Las mujeres que no amaban a las mujeres

Capítulo 1.

¿Recuerdan que hablaba de las lluvias de Junio en el prólogo? Pues ahí les va, llueve otra vez, lo cual, tomando en cuenta la precipitación pluvial promedio de lo que va de este año, como que ya se pasó un poco de agua. ¿A quién le importa? Pensarás, a mí carajo, a mí. No hay agua caliente en el cuartucho donde vivo, así que al más ligero soplido gélido de este hermoso clima que tenemos en estos lares y seguramente me enfermaré de pulmonía o alergia, o los dos...

¡Ah! Maldita pobreza, pero no has venido a leer sobre quejas de pobreza o del clima, estás aquí porque quieres leer una historia y yo quiero contarla. Pero déjame ser, que no he escrito debidamente en mucho, mucho tiempo. Dirás, tienes una historia publicada antes... Responderé, es una historia antigua, realmente hace mucho que no escribo nada. Si la memoria no me falla, para empezar una historia hay que describir a los personajes centrales, darles algo que hacer a todos ellos y voila, tienes un lindo cuento para relatar. Seré franca, me dedicaba a esto antes de mi divorcio, antes de mi matrimonio de hecho. Era una escritora en mis días mozos, si no la mejor una regular o una promedio o al menos me gustaba y ya. Y sí, debo advertirles, no acepto críticas, sé hacer lo que sé hacer y sé también dónde fallo y dónde no.

Como bien decía en el sumario de esta historia me la pasaré hablando de un tema que pocas personas se atreven a contar y es el hecho del abuso femenino. Sí, estarás pensando que soy una loca, una tarada o qué se yo. Pero lo que digo es verdad, existe, como existe el machismo, como existen los hombres guarros, hay mujeres que abusan de su condición de mujeres y lo que es peor, abusan de otras mujeres. Hoy le llaman bullying, yo simplemente le llamaré gente pendeja y punto. ¿Cómo iniciar un relato de una vida de abusos a esta pobre Gutierritos femenina? Quizá sea mejor comenzar por el principio. Empezaré por presentarme debidamente querido lector, mi nombre es Kuga Natsuki, mi edad es irrelevante ya que te hablaré en pasado, en presente, en lo que se me pegue en gana y nunca sabrás realmente si estoy sobria o borracha. Confórmate con ponerle nombre al niño y ya.

Empezaré por describirte al ser que más daño me ha hecho y que más bien me ha hecho a la vez, la relación más problemática que he tenido en mi vida. Saeko. Mi madre. La primera mujer que mis ojos vieron y que es la prima donna de esta historia. ¿Por qué? Porque obviamente es la relación más larga y duradera que he tenido desde que salí de su vientre. Sólo por eso. ¿Cómo es ella? Te preguntarás, pues bien, mi madre es una mujer afable, buena tertuliana, la mujer que te gustaría llevar a todas las fiestas porque siempre tiene algo que aportar a la conversación, le gusta vestir bien, le preocupa el qué dirán y sin duda mantiene un hogar estable, decoroso, y nadie en esta vida puede reclamarle absolutamente nada. Salvo un pequeño detalle, yo siempre le reclamé su falta de afecto, el cual hasta el día de hoy, sigue siendo un auténtico misterio para mí. La mujer puede dar amor, pero obviamente no a mí.

Podría explicar mi homosexualismo desde la relación con mi madre, los psicólogos podrían suponer eso. Que el ambiente en el que crecí favoreció una confusión en algún punto de mi vida que me hizo desviar mis afectos a placeres poco ortodoxos. Después de todo, las familias rotas son la fuente de ingresos de muchos terapeutas y guías espirituales. Yo pienso que no, porque no soy hija única y sin embargo mis hermanos son heterosexuales. Así que bueno, dejemos ese punto aparte y vayamos a lo que nos compete. Saeko tenía una debilidad, era demasiado buena para el mundo pero demasiado cabrona en su verdadero yo. Yo era una niña rebelde y algo traviesa, ella estaba amargada por su situación económica después del divorcio; fue fácil desquitarse con alguien que no se defendía. A su vez siempre traté de complacerla fue así que tuve una relación heterosexual que obviamente no funcionó. Fue tan mala que casi me muero. Pero volvamos a Saeko, para que puedan entender un poco del por qué de las mujeres que abusan de otras mujeres. Tengo una hermana mayor, que gozó de la impunidad de ser la primogénita, si hacía algo incorrecto, moralmente hablando, lo más que pasaba era que le dejaban de hablar una temporada pero hasta eso no era malo, no la sacaron de la casa, no le negaron la comida. Sólo era una inquilina que no pagaba renta, con sus privilegios de siempre, cuarto para ella sola.

