Las mujeres que no amaban a las mujeres

Capítulo 2.

"Pero los días hacen semanas, las semanas meses y los meses años; así que todo pasa, los años pasan y uno en vez de hacerse más inteligente se hace más pendejo..."

Cansada de llevar una vida miserable o así lo sentí, decidí hacer un cambio radical en mi vida, estudiar otra licenciatura. ¿Por qué? Quería hacer algo totalmente distinto, algo que me gustara y que pudiera servirme a futuro en caso de que la carrera que estudié no me sirva de mucho. Pero también quería conocer gente y mi círculo social era y es aún, muy pequeño para eso. Definirme como antisocial sería incorrecto, soy más bien, asocial. Así fue como empecé otra vez.

No te gustará lo que leerás, porque seguramente esperas leer una historia de amor o de desamor entre dos mujeres y sí, estás en lo correcto, sólo que tendrás que esperar para ello. Como ya he dicho antes, esta es mi historia y como precisamente no me he caracterizado por ser precisamente muy constante, verás todo tipo de locuras. Como ser heterosexual, por ejemplo. Que más bien pienso que no lo fui, sólo lo intenté, bastante mal por cierto. Bueno, todos cometemos errores pero yo me caracterizo por hacer las cosas a lo tremendo, es decir, a cagarla horriblemente. Recuerdo que llegaba temprano a la universidad, salía de un trabajo de medio tiempo que si bien no me aportaba mucho económicamente hablando, me hacía sentir útil, pues ejercía lo que estudié sin matarme en el proceso, algo que hasta ahora, odio profundamente.

El hombre en cuestión era sólo un año mayor que yo, de mirada cínica, actitud de yo lo puedo todo y bastante muy alto. Todo lo anterior, salvo su estatura, eran una fachada, en realidad el tipo era un fracasado y no me da pena admitirlo, pues yo no soy él. Le intenté de todo, en esa ocasión, pero simplemente él no dio bolo así que después de un largo periodo o al menos para una persona que no había salido seriamente con nadie antes, casi 12 meses eran demasiado. Fueron demasiado, terminé con él antes de que todo empeorara y sólo describiré nuestro último encuentro porque fue algo dramático. Me invitó a comer aunque en el fondo él ya sabía que terminaríamos... Ah, pero ahora que recuerdo me estoy evitando un episodio de los que quizá prefieras leer, sí, uno lésbico. Las experiencias con mujeres han sido tan malas que casi las borro ya por default en mi cabeza.

Regresemos en el tiempo, cuando él y yo teníamos quizá un par de meses saliendo y yo había cambiado de trabajo. Aunque él intentó conseguirme un trabajo simplemente no se dio, de ahí debí suponer que era un idiota total. Entonces un día un anuncio en el periódico sobre una vacante y bueno, me quedé con el trabajo. Estaba en entrenamiento cuando ella apareció... Vaya, a pesar de que era bastante consciente de mi inclinación homosexual, para esas digo, ya sabía para dónde mascaba la iguana. Aún así, me negaba a demostrarlo, si bien una mujer más experimentada como la que conocí, sabía todavía más que yo, de que lado mascaba el lagarto. Un día apareció en el mostrador, pidió información y a alguien se le ocurrió que yo podría orientarle más. O tal vez la memoria me falla y es que ya nos habíamos visto y ella se acercó deliberadamente a mí a preguntar. Saber, casi olvido a esa mujer...

¿Cómo la llamaremos? Llamémosle Alyssa, 10 años mayor que yo, la mujer rondaba ya sus treinta y pico años, pero no se confundan, era guapísima. No era una miss universo, no tendría el cuerpo de la mujer maravilla, ni siquiera su edad, pero para mí, así como era, era bella. Castaña, con unos ojos azules cual zafiro brillante, blanca, madura, su voz era grave pero no de vieja, sólo era un tono más grave. Sus manos siempre me llamaron la atención, probablemente era porque me sentía tan intimadada que terminaba bajando la mirada e irremediablemente le veía sus dedos, sus uñas, sus pulseras que usaba muchas. Ella apretaba los puños constantemente, ahora me doy cuenta que probablemente era porque también yo le ponía nerviosa. Sí, Natsuki tenía 24 años, estaba en la flor de su juventud y en su pico máximo de pendejez. Una virgen de 24 años. Omaiga...

