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Un día en la vida de Lincoln Loud

-¿Más miel? –Le dio su mejor sonrisa a Lola mientras le acercaba el frasco de la miel. Ella y Lana se habían alejado un poco la una de la otra mientras se miraban con algo de molestia. Lincoln sospechó de otra pequeña pelea por la mañana, quizás Lola se había despertado preguntándose que era ese olor a queso sólo para despertar frente a los pies de Lana, o quizás Lana había decidido invitar a su pequeño sapo a dormir con ellas.

-Gracias Lincoln. –Lola le sonrió con unos dientes blancos y perfectos. Aquella niña se había convertido en todo un encanto para los certámenes de belleza hace un año, no había certamen en el que no regresara con un listón del primer lugar… Al menos hasta que Lynn desapareció. Un año después, Lola no había regresado al escenario.

Lola ya no usaba su vestido rosa característico, ahora tenía una falda que le parecía demasiado corta para una niña de diez años y una camisa roja con una pequeña bufanda del mismo color. Tenía medias blancas hasta las rodillas y zapatos rosas. Lincoln vio algunas pulseras y un collar con la palabra Love impreso en ella. No estaba seguro de cuál era la moda de las niñas ahora, pero ver que aquella camisa dejaba al descubierto parte de su sujetador de entrenamiento no le agradó mucho.

Lana se cruzó de brazos con un pequeño puchero mientras los veía. Aquella niña prefería utilizar ropas más masculinas; pantalones, camisas y su usual gorra roja. No había cambiado mucho en este tiempo, aún le gustaba reparar las cosas en la casa y ensuciarse las manos. A Lincoln le agradó que esa parte de Lana no se hubiera perdido, como su amor por los animales.

-¿Quieres un poco más, Lana? –Lincoln le acercó una bandeja de panqueques y le sirvió tres más mientras antes de acercarle un poco de chocolate derretido. –Hay muchos, y me sentiría mal si los desperdician. –Le guiñó un ojo mientras enderezaba un poco más su gorra.

-Gracias Lincoln. –Lana le sonrió, tenía una pequeña carie en el diente superior derecho. Lincoln hizo una nota mental para darle el aviso a su madre más tarde. Eso, y vigilar si se estaba cepillando los dientes adecuadamente.

-¿Cuándo tuviste tiempo de hacer tantos, Lincoln? –Lucy le preguntó desde el otro lado de la mesa. Aquella chica gótica se había levantado un poco más tarde que los demás, y Lincoln podría apostar que incluso después de despertar se había mantenido en la cama durante minutos que pasaban tan rápido como segundos.

-¿Mientras estabas durmiendo? –Le amonestó un poco mientras le sonreía.

-…Sólo me pasé una hora, hermano. –Metió en su boca otro trozo de panqueque y no dijo nada más. Era mejor así.

Lo cierto es que había usado sus únicas horas de sueño para preparar panqueques. A Lucy habían comenzado a interesarle más los panqueques con mantequilla por la mañana que los huevos quemados, por lo que Lincoln decidió preparar algunos. Sabía que estaría alterada cuando despertara, y quería levantar un poco sus ánimos preparando algo que sabía le gustaría.

-Linky, quiero más. –Lily levantó su pequeño plato sobre su cabeza mientras relamía la miel de sus labios y lo miraba con ojos de cachorro. Aquella pequeña niña había dominado muy bien el arte de la lindura. –Más, más, más. –Dijo mientras reía y agitaba su plato.

Lincoln puso una buena cantidad de panqueques en el plato de flores de su hermana. Aquellas flores eran en su mayoría lirios, los favoritos de Lily, pero también había rosas y dalias. Luna se lo compró a Lily cuando la pequeña comenzó a demostrar un gran interés por las plantas, especialmente las flores. Cubrió todos esos dibujos bonitos con panqueques y les arrojó una buena cantidad de miel.

-No le digas a mamá y papá que te di tantos. –Le susurró mientras ponía un dedo sobre sus labios. –La última vez que te dolió el estómago se enojaron mucho conmigo. –Le revolvió el cabello con suavidad mientras la escuchaba reír. Tuvo mucho miedo de no volver a escuchar esa risa cuando Lisa se fue, las dos podrían ser totalmente opuestas, pero Lily siempre fue muy apegada a Lisa. Las dos fueron compañeras de cuarto después de todo.

-Guardaré el secreto. –Lily también puso su dedo índice sobre sus labios y le cerró un ojo antes de lanzarse sobre los panqueques y la miel.

-¿Tú no comerás nada, Linc? –Lana le preguntó con la boca repleta de masa triturada de panqueques y chocolate. Vio como gran parte del chocolate y saliva salían de su boca y comenzaban a caer por su barbilla hasta su plato casi vacío. Lana tenía que aprender a comer más despacio o podría atragantarse con todo lo que se llevaba a la boca. Lana tragó toda esa masa entera y la bajó con jugo antes de volver a hablar. –No has comido nada desde que llegamos.

