Hola a todos, después de tanto tiempo por fin vuelvo a aparecer. La vida cambia (menos las pandemia...), y he aquí, titulado y con propio emprendimiento. Han pasado muchas cosas personales, pero bueno... ¿Prometí que seria el ultimo arco? Bueno, disfruten el festival de emociones, porque yo si lo hice. A partir de este punto, simplemente explaye mi idea original que lleva desde el 2007 (si, realmente empecé por el final...) No creo que me explaye mucho sobre explicar los capítulos, se que se explicará todo cada uno, y de todos modos, sus comentarios siempre son de ayuda. Saludos a todos!


...


El momento más ameno que habían estado esperando Sakura y los demás, había llegado. La hora de la cena.

Habían llegado hace unas horas, y después de un buen baño, y los roces inesperados con Taiyō, estaban comiendo una recién preparada lasaña.

¡A comer! —apenas los platos fueron servidos, comenzando por Haruka, se dispusieron a comer.

Veo que Taiyō no se queda atrás con el apetito —comentó muy nerviosa Sakura.

El plato favorito del pozo sin fondo, es la lasaña —comentó Mariah de forma despectiva.

¡No todos los días puedes comerla! —comentó Taiyō entre un descanso.

¿Cada cuanto se preparaban lasaña? —les preguntó Iris muy curiosa—. Seguramente tu mamá solía prepararla —pero un coscorrón de Serena le cayó de plano—. ¡Oye, que te pasa!

¡Sabes que el tema de sus padres es difícil para ellas! —le regañó muy fastidiada la pelicastaña.

Iris miró a las cuatro jóvenes, y una mirada de nostalgia fue todo lo que pudo ver.

¡Lo siento chicas, no fue mi intención! —intentó disculparse muy apenada.

Cuando huimos del monte plateado, ni siquiera les preguntamos algo, ni en duda pusimos sus palabras —confesó Phil muy asustado—. No sabíamos por lo que pasaron, mucho menos sus pasados.

Tranquilo, Phil —le pidió Kasumi de forma reflexiva—. No era algo que debían saber por obligación, ni tampoco les interesaba hasta ese punto.

Tampoco les preguntamos nada en casa de Eriol —intervino Serena—. No creí que fuera el momento idóneo, pero si quieren compartir su pasado con nosotros, escucharemos con atención y respeto.

Nunca nadie había sido tan reflexivo con nosotras —le agradeció Haruka—. En nuestro tiempo, se pelea hasta la muerte por un plato de comida, y si no tienes cierto poder adquisitivo, te denigran a esclavo o juguete para satisfacer a quienes tienen un mayor poder político, social y económico.

Esa fue una batalla que comenzó mucho antes de que naciéramos, cuando nuestros padres tenían nuestra edad —agregó Kasumi—. Ellos comenzaron la batalla contra la corrupción, e impidieron que aquella energía invadiera el planeta.

¿Arades ya había dado sus primeros pasos en el ataque? —les preguntó Phil muy extrañado—. Me sorprende que, pese a que él es la fuente de la corrupción, las haya convencido de pelear por él.

Él jamás apareció —le negó Mariah—. Un día, como un ser común y corriente, apareció frente a nosotras.

Las personas no nacen corruptas, la sociedad los corrompe —sentenció Phil.

Las ansias de controlar las decisiones de otros es parte de la esencia de todos los seres vivos, no es exclusiva de los humanos. Es el primer paso para caer en la corrupción —Serena miró un vaso de jugo que tenía servido, y bebió un poco—. Cualquier cosa que nos cuenten, nos servirá en esta batalla.


Capítulo 107: "La conquista de Arades".

—Nuestra empresa ha sido próspera, gracias al egoísmo e individualismo humano —decía aquel extraño sujeto tras un extraño portal—. La cantidad de corrupción que generan los humanos es suficiente para invadir este universo, pero…

Frente a él, había ocho sujetos que parecían de distintas razas, seis hombres y dos mujeres. Parecían escuchar, entre sumisos y obedientes.

—Generales, preséntense.

—General Elix, presente.

—General Apolo, a su servicio.

—General Atilas, listo para pelear.

—General Marte, siempre a su disposición.

—General Aioros, lo que usted desee.

—Generales Gem y Nis, para lo que quiera nuestro guapo líder.

—General Centurión, esperando su próxima orden.

—¿Cuánto estiman que esté lista la ruptura?

—Pronto comenzará la distorsión dimensional —le respondió Apolo.

—Su liberación está muy próxima, señor —intentó halagar Marte.

—No importa cuántas veces suceda, esos estúpidos guerreros sagrados seguirán regalando sus vidas, sabiendo que están a mi merced —comenzó a decir aquel sujeto con arrogancia—. Siempre volveré, es inevitable.

—¡Señor Arades! —ante aquella afirmación, los generales hicieron una reverencia.

—Jamás podrán vencerme, pero podríamos jugar un poco con esos inútiles.

—¿Qué tiene en mente, señor Arades? —preguntó Apolo, expectante de la respuesta.

—Por el momento, seguir acumulando corrupción —le respondió con calma—. La seguridad de cumplir mi meta está cubierta, gracias a que jamás había sentido tanto desinterés y egoísmo. Mientras tanto, continúen con sus tareas habituales.

—Si, señor —y al terminar la reunión, aquel portal desapareció, al tiempo que los generales de Arades desaparecían.

—Siento un rastro de ingenuidad y esperanza —pensaba Arades con confianza—. Si la utilizo de forma correcta, podría facilitar mucho las cosas.

