Hola a todos. Aquí les traigo un nuevo capítulo. Tengo que darles antes un aviso, ya que este capítulo es algo duro, no desde el aspecto historia, sino que son situaciones que a cualquiera podría pasarle, o ha pasado en algún momento de sus vidas. Muchas cosas, tengo que admitirlo, me inspiré en mi propia infancia. Y bueno, los dejo con la lectura.
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Capítulo 72. Especial: "El origen de una ingenua amistad y rivalidad"
Una vez al año, como todos los veranos, el profesor Oak hace su campamento de verano, valga la redundancia. La idea de estos campamentos, es que los niños de distintas regiones conozcan a los Pokémon que únicamente viven en la región Kanto, todo como una inducción a la educación que ya reciben de los colegios que los envían.
En esa ocasión, había sido invitada una pequeña escuela de una región muy lejana, la región Kalos.
En esos momentos, se veía al profesor Oak junto a su asistente, preparando el material relacionado con aquel campamento, el cual iniciaría el día siguiente.
—Theresa, por favor alcánzame esos libros de la estantería —le indicó el profesor unos libros de tapa roja y otro de tapa blanca.
—En seguida, profesor.
Aquella mujer, que parecía aproximadamente tener la edad del profesor, vestía una polera manga larga color negro, una falda tableada color rojo, la cual llegaba hasta los tobillos, zapatos de taco algo, y su cabello negro tomado por un rodete. Parecía una mujer muy seria, al menos con su trabajo, ya que era muy ágil con lo que hacía.
—¿Dónde se hospedarán esos niños? —le preguntó al profesor, muy concentrada en revisar unos últimos informes.
—Llegarán a un hotel en ciudad Viridian hoy. Mañana en la mañana vendrán todos, eso incluye a los pequeños del pueblo —le respondió muy distraído el profesor.
—Entonces terminaré estos ensayos y me iré a descansar —le comentó Theresa mientras hacía tronar sus dedos y cuello.
Mientras tanto, en el hogar de Ash, aquel pequeño joven de seis años de edad esperaba muy ansioso el siguiente día, solo para poder entrar al laboratorio del profesor, y conocer a aquellos, para ese entonces, campo de descanso para los Pokémon de los entrenadores.
—Hijo, recuerda ir a dormir temprano —le dijo Delia con cierto tono estricto—. El profesor Oak comenzará a primera hora el campamento.
—Si mamá —le asintió muy alegre el joven, quién comía de forma muy desordenada su cena—. Después del campamento vendré con Phil y Gary, quiero mostrarles las fichas que me compraste.
—Solo si te vas a dormir temprano —volvió a advertirle en broma—, o terminarás haciendo el aseo de toda la casa.
—¡Sí mamá! —le exclamó muy alertado, terminando de comer, y después llevar su plato al lavaplatos— ¡Buenas noches, mamá! —le dio un efusivo abrazo, y partió al segundo piso.
—¡Recuerda lavarte los dientes antes de acostarte! —volvió a decirle Delia, mientras comenzaba a hacer las últimas tareas de la casa.
El hogar de, quién también era en ese momento el pequeño Gary, también se preparaban para irse a dormir.
—Gary, ¿sabes que es lo que les enseñarán mañana? —le preguntó bastante relajado quién parecía su padre.
—Como vendrán niños de Kalos, creo que el profesor Oak nos enseñará sobre los Pokémon de Kanto —le respondió muy animado.
—Que no se te olvidé que con Ash y Phil, son quienes mejor representan a Pallet Town, así que presten mucha atención a toda la clase —le dijo quién parecía la madre de Gary.
—A propósito —le interrumpió el pequeño Gary—, mañana después del campamento iremos con Phil a la casa de Ash.
—¡Jajajaja! —comenzó a reír muy fuerte el padre de Gary— ¡Sé que los tres mosqueteros de Pallet Town dejarán muy alto el nombre de este pueblo!
—¿Se quedarán la noche en casa de Ash? —le preguntó con la misma alegría su madre.
—Si me das permiso… —aquellas palabras solo alegraron más al pequeño pelicastaño.
—¿Cuando no te hemos dado autorización? —le preguntó su padre en burla.
—¡Entonces me iré a dormir temprano! —terminó de comer muy rápido, y partió al baño— ¡Buenas noches mamá, papá!
Y la situación en la casa de Phil no era muy distinta.
—¿Tienes todo listo para mañana? —le preguntó al joven con una voz un tanto sería, pero cariñosa.
—¡Sí abuela! —le respondió muy rápido, mientras se concentraba en comer su… tercer plato de comida…
—No olvides comportarte con los niños de Kalos —ahora le dijo quién parecía ser también una persona de edad adulta, quién parecía muy concentrado en leer algunos informes—. Vienen de muy lejos, y deben llevarse una buena imagen de Kanto.
—¡Lo sé, lo sé! —en eso detuvo su comida, y volvió su atención a sus abuelos— ¡Mañana iré con Gary a la casa de Ash, después del campamento!
—¿También se quedarán la noche? —le preguntó muy distraída su abuela, mientras terminaba de ordenar lo poco desordenado que quedaba de la cocina.
—Así es —le asintió.
—Seguramente, después del primer día de campamento, tendrán de mucho de que hablar — le comentó con algo más de entusiasmo su abuelo —. Ve a dormir temprano, o te quedarás dormido.
—¡Si! — terminó su último plato de comida, lo llevó hasta el lavaplatos — ¡Muchas gracias, todo estuvo muy rico! — y partió casi corriendo a su dormitorio — ¡Buenas noches!
Las vidas de Ash, Gary y Phil, parecía muy tranquilas. Al menos hasta esos momentos, se llevaban como los mejores amigos del mundo, y como eran los hijos de las personas más importantes en ese momento en Pallet Town, los trataban casi como el futuro de aquel pueblo perdido en la nada. Pero por la misma situación, tampoco eran muy queridos entre los otros niños del pueblo. Ash era hijo único y solo tenía a su madre, ya que su padre los había abandonado apenas supo que Delia estaba embarazada. Gary era el hijo del alcalde del Pallet Town y el nieto del profesor Oak, por lo que, todos creían que era intocable y el favorito. Phil era el nieto de quienes estaban encargados de la, aún reconstrucción de Pallet Town después de la guerra contra Johto, su madre pasaba trabajando todo el tiempo por todo Kanto, por lo que casi no la veía, y su padre los abandonó al igual que el padre de Ash, con diferencia que él lo hizo por distintos pensamientos post guerra.
