Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.

Capítulo nueve: Nos topamos con los primeros monstruos.

POV. Orochimaru

- ¡Kabuto! - llamé.

- Si señor Orochimaru - me dijo cuando llegó.

- Quisiera que averiguaras sobre el último de los Uchiha que queda en Konoha - le dije.

- ¿Se refiere a Sasuke Uchiha, señor?

- Exactamente – dije - averigua todo sobre él.

- Creía que ya no iba a seguir cambiando de cuerpo, Orochimaru sama - respondió.

- No lo quiero usar como recipiente – expliqué - solo tengo curiosidad por ese niño, me pregunto si creció con la idea de venganza.

- Entonces me pondré a trabajar - dijo y se fue.

"Me pregunto cómo te va Perseus" pensé.

POV. Percy

Después de que Luke se retiró, Annabeth se adelantó, yo miré la caja.

- Luke tenía buenas intenciones - dijo Quirón - pero no vas a poder usarlos.

- ¿Por qué? - pregunté.

- Sería malo para ti - me dijo - no es bueno que estés en otro territorio de los tres grandes, tu padre es Poseidón y Zeus te enviaría un rayo.

- Genial - dije.

Me giré hacia Grover.

- ¿Quieres calzado nuevo? - le pregunté.

- ¿Yo?

- No, el Grover detrás de ti - le dije poniendo los ojos en blanco - por supuesto que tú.

- Ahh, si - dijo.

Cuando se los puso dijo la palabra que Luke nos dijo y empezó a elevarse se fue hacía el autobús como una podadora endemoniada.

"Desearía que mi padre también me hubiera dado algún objeto mágico" pensé y después me di cuenta de eso "Pero ¿qué acabo de pensar?, mi padre mortal ya me dio un gran regalo, mi sharingan" y después me di cuenta de que ya no lo llamaba señor Orochimaru sino mi padre.

- Percy, Percy - me di cuenta de que Quirón me estaba llamando.

- Perdón, ¿Qué pasa?

- No sé, dime tú, ¿en qué pensabas?

- Ah, pues... Que me hubiera gustado que...- no sabía que decir.

- Pero que me pasa - dijo sacando algo - toma, esto te pertenece, es un regalo de tu padre.

Me dio un bolígrafo, lo reconocí, era el mismo bolígrafo del museo, lo destapé, tenía una hoja de doble filo, la empuñadura forrada con cuero era la primera arma que me parecía verdaderamente equilibrada para mí.

- La espada tiene una larga y trágica historia del que no necesitamos hablar - me dijo Quirón - su nombre es Anaklusmos.

- Contracorriente - traduje.

- Así es - me dijo - está hecha de bronce celestial como las otras armas, fue forjada por los cíclopes, templada en el corazón del volcán Etna y enfriada en río Leteo, es letal contra los monstruos, dioses y otros semidioses, pero no puede hacerle daño a los mortales, no son lo suficientemente importantes.

- Bueno saberlo - contesté.

Lo devolví a su forma de bolígrafo, solo esperaba no perderlo ya que yo era famoso por perder bolígrafos.

- No puedes perderlo - me dijo Quirón - volverá a tu bolsillo.

- ¿Enserio? - pregunté.

Lo puse a prueba aventándolo.

-Puede tardar algunos minutos, todo depende de que tan lejos este – dijo - ahora comprueba tu bolsillo.

En efecto, estaba en mi bolsillo.

- Genial – dije - ¿Cómo supiste lo que pensaba?

- Siempre perdías tus bolígrafos en la escuela - dijo.

- Tienes razón – sonreí - gracias Quirón.

Alcancé a Annabeth y Grover en el autobús y nos pusimos en camino, Argos solo nos dejaría en la estación de Greyhound.

Cuando llegamos ahí, no estábamos lejos del Upper East Side, cerca del nuestro departamento, vi en uno de los postes una fotografía mía que tenía la frase de ¿A visto a este chico?, en cuanto lo vi la arranque, no es que me diera vergüenza de que Annabeth y Grover lo vieran, sino que me llenaba de furia al pensar en Gabe.

"Pronto te traeré de vuelta mamá" pensé mirando para donde estaba el departamento "ya voy"

- ¿Quieres saber por qué lo hizo? - me preguntó Grover.

- ¿El que? - pregunté.

