Percy Jackson y Naruto no me pertenecen, Percy Jackson pertenece a Rick Riordan y Naruto a Masashi Kishimoto.
Capítulo treinta y dos: La niebla
Kabuto estaba tardando en llegar, se suponía que había ido a recolectar plantas para sus medicinas y no sé que más.
—Orochimaru.
—Sasuke kun —sonreí.
—¿A quién buscas? —sonrío con burla —¿acaso no puedes permanecer mucho tiempo sin tu perrito faldero?
—¿Mi qué?
—Kabuto.
—Él no tardará en llegar y... —entrecerré los ojos —, Kabuto no es nigún perro faldero.
—Como el tipo te sigue a todoas partes...
—Claro, es mi más fiel seguidor —respondí —, prácticamente desde niño.
—Pobre, le lavaste el cerebro.
—¿Qué es lo que se te ofrecía, Sasuke kun?
—Tsk, un combate entre tú y yo —respondió altaneramente —, no me has puesto más que basura a entrenar.
—Quizás después.
—¿Tienes miedo?
—No.
—Entonces...
—No caeré en ese juego ridículo, Sasuke kun —sonreí esta vez yo con burla —, tienes suerte de que yo te haya querido entrenar, si no fuera por mí, te hubieras quedado en el último lugar de tu equipo.
—Por favor, Ochochimaru —bufó con diversión —, ¿yo al último?, aunque no me hubieras entrenado, yo sigo siendo un Uchiha, el dobe jamás me podría alcanzar.
—¿Y qué hay de la chica, he?
Sasuke frunció el ceño.
—¿Sakura? —asentí —, no hablarás en serio, ella solo se la pasaba gritando mi nombre... ¿De qué te ríes?
—Es increíble de cuanto dudas de su capacidad —respondí mientras tomaba asiento —, ahora tus amigos...
—No son mis amigos.
—Ahora tus amigos —proseguí haciéndolo gruñir —, son dicípulos de mis... antiguos compañeros, tu amiga es entrenada por Tsunade, nieta del primer hokage, mientras que el jinchuriki del kyubi, es estrenado por Jiraya, entrenador del cuarto hokage... ¿Qué pasa, Sasuke, kun?, te veo molesto, ¿acaso tienes miedo de que ellos se te adelanten?
—Por favor, nada de eso —respondió dándose la vuelta —si no quieres entrenar, yo si lo haré.
—Aún eres fácil de molestar, Sasuke kun —le dije mientras lo veía alejarse.
Sasuke probablemente iba a contestar, pero en ese instante llegó Kabuto, frunci el ceño, parecía agitado y llevaba varios rasguños, ¿acaso alguien había descubierto la guarida?
—Ah, Sasuke kun —Kabuto sonrió como si nada.
—Sasuke, dejanos solos.
Él me miro para después voltear hacia Kabuto quién solo seguía sonriendo como si nada, entonces solo se alejó.
—¿Qué fue lo que pasó? —pregunté mientras me aseguraba de que nadie escuchara —, ¿alguien nos ha descubierto?
—Descuide, Orochimaru sama —respondió mientras se sobaba en uno de sus brazos —, nada de eso, nadie lo ha hecho, no es nada.
—¿Entonces por qué vienes en ese estado?
—Humm, fui atacado, pero no por shinobis —, de inmediato se puso a curar con su chacra, aunque ahora parecía diferente de lo normal —, sino por monstruos.
—¿Monstruos?
—Sí, desde que me enteré que era un mestizo, mi visión se abrió mejor, puedo ver más ahora, lo que oculta la niebla —explicó —, aparte de que ellos parecen estar ahora más interesados por mí...
—Es por eso que estabas más seguro en la ignorancia —dijo alguien de sorpresa.
Giramos a ver al tipo que se había aparecido en ese momento, un joven rubio vestido de una playera negra y pantalones negros de mezcliya también; estaba con el ceño fruncido, parecía molesto y veía directamente a Kabuto.
—Padre —Kabuto se arrodilló de inmediato a sus pies.
Yo solo me lo quedé viendo, si no me equivocaba era el dios Apolo, el padre de Kabuto y bisabuelo de Percy.
—¿Dice que Kabuto estaba mejor en la ignorancia? —pregunté.
El dios volteó a verme, como estudiándome, pero no me dejaría intimidar, se acercó a mí.
—Claro —respondió —, cuando un mestizo se entera de lo que es, todo se vuelve peor.
—Sin embargo, los reclutan.
—Necesitan entrenar —respondió con el ceño fruncido —, aunque Kabuto ya podía defenderse bien, correría menos peligro si no se lo hubieran dicho. Ese fue un gran error suyo.
—Comprendo que se preocupe por él, pero no creo que haya sido un error —respondí —, él debía saberlo.
Miré a Kabuto y el dios siguió mi mirada. Kabuto se levantó en ese momento y se acercó al dios.