¡Ah! Mi madre y sus castigos a sus favoritos. El día que inundé la sala trapeó el piso conmigo, literalmente hablando, el día que uno de sus "amigos", se llevó sus llaves en medio de su borrachera, me reprendió a mí por haberlas perdido. Mamá me azotaba mucho, aprendí a soportar el dolor físico y a reírme de sus insultos, aprendí también que decir lo que uno piensa es malo, porque los demás, esperan que una actúe igual, a ser una criatura homogénea. No entendía por qué no podía ser igual a mis compañeras, simplemente me aburrían sus cosas, sus juegos, lo mismo mis compañeros. No jugaba con ellos no porque me sintiera superior, no lo hacía porque no me parecía divertido. Eso me causó mi primer bullying en la escuela primaria, siendo unas niñas mayores que yo las que me amedrentaron en los baños de la escuela. Desde entonces, aprendí a nunca más ir sola al baño y nunca más estar sola en ningún sitio. Aprendí también que si mis fuerzas no serían nunca como las de los demás, tendría que estar siempre a la sombra de alguien que pudiera defenderme. No todo ha sido malo, en esta vida, siempre hay alguien que te echa la mano, sólo hay que saberlo buscar.

El abuso escolar quedó solucionado, sólo quedaba el abuso en la casa, el cual nunca terminó. Cuando mi madre se dio cuenta que sus golpes no causaban gran estrago en mí, comenzó con los ataques psicológicos. Sus palabras fueron como espadas que atravesaron mi corazón interminables veces, ¿por qué? Me he preguntado hasta el cansancio, por qué simplemente no quedarse callada como yo he hecho otras veces para no herir más a la gente que quiero. No voy a negar que sus palabras hicieron que me convirtiera en una persona muy parecida a ella. En mis momentos más amargos, te escupiré a la cara todas tus debilidades, para que te retuerzas de dolor y me odies. Pero nunca lo haré a menos que no me sienta herida por ti, a diferencia de mi madre que se sentía herida por el mundo y se desquitaba sólo conmigo.

Pareciera que hablo de un ser malvado y despiadado, ¿no es así? Aún, a pesar de todo lo anterior y todo lo que no he dicho sobre mi madre, sigo pensando que es una persona justa, buena y cariñosa. Es una lástima que no me haya dado a mí, nada de eso. Me dio otras cosas, no puedo negarlo, nada me ha faltado, a nadie he necesitado; pero su presencia me asfixia y la distancia me cura. Tuvieron que pasar muchos años para darme cuenta que lo mejor que pude hacer a pesar de que también fue mal hecho, es salirme de su yugo. Como bien dije antes, tuve una relación heterosexual, pero no estaba satisfecha, no me gustaba lo que hacía, no me sentía tranquila y aunque puse de mi parte para que funcionara, al final no dio para más. Eso me hizo madurar aunque no lo parezca. Marcó un antes y un después, pues dejé de ser tan introvertida para convertirme en una persona más normal.

Comencé a escribir, algo que me ayudó muchísimo, pues en ese mundo podía ser la persona que quería ser. Tenía un amor ideal, lo tenía todo ahí... Todo excepto el amor de una mujer en la vida real. Estaba más sola que nunca, pero pensaba que algún día, el amor verdadero aparecería a mi puerta, tocaría, entraría y juntas, danzaríamos un vals interminable de felicidad... Qué ilusa era. El día que el amor tocó a mi puerta, dio paso a los ojos más hermosos y más mortíferos que haya visto en mi vida. El amor tocó, con la forma de Fujino Shizuru. La mujer más mentirosa de este planeta, más indecisa y lo que es peor, idiota, tan idiota era que ni siquiera se dio cuenta del daño que me hizo.

