Al fin, salió este pequeño... bueno, ni tanto, creo que es el más largo. Por eso me tardé. Además, ¡es el primer capítulo donde Aster y Jack se conocen! muajaja... ok no.

Gracias a:

Guest, Monroe21, Canaryboyness22 por sus comentarios. Me encanta. Me animan. Me motivan. Disfruten este capítulo.

Y gracias a Nefertari Queen por ser mi beta.

Les recomiendo escuchar las canciones del musical de fondo, para este capítulo, la canción que usé de inspiración se llama "Un jour" es muy bonita.

Disclaimer.-Nada me pertenece. No me demanden. No gano nada. Solo me divierto.


3

Encuentros

Un jour, on oubliera ces jours, à traîner le cœur lourd

Un jour ce sera notre tour de nous aimer un jour

Un jour, on fera le même aveu

J'étais seule, on s'ra deux, et on s'aimera si fort

De nos âmes de nos corps

Et quand viendra la mort, on s'aimera encore, un jour ...

Un día se olvidarán esos días, de arrastrar el corazón pesado

Un día será nuestro turno de amarnos, un día

Un día, se harán las mismas confesiones

Yo estaba solo, y seremos dos, y nos amaremos tan fuertemente

En cuerpo y en alma

Y cuando venga la muerte, nos amaremos aún más, un día…

("Un jour" un día, de Roméo et Juliette)

Nick y Tooth desayunaron con los Bunnymund y les dieron la misma noticia que a los Overland, sólo que a ellos les pidieron que se encargasen de la decoración de la gala. El señor Bunnymund aceptó, encantado, y aprovechó la ocasión para invitarlos a un baile esa misma noche, que se celebraría supuestamente para inaugurar una buena nueva era en Verona. Solamente Aster sabía la verdadera razón, y cuando terminaron el brindis, él se fue sin haber bebido de su copa, molesto. Nadie prestó atención de ese gesto, salvo su padre.

Pero Aster no tenía intención de quedarse en casa ese día y darle oportunidad a su padre de reñirlo, así que salió sin decir a dónde iría ni con quién, lo que más deseaba en ese momento era estar solo.

Anduvo por la calle en dirección al bosque, a donde iba solamente cuando estaba muy molesto o estresado. El sonido de las aves, las luces atenuadas por las copas de los árboles y el olor de la hierba fresca siempre lo calmaban, dejándole pensar mejor.

Bien, todos se casaban, eso no era nada nuevo. Desde que era joven Aster sabía que algún día debería casarse, y que siendo su familia una adinerada y respetada, tendría que elegir con cuidado a su futura pareja. Hasta ahí no había ningún problema. La cosa cambiaba un poco cuando se imaginaba que tendría que soportar a un extraño toda la vida. No quería tener que elegir por presión, y menos que sus padres eligieran por él. Y tampoco quería estar con un extraño.

Era relativamente común que dos personas se casaran más por conveniencia que por afecto, en Verona, como en el mundo, se pensaba que el cariño era algo que podía llegar después. Su padre le decía que él se enamoró a primera vista de su madre, ella aceptó casarse, y después le llegó el cariño a ella. Pero Aster, quizá pedía mucho al esperar algo distinto para él.

Aster era joven, apuesto, conocido por su fuerza e inteligencia. Siempre tuvo muchos admiradores, y se divirtió con algunos, pero esto era distinto. Le molestaba sentir que sus padres le estaban obligando a tomar una decisión. Aster sabía que el deber era primero, y más el deber hacia la familia, pero… tenía sus dudas. Al menos en eso. Lo peor era saber que, por más que se molestara, al final terminaría cediendo. Sabía que apenas su padre presionara de más, él terminaría eligiendo al que considerara la mejor opción. Detestaba seguir órdenes, pero Aster tenía demasiado respeto a su familia.

Pero ya no quería pensar en eso, el bosque siempre lo calmaba, y ese día no fue la excepción, tras encontrar un buen árbol en el cual reposar, se mantuvo tranquilo, ayudado por las brisas frescas. De hecho, pensándolo bien, esas brisas eran más frescas de lo normal.