—Padre, agradezco que se me haya dicho.
—¿Y qué hay de los monstruos?, tú no has recibido un entrenamiento en el campamento, no sabes nada de los monstruos, ¿cómo sobrevivirás de ahora en adelante?, ¿sabes cuantos hijos tan jóvenes pierdo por culpa de los monstruos?
En ese momento el dios pareció más agitado que antes, parecía preocupado.
—Y ahora mi pobre hermana...
—¿Su hermana? —preguntó Kabuto —, ¿hablas de Art...?
—No lo digas —interrumpió el dios —no debes decir los nombres...
—Ah, sí, lo siento —se disculpó.
—No es algo que necesiten saber. Ahora serás constantemente atacado Kabuto —sonrió con tristeza —ustedes los mortales son tan frágiles, tendrás que entrenar mejor.
Fruncí el ceño ante ese comentario, estaba a punto de decir algo, pero Kabuto se me adelantó.
—Disculpe, pero no por ser mortales somos débiles —se acercó a su padre con una mirada llena de determinación —, no se preocupe por mí, he llegado a sobrevivir hasta ahora, tanto de monstruos como de shinobis. Tengo un buen maestro que me ha dado un lugar desde niño. Padre, por años me he preguntado de mi pasado, extraño tanto a Madre, aún recuerdo su sonrisa en el orfanato, ella me quitaba las dudas; me había estado preguntando de donde era o quienes eran mis padres, no recuerdo nada desde que los del orfanato me encontraron en ese lugar, no sé ni cómo llegué ahí, pero usted lo sabe, ¿cierto?
Por un instante la mirada del dios mostró sorpresa, pero después, pareció vagar en sus recuerdos.
—Yo te puse a salvo —respondió —en cuando me enteré de lo que estaba por suceder, te puse a salvo, me habría encantado hacer lo mismo por tu madre, pero... ella no pudo sobrevivir.
Me quedé mirando la expresión de Kabuto, hasta ahora no lo había pensado, pero era lógico que extrañara a aquella mujer que llamaba madre, o incluso, quizás recordar a los otros niños del orfanato, recordar su vida antes de que Danzo y yo se la quitáramos.
—Crecí en un orfanato padre, le agradezco que me haya salvado —respondió Kabuto —, fui feliz ahí, aunque después tuve que salir convirtiéndome en un ninja por Danzo, desde ese momento mi vida peligró, pero yo recordaba a Madre y al orfanato, quería verlos; más tarde fui engañado y maté..., maté a Madre, desde entonces comenzó a ser todo un engaño. Orochimaru sama me ofreció un lugar, ya fuera para conquistar a las naciones ninja o buscar la inmortalidad, pero en ese tiempo ya no me quedaba nada, nada por el que seguir, Orochimaru sama me dio una razón más para seguir, el servirle y ayudarle, fue suficiente para mí. Padre, gracias a él conocí a Percy y a la señora Jackson, y entonces, todo cambió otra vez, me enteré quién era yo realmente y eso me hizo sentir más libre. Padre, muchas gracias por salvarme, no creo que haya sido un error el que me dijeran que era hijo tuyo, me volveré más fuerte si es necesario.
El dios Apolo solo se quedó viendo a su hijo, lo examinó para después dirigir su mano hacia el hombro de Kabuto.
—He escuchado muchas veces de los mortales lo fuerte que son —comenzó decir —algunos logran demostrarlo, pero otros..., otros solo se pierden en el intento y mueren. Para ser honestos hijo, espero que sobrevivas y seas fuerte.
—Lo haré, padre.
El dios Apolo asintió para después voltear a mí, él no parecía decidir qué hacer conmigo, si agradecerme o golpearme.
—¿No se supone que ustedes no deben intervenir en...?
—Está prohibido —coincidió —espero que esto quede entre nosotros.
—Así será —respondimos Bokuto y yo.
—Bien, me voy entonces —se despidió —, y por cierto, eviten que el mundo de los ninjas y semidioses se junten, sería peligroso, podrían causar más guerras.
—Mi lord, cierre los ojos —advirtió Kabuto.
Al abrir los ojos otra vez, el dios se había ido. Esos dioses que podían desaparecer en un instante, que envidia, miré a Kabuto, y se formó un silencio incómodo, uno que decidí romperlo.
—Y dime, Kabuto —llamé su atención —, ¿qué es eso de ver a través de la niebla?, no estoy familiarizado con esos temas, ¿cómo supiste todo eso?
—Hum, Orochimaru sama, todo eso me lo explicó Percy —respondió —, la niebla es el velo mágico que separa el mundo mortal de los dioses y monstruos; solo algunos mortales son capaces de ver a través de ella, como Sally Jackson, ella puede hacerlo.
—Ya veo, ¿el sharingan o el Biakugan son capaces de ver? —pregunté bastante interesado.