-Comí una buena parte de panqueques con mantequilla antes de que bajaran. –Mintió con una sonrisa. Últimamente se estaba volviendo muy bueno en mentirles a sus hermanas. Eso no lo enorgullecía, pero al menos podía mantenerlas lejos de su vida con unas cuantas palabras. Arriba escuchó como Lori por fin salía del baño. –Iré a darme una ducha rápida, traten de no comenzar otra pelea de comida mientras o estoy.

En cuanto salió de la cocina escuchó como Lola le gritaba a Lana algo sobre lavarse los pies antes de meterse a la cama, lo que terminó con Lana quejándose sobre quien fue la que quería dormir juntas anoche, y finalmente terminaron con un montón de panqueques volando por los aires y Lily riéndose mientras les seguía el juego a todas.

Lincoln no pudo evitar sonreír mientras subía las escaleras.


-Sé que no dormiste anoche.

Lori estaba apoyada contra el marco de la puerta. Su cuerpo estaba cubierto por una bata celeste y se secaba el cabello con una pequeña toalla. Lori se había dejado crecer el cabello hasta la espalda y por lo general lo mantenía atado con una liga azul. En estos momentos la chica lo miraba con el ceño fruncido mientras movía sus dedos sobre la toalla con un poco más de violencia de lo usual.

-Me desperté más temprano de lo usual y decidí ver como estaban. –Lori era muy buena para saber cuándo algo no estaba bien, y mucho mejor para reconocer las mentiras. Era mejor no evitar el tema y tratar de decir verdades a medias. –Lamento si te asusté, pero a veces me preocupa una repetición de Lisa. –Había sido él quien había dado el aviso de que Lisa no estaba en su cama… después de destruir la nota que había dejado.

El rostro de Lori perdió toda severidad en ese momento. –Debí estar más atenta de ella.

Lori había estado muy afectada por la partida de Leni sólo un mes antes, y no había estado tan pendiente de todos mientras sufría. Había hecho lo mejor para animarla, pero no pudo hacer mucho más que abrazarla y dejar que descargara sus penas con él. Entonces Lisa se había ido, y Lori se había sentido responsable por no haber estado tan pendiente de ella.

-Sabes que no es tu culpa, ¿Verdad, Lori? –Colocó su mano suavemente sobre su hombro. –Lisa se había obsesionado con una forma de encontrarlas, ninguno de nosotros podría haber imaginado que las seguiría. –Si alguien la había descuidado, entonces era él. Si se hubiera acercado un poco más a ella, quizás Lisa hubiera compartido parte de esa investigación. Pero Lincoln no le vio utilidad alguna, Lisa no parecía estar ni remotamente cerca de la verdad.

Ése fue su error, no el de Lori.

-Siento que podría haber hecho más por todas. –Suspiró mientras colocaba la toalla detrás de su cabeza y la sujetaba por los lados. –Incluso ahora siento que no hago lo suficiente.

-Mantienes el orden. –Le sonrió. –Llegaste en el momento justo para evitar que nos matáramos mutuamente. Todavía lo haces, eres la única que puede controlar a las gemelas cuando comienzan una pelea. –Sus peleas no terminaban a las manos tan seguido como antes, pero cuando lo hacían podían tornarse demasiado violentas para niñas de diez años. –O tratar con papá y mamá cuando tienen una discusión. –Desde que sus hijas comenzaron a irse, sus padres habían empezado a tener peleas. La pérdida de un hijo siempre afectaba a una pareja, ¿Cómo reaccionar con cinco? –De no ser por ti… quizás ya se habrían divorciado. –Esa era una palabra temida y que no le gustaba utilizar. –Y entonces nos hubiéramos separado. Y estos son los momentos en los que tenemos que estar más unidos como una familia, Lori. Es por eso que no debes sentirte así. Eres una parte importante de esta familia, te amamos y sabemos que siempre podemos contar contigo.

-Je. ¿No me estabas pidiendo que regresara a la universidad ayer por la noche, torpe? –Le revolvió un poco el cabello. Algo incómodo tomando en cuenta que ya era más alto que ella.

-Dije que deberías volver, nuca dije que quisiera que lo hicieras. –Eso no cambiaba el hecho de que Lori tendría que alejarse de la casa lo más lejos que le fuera posible.

-Y yo que creía que me odiabas cuando eras niño. –Se separó un poco mientras entraba nuevamente a su habitación.

-¿Odiar? –Lincoln se rio un poco. –No teníamos la mejor de las relaciones, pero no creo que estuviéramos tan mal como eso. Sólo era un niño que no soportaba la autoridad, o que lo obligaras a ser tu taburete sólo para ir a la tienda de comics.

-Intenta ser la mayor de diez hermanos locos y no resentirte. Especialmente si tú único hermano no deja de entrar a tu cuarto cuando quiere o pasearse en ropa interior cada vez que traes a tu novio a la casa. –Tiró la toalla sobre la cama. –En esa época me gustaba dejar claro quien tenía todo el control.

Lincoln levantó una ceja. –Bueno, la primera parte es comprensible… La segunda algo preocupante. –Aunque explicaba un par de cosas. –Creo que iré a darme un baño ahora. –Señaló la puerta del baño. –Preparé panqueques, mejor apúrate antes de que Lana se escabulla a la mesa de los mayores por más munición.

