Hola a todos. Como lo prometí, aquí de nuevo. Este arco está escrito de una forma bastante peculiar, cambiando continuamente la forma de escritura y relato. Como es el penúltimo arco, verán algunas cosas cerrarse, y todos los caminos juntarse en uno solo.

Espero les entretenga, mas sabiendo que muchos están haciendo cuarentena obligatoria o voluntaria. Y esta vez el cuídense va en serio y no como formalidad. Hasta el próximo fin de semana!


...


Parecía amanecer, dando aviso que comenzaba el día con los primeros rayos de sol entrando al cuarto donde descansaba nuestra heroína y líder. Sakura Kinomoto.

Parecía tener un sueño muy pesado, ya que simplemente dormía sin importarle mucho que estuviera en una cama de dos plazas… ¿Con alguien más?

—Ashy, no queda más comida… —balbuceaba aún en el séptimo sueño— Te comiste todo.

—Puedo comerte a ti, preciosa —le susurró de forma seductora quien la acompañaba, haciendo que Sakura se fastidiara un poco.

—¿Que me quieres comer? —de a poco, Sakura comenzó a despertarse muy confundida— ¿Que sucede? —con sus manos sintió el cuerpo de alguien más— ¿Eh? —abrió los ojos algo preocupada, y vio la espalda de una chica de cabellos morados— ¿Quién eres?

—¿Tan rápido me olvidaste, Sakura? —se dio media vuelta, y la intrusa comenzó a mirarla a los ojos de forma traviesa— No soy Ash, pero te doy permiso de comerme, y no con la mirada.

—¿Saku? —abrió de golpe los ojos, se sentó mandando a volar las frazadas, y notó que ambas estaban desnudas— ¡¿Eh?!

—Lo pediste tanto que no pude negarme —le contó muy maliciosa, mientras le guiñaba su ojo izquierdo—. No tendrás mucho, pero tú ingenuidad lo compensa.

Sakura gritó tan fuerte, que las aves del lugar salieron arrancando de los árboles. Quiso huir saliendo del cuarto, y cuando atravesó la puerta, se topó con una mujer… y algo más.

—¡Qué vergüenza…! —pero Sakura chocó con la mujer, rebotando su cabeza en sus pechos— ¿Eh? —se separó un poco, los miró, y comenzó a tocarlos muy impresionada— ¡increíble, son gigantes! Que envidia…

Pero Sakura terminó estampada en el suelo sin sentido.

—¡Mocosa atrevida! —le gritó furiosa— ¡Regresa a tu cuarto, y vístete! —abrió la puerta, y la entró a la fuerza— Indecente.


Capítulo 92: "El sexto gran poder"

Por fin vestidas y listas para empezar el día, las dos Sakura salieron algo más relajadas. Con la pelicastaña aún confundida por lo que había pasado, y la peli morada conteniendo la risa.

—¿Están listas? —les preguntó muy seria la misma mujer de cabello rubio, mirada penetrante, parada firme, y grandes pechos— Son las últimas en despertar, y las primeras en darme vergüenza.

—¡Lo siento mucho! —comenzó a disculparse muy asustada la pelicastaña.

—¡No quiero sus disculpas, Kinomoto! —le regañó muy enojada— ¡Dese una ducha y parta a desayunar!

—¡Pero si me acaba de decir que me vista! —le cuestionó algo fastidiada.

—No pretenderá andar con esos estropajos en esta escuela. ¿Verdad?

—¿Qué tiene de malo mi ropa? —se preguntó muy extrañada, mirándose con calma, notando algunos detalles.

—Está completamente destrozada por las batallas —le cuestionó muy incómoda la joven de Ecruteak, mientras llevaba su mano derecha a su nariz— ¡Y huele a sudor!

—Creo que tienen razón —se olió, he hizo un gesto de desagrado—. ¡Que horrible, y acabo de comprar el uniforme de secundaria!

—Le pediré a sastrería que intente repararlo, o hagan una réplica según tus pobres medidas.

—¡No es mi culpa, señora! —le gruñó de forma infantil.

—¡Señora tu abuela! —le gritó tan fuerte, que salió arrancando— ¡El baño está del otro lado!

—¡Lo siento! —y más asustada, cambió de dirección.

—¡En el baño tienes ropa de cambio! —le gritó su amiga peli morada, hasta perderla de vista.

—Más que distracción, nos está haciendo perder el tiempo —le cuestionó la señora.

—Aún no es completamente consciente de lo que sucede —comenzó a decirle Saku muy preocupada—. Puede parecer una pérdida de tiempo, señorita Tsunade. Para mí, es un tiempo muy valioso el que estoy ganando.

—Como hokage, debería cuestionar tus extraños métodos —le dijo algo desconfiada—. Pero el maestro Sarutobi les tenía mucha estima, muy en especial a Henry y Phil. Aun así, si noto algún movimiento extraño de parte de ustedes…

—Se está preocupando más de la cuenta —le respondió de forma arrogante—. Tengo todo bajo control, así que no es necesario que se meta.

