Este capítulo trata algunas cuestiones que se abordarán más adelante, pero principalmente es para desarrollo de los personajes originales. Por si acaso no les interesa mucho.
5
Plastic love
—No sé como decírtelo, Tsurara, pero bailas horroso —dijo Yuu, haciendo un gesto despreciativo y dejando de tocar el samishen—. Igual que… tu madre.
Tsurara soltó un suspiro de frustración, bajando los brazos con fuerza. Era verdad, a ella nunca se le había dado bailar. Era, en realidad, pésima para todas las actividades que necesitaran elegancia y fueran consideradas naturalmente como "femeninas". Pese a ser criada, en su mayoría, por Wakana y Kejorou, Tsurara no pudo dominar ni la cocina de los humanos sin congelarla, como tampoco encontrar un pasatiempo que se pudiera calificar como "elegante" o que le agregara gracia y atractivo a su personalidad. Disfrutaba las tareas domésticas al encontrarlas relajantes, pero tampoco tenía la excelencia materna de Wakana ni estaba cerca de ella.
—Niña —la voz de Yuu la sacó de su ensimismamiento. Ella la miró fruncir el ceño—. Calla esa cabecita tuya y deja de atormentarte por cosas estúpidas.
Y aún peor, pese haber sido criada, en lo restante, por Rihan y sus súbditos, Tsurara era un tremendo desastre luchando: sus movimientos eran torpes, su actitud despistada y su fuerza… poca.
—Es que... —suspiró.
—Es que nada. Apenas te pedí que me enseñaras lo que sabes —la interrumpió. Quitó el samishen de sus piernas y lo dejó cuidadosamente a un lado, para gritar hacia el pasillo—. ¡Nozomi! ¡Ven a tocar algo para nosotras!
Nozomi llegó en cuestión de segundos, vestida con una yukata blanca que apenas cubría los vendajes que usaba como protección interior. Había nevado la noche anterior y todas disfrutaban de la humedad fría de la nieve que reposaba en el suelo.
Además, las yuki-onna apenas sentían pudor estando rodeadas de mujeres de su misma especie. Quizá, las que más usaban ropa, eran ella, Reira -quienes habían crecido fuera de las costumbres -y Yuu, la más anciana de todas, y que siempre despotricaba contra la belleza y sus atractivos.
Yuu caminó hacia Tsurara y quedó frente a frente con ella. "No dejes de mirarme" le dijo, antes de comenzar a moverse con la música producida por Nozomi.
Tsurara clavó la mirada en la anciana danzando frente a ella, moviéndose de manera tranquila pero pesada, como si se afirmara al suelo de sus pies y soltara lo restante de su cuerpo, haciendo su cabello y su ropa una extensión de sí misma. Bailaba pero su elegancia venía de otra parte, no de sus movimientos. Levantaba la nieve, pero de manera que esta levitara hacia su cuerpo como una cortina de brisa. Agua del espacio nevado a sus pies comenzó a subir a la altura de sus codos, y conforme seguía bailando, repitiendo el mismo movimiento, las gotas comenzaban a congelarse, siendo primero perlas, para después estirarse y convertirse en espinas. Yuu, con un movimiento final, clavó las miles de espinas de hielo que pudo levantar del suelo en el árbol más cercano.
Tsurara sabía que la anciana podría hacerlo incluso diez veces más rápido, y se había limitado para que ella pudiera ver el proceso.
—No se trata de saber bailar, niña. ¿Crees que a mi edad me ando con tonterías de etiqueta? Esto trata de que encuentres tu ritmo, que explores tu cuerpo, que te unas a lo que está tu alrededor. Por supuesto, una de las principales armas para las yuki-onna es la gracia, la elegancia para cautivar a los hombres y obtener, a causa de la seducción, poder sobre ellos —explicó Yuu mas rodó los ojos y agregó— pero eso equivale mucho desgaste mental y corporal. Además de que los hombres también pueden jugar el mismo juego, si es que son lo suficientemente inteligentes.
Tsurara se sonrojó.
—¿Cómo podría saber si un hombre me está seduciendo? —preguntó tímidamente en voz baja para no ser escuchada por Nozomi.
Yuu, sin embargo, la ignoró y continuó con su anterior discurso.
—Es por eso que también debemos dominar el otro arte, la lucha, y equilibrar la balanza ante aquellos hombres. No podemos confiarnos solamente en nuestro atractivo visual, es estúpido. Naturalmente, no tenemos fuerza de bestia, somos ayakashis con características humanas elevadas a niveles sobrenaturales, espirituales, demoníacos. Nuestro poder viene del odio y la decepción, como también del amor; pero la energía que nos mantiene vivas está en todas partes: agua y viento, del frío. Nurarirhyon bebe de las sombras para confundir a sus enemigos, es un youkai escurridizo y creativo. Las sombras las hace la luz y el la luz es el sol y la luna, energías siempre presentes. Sin embargo, el saber que se saldrá con la suya es lo que lo hace tan atemorizante, porque es un bastardo confiado y conoce sus recursos, existe en ellos, forman parte de él. El miedo es energía y se alimenta de nuestra conexión con la energía externa a nosotros y la armonía de nuestro cuerpo hacia ella.