Totalmente ajenos a la realidad de los adultos, Ash, Gary y Phil continuaban con sus sueños de, cuando cumplieran los diez años, partir en su viaje para ser maestros Pokémon, sin mayor interés en que tan conocido podría llegar a ser su pueblo por tales metas. Aún con seis años de edad, preferían jugar con los Pokémon y entrar a escondidas al campo del profesor Oak, cosa que estaba prohibida, salvo para los entrenadores.
Y el día del campamento había llegado. Eran las siete de la mañana, los Dodrio cantaban con el aparecer del sol, y los Pidgey comenzaban a ronronear en el pueblo.
—Ash, a levantarse —comenzó a despertar en voz baja Delia a su hijo—. Son las siete de la mañana —pero el joven simplemente se acomodó más en su cama, a lo que la joven madre infló sus pulmones, y gritó a viva voz— ¡Hay un Moltres por la ventana!
El grito hizo que Ash muy asustado, se sentara, se levantara y corriera hacia la ventana.
—¡¿Dónde está?! —comenzó a preguntar muy efusivo, abriendo la ventana y parándose sobre el techo, a un lado de un nido de Pidgey— ¡Mamá, son solo Pidgey!
—Eso vas a seguir viendo si no te levantas ahora —le amenazó con una sonrisa muy tierna… y un palo en su mano…
—¡Sí mamá! —y muy asustado, Ash volvió a entrar a su dormitorio, y comenzó a prepararse— ¡Mamá, no era necesario amenazarme con el palo que usas para amasar!
—¿Eh? —muy extrañada, Delia miró su mano derecha, y entendió a qué se refería su pequeño— ¡Jejejeje! Lo siento —dijo muy apenada—. Estaba adelantando el almuerzo, y cómo estarás en el campamento hasta muy tarde, te lo llevaré personalmente.
—¡Por favor, que sean fideos y salsa! —rogaba para sí el joven.
—Te tengo verduras solas —le respondió con orgullo, a lo que el joven se desanimó por completo—. ¡Mentira! ¡Te prepararé lasaña!
—¡Qué bien! —celebró aún más alegre— ¿Pero que podré ponerme?
—Estarán en el campo, así que te preparé ropa para la ocasión —le decía Delia, mientras iba al clóset, y sacaba la ropa que tenía previamente separada—. No tiene sentido que te diga que no la ensucies, aun así, cuídala por favor mi amor.
—¡Si mamá! —y de forma muy efusiva, el joven se puso lo que parecía una polera manga corta color amarillo con detalles rojo, unos pantalones cortos azules y zapatillas rojas— ¡Genial!
—¿Quieres que te lleve? —le preguntó Delia algo emocionada.
—Phil irá con sus abuelos, así que decidimos que Gary irá con sus papás —le respondió el joven igual de emocionado— Sí. Acompáñame por favor, mamá.
—¡Entonces tomemos desayuno y partamos!
—¡Si!
En la casa de los padres de Gary, la situación era algo distinta. El joven en cuestión era bastante más responsable que Ash, haciéndolo notar en que él solo se levantó, y aún en pijamas, fue hasta el living comedor, donde sus padres preparaban el desayuno.
—Buenos días, mamá, papá —les saludo Gary aún somnoliento.
—Buenos días —le saludó su padre con bastante más ánimo—. Así que decidiste levantarte.
—Hijo, tengo listo tu desayuno —decía su madre, mientras le llevaba una taza de leche recién hervida.
—¡Gracias mamá! —se sentó a la mesa, y comenzó con la primera comida del día— Papá, mamá, ¿podrían llevarme al campamento?
—¿Y por qué esa decisión? —le preguntó muy extrañado su padre.
—Con Ash y Phil acordamos ir con nuestros padres, aunque Phil irá con sus abuelos.
—Es verdad —comentó algo capcioso su papá—. A Phil siempre lo han sobreprotegido —volvió la vista a Gary, y le preguntó muy orgulloso— ¿Y ambos decidieron eso para que él se sintiera más libre?
—Así es —le asintió muy feliz—. Si alguno de nosotros necesita algo, ahí estaremos entre los tres.
—No habrá ningún problema —le respondió su madre, mientras se quitaba su delantal—. Entonces iré a arreglarme, no me puedo presentar así frente a esos pequeños de Kalos, menos siendo la esposa del alcalde.
—Opino lo mismo por mí —se dijo mientras se miraba, aún vestido en pijamas—. Espera querida, te acompaño.
Mientras, las cosas en la casa de los abuelos de Phil eran un poco más rígidas.
El pequeño Phil se levantaba con el sonar de la alarma que tenía a un costado, y con los ojos entreabiertos, fue directo a la cocina, donde estaba a su abuela preparando el desayuno.
—Buenos días, abuela —le saludó muy somnoliento.
—Buenos días, Phil —la mujer dejó de hacer las cosas que hacía, y comenzó a desordenar un poco el cabello del pequeño—. Aún no tengo listo el desayuno, así que ve a cambiarte y lavarte mientras tanto.
—¿Y mi abuelo? —preguntó muy extrañado Phil.
—Tuvo una urgencia —le respondió mientras volvía a hacer el desayuno—. Tomó desayuno y tuvo que partir a ciudad Saffron. Hubo unos problemas con la expansión de Silph.
—¿Entonces tú me llevarás al campamento? —le preguntó muy extrañado el joven.
—Así es —le asintió, mientras ponía tres panes a calentar sobre un tostador—. Pronto estará el desayuno, no creo que quieras tomarlo frío.
—¡Si abuelita! —y muy raudo, volvió a su cuarto.
Mientras los tres jóvenes se preparaban para salir de sus hogares, un furgón llegaba al frontis del laboratorio del profesor Oak. De aquel vehículo bajaron diez jóvenes; cuatro hombres y seis mujeres, los cuales miraban con mucha curiosidad el lugar, mientras eran recibidos por el profesor Oak y su asistente.
—Así que estos pequeños son nuestros aspirantes a entrenadores Pokémon —les comentó muy feliz el profesor.
—¡El profesor Oak! —y como si fuera una estrella de rock, o algo por el estilo, todos los niños se le lanzaron encima.
—¡Niños, sean respetuosos! —le exclamó con algo de molestia Theresa.
—No seas tan rígida —le pidió el profesor, mientras intentaba calmar a los pequeños— ¿Quién quiere aprender de los Pokémon de Kanto?
