Gracias a ti Beiny por compartir el gusto por la lectura de estas divertidas historias; espero no defraudarte con el suspenso :-) :-)


Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.

Capítulo dieciocho: El deseo de cambiar al mundo.

- ¿Estás segura de esto? - le volví a preguntar a Annabeth mientras la sujetaba al palo mayor.

- Estoy segura - respondió decidida - ya te dije que quien…

- Quién sobrevive al escuchar el canto de las sirenas gana sabiduría - dije rodando los ojos - yo creo que hay otras formas más seguras de conseguir la sabiduría, ¿haz probado la med…?

- Ya te dije que quiero hacerlo Percy - me interrumpió - una oportunidad así no se presenta mucho, quiero hacerlo, mi madre es la diosa de la sabiduría y quiero obtener eso.

Suspiré resignado, Annabeth podía ser muy testaruda cuando se proponía algo.

- Aún asi me parece una muy mala idea - le dije al terminar de sujetarla.

- Descuida, todo saldrá bien -me dijo sonriendo.

Yo la verdad no estaba muy convencido pero no dejaría que Annabeth corriera peligro, agarré algo de cera y la puse en mis oidos, me pare cerca de la orilla del barco pero teniendola a la vista, recordé aquel sueño que habia tenido antes de que ella me despertara, había visto a Talhia quitarle la tapa donde se suponía estaba el cuerpo de Cronos pero al hacerlo, ella se quedó muy sorprendida y comenzo a llorar, algo me decía que lo que había visto ahí era algo terrible, eso me provocaba un mal presentimiento, oí como Annabeth se movía, la miré, ella forcejeaba con las cuerdas y me suplicaba que la soltara, a medida que avanzabamos parecia mas desesperada por saltar hacia el mar, supuse que el canto de las sirenas era muy fuerte.

- Liberame - parecia decirme - eres cruel, creí que eras mi amigo.

La desesperanza estaba muy marcada en su rostro y habia comenzado a llorar, aparté mi vista de ella, definitivamente había sido una pésima idea, ¿conseguir sabiduría?, estaba muy seguro de que muchas personas lo habían conseguido sin correr esa clase de riesgos, de repente, mi cabeza comenzó como que a doler un poco, llevé mi mano hacia mi frente, de repente vi una escena, estaba un hombre con armadura roja tenía el cabello largo y negro, lo que me llamó más la atención era que poseía el sharingan; reía de forma maniática mientras gritaba...

- ¡Yo cambiaré el mundo! - gritaba a todos - ¡Crearé el mundo perfecto!

Y eso es todo lo que vi antes de volver a la normalidad, sacudí la cabeza, ¿qué había sido todo eso?, miré el mar y me di cuenta de algo, no sentía el chacra de Annabeth, al menos no cerca, volteé a ver y confirmé mis sospechas, donde anteriormente la había sujetado ya solo quedaban sogas cortadas y aún lado una cuchilla.

- No puede ser - me dije a mi mismo.

La busqué con la mirada y la vi nadando hacia la isla de las sirenas.

- ¡Detente aquí y espéranos - le grité al timón.

Inmediatamente después me zambullí en el agua, nadé tan rápido como pude, tuve que esquivar muchas cosas y dar mi mayor esfuerzo en ir tras ella, varias veces evité minas pero Annabeth parecía ir como si nada.

"No puedo dejar que se acerque" pensé.

Poco a poco pude ver a las famosas sirenas, eran aves con plumajes muy sucios y con cabezas humanas que cambiaban constantemente, a veces era mi madre, Tyson, mi padre Orochimaru, Poseidón, Quirón y otras personas más quienes apreciaba pero fuera cual fuera, sus dientes estaban sucias por comida, me apresuré para llegar con Annabeth y pude tocarle el tobillo, al instante sentí una corriente por mi cuerpo, miré al frente y lo que vi me sorprendió mucho, era una escena donde estaba Annabeth junto a su padre quien tomaba de la mano a una mujer parecida a ella, comprendí que era Atenea, junto a ellos estaba Luke; Annabeth sonreía como si él nunca nos hubiera traicionado, algo que también me asombró era que la cuidad de Manhatan estaba cambiado, habían grandes arquitecturas, edificios y monumentos extraordinarios, en aquella escena solo había paz y armonía, sonreí con tristeza, lo que estaba viendo era la mayor ilusión de Annabeth pero que no podía hacerse realidad, me di cuenta de que nos acercabamos más hacia la isla.

"Debo dejar de distraerme" me dije a mi mismo.

Destapé mi sharingan en ese instante, no queria cometer más errores, al hacerlo, pude ver que las sirenas esperaban ansiosamente nuestra llegada, tenían dientes putrefactos y afilados, jalé a Annabeth hacia mi y traté de llevarla de vuelta, pero ella pataleaba y luchaba contra mi.