—No puedo dejar de pensar en las cosas que hago mal —confesó Tsurara con los ojos llenos de vergüenza—. Siento que no soy buena para nada, que puede ser ya muy tarde para empezar. Recuerdo el miedo de mi madre y creo que nunca seré capaz de llegar a algo parecido.
—Niña —gruñó la anciana—. ¡Nunca es tarde para empezar! Te faltan varios cientos de años por vivir. Apenas eres una yuki-onna adulta. Apenas. ¿Quién te enseñó a lamentarte de esa manera? Suenas tan humana, como si tuvieras miedo a errar porque probablemente mañana mueras y querías todo perfecto. En nuestro mundo nada lo es. No lo somos nosotras tampoco. ¿Qué clase de tonterías te enseñaron en el Clan Nura?
La más joven solo bajó la cabeza en señal de vergüenza. Yuu invocó nieve a los pies de ella y la lanzó directo hacia su cara.
—Yuu... —gimoteó, con las pestañas y el copete cubiertos por nieve.
—¡Eres una ayakashi! ¡Eres la hija de Setsura! ¡Llevas el espíritu! ¡No puedes seguir limitándote de esa manera, niña! ¡Tienes que aceptarte a ti misma antes de aceptar a tan miserable mundo! —escupió, alzando la voz. Algunas yuki-onna se acercaban para ver la escena, curiosas. Yuu las volteó a ver y se rió—. ¿Y ustedes qué, eh? ¿Qué ven aquí? ¿También quieren un sermón? Vayan a pintarse la boquita, tontas.
Algunas de las intrusas cuchichearon pero terminaron por irse. Nozomi bajó a la nieve.
—Yo creo que lo que Yuu quiere decir es que te estás juzgando a través de estándares que no son propios de tu naturaleza, Tsurara. De nuestra naturaleza —interrumpió Nozomi, con expresión plana y apoyando una mano en su hombro—. Por supuesto, no tendría nada de malo que fueras débil. Muchas de nosotras lo somos. Pero yo no —corrigió, y agregó, con una sonrisa— y tú tampoco. Es por eso que la anciana se pone tan intensa.
La susodicha bufó cruzándose de brazos, mas no dijo nada.
—¡Tú eres fuerte, Tsurara! —gritó Kaoru con voz animada, pasando corriendo por el pasillo desde el palacio.
Tsurara rió ante el comentario de la niña y asintió hacia las dos yuki-onna, confirmándoles que podían seguir.
Yuu suspiró y asintió igualmente, apaciguando su coraje.
—La música no es necesaria, pero ayuda a relajar la mente. ¿Viste lo que hice? Ahora, sigues tú. Tu ritmo, tu estilo, no importa bajo qué características esté, si es elegante u horroroso. Solo pisa fuerte y déjate llevar desde el pecho. Busca, encuentra, utiliza. Piensa… en alguna canción que te guste.
A Tsurara le brillaron los ojos.
—¡Plastic love! —chilló—. ¡Mariya Takeuchi!
—Mmm. Dudo que alguna de nosotros sepa cuál es esa, niña. ¿Nozomi?
Nozomi negó con la cabeza. Yuu le hizo un gesto con la mano y la yuki-onna se retiró.
—Bueno. ¿Quisieras cantarla?
I'm a woman cold as ice
don't worry!
El invierno que procedió su visita al Clan Nura fue el invierno donde pudo encontrar su fortaleza, así como sus debilidades. Tsurara nunca lo había pensado, pero la noche era el tiempo donde más poderosa se sentía. La ausencia del sol le brindaba el poder de la luna, que en armonía con el agua congelada y la nieve, facilitaba el manejo de su poder y de la energía externa a su cuerpo.
Tsurara jamás se había sentido igual. Después de la ofrenda, el espíritu se había apaciguado, sin embargo, continuaba haciendo presencia, haciéndose omnipresente. En ocasiones era este quien le ayudaba a controlar y absorber las energías, ella lo sentía. Todo se volvía más grande, más rápido, más letal. La nieve, el viento helado y el hielo. Su misma mente. Nunca había estado tan consciente de sus alrededores y de su propio cuerpo físico. Yuu usualmente insistía con eso y despotricaba contra su educación humana y predominantemente masculina. Y Tsurara no lo decía en voz alta, pero sabía que la anciana tenía razón.
Ella siempre se había considerado como ayakashi, pero no había podido ni siquiera comprender su estado en el mundo. No había quien le enseñara eso. Su madre, ausente, había rezagado de su poder ante la maldición, lo había ignorado por propósitos ajenos a ella, se había limitado a servir de manera pasiva. Wakana, su figura maternal, le había dado lo que ella sabía como humana.
Pero ella no era una humana, era una ayakashi de las nieves. Una yuki-onna.
Una mujer violenta, fuerte y asesina. Si bien nunca podría despegarse de su concepción primeriza y humana del mundo, Tsurara sabía que, para ser y seguir siendo, debía aceptar su naturaleza. No podría ser capaz de alcanzar su potencial si rechazaba algo tan intrínseco a ella. Si lo hacía, quizá la maldición podría ser incluso más fuerte.