—¡Yo! —exclamaron aún más eufóricos los niños.
—Entonces entren a los campos, allí comenzaremos nuestra clase especial.
—¡Si! —y todos los niños entraron, salvo una pequeña de cabello castaño miel, quién vestía un vestido y un sombrero rosado, muy femeninos— ¿Qué te sucede, pequeña?
—Me quiero ir a mi casa —le respondió muy molesta.
—¿Cómo te llamas?
—Soy Serena, y no me interesan los Pokémon —le respondió aún más berrinchuda.
—¿Y qué te gusta entonces? —le preguntó el profesor, sin nunca perder la sonrisa.
—En verdad, no lo sé —le respondió algo dudosa—. ¡De lo que sí estoy segura, es que no me gusta este lugar!
—Entonces si no te gusta, ¿por qué viniste?
—Mi mamá me trajo engañada —le bufó la pequeña Serena muy molesta—. ¡Me dijo que iba a venir a un lugar muy bonito, y aquí no es bonito!
—Ya veo —miró hacia la entrada del laboratorio, y le intentó convencer—. Adentro hay algo más que Pokémon. A lo mejor, encuentras algo que te guste.
—Solo porque no tengo más opciones, entraré —le bufó muy molesta, mientras comenzaba a entrar al laboratorio—. Ni siquiera lo conozco, anciano —terminó, haciendo que el profesor perdiera el equilibrio.
—Pobre niña… —en eso, notó como alguien lo llamaba por el hombro derecho, dio la vuelta, y vio a su hijo, nuera y nieto.
—Hola papá —le saludo muy extrañado—. ¿Sucede algo?
—No… No, no es nada —sacudió un poco su cabeza, y volvió su mirada a Gary— Este es tu primer campamento, Gary. ¿Estás bien preparado?
—¡Si abuelito, estoy listo para aprender todo! —le asintió de forma enérgica.
—¡Gary! —algo extrañado por el saludo, el pelicastaño volteó, y notó acercarse los abuelos de Phil, y al susodicho.
—¡Hola Phil! —Gary se le acercó, y se saludaron chocando los puños— ¡¿Listo para ver los Pokémon que tiene mi abuelo?!
—¡Por supuesto, esperé mucho este momento! —le exclamó con los mismos ánimos.
—¡Chicos, no se olviden de mí! —gritó algo desesperado un tercer joven, quién se les acercó corriendo.
—Pensé que no llegarías, Ash —le dijo algo perplejo Phil.
—Por poco no venía, pero un pájaro de fuego que no era de fuego lo obligó a venir —les dijo de forma muy maliciosa Delia.
—¿Pájaro de fuego que no era de fuego? —se preguntaban al unísono Gary y Phil, sin entender a qué se refería.
—¡Mamá! —le gruñó muy avergonzado Ash— ¡Profesor, ¿podemos entrar ahora?!
—Por supuesto, solo faltaban ustedes tres para comenzar.
—¡El último es un huevo podrido! —sin siquiera despedirse de su madre, partió corriendo dentro del laboratorio.
—¡Oye, espéranos! —y con los mismos modales, Gary y Phil salieron a su siga.
—¡Controlen sus emociones, recuerden dar el ejemplo! —les gritó con mucho entusiasmo Delia.
—Ya habían visto Pokémon salvajes, pero esta es la primera vez que verán Pokémon entrenados, muy en especial conviviendo con salvajes —les comentó bastante más tranquilo el profesor.
—Es verdad —le comentó el padre de Gary—. Papá, no te molesto más. Hay mucho trabajo en la municipalidad —tomó de la mano a su esposa, y observó a la madre de Ash y la abuela de Phil—. Por favor, no olviden la reunión que hay en la tarde, y espero que pueda venir su esposo —ahora mencionó, mirando a la abuela de Phil—. Sabemos que la reconstrucción de Kanto ha sido muy difícil, así que espero tenga tiempo para los últimos detalles del pueblo.
—No se preocupe señor alcalde —le respondió de forma muy formal—. Apenas lo vea le avisaré, pero no puedo asegurar su asistencia a la reunión de hoy, ya que tuvo que partir de emergencia a Saffron.
—Por mí no se preocupe —le asintió con la misma formalidad Delia—. Cerraré más temprano el restaurante, además le prometí a Ash traerle su almuerzo… Y si no se molestan… —comenzó a decir con algo de duda—, también me gustaría traerles almuerzo a Gary y Phil. Como sé que aman la lasaña…
—No es ninguna molestia, Delia —le asintió muy tranquila la madre de Gary—. Muchas gracias.
—Recuerde servir el doble de porción a Phil, ese niño es un pozo sin fondo —le recordó la abuela del joven medio en broma.
—¡Jejejeje! Ni me lo recuerde… —le comentó bastante nerviosa.
—Entonces con el permiso de ustedes, me retiro —el profesor dio una reverencia—. Tengo a jóvenes ardidos de conocimiento.
—No lo molestamos más —y con aquellas palabras al unísono, también le dieron una reverencia al profesor y volvieron a sus respectivos hogares.
Mientras tanto, en el rancho del profesor Oak, muchos niños comenzaban a alegar por la demora, mientras otros se ponían a hablar.
—¡Niños, orden! —les pidió Theresa con cierto tono serio— ¿Tienen todo listo para comenzar?
—¡Si! —aquel unísono grito hizo que la asistente del profesor tuviera que taparse los oídos, quedando algo confundida.
—Oigan, ¿dónde está Serena? —preguntó uno de los jóvenes, haciendo que todos la buscarán en el grupo, sin encontrarla.
—La señorita Serena está en la biblioteca del laboratorio —les respondió Theresa—. Prefirió leer libros.
—¡Qué aburrida! —gritó una de las pequeñas.
—¡Señorita Theresa, buenos días! —de pronto se escuchó de fondo. Eran Ash, Gary y Phil, quienes llegaban muy agitados por la pequeña carrera.
—Buenos días, jovencitos —les saludó con algo de recelo—. Reúnanse con los demás, pronto vendrá el profesor Oak.
—¡Sí señorita! —y muy enérgicos, el trío entró al grupo.
—Iré por el profesor Oak, seguramente se entretuvo con algo —y Theresa se retiró por unos momentos—. ¡Compórtense mientras no estoy!
—¡Si!
Pero apenas la asistente del profesor desapareció, Gary y Phil notaron como de pronto, alguien tiró al suelo a Ash con mucha malicia.
