Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.

Capítulo once: Unas cuantas distracciones

Después de esos sucesos fuimos a una cafetería para comer algo, todos estábamos hambrientos y parecíamos vagabundos, pedimos que nos atendiera la mesera.

- ¿Tienen con qué pagar? - nos preguntó.

Los tres nos miramos, pero antes de que pidiéramos contestar algo pareció cambiar en el aire y se escuchó como una moto aparcaba, un hombre bajó y se dirigió a nosotros, tenía muchas cicatrices y su chacra parecía ser la de un dios, me recordaba a alguien, a Clarisse, se sentó con nosotros.

- Yo invito - dijo a la mesera - pidan lo que quieran.

Annabeth y Grover estaban algo nerviosos, lo que supuse que si era un dios, como lo había sospechado, ordenamos hamburguesas y nos lo trajeron.

- ¿Y a qué se debe su visita, honorable dios? - pregunte yo.

Annabeth y Grover me miraron sorprendidos, yo los ignoré.

- ¿Acaso solo se compadeció de nosotros y nos invitó como muestra de su grandeza?

El dios se rio.

- Bueno, ustedes parecen unos vagabundos - respondió mirándome - cualquier mortal querría alejarse de ustedes.

- Eso creo - respondí yo.

- Mmm...¿y a que vino? - intervino Annabeth - señor Ares, dios de la guerra.

Era algo difícil no ver que sería el dios de la guerra con todos esas cicatrices por lo que no me sorprendió.

- Veo que tienes prisa, chica - dijo el dios - bueno, entonces les diré, estaba con mi novia en un parque, pero nos molestaron y tuvimos que salir de ahí.

- Su novia es Afrodita - dije recordando las historias que me contaba mi madre.

- Así es - respondió el dios - ¿pero note han dicho que no debes andar diciendo los nombres, así como si nada?

- Tiene razón - dije - disculpa.

- Como decía - siguió - desafortunadamente olvidé mi escudo y lo dejé allá.

- ¿Su escudo? - preguntó Grover.

- Así es.

- Que mal - contestó él - ¿y qué quiere que nosotros hagamos?

- Que lo vayan a recuperar - nos dijo sonriendo.

- ¿No puede hacerlo usted mismo? - pregunté - usted, oh, gran dios de la guerra, ¿qué somos nosotros a comparación de alguien tan poderoso como usted?

El dios de la guerra solo sonrió, pero note algo de nerviosismo en él.

- Gracias chico - me dijo - pero este tipo de cosas son para semidioses como ustedes, además, es una oportunidad para demostrar su valentía.

- Gracias - dije rodando los ojos - estamos ansiosos por demostrar nuestra valentía en misiones súper peligrosos con altas probabilidades de morir.

- De nada - respondió.

Quería decirle que fuera él mismo a recoger su escudo, pero recordé que mi padre Orochimaru una vez me dijo que es mejor tener a la gente de tu lado que tenerlos en tu contra, además, supuse que ya que nos había invitado no teníamos de otra, suspiré.

- De acuerdo - dije - ¿en dónde está?

Annabeth y Grover me miraron sorprendidos.

- Pero no tenemos tiempo - dijo Annabeth - y ya tenemos una misión.

- Calmada, hija de Atenea - le dijo Ares - Perseus es su líder en esta misión.

- Tiene razón - le dije.

Annabeth me miró con una mirada fulminante y se cruzó de brazos.

- Eres alguien listo - me dijo el dios - es increíble que seas hijo del barba percebe.

- ¿Barba percebe? - pregunté.

Él solo negó con la cabeza.

La mesera cobró la cuenta y Ares sacó unas dracmas, ella lo miro.

- ¿Algún problema? - pregunto Ares acariciando la hoja de su cuchilla.

La mesera simplemente se retiró.

- Eso no estuvo bien - le dije.

- Como sea - respondió - ¿estás listo querido primo?

- Supongo - dije.

- Genial - dijo - vayan al parque acuático, al oeste de Delancy.

Después de eso solo cerré un momento los ojos, pero cuando los abrí el dios ya no estaba.

- Bueno, supongo que debemos irnos - les dije a mis compañeros.

Salimos de la cafetería.

- ¿Por qué aceptaste ayudar a Ares? - preguntó Annabeth molesta.

Me encogí de hombros.

