Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.
Capítulo doce: Nos acercamos al inframundo.
Al saber la fecha en que estábamos no esperamos más para comenzar a correr, me di cuenta de que teníamos mochilas ahora.
—¿Y estas mochilas? —pregunté.
Ellos también se dieron cuenta en ese instante, de pronto escuché una voz.
—Son una recompensa, chaval —dijo.
No había nadie, pero supuse que era de Ares, se los hice saber a mis amigos y nos pusimos a buscar un taxi para que nos llevara a Santa Mónica, afortunadamente Annabeth pudo detener a uno.
—¿A dónde quieren ir? —nos preguntó el taxista.
—A Los Angeles —respondió Annabeth.
—Eso les costara caro —nos dijo —¿tienen con qué pagar?
Ella buscó en su chaqueta.
—Sí, aquí está —le dijo dándole su tarjeta del casino Lotus —si quiere puede probarla.
El conductor la recibió y probó, las luces comenzaron a brillar y en la pequeña pantalla apareció un signo de infinito, yo estaba sorprendido al igual que los otros tres, el chofer se giró hacia nosotros.
—Como digan, altezas —nos dijo.
Annabeth se sentó recta.
—Sí que te gusta lo de alteza —le dije bajito.
—Ya —respondió.
En el camino les dije a mis amigos del sueño que había tenido.
—El sirviente lo llamó con una clase de apodo —le dije.
—¿El silencioso? —preguntó Annabeth.
—No, no era eso —le dije —pero tengo un presentimiento de que no era Hades.
—¿Pero entonces quién? —preguntó Grover.
—Hades tiene muchos motivos para querer derrocar a sus hermanos —dijo Annabeth.
—Quizás —contesté —pero no lo sé.
—Hades dijo que el sirviente había fallado, ¿cierto? —preguntó Annabeth, yo asentí —quizás por eso es por lo que las furias estaban buscando el rayo con nosotros, porque creyeron que ya lo habíamos recuperado.
—¿Pero entonces por qué estaría viajando para ir al inframundo? —pregunté.
—Para chantajear a Hades —respondió Grover —para que te devuelva a tu madre.
Silbé.
—Ese es un buen plan —dije, mis amigos solo me miraron —pero yo serían incapaz de hacer algo así —les dije rápidamente.
—Esperemos que no lo hagas —dijo Annabeth —además, tiene que ser Hades, tiene mucho rencor y todo encaja con él.
Me di cuenta de que Annabeth estaba un poco pálida, me pregunté si se había creido lo del chantaje, era eso o, que se hacía una idea de quién más podría ser.
—¿Tienes alguna idea? —le pregunté.
—No, yo creo que fue Hades.
—¿Y si estamos culpando injustamente? —pregunté.
—No lo creo —dijo Annabeth —como dije, todo encaja.
—Si tú lo dices —contesté.
Era muy obvio que la otra posibilidad de Annabeth era algo que le atemorizaba que prefería culpar a Hades, pero ¿quién sería?
"Piensa Percy, piensa" me dije a mi mismo.
El dios que mandaba ahí era Hades, supuse que también se encontraba ahí Tánatos, mis sueños habían sido de una fosa, ¿a quién habían echado en una fosa?, recordé la pintura de Cronos comiéndose a sus hijos, ¿acaso era él?, de pronto recordé el apodo, era el retorcido, decidí no decirles nada a mis amigos, capaz que se asustaran.
Cuando llegamos a nuestro destino nos dirigimos inmediatamente a la playa, el agua estaba algo sucia y sí que sentía que estaba en un lugar distinto.
—Debemos buscar que es lo que vamos a hacer —nos dijo Annabeth.
Yo simplemente caminé hacia el mar sin detenerme, aún no comprendía como es que podía ser hijo de alguien muy poderoso.
—Percy no lo hagas —me dijo Annabeth —¡el agua está sucia!
Yo no la escuché y el agua ya llegaba a mi cintura.
—¡Percy! —volvió a gritar.
Yo me sumergí en el agua y por suerte, no me pasó nada, seguí sumergiéndome hasta abajo, estaba mirando al rededor cuando de pronto sentí que algo estaba cerca de mis piernas, miré hacia abajo, estuve a punto de saltar cien metros hasta arriba al ver que era un tiburón mako, estaba sorprendido, lo curioso era que no parecía querer hacerme daño, supuse que era por ser hijo de Poseidón, se acercó a mi e intentó hacerme saber que lo agarrara, era la primera vez que me pasaba algo como esto, pero me sujeté a él, me llevó por el mar, debajo de nosotros habían muchos bancos de peces y no tardamos mucho para parar, me solté de él.
