Hola YAMI, muchas gracias por el comentario, espero que te siga gustando la historia :-)
Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.
Capítulo treinta: Bianca.
Cabalgamos sobre el jabalí durante un buen rato; estaba empezando a oscurecer cuando en el camino vislumbramos lo que parecían ser montones de edificios, pero mientras nos acercábamos más, nos dimos cuenta de que no podían serlo, más bien parecían ser un montón de montañas pequeñas.
El jabalí se detuvo de pronto a comer un cactus con todo y espinas.
—¿Qué pasó? —pregunté confundido.
—Pues que se acabó nuestro transporte —respondió Zoe.
—Será mejor que nos bajemos ahora que está distraído —coincidió Grover.
Todos le hicimos caso y nos retiramos lo más lejos posible del jabalí. Caminamos por lo que parecían miles y miles de escombros apilados en montones de montañas. Grover y yo nos pusimos a buscar madera para que Thalia los prendiera con sus poderes de rayo.
—Esto es increíble —dijo Bianca mientras veía las estrellas.
—Habían muchos más antes —dijo Zoe con nostalgia —pero todo a cambiado por la contaminación del hombre.
Nos quedamos en silencio mientras contemplábamos el cielo estrellado.
—Yo quiero preguntar algo —dijo Zoe de repente —me sigo preguntando como es que pudiste acabar con uno de esos guerreros esqueletos, Bianca.
Y nuevamente nos quedamos en silencio, eso era algo muy cierto, Zoe había dicho que sus armas eran iguales, por lo que solo dejaba que Bianca pudiera tener poderes sobre los muertos, como un hijo de algún dios de la muerte o del mismísimo Hades, aunque no podía creer lo último.
—Como les dije —respondió —no tengo idea.
—Quizás haya que apuntar en algún lugar en específico —sugirió Grover.
—Eso puede ser —dijo Bianca inmediatamente.
Zoe suspiró.
—Bueno, ya hallaremos una forma de combatirlos —dijo —por ahora demos seguir al oeste, quizás lo mejor sea pasar por Las Vegas y que comamos algo.
Grover y yo nos miramos alarmados.
—¡No! —gritó Bianca por nosotros —ese lugar tiene algo extraño.
Claro, ellos también habían quedado atrapados en el Casino Lotus, rápidamente les explicamos a Thalia y Zoe sobre nuestra experiencia, de paso también nos dimos cuenta de que efectivamente Bianca y Nico habían estado atrapados durante muchos años ahí, lo cual nos dejó sorprendidos a todos.
Antes de que nos pusiéramos de nuevo en marcha, escuchamos que algo se acercaba, al final nos dimos cuenta de que era una limusina bien blanca, en cuando se detuvo a un lado de mí, una espada apuntó a mi garganta, de esa limusina salió Ares.
—Nos volvemos a ver chaval —me dijo.
—Ares —dijimos Thalia, Zoe y yo.
Ares miró a mis amigos.
—Hay alguien que quiere hablar con el chaval —les dijo —y ustedes no tienen nada que ver.
Chasqueó los dedos e hizo que las armas de Zoe y Thalia cayeron al suelo.
—Ustedes mientras vayan a comer algo —e inmediatamente una taquería se abrió.
Cuando subí a la limusina, me sorprendí al ver que se trataba de una mujer muy hermosa, maquillada perfectamente, con un vestido rojo.
—Percy, querido, soy Afrodita —me dijo —ven, toma asiento.
Obedecí sin chistar hipnotizado por su belleza, era la mujer más bella que uno podría conocer.
—¿Sabes porqué estás aquí?
—Yo... hu... —me aclaré la garganta al mismo tiempo que sacudía la cabeza, no podía distrerme con la belleza de la diosa del amor, aunque fuera algo dificil —Artemisa fue capturada.
—Artemisa, Artemisa —se quejó la diosa —¿qué importa ella?, no me refiero a eso Percy, los demás buscan a Artemisa, pero tú no.
Fruncí el ceño ante esa respuesta, yo buscaba a Artemisa y a Annabeth, debía encontrarlas.
—Claro que busco a Artemisa —exclamé —si no la encontramos el olimpo podría caer.
—Bha, muchos han estado en aprietos y mira, el olimpo sigue en pie —Afrodita meneó la cabeza —vamos Percy, dime.
—Los otros quizás fueron rescatados, pero ahora depende de nosotros, a menos que... le importe poco la caída del olimpo —en ese momento la miré con determinación —busco a Artemisa porque debe ser liberada, si no lo hacemos, los titanes se apoderarán del mundo y nuestros amigos y familia estarán en peligro. Usted bella diosa, es la diosa del amor, así que creo que entiende bien porqué hago esta búsqueda, tengo familia, una madre, un padre, amigos, lo hago por ellos; buscaré a Artemisa, la liberaré junto a Annabeth, no dejaré que la lastimen.
Me levanté en ese momento e hice una reverencia hacia la diosa quien parecía sorprendida.
—Dicho esto, debo irme, señora del amor, espero poder salir vivo para admirar su belleza una vez más.