—¡Soy el hokage de esta aldea…!

—No es por imponer puestos, pero yo soy una diosa. Estoy por sobre todo lo que existe —y sin mediar, la miró muy seria—. Aquí también metió sus narices Arades, y mi deber como guerrera guardiana es acabar con esto sin que nadie sufra —miró hacia el pasillo de salida, y comenzó a caminar—. Vamos al comedor. Los demás deben estar desayunando sin nosotros.

—La arrogancia es una característica que un guerrero tiene prohibido —le recriminó Tsunade—. Solo mira lo que hizo con Orochimaru.

—¡Estómago lleno, mente sana! —le respondió con entusiasmo Saku— Si hay algo que me enseñó Sato, fue a jamás ser débil de mente. Amor propio antes que a los demás, y creer en mis decisiones sin consultar a nadie, aunque esté equivocándome.

— Tienes demasiada confianza en ti misma —le negó mucho más tranquila—. Lo que menos deseo, es que suceda un ataque. Pero quisiera verte en acción.

—¿Verme en acción? —le preguntó de forma seductora, para después salir corriendo— ¡Si no llega, me comeré todo!

—¿Eh? ¡Chiquilla mal criada! — y partió corriendo tras ella.

Mientras tanto, la joven Kinomoto se encontraba en un baño estilo japonés, sentada en un pequeño banco mientras enjabonaba su cuerpo, pensando en todas las cosas que había sucedido, y en como algunas cosas no las lograba recordar.

—Tengo conciencia de cada batalla, pero tengo lagunas mentales —decía muy pensante, mientras miraba su esponja, y la presionaba para sacar más espuma—. Es como si esos recuerdos hubiesen sido borrados de mi cabeza. O como la espuma de esta esponja ¿Expulsados? — sacudió su cabeza con algo de fuerza, y volvió a concentrarse en su baño — Si no me apresuro, la señora Tsunade volverá a enojarse conmigo y me quedaré sin desayunar.

—¡Por fin el baño para mí sola! —se escuchó gritar de fondo una voz femenina, de forma triunfante— ¡Creía que nunca lo desocuparían…!

Muy extrañada, Sakura miró en dirección al acceso principal, notando como una joven de cabello rosado cerraba con seguro la puerta, y comenzaba a desnudarse, al tiempo que la mirada de las dos se cruzaba, algo perplejas… seguidas de un gritó muy corto, tapado por sus propias manos.

—¡Pon seguro a la puerta, tonta! —le regañó muy roja la intrusa.

— ¡Lo siento, es la costumbre! —se disculpó muy apenada, tapándose como podía— No suelo poner seguro en mi cuarto y en mi baño.

—Ten más cuidado para la próxima, Sakura —suspiró más aliviada—. Nunca sabes donde puedan aparecer pervertidos.

—¡Jeje! Creo que tienes razón, Sakura —le asintió algo nerviosa.

Ambas volvieron a mirarse muy extrañadas, y soltaron una pequeña carcajada.

—No me gusta las formalidades con mis amigos, pero creo que, por ahora, mejor usemos nuestros apellidos —le pidió la peli rosada en total confianza.

—Si —le asintió—. Parece que el nombre de Sakura es demasiado común, Haruno.

—¿Está bien si te acompaño, Kinomoto? —le preguntó algo incómoda, pero algo apresurada— Si no nos apuramos, nos quedaremos sin desayunar.

—Un poco de compañía me haría muy bien —le asintió muy feliz, mostrando que los prejuicios no era lo suyo.

La joven Haruno tomó otra banqueta, y sentó al lado de la card captor.

—No la han pasado muy bien. ¿No es así? —comenzó a preguntar la peli rosada.

—No puedo decir que la he pasado mal —le contestó de forma nostálgica—. Los conocí a todos ustedes, y eso me hace muy feliz.

—Ash también piensa lo mismo —le comentó—. Podría cuestionar tu respuesta, pero me imagino lo que me dirás. Mientras nos mantengamos unidos, todo estará bien.

—¿Como está Ashy? —le preguntó muy ansiosa la pelicastaña.

—Haciéndose cada vez más fuerte por ti… y por… Mis… ty… —le respondió con miedo— No eres de esas celosas sicópatas, ¿Verdad?

—¿Como podría ponerme celosa? —le preguntó muy extrañada, y tomar una mirada nostálgica— Es la reencarnación de la madre de Ashy, y la persona que más admiro y respeto.

—Por muy reencarnación que sea, no es la madre de Ash —comenzó a recordarle de forma maliciosa—. Fue su primer amor.

—Y lo acepto —le afirmó con seguridad—. Cuando quieres a alguien, lo quieres con su pasado, sea bueno o malo.

