Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.
Capítulo trece: Encuentro las dos cosas perdidas.
Ya estábamos en la entrada del edificio donde se suponía que estaba la entrada al inframundo, los tres nos miramos y asentimos, era hora.
Entramos lentamente, el lugar estaba oscuro y lleno de almas de personas, nos acercamos al mostrador donde estaba sentado un hombre vestido al estilo italiano, no podía verle bien la cara, en la mesa estaba escrito un nombre, tardé un poco en descifrar lo que decía y lo que entendí era que decía Quirón, eso no puede ser, pensé, el otro nombre que se me ocurrió que se parecía a ese nombre fue Caronte y tenía más sentido ya que él transportaba las almas, supuse que todos los que estaban ahí eran los que no tenían con que pagarle a Caronte.
- Disculpa por la molestia Caronte - le dije inseguro, no sabía que decir, pero traté de actuar seguro - mis amigos y yo quisiéramos ver al tío Hades.
Caronte alzó una ceja hacía nosotros y se acercó para olernos.
-Disculpa pequeño semidiós - me dijo - pero yo solo paso a los muertos y es muy evidente que ninguno de ustedes no lo está.
- ¿Eso significa un no? - pregunté.
- Exactamente, es un no.
- Que mal, y nosotros que pensábamos hablarle a Hades acerca de que te diera un aumento de sueldo como agradecimiento de ayudarnos - dije poniendo cara de tristeza - debes de hacer un duro trabajo atendiendo a las almas de todos los mortales, pensamos que tú merecías más, así que, aparte de hablarle a Hades, también pensamos en darte algo nosotros también.
Saqué todas las dracmas que me quedaban hasta ahora junto con la de Annabeth y Grover, a Caronte se le iluminaron los ojos.
- ¿En verdad iban a hacer eso? - preguntó esperanzado - hasta ahora nadie le había importado mi trabajo, en verdad es duro estar aquí y ser como la niñera de todos estos.
- Ya me lo imagino - le dije apoyándolo - por eso es por lo que pensábamos hablar con él - hice como si ya me estuviera yendo - pero como no quieres, entonces será mejor que nos retiremos.
- ¡Esperen! - nos detuvo, sonreí internamente - puedo ayudarlos, ya que ustedes son muy generosos.
- ¿En verdad?, creí que solo pasabas a los muertos - le dije.
- Pero puedo hacer una excepción por ustedes - respondió levantándose - todo por ayudarlos, y claro, para que también me ayuden a mí.
- Excelente, entonces es un trato - le dije dándole las dracmas, me volteé a mis amigos - es hora de irnos.
Caronte nos dirigió a un elevador, apartando a las almas que estaban por ahí, en cuando se cerró el elevador comenzamos a bajar, pero entonces, cerré los ojos por un momento y al abrirlos nuevamente nos encontramos en una barca sobre un rio, Caronte ahora vestía una túnica, su cara era imposible de ver, de echo era casi como transparente, en el rio flotaban muchas cosas sobre ella.
- ¿Qué es todo esto? - pregunté curioso.
- Son todos los sueños y esperanzas perdidas de los mortales - respondió Caronte.
Pude ver un reloj antiguo, muchos títulos de profesiones, incluso llegué a ver un sombrero como el del hokague, supuse que era de alguien que quiso ser hokague, vi muchas otras cosas en ese rio por un rato hasta que Caronte paró en la orilla.
-Ya hemos llegado - nos informó - es hora de que se bajen.
Primero bajaron Annabeth y Grover, luego bajé yo.
- Espero que sobrevivas para decirle a Hades lo del aumento - me dijo Caronte - se necesita más ante suerte para salir de aquí.
- Yo también espero sobrevivir - le dije - gracias por los ánimos.
Me baje rápidamente de la barca y Caronte se alejó.
- Genial amigos -les dije - ya pasamos una prueba.
- Yo espero seguir pasándolas - dijo Grover - en serio.
- Bueno, entonces será mejor apurarnos - dijo Annabeth.
Todos asentimos y nos pusimos en marcha de nuevo, pronto vimos a todas las almas dirigirse a la misma dirección, así que decidimos seguirlos, mientras nos acercábamos más, la imagen de can cerbero se hizo más claro, supuse que era porque nos acercábamos a nuestra muerte, pronto estuvimos frente a él mientras nos gruñía.
-Tu turno Annabeth - le dije retrocediendo - nosotros nos haremos a un lado.
Jalé a Grover un poco retirado de Annabeth mientras ella se preparaba.
-Muy bien, es la hora - le dije bajito - es hora de nuestro plan.