—¿Así que te vinieron a dejar tus papás? —de pronto, un niño algo más alto que los demás apareció, preguntando con una sonrisa maliciosa— Es cierto, el tonto no tiene papá…
—¡Oigan, que les pasa! —les gritó muy molesto Gary— ¡No es su problema!
—No les prestes atención —le pidió Phil algo cohibido, mientras ayudaba a Ash a levantarse.
—Así que el rarito cuidando de sus amigos —y sin mayor provocación empujó a Phil al suelo, quién cayó pesadamente— ¿Por qué mejor no te vas a hablar con tus Pokémon? ¡Jajajaja!
—¡Ya es suficiente! —y ya muy contenido, Gary se iba a lanzar a golpearlo.
—Señorita Theresa, ¿no cierto que queda muy feo que el hijo del alcalde golpee a otros?
—¡¿Qué?! —y por impulso, Gary volteó a ver por si estaba la asistente, pero no había nadie.
—¡Qué tonto! —y sin más, también empujó a Gary al suelo— ¡Jajajaja! ¡Miren todos, el supuesto futuro de Pallet Town comiendo pasto!
Los tres jóvenes, pese a que no habían hecho nada malo, se sentían muy avergonzados por el nivel de matonaje que habían sufrido, mientras los jóvenes de Kalos simplemente miraban muy sorprendidos.
—Qué pueblo tan penoso —se comenzó a escuchar de fondo de los pequeños.
—Si en verdad ellos son el futuro de este pueblo, entonces están perdidos —se escuchó de fondo de una voz femenina.
—¡Los débiles no sirven para nada, y ustedes no sirven para nada! —el matón volvió a un pequeño grupo de cuatro niños, y les gritó— ¡No tenemos nada que aprender de ese viejo, solo tenemos que capturar Pokémon poderosos! ¡Nosotros somos el verdadero futuro de Pallet Town!
Y después de terminar tan vergonzoso espectáculo, aquel pequeño grupo se retiró tras los jóvenes de Kalos, como si nada hubiese pasado.
—¿Qué hacen ustedes tres en el suelo? —les preguntó el profesor, llegando algo desconcertado.
—¡Profesor, esos niños…! —iba a comenzar a acusarlos Ash.
—¡No es nada, profesor! —les respondió Phil— ¡Solo estábamos esperándolo!
—Entonces levántense, porque empezaremos ahora con el campamento —finiquitó algo serio el profesor, para después dirigirse al grupo completo.
—¿Por qué te quedaste callado? —le preguntó muy extrañado Gary.
—Tu abuelo se esmeró mucho en organizar este campamento, no quiero que se enoje por culpa de nosotros —le respondió muy triste Phil.
—¿Quieres que hagamos que no pasó nada? —le preguntó Ash, con algo de rabia contenida.
—Yo lo haré —le respondió entre lágrimas el joven—. Ese niño, solo por creerse más fuerte, siempre nos va a molestar. Ya encontraremos la forma que pague por todo.
—No llores, Phil —le pidió algo compungido Gary—. Haremos lo mismo entonces…
—¿Van a estar en el suelo todo el día? —les preguntó de forma muy rígida Theresa.
—No señorita Theresa —y de un solo impulso, los tres jóvenes se levantaron del suelo y se pararon rectos.
—Muy bien. Pequeños aspirantes a entrenadores Pokémon, mi nombre es Samuel Oak, y soy uno de los profesores que asigna a un entrenador novato su primer Pokémon…
Mientras la clase se desenvolvía, la pequeña Serena comenzaba a aburrirse de tanto libro que leía.
—Creí que me entretendría, aunque sea un poco, pero estos libros son más aburridos que ver un Slowpoke caminar —muy frustrada se levantó, y comenzó a mirar el librero en búsqueda de otro libro— ¿Acaso solo tienen libros de Pokémon? —suspiró pesadamente, y caminó hasta la puerta de salida— Si no salgo, me convertiré en rata de biblioteca.
Al salir, notó como sus compañeros jugaban alegres con los Pokémon del rancho.
—Veo que la están pasando bien —pensaba algo desconcertada.
—¡Estos Pokémon son muy aburridos, no hacen caso a nada! —de pronto escuchó de otro grupo— ¡Mejor vámonos de aquí!
Y a escondidas de todos, el grupo, el cual era el mismo que lideraba el matón, decidió entrarse al bosque.
—Debe haber un lugar más entretenido dentro de ese bosque que esos chicos conocen —pensó, mirando de reojo al grupo—. ¡Esperen, quiero ir con ustedes! —y partió corriendo a la siga del grupo.
Mientras tanto, no sólo el grupo de Kalos, sino también Ash, Gary y Phil, disfrutaban al máximo la estadía en el rancho.
—Todos estos Pokémon son de entrenadores que han salido de Pallet Town —comenzó a explicarles el profesor Oak—. Ellos tienen una conexión muy especial con sus entrenadores, ya que han estado juntos desde el primer día.
—¿Qué clase de conexión, profesor? —preguntó uno de los jóvenes.
—Los Pokémon son muy distintos a los humanos. Ellos siempre estarán para sus entrenadores, son completamente leales, y harían lo que sea por ellos… —les comentó muy orgulloso— Y ustedes también tendrán esa conexión, cuando logren ser entrenadores.
—¿Entonces esos Pokémon no nos obedecerán? —le preguntó una de las niñas del grupo.
—Como se los mencioné, ellos son completamente leales a sus entrenadores, y a menos que ellos lo decidan, jamás obedecerían a otra persona.
Pero el único que no prestaba atención a lo que decía el profesor, era Phil, quién hablaba con uno de los Rapidash.
—¡Te he visto en libros del colegio, tú te llamas Rapidash, y eres un Pokémon de fuego! —le dijo muy feliz— ¿Cómo estás?
—Ahora veo por qué le decían raro —se escuchó un murmullo de uno de los niños.
—No esperará que le responda —ahora se escuchó murmurar de otro niño.
—¡Qué bueno! —volvió a exclamar Phil, sin recibir ninguna señal de respuesta de Rapidash, salvo quedarse mirando a los ojos del joven— ¿Extrañas mucho a tu entrenador?
—Está loco —ahora le comentó una de las niñas.
—¡No está loco! —le gruñó furioso Ash.
—Normalmente, la tarea que está haciendo Phil le pertenece a su entrenador —le comentó muy entusiasta el profesor Oak.