Aster abrió los ojos y miró alrededor, pero todo se veía normal. Así que cerró los ojos de nuevo, pero sus sensibles orejas detectaron un ruido extraño. Frunció el ceño, concentrándose y descubriendo que el sonido venía de unos arbustos cercanos. Una de las principales características de los pookas eran sus orejas grandes, algo peludas, y flexibles, muy parecidas a las orejas de un conejo. Eso mejoraba considerablemente su audición, y era una muestra más de cómo los reflejos de los pookas eran más finos que los de los humanos.

Esas orejas le dejaron escuchar que alguien se asomaba desde unos arbustos a unos diez metros de distancia, así que se movió lentamente, intentando que sus movimientos fueran ligeros, casi desapercibidos. Luego enfocó la mirada hacia el arbusto, y pudo ver la silueta de una persona.

.—¡Oye, tú!—gritó—¡Sal de ahí!

El muchacho se espantó, e irguió de repente, permitiéndole verlo un poco más. Tenía cabello castaño y ojos oscuros mirándolo de forma curiosa. Aunque su vista fuera muy buena, la distancia le impedía reconocer mejor sus facciones, pero el brillo en esa mirada lo marcó. Nunca había visto ojos tan auténticos, una curiosidad tan inocente, una chispa de genuina alegría y vivacidad.

Una vivacidad que fue reemplazada por el miedo, apenas Aster había gritado.

.—Hey, espera, tú…

Pero el muchacho no esperó, simplemente le dio la espalda y se echó a correr, como si le temiera.

.—¡Bribón!

Algo molesto, Aster se recostó de nuevo en el tronco del árbol, notando que la silueta del muchacho desaparecía a la distancia. Cerró los ojos, sabiéndose solo, sin quererlo recordó la mirada de aquél muchacho, pura y vivaz. No recordaba haber visto antes a ese muchacho, pero tenía algo extraño… ya después preguntaría por él.

o0o0o0o0

Jack Overland tenía fama en Verona de ser un muchacho alegre, que rozaba lo problemático por las constantes travesuras que dejaba a su paso por la ciudad. A pesar de eso, su carisma lo volvía centro de atención de todas las miradas, y que quede claro que era para bien. Todos querían a Jack por la jovialidad y alegría que expresaba con cada poro de su ser y que no se podía contener.

Por eso, las pocas veces que se molestaba, a todos los tomaba por sorpresa y les disgustaba verlo taciturno. No era normal que se enfadara seguido.

.—Estás siendo totalmente irracional—dijo la señora Overland a su hijo, sin importarle el ceño fruncido del muchacho—¡Deberías considerar esto como un honor!

.—¿Un honor? ¡¿de dónde es un honor?!—gritó Jack, colérico.

.—¡No le alces la voz a tu madre!—el padre, también molesto, no era la mejor persona en ese momento para imponer orden—¿Qué pretendes, muchacho? Esto no es una de tus bromas Jack. Esto es serio.

.—¡Estoy molesto precisamente porque es serio! ¿y quién se cree que es ese rey extranjero para obligarme a pretender a su hija? ¡par de extraños, esos dos no deberían esperar nada de mí!

.—Es una princesa, Jack ¿tienes idea de lo que eso significa? ¡¿tienes idea del inmenso honor que es que un rey te considere para pretender a su única hija?!

.—¡No me importaría que fuera la princesa de Verona!

.—Jack, hijo—su madre usó una voz más dulce, intentando negociar—¿Por qué te enfada tanto? No estamos diciendo que te cases ya, pero es un buen partido, un excelente partido diría yo.

.—Ya dije que no me importaría que fuera princesa de Verona ¡ni siquiera la conozco! ¿cómo pretenden que me comprometa con esa extraña?

.—Esto ya es demasiado—expresó el señor Overland sumamente frustrado—¡Esto ganamos por consentirte demasiado! Pretenderás a la princesa, ¡fin de la discusión!

.—¡No lo haré!

.—Sí, lo harás.

.—¡No!

Gritó y se fue, el señor Overland estaba a punto de seguirlo, pero sintió la mano de su esposa sobre su pecho, calmándolo, deteniéndolo, y eso le permitió respirar un segundo y serenar sus pensamientos.

.—Tú eres el padre, debes ser el razonable.

.—Lo sé—suspiró—Está demasiado mimado.

.—Es joven, esposo mío. Dale uno o dos años más para que centre cabeza, en lo que sí tiene razón, es en que no puede casarse de inmediato.

.—Yo tenía su edad cuando pedí tu mano, esposa mía.