Tsurara había encontrado fuerza donde siempre pensó que no existía: ella misma. Le recordaba al Matoi, cuando se fusionó y prestó sus habilidades a Rikuo. Ahora era ella quien pedía prestada energía a la naturaleza, que cedía con gracia ante sus deseos. Varias veces pensó en lo poderoso y orgulloso que haría a Rikuo con sus nuevas habilidades, lo que molestó al espíritu y a ella misma. Cuando eso pasaba, a su mente venían imágenes de dos hombres. El hombre que decepcionó y del que el espíritu se alimentó por primera vez. Luego estaba Rihan, a quien el espíritu y su madre ansiaban, sonriendo con uno de sus ojos cerrado, y rodeado de un aura y luz abrasadores. Había amor en esas imágenes... pero también ira. Aquellos pensamientos parecían hundirla en vez de levantarla, por lo que decidió dejarlos a un lado, aún más cuando comenzó a ver a Rikuo.
Todo, en las montañas nevadas, trataba de ella. El entrenamiento, su crecimiento, su posición. Nada de eso tenía que ver con Rikuo. Era ella, ella y la nieve, ella y el hielo, ella y sus compañeras. Rikuo la tenía atada por su corazón y lealtad, mas lo restante le pertenecía solo a ella.
Debía recordárselo. Aquello era clave para crecer, para lograr lo que su madre deseaba para ella.
Quizá, hasta la clave para superar la maldición en la que estaba casi inscrita.
Ever since the day love hurt me
my days and nights have been reversed
Tsurara meditaba desde al amanecer hasta la hora del desayuno, siempre dispuesto a las ocho de la mañana en el comedor principal. Tenía la misma rutina que algunas aunque con pequeños cambios. En el día, ninguna yuki-onna permanecía pasiva; todas tenían actividades por realizar. Tsurara meditaba con Kaoru y Nozomi, con quienes también desayunaba junto a Yuu, y después arreaban la tierra y pescaban, a lado de Shigama y Aomori. Posterior a eso, Tsurara se turnaba día sí y día no para hacer tareas domésticas y entrenar sus habilidades con Yuu y, en ocasiones, con Nozomi, quien era bastante hábil con distintos tipos de armas, y que siempre estaba acompañada por Shura.
Nozomi era de las yuki-onna más sombrías, quizá estando abajo del primer lugar, que era Yuu quien se lo llevaba. Tenía cabello largo, lacio y negro, piel pálida, iris púrpura y ropas blancas, siempre cortas. Era una ayakashi tranquila y callada, sin embargo, en su mirada y movimientos se notaba una actitud calculadora y fría, insensible incluso. A veces salía con alguna broma que no resultaba graciosa de verdad, donde la única que se reía, por amabilidad, era Reira. Nozomi tenía un humor bastante ácido y simplón, además de verse insensibilizada ante la violencia —cómo casi todas las demás. Ella, sin embargo, no había encontrado a ninguna persona a la cual amar, y era de las pocas que no estaban interesadas en ello, justo como Shura.
Otra de las yuki-onna más extrañas que Tsurara había llegado a conocer bien era Shura. Shura llevaba el cabello corto, casi al ras de su cráneo, que se pintaba negro gracias a él; y acostumbraba a pintar sus ojos con un color rojo sangre, brillante y neto, lo que los hacía ver aún más rasgados y grandes por su pupila del mismo color. Era agresiva, aunque prudente, y poseía gran fuerza guerrera, además determinación. Su principal tarea era cuidar la entrada hacia la montaña y deshacerse de los cuerpos mutilados. Shura era quien reemplazaba a Nozomi los días en que esta debía observarla para saber cómo continuar entrenando. Era rápida, pesada, casi impredecible, y prefería la fuerza a la nieve. Shura, además, era la única en las Montañas Nevadas que usaba maquillaje más allá del bálsamo labial. De hecho, parecía ser la única que había tenido contacto con la civilización por lo menos los últimos cincuenta años.
Por ello, cuando las dos la abordaron en el entrenamiento de aquel día, justo antes de la cena, Tsurara no tenía ni idea del porqué sus caras tenían un brillo especialmente diferente. La única emoción parecida que habían demostrado había sido cuando el herrero de Toono, un anciano youkai dragón, les había entregado un nuevo paquete de armas hechas con colmillos de demonios. Esas armas se las habían repartido entre ellas, Shigama y Aomori, dándole la oportunidad a ella de elegir una. Ella había elegido una Naginata, una asta larga con una hoja curva de un filo grueso con la que, en la práctica, había sido capaz de levantar más fácil el viento y la nieve.
Arma con la que, además, había incrementado su presencia. La cargaba como un bastón, como Kurotabo, y le servía como principal defensa en ataques sorpresa.
Shura y Nozomi habían pasado bastante tiempo con ella practicando y habían generado confianza, sin embargo, Tsurara nunca las había visto actuar de esa manera. Hasta parecían… niñas.
—El otro día —comenzó Shura, mirándose las uñas, fingiendo ser casual— te escuchamos cantar.