—Bueno..., no lo creo, Orochimaru sama —respondió tras dudar unos segundos —, ni Sasuke kun ni Hinata han dado signos de ver algo. En el mundo ninja ya sabrían de los monstruos, eso es seguro.
—Me pregunto si hay alguna forma en que lo hagan —murmuré.
—¿Orochimaru sama? —preguntó Kabuto —no pensará en...
—Descuida, no planeo nada, es simple curiosidad —apresuré en aclarar —, aunque ahora deberás entrenar más, pero dime, ¿cómo es que los monstruos no nos hacen nada?
—Bueno para los monstruos, los mortales no son lo suficiente importantes como para...
Kabuto dejó de habla de hablar al ver mi expresión, era la segunda vez que escuchaba decir algo como eso sobre los mortales.
—¿No son lo suficiente importantes? —pregunté alzando una ceja.
—Ah... me refería a que no son lo suficiente importantes como comida —se apresuró a aclarar —, a ellos les gusta la sangre de los semidioses, por... ser mitad dioses.
Me quedé pensando en eso, y en averiguar sobre la niebla y el biakugan y el sharingan, quizás ayudaría mucho a Percy y a Hinata.
.
Corrí buscando aquella condenada taberna, esperaba que mis amigos estuvieran bien y que no los hubieran hecho picadillos, aunque los más probable era que estuvieran disfrutando de una pequeña comida, ajenos a todo lo que estuviera sucediendo. Me había separado de ellos al escuchar el mugido de un vaca, ese mugido resultó ser del taurofidio que yo había rescatado antes de salir del campamento. ¿Cómo iba yo a imaginar que llegaría hasta aquí?, bueno, el caso es que se había ido otra vez, fue entonces cuando me di cuenta de que los guerreros esqueletos habían vuelto a aparecer, y ahora, unos cuantos de ellos me seguían.
Entré a aquel establecimiento tratando de encontrar la taberna, rápidamente me mezclé con los turistas, los cuales me condujeron hacia un elevador.
—Y ahora, damas y caballeros nos dirigiremos hacia las turbinas —dijo la voz de la guía.
Me dio un escalofrío al escucharla, volteé a verla, ella era una mujer con cabello negro hecha en una cola y sobre sus ojos tenía puestos unos lentes negros; su chacra era poderosa, ella era un diosa, ¿de cuál diosa se podría tratar?
—Por favor, mantéganse cerca.
—¿Sabe dónde está la taberna? —me aventuré a preguntar.
Varios turistas se rieron ante lo dicho, la diosa dirigió la mirada a mí.
—Este no es el camino, joven —me dijo, algo de ella se me hacía familiar.
—¿Y cuál es la salida?
—No hay salida más que la del otro ascensor —respondió uno de los turistas.
Al bajar a las turbinas, la diosa dio la indicación de que otro guía estaba más adelante.
—Por cierto, joven —me dijo antes de alejarme —, siempre hay una salida para esos lo suficientemente listos para encontrarla.
—Humm, ¿ok? —dije para empezar a seguir de manera disimulada.
Me había encerrado a mí mismo al bajar, adelante tan solo estaban las turbinas, maldije por lo bajo, ¿cómo saldría de aquí?, y para acabarla de amolar, los guerreros esqueletos volvían a salir, me tuve que meter en otro lado para despistarlos.
—¡Santo cielos! —oí una voz —¿esa es una espada?
Era una chica pelirroja la que hablaba, al pareer estaba resfriada, una chica a la que estuve a punto de hacer en dos, gracias a los dioses que a los mortales no se les podía dañar.
—Etto... ¿quién eres? —pregunté.
—Rachel Elizabeth Dare —respondió
—Rachel Eli... —antes de que pudiera decir su nombre un escalofrío me invadió y algo en mí se removió.
—Rachel ELizabeth Dare —oí a alguien decir.
—Sí, esa soy yo —dijo la chica, yo sacudí mi cabeza, por un momento algo había pasado —, ¿por qué tu voz acaba de sonar como su fueras tres chicos?
—¿Y-yo? —pregunté, volteé a ver a los guerreros esqueletos, se estaban acercando.
—Rápido, escondete adentro.
No sé por qué lo hice, pero la obedecí, oí como ella les daba instrucciones, salí en cuando me lo indicó.
—Puedes irte —me dijo.
—tienes que venir conmigo —dije antes de pensar —tienes que hacerlo, no sé porqué, pero siento que debes venir conmigo.
Ella me miró sorprendida.
—No, lo creo —respondió —yo estoy bien con mi padre, será mejor que te vayas, los esqueletos acaban de darse cuenta.
Era verdad.
—Esta bien, pero creo que nos volveremos a ver —le dije —tú puedes ver a través de la niebla.
¡Capítulos 31 y 32!
¡Por primera vez actualizo con dos capítulos!
