de los soldados caídos, sonriendo discretamente al recordar los gritos de esos desafortunados hombres, el increíble placer que sintió al jalar del gatillo, el invencible poder que recorrió su cuerpo al golpear al otro con la parte trasera del rifle, le pidió clemencia y lloriqueó por su vida, más él solo lo golpeo con mayor fuerza hasta destrozarle el rostro.
Parpadeo y agito su cabeza, obligándose a regresando a la realidad, se puso de pie y negó sutilmente y fingiendo estar consternado miro a la cobriza- Están, están muertos…-dijo quedamente, intento abrazar a la princesa que, al sentir el sutil contacto del pelirrojo, soltó la linterna y el estruendoso ruido hizo que su cuerpo nuevamente reaccionara, alejándose de él al instante- ¿Anna? -cuestiono confundido.
- ¡Elsa! -susurro antes de salir corriendo apresurada por ese lúgubre pasillo, agitada, con un nudo en la garganta y una revolución en su estómago, se para frente a la gran puerta de madera, respiro hondo y temblorosamente dirigió su mano a la puerta que con el mínimo esfuerzo se abrió, su rostro palideció, la garganta se le seco y un extraño escalofrió le recorrió de pies a cabeza.
Alentándose mentalmente se esforzó por terminar de abrir esa pesada y antigua puerta, meticulosamente daba un paso tras otro, notando que alguien estaba recostado en la plancha de madera, cubierta con una sábana.-¿Elsa?...-llamo temerosa, divisando la inconfundible melena platinada de su hermana.-Elsa…-su mano sudaba, titubeante sujeto la sabana, paso saliva amargamente y cerro por unos segundos sus ojos, pensando que simplemente su hermana seguía durmiendo profundamente y por ello no la escuchaba, dejo escapar un suspiro e inconscientemente retiro la sabana.
Un doloroso alarido salió de sus temblorosos labios, abriendo como platos los ojos, su pupila se contrajo, perdiendo completo brillo su mirada y aterrada retrocedió algunos paso, cubriendo su boca con ambas manos en un intento por reprimir sus penosos quejidos, gruesas lágrimas se acumulaban en su parpado inferior, las piernas le flaquearon y termino cayendo de rodillas, miro el cuerpo de su hermana y sin importarle si la escuchaban o no soltó un desgarrador grito, cerro fuertemente sus ojos y empuño sus manos con tanta fuerza que sus nudillos comenzaron a perder color.
Se inclinó hacia el frente, como si hiciera una reverencia, y con sus puños golpeo fuertemente el suelo, dejo que las lágrimas corrieran libremente. -Nooo, Elsaaa, lo siento, lo siento tanto.
Hans por su parte se deleitaba de la trágica escena, mirando aquello con una retorcida y macabra sonrisa, recargado desde el marco de la puerta con los brazos cruzados, susurro débilmente. -Esto solo es el comienzo Anna…-declaro con orgullo y superioridad.
~0~
-Anna, cariño. -llamo dulcemente el sureño, entrando con aparente timidez a la habitación de la mencionada. La cual solo se encontraba recostada en posición fetal en su amplia cama. -Sé que no es fácil para ti todo esto, pero…-se sentó al borde de la cama y acaricio amorosamente su mejilla pecosa, denotando las marcas de las lágrimas. -no quiero abrumarte Anna y entiendo que tienes que pasar tu duelo y realmente te quiero ayudar, me duele verte así, pero hay un reino que ahora depende de ti y tienes responsabilidades que no se pueden seguir aplazando, sin contar que necesitan hablar contigo respecto al funeral de Elsa. -Mordió su labio para no sonreír al ver que nuevamente las lágrimas se acumulaban en esos tristes ojos azules.
-No puedo con todo esto Hans, yo…-el príncipe le dio un rápido beso y acaricio sus cobrizos cabellos, delineando el mechón de cabello que aún seguía blanco.
-No estás sola, me tienes a mí y deseo ayudarte en todo lo que sea posible Anna, me are cargo del reino mientras pasas tu duelo, pero…-de su saco saca una pequeña cajita, que al abrirla dejo a la vista un extravagante anillo- ¿aun quieres casarte conmigo? -pregunto aparentemente tímido y sonrió galante mente. Al no ver ninguna reacción en la chica, agacho su mirada. -Sé que no es momento para esta tontería-la miro de reojo-como dije no quiero abrumarte y quisiera ayudar con tus responsabilidades, el reino -respiro profundo y con aparente dolor la miro- pero ante todos sigo siendo un extranjero y…
Anna al ver la angustia en el pelirrojo y que solo se estaba preocupando por su bienestar, sonrió débilmente, se reincorporo en la cama y sujeto una de las manos del ojiverde, confundido la miro a los ojos-Hans, gracias por estar aquí, yo… yo, ya no tengo a…
-Anna, me tienes a mí y siempre me tendrás. -la miro con una dulce y comprensible sonrisa.
-Acepto Hans.
-Me haces el hombre más feliz-unieron sus labios en un fugaz beso, le coloco el anillo, la princesa solo lo pudo mirar con un intento de sonrisa y lo abrazo, necesitaba sentirse segura aferrarse a algo y no perder la poca cordura que sentía que le quedaba, el príncipe solo sonrió maquiavélicamente.
Continuara…
Gracias por su apoyo y paciencia.
Se que tarde una eternidad para actualizar y ya muchos dejaron de seguir esta historia, realmente no los culpo, pero les puedo asegurar que si tendrá final y ya no tardare otros tres años en actualizar.
¿Dudas?, ¿Quejas?
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NRO22 OffLine
"Que la fuerza los acompañe"