—Sí, cuando la anciana Yuu te entrenaba. Has repetido la canción varias veces —agregó Nozomi.
Tsurara se sonrojó. Sí, había usado la canción varias veces para lograr concentrarse y había cantado en voz alta. Sabía que era infantil e inusual, como también un poco extraño, dado que ella era la única que la conocía, pero era lo único con lo que había podido dejarse llevar en los primeros intentos. Nunca pensó que podría haber sido escuchada por las demás.
—La dejé de cantar desde hace mucho —les dijo—. ¿Semanas? Ya no la necesito.
—Sí. 3 semanas —le contestó Shura, un poco molesta. Suspiró, como rindiéndose—. ¿De dónde la sacaste, Tsurara?
Sonrió al recordar aquellos momentos, sumergiéndose en el pasado. Todo lo que conocía del mundo de los humanos venía de Wakana. Ella había sido su segunda madre durante toda su vida en el Clan Nura. La recordaba bailando canciones que pasaban por la radio. Aquella era una de sus favoritas.
—Pues es de la música que le gustaba a Wakana, la madre del amo Rikuo —respondió con naturalidad. Ambas mujeres alzaron las cejas ante lo último. Tsurara se dio una palmada en la boca—. De Rikuo, perdón. Es algo que los humanos le llaman pop.
—¿Y cómo podemos conseguir más de eso? —arremetió Nozomi, que, en su curiosidad, hacía gestos extraños.
Tsurara parpadeó, con los ojos muy abiertos.
—¿Les gustó?
Shura asintió con timidez.
—La última vez que estuve cerca de humanos había música así, lo poco que salí al mundo después de ser rescatada por tu madre. A esa época le decían los ochenta. Cuando llegué aquí ya no pude volver. ¿La escuchan en los lugares youkai?
—Si te soy sincera —comenzó a decir Tsurara—no lo sé. En los noventa, yo era un poco más joven y pues, las costumbres de Wakana eran… humanas, y las compartía solo conmigo y el am… con Rikuo. Y a lugares youkai, solo he ido una vez al Bakenekoya y no entré. Estaba en una misión.
—¿Aún existe el Primer Distrito?
—Sí.
—¿Los nekos tienen ahora un lugar ahí? ¿Qué hay?
—Restaurante, apuestas, sake. También hay karaoke... —al ver sus caras de confusión, explicó— es un aparato que guarda mucha música. Tú eliges una canción, reproduces la pista, y la cantas. La letra de la canción te aparece en una pantalla donde las puedes leer para no equivocarte.
Shura y Nozomi se vieron una a la otra, antes de exclamar en voz baja un "guau".
Su relación con Rikuo era un tema recurrente cuando todas se reunían, lo que solo sucedía en comidas, y especialmente en la cena. Después de su visita al Clan Nura, todas de alguna manera estaban enteradas de su no-relación con Rikuo, y desde ese entonces, era un tema de conversación que no acababa. Tenía la sospecha que su madre y Yuu habían comentado al respecto incluso antes de su llegada, porque el interés parecía enraizado.
Pese a estar marcadas por actos violentos y decepciones amorosas, las mujeres de las montañas aún apreciaban el romance y la ensoñación que este mismo era capaz de provocar.
Eso la sorprendía pero también le daba esperanza. La maldición no era el fin de sus vidas. No debía serlo.
Entre lo que se mencionaba, había comentarios constantes: Yuu se encargaba de amedrentarlo e insultarlo, Reira de halagarlo por su atractivo y fortaleza, además de su valor, amistad y lealtad —lo que le generaba comentarios acerca de su ingenuidad y bobería acerca de los hombres, cortesía de casi todas que conocían el fracaso que había tenido con Itaku de Toono—; Shura y Nozomi de generar chistes acerca de él, la primera llevándose los aplausos ante la agudeza de sus palabras y la segunda haciendo a los grillos cantar. Las demás parecían fascinadas por pensar en una historia de amor distinta a las suyas y le daban consejos de "cómo atraparlo", haciendo de casamenteras y celestinas. Era increíble escuchar las muchísimas trampas y manipulaciones que las yuki-onna tenían para cautivar a los hombres.
Tsurara a veces se dejaba llevar por la ilusión de las demás y se imaginaba tomada del brazo de Rikuo. Imaginaba su boca encima de la boca de él, su piel sobre la suya, a sus miedos reconociéndose... ella llevando sus hijos...
Él pronunciando las palabras que ella tanto anhelaba escuchar.
La situación tenía tiempo calentándose desde el verano que llegó y explotó cuando a finales del mes de agosto, casi en el otoño, llegó la mujer Tengu de los Sanbagarasu a dejarle una carta de Rikuo y una invitación formal a su cumpleaños y celebración de la aceptación de su puesto como el Comandante Supremo del Clan Nura, con los acompañantes que ella deseara llevar. Sasami explicó que debía enviar una respuesta con ella y que esperaría hasta el día siguiente, pidiendo de manera amable un lugar para hospedarse.