—No me lo tomes a mal, pero creo que Misty estaría muy bien con el —le cuestionó algo incómoda—. Dudo mucho que sea correcto que dos personas de distintas dimensiones tengan alguna relación de cualquier tipo…

—¿Crees que estoy siendo egoísta por un simple capricho? —a lo que la joven Haruno le asintió con algo de seguridad, y miedo— Creo que el amor es algo egoísta. No me interesa que otras chicas lo miren, siempre y cuando sea leal a mis sentimientos. Además, se perfectamente que lo que hacemos puede estar prohibido; los dos lo sabemos, pero no nos interesa. Seguiremos hasta que nos digan basta.

—Tienes un concepto muy extraño de la palabra egoísmo —le cuestionó la peli rosada muy intrigada.

—No sé qué definición tengas de egoísmo, pero por alguna vez en la vida, quiero pensar en mí misma, y en mi futuro.

—No tiene nada de malo —Haruno tomó su esponja, y miró a la pelicastaña—. Deja que lave tu espalda.

—¿Eh? —algo sonrojada, simplemente asintió— Hace mucho que no me lavo bien la espalda. Gracias.

—No tienes que dármelas —le negó, mientras comenzaba su tarea—. Hay cosas que no podemos hacer solos, por eso nos apoyamos. Así ha sobrevivido la humanidad. No necesitas que un chico en especial te de amor, también te lo puede dar algún amigo.

—¡Prefiero que solo laves mi espalda! —le pidió algo nerviosa.

—¡Vamos, no seas tímida! —le alegó de forma traviesa, abrazándola por la espalda— Todos nosotros te tenemos aprecio, muy en especial ese idiota de Ash.

—¿Muy en especial? —le preguntó muy extrañado.

—Quiero que le digas a Sakura que me espere, porque no quiero pelear solo —continuó Haruno con sus ojos cerrados—. No puedo solo. Ella es quien me motiva a seguir adelante.

—Ashy… —ante aquellas palabras, Sakura dejó caer lágrimas— Te extraño muchísimo.

—Él también te extraña muchísimo, y más —le asintió con alegría—. Pero también es consciente que no puede apurar las cosas.

—Primero derrotar a Arades, y después tendremos todo el tiempo que… podamos…

—Cuando regresamos a la aldea, estaban atacando ninjas de la aldea del sonido —comenzó a relatarle Haruno—. No entraré en detalles, pero fue la primera vez que Ash se sintió un inútil.

—¿Que sucedió? —aquellas palabras sí que habían preocupado a la card captor.

—Como venía conmigo, no tuvimos muchos problemas para entrar, pero habíamos llegado tarde —comenzó a decirle con rabia—. Se habían tomado la aldea, y asesinaron al gran hokage.

—¡Eso es terrible!

—¿De qué sirve tener tanto poder, si no tienes a quien proteger? Creo que Ash aprendió eso por las malas —muy molesta, la ninja se abrazó con fuerza a su amiga—. Tenía mucha rabia contenida, la cual liberó de muy mala forma. Orochimaru, quien lideraba la invasión, viejo alumno del gran hokage, murió en manos de Ash, borró por completo la invasión, y nos liberó. Para todos fue una victoria, pero para él, fue una terrible derrota.

—Lo que me cuentas, me hace sentir muy triste —le confesó con la voz entrecortada—. Hubiese querido estar con él para consolarlo.

—Creo que no hubieses logrado nada —le expuso—. Fue la única vez que Ash nos trató muy mal…

Hace un par de días atrás.

Al aire libre, en un campo de entrenamiento, se veía a Ash peleando contra su propia sombra, pero no como lo hacía de forma ocasional. Simplemente golpeaba el suelo sin sentido alguno. Sus manos se veían muy lastimadas, pero no le importaba, ya que su ira interna cegaba todos sus sentidos.

¡Maldita sea! —parecía llevar gritando lo mismo desde hace mucho— ¡Maldita sea!

Ash, no fue tu culpa —comenzó a decirle Ami muy preocupada—. Las cosas suceden por algo.

Si. Esto sucedió porque me confié —gruñó un poco más tranquilo—. Solo soy poderoso si me comporto como un cretino, pero si trato de hacer la cosas bien…

Tú haces lo que puedes —le cuestionó Sakura—. No puedes pretender salvar a todos, es imposible.

¿En verdad es tan fácil decirlo para ustedes? —les preguntó Ash muy molesto, mirándolas con odio.

¡No seas estúpido! —le gritó con la misma furia Sakura.

¡Ash, estamos haciendo lo mejor que podemos! —también le cuestionó muy enojada Ami— ¡Todos tenemos un límite!

¿Me están diciendo que tengo que ayudar a algunos y a otros no? —pero Ash solo aumentaba su ira con cada palabra.

¡¿Te entra por un oído y te sale por otro?! —ya furiosa, comenzó a gritarle Sakura.

Ash, para todos es muy difícil tener en conciencia que no podemos ayudar a todos. Lo único que podemos hacer, es trabajar con lo que tenemos a nuestro alcance.