Alyssa por otro lado era una mujer independiente, segura de sí misma, la única hija y heredera de una familia de apellido de abolengo y tacaña hasta el tuétano. Regateaba por todo esa mujer, que bárbaro, a todo le buscaba descuento y bueno, yo sólo quería seguirla viendo, si me lo hubiera pedido le hubiese dado las nalgas. Pero no, ya quedamos en que caigo muy fácil con ese tipo de personas que parecen lo que no son, y sí, Alyssa, con toda su experiencia en la materia, con toda su edad, todo su dinero, era una maricona. Leíste bien, maricona. Pinche vieja pendeja. Pero le quito romanticismo a todo, ¿no? Bueno, continuemos con la historia como la recuerdo.

Alyssa parecía estar sola todo el tiempo, trabajaba todo el día, nos veíamos diario o casi diario, llegó un punto donde le veía más a ella que a él. Poco a poco, fue consiguiendo su lugar en este corazoncito de hielo...

- "Viene por mí".

- "¿Disculpa?" - Ese fue Tate, mi compañero de trabajo, quien pensaba que, con sus 20 años podía comerse al mundo y el mundo se dejaría devorar por él.

- "Tengo a esa mujer donde quiero, mírala, todos los días viene a verme sin fallar".

- "¿En serio?" - Sí, ya sabiendo yo de qué lado masca la iguana, lo único que podía hacer era darle la razón a mi amigo para que no se sienta mal, después de todo, ¿qué podría decirle? No Tate, esa mujer es lesbiana y viene a ver este cuerpecito lindo que tampoco te vas a comer. Pendejo. -"¿En qué te basas para ello?" - dije para intentar hacerle ver su error, sin que se de cuenta o tan sólo reírme un rato, que estaba muy aburrida ese día.

- "La manera en la que me mira, me presta atención cuando le explico, pasa horas aquí y se ve que es una mujer muy ocupada..." - eso sí, es una mujer ocupada. - "¿Tú que crees?".

- "¿La verdad?".

- "Sí". - Viene a por mí.

- "Deja de soñar despierto, mejor anda a ver si ya puso la marrana".

Para ser honestos no recuerdo si fui yo quien le abrió los ojos al muchacho o él mismo un día vio algo que yo no; pero un día Tate descubrió que Alyssa en realidad venía por mis carnes y también se dio cuenta que a mí no me era para nada indiferente la mujer. Pero olvidémonos de Tate, que es un personaje recurrente en mi vida pero no importante. Volvamos a ella y sus hermosos ojos, a ella y sus pláticas de horas, nuestras citas nocturnas en la puerta del trabajo. Si me tenía donde quería, ¿por qué nunca hizo nada para cambiar nuestra situación? Incluso ahora, ya más vieja, me pregunto, qué mierda le pasó por la cabeza, aunque me temo que sí lo sé, pues un día llegó y me dijo lo siguiente.

- "Saldré de viaje".

- "Oh, se va de vacaciones". - Siempre he sido muy formal con mis afectos y ella era para mí intocable. - "¿Cuánto tiempo?"

- "Una semana, ¿puedo encargarte a mi hija?" - Su mascota.

- "Claro, nosotros nos ocuparemos, pierda cuidado".

En ese momento no entendí por qué se iba, incluso un día su mamá fue a asegurarse que su nieta estuviera en buenas manos. Recuerdo que, se sentó en el jardín en una silla que Tate le preparó para que mirara corretear a la cachorra, mientras yo me senté al piso para mirar junto con ella los juegos de la pequeña perrita. Mientras tanto, observaba de reojo a la madre de la mujer que hacía latir mi corazón fuertemente en cuanto divisaba su silueta a la puerta del negocio. La madre de Alyssa era obviamente una mujer mayor, muy mayor, con unos ojos claros pero no tan bellos como los de su hija; sus voces eran muy similares si bien Alyssa, acostumbrada a mandar y ser hija de papi, tenía un tono más severo. La mujer estuvo callada mucho tiempo y de la nada, comentó.

- "Alyssa ha sufrido mucho, se merece esto".

Siendo idiota como era no entendí lo que me estaba diciendo, yo pensé que decía que merecía las vacaciones, pues trabajaba mucho. Se había ido a una playa que fue muy popular en los setenta en el país, algo lejos de casa si me lo preguntan, pero no se me hizo raro en su momento. Simplemente pensé, se fue como se van todos y volverá. Craso error.