- ¿Por qué tu madre se casó con ese hombre?

- ¿Tú lo sabes? - pregunté.

- Lo hizo para ocultar tu olor – respondió - ese tipo olía de lo peor, que podía ocultar a diez semidioses sin ningún problema, aún tienes algo de su olor.

- Gracias – dije - ¿dónde está la ducha más cercana?

- Deberías estar agradecido - me dijo Grover - te ahorró varios problemas.

- Supongo - contesté.

Nos pusimos a jugar con una manzana, Annabeth podía hacerla rebotar con su codo, cabeza y pies, yo no me quedaba atrás, el juego terminó cuando le aventé la manzana a Grover y él se lo tragó de un bocado, él se disculpó, pero Annabeth y yo estábamos más desesperados porque no pasaba el autobús, y después de un rato pasó, nos subimos todos.

Así continuamos con el viaje, después de un rato el autobús paró y tres señoras entraron, sentí su chacra, no eran normales, reconocí a una de ellas, era la señora Dods.

- Oh, no - dijo Annabeth - las tres al mismo tiempo.

- Son las benévolas - dijo Grover.

- Genial – dije - ¿Y ahora que hacemos?

- Primero buscaremos por donde salir - dijo Annabeth - las ventanas.

- No se abren – dije - es un autobús.

- Entonces una puerta trasera - dijo.

Grover y yo miramos.

- Tampoco hay - le dijimos.

Ella estaba algo nerviosa.

- Oye - le dije - se supone que tú ya estuviste más tiempo en el campamento entrenando y yo soy un novato.

- ¿Y qué sugieres? - me preguntó.

Podía simplemente sacar mi sharingan, pero decidí no hacerlo.

- Tal vez, si yo me salgo...

- No - dijo ella, miró su gorra - ponte esto - me dijo - así ellas no te verán.

Me puse la gorra e inmediatamente después me volví invisible.

- Tengo que ir al baño - dijo la primera benévola.

- Yo también - dijo la segunda.

- Yo también - dijo la tercera.

"¿Es enserio?" pensé "pareciera que lo ensayaron"

Pasé al lado de ellas, la antigua señora Dods olfateo el aire.

"Oh, genial" pensé "seguro a captado mi olor"

Por suerte siguió caminando, y yo seguí también, estaba a punto de bajarme cuando escuché unos ruidos en la parte trasera del autobús donde estaban Annabeth y Grover.

- ¡Dónde está! - decían.

Se me ocurrió la gran idea de tomar el volante, lo tomé y giré bruscamente.

- ¿Qué pasa? - se preguntó el chofer tratando de recuperar el control.

Oí como las furias chocaban contra las ventanas, nos metimos en un túnel y cuando salimos el chofer se paró y todas las personas se salieron, Annabeth y Grover estaban peleando contra las furias, me quité la gorra y una de ellas vino directo a mí, la hice polvo fácilmente con mi espada, Annabeth y Grover habían amarrado a las otras dos furias, Grover trató de agarrar su látigo pero estaba caliente.

- Tenemos que salir de aquí - les dije.

Justo cuando salimos un rayo cayó sobre el autobús y explotó, corrimos rápidamente hacia el bosque.

"Maldición" pensé "Zeus me quiere muerto"

Ya estaba anocheciendo así que se nos dificultó correr más rápido, nos pusimos a caminar cuando ya estábamos algo lejos.

- Fuiste muy valiente - me dijo Annabeth - ya sabes, con las furias.

- Gracias - le dije - un honor ser alagado por una hija de la diosa de la sabiduría.

Creo haberla visto sonreír, pero no estaba seguro.

Caminamos otro momento en silencio.

- Y... cuéntame, ¿Qué hay de tu padre? - le pregunté.

Annabeth se llevó las manos a su collar de cuentas, yo tendría que esperar al final del verano para tener el mío, agarro un anillo, supuse que sería de su padre.

- Él es maestro de historia - me dijo - casi no lo veo.

- ¿Por qué?

- Él ya se casó con otra mujer – contestó - ya se olvidó de Atenea y tiene dos hijos con ella.

- Eso está bien - le dije - que siga con su vida, a mí me gustaría que mi ma...er...bueno que ella hubiera encontrado a un hombre digno de ella.