¿En verdad puede hablar así alguien que lucha "por el amor y la justicia"? —le preguntó Ash en burla, haciendo énfasis en la arenga— Solo te limitas a ayudar lo que tienes a la vista. Lo peor de todo, es que lo haces porque te obligaron, no de corazón.

¡Suficiente, Ash Ketchum! —le gritó furiosa Sakura— ¡No voy a permitir que hables así de Ami!

¡Y yo tampoco voy a dejar que me hablen así! —para desgracia de ambas jóvenes, Ash estaba mostrando lo peor de él, intimidándolas acercándose a ambas— No sé cuándo les pedí que me acompañaran —pero antes que hiciera algo de lo que podría arrepentirse de por vida, prefirió dar media vuelta, e irse—. Déjenme solo. No quiero hablar con nadie.

Ambas, muy afectadas y aterradas, vieron a Ash irse, y desaparecer de su vista.

Debieron ser un poco más empáticas con él, señoritas —les dijo algo incómodo un hombre adulto, quien parecía haber escuchado toda la pelea.

¿Maestro Jiraiya? —las dos dieron una media vuelta, y solo pudieron ver el serio rostro del ninja, quien, pese a su actitud, mostró una sonrisa conformista.

Es el hijo de Henry. Se parecen demasiado.

¡¿Conoció al padre de Ash?! —Sakura parecía muy sorprendida por tal noticia.

A Henry no le gustaba quedarse quieto —comenzó a relatar con orgullo—. Una vez se quedó un día completo buscando la mascota de un niño del pueblo, hasta que la encontró.

En verdad le gustaba ayudar a los demás —comentó muy sorprendida Ami.

Era un niño muy orgulloso de sus acciones, aunque fueran equivocadas.

Lástima que abandonarlo no haya sido una acción como para sentirse orgulloso —le respondió muy molesta Sakura.

¿Abandonarlo dices? —le preguntó Jiraiya muy extrañado.

La mamá de Ash nos dijo que desapareció —comenzó a decir algo pensante Ami—. Ella no se sentía muy mal por aquello, pero Ash lo odia desde el fondo de su alma.

¡Me estás diciendo que…! —pero Jiraiya cerró su boca antes de seguir— ¡¿La mamá de Ash sobrevivió?!

¿Habla de De…? —pero antes que Sakura terminara su pregunta, Ami cerró de golpe su boca.

¿Por qué calló de golpe? —le preguntó la pelíazul muy extrañada— ¿Acaso sabe algo que nosotros no? —Sakura quiso acotar, pero fue callada de inmediato— Díganos, maestro Jiraiya. ¿Cuál es el nombre de la madre de Ash?

Eh… —pero Jiraiya no sabía que responder— ¿Carol?

Así que la señora Delia no es la madre de Ash —le recriminó Sakura muy molesta—. ¿Qué sabe usted?

¡Eso es! ¡Delia! ¡¿No se parecen los nombres?!

Ni en las vocales —le respondieron de reojo al unísono.

Es verdad —negó algo fastidiado—. Delia es su tía, y Henry era su hermano mellizo. ¡Chicas, se los pido, no le digan nada a Ash!

¿Por qué tanto secretismo? —le preguntó muy extrañada Ami.

En el camino les contaré todo —les pidió muy serio—. Vamos a buscar a Ash, antes que se pierda en el bosque.

Durante la búsqueda, el maestro Jiraiya les explicó sobre el conflicto que hubo hace catorce años, como la memoria de todos fue modificada, el sacrificio de Henry y su madre, los dos hermanos desaparecidos, y por qué nadie recuerda el nombre de la madre de los trillizos.

Solo a dos personas nos mantuvieron los recuerdos intactos. Uno que no tuviera relación alguna con la familia Ketchum, y otro que si lo tuviera y estuviera cerca de alguno de los tres niños.

Entonces asume que usted es uno de ellos —le preguntó Sakura, a lo que el Jiraiya le asintió—. ¿Dónde está el otro?

No sé quién será, tampoco sé si será alguien de su dimensión o de otra. De la misma forma, él tampoco sabe de mi identidad, pero sabremos quienes somos.

¿Y cómo lo sabrán? —le preguntó muy intrigada Ami.

¡Je! No lo sé —ante aquella desconcertante respuesta, las dos jóvenes perdieron el equilibrio—. Solo sé que lo sabremos.

¿Y cómo se llamaba la verdadera madre de Ash?

Si se los digo ¿Sabrán mantener el secreto? —les preguntó con mucha duda.

¡Somos dos tumbas! —le gritaron con ansias, haciendo un gesto como si sellaran sus labios con sus dedos.

De acuerdo. Al menos ustedes seguirán en el caso que algo me llegara a suceder —y después de esas palabras, hizo un silencio que solo era invadido por los nervios—. El verdadero nombre de esos niños es… —pero un grito a lo lejos interrumpió el momento— Parece que Ash está en problemas. Vayamos a ver.