-Lincoln. –La voz de Lori lo detuvo antes de abrir la puerta. –Mi puerta está abierta si quieres hablar de algo. Sólo recuerda eso.

-Lo tendré en cuenta.


Una vez cerrada la puerta del baño sintió como toda su máscara de alegría y buen humor se desprendía. Pudo sentir como sus ojos ardían y la habitación daba vuelas a su alrededor. Quizás debió seguir el concejo de Bun-Bun y dormir un poco, pero si caía en un profundo sueño entonces no podría despertarse por toda la tarde.

Se acercó al lavabo y se miró al espejo. Sus ojos se veían arrugados y había pequeñas marcas negras por debajo de ellos. Eran pequeñas, pero estaba seguro de que Lori no se las perdió, eso podría traerle problemas cuando hablara con ella más tarde. Metió la mano en su bolsillo y sacó otra pastilla de cafeína. No sabía que era lo peor, el sabor de esas cosas o el hecho de que se hubiera vuelto tan dependiente de ellas.

Si esta tarde dormía unas horas en el sofá, entonces Lily podría unirse a él mientras dormía. Nadie se atrevería a despertarlo mientras los dos durmieran juntos. Sólo tendría que aguantar unas fotos vergonzosas que Lola subiría a su cuenta de Facebook, nada demasiado grave.

Se quitó la ropa y encendió el agua caliente. Gotas de agua fría chocaron contra su pecho y lo hicieron temblar antes de comenzar a calentarse y salir disparadas con un enorme chorro caliente. Dejó que toda el agua callera desde su cabello hasta el resto de su cuerpo mientras se desprendía de los últimos rastros del sueño.

Cada noche era más difícil.

El último mes fueron dos noches seguidas sin dormir, lo que terminó con él perdiendo el conocimiento en medio de la clase de matemáticas. Por suerte lo dejaron pasar como un alumno que se queda dormido en medio de la clase y sólo tuvo que aguantar una reprimenda por parte del maestro y otra de sus padres.

Pasó el jabón por todo su cuerpo y lavó su cabello con cuidado. Se había dejado crecer el cabello hasta la nuca y unos cuantos mechones le caían sobre la frente. Lola había mencionado que eso le daba cierto atractivo, pero Lincoln no podía ver nada de eso. Todo lo que veía era una mata de pelo blanco que cada día se volvía más pesada.

-Ya me estoy amargando. –Cerró el agua caliente y salió de la ducha.


Contraseña incorrecta – Iniciando cierre automático.

Lincoln se mantuvo quieto mientras contemplaba aquel circulo comenzar a girar y girar sin parar, había contado perfectamente los segundos antes de que la pantalla se bloqueara: veintiuno. Veintiún segundos antes de que el cierre bloqueara aquella pantalla por veinticuatro horas más. Mañana tendría que intentarlo de nuevo, y posiblemente el día siguiente a ese.

Cerró la pequeña laptop con cuidado. Mantuvo su mano sobre ella y acarició el nombre de Lisa en legras verdes brillantes; Lily lo había hecho, también había pequeños decorados de flores sobre ella. Lily quería agregarle un poco más de "calor" a toda la maquinaria de su hermanita genio. Lincoln sonrió al recordar cuando Lily intentó crear un sistema de regado automático dentro de la habitación, lo que terminó con un apagón que afectó a todo el vecindario. Por suerte, nadie nunca supo que fueron ellos.

Dejó la laptop en el pequeño espacio bajo la cama de Lisa. Era un espacio pequeño y oculto en un piso de madera falso. Lisa lo había hecho para ocultar sus cosas dentro de un área que fuera de fácil acceso a ella y que nadie más conociera… excepto él. Lisa siempre necesitó a alguien de confianza para distintas contraseñas y lugares secretos a los que podría estar impedida de utilizar ella misma. Esa persona hubiera sido Lily, pero ella era demasiado joven para entender la importancia de todos sus proyectos.

Y Lincoln, bueno, él no podía entender ni el primer párrafo… si es que había párrafos involucrados. Lincoln se hubiera sentido alagado de no ser por toda la cantidad de números, sitas y nombres que le obligó a memorizar. Incluso se había metido en su cuarto mientras dormía y le había puesto audífonos que no dejaban de transmitir su voz monótona repetir un montón de cosas una y otra vez.

Tuvo pesadillas con cientos de mini-lisas que no dejaban de saltar de un lado a otro mientras repetían un millar de cosas sin sentido durante un mes.

Ninguna de las cientos de contraseñas y números parecía servir para nada con aquella laptop.

Todo el trabajo de Lisa sobre la desaparición de sus hermanas… y posiblemente la suya propia, estaban dentro de esa laptop. Lincoln lo sabía; había visto a Lisa trabajar arduamente con aquel aparato sin descansar. Había noches que la encontraba roncando sobre la laptop con pequeños rastros de saliva salir de su boca. Lincoln nunca se había molestado en preguntarle mucho, ¿Por qué debería? Todas las teorías de Lisa se iban de un lado para el otro, pero ninguna que compartiera con él parecía ir en la dirección correcta.