.—Pero tú y yo éramos diferentes—la señora Overland sonrió, conmovida por los recuerdos de su juventud—Jack es bastante más jovial y enérgico que nosotros. Tiene mucha vida, y hay que dejarlo disfrutarla al menos un año más. Será bueno para él, para nosotros, y para la princesa.

.—Tengo mis reservas, esposa. Pero le daré una oportunidad a Jack, si se sabe comportar en el baile, haremos las cosas como tú me has dicho.

.—Gracias—la señora Overland besó la mejilla de su marido, y rezó a la luna para que su hijo se comportase al menos una noche.

o0o0o0o0

Jack, molesto como estaba, salió de su casa y pensó primero en ir con sus amigos, pero descartó la idea apenas dio la vuelta por la calle y notó a Nick y Sanderson caminando hacia su hogar. Seguramente iban a presionar, otra vez, a sus padres, para que él cortejara a la dichosa princesa extranjera ¡que se fueran al carajo todos! Corrió por la calle opuesta, perdiéndose en sus pensamientos.

¿Y quiénes se creían que eran ese rey y esa princesa extranjera para obligarlo a casarse con ella? ¡Tontos y locos, eso eran! Vamos, él había nacido y crecido en Verona, Jack pensaba que pasaría ahí el resto de su vida. Si se casaba con esa princesa, lo más seguro es que debería mudarse al reino, y detestaba esa idea. La princesa no era la heredera, pero seguro querría vivir o al menos visitar frecuentemente su corte.

¡Querían que pretendiera a una extraña y forastera! A Jack no le importaba si era rica, si era bella, si era bueno ¡eso podía valerle lo mismo que un comino! No, no ¡No! Él no iba a casarse porque se lo pidieran ¡él iba a casarse porque él quería! Ni sus padres conseguirían obligarlo a una estupidez de ese calibre. Iba en contra de todo lo que él era.

Jack era joven, y había pasado casi toda su vida preocupado en divertirse. Sabía exactamente cómo hacer amigos, divertirse, hacer buenas bromas y salirse con la suya sin que lo descubrieran. Pero Jack jamás se había enamorado, algunas muchachas le gustaron cuando era más joven, pero enamorarse… eso era otro rubro. Y había leído muchos libros, diciendo que era algo bonito. Jack pensaba que, si se enamoraba, quizá podría ya sentar cabeza. Pero ¿cómo renunciar a la vida, cuando le faltaban muchas cosas por experimentar?

Y pensando así fue como terminó a orillas de la ciudad, para su enorme sorpresa. Como casi nunca salía de Verona, quedó consternado al ver las veredas hacia el bosque. Se encogió de hombros, no tenía ganas de volver a su casa pronto, así que siguió caminando.

No se esperó que, mientras andaba por la verada, se encontraría a un pooka. La sorpresa hizo que se congelara un momento, observando; el pooka estaba recostado, con la espalda recargada en un tronco, tenía los ojos cerrados y se veía relajado. Había una considerable distancia entre ellos, y haciendo uso de ella, Jack se inclinó para esconderse detrás de un arbusto y verlo sin tapujos.

Aunque casi la mitad de los habitantes de Verona eran pookas, Jack conocía a muy pocos, y eran menos con los que había convivido. La mayoría de los pookas eran aliados de los Bunnymund, y los que no, permanecían neutrales. Las pocas familias de pookas neutrales tenían poco trato con los Overland, y aunque eran respetuosos, causaban una fascinación extraña en Jack. Era la misma fascinación que algo desconocido causa en un niño: Jack deseaba verlos más de cerca, convivir con ellos, aprender de sus costumbres, porque sabía que tenían tradiciones y formas diferentes de hacer las cosas. Para él, se trataba de un mundo extraño y ajeno que habitaba frente a sus narices, y que, por obra de sus padres, le estaba vetado.

Jack no odiaba a los Bunnymund como lo hacían sus padres, y ciertamente menos a como lo hacía Richard. Desde que era niño vio esa animadversión entre ambas familias, pero nunca se interesó ni en comprenderla ni en formar parte de ella. Prefería jugar, leer, hacer travesuras, divertirse con su primo, amigos y familia. El odio no era divertido, y solamente por eso, no lo experimentaba. Sentía recelo hacia los Bunnymund, claro, porque eran extraños y después de todo, si su padre los odiaba era por algo, pero el recelo no era odio.