Ahora comprendo a las chicas. Solo causa problemas —negó frustrada Sakura.

Sin mayores problemas, rápidamente llegaron donde estaba Ash. Había sido atrapado con una extraña venda por una mujer adulta, la que iba acompañada de una chica más joven.

¡Oiga, señora! —comenzó a reclamarle muy furioso Ash— ¡Les dije que quería estar solo!

¡Oye, más respeto a la gran Tsunade! —le gritó furiosa quien parecía su asistente.

¡Shizune! —le gritó algo molesta— No te había visto nunca. ¿Quién eres? ¿Y de dónde vienes?

¡Soy Ash Ketchum, y soy de Pallet Town! ¡¿Ahora podría soltarme?!

¿Dijiste Ketchum? —Tsunade parecía algo preocupada tan solo escuchar aquel apellido— ¿Y cómo sé que no fuiste tú quien atacó la aldea?

¡Jamás atacaría la aldea! —le recalcó con rabia— Pero reconozco que fue mi culpa la muerte del hokage.

¡¿Que el maestro Sarutobi está muerto?! —aquellas palabras calaron profundamente en Tsunade, quien comenzó a mirar con rabia a un Ash que parecía molesto consigo mismo— No. Tú no fuiste.

¡Tsunade! —pero la aparición y grito repentino de Jiraiya interrumpió el momento— ¡¿Que estás haciendo aquí?!

¿Jiraiya? —apenas lo vio, pasó de la sorpresa a la seriedad— Me enteré de que había una invasión a la aldea, y decidí venir lo más rápido que pude —volvió la mirada a Ash, y lo miró con rabia—. Pero parece que llegué demasiado tarde.

¿Sigues con eso…? —iba a comenzar a reclamarle Sakura, pero Jiraiya la interrumpió.

Ash, no puedes seguir culpándote por cosas que no te corresponden —comenzó a hablar de forma más conciliadora—. El maestro Sarutobi peleó para defender a su gente, y murió con orgullo y valor. Se que te hubiese gustado salvarlo, pero no puedes estar en todas las situaciones.

¡¿También me va a dar el mismo discurso?! —ahora le gruñó a Jiraiya.

Tsunade, ayúdame a llevar a este mocoso a la aldea —le pidió muy molesto—. Te mostraré algo para que madures.

¿Sucedió algo más?

Cuando lleguemos a la aldea lo verás —tomó a Ash por la camisa, y se lo llevó arrastrando.

Como si fueran tan importantes, Jiraiya y Tsunade entraron por la puerta principal, recibiendo un saludo militar. Sakura y Ami solo miraban a un Ash que no tenía valor de mirar a nadie, y eso solo las desalentó.

Creo que me parece bien —dijo completamente rendido—. Tengo que pagar mis errores.

Todos cometemos errores. Lo importante es aprender de ellos, pequeño Ash —le dijo Jiraiya con mucha paciencia.

Este no es el Ash que conozco —comenzó a decirle Sakura a Ami en voz baja.

No puedo creer que se haya rendido. El jamás lo hace —también le comentó en voz baja la pelíazul—. ¿Como podemos ayudarlo?

Y después de una pequeña caminata, se encontraron con Kakashi, quien parecía acompañado de dos personas más.

Los están esperando —les dijo muy serio, y después bajar su mirada a Ash—. Si tan amigo eres de Satoshi, Phil, o como quieras llamarle, entonces levanta esa mirada.

Amigo… —al nombrarlo, Ash simplemente bajó su mirada— Todo esto es mi culpa. Suéltenme, por favor.

¿Jiraiya? —Tsunade lo vio, y este le asintió con total seguridad— No hagas nada estúpido.

Hubiese llegado antes para evitarlo —le respondió Ash con rabia—. No me esconderé. Daré la cara a todo el pueblo, y recibiré el castigo que me corresponda.

Sin decir más, y a paso firme, Ash comenzó a caminar a la plaza central.

Kurenai, Might, ¿Tienen todo listo? —les preguntó Kakashi.

Nosotros tenemos todo listo —le respondió con seguridad Might.

Se lo que va a suceder. Aun así, prefiero escucharlo del mismo Ash antes —ahora le respondió Kurenai bastante más seria.

Todo depende del mismo Ash —les asintió Kakashi.

¿Me pueden decir que es lo que está sucediendo? —les preguntó muy molesta Tsunade.

Ash se paró a la mitad de un escenario previamente hecho, rodeado por toda la gente del pueblo. El entrenador no tenía valor de mirar a todos a los ojos, simplemente mantenía su mirada escondida bajo la gorra.

Les pido perdón a todos ustedes —comenzó a decir con la voz muerta—. Sé que no lo merezco, dejé que el gran hokage muriera frente a mis ojos, muchos hogares fueron destruidos, sufrieron por causa de la invasión… Y no fui capaz de actuar a tiempo… Recibiré el castigo que me impongan. No espero menos.