No fue hasta que leyó aquella nota que se dio cuenta de lo equivocado que estaba. En algún momento, Lisa había abandonado toda razón lógica y científica sobre el asunto y se había ido por un camino más… sobrenatural, por decirlo de alguna manera. Aquella letra perfecta dejaba al descubierto una red de acontecimientos que Lisa sólo había descrito como imposible hasta que comenzó a relacionarlo con temas sobrenaturales, todo lo que podría estar oculto dentro de aquella laptop.

Debió acercarse más a ella, de ser así, quizás hubiera compartido más de esa información, pero no podía. Pese a tener nueve años, Lisa había tenía ya la mentalidad de alguien de cuarenta, mientras que sus hermanas eran niñas normales que estaban sufriendo mucho. Lincoln tuvo que dividir su tiempo, y le quedó muy poco para Lisa. Las prioridades fueron principalmente para Lily, Lola y Lucy.

Se acercó a algunas de las plantas interiores de Lily. Su pequeña hermanita había dejado varias de ellas antes de mudarse a la habitación de Lori, sólo las que pudieran darle más vida al lugar. Lisa no pareció preocuparse mucho por ellas, tenía que ser él quien entrara todas las mañanas a regarlas y colocarlas donde les diera el sol.

Tocó los pétalos ya florecientes de lirios. Aquellos pétalos blancos y rosas eran realmente agradables al tacto, y dejaban escalpar una calmante fragancia. Lily realmente entristecería si los dejaba marchitarse. Eso por eso que seguía regándolos incluso ahora, además, era una buena excusa para intentar descifrar la contraseña de la laptop.

Abrió la ventana y dejó que los rayos del sol los cubrieran.

El sonido de la puerta abriéndose tomó toda su atención y se encontró con la mano detrás de su cintura, buscando su pistola de luz. Hizo una pequeña mueca de molestia por ese reflejo, tenía que recordar que era de día, y su pistola se estaba cargando en la habitación. Calculó que le tomaría otra hora recargarse completamente, y sólo disparó dos veces.

-¿Linky? –La pequeña voz de Lily se hizo presente. La pequeña entró levemente a la habitación con dudas, aún parecía muy nerviosa de sólo acercarse al antiguo cuarto de Lisa.

-Lily, ¿Quién ganó? –Se rio un poco mientras veía la apariencia de su hermanita: Su vestido purpura estaba totalmente cubierto de chocolate, miel y mantequilla ya endurecida, tenía pequeños trozos de panqueques por todo el cuerpo y uno entero sobre la cabeza.

-Lucy, ¿Puedes ayudarme? –Trató de quitarse el panqueque de la cabeza, pero la miel parecía haberse pegado muy fuerte en su cabello. –Me duele mucho cuando trató de quitarlo. –Su pequeña hermanita, ya a punto de cumplir los cinco años, no dejaba de tratar de quitar el waffle de su cabeza.

-Si fue con miel, tendremos que utilizar mucho jabón y agua caliente para quitarlo, Lily. –Se acercó a ella y se arrodillo para examinar el waffle. –Sí, definitivamente miel, ¿Lola?

Lily asintió. Lola no era precisamente la mejor a la hora de contenerse, especialmente cuando estaba molesta.

-Y yo que acababa de darme un baño. –Se rio un poco mientras la tomaba de la mano. –Vamos, y la próxima vez utiliza el tazón como casco, podría salvarte la vida. –Las veces que es viejo tazón lo salvó de tener que lavarse el cabello con cloro fueron demasiadas para enumerarlas.

-La próxima vez seré la ganadora. –Lily dijo con mucha fuerza.

-¿No les dije que no se pelearan en la mesa, Lily?

Lily se sonrojó mientras bajaba la cabeza. –Lo siento, Linky.

Acarició su cabeza sobre el wuaffle con suavidad. –Tranquila, yo hacía lo mismo cuando era joven. Vamos a quietarte ese waffle.

Lily se rio mientras tomaba fuertemente su brazo y lo seguía al baño.


Sin rastro, sin pistas y sin importancia alguna por parte de las personas a su alrededor. A veces es como si el interés de las personas solo fuera dirigido a ver cuánto pueden ensuciar a alguien que a desaparecido, especialmente si se era famoso. Luna solía decir que no se podía ser verdaderamente famoso si no tenías a alguien arrojando mierda en tu dirección, aunque nunca lo había hecho por experiencia.

-No creo que te gustara este tipo de fama, Luna –. Las redes sociales seguían intercambiando información de avistamientos o simplemente surcando rumores sin importancia alguna sobre su vida detrás de escenas. Había unos cuantos que hablaban del resto de sus hermanas y como las arrastró al bajo mundo, o que simplemente las usó para saldar deudas.

Lincoln guardó su celular en el momento en el momento en que la bibliotecaria miró en su dirección. Se había prohibido el uso de dispositivos móviles dentro de la biblioteca escolar, los niños abusaban demasiado del wifi, y no siempre era para uso escolar. No es como si eso los detuviera de seguir usándola, solo había que ser más discretos al respecto sino querías perder tu celular hasta el fin de clases.