—¿Sabes? Yo también extraño mucho a mi mamá, pero sé que trabaja para que a mí no me falte nada —le comentó con mucho entusiasmo Phil, al tiempo que Rapidash tomaba con su boca de la ropa al joven, y lo lanzaba a su espalda— ¡Muchas gracias!
Los niños de Kalos miraron muy sorprendidos como Rapidash subía al pequeño sobre su lomo con total confianza.
—A diferencia de muchos otros, Phil ha tenido otro tipo de trato con ellos —adjuntó el profesor Oak muy tranquilo, y pensante—. Desde muy pequeño ha podido comprender a los Pokémon, no sólo lo que quieren, sino también lo que sienten, sin necesidad de recibir una respuesta.
Pero esto solo hizo que los pequeños lo miraran con recelo y envidia, sentimientos que notaron Ash y Gary.
—Bueno, preparen sus cosas —les pidió el profesor—. Ahora iremos al bosque a ver los Pokémon salvajes. El bosque de Pallet Town está lleno de ellos, así que presten mucha atención a cualquier cosa que vean. Luego quiero ver sus descubrimientos, pequeños.
—¡Si!
Y con un pequeño bolso y cámara de mano, los jóvenes se prepararon para partir a la pequeña excursión.
El bosque de Pallet Town siempre fue muy frondoso, por lo que era un perfecto hábitat para Pokémon de todo tipo, además de ser su refugio y lugar de protección, gracias a que también era parte del laboratorio del profesor Oak.
—Siempre recuerden que los Pokémon son seres vivos, y su hábitat natural no es dentro de una pokébola. Así que, si van a ir por la vida capturando Pokémon, siempre piensen en que sería lo mejor para ellos.
—¿Sacarlos de su hábitat es malo? —preguntó uno de los pequeños muy extrañado.
—Cuando lo sacas de su hábitat sin su consentimiento, si —le asintió el profesor—. Es como si viniera algún familiar tuyo y te sacara de tu casa sin tu consentimiento.
—¿Consentimiento? —preguntaron todos al unísono.
—En contra de tu voluntad —le corrigió el profesor—. Pero también hay casos, cuando el Pokémon no quiere abandonar por nada a su entrenador, y este por protección se separa de ellos para siempre… —pensó algo triste el profesor, justo en el momento en que un pequeño Poliwag se atravesó en el camino de todos— ¡Hola pequeño! —le saludó con entusiasmo el profesor, al tiempo que recibía un ataque burbujas en su cara.
—¿Te sucede algo? —le preguntó Phil muy extrañado, mientras se le acercaba y lo miraba con atención— ¡Chicos, miren!
—¿Qué sucede? —le preguntó Ash muy extrañado, al tiempo que se acercaba con Gary.
—Tiene su patita lastimada —le dijo algo triste Phil— Profesor, ¿me da permiso para buscar una baya para que se recupere?
—Por supuesto. Te esperamos en el laboratorio.
—¡Muchas gracias! —el joven tomó en brazos a Poliwag, y partió corriendo al interior del bosque.
—¿Y si se pierde? —preguntó muy extrañado uno de los niños.
—Siempre se pierde en el interior del bosque, lo conoce como la palma de su mano —le respondió el profesor muy tranquilo—. Ustedes concéntrense en no perderse, no queremos que esto se transforme en una misión de búsqueda de perdidos. ¡Jajajaja!
—¡Si profesor!
Así, todo el grupo retomó la excursión, mientras Ash y Gary se habían quedado parados. Habían preferido no continuar con el grupo.
—¿Qué te parece si ayudamos a Phil a buscar las bayas para el pequeño Poliwag? —le preguntó con entusiasmo Ash.
—Si —le asintió con entusiasmo—. Mientras más rápido se recupere ese Poliwag, menos sufrirá.
Y sin avisarle al profesor Oak, ambos jóvenes partieron tras su amigo.
Mientras tanto, Phil comenzó a mirar por los árboles en búsqueda de una baya. Parecía muy entusiasmado en su búsqueda.
—¿Dónde está tu mamá? —le preguntaba, intentando distraerlo— Te daré una baya oran y buscaremos a tu familia.
No le tomó mucho tiempo encontrar la baya en cuestión, dando a ver qué aquel bosque lo conocía mucho mejor que cualquiera. Con algo de dificultad subió por el tronco del árbol, alcanzó la baya oran, y con la misma dificultad bajó del árbol.
—¡Aquí está, Poliwag! —exclamó sin perder el entusiasmo, corriendo hacia el Pokémon— ¡Con esto te sentirás mejor! —el pequeño Pokémon le asintió, y comenzó a comer muy feliz— Que bueno que te guste —le agradeció muy feliz.
Una vez que terminó de comer la baya, el Pokémon se vio mucho más animado, volviéndole las energías, y comenzó a decirle algo.
—¿Qué pasa? —le preguntó muy extrañado, a lo que el Poliwag le indicaba una dirección— ¿Quieres que te espere? —el Pokémon le asintió, y se metió entre los matorrales— ¿Me irá a dar algo?
Pero a los pocos segundos, se escuchó gritar al pequeño Poliwag, por lo que Phil corrió en dirección a lo que sucedía.
—¡Poliwag, ¿qué sucede?! —pero apenas llegó con el Pokémon, notó que los mismos niños que los habían molestado, ahora lo estaban haciendo con el pequeño— ¡Oigan, dejen a ese Poliwag en paz!
—Que Pokémon más inútil —dijo de forma despectiva el mismo que los había molestado, sosteniendo de la cola a Poliwag— ¡Evoluciona, inútil! Si fueras un Poliwrath, valdría la pena.
—¡Suéltalo, lo que le haces le duele! —volvió a gritarle, pero esta vez con algo de miedo.
—¿Es tuyo? —volvió a preguntarle de forma despectiva— ¡Entonces te lo devuelvo! —y lo lanzó a lo alto sin más miramientos.
—¡Te voy a acusar con la señorita Theresa! —le gritó muy molesto Phil, quien intentó atrapar al pequeño.
—No tienes valor —y de pronto, Phil sintió como alguien más lo tiraba al suelo, al tiempo que entre todos se reunieron y comenzaron a patearlo, y al segundo el Poliwag caía en su espalda.
—¡Ya déjennos, no les hemos hecho nada! —gritó entre sollozos de dolor.
—Entonces —el líder del grupito lo agarró del cabello, y lo amenazó—, si valoras tu vida y la de este inútil, no dirás nada… —pero fue interrumpido de golpe.