Después de aquellas palabras, el silencio total fue todo lo que quedó. Hasta que un pequeño aplauso interrumpió aquel momento.

No podía esperar menos del hijo de Henry —comentó entre el grupo Jiraiya, mientras aplaudía con orgullo tan humilde disculpa por, según él, algo que no hizo y no fue culpable.

¡¿Dijiste Henry?! —Tsunade parecía muy sorprendida al escuchar el nombre— Por eso me sonaba familiar el apellido —volvió su vista a Ash, y solo pudo aplaudirlo—. Es un muchacho muy noble, pero es muy ingenuo.

Si no fuera así, ni siquiera me hubiese llamado la atención —suspiraron Ami y Sakura al unísono.

Que chico con suerte —comentó algo celoso Jiraiya—. Dos novias, dos acompañantes enamoradas de él… Falta que haya dejado corazones rotos en cada puerto —ante aquellas palabras, ambas jóvenes rieron para sí.

No sé si rotos —le respondió Ami.

Pero son más enamoradas de los que podrían contar —le terminó Sakura.

Igual no tiene importancia —quiso terminar Ami—. Solo tiene ojos para Misty y Sakura, y nadie más.

De pronto, todo el pueblo comenzó a aplaudir de forma respetuosa al joven, quien levantó la mirada, y vio que todos le sonreían como si estuviesen agradecidos de él.

¡No seas idiota! —le gritó muy enojado quien estaba tras él— ¡¿Ya quieres subir, Kakashi?! Junté a todo el pueblo, como me lo pediste.

¿De qué está hablando, señor? —le preguntó Ash entre la intriga y la rabia.

Gracias Ibiki —le agradeció bastante relajado Kakashi—. Niño, eliminaste la invasión de la aldea y salvaste a sus habitantes y nuestros estudiantes. Fuiste capaz de no matar a ningún soldado, y eliminaste a Kabuto y Orochimaru. Eres un héroe.

¡Pero no fui capaz de salvar al señor Sarutobi! —le gritó muy enfadado.

Él sabía que no sobreviviría a tal ataque —le comentó Kakashi muy serio—. El peleó para proteger a los habitantes y estudiantes de la aldea, y cuando vio que llegaste, y supo quien eras, simplemente te entregó aquel testimonio para que siguieras su batalla. Peleaste como él esperaba, como un querido amigo de Satoshi, y el mejor amigo de Phil. Leal a tus convicciones, siempre queriendo proteger a todos, y siendo muy humilde con tu enemigo.

Señor Kakashi… —tras el maestro, Ash vio como Sakura y Ami también subían a acompañarlo.

Ami y Sakura estuvieron muy preocupadas por ti —le dijo Kakashi de forma conciliadora—. No me corresponde decir más. Tú sabes que debes hacer.

Chicas —Ash se paró frente a sus amigas, y las miró a los ojos—. Fui muy gro…

Eres el mejor chico del mundo, Ash —le declaró Ami muy feliz.

Nunca te abandonaremos. ¿No están para eso los amigos? —le preguntó con la misma sonrisa Sakura.

Amigas… —sin poder contener más la emoción, Ash se lanzó a abrazar a las dos, y ponerse a llorar— ¡Perdón! ¡No quiero volver a cometer más errores!

Prometer algo así es un error, joven Ash —le dijo Jiraiya, quien también subió a acompañar al grupo—. Nadie te pide que no cometas errores. Comételos sin miedo, y aprende de ellos. Así sabrás que hacer en el momento indicado.

No evitar los errores y aprender de ellos —miró a los ojos a las dos chicas, y notó como también lloraban con una sonrisa en sus rostros—. Perdón por hacerlas llorar.

¡No estamos llorando, idiota! —le regañó con felicidad Sakura.

Simplemente estamos felices de ver a Ash Ketchum de vuelta —le celebró Ami—. Por un momento creí que debíamos despertarte a cachetadas de nuevo.

¿De nuevo? —aquellas palabras dejaron algo interrogante al entrenador, pero ignorando aquellas palabras, limpió sus lágrimas— Intentaré no volver a preocuparlas.

Contigo es imposible —le recalcó Sakura de forma pícara.

Tengo una última orden de parte del gran hokage, Ash Ketchum —interrumpió Kakashi algo apurado.

¿Sucede algo?

Por orden del gran hokage, iré contigo.

¿Que vendrá con nosotros, maestro Kakashi? —le preguntó Sakura muy extrañada.

Lo ideal hubiese sido que Naruto, Sasuke y tú me acompañaran, como mis alumnos. Así que Hinata y Rock Lee vendrán con nosotros.

Preferiría que no me acompañen —le interrumpió Ash de golpe—. Los tres solos estamos bien.