Nadie objetó, mas varias yuki-onna se acercaron a contemplar las alas de la mujer mientras Onuki, la encargada de la comida, le servía un plato de cena. Para estar aisladas del mundo, eran buenas celebrando y disfrutaban de las visitas. Tsurara se había dado cuenta que todas eran muy curiosas, tanto que llegaban a ser incómodas para la persona que generaba esa curiosidad. Sin embargo, Sasami las dejaba hacer y deshacer con sus alas. Había algo en la compañía de solo mujeres que, justo como Tsurara, la tranquilizaba en vez de turbarla. Ambas habían crecido alrededor de hombres. Estar rodeada de mujeres era como tomar aire fresco, daba la oportunidad de bajar la guardia. Tsurara lo sabía porque no todos los youkai serían capaces de mostrarse vulnerables y aceptar ser tocados. Se imaginó en su última visita al Clan Nura. Ella, obviamente, no deseaba ni siquiera ser vista.
Suspirando, ella miró la invitación, y la notó muy formal. Usualmente escribían de manera tradicional: pincel y tinta. En esta ocasión no había sido así, el mensaje estaba impreso por lo que, vagamente recordaba, Rikuo había llamado "computadora". Incluso había un recuadro para llenar su número de invitados. Se veía tan humano el formato y elaboración de la carta que Tsurara no dudó en olerla.
De inmediato rechinó los dientes y frunció la nariz.
—Huele a humana —sobre su hombro, Tsurara se encontró con los ojos rojos y brillantes de Shura—. Su olor es tan dulce que parece que busca robarte a tu youkai.
—¿Humana? —inquirió a lo lejos una.
—¿Una hembra humana? —se escuchó.
De la nada, comenzó a hacerse un murmullo colectivo, y varias de las yuki-onna se aproximaron hacia ella en un cerrar y abrir de ojos.
Aomori, con una mirada que avisaba que lo haría, le quitó la invitación.
Ella también la olió. Sus ojos ambarinos, parecidos a los de ella, se abrieron con sorpresa que de inmediato se convirtió en desagrado.
Comenzaron a pasar la invitación, todas tratando de captar el aroma de "la intrusa", como Shigama la había llamado.
—¿Qué hace una humana haciendo las cartas del youkai de Tsurara? —chilló Aomori, con el ceño fruncido. Se paró y puso las manos en sus caderas—. ¡Para eso hay ayudantes!
Muchas asintieron estando de acuerdo con aquella afirmación.
—Qué desagradable olor a rosas y alcohol —gruñó una.
Onuki tapó su nariz, mientras trataba de ventilar el aire.
—Huele a que está lista —dijo Nozomi, impasible. Varias abrieron los ojos y hubo expresiones de pánico en ellas, como también de rechazo—. ¿Qué? Una mujer enamorada siempre deja rastro.
Todas voltearon a mirar a Sasami, quien las miraba de un lado a otro, sorprendida, y un poco asustada.
—Es... una amiga del amo Rikuo, Kana Ienaga —contestó lo más rápido que pudo—. Ella se ofreció a hacer las invitaciones personalmente y creo… también personalizadas —agregó, pensativa—. ¿Dice su nombre, no es así, señorita Tsurara? Entregué algunas en Toono, y aquellas eran diferentes a esta, aunque iguales entre sí.
Algunas cuchichearon ante la mención de Toono. Reira fingió no sentir nada, aunque su expresión de sorpresa fue bastante obvia para todas las presentes.
Yuu bufó con sorna, bebiendo de su té verde y helado.
—Ese niño Nura es un grandísimo idiota. No tiene ni idea de cómo tratar a una ayakashi. ¿Mandarle algo con el olor de una mujer? Tonto —puntualizó con fuerza y ocultó su cara con su té, para decir con cinismo:— Aunque bien por ella, humana pero nada tonta. Simpatizando con su rival. Así Tsurara queda mal si la mata.
Habiendo todas guardando silencio ante su comentario, al callarse la anciana, todas las demás mujeres comenzaron a hablar y a cuchichear de nuevo.
Sasami se aclaró la garganta y subió los lentes por la punta de su nariz. Alzando un poco la voz, carraspeó tratando de llamar la atención de las mujeres.
—Por más que esté de acuerdo con el comentario de la anciana Yuu —comenzó a decir la youkai cuervo, que le dirigió una mirada de respeto a la matriarca— el joven amo es solo un cuarto youkai, y su abuelo ha sido bastante negligente en lo que se trata de su educación como tal. Esto es algo con lo que muchos estamos de acuerdo, principalmente mi padre. El joven amo es un buen hombre, aunque distraído. Pero esto es... un error sin saber, porque dejando de fuera sus habilidades físicas, dudo que… el Comandante Supremo le haya enseñado a cómo ser con las damas, y menos los cuidados que debe de tener… cuando se trata de una dama que… sabes… tiene sus... expectativas puestas en ti.
Tsurara la miró con aprensión mientras todas dirigían la mirada hacia ella. Expectativas, para las yuki-onna, era un eufemismo. Sabía que Sasami y sus dos hermanos eran expertos para enterarse de cosas. Los Tengu tenían oídos y ojos en todas partes, eran los mejores mensajeros pero también los mejores espías. Además, era sabido que la madre de Sasami y la suya se llevaban bastante bien, siendo confidentes una de la otra, más la youkai cuervo de su madre que su madre de ella. La desgraciada y miserable, después de todo, era Setsura.