Mientras, desde otro lugar, fuera de aquella dimensión, un grupo de cuatro jóvenes, de unos treinta a treinta y cinco años, parecían organizar una ofensiva desde lo que parecía un acuario.

—¿No te parece un plan muy arriesgado? —preguntó muy preocupada la joven de cabello castaño.

—La seguridad es muy fuerte, y si arrasamos con todo, se perderán muchas vidas, y recuerda que nuestro objetivo es salvarlas —la peli naranja miró a las tres con seriedad y preocupación, y solo por seguridad, dijo—. May, Dawn, Marina, se lo que piensan, transformándonos en guerreras elementales sería muy sencillo terminar con todo, y es lo que no queremos.

—¡Y si nos matan, terminará por caer el último bastión contra esta maldita religión, Misty! —le enfrentó Marina muy asustada— ¡No quedará nadie con el poder suficiente para derrotar a esos generales!

—Y nosotras tampoco lo tenemos —le aclaró Dawn—. No sólo mataron a nuestros aliados y amigos, también están a punto de fusionar todas las dimensiones en una sola.

—Es verdad, Misty —le alegó asustada May—. Tampoco tenemos el poder suficiente para detenerlos.

De pronto, seis jóvenes aparecieron desde un cuarto en especial.

—¡Mamá! —se escuchó gritar muy apurada.

—¿Kasumi? —cambiando las cuatro su semblante, mostrando una sonrisa, Misty la miró.

—¡Vengan rápido a ver la televisión! —les gritó otra de las jóvenes.

—¿Qué está sucediendo, Haruka? —le preguntó muy extrañada May.

—¡Apareció un tipo que se hace llamar el elegido! —continuó otra de las jóvenes.

—¡¿De qué estás hablando, Taiyō?! —Marina, al igual que sus compañeras, se vieron incrédulas.

—Es imposible que él esté… —y casi desesperada, Dawn corrió a ver lo que sucedía.

—¿Qué sucede, Mamá?

—Hikari, ¿Crees que tu mamá descubrió algo? —le preguntó Kasumi muy confundida.

—No lo sé —le negó completamente desconcertada.

El grupo se reunió para ver lo que transmitían, encontrando un programa en vivo de la llegada del elegido.

—¡Señoras y señores, quien hemos estado esperando por tanto tiempo, el elegido, por fin ha aparecido! —decía con entusiasmo lo que parecía un presentador.

—¡Por fin he llegado a salvarlos, queridos hermanos…! —comenzó a sermonear de forma entusiasta.

—Niñas, es solo otro charlatán más —les dijo Misty más tranquila.

—Esas malditas religiones falsas me tienen harta —reclamó May muy fastidiada—. ¿Cómo pueden jugar con la fe de personas que han caído en desgracia?

—¿Jugar con la fe? —les preguntó la pequeña de cabello azabache.

—Mariah, la gente tiene fe en que aparecerá aquel elegido para salvarlos, pero esa no es su misión —le contestó más tranquila Dawn.

—¿Entonces cuál sería su misión, tía Dawn? —ahora le preguntó la pequeña de cabello rojizo.

—El equilibrio, pequeña Chloe —le respondió con templanza—. Sé que quieren defender el bien, y que los seres vivos vivan libres, pero ¿cómo podrías defenderlo o comprenderlo si no existe el mismo nivel de maldad e injusticia?

—No puedo defender algo que no está en peligro, y mucho menos comprenderla si no existe una contraparte —le respondió muy pensante Chloe.

—Han madurado mucho más rápido que nosotras, niñas —les felicitó Marina—. Si hubiésemos comprendido estas cosas a su edad, no estaríamos en esta situación.

—¡Ustedes no tienen la culpa, es de esos sujetos que, por querer más, les vendieron hasta sus almas a esos generales! —les gritó con rabia Taiyō.

—Ustedes no tienen que pensar en estas cosas, nosotras somos las responsables de que tengan un buen futuro —le pidió con mucha felicidad Misty.

—¿Van a volver a salir a pelear? —le preguntó Kasumi muy preocupada— ¡Quiero ayudarte, mamá!

—Ustedes son muy importantes en el gimnasio, pequeñas —le interrumpió May—. Es el último fuerte contra la corrupción, y su deber es cuidarlo.

—¡Nosotras estamos listas para ayudarlas! —le gritó con hidalguía Mariah, al tiempo que su estómago gruñó, avergonzando a las seis chicas.

—Vayan a comer algo…

—¡Pero mamá, solo queda lo suyo! —le gritó angustiada Taiyō a Marina— ¡Ustedes van a ir a pelear, no nosotras!

—¡Nosotras podremos aguantar un día más sin comida! —les dijo Kasumi con alegría.

—Ustedes necesitan estar llenas de energía para pelear —les negó angustiada Hikari.

—Ustedes son lo mejor que nos ha pasado —fue todo lo que pudo decir Misty, terminando el momento con un abrazo grupal.

Tras aquella reunión familiar, e intentando mantener la moral lo más alto posible, las cuatro jóvenes salieron del gimnasio.

La ciudad donde se encontraba el gimnasio, se encontraba en un estado peor que desolador; estaba en ruinas. Las estructuras que aún estaban en pie, cayéndose a pedazos, y las carpas de campaña levantadas, era el único indicio de vida humana. Del resto, no quedaba nada.

—Nos estamos quedando sin recursos, debemos apurarnos —comentó decidida May.

—¡Señoritas! —se escuchó gritar de quién parecía un doctor, quien corría en dirección a las jóvenes.