No sé si continuar esta historia contando mis peripecias con esa mujer o volverme al principio, donde te pondré más ejemplos. No me decido aún. Haré una pausa, respiraré profundo, que la noche es larga y los días más aún.

- "Voy a pasar, unas tres veces más, así que lo que estás haciendo tendrás que suspenderlo". - Esa fue la voz de mi asistente, quien sabe que escribo y sabe más que no me gusta que me molesten cuando lo hago.

- "Ya".

Nuestros escritorios están muy pegados, y ella es bajita y gordita, por lo que inevitablemente choca con mi lugar cada vez que se levanta. Hablando de mujeres, ella es una mujer que para muchos está loca, probablemente sea verdad, porque de todas las personas que he conocido en los últimos dos años, ella es la única que ha llamado mi atención y que me parece divertida, a su manera.

Lo cierto es que estoy muy lejos de casa, vivo en otra ciudad, me he mudado por muchas situaciones pasadas las cuales también marcaron la diferencia en mi vida. El día de hoy, Natsuki busca un poco de paz y tranquilidad, pasar inadvertida ante los ojos de la muchedumbre. Nada que un poco de anonimato no consiga. En esta ciudad es más notorio que soy una persona solitaria, pues al no tener familia a quien visitar permanezco horas y horas en el trabajo u horas y horas viendo el techo. No bebo, antes lo hacía pero llegué a un punto donde decidí que no estaba para desfiguros, no me convertiría en mi madre. No fumo, no consumo drogas que causen adicción, no tengo pasatiempos ni pertenezco a clubs de ningún tipo. Soy una persona aburrida por naturaleza, esa es la verdad. Me gusta leer, suelo dar paseos solitarios con mi mascota, me gusta ver los atardeceres y sueño el día en que pueda ver uno con alguien que los disfrute tanto como yo. Me gusta escuchar a la gente que tiene algo interesante que decir, detesto hablar del trabajo, porque el trabajo no es mi vida, es mi sustento. El que siempre habla de trabajo es Sakomizu.

Sakomizu es mi jefe en esta ciudad, es un hombre mayor, que ha recorrido todo el país, nació en una prefectura del centro pero no pertenece a ese lugar tampoco. Ha vivido más tiempo en la costa y considera ese sitio su hogar, aunque él también ha tenido que mudarse aquí, donde estamos, mientras que su familia vive en la ciudad vecina. Sakomizu está casado y creo que su exilio le ha servido para mejorar las cosas en su matrimonio, desde que trabajo para él, he percibido diferencias sutiles en su comportamiento. Ha dejado de beber tanto, está más pendiente de su teléfono y piensa volver a casa, más constantemente que yo. Él es un caballero, de los pocos hombres que conozco y que sin duda vale la pena tratar. A eso me refería con que hay que saber encontrar a la gente que te puede defender.

A mi jefe lo conocí en una situación incómoda, a él le dieron malas referencias mías y a mí me dieron malas referencias de él. Estábamos en la misma situación, cuando comenzamos a trabajar juntos. Yo tenía la fama de ser una borracha y él tenía la fama de ser una persona conflictiva. Sin embargo, con el tiempo se demostró que aunque yo sí bebía en aquel entonces, no era una persona irresponsable y que si él tenía un carácter horrible, eran raros sus exabruptos. Además siempre me invitaba a comer y eso lo compensaba todo.

Pero me he desviado del tema, hablábamos de mujeres y no de hombres. Uno de mis pasatiempos favoritos siempre ha sido la astrología, me divierte mucho. Todo lo esotérico en general y confieso, que aunque no creo en enanitos verdes, me encantan las teorías de conspiración. Un día se me ocurrió sacar mi carta natal y ¡oh sorpresa! La carta decía que mi infelicidad estaría relacionada con las mujeres, palabras más, palabras menos. Recuerdo haber dicho, caramba, me gustan las mujeres, ¿qué clase de ironía es esta? Y sin embargo, la carta parece decir la verdad. Hasta el día de hoy, no he conocido una sola mujer que me haga feliz, sin haberme hecho derramar horas de lágrimas en habitaciones obscuras. Yo entiendo que no hay felicidad perfecta, pero, ¿en serio? ¿Era necesario tanto sufrimiento? ¿Qué mal karma estaré pagando, que no puedo encontrar una sola persona que me llene de alegría en vez de reveses? Pensarás que exagero, pero te contaré mis inicios.