—¡Qué le hacen a mi amigo, tontos! —de pronto, vio como Ash comenzó a agarrar a puñetazo limpio a quien antes lo estaba amenazando.
—¡Poliwag, vete de aquí, no quiero que te lastimen más! —le gritó muy ansioso Phil, haciendo que el pequeño arrancara muy asustado del lugar.
—¡Oigan, se escapa! —uno de los que estaba con el grupo logró notar que el Poliwag estaba escapando, por lo que quiso ir tras él.
—¡Tú no te vas! —y con la misma furia de Ash, Gary comenzó a golpear fuertemente al niño.
—¡Ash, sigue a ese Poliwag! —le pidió muy angustiado Phil— ¡Puede que aún esté lastimado!
—¡Me vuelvo a enterar que le hicieron algo a mis amigos, y te volveré a golpear! —volteó a ver hacia Phil, y le asintió— ¡Voy de inmediato! —y salió a la siga del pequeño.
—Phil, volvamos al laboratorio…
—¿A dónde creen que van? —le preguntó uno de los tres niños que aún estaba bien.
—¿Quieren tener problemas con mi abuelo? — ahora Gary les amenazó— Ni querrán saber que les haría mi papá y mi mamá si ven algo raro.
—¡No le presten atención! —les gritó el líder, quién estaba muy golpeado— ¡Tenemos que agarrar a ese Poliwag!
Y con la rabia de haber sido apaleado por quienes consideraba inferiores, el grupo salió a la siga del Poliwag.
—¡Phil, ¿estás bien?! —le preguntó Gary muy preocupado.
—¿Por qué son malos con ese pequeño Poliwag? —preguntaba Phil— Acaba de nacer, no sabe nada de peleas.
—Porque son brabucones, por eso lo hicieron —le respondió muy molesto—. Volvamos al laboratorio, tienes que atenderte.
—¡Me duele mucho, Gary! —se quejó Phil, quién se tomaba del estómago.
—Caminaremos lento —le dijo Gary, mientras pasaba del brazo derecho de su amigo por los hombros—. Esta vez se sobrepasaron, le diremos a la señorita Theresa y a mi abuelo.
Mientras todo ese desastre sucedía, la pequeña Serena se encontraba pérdida dentro del bosque, tras haber perdido a quienes seguía; el grupo de matones.
—Creí que habrían menos Pokémon solo por estar cerca de ese rancho —pensaba algo preocupada Serena—. También, ¿quién me manda a seguirlos? —suspiró pesado, y resolvió— Soy una tonta. Será mejor volver.
Pero cuando se dio cuenta, se vio en medio del espeso bosque.
—¿Dónde estoy? —se preguntaba muy desesperada— ¡Oigan, ¿dónde están todos?! —con mucha desesperación, comenzó a mirar hacia todos lados, sin encontrar a nadie, hasta que cayó de tanto dar vueltas. De pronto, el pequeño Poliwag apareció entre los matorrales, la miró, y continuó. Parecía muy apurado— ¡Nunca quise venir a este campamento! ¡Mamá!
La pequeña Serena lloraba del miedo que sentía, pero aquel miedo aumentaría tras sentir más ruido de entre los matorrales. En eso, notó que un niño de su misma edad aparecía, buscando a aquel Pokémon.
—¡Poliwag! —le llamaba el joven, pero al ver a Serena, pasó su preocupación a ella— ¿Eh? ¿Qué estás haciendo? —ante la pregunta, lo miró a los ojos— Soy Ash. ¿Qué pasa contigo, tienes algún problema?
—Me duele la pierna… —le indicó con mucha pena.
—¿Estás bien? —y mientras se hincaba, sacó un pañuelo de su bolsillo— Esto debería ayudar —y con mucha delicadeza, amarró el pañuelo a su rodilla, lugar donde se había lastimado— ¡Listo!
Pero al intentar levantarse, Serena se quejó por el dolor que aún sentía.
—Este es un buen encanto —y con el mismo entusiasmo, Ash posó sus manos sobre la rodilla de la joven, sin tocarla— ¡Dolor, dolor, vete ya!
La jovencita, algo ingenua, intentó ponerse de pie, pero claramente el "hechizo" no había funcionado.
—¡No tiene caso, no puedo ponerme de pie! —se quejó muy adolorida Serena.
—¡Nunca te rindas hasta el final! —le arengó Ash con entusiasmo, dándole su mano izquierda— ¡Vámonos!
La tomó de su mano, la empujó hacia él, y la apegó a su cuerpo, dejando muy desconcertada a la pequeña de Kalos, quién se separó un poco para mirarlo a los ojos.
—Ya está —y aún de su mano tomada, le indicó fuera del bosque—. Volvamos al campamento —y comenzó a guiarla a paso lento—. Ya. Vámonos.
Había sido un encuentro fortuito y coincidente, pero para fortuna de Serena, había llegado su salvador.
—¿Qué hacías en medio del bosque? —le preguntó muy extrañada— ¿Estabas buscando a ese Poliwag que se apareció?
—Así es —le asintió con orgullo—. Un amigo me pidió que lo fuera a buscar, unos niños malos lo estaban lastimando.
—¡Miren a quien tenemos aquí! —de pronto se escuchó la voz de los brabucones, quienes rodearon a Ash y Serena— ¿Donde esta ese Poliwag?
—¡No lo sé, por fortuna se perdió en el bosque! —les gritó muy desafiante, intentando proteger a la joven.
—¿Y tú qué haces con esa niñita? —le preguntó muy extrañado uno de los niños— ¡No deberías estar con ese perdedor sin papá!
—¡Te dije que dejaras de hablar de mi papá! —le gruñó muy molesto Ash, quién se lanzó a golpear a quien lo había insultado.
—¡Esta vez estás solo, tonto! —y quién mandaba al grupo, lo agarró por la espalda, aprovechando quién lo iba a golpear de darle un puñetazo en el estómago.
—¡¿Qué están haciendo?! —les reclamó muy enojada Serena, mientras también era agarrada por uno de los niños.
—¡Si eres amiga de ese tonto, entonces también eres tonta! —le insultó quién la había agarrado.
—¿Qué tal si los lanzamos por el barranco? —les propuso uno de los niños— ¡Nadie extrañará a un par de inútiles!
—¡Ya déjennos en paz! —les gritó Ash— ¡¿Por qué son tan malos con nosotros?!
—Porque son tratados como especiales, y así nos deberían tratar a nosotros —le reclamó muy molesto uno de los jóvenes.
—¡No le des explicaciones, tirémoslos por el barranco! —le gritó quién los lideraba.