Cerró sus ojos fuertemente durante un segundo y miró el libro bajo su nariz, tantos números y ecuaciones lo estaban mareando. El dos parecía bailar frente a él del mismo modo en que lo haría una caricatura en blanco y negro, moviendo su cintura lineal de arriba abajo mientras su cuerpo parece inflarse por alguna extraña fuerza gravitatoria de fantasías. La raíz se temblaba con un extraño movimiento ondulante, la se fusionaban entre ellas formando nuevos números y resultados inexplicables. ¿o era esa la respuesta del problema? Que pudiera recordar ese problema ya estaba completo y estaba allí como base.

Necesitaba otra pastilla de cafeína, quizás pudiera deslizar una bajo su lengua mientras la bibliotecaria no mirara.

Un libro cayó junto a él con suavidad, lo primero que hizo Lincoln ante la fuente de sonido fue llevar nuevamente su mano tras la cintura. Ese maldito hábito comenzaba a incomodarle durante el día.

-¿Todavía no has hecho nada, Lincoln? Te dije que comenzaras si llegaba tarde –Cristina se sentó junto a él y colocó un segundo cuaderno junto al primero –. Tienes que aprender el valor equivalente de x antes de iniciar por la y. Si no recuerdo mal solías ser muy bueno en esto el año pasado.

Cuando tenía la ayuda de Lisa, esa niña era muy buena para simplificar las cosas y resumírselas de modos tan sencillos que hasta él podía aprenderlas. Ahora Cristina le estaba pidiendo que hiciera algo cuando sus ojos no dejaban de palpitar dolorosamente por la falta de sueño.

-Lo siento, no dormí bien anoche –no había dormido en lo absoluto. Si no podía dormir algo por la tarde correría el riesgo de caer desmallado –. ¿Podríamos repasar lo del día anterior, Cristina?

Cristina resopló con fastidio –. Al menos intenta memorizar la formula Lincoln, si sigues así no podrás pasar al siguiente año –. Aparte de que ella quedaría bastante mal después de haber sido recomendada por el maestro Rufus como tutora.

Lincoln no había creído que la primera interacción que tendría con Cristina después de cuatro años sería de esa forma. Al menos la chica no le guardaba rencor por algo hecho cuando tenían once años de edad. Posiblemente su única molestia es la falta de resultados después de servir como tutora durante tres semanas completas.

La chica no había cambiado mucho en este tiempo. Su cuerpo se había desarrollado al de una adolescente, pero el desarrollo no era muy grande. Su rostro había perdido todo rastro de grasa de bebé y su cabello rizado ahora llegaba hacia su espalda. Su cuerpo era delgado con pechos pequeños, dos bultos cubiertos por un brasier bajo una camisa celeste. Sus piernas eran delgadas y cubiertas por una falda corta del mismo color que la camisa.

Seguía siendo una chica linda, pero no particularmente hermosa. Quizás Lincoln le había dado demasiados puntos en su niñez. Supuso que así era estar enamorado.

-Ya no sé si me preocupa tanto pasar al siguiente año escolar –especialmente si no sabía si viviría para mañana –.

Cristina le dio un golpe en el momento en que lo atrapó divagando otra vez.

-Estamos hablando de tu futuro Lincoln, y dudo que a tus padres les alegraría ver que uno de sus hijos tiene que repetir el mismo año –. Sus padres estaban demasiado ocupados discutiendo cuando no aparentaban que todo estaba bien frente a sus hijos. No creyó que hubiera mucha diferencia. O quizá era el cansancio pensando por él –. Lincoln, lamento lo que ocurrió con tus hermanas, pero a ellas les gustaría saber al menos pudiste seguir adelante.

Odiaba cuando hacía eso. Hablar de sus hermanas como si las conociera, hablar de ellas en pasado como si supiera que ocurrió con ellas. Odiaba el hecho de que siquiera las mencionara como si sufriera lo mismo que él y su familia sufre. No lo hace. Nadie lo hace. Eso no quiere que lo hagan y es por eso que nadie puede hacerlo.

Maldita sea –. Lo sé, lo sé. Sólo necesito descansar la vista un poco, Cristina.

-Creo que ya hiciste eso en clase de ciencias –resopló –. El maestro Rufus cree que necesitas doble tutoría.

-¿Un segundo tutor? Apenas puedo trabajar con el primero, a veces repite números y oraciones contra mi oído de tal modo que me dan dolor de cabeza –.

-Quizás si no te quedaras dormido tan seguido y pusieras atención las cosas serían diferentes, Lincoln –. Señaló un número sobre la hoja de papel debajo de su nariz –. Encuentra el valor de esta x y el resto será fácil –. Quizás para ella, pero Lincoln estaba a punto de vaciar el frasco de pastillas de cafeína dentro de su boca –. Estaba pensando más en tutoría fuera de la escuela, ¿La biblioteca quizás? A menos que quieras invitarme a tu casa.

Ninguna de las dos. Lo primero que quería hacer al salir de la escuela era ir a casa y olvidar todos esos números bailarines.

-Creo que estamos bien así, solo necesito concentrarme un poco más –lanzó un bostezo involuntario –. ¿Podríamos dejarlo para mañana, Cristina? Realmente no me siento bien.

