Hola YAMI, muchas gracias de nuevo por tu comentario, paciencia, ya saldrá quién será la definitiva. :-)
Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.
Capítulo treinta y uno: La historia de Zoe
—Bianca.
—¿Si, Percy?
—Voy a llamar a Blackjack —dije de manera cuidadosa mientras estábamos frente a Talos —quiero que te subas en él, y...
—No voy a abandonarlos —replicó Bianca —para empezar, este monstruo despertó porque tomé aquella figurilla, voy a enfrentarme a él.
—Es admirable tu valentía, Bianca —intervino Zoe —, pero ahora estoy de acuerdo con el chico, si tienes la oportunidad de salir de aquí, hazlo.
—Pero...
—Haz lo que te dicen —Thalia preparó su escudo —no sabemos qué es lo que nos espera más adelante, pero mientras tanto, tú podrás advertir al campamento de que el titán Atlas es el que ha secuestrado a Artemisa, debes decirles que no solo el titán del tiempo está despertando, sino que todos los demás lo harán.
—Debemos estar preparados para las futuras batallas, Bianca —le dije yo —por eso confiamos en ti.
Tomé la mano de Bianca al momento que dirigía la otra a mi boca para emitir un chiflido, eso sorprendió a Talos.
—¡Dispérsense! —grité a todos.
Nos hicimos a un lado al momento que Talos se disponía aplastarnos con uno de sus pies, los demás se escondieron mientras que yo, eché a correr con Bianca. Divicé a Blackjack a lo lejos, corrí con Bianca lo más rápido que pude, para cuando alcanzamos a mi compañero de viajes alado, Talos nos tenía en la mira, pero mis amigos se encargaron de distraerlo. No perdí tiempo en subir a Bianca en el lomo de Blackjack sin que pudiera replicar al respecto.
—Blackjack, aléjala de aquí —miré a Bianca —. Contamos contigo y descuida, confía en tus campañeros, podemos salir de esta.
Y Blackjack se elevó. De vuelta con mis amigos, ellos estaban teniendo problemas con Talos; Zoe lanzaba flechas sin parar, pero solo rebotaban en su cuerpo sin hacer ningún daño; Grover hacía crecer raíces para detenerlo, pero eso no era nada para aquel gigante; miré a Thalia, ella lo combatía con su lanza, en esos momentos su escudo de medusa no le servía mucho para asustar al gigante, lo único que parecía aturdirlo, era los rayos que Thalia dirigía hacia él de vez en cuando.
—Rayos —murmuré para preparar algún plan —es un ser mecánico, puede que la electricidad funcione en él.
Me acerqué rápidamente a Thalia. Si bien ella podía crear rayos con sus poderes, lo más probable era que para acabar con el gigante de Talos, no podría resistir tanto, sacar un gran poder se necesitaba de mucha enregía.
—Thalia, podemos acabarlo con electricidad —le dije al momento que evitábamos una manotada de Talos —, quizás podamos electrocutarlo.
Ella me miró, luego al gigante para después mirarse las manos.
—Puedo hacerlo, Percy —me dijo de manera decidida.
—No, Thalia —negué —estás cansada, no podrás aguantar mucho.
—Pero...
—Debe de haber otra forma —le dije mirando alrededor.
—¡Hey Talos! —lo llamó Grover —¡vuelve a dormir! —comenzó a tocar una música para dormir.
—No podremos aguantar mucho más tiempo así —Zoe saltó a nuestro lado —debemos detenerlo.
—Percy, creo que... —Thalia señaló hacia un poste con cables, algunas de ellas emitían chispas —podemos acercarlo ahí.
—¡Eso es! —exclamé —con eso lo detendremos.
—¿De qué hablan? —preguntó Zoe —, ¿tienen algún plan?
—Hablamos de que nosotros ya pensamos en algo y tú no —respondió Thalia con burla, Zoe frunció el ceño molesta —, hay que dirigir a Talos hacia esos cables, después yo descargo algo de electricidad en él y... ¡pum!, fuera problema.
—No parece una idea mala —murmuró Zoe —¡hagámoslo!