Es cierto. Me doy cuenta —Kakashi revolvió un poco su cabello, y volvió la vista a Ash—. Pero es una orden…

Protejan a Sakura y a Misty —le pidió con ansias—. Si realmente me quieren ayudar, les suplico que lo hagan.

¿Sakura y Misty? —muy extrañado, Kakashi miró a su alumna.

¡Ni me mire! ¡Alcance de nombre! —le negó muy sonrojada, moviendo sus manos de forma nerviosa.

Kinomoto es su novia oficial. Misty es la extraoficial —le corrigió Ami de forma celosa, sonrojado a Ash a más no poder.

¡Ja! Todo un rompecorazones —le felicitó Jiraiya, mientras lo atrapaba y le daba coscorrones—. ¡No te las robes a todas!

¡Oiga, eso duele!

Ash, explicamos la situación para que comprendamos tu preocupación —ahora le pidió Tsunade, quien también subió a acompañar a los demás—. ¿Qué está sucediendo?

¡Ya suélteme! —le pidió muy desesperado Ash a Jiraiya, quien lo soltó con una mirada pícara— Las guerreras elementales. Seguramente Naruto y los demás están luchando contra ellas.

¿Guerreras elementales? —le preguntó muy extrañado Kakashi.

Ash, no tiene ningún caso que ocultes algo tan delicado —le comentó muy serio Jiraiya—. Puede que el ataque de hace unos días pocos le prestaron atención, pero fue mucho más peligroso que el ataque de Orochimaru.

Ahora que lo mencionan —intervino Ibiki muy serio—. Recuerdo que hace unas semanas, unos extraños seres atacaron la aldea, junto a un ser que tenía un poder que no podría describir, pero hacía parecer a Orochimaru como un bebé de cuna.

Esos fueron soldados de Arades, y las guerreras elementales son diosas —les aclaró rápidamente Ash, provocando un silencio muy incómodo—. Puedo sentir el poder de alguien extremadamente poderoso en este lugar, pero está sellado o encerrado. Tiene el poder de un dios.

No la nombres frente a todos —le pidió espantada Tsunade.

Es la menor de las preocupaciones ahora —le interrumpió de golpe Ash—. Su poder no significa nada para mí. Pero esas guerreras elementales me preocupan. No sé si tenga el poder de vencerlas.

¡¿Nos estás tratando de decir que los niños están peleando contra esas guerreras?! —Kakashi parecía muy espantado ante tal noticia.

No es necesario que les diga que están muertos. ¿Verdad?

No son chicas de mal corazón, señor Jiraiya —le negó Ash—. Estoy completamente seguro de que las están manipulado.

Muy serio, Ash miró al pueblo con detalle, cerró sus ojos, y se mantuvo en esa posición durante un minuto. Abrió los ojos, y volvió a mirar fijamente al pueblo.

Les sugiero que busquen algún refugio lejos de la aldea —y volvió la vista a Tsunade, Jiraiya e Ibiki—. Por favor, del método que sea, no me interesa. Informen no solo a este país, al planeta completo, que evacuen en cuanto puedan.

Emitiré una alerta de emergencia —le asintió Ibiki para luego desaparecer.

¿Comenzará una guerra? —le preguntó muy preocupada Tsunade.

Comenzará algo mucho peor que un guerra —le negó con preocupación—. ¡Escúchenme todos! ¡Su único deber es resguardar sus vidas! ¡Pronto aparecerá quien derrotará a Arades y el escuadrón de la oscuridad! ¡Eso se los aseguro!

No alimentes la fe de todos con tus esperanzas, Ash —le negó muy seria Ami.

No estoy alimentando nada —le negó con seguridad, pero muy serio—. Se que esa persona aparecerá, y nos salvará a todos. Te aseguro que la encontraré en nombre de…

¿Sakura y Misty? —le preguntó de forma pícara la ninja peli rosada, provocando el sonrojo en el joven.

Kakashi, será mejor que parta ahora —intentó distender el incómodo momento, abriendo lo que parecía un portal—. Hagan lo que puedan. Les suplico que no expongan sus vidas en vano.

Genial. Pasé de maestro a niñero —suspiró pesado Kakashi, al tiempo que Kurenai y Might se acercaban con Hinata y Rock Lee—. Esto no será fácil. ¿Saben cuál es su deber? —los jóvenes simplemente asintieron, y los tres partieron.

Fin de recuerdo.

—Te tengo una envidia enorme —le dijo Haruno a Kinomoto, mientras aún la tenía abrazada de las caderas—. No te voy a engañar. Ash es un chico espectacular.

—¿Por qué me dices algo así? —le preguntó la pelicastaña muy nerviosa.

—Se que es tu novio, pero también siento que eres la única persona a quién puedo confesarle algo así —le contestó mucho más tranquila—. Yo en tu posición, odiaría que viniera una cualquiera a confesarme algo así, pero tú eres completamente distinta. Tú eres la mejor chica del mundo.