Pasada la semana, tal y como Alyssa prometiera, regresó. La vi desde la puerta, le vi caminar y no pude evitar ponerme nerviosa. Ya quedamos que para ese punto, yo era consciente de que ella provocaba en mí algo que nadie había podido antes. Esa excitación, ese corazón palpitante en mi pecho, esa respiración entrecortada; muchísimas reacciones de tipo nervioso que ningún libro podría describir si bien pueden explicar el por qué de todas ellas. Alyssa... Tal vez no caminaba como modelo pero para mí, su figura después de mucho tiempo, lo era todo. Alyssa avanzó hacia mí, sonriente, feliz, me abrazó y me apretó con fuerza; yo no sabía que la causa de su sonrisa no era yo, pero quise pensar que sí.

Estaba tan emocionada que no me di cuenta de lo que me estaba diciendo, culpo a mi inexperiencia, a mi ingenuidad, pero también estaba demasiado ansiosa como para pensar cabalmente. Alyssa se sentó en el piso de la tienda y para no estar a un nivel más alto que ella, pues yo me encontraba recargada en una mesa, me senté al suelo con ella. Recuerdo que ese simple acto, provocó en su bello rostro la más hermosa de las sonrisas, para mí hubiese sido imperdonable estar en pie si ella estaba en el piso. Alyssa me relató sus peripecias sin dar grandes detalles, pero, ¿a mí que más me importaba eso? Estaba feliz me dijo que le fue tan bien que pensaba incluso irse a vivir a ese sitio, que abriría una sucursal ahí, que ese sitio era maravilloso y no sé que tantas chorradas más. Fruncí el ceño y le pregunté si no era demasiado arriesgado hacer eso. ¿No era notorio ya? Ella ponía veranos a mis inviernos, me calentaba cuando sentía frío, pude ver muchas veces cómo se debatió en no abrazarme cuando me veía tiritando de frío. Por eso, cuando ese día me abrazó, después de una larga espera, sentí algo muy especial dentro de mí.

Hagamos un paréntesis en este punto y volvamos a mi vida heterosexual, la cual era bastante mala, como ya he dicho antes. Volvamos al punto exacto donde Alyssa me conquistó y él me perdió. Fue en mi cumpleaños número 25, cuando ella me llevó comida al negocio, porque simplemente se acordó sin que tuviera yo que andarle diciendo todos los días la fecha exacta de mi nacimiento. Para mí ese simple gesto fue un gran detalle de su parte, no puedo decir lo mismo de mi novio, quien ni se acordó y casualmente, no se apareció tampoco. Te preguntarás por qué si íbamos tan bien en la historia, por qué empañarla en recordar que tenía una relación heterosexual en este punto clímax de mi relato. Te responderé por qué, querido lector. Porque soy una imbécil, que si fuera como todos los demás, le habría puesto el cuerno al muy idiota y ni siquiera se hubiera dado cuenta de ello, porque se sentía tan seguro de que nadie podría tocarme que ni siquiera se tomaba la molestia ya en visitarme como al principio.

Pero yo no era así, yo aún tenía un compromiso de palabra con él y es por eso que después de mi cumpleaños lo cité en un restaurante para terminar nuestra relación. Él no lo tomó bien, no lo aceptó, yo le dije que para mí él ni siquiera figuraba en mi vida y que necesitaba de alguien que al menos tuviera la decencia de recordar los días importantes. Arranqué el motor del auto, se abalanzó como un loco sobre él para evitar mi partida, fue algo horrendo, de novela, como todo lo que me rodea. Pero lo hecho, hecho estaba, yo estaba enamorada de una mujer y nadie podía evitarlo ya. Pero no por estar libre le iba a decir Alyssa, "'tonces qué, en tu casa o en la mía". ¡Eso jamás!

Regresemos ahora sí, al punto donde estaba, donde ella me decía que estaba alguien pero yo no le entendí, esa es la verdad. Yo no entendí qué fue lo que cambió. Hasta que un día mi rival se apareció. Entraron las dos al negocio, correteando como su mascota lo hacía en ese mismo jardín, nunca había visto a Alyssa tan guapa como esa noche, se había arreglado para ella. Demonios... No era bonita, pero tampoco era fea, era de su edad al menos y se notaba que tenía una gran influencia sobre Alyssa. Debí haberme puesto feliz, pero no, estaba molesta e incómoda, de no ser por Tate, no sé que hubiera pasado conmigo ese día.