No le sorprendió que Sasami estuviera en desacuerdo con Nurarihyon, aquella cuestión era hablada en el Clan desde que ella llegó e incluso antes, no solo por Karasu Tengu si no también por su misma madre y Daruma. Sin embargo, su tono y esa vacilación que llevaba en él, no le gustaba. Indicaba que sabía más de lo que ella quería, y mucho más de lo que ella misma estaba enterada.
—Parece que Nurarihyon quiere que su descendencia se limpie con sangre humana —comentó Yuu, fingiendo ser casual cuando, desde su lugar, Tsurara sintió que daba en el clavo.
Sasami no contestó, y eso respondió muchas de las preguntas que Tsurara tenía en la cabeza.
Señorita Tsurara Oikawa, representante de las yuki-onna de las Montañas Nevadas
Está cordialmente invitada a la celebración del cumpleaños número veinte del próximo Comandante Supremo del Clan Nura, así como a su sucesión como Supremo Comandante. Ambos eventos se celebrarán en la Mansión del Clan el 8 de septiembre. Confirme, a través de nuestra mensajera, su asistencia y el número de invitados que traerá consigo.
Vaya personalización, pensó con molestia. Ni siquiera sabía que Oikawa era un apellido falso y que odiaba el papel rosa. Escribió el número tres en el recuadro y guardó de nuevo el papel en el sobre, con la boca fruncida en una mueca. En soledad y dentro de su habitación, abrió la carta personal de Rikuo. Esta olía exclusivamente a él.
Mientras leía, Tsurara recordó su voz, la grave y profunda de su forma youkai, y la voz joven y amable de su forma humana. Sonrió tontamente, viendo su rostro en combinación de sus dos facetas dentro de su mente.
Querida Tsurara,
Espero que estés bien. Ha sido un verano muy caluroso y estoy seguro de que esperas con ímpetu la aproximación de siguiente invierno, pero no más que yo. Ya se cumplió un año desde tu última visita y pronto se cumplirá el plazo que solicitó tu madre para tu estadía en las Montañas Nevadas, por lo que estoy ansioso por verte y planear lo siguiente en la nueva etapa de nuestras vidas.
Te pido por favor, si es posible, que llegues al Clan Nura desde el 6 de septiembre, dado que la patrulla paranormal Kiyojuji decidió hacerme una fiesta pequeña a la que Ruka pudiera asistir el día 7, dado que se rehúsa a estar en presencia de tantos youkai el día exacto de mi cumpleaños. Ellos quieren verte, y quizá con este tiempo extra, podamos ponernos un poco al tanto de lo que ha pasado, antes de que comience el verdadero caos de mi cumpleaños oficial y de la sucesión. Igual, si no es posible para ti, no te preocupes, Kana y Kioytsugu podrán asistir a la celebración oficial, por lo que podrán verte. Han tenido tantos encuentros con ayakashis que a mi abuelo ya no le importa que estén presentes. Por cierto, toda la patrulla te manda saludos. Ha sido bastante difícil justificarles tu ausencia, sobre todo a Shima.
No he escrito más cartas pensando en lo difícil que es escribir sobre lo que nunca hemos hablado pero que, en realidad, siempre ha estado ahí. Lamento mi actitud y mi silencio en nuestro último encuentro. He pensado mucho en todo, incluso en el pasado y lo sucedido entre nuestros padres y mi abuelo. Espero poder, sinceramente, compensarte. Estoy ansioso por verte, Tsurara. Me has hecho mucha falta, aunque, si te hablo con la verdad, me alegro de haber podido crecer y valerme por mí mismo durante este tiempo que hemos estado separados. He pensado mucho en ti y tu recuerdo ha sido algo que me ha dado fuerzas ante los problemas que he tenido que sobrepasar. Tengo la esperanza que en la siguiente etapa que está por venir, podamos solucionar los problemas que vengan tú y yo juntos a lado de nuestros amigos.
Espero con gusto conocer a las yuki-onna que te han cuidado y acompañado a lo largo de este tiempo. La mujer de Karasu me ha comentado que no muchas conocen nuestra época ni las novedades tecnológicas. Ten la libertad de traer a cuantas quieran venir, hay espacio para todas, y bajo mi techo, cuentan con mi completa y absoluta protección. Además, será un buen momento para conocer a tu raza y sus costumbres, como también necesidades.
Repito. Estoy ansioso por verte.
Un abrazo y saludos
Rikuo Nura
Tsurara sintió su corazón temblar, expectante pero también temeroso.
Love is just a game, I just want to have fun
—La humana no es culpable de nada. Puedo aceptar que… siempre he sentido algún tipo de competencia con ella, pero no como lo están pensando. Eso ha quedado atrás. Si Rikuo la quiere, él debería estar con ella, y yo no soy nadie para impedírselo. No voy a competir por ningún youkai u hombre, aun teniendo esta maldición. Así que, cuando vayamos a la mansión del Clan Nura, no le harán gestos, y, en general, se comportarán amables con ella.