—Doctor Bill —cuando el doctor llegó con ellas, este solo las saludó con la mano—. ¿Sucede algo?

—Alimentos, medicamentos, agua; todo se acabó, y no tenemos con qué ayudar a los demás.

—Lo sabemos. Ahora partiremos a buscar lo necesario —le asintió Misty con seguridad.

—Tengan mucho cuidado, por favor —les pidió el doctor con miedo—. Desde la última vez que fueron a buscar insumos, triplicaron la seguridad.

—Robar no es algo que nos enorgullezca, pero no podemos hacer otra cosa —comentó May algo complicada—. Ni se darán cuenta que entramos y salimos, no te preocupes.

—Al fin y al cabo, robamos para darle de comer a los nuestros, y a nuestras hijas —comentó Misty con algo más de entusiasmo—. Ellos se apropiaron de todos los recursos del mundo, así que solo estamos reclamando por lo nuestro.

—Mucha suerte —y tras aquella despedida, Bill se quedó mirando el antiguo acuario, al tiempo que una voz resonó en su mente.

—¿Eres feliz con la vida que tienes? —se escuchó.

—¿Quién eres? —por más que el doctor miraba para todos lados, no veía a nadie.

—Tranquilo, tener una mejor expectativa de vida es algo totalmente natural para todo ser vivo. Yo podría ayudarte, pero necesito que me ayudes con algo.

Mientras tanto, Kasumi y las demás seguían dentro del gimnasio, ya no mirando la televisión, sino que…

—¡Dewgong, rayo hielo! —gritó Kasumi.

—¡Increíble! —fue todo lo que pudieron decir las chicas.

—O al menos así es como dice mi mamá cómo era —reculó avergonzada—. Siempre me cuenta cómo eran los Pokémon, y como nuestros antepasados eran grandes entrenadores.

—Mi mamá me contaba algo similar —agregó Haruka—. Hace mucho, mucho antes de que naciéramos, cuando cumplías los diez años, podías salir de viaje por el mundo con un Pokémon. Hacerse fuerte con él en batallas.

—¡Y luchar contra los líderes de gimnasio! —terminó Taiyō—. ¿Este no fue en el pasado un gimnasio, Kasumi?

—Así es —les asintió la joven—. Nunca la conocí, pero mamá me contó que la abuela Ondine inició su proyecto de acuario público ante la falta de entrenadores.

—Seguramente, los entrenadores que venían eran muy débiles —agregó Mariah de forma sarcástica.

—Debió ser una época muy emocionante —concluyó con entusiasmo Chloe, tomando un enorme libro—. ¿Qué Pokémon hubiesen escogido?

—Dicen que Pikachu era un Pokémon muy popular —les dijo Kasumi, llegando hasta las hojas donde el Pokémon eléctrico se veía—. ¡Mi mamá me dijo que era un secreto, pero ustedes son mis amigas del alma! ¡Acompáñenme!

Sin entender mucho, las jóvenes vieron a Kasumi correr fuera de la sala donde estaban, por lo que decidieron seguirla.

Después de un largo trayecto, llegaron a lo que parecía una extraña puerta, la cual tenía por seguridad un tablero digital.

—La contraseña es el cumpleaños de papá —puso la clave, y la puerta se abrió.

—¿Qué tendrán con tanta seguridad? —le preguntó Mariah muy confundida.

—¿Por qué tiene una clave tan fácil de aprender? —le preguntó muy curiosa Chloe.

—¿Por qué crees que papá no celebra su cumpleaños, ni nadie sabe cuándo es?

—¿Aparte que es igual de distraído que alguien que conozco? —le preguntó de forma retórica Haruka, mirando de reojo a Kasumi.

—¡Que mala! —refunfuñó molesta la afectada— Si llegásemos a necesitar algo, deberíamos poder entrar aquí de inmediato, por eso solo mamá y yo la sabemos.

Apenas entraron, las luces se encendieron, y a la vista quedó una sala con una computadora central, una mesa con muchos papeles y carpetas, y lo que parecían repisas, las que guardaban extrañas esferas.

—¡Hola Axis! —gritó Kasumi.

—Kasumi, sabes que no puedes estar aquí, a menos que sea una emergencia, o en supervisión de tus padres.

—¡No seas aguafiestas, solo miraremos! —le pidió de forma aniñada.

—¡Prometemos no tocar nada! —le apoyó Taiyō de la misma forma.

—Volveré a bloquear la puerta —Axis cerró la puerta, y una especie de cerrojo selló el lugar—. A la primera irregularidad, las sacaré de este lugar.

—¡Muchas gracias!

Kasumi y sus amigas caminaron hasta las extrañas esferas, y se las quedaron mirando.

—Nunca me han dejado tocarlas —refunfuñó Kasumi, notándose mucha curiosidad en sus movimientos y cómo las veía.

—Se parecen mucho a las esferas del libro —comentó Chloe, mirando con aún más atención aquellas esferas—. Creo que se llamaban pokébolas o algo así.

—Es cierto, y según tengo entendido, servían para transportar a esos Pokémon —agregó Taiyō, tan o más curiosa que Kasumi.

—¿Y si abrimos una de esas esferas? —les propuso Haruka, lista para tomar una de ellas.

—Prometimos no tocar nada, Haruka —le recordó algo sería Hikari—. No hagas tonterías.

—¡Vamos, no pasará nada! —pero antes que Haruka lograra tocarlas, unas burbujas las envolvieron.

—Quedaron advertidas —Axis abrió la puerta, y las expulsó del lugar.