—¿Sabes? —le comentó algo incómoda— No soy celosa, tampoco me interesa que otras chicas miren a Ashy, pero preferiría que no me contaran esas cosas.

—Discúlpame si te hice sentir incómoda —Haruno quiso despegarse de Kinomoto, muy incómoda por la situación, pero la pelicastaña se lo impidió—. Sakura.

—Así sería si fuera una desconocida, pero tú eres mi amiga —Kinomoto dio la vuelta, miró a los ojos de Haruno, y la abrazó—. Los amigos no se traicionan. ¿No cierto?

—Eso jamás —le afirmó, respondiendo con más tranquilidad al abrazo—. Apurémonos, o nos quedaremos sin desayuno.

—¿He? —la card captor abrió de golpe los ojos, y se separó de golpe— ¡Es verdad!

Ambas se quedaron mirando, recorrieron con su mirada sus cuerpos, y volvieron a mirarse con perplejidad.

—Estás plana como tabla, como dice May —le comentó la pelicastaña a la ninja.

— ¡¿Que?! —muy molesta, comenzó a gritarle mientras la indicaba— ¡Mira quién habla! ¡Tengo poco, pero al menos es algo! ¡Tú estás aún más plana!

Ambas volvieron a mirarse fijamente, y se largaron a reír.

—¿Después le preguntamos su secreto a la señora Tsunade? —le preguntó Kinomoto de forma muy descarada.

—No eres alguien que aprecie mucho su vida —le recalcó de reojo, y ambas volver a reír—. No perdamos el tiempo.

Mientras, en otro lugar, una joven pelíazul buscaba pacientemente algo en específico.

—Su presencia no debería ser muy distinta a otros dioses —se decía con calma la joven, quien sobrevolaba un enorme árbol—. Este es el lugar correcto.

Aquella joven tocó el árbol, y una luz se perdió en el cielo.

—Ambos tienen el mismo poder, así que no importa tu estado o donde te encuentres, puedo llamarte cuando quiera, Kaguya.

La joven comenzó a concentrar algo de energía, y de pronto, una columna de luz se estrelló a un lado de ella.

—Se que luchaste por la paz y la armonía, pero te traicionaron —le dijo aquella joven con voz sería.

—No me hables como si me conocieras —sin considerar un segundo, una extraña mujer se lanzó a acabar fieramente a quien la llamó.

—No vine a pelear contigo —el cabello de la joven comenzó a elevarse, y detuvo los movimientos de la recién llegada—. Puedo ser tu enemiga, o tu amiga. Tú decides, Kaguya.

—¡Imposible! ¡No se ha movido y me inmovilizó! —Kaguya estaba completamente impresionada y asustada— ¡¿Quién eres?!

—Mi nombre es Wind, la guerrera elemental del viento —la pelíazul volteó su mirada, y vio de forma inexpresiva a Kaguya—. Tienes el poder de un dios, pero no lo eres por completo.

—¡¿Quién te crees para hablarme así?! —la inexpresividad y frialdad con que hablaba Wind la había comenzado a molestar— ¡Soy una diosa, y me debes respeto!

—Eso debería decirte yo, humana —Wind solo agitó su mano, y Kaguya quedó libre—. A decir verdad, en estos momentos somos mucho más poderosos que un dios, pero no vine a hablar de eso.

—Dime para que me llamaste.

—¿Quieres ser una diosa de verdad? —Wind sacó una extraña esfera, y se la lanzó como si nada—. Supongo que conoces a Arades.

—El ser imposible vencer… —Kaguya tomó aquella esfera, la observó, y quedó petrificada— ¡¿No me digas que…?!

—Ese poder equivale al uno por ciento de su poder, pero tú sabrás utilizarlo correctamente. Podrás vengarte de los humanos que te sellaron.

—Así que el uno por ciento —Kaguya dividió aquella energía en siete esferas, y las absorbió en siete puntos distintos en su cuerpo—. ¿Qué tal si lo pruebo contigo?

—Me tiene sin cuidado que hagas con ella, pero te tengo una advertencia —le advirtió Wind—. En este mundo hay seres que aprecio mucho, como los animales y las plantas. Si llegas a lastimarlos, lo pagarás caro.

—¿Una simple humana amenazando a un dios? —Kaguya amplifico el poder de los dioses, y se lanzó a atacar a Wind— ¡No me hagas reír!

—Ya nos veremos —pero antes que alcanzara el ataque, Wind desapareció, quedando la guerrera con aún más ira y rabia.

—Es una imbécil —Kaguya comenzó a mirarse, y solo sintió satisfacción propia—. Será el uno por ciento, pero es más de lo que cualquier ser vivo puede aguantar —volvió a elevar su poder al máximo, y comenzó a expulsar rayos de energía por todos lados—. ¡No puedo perder, es imposible!

¿Como se desenvolverá la batalla contra Kaguya?

Está historia continuará…