No había conseguido observar a los pookas de manera libre en Verona, y ahora que estaba en el bosque, sentía que la oportunidad valía oro. Desde su escondite podía ver poco, porque la distancia era considerable, pero aún así la silueta del pooka era fácil de distinguir. Tenía hombros muy anchos y un pecho y brazos fuertes, casi todos los pookas eran físicamente más fuertes que los humanos, aún así, ese pooka se veía aún más fuerte. La piel estaba aperlada, casi morena, pero eso contrastaba de forma muy agradable con su cabello claro, de ese tono cenizo que es parecido al gris, y que bajo el sol, resplandecía.

Por la distancia no podía ver bien sus facciones, pero sí adivinó que el pooka era de buena familia, pues llevaba puesta una chaqueta de calidad y botas buenas. Seguía contemplándolo cuando lo miró moverse, sólo un poco, de no ser porque estaba espiándolo fijamente no se habría dado cuenta de cómo sus hombros se desplazaron para erguirlo ligeramente. Luego alzó sus orejas, esas largas y bellas orejas similares a las de un conejo, y abrió los ojos, viéndolo directamente.

.—¡Oye tú!—gritó—Sal de ahí.

Sabiéndose descubierto, Jack se tensó, por un momento consiguió ver hacia los ojos del pooka. Aunque sus facciones no le fueron claras, pudo distinguir dos pupilas de color verde, tan verdes como el bosque en el que estaban, llenos de vida y algo de molestia. Era una mirada tan extraña, tan intensa, Jack jamás había visto ojos así.

El pooka se irguió un poco más, y Jack pudo notar el brillo de una insignia en el traje del pooka. Era un huevo dorado, rodeado de flores, el símbolo de los Bunnymund.

Ahora más asustado que antes, Jack le dio la espalda y se echó a correr. El pooka gritó algo, pero no pudo escucharlo ¿realmente ese pooka era un Bunnymund? ¡que maldita suerte! ¡nada podía salirle peor en ese día!

Pero en esos ojos… esos ojos eran demasiado bellos para tenerles odio. Su familia odiaba a los Bunnymund, pero él no los conocía ¿debía odiarlos, entonces? ¿o podía darles una oportunidad? Algo le llamó la atención en ese pooka ¿podría ser distinto? ¿podría, al menos, tener una conversación con él, ver hacia sus ojos verdes un poco más? ¿o debería tenerle miedo? Según algunas historias, los pookas tenían fuerza suficiente para matar a un hombre de un golpe.

No quería quedarse en el bosque, porque le daba miedo que pudiera encontrarlo. Así que regresó a Verona lo más rápido que pudo, primero pensó en olvidar el encuentro, después notó que eso era imposible. Estaba consternado, emocionado incluso, pero si decía algo nadie comprendería la naturaleza de sus sentimientos, de eso estaba seguro. Quizá Sanderson, el amable sacerdote, pudiera darle algún consejo para dispersar la maraña de pensamientos que aturdían su cabeza. Marchó al monasterio, pero no llegó, porque en el camino se encontró con sus amigos y primo.

Tom, Jon y Richard estaban en una fuente charlando, y cuando lo vieron, lo llamaron rápido, parecía que le habían buscado. Tom Groundhog era un poco perezoso, pero alegre y divertido. Jon Lantern era un sujeto con su misma mente criminal a la hora de idear bromas pesadas y chistes. Y Richard era simplemente su primo y compañero de toda la vida.

.—¿Dónde habías estado?—preguntó Tom—Te buscamos por todas partes.

.—Di la vuelta… —Jack pensó que, si mencionaba que estuvo en el bosque, sacarían conclusiones que no le convenían—Me enfadé con mis padres, ocupaba pensar.

.—¿Ahora por qué fue la discusión?—suspiró Richard, cruzándose de brazos.

Al recordarlo, Jack volvió a molestarse ¿para qué le quitaban el buen humor que consiguió en el bosque?

.—Quieren que corteje a la princesa de Hoek.

Notó que el rostro de sus amigos se mostró muy sorprendido. Eran cuatro muchachos solteros y de buenas familias, que en algún momento deberían comprometerse. Las palabras de Jack hicieron que recordaran eso de súbito.

.—¿Enserio?

.—¿Por qué?