—¡Te dijeron que no hicieras tonterías! —y totalmente molesta, Mariah le dio un coscorrón en la cabeza.

—¡Oye!

—Tu papá tiene una seguridad extremadamente alta —le comentó Hikari a Kasumi—. Ni conociendo la contraseña es fácil acceder a las cosas.

—Axis siempre fue demasiado estricta, a veces creo que se cree mi mamá —bufó Kasumi.

—¿Existe la posibilidad que dentro de esas esferas tengan Pokémon? —le preguntó Taiyō, más ansiosa que antes.

—Tengo entendido que, los que quedaban libres, fueron exterminados, y los que lograron capturar, los utilizan como reemplazo de las personas, obligándolos a trabajar —comenzó a decir Kasumi muy pensante—. Por la misma razón, desde hace mucho que nadie ha visto uno.

—¡No es correcto usar a otros seres vivos como esclavos! —alegó Haruka muy molesta—. ¿Y si vamos a liberarlos?

Pero de pronto, comenzaron a escuchar el ruido de una multitud a la entrada del antiguo gimnasio.

—¿Qué sucede afuera? —muy extrañadas, Taiyō y las demás partieron a la entrada a ver qué sucedía.

Pero apenas se asomaron, vieron cómo la gente trataba de derribar las puertas del recinto.

—¡Son unos mentirosos!

—¡Entreguen todo lo que tengan, bastardos!

—¿Qué les sucede? —Kasumi no comprendía que les sucedía.

—¡Mi mamá ya vendrá con todo lo que necesitan, por favor esperen un poco más! —les gritó Taiyō muy nerviosa.

—¡Entonces las tomaremos a ustedes como cambio! —de pronto, las puertas cedieron, entrando la muchedumbre iracunda a rodear a las jóvenes.

—¿Qué les sucede? —les preguntó Hikari totalmente aterrada.

—Que estamos aburridos que ustedes nos mientan —les respondieron—. Sabemos que ustedes guardan muchísimos suministros básicos en este lugar. ¡Entréguenlos, o aténganse a las consecuencias!

—¡Nosotras no tenemos nada de esas cosas! —les gritó Chloe— ¡Tampoco hemos comido en tres días, les hemos dado todo lo que tenemos!

—¡Mentirosas!

Y sin piedad, comenzaron a revisar todo el lugar. Y como lo habían dicho las chicas, no encontraron nada… Hasta detenerse en la puerta que Axis resguardaba celosamente.

—Falta este lugar —dos sujetos se acercaron a la puerta, pero notaron que tenía una cerradura digital—. Está cerrada por una contraseña.

—¡Aléjate de ahí, ese lugar es donde mi papá trabaja! —les amenazó Kasumi con temor.

—Te conviene darnos la contraseña, mocosa —el sujeto la agarró del cuello, y comenzó a ahorcarla—. No te conviene resistirte.

—¡Kasumi, dales la contraseña! —le suplicó Chloe aterrada.

—¡No lo haré! —apenas respondió Kasumi, aun intentando luchar— ¡No sólo mi papá, muchas personas han trabajado para que este lugar sirva como esperanza para todos!

Pero de pronto, una potente patada mandó a volar al sujeto que ahorcaba a Kasumi. Cuando abrió los ojos, pudo ver cómo alguien con ropas estrafalarias se interpuso para protegerla.

—Buen trabajo, mi niña —le felicitó tan familiar voz.

—¿Mamá?

—Tu padre nos avisó que estaban en problemas, así que decidí venir lo más rápido posible —la miró con seguridad, y volvió la vista a la muchedumbre.

—¿Y dónde están los demás? —preguntó Taiyō, muy preocupada por tan extraña situación.

—Verán… —pero antes de decir cualquier cosa, Misty usó lo que parecía fuerza psíquica, y expulsó a todos tan lejos como pudo— Conversé con las chicas, y están de acuerdo conmigo.

—¿De qué está hablando, tía? —le preguntó Chloe muy preocupada.

—¿Se metieron al laboratorio? —ante la pregunta, todas guardaron silencio— Sabes que tu padre está vigilando este lugar, aunque no esté. Axis le dice todo.

—Solo queríamos conocer a esos Pokémon, de los cuales tanto hablan los libros que tienen —le respondió con pena Kasumi.

—Ya veo —Misty simplemente sonrió, se agachó un poco, y las miró—. Necesito que hagan algo por nosotras.

—¿Que hagamos algo? —le preguntó muy extrañada Haruka.

—Necesito que vayan a un lugar en especial —les respondió entre la alegría y la pena—. Queremos que aprendan de la vida, junten experiencia, y vuelvan a reconstruir este mundo.

—Mamá… eso suena más a una despedida —Kasumi parecía muy asustada y angustiada por aquellas palabras.

—Deseo que no lo sea —pero de pronto, un estruendo se escuchó desde el techo del lugar, al tiempo que bajaba un ser muy extraño—. Ya llegó…

—Mi estimada Misty, ¿en verdad creías que jamás los encontraríamos?

—¡Centurión! —Misty introdujo la contraseña en el tablero, y las puertas se abrieron— Niñas, entren al laboratorio. Rápido.

—¿Qué está pasando, mamá? —pero, tanto Kasumi como las otras chicas, no entendían qué pasaba.

—No —le negó Centurión con seguridad—. Tenemos otros planes para ellas.

Pero de pronto, sin que se percatara, Chloe fue capturada por las personas, llevándosela del lugar.