- ¡Deja de hacer eso! - grité enojado y molesto.

No tuve más opción que sumergirla en el agua, así el sonido disminuiría, descendí mucho y Annabeth comenzaba a luchar por aire, así que formé una burbuja de aire, unos peces se acercaron a nosotros, supe su intención, querian divulgar información de que el hijo de Poseidón y cierta chica habian sido vistos en el fondo del mar.

- ¡Largo de aquí! - les grité, ahora lo que menos quería eran molestias.

Nos dirijimos al barco y ahi ordené a las sogas que nos subieran, dejé a Annabeth sentada mientras temblaba, aún no me quitaba la cera por seguridad, poco a poco nos fuimos alejando de esa isla, Annabeth comenzó a tranquilizarse poco a poco y me dijo con los labios que ya estábamos a salvo, me quité la cera, estaba muy molesto y enfadado, ese habia sido un grave error de mi parte, primero al no haberla detenido y luego por distraerme, la habia hecho correr peligro y casi moría por mi culpa.

POV. Annabeth

Estaba temblando de frío, pude notar que Percy estaba muy molesto y eso me ponia nerviosa y más porque aún tenía ese ojo rojo descubierto, era intimidante, no sabia que decir más que disculparme.

- Lo siento - le dije mirándolo - no sabía que el canto de las sirenas fueran tan poderoso.

Has leído muchas historias sobre ellas - me dijo claramente enojado - debiste suponer que no era cualquier cosa… debí suponerlo - susurró al último para él - fui un completo descuidado.

Bajé la mirada, no podía seguir mirando esos ojos molestos.

- ¿Al menos todo esto valió la pena? - preguntó indiferente - ¿acaso te sientes más sabia?

Estaba muy avergonzada, no sabía que decirle.

- Bueno, no - traté de calmarme - creo que no es eso precisamente, solo te muestran tu defecto fatídico.

- Pude ver tu ilusión - me dijo de pronto.

Lo miré sorprendida y luego me sonrojé, bajé de nuevo la mirada, a lo que Percy solo frunció el ceño.

- ¿Lo viste?

- Si - respondió - ¿tiene algo que ver con tu defecto fatídico?

- Es el orgullo excesivo - respondí.

Percy solo bufó.

- Eso yo ya lo sabía - me dijo - sin tener que oir o ver sirenas.

Suspiré, era mejor sincerarme.

- Tú, ¿nunca has pensado que si tú gobernaras el mundo sería mejor? - le pregunté mirando al frente - ¿nunca has pensado que si tuvieras la oportunidad de rehacer el mundo de nuevo, pondrías todo en orden?

Percy no respondió por unos momentos, parecía estar pensando en algo.

- Si yo gobernara el mundo, seguramente estaría en un caos - me respondió al fin.

Sonreí.

- Tienes suerte de no tener ese defecto fatídico.

- Quizás, pero supongo que tengo otro - se sentó hasta quedar a mi altura, ahora ya había vuelto a cubrir su sharingan y me miraba con su ojo verde mar ya calmado - mi bella dama - me dijo - en este mundo, hay muchos que piensan como tú, quieren cambiar el mundo porque creen que lo harán mejor, pero, eso no es fácil, no puedes influir en todas las personas, pero puedes cambiar tú para mejorar, no puedes hacer que tu padre y tu madre vuelvan a estar juntos, pero puedes aprender a querer a tus hermanos de parte de tu padre y llevar una buena relación con tu madrastra, lamentablemente muchos de los que quieren cambiar el mundo caen en graves errores como Luke, comprendo sus motivos, pero esta en un error, él cree estar haciendo algo bueno, cambiar el mundo.

Me quedé sorprendida, Percy me acababa de decir lo que yo quería negar, quería que Atenea y mi padre volvieran a estar juntos y no quería aceptar a mi madrastra, estaba enojada con mi padre al haber olvidado a Atenea y reemplazarla, también estaba lo de Luke, que nos hubiera traicionado me dolía.

- Vamos listilla - me dijo Percy - además creo que otros hijos de Atenea piensan lo mismo que tú o tal vez ya lo superaron, pero tú no tienes que quedarte así, date la oportunidad de estar en una familia.

Quizás Percy tenía razón y me estaba cerrando el mundo al querer que todo pasara como yo quería.

-Vamos Annabeth - me dijo - hay que levantarnos, ya llegamos.

Me apretó levemente el hombro en señal de apoyo.

-30 grados, 31 minutos norte; 75 grados, 12 minutos este - me dijo, habíamos llegado.

Continuara...