.—No lo sé.—mintió, pero no quería dar más información—Aparentemente el rey está de acuerdo con eso, mencionaron algo de para ayudar los vínculos comerciales y toda esa cháchara política que detesto.

Richard se encogió de hombros.

.—Supongo que está bien ¿no? Digo, serías príncipe.

.—No quiero ser príncipe.

.—¿Ah, no?

.—¡Claro que no!

Jon esbozó esa media sonrisa socarrona que sus amigos y familia sabían muy bien que significaba una broma. Colocó perezosamente un brazo sobre el hombro de su amigo, recargándose en él de forma teatral.

.—Mh, muy mal. Pensábamos disfrazarte de príncipe hoy.

.—¿Para qué?—preguntó Jack, extrañado. Hasta donde sabía, no había fiestas en Verona esa noche, y mucho menos de disfraces.

.—Los Bunnymund hacen fiesta y queremos colarnos.—le explicó Tom, y vio perfectamente a Richard rodar los ojos.

.—¿A qué?

.—¡Que extraños!

.—A divertirnos, desde luego.—continuó Jon—No podrán hacernos nada, tampoco tienen el perdón del Gran Jefe, y me da mucha curiosidad como son las fiestas de los pookas.

El corazón de Jack dio un salto, los pookas, los Bunnymund… ¿acaso estaría ahí el pooka que vio en la tarde? Podría ser…

.—Estás loco, Jon.—dijo Richard

.—No, estoy lleno de buenas ideas.

.—Pero…—Jack, aunque pensaba rápido, no sabía qué opinar. Por un lado quería colarse y divertirse, por otro lado, la sola idea de encontrarse con el pooka de la tarde ponía al máximo todos sus sentidos. No estaba seguro si quería o no quería verlo, sólo sabía que, pensando en él, sus intestinos se revolvían salvajemente.

Si iba a esa fiesta, sus padres se molestarían (si se enteraban) y muy probablemente vería al pooka de ojos verdes… no sonaba tan mal ¿qué podría salir mal por acudir a un tonto baile, después de todo?

.—¡No seas aguafiestas!

.—¡Yo lo que menos soy es aguafiestas!

.—Pues yo no veo aquí a ningún rey de las bromas, sólo a un rey de las quejas.—Jon le sacó la lengua, y Jack se molestó.

.—Guárdate esas palabras, amigo.—dijo—No me provoques.

.—¡Qué miedo, qué miedo!—entonó jocoso.

.—¡Ya, basta!

.—En fin… —suspirando, Jack miró a sus amigos con un brillo malicioso en los ojos, motivado por un impulso que sencillamente no tenía explicación—¿a qué hora es esa dichosa fiesta?

o0o0o0o0

Apenas estaba atardeciendo cuando la casa de los Bunnymund abrió sus puertas para recibir a todos sus invitados. Fueron colocados listones de colores en la puerta y en el corredor principal, señalando el camino hasta el salón, en donde fueron dispuestas las mesas llenas de comida, los músicos y el resto de las decoraciones. Fieles a sus tradiciones pookas, casi todos los motivos decorativos estaban relacionados con la naturaleza, como flores, arbustos, mariposas y pajarillos, por decir algunos.

Se trataba de la primera fiesta pooka a la que Jack y sus amigos se colarían, y estaban ansiosos y emocionados. Se disfrazaron colocándose unas máscaras sobre sus rostros, y trajes muy vistosos. Cada uno se hizo un par de orejas pookas, que para que no se vieran tan falsas, amarraron en la parte trasera de sus cabezas, simulando ser una cola. Varios pookas hacían eso, y más en las fiestas, así que no tendrían por qué sorprenderse de verlos así.

Entraron a la casa de sus más odiados enemigos fingiendo que estaban alegres, cuando en realidad estaban muy sorprendidos. La construcción era hermosa e imponente, con piedras grandes, de esas que crean la ilusión de haber sido esculpidas, en vez de colocadas. Muchos muros estaban cubiertos con plantas, lo cual le daba un aire boscoso a la mansión, así como frescos y agradables aromas. Los pookas entraban, casi todos enmascarados, con ilusión y alegría, ahí estaban muchas de las familias que no conocían más que de nombre, y que apenas tratarían.

.—Esto es bonito—dijo Jack, sorprendido porque todo se veía muy distinto a lo que estaba acostumbrado.