—¿Por qué eres la que dice eso cuando no es tu plan? —preguntó Thalia molesta.
Zoe lo he hizo caso, ella solo fue al encuentro de Talos quien hacía todo lo posible por atrapar a Grover.
—Ve hacia el poste para prepartarte —le indiqué a Thalia, —espéranos cerca.
Ella asintió mientras se daba la vuelta y yo corría para ayudar a Zoe y Grover.
—¡He!, ¡pedazo de chatarra! —grité para llamar su atención.
No nos costó mucho para que nos persiguiera dado que todos nos dirigíamos a un solo lugar, aunque debíamos tener cuidado en que no nos aplastara, así que en algunos momentos desvíabamos un poco.
—¿Lista Thalia? —grité en cuando estuvimos cerca.
Ella asintió en su lugar, así que corrimos lo más que pudimos pasando de los postes mientras le lanzábamos a Talos varios objetos a la cara para darnos tiempo. En cuando estivo a la par del poste, no pudo seguir avanzado al ser detenido por los cables.
—¡Ahora Thalia! —grité en cuando estuvimos lo suficientemente lejos.
Thalia sin ninguna duda, alzó su escudo con un grito de guerra, y acto seguido, un trueno se escuchó a lo lejos y vimos caerle encima al gigante Talos. Los cables chisporrearon, el gigante se retorció en su lugar al recibir aquella gran descarga, un par de cables explotaron llenando el aire con un olor a quemado. Pese a todo esto, el gigante pudo alejarse cuando acabó, se acercó a nosotros a paso lento, pero, para nuestra suerte comenzó a desmoronarse; juntos vimos como Talos fue convirtiéndose en una verdadera chatarra.
—Eso estuvo cerca —murmuró Thalia aliviada mientras se dejaba caer.
.
A la mañana siguiente, nos dispusimos a seguir con nuestro camino, no nos quedaba mucho tiempo, tan solo nos quedaban dos días para el sosticio de invierno. Al llegar a la entrada de lo que paecía ser un cañón, la camioneta vieja en el veníamos decidió detenerse, Thalia y Zoe, quienes venían en la cabina, bajaron dando un portazo.
—Vamos, Grover —le dije bajando yo también de la cubierta.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó Thalia mirando alrededor —, aquí solo hay puro desierto.
—Espero que Bianca se encuentre bien —dijo Zoe, nos la quedamos viendo —la profesía decía que uno se perdería en la tierra sin agua.
Un escalofrío me recorrió al recordar eso, Zoe tenía razón.
—Bianca es alguien valiente —nos dijo Thalia con el ceño fruncido —vamos, debemos confiar en ella.
Todos nos miramos y asentimos. Volviendo de nuevo hacia nuestra situación, no veíamos ningún camino viable para avanzar, tan solo un río más abajo.
—Podemos baja por aquí —nos dijo Grover.
—Ese es un camino para cabras —le informé —ninguno de nosotros aparte de tí, es una cabra —miré a Thalia quien se había puesto pálida —. Mejor busquemos otro camino río arriba.
No me quedó duda que había sido la mejor opción, al llegar más arriba, nos encontramos un viejo puesto para alquilar canoas, estaba cerrado en esos momentos por las fuertes corrientes, aún así, dejé un par de dracmas.
—¿Podrías ir tú con Zoe? —me preguntó Thalia al acercarse —no creo poder aguantar más junto a ella.
—No creo que le agrade —murmuré, le sonreí entones —¿por qué no mejor vamos tú y yo juntos?
Ella me golpeó el hombro.
—Ni lo creas Jackson —me dijo —, además, creo que tú podrías hablarle, realmente está preocupada por Bianca.
—Hum... de acuerdo —dije —pero me debes dos.
Los cuatro nos acomodamos en nuestras canoas, al entrar vi a dos náyades.
—Hey, hola —les llamé —, ¿qué hay?, mis amigos y yo vamos río arriba y me preguntaba si...
No me dejaron terminar cuando cada una de ellas tomó una canoa y nos empujó.