-¿Qué ocurre contigo, Lincoln? –la voz de Cristina le sonó preocupada –.

-¿Mis hermanas desaparecieron y al resto del mundo parece importarle bien poco?

-¿Sabes que hablas dormido? –Cristina le habló con seriedad –. A veces murmuras cosas como Bun, y luego dices cosas de "no puedo dormir", o "ya viene". El resto son murmullos de tus hermanas.

Lincoln la miró con pánico. No sabía eso, y tomando el en cuenta las veces que se había dormido sobre el sofá de la sala y despertado con Lily sobre él era preocupante pensar en todo lo que pudo haber dicho. Eso podría explicar un poco más los miedos de Lori o el porque se centraba tanto en él.

-Mierda, nada de esto es bueno –su mundo se volvió negro al momento de cerrar los ojos y nos los abrió hasta que Cristina le dio otro golpe en el hombro. Comenzaba a irritarse otra vez –. Estoy despierto, Cristina –. Dijo de forma más dura de lo que pretendía –. Solo un poco cansado.

-¿No has intentado hablar con el concejero, Lincoln? Le a dado concejos muy buenos a varios miembros de la clase –Lincoln ya podía imaginar que ocurriría si le soltara todo al concejero escolar –. Te vendría bien hablar con alguien, y podría ayudarte a mejorar tu rendimiento escolar.

Le vendría bien que dejara de meterse en sus asuntos y lo dejara dormir antes de que le diera un golpe más fuerte de los que ella se había acostumbrado a darle. Agitó su cabeza para borrar ese último pensamiento, no podía evitar irritarse entre más tiempo tuviera su vista fija en tantos números.

-Creo que ya tuve suficiente con los psicólogos, Cristina. ¿Podríamos centrarnos en los problemas? –era mejor eso que su vida.

-Te estás retrayendo mucho Lincoln, sólo quiero que hablemos un poco sobre-

-¡No quiero hablar!

El grito llamó la atención de todos en la biblioteca, y la bibliotecaria incluso se levantó mirando en su dirección. Cristina retrocedió un poco impactada.

-¿Algún problema? –la voz grave de la vieja bibliotecaria le raspó los oídos.

-Lo siento, fue mi culpa –Lincoln tomó sus libros y se levantó de la mesa –. Dejémoslo por hoy Cristina, realmente no quiero hablar ahora.

-Todavía no hemos terminado, Lincoln –Cristina lo sujetó del brazo con fuerza, se le veía molesta –. Si no apruebas esta materia se verá mal en mi historial, y el próximo examen será en dos semanas.

-Mañana, ahora se acabó –. Se liberó con fuerza del agarre de Cristina y salió de la biblioteca a paso apresurado.

Lo primero que hizo al salir fue caminar hacia el baño ignorando a todos a su alrededor. Su boca se sentía reseca y tenía ganas de gritar, ¿No sería más fácil si simplemente lo expulsaran de la escuela? Tendría tiempo para dormir y vigilar, podía vivir así. Y entonces sería otra carga para sus padres, ¿Quizás una buena excusa para el divorcio?

En el baño no había nadie, Lincoln no se molestó en revisar los excusados y no le importó, de todas formas nadie usaba los excusados de los baños escolares. Todos eran un desastre repleto de insultos a maestros y respuestas a exámenes viejos.

Se lavó la cara tres veces intentando librarse del sueño y se tragó dos pastillas de cafeína al mismo tiempo. Casi las tosió cuando se atoraron en su garganta pero las forzó a bajar con más agua. No podía dejar que esto echara a perder su vida escolar. Tenía que mantener al menos un promedio estable, no muy alto, aun si era el límite tenía que mantenerse estable.

-Reacciona Lincoln, no te enfades. No te irrites. No lo dejes ganar –si esa cosa lograba que se rindiera entonces perdería, y quizás no fuera solo la vida de sus hermanas lo que estuviera en juego –. ¿No es mi vida igual de importante? Tengo derecho a dormir… tengo derecho a dormir… dormir…

Unió la cabeza en el lavamanos y dejó que el agua lo cubriera. Si pudiera se mantendría allí hasta que las pastillas hicieran su magia. Le gustaba aquella sensación fría recorriendo su cabeza. Levantó la cabeza y respiró hondo. No podía seguir actuando extraño dentro de la escuela. Todavía había mucho por hacer.

Un mensaje llegó a su celular antes de que saliera por la puerta.

Esto no a terminado Lincoln. Nos veremos en la biblioteca después de la escuela, si no asistes iré directo a tu casa. No puedes perder esta materia.

Cristina.

-Perfecto.


Lori, tengo que ir a la biblioteca después de la escuela. Regresaré antes de cenar. Dile a Lola que lamento no poder tomar el té de la tarde, y a Lily que se aleje de Bun-Bun. Vi esa mordida en su oreja derecha.

Lamento dejarte sola, te lo compensaré.

El mensaje de respuesta no había tardado ni un minuto en llegar.

No hay problema. No tienes que compensarme nada. Sólo concéntrate en mejorar tus notas. Mamá puede no aparentarlo, pero está preocupada por tu desarrollo escolar.