Tsurara no podía creer haber tenido que decir lo anterior. Quizá, de toda su raza, ella era la más humana de todas y la idea le desagradaba un poco. Siempre había tenido conflicto en usar ilusiones para ocultar su apariencia cuando debía cuidar a Rikuo en la escuela y fuera de casa. Eso aún no había cambiado y quizá el sentimiento de desagrado se había intensificado, sintiéndose aún más impostora. Sin embargo, le parecía necesario aclarar el asunto: sus compañeras tenían mucho tiempo sin salir de la montaña y sin convivir con humanos, y aunque el Clan Nura estuviera conformado, en su mayoría, por youkais, parte de sus ideas provenían de la armonía entre los youkai y los humanos. Al menos desde el punto de vista de Tsurara y su lugar como súbdita directa de Rikuo, con descendencia humana y vínculos importantes con humanos. Eso significaba que debían adaptar sus costumbres.
Porque después de la cena con Sasami, Tsurara sabía que, aunque Ienaga no lo hubiera hecho a propósito, se había ganado un grupo de enemigas dispuestas a asesinarla. Y ella, aunque molesta, no podría permitir herir a ninguna de las personas importantes para Rikuo, aunque significara sentir, en soledad, celos arrebatadores.
Nadie le respondió, por lo que tuvo que agregar:
—Si no toman en serio mis palabras, no iremos al Primer Distrito. Tampoco compraremos el televisor que les prometí.
Yuu, Shura y Nozomi la miraron molestas antes de comenzar a rodar los ojos y responder al unísono.
—¡Está bien!
Los días posteriores a la carta, Tsurara había cedido entrenar día y noche, para en la cena, tratar de enseñarles a sus compañeras de viaje las costumbres humanas que imperaban en el Clan Nura. Les había contado sobre la televisión, las computadoras y la música, como también de las ropas que los humanos usaban y cómo debían comportarse en presencia de estos. Aunque no había elegido a sus acompañantes, Yuu estaba contemplada desde un principio; y al ver a Nozomi y a Shura tan interesadas por cuestiones del mundo exterior, Tsurara no dudó en elegirlas. Ambas yuki-onna, agradecidas, se habían autoproclamado, luego de aquello, como sus guardianas. La seguían a todas partes, alegando que eso harían una vez que salieran de las montañas hacia Ukiyoe, y que debía acostumbrarse.
—Nadie se meterá con nuestra representante —afirmó Shura—. Y si se atreven...
—Tendrá que pasar sobre mi cadáver —agregó Nozomi.
Ella tuvo que prometer que les mostraría el Primer Distrito y, mínimo, beber una noche en el Bakenekoya. Sin embargo, ellas no eran las únicas interesadas. Shigama y Aomori pidieron algo que entendió como "fantalones", y en general, todas esperaban un poco de la música de Mariya Takeuchi.
Onuki la abordó pocos días antes de marcharse.
Ella era una yuki-onna sencilla, de apariencia más humana que ayakashi, de personalidad tranquila y dócil. Su cabello y ojos eran negros como el carbón, y su piel pálida pero rosácea contrastaba como si estuviera pintada en acuarela. Tsurara la había conocido mejor que eso: era una fiera si alguien se atrevía a hacer comentarios negativos de su cocina.
—Señorita Tsurara, quería pedirle algo. ¿Va a ir al Primer Distrito?
—Sí, Onuki. ¿Quieres que te traiga algo?
Onuki negó y del suelo, levantó una caja. Había botellas de cristal color azul marino dentro de ellas.
—Quiero que lleve esto y lo venda a los nekos. Tome uno como ofrenda para el señor Supremo Comandante y otra para su nieto, el señor Rikuo, y bébala con él —sonrió—. Este es un vino de hielo de uvas que crecen solo en estas montañas, que explotan al caer la nieve y se congelan. Embriaga de manera deliciosa, sin dar pesadez al cuerpo, por lo que anima en vez de hacerte dormir o atontarte. Hace muchos años, los nekos estaban interesados en comprar mi receta —contó, aún sonriendo, pero esta vez con malicia— pero me negué a pesar que los dejé rogarme durante décadas. Yo sabía que Yuu jamás les permitiría venir por suministros, pero me divertía ser tan solicitada. Ahora es diferente, no sé porqué, pero seguro se debe a usted. Ella me propuso comenzar una afiliación con ellos y así comenzar a generar más ingresos para las montañas, de hecho, ellos ya están enterados y han solicitado más. Aunque no lo crea, una botella es carísima, por lo mismo que solo se produce aquí y solo por una yuki-onna.
Tsurara tomó una de las botellas, mirando el líquido que llevaban adentro. Sonrió. Si algo amaban los youkai y ayakashi más que las fiestas, era la bebida.
Y entre más fuerte, mejor.
—Claro que lo haré, Onuki. Mandaré las ganancias con Sasami la misma noche de llegada.
Onuki negó con la cabeza.