- No lo entiendes - me dijo ella - él ya no me presta atención, cada vez que pienso acercarme a mis hermanitos su madre los aleja, como si dijera: no se junten con ese fenómeno, y mi padre no hace nada.

- Creo que la malinterpretas - dije después de un momento - ella quizás solo se quiere acercarse más a ti, intenta platicar con ellos, ve después del verano.

- Ya lo intenté – respondió - solo para descubrir que nada ha cambiado, él sigue sin prestarme atención.

Me di cuenta de que ella decía mucho: prestarme atención.

- Quizás lo que quieres es que tu padre solo te haga caso a ti - le dije - pero eso no es posible porque tiene otros dos hijos y una mujer, quizás deberías tratar de acoplarte a ellos, los 4, y no solo a tu papá.

Eso lo dejó sorprendida.

- Tal vez tengas razón - respondió después de unos momentos.

- Deberías intentarlo - le dije.

- ¿Sabes?, hay algo extraño en las benévolas - dijo de pronto.

- ¿Cómo qué? - le pregunté.

Ella estaba a punto de decirme, pero Grover, que se había adelantado, interrumpió.

- Hay una gasolinera más adelante - nos dijo.

Nos apuramos a ir.

- Será mejor que no entremos ahí - nos dijo Grover.

Olía a comida muy sabrosa.

- ¿Por qué no? - pregunté- huele muy sabroso.

- Si - me apoyó Annabeth.

- Chicos no - nos dijo Grover - huelo a monstruo.

Pero Annabeth y yo estábamos hipnotizados por el olor.

"No debería hacer esto" pensé "Podría ser una trampa"

Pero esos pensamientos se fueron callando más y más.

- Hola chicos - dijo una dulce voz, todos volteamos, vimos a una mujer vestida de negro, iba toda tapada incluso cara y su cabello, dándole un aspecto de árabe.

- Disculpe señora - le dijo Grover - no era nuestra intención molestarla, ya nos vamos.

- No se vayan - dijo la mujer, tenía una voz tan dulce que era casi hechizante - ¿puedo hacer algo por ustedes?

- No, ya nos vamos - respondió Grover jalándonos - disculpe las molestias.

- De echo nosotros nos perdimos - dije evitando que Grover nos alejara - somos huérfanos y no tenemos a donde ir, andamos en las calles, ahora tenemos hambre, ¿Qué es eso tan rico que huele? - fui directo al grano.

- Ah, pobrecitos - dijo la mujer con ternura - pasen por favor, yo soy la tía M, ahora les preparé unas hamburguesas.

Annabeth y yo la seguimos con Grover siguiéndonos a regañadientes, él iba viento las estatuas.

- Ese se parece a mi tío Ferdinand - dijo señalando a una estatua de un sátiro.

- No lo creo - le dijo Annabeth - debes estar confundiendo.

Nos sentamos en la mesa y la tía M nos comenzó a preparar las hamburguesas, cuando al fin terminó nos pusimos a comer rápidamente, pero cada vez que comía un trozo me sentía cada vez más y más con sueño.

"Esto no es bueno" dijo una voz en mi cabeza, pero no le hice caso.

Grover masticaba un trozo de aluminio nerviosamente.

- ¿Qué es lo que acabo de escuchar? - dijo de repente - parecen serpientes.

- Ah, debe ser la freidora - dijo la tía M - tienes unos oídos muy agudos Grover.

- Gracias - respondió él - tomo vitaminas para los oídos.

"Espera" pensé "¿Cómo supo el nombre de Grover?, no recuerdo haber dicho nuestros nombres"

- ¿Y a qué se dedica usted? - le pregunté dejando de comer mi hamburguesa.

- Elaboro estatuas querido - me respondió.

- ¿Y esta sola? - continué.

- Si, querido – contestó - antes tenía dos hermanas, pero ellas murieron.

- ¿Dos hermanas? - preguntó Annabeth entrando en estado de alerta.

- Así es, querida Annabeth - dijo- y es que una mala mujer de ojos grises me hizo daño, mis hermanas estuvieron conmigo, pero después me dejaron sola.

"Ojos grises, dos hermanas, estatuas" pensé "debe ser Medusa, claro tía M, m de medusa"

- Ah, qué mal - dijo Annabeth - creo que es mejor irnos, tenemos que buscar un lugar para dormir.

- Si, así es - la apoyó Grover.