- No es como si tuviéramos opción - le dije - creo que es mejor terminar lo más pronto posible con esto para seguir con nuestra búsqueda, es mejor no buscar problemas.

- De acuerdo - dijo Annabeth.

Nos dirigimos hacia el parque, a juzgar por el cartel supuse que se llamaba Waterland, solo que ahora al cartel le faltaban algunas letras.

Entramos cruzando el alambre que lo rodeaba y encontramos de paso algo de ropa, después de cambiarnos nos pusimos a buscar.

- ¿En dónde estará ese escudo? - pregunté - seguramente en un lugar apartado donde una pareja pueda disfrutar un tiempo a solas.

Seguimos caminando hasta que nos topamos con el túnel del amor.

- Ahí esta - dijo Annabeth señalándolo.

- Genial - dije - solo hay que bajar, Grover haces guardia aquí por si lo necesitamos, Annabeth y yo bajaremos.

- ¿Que? - exclamó Annabeth.

La miré, estaba algo sonrojada.

- ¿Quieres que baje al túnel del amor contigo? - me preguntó.

Sonreí al saber lo que pensaba.

- No te emociones - le dije - que solo es para ir por un escudo.

- Ja, ya quisieras - me dijo.

Yo solo rodé los ojos y me bajé.

- Si no quieres venir, está bien - le dije.

Después de eso Annabeth también bajo y nos subimos en el bote, destapé mi sharingan para ver, pude ver como el escudo estaba rodeado por unos cables muy delgados.

- Hay una trampa - le dije a Annabeth - ¿de quién será?

Ella me miro raro.

- Supongo que de alguien que no le gusta que ellos dos estén juntos - respondió - como el esposo.

Recordé a Hefesto.

- Ahh, tienes razón - dije.

- ¿Y cómo lo sacamos de aquí? - preguntó.

- Podríamos simplemente tomarlo - le dije.

- ¿Y la trampa?

- Se activaría.

- Entonces no vamos a hacer eso.

- Yo ya quiero salir de aquí - le dije - y tengo curiosidad sobre qué tipo de trampa sea.

- Pero Percy, eso no...

No la dejé terminar cuando agarré el escudo, inmediatamente después de eso salieron todos esos hilos dirigiéndose a las estatuas de cupido que estaban alrededor, iban a encerrarnos.

- ¿Contento? - preguntó Annabeth.

Pequeñas arañas metálicas comenzaron a salir, en cuanto Annabeth se dio cuenta se paralizo de miedo, recordé el mito de aracne.

- Supongo que le tienes miedo a las arañas - dije suponiendo que al igual que medusa querían tomar venganza, me pregunté si la diosa Atenea no había pensado en las conciencias al transformar a esas mortales en monstruos, cámaras salieron de las estatuas y una voz empezó a sonar, dijo que íbamos a aparecer en vivo en el olimpo.

- ¡Grover necesito agua, ve al panel de control! - grité.

Él me hizo caso, pero no encontraba como hacer salir el agua.

- Bueno, ya que - dije mientras Annabeth gritaba por las arañas.

Hice las posiciones de manos que correspondían y me concentré en traer el agua, esto era algo fácil para mí con las posiciones de manos y mis poderes como semidiós, llamé al agua y al final pudo salir, el túnel se llenó y el bote se pudo mover, Annabeth seguía gritando y opte ponerla a dormir, la miré con mi sharingan y callo dormida, las cámaras comenzaron a grabar.

- Genial - dije - lo que faltaba.

Sentí que podía mover el bote y así lo hice, la dirigí para sacarnos de ahí, nos metimos dentro del túnel para evitar que nos vieran, después de un rato salimos del túnel y nos acercábamos a las puertas y supuse que necesitaríamos saltar, pero Annabeth estaba dormida, no tenía tiempo, tomé el escudo y cargué a Annabeth.

- ¡Grover voy a saltar! - le dije - ayúdame cuando este arriba.

Él asintió y yo me concentré en el agua, salté e hice que me elevara, después tomé otro impulso sobre el agua y salté sobre la puerta, Grover voló y me ayudó con Annabeth y caímos sobre la hierba, aún estaba grabando y ahora nos enfocaban, así que me levanté despacio.

- Eso fue todo, querido público - dije - muchas gracias por su sintonía.