—Use esas ganancias para comprar un vestido digno de la representante de las yuki-onna, señorita Tsurara —le guiñó un ojo—. Le recomiendo mucho la tienda de kimonos de Kawabata. Está por el Primer Distrito, a lado de la tienda de té de la señora Obata. Kawabata es una youkai mapache amiga mía, y la señora Obata, una youkai zorro, también. Puede tomar té mientras buscan ropa apropiada para sus acompañantes.
Mientras hablaban, Nozomi y Shura corrían por los pasillos en casi paños menores, jugando con Kaoru. Yuu, a lo lejos, vestía su único kimono color azul, ya deslavado. Tsurara no lo había contemplado, pero sí era necesario un cambio de vestuario.
Después de todo, celebrarían la sucesión del Supremo Comandante. Estaba segura que todos llevarían sus vestuarios más finos para demostrar las opulencias de su clan y la vanidad de las yuki-onna podría verse afectada por ello. Además, era muy peligroso dejarlas sentir celos o ponerlas en una situación que vulnerara sus autoestimas. Los celos y la humillación no eran sentimientos positivos ni ayudaban a la conciliación de ideas en conflicto que ya tenían, aun sin haber llegado.
—Viví mucho tiempo en el Primer Distrito —comentó Onuki, distraída—. Me gusta más la vida aquí en las montañas, pero siempre he apreciado la elegancia de la moda. Quizá sea hora de que nuestro grupo de yuki-onna entre a ese mundo. Tsurara-onna sabe que es necesario un cambio. Enseñarles las cosas hermosas que hay en él es el primer paso, ¿no cree, señorita Tsurara?
Ella asintió, sintiéndose repentinamente contenta al extremo.
Cuando estaban a punto de subir al carruaje para volar hacia Ukiyoe, a Tsurara la detuvo un jalón en la manga de su kimono.
—Hermana.
Era Kaoru, que le extendía una de sus manos cerrada en puño. Tsurara abrió la boca con sorpresa al escuchar cómo se había dirigido a ella.
Se agachó a su altura.
—¿Sí, Kaoru?
La niña tomó una de sus manos y depositó lo que guardaba en su puño. Tuvo ganas inmensas de llorar.
—Cuídate mucho, hermana.
Una vez sentada dentro del carruaje y habiéndose despedido de todas, ya en el cielo, Tsurara miró a sus acompañantes y les mostró lo recibido.
Eran un par de pendientes hechos de hielo y cristalizados con poder demoníaco. Tsurara sentía la energía de Kaoru a través de ellos, la niña cantaba a través del cristal.
—Guau, es el mejor trabajo de Kaoru hasta ahora —silbó Shura.
—Hace mucho que esta niña no hacía nada como esto. Debe haberse encariñado contigo —mencionó Yuu. Nozomi asintió en silencio—. ¿No te los vas a poner? Aunque no combinan para nada con tu ropa. Quizá deberías esperar a terminar con la señora Obata. Ahí valdrá la pena usarlos.
Shura se rió.
—Ya nos contó Onuki, eh. Bien guardadito que te lo tenías, Tsurara.
La mencionada se sonrojó al ver la expresión coqueta de la otra. La miró sin comprender.
—¿Por qué? No entiendo. Onuki me pidió ir al Primer Distrito a dejar su vino azul con los neko. Luego iríamos a la tienda de la señora Kawabata por kimonos nuevos, y a saludar a la señora Obata después.
—Obata tiene una tienda de té pero también un salón de belleza, niña —informó Yuu, mirándose las uñas y las puntas de su cabello—. Y vaya que nos hace falta. Esta Onuki... tan sutil pero tan directa —suspiró la anciana—. Quizá nos hemos descuidado bastante. No hacemos nada más que beber y tareas de supervivencia. Quizá deba, por fin, sucumbir ante lo inevitable. Un poco de mimos a mi edad no es malo, ¿o sí?
Shura se rió escandalosamente.
—¡Anciana, si usted pudiera, dormiría en piedras congeladas! Gracias a Tsurara-onna que Tsurara llegó a las montañas, que de no haberlo hecho, quizá nunca hubiésemos salido.
—Me gustan las montañas —dijo de pronto Nozomi— pero quiero ver otra cosa.
Tsurara las miró y no pudo evitar sonreír. Sus hermanas eran extrañas, pero nunca antes se había sentido tan cerca de alguien alguna vez.
—Quizá me apañe de toda la energía que he guardado y regenere un poco mi apariencia —mencionó distraídamente la anciana—. Tengo bastante sin ver a Nurarihyon y no quiero verme igual de anciana que él. Tengo varios asuntos de qué hablar con ese renacuajo escurridizo.
Notas.
Me parece muy importante tratar de mostrar el crecimiento de Tsurara a través de sus relaciones con los personajes oc. Creo que ella no podría tener la actitud que yo busco si estuviera sola, o acompañada de sus antiguos compañeros. Quizá el ff termine siendo más yuki-onna centric que un Tsurara/Rikuo, pero la verdad me parece complicado y un poco soso imaginarme un romance entre ambos estando la barrera sirviente/maestro cuando eso fácilmente puede ser punto de partida. Y bueno, sigue este rollo de la naturaleza youkai/ayakashi y lo humano. También creo que cambié drásticamente el tono... pero se ameritaba.
En fin, gracias a los que leen.