- Tienen razón - les dije yo - gracias por la comida.

- Oh, pero aún no se vayan - nos dijo - ¿qué tal una fotografía?

- Creo que no - respondí

- Solo una – insistió - lo necesito para mis estatuas.

Ella nos jaló para el centro de jardín y nos paró al frente.

- Creo que la iluminación no está bien - le dije - ¿Por qué no vamos afuera?

- No – respondió - así está bien, ahora sonrían – dijo - la cara es lo más difícil.

"Como no" pensé "¿Quién en su vida le sonreiría a un monstruo con cabellos de serpientes?"

- ¿Y la cámara? - preguntó Grover

- Es cierto - dije yo también - ¿dónde está su cámara?

- Cariños no se preocupen por eso – respondió - ustedes solo posen para mí, pero como que no veo bien con este velo cubriéndome la cara, me lo voy a quitar.

Acto seguido se lo quitó, pero antes de pudiera vernos Annabeth nos empujó al lado y se puso su gorra de invisibilidad, me puse detrás de una estatua.

- Justo a tiempo - dije.

- ¿Ahora ya estas contento de que viniera? - me preguntó a mi lado, ella se quitó su gorra.

- Si, eso creo - le contesté

- Ella es medusa - me dijo.

- Y supongo que alguien debe cortarle la cabeza.

- Así es - respondió.

- Entonces tal vez quieras hacer el honor - le dije - hija de la diosa de la sabiduría y de la estrategia.

- Creo que tú tienes un mejor arma - me dijo - debes hacerlo tú, además, ella no dudaría en destrozarme por lo que le hizo mi madre, pero tú te pareces mucho a tu padre y ella aún está enamorada de él.

- ¿Conoces a mi padre? - le pregunté.

Grover golpeo a medusa con su rama, las prácticas sí que le habían servido, él tenía sus ojos cerrados y se guiaba por el olor y el sonido, mientras volaba con el regalo de Luke.

- Eso fue por el tío Ferdinand - dijo.

- En el solsticio de invierno somos invitados a asistir algunos de nosotros que nos quedamos todo el año en el campamento como Luke, Clarisse y yo - explicó Annabeth - pero este no es momento para charlar.

- Y como se supone que lo haga - le dije - en el mito, mi tocayo Perseus lo hizo cuando ella estaba dormida, pero ahora ella no está ni cerca de dormirse, necesito algo para poder ver su reflejo.

- Usa esto - me dio una esfera verde.

Grover intentó golpearla de nuevo, pero esta vez no lo logro y medusa lo mandó a volar.

- Tienes razón - le dije.

Acto seguido me destapé el sharingan, tomé la esfera y me dirigí hacia medusa dejando a Annabeth con la boca abierta por mi ojo.

Enfoqué la esfera en medusa, la imagen estaba algo distorsionada, pero me servía.

- Percy, ¿Por qué no te quedas aquí convertido en estatua? - me dijo, su voz era muy dulce y tentadora - así tendrías menos dolor, menos sufrimiento, no seas un peón de los dioses.

Su voz me tentaba a mirarla a los ojos, sentía que si me seguía hablando de esa forma no me resistiría, cerré los ojos, si miraba a ella, mi sharingan no serviría, necesitaba algo más poderoso, me concentré en el mangekyō sharingan, recordé como mi madre se deshizo en luz dorada y mi meta en traerla de nuevo, sentí como mi ojo cambiaba, Medusa seguía hablando, su voz muy dulce y con ternura, abrí los ojos y me enfoqué en sus manos, los cuales eran verdes.

- Tu padre no los ayuda - me dijo - ¿por qué deberías de ayudarlo tú?, quédate conmigo Percy.

No lo resistí más, levanté la mirada y la miré con el mangekyō sharingan.

- ¡No lo hagas Percy! - gritaron Grover y Annabeth.

Antes de que ella pudiera convertirme en estatua la pude meter en un genjutsu y se paralizó, todo fue tan rápido, un segundo después aparté mi mirada, levanté la espada y le corté su cabeza limpiamente.

- Gracias por la oferta – dije - pero prefiero seguir siendo de carne y hueso.

- Percy - dijeron Grover y Annabeth acercándose a mí.

- ¡Buen trabajo! - dijo Grover.

- ¿Qué fue eso? - preguntó Annabeth.