—Percy —me llamó alguien.
Parecía ser la misma voz que de la nereida del rio Mississippi, me volteé y ella poco a poco comenzó a aparecer montada en un caballito de mar, en cuanto se bajó, el tiburón el caballito de mar comenzaron a jugar juntos.
—Gracias por haber venido hasta aquí —me dijo.
—Bueno, ¿qué es lo que tenía que decirme? —le pregunté —creo que nos hemos distraído un poco.
—Ya veo —me dijo —tu padre sabe que van a bajar hasta el inframundo y me encargó que te diera esto, solo tienen que aplastarlos y podrán salir de ahí.
Me enseñó tres perlas preciosas que tenía en la mano.
—¿Y esto? —pregunté.
—Les servirán para salir del inframundo —respondió —tómalos.
—Genial —dije —¿y cuál es el precio?
— ¿Precio?
—Creo que nada es gratis, ¿o sí? —le dije alzando la ceja.
—Tienes razón —respondió —tendrás que esperar para saber.
— ¿No me lo podrías decir ahora mismo? —le pregunté.
—No puedo hacer eso —me dijo —pero creo que usted sabrá qué hacer.
—¿Eso crees?
—Por supuesto —respondió sonriendo —ten confianza en ti y estoy segura de tu padre está orgulloso de ti.
—Mi padre...
Tardé un poco en entender que se refería a Poseidón, digo...en estos días yo consideraba más al señor Orochimaru como mi padre, pero me propuse a tratar de acostumbrarme a que el dios Poseidón también lo fuera.
—Supongo —dije algo inseguro.
—Me tengo que ir —me dijo.
Yo asentí con la cabeza, se subió al caballito de mar y se fue, después de eso yo también me subí de nuevo al tiburón mako y me llevó de regreso.
—Gracias chico —le dije.
El asintió y se fue, yo nadé haca la superficie y me acerqué a mis amigos.
—¿Qué pasó? —preguntó Annabeth.
—Me dieron estas tres perlas —contesté —me dijeron que nos iba a servir para salir del inframundo.
—Guau —dijo Grover.
Annabeth los miró con desconfianza.
—¿Y cuál es el precio? —preguntó.
—Lo mismo pregunté —le dije —pero me dijo que tenía que esperar.
—Espero que nos sea algo malo —dijo.
—Igual yo —respondí.
—Entonces supongo que nos ponemos en marcha de nuevo —dijo Grover.
—Así es —dije.
Y así volvimos a nuestro viaje, nos subimos a un autobús con la ayuda de algo de dinero que estaba en la mochila, preguntamos si sabían dónde estaba la dirección que había tomado de medusa, pero desafortunadamente no lo sabían.
—Al propósito —dijo el conductor mirándome —creo que ya te había visto antes.
—Mmm, si seguramente fue en la tele —le contesté de rápido —yo doblo a varios niños famosos.
—Supongo —contestó, solo esperaba que no recordara nada de donde me había visto.
Después de eso volvimos a las calles buscando donde estaba esa dirección, pronto estaba comenzando a anochecer, nos topamos con varios pandilleros y demás personas, en uno de los vidrios vi que estaba saliendo en la tele mi padrastro, me detuve, él estaba fingiendo estar triste por mi madre y diciendo que yo era un delincuente, la reportera decía que todos se cuidaran de mí, eso me hizo enojar que, sin saber, hice sellos de manos y rompí el cristal.
—Vámonos Percy —me dijo Grover alejándome.
—¿Qué fue eso? —preguntó Annabeth.
—Nada que tenga que explicar ahora —le dije y me puse en marcha.
Nos adentramos en un callejón, ya era de noche ahora, de pronto oí que alguien nos llamaba, fingí no escucharlos y seguí caminando con mis dos amigos, no estaba de un buen humor.
—No se detengan —les dije.
Al ver que no les hacíamos caso, corrieron y nos rodearon, casi todos con navajas.
—¿Qué hay? —les pregunté tranquilo.
—¿No saben que es de mala educación ignorar a quién te está llamando? —preguntó el tío del medio.
—Perdónenos —le dije —nosotros tenemos problemas de audición, por eso escapamos de casa, ¿tú escuchaste algo Annabeth?
—Yo no escuché nada— respondió —¿y tú Grover?
—¿Qué cosa Annabeth? —fingió Grover.