-De acuerdo - respondió determinado.
-Esa es la actitud - le dije sonriendo.
Él solo bufó.
-Ya apúrate, Annabeth no va a tardar mucho.
-De acuerdo, de acuerdo - le dije - entonces primero quítate el calzado.
Él hizo lo que le pedí sin rechistar y se puso otros.
-Muy bien - le dije sonriendo, inmediatamente hice el sello de mano - jutsu clones de sombra.
Puf, apareció un clon mío.
-Increíble - dijo Grover claramente sorprendido.
-Y ahora - dijo mi clon - jutsu de transformación.
Puf, se transformó en Grover.
-Doblemente increíble - volvió a decir.
- ¡Chicos, ya está! - gritó Annabeth.
-Démonos prisa - dije apurándome mientras el clon se ponía el calzado - Grover escóndete y síguenos el paso.
-De acuerdo - y se fue a esconder.
El clon y yo nos dirigimos a Annabeth como si nada hubiera pasado.
-Vámonos - nos dijo mientras le lanzaba una vez más la pelota a can cerbero.
Todos nos dirigimos adentro y pronto nos encontramos en los campos asfódelos, todo estaba gris, almas deambulando como si no supieran nada de nada, logramos visualizar un poco los campos elíseos y la isla de los bienaventurados, continuamos caminando con el verdadero Grover siguiéndonos, sentía bien su chacra, nos dirigíamos justo al palacio de Hades cuando pasó lo extraño.
-Beeee, algo me está jalando - dijo mi clon en una perfecta imitación de Grover.
De pronto empezó a volar y ser arrastrado hacia atrás.
-Grover, baja ya, nos vas a delatar - le dijo Annabeth.
-No puedo controlarlo - respondió - Maya, Maya.
Sus intentos no dieron resultados y fue jalado con mayor intensidad.
-Tenemos que seguirlo - le dije a Annabeth.
Sabía que era solo un clon, pero quería confirmar mis sospechas, todos lo seguimos y eso nos dio como resultado el encontrarnos cerca de una fosa, si, la misma fosa de mis sueños, el clon estaba cerca de caerse, tan solo estaba agarrado de una roca que estaba ahí.
-Tenemos que ayudarlo - dijo Annabeth preocupada.
-Tranquila Annabeth - le dije tratando de calmarla - el verdadero Grover esta de tras de nosotros, ese es solo un clon mío transformado en Grover.
- ¿Qué? - preguntó confundida.
-Tan solo confía en mi - le dije.
Recordé que mi padre me había dicho que cuando deshacíamos un clon, todos los recuerdos y sensaciones se nos pasaban hacía nosotros, bueno, yo no quería saber cómo era el tártaro nunca, así que deshice mi clon, el calzado no desapareció y fue arrojado a la fosa.
-Vámonos de aquí - le dije jalando a Annabeth.
Nos retiramos corriendo y nos encontramos con Grover.
-Beeeee, eso estuvo cerca - nos dijo.
- ¿Pueden explicarme? - preguntó Annabeth mirándonos.
-Pues vi algo extraño en ellos con el sharingan - le expliqué mientras me sentaba, justo como me habían dicho, los recuerdos y el esfuerzo se habían pasado a mí, pero otra cosa extraña era mi mochila que ahora parecía más pesada - es por eso por lo que hicimos este plan.
-Y decidieron no decirme nada - me dijo Annabeth acusadoramente - creí que éramos amigos.
-Lo somos - le dije rápidamente - es solo que no quería preocuparte, además fue un plan precipitado.
Ella solo suspiró.
-De acuerdo - dijo al fin.
-Genial - dije.
Abrí mi mochila para ver qué era lo que sentía tan pesado y tuve una enorme sorpresa al ver lo que se hallaba dentro.
-Esto no puede ser - dije muy, pero muy sorprendido - esto no estaba aquí.
- ¿Qué cosa? - preguntaron Grover y Annabeth acercándose.
Les mostré lo que había dentro y ellos quedaron igual de sorprendidos que yo.
- ¿Qué haces con el rayo maestro? - preguntó Annabeth.
-No lo sé - respondí - esta mochila nos lo dio Ares.
Annabeth lo entendió inmediatamente.
- ¿Acaso él es el ladrón?
-No se me ocurre otra cosa - respondí yo - y fue cuando estuvimos en los campos de asfódelos cuando lo comencé a sentir pesada.
-Y entonces arrastrar a Grover era parte del plan para...para...
-Para dárselo al titan del tiempo- dije tratando de no nombrarlo.