- Solo desvié su atención a un genjutsu - le dije - o ilusión como le quieras llamar.

- No mires abajo - me dijo cuando vio que dirigía mi mirada hacia abajo.

Mire sus ojos, miraba hacia el frente, aún tenía poder en él, podía ver su chacra, pero el riesgo ya no era tanto, sus ojos parecían perdidos.

- No hay problema - les dije - creo que no corremos riesgo mientras no la miramos directamente a sus ojos, es decir, si no la miramos de frente, podemos mirarla de lado.

- Parece perdida - dijo Annabeth.

- Esta en un genjutsu...bueno una ilusión.

- ¡Percy, tu ojo! - exclamó Grover.

- Si, cambió de forma - respondí.

- No, no es eso - me dijo - está saliendo un poco de sangre de ellas.

Me llevé los dedos a mis ojos y en efecto, salía algo de sangre.

- No te preocupes – dije - es normal, mientras utilices más este tipo de ojo, te saldrá más sangre de él.

Mi sharingan volvió a su estado normal y me lo tapé, me sentía algo cansado después de usarlo.

- ¿Qué es ese ojo? - preguntó Annabeth - ¿No estas tuerto?

- No Annabeth, no estoy tuerto – respondí - este ojo se llama sharingan y con el puedes hacer cosas increíbles como ver los movimientos de tus oponentes, meterlos en una ilusión o ver el chacra.

- ¿Chacra? - preguntó.

- Si, es…como la fuerza que tenemos con los poderes, el chacra corre por todo nuestro cuerpo – expliqué - ahí es donde se acumulan nuestros poderes.

- Ah, creo que me doy una idea – respondió - creo que leí en alguna parte de ella.

- Genial – dije - ¿Qué hacemos con la cabeza?

- ¿Quién te puso ese ojo? - siguió preguntando.

- Mi padre mortal – respondí - espero que esto lo guardes en secreto – dije - solo Grover, Katie, Pollux, Castor, Will y los hermanos Stoll lo saben, confió en que lo le digas a nadie ni a Luke.

- Esta bien - me respondió.

-Bien, ahora ¿qué hacemos con la cabeza? - volví a preguntar.

- Te pertenece - me dijo Annabeth - ahora es un botín de guerra.

- Yo no quiero andar trayendo una cabeza - dije.

- Pero más personas podrían caer - dijo Grover.

- Todo lo que tenemos que pasar por diosas que transforman a las personas en monstruos - dije.

- ¿Perdón? - contestó Annabeth molesta - ¿se te olvida que fue tu padre el que se acostó con ella en el templo de mi madre?

- Eres imposible - le dije

- Y tú eres insufrible

- Genial - dije.

Entonces se me ocurrió una idea.

- Ahora vuelvo - les dije.

Me metí a la casa y busqué entre las cosas de medusa, mi padre me había dicho que era bueno revisar el lugar por si encontrabas pistas o algo que te ayudara, encontré algunos dracmas, los tomé todos ya que el dinero que nos habían prestado en la tienda del campamento había explotado junto con el autobús, revisé sus notas de ventas y uno decía sobre venderle a Perséfone, decía la dirección así que la arranqué, vi una caja vacía y algunas notas de empaque para Expreso Nocturno Hermes, cada una con una bolsa pequeña de cuero para colocar monedas.

"Perfecto" pensé.

- ¿A dónde fuiste? - preguntó Annabeth.

- Buscando algo para que nos ayudara - le dije - ¿no te enseñaron que siempre debes de revisar el lugar por si hay pistas?

- Ya, ¿Y la caja para qué?

Metí la cabeza en la caja y escribí una nota: Los dioses, Monte Olimpo, Piso 600, Edificio Empire State, Nueva York, Nueva York, Con deseos de felicidad, Percy Jackson.

- Pensaran que eres impertinente - me dijo Grover.

Puse algunas monedas en la bolsa, hubo un sonido de caja registradora, la caja se elevó y desapareció con un pop.

- Soy impertinente - le dije a Grover.

Annabeth simplemente me miró con cansancio.

- Será mejor que nos vayamos - nos dijo y la seguimos.

Decidimos acampar en el bosque y Annabeth preguntó quién quería hacer la guardia esa noche.

- Yo estoy algo cansado - les dije - usar ese mangekyō es un poco agotador al principio.