—¡Chloe! —en su desesperación, Misty quiso ir a rescatarla, pero Centurión la estrelló contra el suelo— ¡Suéltame, maldito!

—¿No te dije que teníamos mejores planes para ellas? —miró al resto, y les ordenó— ¿Qué están esperando? A esas mocosas también.

Pero algo mandó a volar a Centurión contra las murallas del gimnasio.

—¡No pierdas el tiempo, llévate a las niñas de este lugar! —le gritó el joven que la ayudó.

—¡Es nuestra última oportunidad de ganar, no podemos desperdiciarla! —ahora le gritó la joven que los acompañaba.

—Vuelvo en un segundo —Misty agarró a las cinco niñas, entraron al laboratorio, y este volvió a quedar sellado—. Chicos, por favor resistan.

—¡Mamá, tenemos que ir a rescatar a Chloe! —le suplicó Kasumi muy asustada.

—Te juro que la rescataremos, pero tienen que irse de este lugar ahora.

Misty comenzó a teclear unas cosas en la computadora, y esta se apagó, al tiempo que un extraño portal se abrió. Tomó un bolso, y todas las pokébolas que estaban en las estanterías, incluyendo las que ella tenía, las guardó, y se las entregó a Taiyō.

—En cuanto crucen ese portal, júrenme que liberarán a esos Pokémon, y jamás los harán volver a este mundo, por nada —agarró a las niñas, y las empujó al portal.

—¡¿Qué haces, mamá?! —le preguntaba aterrada Kasumi, lanzándose a abrazarla.

—Dejarles el futuro de todo en sus manos —Misty tomó un notebook que estaba sobre la computadora principal, y se lo entregó a la joven—. Hija, ahora ustedes tienen el último bastión de esperanza. Cuida a Axis como tú padre lo haría.

—¡No mamá, no quiero dejarte! —pero Kasumi no se le despegaba— ¡Te quiero mucho, mamá!

—Por eso hacemos esto, porque las amamos, y lo son todo para nosotros.

A la fuerza, Misty agarró a Kasumi, y la lanzó por aquel portal.

—Espero los encuentren a tiempo, y cambien el futuro —Misty cerró sus ojos, y elevó su poder lo que más se lo pudo permitir— ¡Forma primigenia! —y con solo su energía, destruyó todo vestigio de aquel laboratorio, al tiempo que perdía su transformación, quedando muy exhausta.

Cuando las jóvenes abrieron los ojos, se vieron en medio de un frondoso bosque; un despertar muy confuso para ellas.

—¿Qué lugar es este? —muy confundida, Taiyō se levantó, y notó a sus amigas aún desmayadas— ¡Chicas, despierten!

—¿Qué sucedió? —igual de confundida, Mariah abrió sus ojos, y notó tan extraño lugar—. ¿Tía Misty? ¡¿Mamá?! ¡¿Papá?!

—Ya no estamos en el acuario —le comentó Taiyō—. Pero no recuerdo ningún lugar en el mundo en este estado.

—¡Da lo mismo, tenemos que ir a ayudar a nuestros padres a pelear! —alegó Haruka con mucha rabia.

—Pero ¿cómo volveremos? —le preguntó Hikari, quien era la última en despertar.

—¡Mamá! —gritó a viva voz Haruka, retumbando en todo el lugar.

Por causa del grito, algunos Pokémon se acercaron a curiosear, y al tiempo, escaparon despavoridos por causa de fuertes golpes.

—¿De qué serán esos golpes? —se preguntaba Kasumi muy extrañada.

—¿Serán de las personas que nos estaban atacando hace unos momentos? —preguntó algo asustada Hikari.

—Se que nos dijeron que no peleáramos por nada, pero debemos defendernos —alentó con algo de miedo Mariah.

Pero todo lo que salió de los arbustos, fueron dos Ursaring… y parecían furiosos.

—¡Miren, se parece a esos Pokémon de los que hablaba ese viejo libro! —comentó muy sorprendida Taiyō.

—¿Serán amistosos? —preguntó muy ansiosa Hikari, recibiendo la misma curiosidad de sus amigas.

—Algo sí puedo decir, tienen cara de muy pocos amigos —agregó Haruka, con ganas de arrancar lejos.

Pero el fuerte gruñido, y el puño centrado de ambos Ursaring, hizo huir despavoridas a las jóvenes.

—¡No son amistosos! —comenzó a gritar Taiyō, huyendo con las demás como un rayo… o más rápido…

—¡Ese libro no hablaba nada de lo salvajes que eran estas criaturas! —comenzó a quejarse Kasumi.

—¡¿Quieres dejar de hablar de ese libro, y concentrarte en salvar tu vida?! —gritó entre aterrada y furiosa Haruka.

Parar no era una opción; o seguían con su carrera, o se convertían en comida Pokémon. Lamentablemente, Hikari se tropezó, y cayó pesadamente al suelo.

—¡Hikari! —y más concentradas en su amiga que en sus vidas, las chicas corrieron a auxiliar a la pelíazul.

—¿Puedes levantarte? —muy preocupada, Kasumi asistió a tratar de levantar a Hikari.

—Si —pero al tratar de levantarse, sintió un fuerte dolor en su tobillo izquierdo.

—Es un esguince. Tendremos que llevarla a un lugar seguro —sugirió Mariah, intentando encontrar un lugar donde esconderse.

Pero los Ursaring estaban parados frente a ellas, listos para atacarlos.

—¡No permitiré que lastimen a mis amigas! —y reuniendo todo su valor, Taiyō se interpuso entre los Pokémon y sus amigas— ¡Si piensan hacerles algo, tendrán que pasar sobre mí!