Las estatuas volvieron a su lugar y nosotros salimos de ahí, no sin antes despertar a Annabeth, estaba enojada conmigo, le dije que no lo volvería a hacer, cuando volvimos con Ares le devolví su escudo.

- Aquí lo tienes - le dije - no sabía que les temías a unas estatuas de cupido.

Él solo nos sonrió arrogante.

- Lo hicieron bien chavales - nos dijo - y para que veas que no soy malagradecido les preparé un viaje al oeste.

Nos señaló un camión que decía llevar animales, la puerta se abrió.

- Y también te diré algo que quieres saber - me dijo.

- ¿Qué? - pregunté.

- Tu madre no está muerta - respondió.

- ¿Qué? - pregunté de nuevo confundido.

- Desapareció en una luz dorada, ¿cierto? - preguntó.

Yo asentí, vi como la mesera se asomaba y tomaba una foto, supuse que en las noticias no dirían nada favorable conmigo.

- Solo la tomaron como rehén - me dijo Ares subiéndose a la moto - aún la puedes salvar.

Esa noticia me lleno de energía y esperanza, dirigí a mis amigos hacia el camión.

Dentro estaba muy apestoso, en serio, parecía la caja de arena más grande del mundo, dentro se encontraban un león albino que tenía delante un saco de nabos, una cebra que tenía chicles pegados por su cuerpo y un antílope que tenía en uno de sus cuernos un globo amarrado, delante de ellos estaban una bandeja de carne picados, los tres animales estaban en mal estado.

- ¿Es enserio? - preguntó Grover contrariado.

Escuché que alguien se acercaba al camión.

- Creo que el camión va a arrancar - les dije y nos sentamos.

- Debemos sacarlos de las jaulas - dijo Grover - deben ser liberados.

- Estoy de acuerdo - lo apoyó Annabeth.

Miré a nuestros tres acompañantes, supuse que para el león nosotros éramos más ricos que los nabos.

- No creo que sea buena idea - les dije - no hasta que paremos y salgamos, por ahora solo podemos ayudarlos un poco.

Encontré agua dentro del camión y llene sus cuencos, después, use a Anaklusmos para cambiarles sus comidas, Grover y Annabeth le cortaron el globo al antílope, queríamos quitarle los chicles también a la cebra, pero decidimos que no era buena idea por las sacudidas que daba el camión, después de eso, todos nos sentamos, Annabeth sacó unos oreos y yo le pedí uno también.

- Está bien - me dijo malhumorada - pero no se te ocurra volver a ponerme en una ilusión.

- Ahh, lo siento - le dije - es solo que estabas un poco fuera de control y teníamos que salir de ahí.

Ella solo suspiró.

- Lo sé - me dijo - perdón por eso, es que, las arañas me asustan.

- Supongo que por lo de aracne - le dije.

- Así es, es por eso - me respondió - si uno de ellos nos encuentra, nos llevará a las profundidades del tártaro.

- Que mal - le dije.

Ella acarició el anillo de su collar.

- ¿Es de tu padre? - pregunté.

- Si - respondió.

- Y...¿piensas hablar con él? - volví a preguntar.

Volvió a suspirar.

- Creó que si - respondió - quizás podamos arreglar las cosas.

- Seguro que si - le dije sonriendo - ¿y desde cuando saliste de casa?

- Desde que tenía siete años - respondió.

- Y te encontraste con Thalía, Luke y Grover - dije sin querer.

Ella me miró sorprendida.

- Poderes de Apolo - respondí rápidamente.

- Ahh - dijo - pues sí, me encontré con Thalía y Luke, después nos encontramos con Grover.

- Ese pino es de tu primer año, ¿cierto? - pregunté.

- Cuando Thalía fue convertida - respondió.

- Beeeee, fue mi culpa - dijo Grover - debí de llevarlos todos a salvo.

- No lo es - dijo Annabeth - tú hiciste tu trabajo.

- Soy un sátiro torpe que se encontró con los dos semidioses más fuertes - siguió - soy un fracaso, tal como lo dijo el consejo de sabios ungulados, me dijeron que solo debía asegurarme de Thalía y de nadie más.

- Claro que no - respondió Annabeth - tú eres el sátiro más valiente que he conocido y con el corazón más bondadoso, ¿cierto Percy?

Aparté mi pie antes de que me pisara.