En la universidad, con la llegada del internet, la tecnología, los softwares, la informática, todo ese avance que supuso el progreso; me llegó también el amor. Y claro, en piel de mujer. Un amor no correspondido, si bien debo aclarar, digo, por si no lo han notado toda esta historia va de la mano con el desamor. Ella era una joven un tanto mayor que yo, estaba en mi grupo, lo cual me daba la ventaja de poder contar con su grácil presencia todos los días. Se dio cuenta que a mí me gustaba, eso fue lo peor, porque abusaba de ello. Me hacía bromas para avergonzarme y como he explicado, antes era más tímida, actualmente no me dejaría como en aquel entonces. Era joven y muy ingenua. Creo que ese siempre ha sido mi lado flaco, soy totalmente ignorante a la maldad en las personas.

La joven, se la pasó en ese juego de estira y afloja durante largos cinco años, ¿en qué terminó la cosa? Se comprometió en nuestro último año de universidad, posteriormente se casó y se fue a vivir a otra ciudad. No me invitó a su boda, cabe aclarar, digo, al menos tuvo la decencia de no seguirme jodiendo la vida hasta ese punto. Para cuando ella se casó, creo que yo pesaba unos 36 kilogramos y no estoy bromeando. Mis amigos me preguntaron que por qué no fui a la boda, hubiera evitado ese error, yo simplemente respondí, "no me invitó". No lloré por esa pérdida, porque tampoco ella me dio algo que me hiciera guardar alguna esperanza, yo entendí muy bien mi situación en esa relación, la acepté y la dejé ser feliz. Saeko respiró profundamente la noche que ella salió de mi vida...

Como bien has notado, la vida se me fue de las manos, pasé mis mejores años sin conocer el amor, pero aún no me rendía del todo, aún pensaba que podía ser alguien en esta vida y tener esa familia y ese amor que tanto anhelaba. Pero esta historia aún no acaba, todavía me falta un evento de abuso más. En la víspera de la navidad, en mi último y fatídico año de universidad, a mamá se le ocurrió beber de más. Tenía el corazón roto, y ya sabemos cómo repara ella su corazón roto. Entre su mente enfermiza, sus celos y su locura, se le ocurrió pensar que entre mi padrastro y yo había algo, así que como su relación había terminado muy mal; cuando hice un comentario delante de ella a la mitad de su tertulia etílica; se me fue encima como una gata salvaje. Me arañó, me mordió, me golpeó y fue un acto tan dramático y tan vergonzoso; que al día siguiente, por vez primera y única en su vida, me tuvo que pedir perdón.

Si bien la perdoné, mi corazón estaba más que roto. Por un lado, la mujer que me gustaba y en la que veía una amiga incondicional y blanco de mis afecciones más románticos, se había comprometido. Por el otro, mi mejor amiga, la única que tenía y que había estado en todos mis fracasos y en todos mis sinsabores, me había agredido física y emocionalmente, por nada. Ese fue el punto exacto, donde mastericé la técnica del corazón de hielo.

Pedí auxilio, recuerdo que fui a un retiro espiritual para sanarme, al final del retiro los padres de todos los jóvenes acudían a visitarlos y los llenaban de cariño, para decirles que todo estará bien. En mi retiro no apareció mi madre, sino mi padrastro, porque nunca pudieron localizar a Saeko ya que no contestó el teléfono, o eso me dijeron. El punto es, que ese momento especial, pasó a nada para mí. A los pocos días le dije a mi padrastro que ya no podría seguir trabajando para él, que buscaría mi camino por otra parte. Volví a quedarme sola y Saeko, volvió a respirar profundo.