.—Rural, querrás decir—respondió Richard.

.—¡calla, tonto! Te pueden oír.

Richard se encogió de hombros. Llegaron al salón, donde ya había algunos cuantos bailando. Al fondo estaba una enorme mesa, ligeramente alzada, donde estaban los asientos de los anfitriones, y también los de Nick y Tooth. No les sorprendió verlos ahí, como Gran Jefe, Nick debía atender a todos los habitantes de Verona, estaba más allá de tomar partidos.

En la mesa estaban Nick, Tooth, los señores Bunnymund y tres de sus hijos más pequeños. Los demás deberían estar bailando, o jugando, o simplemente divirtiéndose. Jack miró a su alrededor, emocionado porque no conocía prácticamente a nadie. Esa era una situación nueva para el muchacho, y su naturaleza inquieta le hizo sentirse sumamente a gusto.

Sus amigos, en cambio, estaban algo más consternados. Richard sobre todo no podía decir que estuviese pasando un buen rato, aunque los demás se entretenían en ver a las muchachas. Las pookas eran muy hermosas, y como no conocían casi a ninguna, podían coquetear con más libertad, sintiendo que era algo nuevo en vez de algo rutinario.

Jack se dio la vuelta por el salón, notando a sus amigos entretenidos, y buscó alguna mesa para agarrar una copa de vino. La bebió despacio, analizando todo el evento, casi todos se veían felices y animados. De hecho, el ambiente de la fiesta era muy festivo. Era curioso ver a los que se supone eran sus más grandes enemigos relajándose, pasándosela bien de una manera tan natural que lo hacía sentirse en sintonía con ellos.

Al recorrer su mirada en el salón, se asustó de reconocer unos ojos verdes. Esa misma mirada profunda e intensa que se encontró en el bosque. Sí, había ido al baile esperando verlo, pero al encontrárselo, todo valor desapareció de su cuerpo y sintió el mismo miedo que lo asaltó en el bosque. Era una sensación extraña. Su estómago se volvió pesado, su respiración contenida, sus entrañas se removían, ¿qué clase de brujería era esa?

Esos ojos verdes lo miraron también de forma intensa y analizadora, Jack bebió más vino y desvió la mirada, deseando con creces ser invisible al menos por una ocasión ¿en qué demonios estaba pensando? ¡esa había sido una muy mala idea!

Se dio la vuelta con intención de cruzar el salón, para perdérselo de vista. Sus amigos estaban ya muy ocupados bailando con dos muchachas bonitas, y Richard bebía también al otro lado del salón. Decidió ir con su primo, pero lo sorprendió una pesada mano sobre su hombro. Al voltear, notó que esos ojos verdes estaban a escasos centímetros de él, y le falló la voz.

Era el hombre más hermoso que hubiera visto en su vida…

.—Hola—le dijo, por alguna razón su voz era aún más profunda que su mirada—Te me haces familiar… ¿cómo te llamas?

Jack no sentía que pudiese responder absolutamente nada, abrió los labios, pero ningún sonido salió de ellos. Respiró hondo y le dio la espalda.

.—¡Oye!

Lo ignoró, o al menos eso intentó, pero no se pudo alejar más de dos pasos cuando lo volvió a sujetar del hombro, ahora con más fuerza.

.—¡Te pregunté tu nombre!—dijo Aster—¡Eres un maleducado!

.—Tengo prisa, señor—respondió en tono jocoso, el único que acudió a su llamado.

¡Maldita sea! ¿realmente había usado ese tono jocoso, casi intransigente, que tanto odiaban sus padres? ¡el punto de toda esa velada era no llamar la atención!

.—No me digas…

Genial, el chico de hermosos ojos verdes se estaba enojando.

.—¿A qué viene tanta prisa, eh?

.—Me llaman.

.—No veo quién.

.—Es allá, lejos.

.—No te creo.

.—Ése no es mi problema.

Para ese punto, Jack solamente quería que lo tragase la tierra. Se soltó de su agarre y apresuró el paso sin decir nada más. Detrás de él, Aster estaba impresionado, no recordaba que nadie lo tratara así en su vida. Usualmente todos eran muy respetuosos con él, ya fuera porque temían a su familia, o a su espada, pero ese muchacho…

… era el mismo que vio en el bosque, no podía estar equivocado. Esos ojos oscuros no podría nunca olvidarlos ni confundirlos. Sabía que era humano, no tenía idea de por qué llegó al baile, ni tampoco sabía de dónde venía, pero eso no le importó. Desde que lo observó llegar al salón, Aster notó ese mismo brillo de inocencia y alegría pura en la mirada del muchacho, y ahora que descubrió que tenía un carácter fuerte, se sentía enloquecer. Era la persona más auténtica que hubiese conocido en su vida.