—¡No, déjennos! —comenzó a gritar desesperada Serena, intentando zafarse.
Entre los cinco se llevaron a Ash y Serena hasta el barranco que daba vista a Pallet Town. Parecía la última vista que tendrían en sus vidas.
—¿Sus últimas palabras? —les preguntó el mayor del grupo.
—¡Suéltanos! —le gritó desesperada Serena.
—Esperaba un "Mi amo todo poderoso, seré tu sirviente" —les dijo medio en burla—. ¡Despídanse!
Y entre los cinco, lanzaron de una patada a Ash y Serena.
—Perdóname por meterte en esto… —le pidió con miedo Ash, mientras abrazaba a la joven.
—Ash… —la joven, quién estaba aún más aterrada, solo gritó— ¡Auxilio! —por alguna razón, Serena notó como si algo en el aire detuviera su caída— ¿Qué sucede?
—No. Ustedes perdónennos por dejarlos solos —se escuchó de fondo una voz femenina.
—¡¿Quién eres?! —gritó muy sorprendida Serena, pero al no ver a nadie, prefirió cerrar los ojos fuertemente.
De pronto, apareció un extraño Pokémon color celeste azulado. Comenzó a correr rápidamente entre los peñascos del barranco logrando salvarlos, llevándoselos en su lomo nuevamente arriba. Los cinco brabucones veían muy perplejos al extraño Pokémon; jamás habían visto algo así.
—¿Qué Pokémon es ese? —se preguntaba uno de los jóvenes muy sorprendido.
—¡Debe ser muy raro! —celebró el líder de los cinco— ¡Si lo atrapamos, seremos muy poderosos y famosos! —pero aquellas palabras solo lograron molestar a aquel ser con forma de perro, quién los vio a los ojos y usó su malicioso, aterrándolos por completo.
—¡Nos quiere comer! ¡Mamá! —y gritando al unísono, salieron corriendo despavoridos.
Con algo de dificultad, con un Ash que parecía ido por la situación, aún abrazándola fuertemente, Serena bajó y ayudó a su nuevo amigo a despertar.
—¡Ash, estamos bien! —celebró muy aliviada la pequeña, pero el joven no soltaba el abrazo— ¡Ash, despierta! —le gritó más fuerte, logrando despabilar al joven.
—¿Eh? —Ash miró para todos lados muy confundido, y notó que estaban nuevamente en la parte alta del barranco— ¿Qué sucedió?
—El señor Pokémon nos salvó —le exclamó muy feliz Serena cuando lo quiso indicar, pero aquel ser había desaparecido— ¿Dónde está?
—Sea lo que sea, nos salvó —comentó algo confundido Ash—. Como sea. ¡Gracias señor Pokémon!
—¡Muchas gracias por salvarnos! —también le gritó muy feliz Serena— Pero parece que alguien más lo ayudó —ahora le agregó algo confundida.
—¿Por qué?
—Una voz femenina dijo, "Perdónennos por dejarlos solos".
—¿No viste a nadie más? —le preguntó muy extrañado Ash.
—No.
—Qué extraño —puso sus manos en las comisuras de sus labios, y gritó a la nada— ¡También, gracias señorita por ayudarnos! —y volvió su atención a Serena— ¡Volvamos al laboratorio, la señorita Theresa y el profesor Oak tienen que saber que hicieron esos niños malos! —le dijo muy molesto.
—¡Si!
Y sin mayores demoras, partieron a paso muy lento al laboratorio.
Llegar al laboratorio fue una de las tareas más frustrantes y agotadoras que pudieron haber pasado. Pero eran conscientes que, ese día, aquel matonaje había llegado a niveles intolerables. Debían decírselos, no podían continuar más sufriendo por culpa de unos niños que, simplemente, no les agradaban.
Los primeros en llegar con Theresa, fueron Gary y un muy lastimado Phil. Pero el recibimiento que tendrían, no sería el más agradable de todos.
—¡Aguanta Phil, ya llegamos! —le decía Gary con entusiasmo, a un Phil que seguía muy preocupado por aquel Poliwag.
—¡Señorita, ahí están! —de pronto, tanto Gary como Phil escucharon aquellas desagradables voces.
—¡Jovencitos, ¿qué sucedió?! —les llamó la atención fuertemente la asistente del profesor Oak.
—¡Señorita Theresa, esos niñitos golpearon a Phil…! —comenzó a explicarle Gary.
—¡No sea mentiroso! —le gritó Theresa muy molesta— ¡Me contaron todo, me dijeron que los golpeaste en compañía de Ash!
—¡Tuve que hacerlo, sino hubiesen matado a Phil! —les exclamó muy alterado Gary.
—¿Cree que por ser el nieto del profesor Oak, puede andar golpeando a quien no le simpatice? —le cuestionó nuevamente Theresa.
—¡Le estoy diciendo que ellos estaban golpeando a mi amigo…! —volvió a gritar muy alterado Gary.
—Ellos llegaron corriendo, muy asustados —le dijo, mirando a aquellos jóvenes con pena—. ¿Dónde está el señor Ash?
—¡Él fue a ver al Poliwag que ellos estaban maltratando! —le gritó furioso Phil.
—¡No me levanté la voz, jovencito! —le cuestionó muy molesta.
En eso, vieron llegar a Ash y Serena, quienes tenían sentimientos encontrados por lo que sucedió. Pero con tan solo ver a los cinco jóvenes, Ash se lanzó a golpearlos por instinto.
—¡Malditos, como se atreven a lanzarnos por ese barranco! —y dejando a Serena atrás, Ash agarró a quién mandaba a los cinco, y comenzó a darle puñetazos en la cara.
—¡Ash, detente! —le gritó desesperado Gary.
—Muy bonito señor Ash, continúe —le regañó muy enojada la asistente—. No me sorprendería para nada que usted haya dejado en tan malas condiciones al joven Phil —pero en esta ocasión, los tres jóvenes prefirieron morderse la lengua.
—Señorita Theresa —le interrumpió muy molesta Serena—, lo que dicen Ash y sus amigos es cierto.
—¿Usted que hacía en el interior del bosque sin supervisión? —ahora le preguntó a la peli miel, igual de rígida.
—Me aburrí de leer libros, así que decidí seguir al grupo, pero lamentablemente me topé con esos matones —les indicó muy enojada—. Sin ningún motivo, nos lanzaron con Ash por un barranco…
—No parecen haber sido lanzados por un barranco —les aclaró muy molesta Theresa.