Salí de aquella limusina, Ares volteó a verme con una sonrisa divertida, se notaba que había escuchado la conversación.
—Ya nos veremos después chaval.
. . .
—¿Qué es esto? —preguntó Bianca.
—La chatarrería de los dioses —respondió Zoe —aquí es donde depositan su basura.
—¿Todo esto es basura? —pregunto Grover mientras tocaba una corona de oro que estaba algo partida.
—Sí, pero no toquen nada —advirtió Zoe —podría ocacionarnos desgracia.
—Ya oyeron a la capitana —dijo Percy —no se les ocurra quedarse con algo.
Caminamos por el lugar admirando todo lo que los dioses concideraban basura, eran tantos objetos que no pudimos evitar acercarnos a unos cuantos, habían desde arcos gigantescos hasta guitarras modernas.
—Percy, ¿qué te dijo Afrodita? —decidí preguntar en ese momento ya que estábamos solos, a Percy pareció sorprenderle la pregunta —no me fío de ella.
—Pues no mucho —respondió —por cierto, gracias por apartarme unos buenos tacos.
Asentí.
—No dejes que ella te confunda, le gusta hacer eso.
Percy volteó a verme en ese momento y puso la mano sobre mi hombro quedando él frente a mí, algo que me incomodó sin querer.
—No te preocupes Thalia —trató de tranquilizarme —solo me hizo una pregunta y yo se la contesté.
—Que... —me aclaré la garganta —¿que tipo de pregunta?
—Del por qué participaba en esta búsqueda —respondió —creo que quería saber si era por Annabeth.
Annabeth, fruncí el ceño, no supe porqué, pero eso me pareció molesto.
—¿Y no es por ella? —pregunté desviando la mirada.
—Quiero rescatarla, a ella y a Artemisa, quiero evitar que el olimpo caiga —Percy desvió su mano hacia mi cabeza provocando que volviera a miralo al tiempo que él mostraba una sonrisa —porque quiero que todos estemos bien.
Retiró la mano al tiempo que se daba la vuelta y comenzaba a andar de nuevo. Lo miré de espaldas, y sin poder evitarlo sonreí.
—¿Pero por qué sonrió como boba? —me pregunté al tiempo que meneaba la cabeza —concéntrate Thalia.
—¡Miren este arco! —exclamó Bianca llamando la atención de todos.
Me acerqué a ella de manera lenta, la respuesta de Percy me había dejado... sorprendida.
—Sí, es hermosa —dijo Grover.
Observé a lo que se refería, era un arco hecho completamente de oro, Bianca la sostuvo entre sus manos para después ver cómo aquel arco se convertía en un broche de oro.
—Oh —Bianca se lo puso rápidamente en el pelo
—Bianca —advirtieron Percy y Zoe.
—Déjalo donde estaba —Zoe se acercó a ella —ya se los he dicho, puede traernos desgracia.
Bianca vaciló antes de soltar el arco ante la mirada de todos.
—Vamos —dijo Percy.
Los cinco volvimos a andar, yo volví al lado de Percy, ahora todos parecíamos más atentos, no debíamos tomar nada, en una ocación, evitamos que Grover se tragará lo que parecía ser una lata.
Yo estaba a punto de decir algo cuando Percy se puso rígido, al notar eso, acerqué la mano hacia mi brazalete lista para activar mi escudo. Percy tenía un brillo diferente al de sus ojos, un brillo verde de diferente tono.
—Poderes de Apolo —murmuré al recordar que Apolo era también el dios de las profesías, Percy al ser descendiente suyo, debía tener parte de ese poder.
Percy comenzó a correr en la chatarrería conmigo a sus espaldas, ¿qué podría estar pasando?, no nos detuvimos hasta quedar en una parte reservaba para lo que parecían ser figurillas.
—Ya oíste a Zoe —dijo Percy —no debes tomar nada.
Al principio creí que me lo decía a mí, pero después, me di cuenta de que Bianca acababa de tomar algo de nuevo.
—Yo...
—Creo que para Nico es más importante su hermana que una figurilla de mitomagia —Percy se acercó a ella —prometí que te cuidaría, se lo prometí a Nico, además, ¿no sabes que gracias a lo que estabas apunto de hacer, podría haber muerto alguno de nosotros a parte de ti?
Bianca bajó la mirada arrepentida.
—Lo siento —murmuró al tiempo que soltaba la figurilla que había tomado.
Claro, a Nico le gustaba jugar mitomagia, probablemente Bianca había encontrado alguna figurilla que a su hermano le hiciera falta; eso me hizo recordar a mi pequeño hermano perdido; quizás Bianca se sentía algo culpable de dejar a Nico para unirse a las cazadoras y quería darle esa figurilla a modo de disculpa.
—Ven Bianca, no te preocupes —me acerqué a ella —pudimos evitarlo, te entendemos, yo también tenía un hermanito, ¿sabes?, por desgracia... —se me quebró la voz —vamos Bianca.
La rodeé en un medio abrazo y me alejé con ella.