- Cierto, salvaste a Luke y a Annabeth - dije, luego lo miré severamente - no puedes cambiar las cosas Grover - le dije - ahora ya eres alguien mejor que aquel entonces, con una mejor experiencia, te he dicho que no debes decir esas cosas, ahora solo preocuparte por hacer alguien mejor de ti mismo.

Grover estaba templando un poco pero después se le paso.

- Tienes razón - me dijo - tengo que mejorar por mí mismo.

Después de esa conversión todos nos quedamos dormidos, desgraciadamente tuve un sueño, estaba en un salón para hacer un examen y tenía un chaleco de fuerza, a mi lado, estaba una chica, vestida y peinada al estilo punk, ella forcejeaba y después me miró.

- Pues alguien debe salir de aquí, ¿no, sesos de alga?

"Tiene razón" pensé "voy a volver a esa cueva y le diré a ese tipo lo que pienso"

Poco a poco comencé a liberarme y me encontré de nuevo en aquella cueva.

- Usted hace un buen honor a su nombre, el retorcido, pero ¿no habría sido posible que yo se lo trajera? - preguntó alguien, al parecer de nuevo estaba acompañado.

La presencia oscura se rio.

- Tú no podrías - respondió - ya me has fallado muchas veces.

- Pero...

- Aguarda, él está aquí de nuevo - dijo la presencia.

- Entonces me voy - dijo el sirviente.

El lugar cambió de nuevo, ahora estaba de nuevo en la sala de tronos de Hades, los muertos se me acercaron y decían: Percy, Percy, despierta.

Me desperté de un sobresalto, descubrí que Annabeth me estaba sacudiendo.

- ¿Qué pasa? - pregunté.

- El camión se ha detenido - respondió - escóndete.

Ella simplemente se puso su gorra de invisibilidad, Grover y yo tuvimos que acomodarnos detrás de los sacos de nabos, uno de los señores abrió la puerta y les aventó unos nabos a la centra y al antílope.

- ¿Tienen calor? - le preguntó al león y le aventó un chorro de agua, eso me hizo enojar - pronto nos vamos a deshacer de ustedes.

- Ayúdeme señor - escuché una voz en mi cabeza y descubrí que era la cebra - por favor señor.

Estaba algo sorprendido y después se oyó como tocaban la puerta.

- ¡Que quieres! - gritó el señor creyendo que era su compañero.

Sentía el chacra de Annabeth y no fue difícil para mí comprender su plan, los ruidos siguieron y al final el señor tuvo que salir.

- Debemos liberarlos - nos dijo Grover - el león dijo que planean algo horrible para ellos.

Al parecer podía oír hablar a las cebras, pero no a los leones, recordé que Poseidon había creado a los caballos y supe que era por eso, los tres abrimos las jaulas y Grover les dio una especie de bendición, le dije a Grover que porque no nos lo ponía también a nosotros y respondió que porque nada más era para los animales, para que encontraran un buen lugar.

Los mortales quedaron más que asombrados cuando vieron salir a nuestros tres acompañantes, corrieron tras ellos y los policías les preguntaron si tenían permiso para eso.

- No sabía que para soltar animales se necesitara de permisos - dije yo.

- Debemos irnos - nos dijo Annabeth y todos nos salimos de aquel lugar.

Nos dimos cuenta de que estábamos en las Vegas, andamos por las calles sin rumbo hasta que nos topamos con un gran edificio que decía Hotel y casino Lotus, en la entrada se encontraba un portero que nos invitó a entrar.

- No lo creo - le dije - no tenemos dinero.

- No se preocupen por eso - nos dijo - está muy claro que ustedes necesitan algo de ayuda, no tendrán que pagar nada.

Eso se me hizo algo muy raro, sentí su chacra y no era alguien normal.

- Adelante, pasen - nos dijo empujándonos.

Dentro todo era diversión, muchos juegos y pasatiempos, el portero nos dio unas tarjetas.

- Vayan a su habitación - nos dijo - esta es su tarjeta, pueden hacer todo lo que quieran.

- Ya le dije que no tenemos dinero - repetí.

- Todo esta pagado - contestó él - no se preocupen.

Los tres nos miramos y nos dirigimos a la habitación que nos había indicado, todo estaba bien ahí, una televisión, cuartos, baños, Grover y Annabeth se metieron a bañar y yo la verdad estaba algo asqueroso también así que decidí bañarte también, al salir, mis amigos ya estaban en la sala, todo estaba muy cómodo en ese lugar lo cual, era muy sospechoso, me acerqué a Annabeth que estaba viendo la televisión, al parecer era un programa de National Geographic.