Lincoln le mandó un dedo pulgar como respuesta. No quería distraer a Lori, en estos momentos ella podría estar teniendo la tarea más complicada en casa.


-Cristina, ¿No te has puesto a pensar porque la policía no se a movilizado en estos meses? Los niños desaparecen de sus propias camas sin dejar rastro, los accidentes han aumentado y todo es como si nada –. Ninguno de los dos había dicho nada hasta ese momento. Cristina parecí seguir algo molesta por lo ocurrido en la biblioteca.

Ella simplemente se encogió de hombros –. No es tan extraño, quizás la policía no quiera que cunda el pánico. O es porque a ocurrido fuera de nuestra zona, los secuestros no son tan comunes en Royal Woods.

-¿Es eso? –respondió sin mucho ánimo. Lincoln ni siquiera había pensado en el resto de niños que desaparecen de sus camas hasta que vio un letrero de se busca en un poste de luz. Y siempre es como si el rostro se le escapara después. Un minuto después de ver el cartel ya no podía recordar ni el nombre del niño.

Lo que si podía recordar es a sus hermanas.

-¿Qué pasó en la biblioteca, Lincoln? –Cristina finalmente lo confrontó –. Me metí en líos con la bibliotecaria cuando te fuiste, podríamos quedar vetados de la biblioteca por el resto de la semana –. No sabía de Lincoln, pero ella no tenía intención de permitir que sus notas bajaran.

-Me exalté, ¿Bien? –respondió con amargura –. Tenía mucho sueño y me irrité. Ya te dije que no había podido dormir mucho, Cristina.

-Es la misma excusa que pones todos los días, Lincoln –se cruzó de brazos –. Quizás podrías dormir mejor si tiraras todas esas pastillas de café.

Lincoln se detuvo en seco –. ¿Cómo…?

-¿Lo sé? Lincoln, la mitad de la clase sabe que tomas pastillas de café desde hace meses –continuó caminado como si no fuera tan sorprendente –. He pensado en decirle al director que te las quite. No son bunas para tu salud.

-Metete en tus asuntos, Cristina. Necesito estas pastillas –y desearía que eso no hubiera sonado como un drogadicto cualquiera.

Cristina pasó por las puertas de la biblioteca pública y Lincoln la siguió. El lugar parecía abandonado, no muchas personas solían frecuentar la biblioteca como antes. Eso lo hacía un lugar callado para estudiar, aunque en ocasiones algo aterrador.

-Sólo terminemos con esto, quiero llegar a casa cuanto antes.

Cristina saludó al bibliotecario de turno y se dirigió hacia una de las muchas mesas libres del lugar. Aparte de ellos solo había otra chica leyendo un libro con su celular encendido aun lado, parecía estar alternando entre estudios y sus redes sociales.

-Mira Lincoln, se que ambos no tenemos la mejor relación. De hecho, durante dos años pensé en ti como un niño precoz sumamente asqueroso, y los rumores de incesto que rondaban tu familia no lo apoyaron mucho –. Dejó los libros aún lado y comenzó a hablarle con seriedad –. Incluso pensé en ti como una especie de masoquista durante algunas semanas.

-Creo que capté el punto Cristina, ¿Qué rumores de incesto? –el recuerdo del beso con Luan le rondó un poco la cabeza. Pero eso no contaba; estaba borracha.

Cristina agitó la mano –. Eso no viene al caso, Lincoln –para ella quizás –. Lo que trato de decir, es que no puedes seguir lamentándote, eso no solo te perjudica a ti.

Eso lo sabía, dos psicólogos se lo repitieron cuatro veces cada uno.

-No te metas en esto Cristina, mejor aprovecha la cafeína en mi sistema y comencemos a estudiar–. Ya podía sentir el dolor de cabeza llegando. Era un dolor punzante que comenzaba desde el frente y se expandía al resto de su cerebro.

Cristina se cruzó de brazos y piernas y lo miró fijamente. Era ese tipo de mirada que solo podían usar las chicas cuando estaban realmente molestas. Tener que vivir con diez chicas había hecho que Lincoln realmente le temiera a esa mirada.

-¿Y qué quieres escuchar, Cristina? ¿Cómo perdí a mis hermanas? ¿Cómo mi familia se desintegra? ¿Cómo monto guardia en una silla en medio del pasillo esperando a no perder a otro miembro de mi familia? ¿Cómo me estoy volviendo adicto a la cafeína? ¿Cuándo me la jalé por primera vez? –hizo aún lado sus libros y apoyó el hombro sobre la mesa –. Adelante, pregunta. Si tanto quieres meterte en la vida de un pobre desdichado. ¿Qué puedo contarte que no te haya brindado el internet? Y no, nada de lo que dicen de Luna es real si es lo que te preguntas.

-Quiero que intentes dejar todo eso atrás e intentes pasar al siguiente año, Lincoln? –Cristina le respondió igual de irritada –. Clyde tuvo que acercarse a mí sólo para rogarme que intentara hacerte sentir mejor. ¿No se supone que era tu mejor amigo?

Clyde, ya le había dicho que no se metiera en su vida. El modo en que aún seguía sangrando por Lori en un momento así le era un fastidio.