Recuerdo que esa noche no dormí, en mi mente se proyectaba la escena de ellas dos juntas, una y otra vez. Estaba triste, pero ya lo sabía, desde el inicio supuse que esa mujer tampoco era para mí. Mi corazón estaba roto, esa vez sí lo sentí así, a pesar de que desde el inicio me había propuesto a no intervenir en nuestra relación de amistad, a pesar de que había decidido que si pasaba algo tendría que ser ella quien lo iniciara; a pesar de todo eso, me sentía triste. No podría soportar seguir yendo al trabajo y ya no ver a Alyssa, sino, Alyssa y "ella". Eso era demasiado masoquismo y yo no era una suicida ni una demente.

Para ese entonces todo iba mal, mi jefe la había agarrado contra mí meses antes, quería despedirme pero era yo demasiado astuta. Quizá ya no era la misma mujer que entró a trabajar para él. En cuestión de un año, había dominado la técnica de escuchar reprimendas sin demostrar emoción alguna, cuando así lo ameritaba la ocasión. Él, mi jefe, nunca supo si yo le insultaba o tan siquiera le oía; pero un día por teléfono reventó en berrinche ante mi incapacidad laboral. No estallé, mi voz no tenía emoción alguna, le tomé la palabra y le dije, correcto, el 31 de diciembre será mi último día, así que espero mi aguinaldo, mi liquidación correspondiente y no tendrá queja mía si piensa que le demandaré por algo. Simplemente me iré. Para él fue música para sus oídos, pues finalmente ese era su objetivo, aunque sé que en el fondo se quedó con las ganas de verme estallar como esperaba.

Una noche, Alyssa acudió como de costumbre a la salida del trabajo, entonces le dije que quería hablar con ella de algo importante a solas. Se puso nerviosa, esta vez no lo disimuló como antes lo hacía, quizá era porque yo estaba muy segura de lo que quería y cuando quiero algo, lo tomo sí o sí. Ella debe haber pensado que después de un año o casi un año, me le declararía, lo sé por su nerviosismo que fue extremo. Ahora era ella quien bajaba la miraba, quien apretaba sus puños buscando un punto qué mirar, no podía ni quería verme, estaba a la expectativa. Recuerdo que para mis adentros sonreí y pensé, "no te daré el gusto, por cabrona".

- "Me voy".

- "¿Cómo?"

- "He pedido mi renuncia, me iré de viaje en Enero, así que mi último día será el 31 de diciembre"

- "¿Ha pasado algo malo?" - Sí y tú lo sabes, pero nunca lo voy a aceptar delante tuyo.

- "No, sólo ya no es mi lugar estar aquí".

- "Ya, pero todavía falta, ¿no es así?" - Dijo con una media sonrisa, tratando de ser optimista.

- "Claro".

En el transcurso de los días, Tate me dijo que un día Alyssa lo había entrevistado, le preguntó si sabía por qué me iba así tan repentinamente. Él dijo que tenía problemas con el jefe, pero creo que en el fondo, él también sabía el motivo, pero obviamente no le dijo nada a ella. Tate me abrazó el día que Alyssa entró con su novia, decía él, "ella te quiere a ti, sólo está encandilada, verás que se le pasa". Pero no se le pasó y seguía yendo con ella, al grado de que Tate deliberadamente le daba celos a Alyssa al cortejar galantemente a mi rival. Sólo para molestar y para hacerme reír también, que era una tortura verlas entrar juntas y felices, día tras día. Mi rival se fue pero su amor prosperó, ya sabía yo en dónde iba a quedar en esta relación y no aguantaría otros cinco años así.

Llegó el día en que me despedí de Alyssa, fue en la mañana, la acompañé hasta su automóvil como siempre hacíamos, como era nuestra rutina antes de que tuviera pareja. Se veía optimista, tan así, que se atrevió a abrazarme de nuevo, pero esta muestra de afecto, este abrazo, fue distinto al anterior, fue más prolongado. Recuerdo claramente ese momento. Puedo recordar el olor de su perfume, Alyssa era más alta que yo, mi rostro quedaba exacto entre sus pechos, yo me así de su cintura mientras que ella me apretaba con firmeza, nuestro momento de afecto duró para los ojos de los curiosos, un poco más de lo permitido. Pero aún así, nadie podría pensar que era algo más que el abrazo de despedida de dos buenas amigas. Estoy segura que si el idiota de Tate no se hubiera aparecido regando las plantitas, como dijo que estaba haciendo, quizá...

Pero no pasó más, arrancó el motor de manera apresurada y nerviosa, y entonces entendí, entonces supe lo que es correr tras de alguien que no volverá a estar en tu vida. Sólo la vi irse. Si tan sólo supieras, cuánto te quería, mujer.

- "Yo, sí te quería".