- Con todos los programas que hay - le dije - ¿escoges National Geographic?

- Salen programas interesantes - respondió.

- Bueno, dejando eso de lado - le dije sentándome a su lado - ¿no crees que esto es muy raro y que podría ser una trampa?

Ella me miró.

- Tal vez lo sea - me dijo - pero no puedes negar que esto es muy increíble.

- Annabeth no descartes que puede ser una trampa - le dije - estate alerta.

- De acuerdo - me dijo.

- Oigan chicos - nos llamó Grover - tenemos estas tarjetas, ¿por qué no vamos a divertirnos?

- No creo que...

- ¡Es una muy buena idea! - gritó Annabeth y salieron.

- Genial - dije - y se supone que soy el líder.

No tuve más opción que seguirlos, ambos comenzaron a jugar lo que querían, yo estaba alerta y los porteros lo sabían por lo que me vigilaban, tuve que tomar también un juego, era uno de pistolas y disparan, no lo hacía mal, traté de no distraerme mucho y me di cuenta de que era casi hipnotizante, quisieras quedarte ahí por siempre, lo cual no era bueno, así estuve por lo que pareció un buen rato y me encontré con un niño.

- Hola, soy Nico di Angelo - me dijo.

- Hola yo soy Percy - le dije.

- ¿Quieres jugar conmigo? - preguntó.

- Mmmm, no lo creo - contesté - tengo que buscar unos amigos míos para entregarles algo.

- Que mal - me dijo - bueno, adiós.

De pronto volví a tener una visión, esta vez estaba un tipo al cual reconocí como un dios, veía a una niña y un niño que eran sido llevados a este lugar, supe que no debía intervenir en ellos, busqué a Grover y a Annabeth y pude escuchar por ahí como alguien decía, como enrolla, me giré a verlo, no sabía que aún se usaban esos tipos de expresión, de pronto pude ver como muchas de las personas iban vestidos de manera diferente, como de décadas pasadas, me di cuenta de que hasta yo me había distraído, ante esto me puse a preguntar la fecha.

- No lo sé - me dijo uno - creo que en 1988.

"¿1988?" pensé "eso es imposible"

Pregunté un par de veces más y eran fechas distintas, me puse a buscar a mis amigos lo más rápido que pude y una idea me llenó de terror, ¿cuánto tiempo había pasado desde que nosotros entramos?, por suerte no había olvidado casi nada, era Percy Jackson, debía rescatar a mi madre Sally Jackson, tenía una misión y recientemente había tenido un sueño y tenía algo importante pero no lo recordaba, encontré a Annabeth estaba jugando a Construya su ciudad.

- Annabeth, debemos irnos - le dije.

No me hizo caso, le agarré las manos.

- Annabeth tenemos una misión - insistí - tenemos que irnos.

- Cálmate Percy - me dijo - aún hay tiempo, diviértete.

Le agarré la cabeza.

- Arañas - le dije - peludas y grandes arañas.

Ella gritó y al fin pudo volver a la normalidad.

- ¿Cuánto tiempo ha pasado? - preguntó.

- No lo sé - respondí - pero debemos encontrar a Grover.

Nos pusimos a buscarlo y lo encontramos jugando a cazando al cazador, lo llamamos y nos apuntó con su pistola como si aún estuviera en el juego.

- Cálmate, hombre - le dije - tenemos que irnos.

Lo hicimos entrar en razón y nos dispusimos a salir de ahí, cada vez que dábamos más pasos hacia la salida el ruido de los juegos y el olor de la comida parecía intensificarse, salimos corriendo de ahí y cuando estuvimos seguros paramos a respirar en un quiosco, afuera estaba nublado, tomé un periódico para ver la fecha, afortunadamente estábamos en el mismo año pero, desafortunadamente estábamos el 20 de Junio, en un día sería el solsticio de verano, solo teníamos un día para cumplir con la misión.

POV. Orochimaru.

-Orochimaru sama- me llamó Kabuto- aquí está lo que me pidió.

Me entregó un sobre con la información de Sasuke kun, lo leí y sonreí.

-Bien hecho Kabuto - le dije - hora de armar mi plan.

Continuará...