—Habernos quedado en casa o en este lugar, habríamos terminado igual —soltó muy triste Kasumi.

Mientras Taiyō intentaba proteger a sus amigas del ataque de ambos Pokémon, las otras jóvenes se abrazaban, esperando el trágico final. De pronto, un lanzallamas dio en ambos Pokémon, haciéndolos huir despavoridos.

—¿Qué acaba de pasar? —sin entender mucho, Taiyō miró de donde vino el lanzallamas, notando a un Flareon como las miraba con cierta curiosidad y preocupación.

—¿Lograste espantarlos, Taiyō? —con algo de temor, Kasumi abrió lentamente los ojos, notando a su amiga peli celeste mirar a quien las salvó— ¡Miren chicas, es un Flareon!

—¿También nos irá a atacar? —le preguntó Hikari, aún envuelta por el miedo.

—Yo iré, chicas —y con mucho cuidado, siempre con la guardia en alto, Taiyō se acercó con cuidado.

Ambos se veían de forma recelosa, siempre con el cuidado que el otro atacara en cualquier segundo. Intentaban acercarse, pero se alejaban al segundo.

—Ojalá pudieses entenderme, pero necesitamos ayuda —le pidió Taiyō desesperada, a punto de llorar—. Nuestros padres están en peligro, y el último refugio que teníamos fue destrozado.

—No tenemos a dónde ir, no sabemos dónde estamos, no tenemos dinero y no hemos comido en tres días —comenzó a decir Kasumi con angustia—. Estamos desesperadas, solas, y no sabemos qué hacer.

Flareon simplemente las veía, y sentía su desamparo, miedo, desesperación, tristeza… como sostenían su existencia gracias al apoyo de sus padres; simplemente dio un fuerte gruñido, y muchos Pokémon comenzaron a aparecer con bayas de distinto tipo.

—¡Increíble!

—Son más de lo que creía —tanto Taiyō como Mariah estaban sorprendidas por la enorme cantidad, para ellas, de Pokémon que aparecían.

—Esto es imposible —comenzó a cuestionarse Kasumi—. Los Pokémon se extinguieron hace mucho, y los que hay, nadie jamás los ha visto —tomó una de las bayas, y la miró con curiosidad—. Y estos alimentos tampoco existen, si es que son alimentos.

—¿Nos estás dando esto a nosotras? —le preguntó Haruka con mucha duda, a lo que el Flareon asintió.

Pero las jóvenes miraban con inseguridad y miedo la situación, no confiaban en lo que veían. El Pokémon de fuego notó tal inseguridad, por lo que decidió dar un bocado a una de las bayas, y darle la misma a Kasumi.

—Veo que si son comestibles —y armándose de valor, la peli naranja le dio un bocado, abrió sus ojos de golpe, y totalmente sonrojada y emocionada, comenzó a comer como salvaje— ¡Es lo más delicioso que he probado jamás!

—¿Eh? —las chicas miraron sorprendidas a Kasumi, también les dieron un bocado a las bayas, y la reacción no se hizo esperar.

Las cinco jóvenes comieron tan rápido como podían, y tanto como sus estómagos se lo permitieron, hasta quedar satisfechas.

—¡En mi vida he comido tanto y algo tan rico! —soltó emocionada Mariah.

—¡Tenemos que traer a Chloe, tiene que conocer este lugar! —soltó con emoción Haruka.

—Es verdad, tenemos que rescatarla —dijo con decisión Taiyō.

—Pero primero, tenemos que averiguar dónde estamos —dijo muy seria Kasumi—. Tenemos que volver al acuario, avisar a nuestros padres de este lugar, y usarlo como nuestro nuevo bastión —pero el gruñido de Flareon las distrajo—. ¿Sucede algo? —y el Pokémon comenzó a hacer señas para que lo siguieran.

—Creo que quiere que lo sigamos —sin demasiada duda, Taiyō se levantó, y lo siguió—. No tenemos nada que perder, chicas.

—Tienes razón. Te seguimos.

Y después de un largo caminar, empezando a salir del lugar, encontraron un cruce y la señalética de la ruta.

—Esto debe decirnos hacia dónde vamos. Ciudad Viridian, 5 km. Monte Plateado, 2 km. Meseta Índigo. Presidencia de la liga Pokémon, 3 km… ¿Liga Pokémon?

—Pero esa institución desapareció hace muchos años —cuestionó muy extrañada Haruka.

—Vamos a revisar qué está sucediendo —resolvió rápidamente Kasumi, mirando a Hikari, quien era cargada por la joven—. Seguramente, encontraremos a alguien que nos pueda ayudar. ¿Podrás resistir?

—Eso debería preguntarte yo a ti —le cuestionó muy incómoda.

—¿Y si es una trampa de alguna de esas religiones falsas? —muy incómoda y preocupada, Mariah hizo recordar tal peligro.

—¿Nos seguirás acompañando, Flareon? —le preguntó Taiyō al Pokémon, quien asintió con seguridad—. Ya dije que no tenemos nada que perder… De todos modos, terminar como sus esclavas y ser torturadas por la eternidad es mejor que no tener nada.

Aquella frase solo desmotivó a las chicas, y al Flareon lo desconcertó aún más.

Y después de caminar aquellos tres kilómetros, llegaron a la entrada del complejo.

—Bien… —Kasumi suspiró— Aquí vamos —y se acercó a la recepción—. Disculpe, señor… —llamó con tanto temor, que su voz se quebraba por sí sola.