—Estúpidas náyades —murmuró Zoe, acto seguido un chorro de agua cayó en su cara —, nuca me perdonarán.
Evité reirme ante eso, quice preguntar de qué hablaba, pero antes de poder hacerlo, una visión llegó a mí. Se trataba de una chica hermosa con un vestido al estilo griego antiguo, estaba con otras cuatro chicas más, me di cuenta de que se trababa de Zoe, ella recibía de una mujer un broche, después de eso, la vi junto a un héroe, le daba el broche y este se convertía en espada. volví a la realidad.
Saqué entonces mi bolígrafo y se convirtió en espada, Zoe la miró con nostalgia.
—Esta era tu espada —le dije.
Ella se sorprendió ante eso, pero no preguntó cómo lo supe, solo se limitó a asentir.
—Se lo diste a alguien —recordé —a un héroe.
—Ese ha sido mi peor error —dijo con amargura —, nunca debía hacerlo, yo era una de las hespérides, ¿sabes?, pero gracias a que traicioné a mi familia, fui exiliada, olvidada, hecho como si nunca hubiera existido. Aquel héroe que ayudé, se llevó toda la gloria, nunca habló de mi, solo me usó para obtener las manzanas de las hespérides.
—¿Quién fue ese héroe?
—No me hagas decir su nombre, héroe —respondió —, ¿acaso no quieren ser todos como él?
¿Todos querían ser cómo él?, solo podía de tratarse de alguien: Hércules. Aquel héroe que hasta tenía un lugar en las constelaciones; miré a Zoe y me pregunté, ¿a cuantos más les había heho lo mismo?
—Lamento lo que pasate —le dije.
—No necesito de tu...
—Pero no creo que todo haya sin en vano —interrumpí, ella me miró con confusión —, pude que gracias a eso, conociste a Artemisa, supongo que ella te ofreció un lugar en su cacería, quizás has dirigido la caza por mucho tiempo, no lo sé, pero encontraste un nuevo hogar, y respecto a tu espada..., bueno, a mí me ha ayudado mucho desde que me enteré de que era yo era un semidiós, ha sido genial, puede que yo no sea digno de llevarla para tí, pero al menos no sigue en manos de ese héroe.
Ella me observó mientras parecía meditarlo, le sonreí.
—Y no te preocupes por Bianca, ella es valiente, haz visto como se ha deshecho de ese guerrero esqueleto, estará bien —traté de tranquilizarla.
Zoe suspiró.
—Lo sé —respondió —es solo que si llega a pasarle algo malo, no me lo perdonaré, quizás fue demaciado pronto para orillarla a participar en un búsqueda, pero, así como has dicho, vi que era alguien valiente y fuerte, pienso que más adelante pueda ocupar el puesto de lugar teniente.
—¿Tu puesto?
—Como dijiste, llevo mucho dirigieno la caza, y nada dura para siempre.
—Entiendo.
No tardamos mucho para detenerlos, las náyades llamaron mi atención y fue ahí cuando me di cuenta de que algo bloqueba nuestro camino, una gran barrera.
—Es la presa Hoover —exclamó Thalia.
Las náyades nos dejaron ahí, supuse que no les gustaba que algo se interpusiera en el camino de su río.
—Doscientos metros de altura —recordé de Annabeth —. Construida en los años treinta.
—El mayor proyecto constructivo de Estdos Unidos —suspiró Grover.
—Treinta y cinco mil kilómetros cúbicos de agua —añadió Thalia.
—¿Cómo saben todo eso? —preguntó Zoe perpleja.
—Annabeth —respondí —, le gusta la arquitectura. Será mejor que subamos, por Annabeth.
Al estar ya en la carretera del dique, nos dedicamos a mirar, yo acompañé a Thalia para caminar, ella se mantenía en el centro de la carretera pra evitar las orillas del dique, los demás no tardaron unírsenos.
—¿A donde vamos a ir ahora? —preguntó Zoe.
—¿Que tal a una taberna? —preguntó Thalia bastante animada.
—Sí, estoy de acuerdo —coincidió Grover.
Zoe bufó.
—Pues bien, vayamos a esa condenada taberna.