-Era mi mejor amigo, Cristina. Ahora no tengo tiempo para ver cómo se masturba mentalmente con mi hermana.

-Porque estás muy ocupado lamentándote en lugar de concentrarte en lo importante.

¿Lo importante? Lincoln realmente sintió deseos de abofetearla en ese momento. Lo importante estaba en su casa, y Cristina lo tenía atrapado en la biblioteca. Lo único importante para la chica es que su historial no estuviera manchado con un fracaso tan grande como el suyo.

-Eres tan insoportable, no puedo creer que haya estado enamorado de ti de niño, Cristina –. ¿Qué le había visto cuando era niño? Quizás el cabello rizado, o el vestido azul. Ahora daba un poco lo mismo.

-No revivas malos recuerdos Lincoln, tuve que cambiarme de clase cuando comenzaron a conocerme como "la novia del loco" –Cristina había sufrido su parte de las burlas cuando Lincoln soltó ese vídeo –.

-Podría decirte lo mismo. No revivas todos mis fracasos.

No había sido lo bastante rápido. No había estado atento. Al principio incluso ignoró todas las advertencias. Y no necesitaba que ahora Cristina se metiera.

-¿Tus fracasos? Lincoln, no creo que nada de eso fuera tu culpa –hasta donde ella sabía sus hermanas habían desaparecido de la nada.

Lincoln se rió por lo bajo –. Sí, lo fue… no pude hacer nada… Podría haber tomado la mano de Leni, pero me paralicé… tuve miedo.

Cristina pareció estudiar sus palabras sin entender absolutamente nada de lo que hablaba. Para ella tenían que tener tanto sentido como sus murmullos en sueños. Algo que tendría que preguntarle a Lori cuando regresara a casa.

-Esto ya me está asustando un poco Lincoln, ¿Qué quieres decir con todo esto? –habló un poco más fuete de lo usual.

Por fin, ya era hora de que pudiera sentir algo más que confusión o se interesara por otra cosa que no fuera lograr que pasar de año. ¿Haría alguna diferencia? ¿Lograría cambiar algo con eso? No, pero se sentía bien ver que podía pasar un poco sobre lo que sea que esa cosa le hubiera hecho a la ciudad.

Lincoln cerró sus ojos y levantó su cabeza. La silla era realmente incomoda y no se sentía con muchos deseos de hablar.

-Ya estoy harto… cansado y harto –miró a Cristina de reojo –. ¿Te dijo Clyde porque dejamos de hablarnos en primer lugar? El que siguiera enamorado de Lori después de tanto tiempo era incomodo, pero… bueno… traté de "hablar" con él –le lanzó una sonrisa forzada.

-Dijo que estaba preocupado por ti, y que no quería que terminaras en un manicomio.

-Lindo, yo también espero no caer en un manicomio –. Aunque seguía siendo una mejor opción que acabar muerto.

Lincoln lo pensó mejor. ¿Debería? No perdía nada, y ella había preguntado. Quizás estaba demasiado cansado para pensar bien, o solamente tenía que desquitarse un poco. A diferencia de Clyde, Cristina no era tan cercana. Tal vez solo se mudaría a otra clase y problema resuelto para ambos.

-No quiero –Lincoln murmuró –. No quiero decirte nada. Para empezar no me creerías, aparte de que no eres tan cercana y todo lo que has dicho ahora es para que me concentre en los libros. A ti te importa muy poco lo que ocurra conmigo y mi familia –. Había algo más que quería decir –. Además eres insoportable y puedo entender porque todos te consideran la mascota del maestro. Hay chicos que dicen que incluso se la chupas hasta el fondo en el asiento trasero del coche.

-¿Qué? –Cristina pasó de sentirse confundida a estar muy molesta. Tomó sus libros y parecía estar a punto de golpear a Lincoln con ellos, pero solo se retiró –. Ya me harté, puedes hacer lo que quieras o repetir el año o lo que sea. Pero no pienso seguir siendo tu tutora, Lincoln Loud. Y espero realmente que repitas de año para no tener que soportar tu cara otro año más.

Cristina se fue dando pasos fuertes. Lincoln la siguió con la vista. El bibliotecario los había visto pero no había dicho absolutamente nada en todo el día. En cuanto Cristina se fue regresó a su ordenador. La chica de la siguiente mesa volteó la vista nuevamente a su celular en cuanto Lincoln la vio. Su pelea con Cristina posiblemente había sido lo más interesante que había pasado en ese lugar desde hace años.

Eso arreglaba el problema de Cristina, al menos ya podía regresar a casa.

-Como empezó todo –Lincoln sintió nauseas. Su estómago comenzaba a doler tanto como su cabeza y por un segundo se sintió del mismo modo que cuando vio partir a Lynn. Podía verla subir dentro del autobús junto a sus compañeras de equipo. Sintió el calor de su cuerpo contra el suyo cuando lo abrazó en la despedida. Y ahora veía el juego de auto golpe que jugaron antes de irse. Lynn nunca se contenía.

Estaban llegando… Llegando al principio de todo.


NA: hay una diferencia de tiempo en cuando comencé este capítulo y cuando lo retomé, así que disculpen los errores.