—Jovencita, falta casi un año para… —pero cuando el recepcionista se acercó a ver, se sorprendió por quien la visitaba— ¡Señorita Misty!

—¿Señorita Misty? —pensaba con cierta cautela— Pero si mi mamá está casada. Además, nadie la llama así… Ni la misma estatura tenemos.

—¿La conoces? —le preguntó muy extrañada Mariah.

—¿Pero qué clase de pregunta es esa? —le preguntó con algo de molestia— Una de las líderes de gimnasio más fuertes de Kanto, famosa por su show de sirena. Hay miles de chicos que quisieran tener una cita con ella.

—No sabíamos que fuese tan popular —le cuestionó Haruka a Kasumi.

—Disculpe señor, pero mi nombre es Kasumi, y le aseguro que mi mamá jamás saldría con otro hombre que no sea mi papá, así que tenga más respeto —respondió Kasumi bastante molesta—. Solo queríamos información de donde estábamos, y si podían ayudar a mi amiga. Se torció el tobillo y no puede caminar.

—Veo que llegó de buen humor —continuó el recepcionista, como si se tratase de una jugarreta—. Llévenla a enfermería, solo tomen el ascensor al piso tres, la encontrarán fácilmente.

—Muchas gracias —y después de agradecer, las jóvenes partieron a enfermería.

En cuanto llegaron a la enfermería, dejaron a Hikari para que atendieran su tobillo.

—Lo siento, pero deben esperar afuera —les pidió la enfermera—. Si lo desean, pueden pasar por el museo y el salón de la fama.

—¿Es muy grave lo que tiene? —preguntó muy preocupada Mariah.

—Solo un poco de descanso y antiinflamatorios. Ahora está durmiendo.

—Muchas gracias por la ayuda que nos han brindado —le agradeció Kasumi, al tiempo que todas daban una reverencia—. Se lo agradeceremos de por vida.

—Tampoco exageren —le pidió la enfermera, quien parecía muy nerviosa por tan exagerada muestra de agradecimiento—. Para eso estamos, para ayudar a los entrenadores cuando lo necesiten.

Sin entender mucho, o nada la situación, las jóvenes salieron de la enfermería, y partieron a aquel salón. La curiosidad era muy grande, más considerando que hablaban de cosas que habían desaparecido hace muchísimos años atrás.

—Así que este es el famoso salón de la fama y museo del que hablaba la enfermera —comentó con impresión Kasumi, entrando corriendo al lugar.

—¡Chicas, este lugar es terrorífico! —les dijo Haruka, abrazándose del brazo derecho de Mariah.

—¿Me pueden decir que está sucediendo aquí? —pidió con las mismas ansias Taiyō.

—Chicas… no quiero que sus cabezas exploten, pero vengan a ver esto —dijo Kasumi, como si estuviera conmocionada por algo.

—¿Qué viste? —Mariah, Taiyō y Haruka se acercaron a mirar la foto en cuestión, y pasaron del desconcierto, a la incredulidad— ¿Cuándo te tomaste esa foto, Kasumi?

—Sabes que odio que me tomen fotos —le respondió, mientras se acercaba a ver lo que decía bajo el cuadro—. Misty Waterflower, líder de gimnasio de ciudad Cerulean… Imposible…

—Trece de abril de… ¡¿hace cincuenta mil años en el pasado?! —Taiyō no daba crédito de lo que veía, mucho menos las demás.

—Viajamos al pasado… —Mariah miró a una congelada Kasumi, quien no quitaba sus ojos del cuadro— Kasumi, tu madre nos envió al pasado…

—Si… No… No sé… —pero la peli naranja seguía con unas ansias terribles.

—Tomemos a Hikari y vámonos de este lugar —propuso rápidamente Mariah—. Analicemos con calma la situación, y busquemos respuestas lógicas.

—¡Claro, buscar respuestas lógicas al hecho que tía Misty nos envió cincuenta mil años al pasado! —comentó de forma sarcástica Haruka— ¡Nuestra familia, nuestra vida por muy horrible que sea… Chloe…! —bajó la voz, y se puso a sollozar— Alejados de todos por una maldita barrera que se supone imposible de romper.

—Debe haber algún método para volver —dijo Taiyō, intentando subir el ánimo de sus amigas—. Si nos pudieron mandar al pasado, seguro también existe una manera de volver al futuro.

—Volvamos al lugar donde llegamos, seguro encontraremos alguna respuesta —propuso Kasumi.

Y después de ir a buscar a Hikari y volver al monte Plateado, las pequeñas volvieron al lugar donde habían llegado.

—Aún no puedo creer lo que me cuentan, chicas —comentó incrédula Hikari.

—Y nosotras aún no cabemos en la sorpresa de esto, amiga —le respondió Kasumi, intentando buscar cualquier pista.

—Al menos, la existencia de los Pokémon, tanto domésticos como salvajes, hace sentido —comentó Mariah—. Organizaciones, ciudades, liga, todo eso que salía en ese viejo libro, aquí está vivo.

—Y esa chica de la foto, que se llama igual que tu mamá, Kasumi —acotó Taiyō muy preocupada.

—Sin contar que es casi igual a ti —terminó Haruka—. ¿Será algún familiar tuyo?

—¿Y si vamos a verla? —propuso Hikari.

—Sí, ni siquiera nosotras podemos creer lo que está pasando, ¿crees que ella nos va a creer alguna palabra? —le cuestionó Kasumi—. A menos que haya pasado por lo mismo, lo cual es imposible, nos tratará de locas.