- Entonces yo hago guardia - se ofreció Grover.

- No - dijo Annabeth - yo lo haré.

- No te preocupes Annabeth - dijo Grover - confía en mí.

- Grover tiene razón - lo apoye.

Después de eso nos acostamos, pero recordé en lo que me había dicho Annabeth sobre el solsticio de invierno, el rayo había desaparecido en ese momento, Annabeth mencionó a Luke y a Clarisse.

"Los dioses no pueden tomar un arma de otro dios" había dicho Quiron "pero los semidioses si"

Pensé en el resentimiento que sentía Luke contra los dioses, ¿podría ser que Luke fuera el ladrón?, no quería pensar en esa posibilidad, él me caía bien pero recordé que incluso mi padre había hecho muchas cosas malas por el deseo de venganza contra Konoha por tratarlo mal, quizás Luke también se había dejado llevar por esos sentimientos, y aún peor, él era hijo de Hermes, dios de los ladrones, eso me hacía sospechar más de él, recordé los zapatos alados que me había dado, ¿podría tratarse de una trampa?, no podía decirle nada a Annabeth de mis sospechas porque ella le tenía un gran cariño, me giré para verla, ella ya se había dormido, entonces me dirigí hacia Grover.

- ¿Aun no duermes? - me preguntó.

- Tengo algo que decirte - le dije.

- ¿Qué es?

- Estoy sospechando que Luke es el ladrón - le dije.

- Eso no es posible - me dijo sorprendido - él quiere mucho a los del campamento.

- Lo sé - le dije - pero recuerda el resentimiento que tiene hacia los dioses, las personas pueden hacer muchas cosas cuando están segados por el odio.

- En eso tienes razón - me dijo - después de que falló en una misión que le dieron de recuperar una de las manzanas doradas, él ya no volvió a ser el mismo.

- Además él estuvo en el solsticio de invierno – dije - y él es bueno para robar.

- Si él es el culpable...- dijo Grover con algo de furia.

- La verdad no lo culpo - le dije - los dioses casi no saludan a sus hijos, pero tampoco es razón para hacer algo así, creo que sus intenciones son buenas, pero va en mal camino.

- Tienes razón - dijo Grover - pero entonces los zapatos...

- Podrían ser una trampa – dije - déjame verlos.

Grover se los quitó, los miré con el sharingan y vi un poco de chacra en el que no eran de zapato, estos eran diferentes, era muy tenue que podría no haberlo visto, se lo dije a Grover.

- Quizás esté esperando para que se active en un momento adecuado - le dije.

- ¿Pero en qué momento? - preguntó.

- Tal vez... ¿cuándo lleguemos al inframundo? – dije - quieren hacer creer que Hades es el culpable creo yo.

- Quizás - dijo él.

- Tenlos puestos hasta que lleguemos allá - le dije - después, te los quitarás.

- Eso haría sospechar a Annabeth – dijo - al menos que alguien más ocupara mi lugar.

- Podría usar un clon de sombra – dije - y transformarlo en ti, ese clon se pondrá los zapatos y si llega a caer en alguna trampa, el clon solo desaparecerá.

- Parece un buen plan - dijo Grover - entonces yo podría seguirlos de cerca.

- Exactamente - le dije - pero creo que aún no debemos decirle nada a nadie y menos a Annabeth, además, quisiera que Luke recapacitara.

- Estoy de acuerdo contigo - contestó Grover - creo que hacemos un buen equipo.

- See - miré hacia el cielo.

- ¿Es triste cierto? - me preguntó.

- ¿El que?

- La contaminación – dijo - los mortales solo contaminan y contaminan la tierra, es por eso que los lugares salvajes ya están desapareciendo.

- Pues si - le dije - ¿y qué es lo que buscas? - le pregunté - digo...quieres ser un buscador.

- Al dios Pan – dijo - solo él puede salvar los lugares salvajes.

- ¿Dónde se fue?

- El desapareció hace años – contestó - pero los sátiros nunca nos rendimos, muchos han muerto en la búsqueda, pero yo quiero encontrarlo sin importar que.

- Entonces estoy seguro de que lo encontrarás - le dije.

- Gracias – contestó - ahora debes descansar - dijo.

Se puso a tocar su flauta una música relajante, me dormí inmediatamente