—¡Que si tu no escuchaste que nos llamaban! —dijo ella para luego mirar sonrientemente a nuestros atacantes —él es el peor.
—Bueno como sea —dijo el tipo —deberán darnos todo lo que traen.
—Oye, hombre —le dije —¿acaso no saben que es de mala educación apuntar a las personas con armas?
—¿Importa? —dijo.
—En ese caso —le dije sacando a contracorriente —supongo que no tendrán ningún problema para que saque el mío.
Ellos se miraron nerviosos, Annabeth y Grover solo me miraban sorprendidos.
—¿Qué pasa? —pregunté burlón.
El del medio me miró molesto y me atacó con su navaja, lo esquivé por supuesto y lo noqueé con el mango de mi espada, iba a hacer lo mismo con los otros, estaba enojado, pero Annabeth y Grover me agarraron y me arrastraron lejos de ahí.
—Bueno chicos —dijo Annabeth —fue un gusto conocerlos, pero ya nos tenemos que ir.
—Suéltenme ya —les dije —no haré nada.
Escuchamos como algunos tipos se nos acercaban corriendo.
—Me retracto —dije volteando —al parecer quieren pelea.
—No Percy —me dijo Grover —no hagas ninguna locura
—Grover tiene razón— me dijo esta vez Annabeth— ya hiciste suficiente, vayamos a escondernos de esos tipos.
Les hice caso a regañadientes y comenzamos a correr, nos metimos en lo que creí era una tienda, oímos como los mortales pasaban de nosotros corriendo.
—Que alivio —dijo Grover.
—Mejor que pelear —agregó Annabeth.
—Hubiera sido un problema si esos chicos los hubieran encontrado —dijo una voz a nuestra espalda.
Todos nos volteamos, frente a nosotros se encontraba un tipo que parecía de una edad algo avanzada, no tenía pelo, su piel era gris áspero, párpados gruesos, una fría sonrisa de réptil y un chacra que definitivamente no era humano, avanzó hacia nosotros.
—Soy Crusty —nos dijo.
—Mmm, genial —dije yo —sentimos molestarlo, nos iremos ahora mismo.
—No hay problema —nos dijo —siempre es lo mismo, cada vez que alguien es tacado por esos pandilleros, se esconden aquí, pero no hay problema.
—Bien, gracias Crusty, pero tenemos prisa —dije tratando de salir con mis amigos.
—No se vayan —nos dijo Crusty —vendo camas de agua, ¿quieren ver algunas?
—No gracias —dije.
—¿Ustedes que opinan? —dijo jalando a mis amigos.
No tuve más opción más que ir tras ellos, debía tener cuidado ya que era un monstruo, cuando nos habíamos encontrado con medusa había dicho que le llamáramos tía M, ¿acaso su nombre de este también era una pista? y tenía camas, Crusty, Crusty, no se me ocurría nada.
—Esta son las camas que tengo —nos dijo —pueden probar alguna si quieren y les puedo ayudar a escoger cual es la mejor para ustedes.
Se acercó a una cama que estaba a la izquierda.
—Mira, creo que esta es buena para ti —le dijo a Grover —prueba esta cama.
—Per...pero —trató de protestar.
—Tranquilo, puedes probarlo —le dijo Crusty y lo obligó a Grover a acostarse.
—Guau —dijo Grover —se siente genial.
—¿Estas bien? —le pregunté.
—Por supuesto —respondió —deberían probar alguna.
—Por supuesto —dijo Crusty —les ayudaré a encontrar también el adecuado para ustedes.
Yo no quería meterme a ninguna de esas camas, pero Crusty siguió buscando y encontró una cercana a la de Grover.
—Creo que esta es para ti —le dijo a Annabeth —pruébalo.
Annabeth lo hizo y, al igual que Grover, dijo que se sentía excelente.
—Yo no quiero probar ninguna cama —le dije a Crusty.
—Es una pena —me dijo.
Volteó hacia mis amigos y los examinó.
—Casi —dijo.
—¿A qué te refieres? —pregunté.
—Verás, todas las camas están hechas para una medida —explicó —tus amigos no alcanzan así que tendré que remediarlo, ¡Ergo! —gritó mientras chocaba los dedos.
Muchos cables salieron de las camas y sujetaron a mis amigos de las manos y pies estirándolos completamente, traté de no inmutarme, necesitaba sacarlos de ahí.
—¿Qué haces? —le pregunté.
—Solo los voy a estirar un poco —respondió —odio las imperfecciones.
Me mantuve en el mismo lugar mientras mis amigos gritaban por el dolor lo cual, lo sorprendió.