—Creo que tienes razón —terminó decepcionada la pelíazul.

De pronto, vieron a varios Pokémon acercarse a las jóvenes, como si las hubiesen buscado desde hace mucho.

—¿Necesitan algo?

—Creo que quieren que los sigamos, Taiyō… o al menos eso creo — le contestó con dudas Kasumi.

Y volviendo a la vegetación espesa del monte, las jóvenes siguieron a los Pokémon, hasta llegar a un antiguo, olvidado, pero aún en pie, fuerte.

—¿Qué es este lugar? —se preguntaba Taiyō.

—Parece abandonado desde hace muchos años —le respondió Kasumi, mirando con calma el lugar.

—Jamás había visto algo así —comentó totalmente sorprendida Mariah.

—¿Para qué nos trajeron aquí, chicos? —les preguntó Hikari a los Pokémon, quienes se dirigieron a una muralla en especial.

Esta estaba cubierta por la vegetación, por lo que, al limpiarla, lograron notar que había una placa con algo inscrito.

—"Este es nuestro último bastión, en esta guerra contra la corrupción. Protegeremos el futuro de todos, continuaremos adelante, y no desistiremos hasta terminar con ella" —relató Kasumi—. "Ondine, Flora, Aurora, Dani, Serenity, Bardock. Y el deber que conlleva al elegido, Aaron Ketchum"

Hasta que la palabra "elegido" resonó en el oído de las cinco.

—¡Chicas, este es el auténtico elegido! —gritó con entusiasmo Mariah.

—Te tengo malas noticias, dudo mucho que nos pueda ayudar —le detuvo Kasumi al acto.

—¿Por qué lo dices?

—Este lugar es aún más antiguo. En este tiempo, este lugar fue usado hace mil años atrás. Ahora no debe ser más que polvo.

—Pero si fue hace mil años, y en este lugar no existe la corrupción, ¡significa que ellos pudieron ganar! —celebró con entusiasmo Taiyō.

—Y como ellos, nosotros también debemos cuidar nuestro último bastión —dijo con seguridad Kasumi—. Aún no sé por qué motivo nuestros padres nos enviaron al pasado, a esta época en particular, pero seguramente tiene que ver con este lugar y esta placa.

—Quieren que nosotras seamos quienes destruyan la corrupción —continuó Taiyō con la misma decisión—. Que comencemos un nuevo mundo.

—¿Un nuevo inicio? —preguntó algo dudosa Hikari.

—Me gusta cómo suena —le asintió Kasumi—. Seremos el equipo del nuevo inicio. Volveremos el esplendor a nuestro mundo; el mismo esplendor que han mantenido en esta época.

De esa forma, y por cuatro largos meses, y sin detenerse, las jóvenes comenzaron a reconstruir aquel antiguo bastión, donde el equipo del nuevo inicio continuaría su batalla contra la corrupción.

—La policía hace lo que puede para detener a los cazadores furtivos, y nosotros hacemos lo mismo, pero cada día esto empeora más —en eso, Kasumi observó como Flareon corrió apresurado a cierto punto—. ¿Qué sucede, Flareon? ¡Espérame!

Y hasta darle alcance, se detuvo a un lado del Pokémon, y pudo darse cuenta de la urgencia, dos entrenadores que rondaban el monte, estaban siendo atacados.

—¡Esos dos chicos están en problemas, tenemos que ayudarlos! —y entre los nervios y la seguridad, Kasumi y Flareon salieron al rescate desde su escondite— ¡Usa lanzallamas en esos seres corruptos!

Curiosamente, ambos jóvenes no parecían atentos a la situación, no así aquel Venusaur, que apenas sintió la presencia del lanzallamas, soltó sus látigos cepa de aquellos seres.

—Quédate aquí un momento. Si ves que se pone peligroso, ve por las chicas y no salgas del bastión —no muy preocupado, el Flareon le asintió, Kasumi salió del escondite, y comenzó a hablarles a los desconocidos—. Deberían tener más cuidado, estos lugares últimamente se han vuelto muy peligrosos. Qué bueno que pasé por aquí, o también hubiesen robado sus Pokémon…

Y así, comenzaría uno de los lazos más importantes de las pequeñas, que se vieron forzadas a abandonar a su familia, su hogar, y a su amiga.

Esta historia continuará…


¿Por qué les cuentan una historia tan personal a unos desconocidos? —les preguntó Taiyō bastante molesta a sus amigas.

¡Porque si Sakura fue sincera con nosotras, también se lo debemos! —le gritó Kasumi muy molesta.

El problema ahora, es el siguiente —comentó muy preocupada Haruka —. Creíamos que a Chloe la habían secuestrado, pero después nos enteramos que estaba siendo cuidada por Arades.

Y ahora sí que la tiene secuestrada —terminó Mariah—. Creo que, mientras siga siendo leal a Arades, nada le va a pasar.

¡No se preocupen, chicas! —gritó con entusiasmo Sakura— ¡Ya verán que todo saldrá bien! ¡Estoy convencida que la volverán a tener a su lado!

Taiyō —le llamó con tranquilidad Phil—. No digas que somos unos desconocidos, yo te quiero mucho, eres una muy buena amiga. Recuerda que nos tenemos solo a nosotros; somos una familia, y si tienes que decirnos algo, hazlo.

Siempre tendremos un hombro para que te desahogues —terminó de forma empática Sakura—. Jamás te abandonaremos.

De verdad quisiera creer en sus palabras —respondió la joven de forma indiferente—. Hace mucho que no me ilusiono por nadie, y esta no será la primera vez.