-Y el que te dio el calzado fue...fue…Luke - terminó de decir Annabeth algo pálida - un hijo del dios de los ladrones, estuvimos en el solsticio de invierno en el olimpo cuando el rayo fue robado, pero entonces quizás Ares lo descubrió, entonces tuvo que persuadirlo y así él nos entregó las mochilas para que le diéramos el rayo al titán del tiempo.
-Increíble deducción - silbé de asombro - pero quizás no debamos adelantarnos.
-No Percy - me dijo - es por eso por lo que no me dijeron del plan, sospechaban ya de Luke - me miró seriamente - no me mientas, somos amigos.
Bajé la mirada resignado, pero también pensé que era lo correcto.
-Así es - respondí - fue por eso, pero yo creo que Luke tiene buenas intenciones solo que ha tomado un camino equivocado, cuando llegué al campamento me dijo que podía contar con todos, que eran mi familia y pude ver sinceridad en él.
- ¿Tú crees? - me preguntó ella.
-Por supuesto.
-Yo también lo creo, beeeee - apoyó Grover.
Annabeth sonrió, pero después volvió a expresión seria.
-Tenemos que apresurarnos - nos dijo.
-Tienes razón - dije yo también - debemos devolver esto a su dueño.
Todos nos pusimos en marcha de nuevo, pero por desgracia nos encontramos con las tres furias, como amaba mi suerte.
-Ustedes nos acompañaran con Hades - dijo la antigua señora Dods.
- ¿En verdad? - pregunté - es que ya nos tenemos que ir.
Ellas solo rieron.
-No lo creo cariño - me dijo mi antigua maestra.
Fuimos llevados ante Hades, escoltados por un montón de guerreros esqueletos, no teníamos opción, la sala de tronos era igual que como en mis sueños, aun lado de Hades se encontraba un trono con algunas flores marchitas, supuse que era de Perséfone.
-Al fin te conozco, sobrino - me saludó Hades.
Era un tipo que me recordó un poco a Hitler, llevaba una especie de túnica griega que tenían varios rostros de almas.
-Ummm, si - contesté algo inseguro – a mí también me da gusto conocerlo tío.
- ¿Y a qué vienes aquí?, ¿por qué traes eso aquí? - empezó a preguntarme - ¿acaso no estas satisfecho con haberme robado?, supongo que a cambio de que me devuelvas lo que me pertenece quieres de regreso a tu madre.
Extendió la mano y mi madre apareció como congelada en el tiempo, tenía la misma expresión.
-Devuélveme lo que me robaste - me dijo Hades.
Yo estaba confundido.
-Pues, respondiendo a sus preguntas - comencé a explicar - estamos aquí porque vinimos a buscar el rayo y lo encontramos, entonces estábamos por regresar cuando las furias nos trajeron aquí, y por cierto, Caronte nos pidió que te hiciéramos saber que quiere un aumento de sueldo, el rayo está aquí porque pusieron una trampa en el que solo apareció cuando estuvimos lo suficientemente cerca de aquí, tercero, no recuerdo haberle robado nada, de hecho yo ni siquiera sabía que era un semidiós en el solsticio de invierno, y en canto a mi madre, pues ella no tiene la culpa de nada.
-No te hagas el inocente Perseo Jackson - me dijo mirándome fijamente - tú tienes ese ojo.
-Si, pero no robé nada - le dije de nuevo - a mí también solo me usaron, querían que le diera el rayo a esa cosa del foso.
- ¿Cosa del foso? - preguntó - eso es imposible.
-Pues la verdad - le dije - pero ¿qué es lo que a usted le robaron?
-Mi yelmo - respondió enojado - y si no quieres confesar, entonces tú y tus amigos morirán y me pertenecerán tus almas.
Todos los guerreros esqueletos nos apuntaron con sus armas, así que a Hades también le habían robado, no tuve tiempo para pensar en más cosas, los guerreros esqueletos nos apuntaron con escopetas, busqué las tres perlas y les una a mis amigos.
-Voy a encontrar tu yelmo tío - le dije a Hades - es una promesa.
- ¿Qué? - preguntó.
Todos pisamos las perlas antes de resultar heridos, inmediatamente nos metimos unas burbujas y comenzamos a ir hacia arriba, Hades ordeno fuego, pero era tarde.
Atravesamos todo lo que estaba arriba, pasamos entre la tierra y al final aparecimos en el mar, las burbujas se rompieron y al final no podras salvar lo más importante, a eso se refería la profecía .
-Nos salvamos - les dije a mis amigos.
-Por suerte - dijo Grover.