—¿No intentaras huir? —preguntó.
—La verdad no —respondí —a menos que intentes hacerme lo mismo, ya me estaba empezando a cansar de ellos, no me dejan hacer lo que quiero.
—¿En serio? —preguntó.
—Sí, me parecen increíbles tus camas de agua —le dije —creo que son las mejores.
—Por supuesto que sí —respondió sonriendo —¿quieres que te muestre más?
—Por supuesto —respondí.
Fuimos viendo cada cama y lo halagaba por ellos, él estaba más que contento y yo aún no había averiguado que monstruo era.
—Por cierto —le dije —tu nombre no es Crusty, ¿cierto?
—Exactamente —contestó —en realidad es Procrustes.
—Procrustes —repetí —el estirador.
Recordé inmediatamente su historia, Teseo se había enfrentado a él.
—Pero decidí cambiarlo —explicó Crusty —ya que nadie podría pronunciarlo y sería malo para el negocio.
—Tienes razón —le dije —sería algo muy malo.
"Sobre todo para atrapar a pobres semidioses" pensé.
—Sería una pena que el negocio se perdiera, ya que en verdad eres muy bueno en esto —¿Verdad que sí? —preguntó.
—Por supuesto, al propósito —le dije poniendo cara de duda —dijiste que cuando no alcanzaban las medidas los estirabas, ¿pero que hay cuando se pasan?
—Eso es muy fácil —respondió —solo los tengo que cortar.
—Increíble —silbé de asombro —¿y si me muestras más camas?
—Con todo gusto amigo —respondió —mira este, ¿apoco no está genial?
Me acerqué a la cama.
—Supongo —le contesté.
— ¿Supones? —preguntó —es muy cómodo.
—Pero yo quisiera una prueba —le dije —¿qué tal si me lo demuestras?
—¿Yo? —preguntó.
—Por supuesto —le dije sonriendo —con eso me probarías que tus camas son de una excelente calidad.
Crusty dudó un poco, pero al final cedió.
—De acuerdo —dijo.
Se dirigió a la cama y se subió, la cama era algo más grande que él.
—¿Lo ves? —me dijo —esta excelente.
—Ya veo, también que usted no está en la medida correcta —dije —supongo que tendré que arreglarlo.
—¿Cómo? —preguntó a punto de levantarse.
—¡Ergo! —grité chocando los dedos antes de que se levantara.
Las ataduras lo sostuvieron enseguida que ya no se pudo mover.
—Espera, es solo una prueba —me dijo.
—Solo voy a hacer unos pequeños ajustes —le dije sacando mi espada.
El empezó a gritar varias ofertas, pero no lo escuché bien, en la cabeza me vinieron varias imágenes de mortales y semidioses inocentes que habían caído en su trampa, sin dudarlo acabé con él y como siempre, se deshizo en polvo, me acerqué a Grover y Annabeth y los liberé.
—Te ves un poco más alta —le dije a Annabeth.
—Muy gracioso —respondió —¿podrías apurarte la próxima vez?
Me acerqué al mostrador de Crusty y ahí pude encontrar la información que necesitaba, se los dije a mis amigos que aún seguían quejándose por el dolor.
—Necesitamos un plan —dijo Annabeth.
—Eso creo —dije yo —¿alguna idea?
—Tendremos que pasar a Caronte —dijo Grover sobándose las muñecas —no deja pasar a los vivos.
—¿Podemos chantajearlo? —pregunté.
—No lo sé —respondió Grover.
—Podríamos intentarlo —nos dijo Annabeth mirándome —o también podrías…no sé...manipularlo con tu ojo raro, como si controlaras la niebla.
—Se llama sharingan y no es raro —le dije —algún día le pediré a Quirón que me enseñe a controlar la niebla y no estoy seguro de hacer eso.
—Tendrás que intentarlo —me dijo decidida.
—Bien, de acuerdo, de acuerdo— le dije resignado —siguiente punto, can cerbero.
— ¿Cómo podríamos pasarlo sin ser devorados? —preguntó Grover con algo de escalofríos.
—A los perros les encanta las pelotas —dijo Annabeth buscando algo en la mochila —miren aquí hay una roja.
—Genial Annabeth —le dije —se nota que eres hija de la diosa Atenea.
Ella solo se sonrojó.
—Se está haciendo más de noche —nos advirtió Grover.
Tenemos que hacerlo hoy mismo —les dije —es mejor que ya nos vayamos.
Mis dos amigos me apoyaron y nos dirigimos allá.
Continuara...