—No me pregunte quién nos salvó, pero la dueña de aquella voz, y aquel extraño Pokémon color celeste nos salvó. Parecía un Vaporeon más grande que nosotros…
—¡¿Me está tomando el pelo, señorita?! —le regañó muy enfadada Theresa— ¡¿Me está diciendo que un fantasma y un Vaporeon más grande que ustedes los salvó?!
—¡No le estoy mintiendo, es la verdad! —le reclamó muy enfadada.
—¡No me levanté la voz! —ahora le gritó a la pequeña Serena— A usted la veía más lista e inteligente, pero no es más que una maleducada —muy molesta, fue hasta una mesa, donde tenía varios materiales, y de ella tomó cuatro reglones de madera no muy gruesos—. Los cuatro, los quiero formados frente mío.
—¿Que nos va…? —pero la pregunta de Ash fue interrumpida.
—No cuestione mis reglas. Perdió su derecho a defenderse —le volvió a decir muy molesta—. No puedo creer que jóvenes como ustedes, el supuesto futuro de este pueblo perdido en la nada, no sean más que matones —volvió con ellos, y los miró muy seria—. Quiero ver las manos de los cuatro —y con cierto miedo, los pequeños estiraron sus brazos frente a ellos, con las manos abierta—. Den vuelta sus manos.
—¡Lo sabrá mi papá y mi abuelo! —le desafió Gary.
—¡Y mientras ellos no estén, yo soy quien vela por la seguridad e integridad de todos! —y con la suficiente fuerza, Theresa azotó hasta romper una de las tablillas en el revés de las manos del joven.
—¡Oiga, usted no es nadie para maltratarnos! —le gritó desesperada, y muy asustada Serena.
—Esto no es maltrato —le regañó, mientras también azotaba una de las tablillas en el revés de las manos de la joven, también terminando quebrada—. Es un correctivo para que no vuelvan a cometer los mismos errores.
—¡No es justo, esos niños siempre nos están maltratado, ellos deberían estar aquí! —le gritó Ash, quién sin aviso, también recibió el castigo en sus manos.
—Al único que he visto golpear a sus compañeros es a usted, señor Ash —le recordó Theresa—. Primero discúlpese con sus compañeros por golpearlos, y luego hablaremos.
—Lo único que hicimos fue ayudar a un Poliwag lastimado de esos matones —decía Phil muy triste—, esos niños nos trataron muy mal, y la recompensa es su propia justicia. No vale nada…
Aquella respuesta tan frontal, no hizo más que enfadar a la asistente del profesor, quién golpeó por la espalda con la tablilla, y al no lograr romperse, también aplicó el castigo en sus manos, hasta lograr desahogarse. Ash, Gary y Serena miraban muy asustados. Phil, solo por decirle sus verdades, estaba recibiendo un peor castigo.
—Niñito malcriado —le dijo, mientras adicionalmente de dio una bofetada—. No vuelva a hablarme así. Aprenda a respetar a sus mayores…
—La odio… —comenzó a susurrar el joven, con la voz muerta— Golpeó a mis amigos, protegió a esos matones… Definitivamente, ese Poliwag fue mucho más agradecido que usted… Usted no vale nada… Los humanos no valen nada… ¡Muéranse!
Todos habían quedado blancos por aquellas palabras, y más cuando Phil levantó su mirada. No expresaba ninguna emoción, más que las ganas de hacer desaparecer todo.
—¡¿Qué sucede aquí?! —de la nada, el profesor Oak había aparecido— Phil, ¿qué te sucede?! —le preguntó muy sorprendido.
—Solo les apliqué su correctivo por asustar y golpear a estos jóvenes —le respondió Theresa, mientras indicaba a los cinco jóvenes, quienes también estaban algo intimidados por la actitud de la asistente.
—¿Correctivo? —el profesor concentró su atención en Ash, Gary, Phil y Serena, notando en sus manos el correctivo— Theresa, y ustedes cinco, acompáñenme al laboratorio —y luego desvío su atención a Ash y los demás—. Niños, ustedes quédense aquí.
Una vez que el profesor entró al laboratorio con su asistente y los cinco brabucones, comenzaría lo que sería, su rivalidad.
—Todo es tu culpa —le dijo muy molesto Ash a Gary—. Si no hubieras golpeado a ese idiota, nada de esto le hubiese pasado a Phil.
—¿De qué estás hablando? —le preguntó muy molesto el pelicastaño— ¡Si en vez de haber traído a esa niña, hubieses traído a ese Poliwag, no hubiésemos pasado por esto!
—¡No le llames niña! —le gritó muy molesto Ash— ¡Estaba perdida en el bosque, no podía dejarla!
—Si la hubieses dejado, creo que también me enojaría contigo, Ash —le dijo muy molesto Phil—. Abandonar… ¿es lo mejor que saben hacer?
—Perdóname Phil… —le dijo muy apenado Gary— No intenté decir que la dejara abandonada.
—Por favor, perdónenme —ahora dijo muy triste Serena, quién se sobaba las manos para intentar bajar el dolor—. De haber sabido que pasarían por esto por mi culpa…
—No fue tu culpa —le dijo Ash—. ¡Es culpa tuya, Gary! ¡¿Acaso creías que te perdonarían solo por ser el nieto del profesor Oak?!
—¡Al menos tengo a alguien, tú no tienes nada! —le reprochó Gary.
—¡Mi mamá es mejor que toda tu familia junta, idiota! —y furioso, se lanzó a golpear a puño limpio a Gary, ambos terminando enfrascados en una pelea.
De esa forma, el trío de oro de Pallet Town se había convertido en tres niñitos que no sé pudieron volver a ver nunca más como los buenos amigos que eran. Desde ese segundo, cada uno quería ser mejor que el otro. Mientras el tercero en la discordia, no volvió a ver a todos de la misma forma, transformándose en un niño que comenzó a ser arisco con las personas.
...
Y creo que eso sería. Desconozco si les habrá sido de su agrado el capítulo, pero creo que hacía falta algo así. Desde mi punto de vista, solo quiero darles un consejo: si sufren de bullyng, díganlo, cuéntenlo, y por sobre todo, jamás se rebajen a su nivel. Intenten no prestarles atención, y creo que puede sonar algo creido, pero, siempre tengan en mente que ustedes son mejores que ellos.
Desde la próxima semana, creo que volverán los posteos a la normalidad, así que... ¡Hasta el próximo sábado!