De pronto fuimos alumbrados por una luz, eran unos mortales que estaban por ahí, pensé en que quería estar mojado y funcionó, nos dejaron en la playa y nos dieron algunas toallas, creo que eran de la guardia costera, estaba agradecido de que nos ayudaran, pero también había que teníamos que irnos, el problema era como.
-Hola chaval - oí a alguien.
Volteé inmediatamente, recocía esa voz, ahí estaba Ares sonriendo como siempre, mis amigos también se percataron de eso, nos acercamos a él.
-Ares, que hay - le dije - me están culpando de un robo y necesito lo que tienes que es de Hades.
-Percy Jackson, aún no entiendes sobre los nombres- se carcajeó - que mal, porque para obtenerlo tendrías que pelear conmigo y ganar.
Sacó el yelmo.
- ¿Qué dices? - me preguntó sonriendo.
- ¿Tú robaste esas cosas? - le pregunté - ¿acaso no sabes que puede causar muchos problemas?, está a punto de originar una guerra que podría destruir todo, ¿es lo que quieres?
-Yo soy el dios de la guerra - respondió sintiéndose el grande - amo las guerras.
- ¿Pero es lo que quieres? - volví a preguntarle - te usaron para hacer el trabajo sucio, tú descubriste al ladrón y él te engaño, ¿es lo que en verdad quieres?, ¿la destrucción total?
En el rostro del dios se vio algo de duda, pero luego cambió de nuevo.
-Tendrás que pelear contra mí.
-Está bien - suspiré - si es lo quieres.
-Percy no estoy segura de...- me dijo Annabeth.
-Tranquila - le dije volteando a ella -confía en mí.
Saqué mi espada y me acerqué un poco más a Ares, el cual también tenía un espada, solo que era más largo, él hizo un jabalí con la arena que se dirigió hacia mí, lo esquivé por poco ya que era algo rápido, no quería sacar el sharingan en ese momento, el jabalí arremetió de nuevo, pero entonces pasé por debajo de él y lo deshice en polvo.
- ¿Eso es todo? - pregunté.
El dios se dirigió ahora hacía mí, la verdad era muy difícil esa batalla, era más rápido que yo, más fuerte, más alto, con más experiencia y era un dios, pero pensé que debía de haber un forma de poder con él, Ares me mandó lejos con una patada, se acercó a mí y lo hizo de nuevo, traté de levantarme, sus golpes eran demasiados para mí, pero no podía perder, le había prometido a mi tío que le recuperaría su yelmo y pensaba cumplirla, algunos policías comenzaron aparecer en sus autos pero Ares hizo explotar sus vehículos, fue entonces que se me ocurrió una idea, oí y vi el movimiento de las olas, sabía que pronto chocarían con la arena, sería una perfecta oportunidad pero necesitaba más fuerza, retuve a las olas tanto como pude, Ares no dejaba que me acercara al agua y estaba de espaldas a él, soporte los golpes un poco más hasta que al fin vi la oportunidad exacta, las olas chocaron muy fuertemente contra él y eso hizo que los ojos de Ares se cerraran y se descuidara, aproveché para atacarlo, Ares levantó la espada a tiempo pero cambié de dirección y lo herí en el talón, icor salió de él, cuando se repuso, se veía algo enojado.
- ¿En verdad quieres la destrucción? - pregunté de nuevo cansado - ¿lo que se dice de verdad?
El dios pareció pensarla un poco más y después sonrió como siempre.
-Me has vencido chaval - me dijo - te entrego el yelmo.
Acto seguido desapareció mientras nosotros cerrábamos los ojos, cuando ya había pasado pude respirar tranquilamente un poco, me acerqué al yelmo y lo recogí.
-Oigan, ustedes tres - dije mirando al cielo - supongo que quieren llevárselo.
Las tres furias bajaron para recogerlo.
-Vimos lo que sucedió - dijo la antigua señora Dods - le haremos saber todo a Hades.
Yo solo asentí y cada quién se dirigió a su destino, el mío donde estaban mis amigos que estaban muy sorprendidos.
-Lo hiciste Percy - dijo Grover emocionado - lo lograste.
-Estuviste genial - me dijo Annabeth.
-Gracias chicos - les dije - quisiera saber algo.
- ¿Qué es? - preguntó Annabeth.
- ¿Por qué casi nunca intervienen cuando hablo con dioses?
Ellos simplemente se miraron.
-Pareces tenerlo todo bajo control respondió Grover.
-Ahh, genial - dije y a continuación todos comenzamos a reír.
Continuara...