Por eso mismo, algo lo llamaba a estar con él, a acercársele y conocerlo más. Al menos saber su nombre….

El muchacho aceleró paso y se fue por el corredor, así que Aster lo siguió. Notó que sus amigos lo empezaron a seguir, y salieron de la casa muy apurados. Estaban tan ocupados siguiéndolo que no se percataron de que Aster también los seguía a ellos, y que por sus grandes orejas pookas, era capaz de escucharlos.

.—¡Espéranos, Jack!—gritaba uno.

.—No corremos tan rápido como tú.

.—¡Apúrense!—les urgía él.

¿Jack se llamaba? Lo repitió mentalmente, sonaba bien, supuso. Era un nombre corto, rápido, de tono vivaz. Sí, sería un buen nombre para una criatura alegre, como él.

Dejó que se adelantaran un poco, saliendo de la mansión, asegurándose de que no notaran que también continuaba siguiéndolos.

o0o0o0o0

La respiración de Jack era muy apresurada, ese simple encuentro con el joven Bunnymund lo tenía desquiciado. En la tarde, cuando lo vio en el bosque, tuvo la sospecha de que era un Bunnymund, pero ahora pudo comprobarlo. El muchacho llevaba puestas las ropas y las insignias de su familia, no había duda alguna.

Y lo peor de todo era que, a pesar de eso, para Jack seguía viéndose hermoso. Esa mirada verde, esa voz profunda, esa piel bronceada… era el hombre más hermoso que hubiera visto en su vida. Y no solo eso, había algo extraño en él, algo que no podía explicar, una cosa que le despertaba la curiosidad y lo incitaba a conocerlo más y más a fondo. Lo cual, claro, era imposible.

Esa mirada de ojos verdes lo atraía como miel a las abejas, así que lo mejor era simplemente alejarse, no verle más. Eso sería sencillo, eran enemigos naturales, al menos para sus padres, así que no se lo encontraría más. De hecho, era la primera vez en toda su vida que lo veía, siendo optimistas, no se lo encontraría hasta ¿qué? ¿dentro de otros veinte años? ¡excelente para él!

.—Has corrido, Jack—le dijo Jon—¿Qué pasó? Estábamos divirtiéndonos mucho.

.—Sentí que estaban sospechando de nosotros—mintió.

.—¿Enserio?

.—Sí.

Jon y Tom intercambiaron miradas perspicaces, no le creían mucho, pero tampoco podían objetar gran cosa. Richard, que sí era algo paranoico, aceptó la explicación de su primo sin siquiera buscarle alguna lógica.

.—Vaya que esos pookas tienen diversiones raras, ¿no?—dijo Richard.

.—A mí me gustó.

.—Es que eres de malos gustos.

.—¿no has visto el color de tu chaqueta, tonto?

Jack sonrió, pero no podía aún calmarse por completo. Llegados a una plaza, se sentó en la fuente a respirar.

.—Adelántense—le dijo a sus amigos—Beberé agua, los veo en la casa.

Ellos solo murmuraron unos quedos "si" y se fueron caminando, ya solo, Jack sintió que podía calmarse mejor. Se miró en el reflejo del agua: piel clara, ojos oscuros, cabello oscuro… todo lo opuesto a la vitalidad de esa mirada verde. Esa malita mirada verde ¿por qué demonios no podía sacársela de la cabeza? ¡ya hasta podía verla en el reflejo del agua!

No, un momento… sí había una mirada verde en el reflejo del agua.

Jack se volteó asustado, descubriendo que el pooka de ojos verdes estaba a su lado, se alejó unos pasos, pero el pooka se veía relajado, confiado.

.—No me has dicho tu nombre—dijo.

Miró alrededor, no había nadie, estaban totalmente solos en una de las plazas menos concurridas de Verona. Sus amigos quizá estaban ya en casa, y media Verona estaba en el baile. Lo que pasara en ese momento, sería cosa de ellos dos, o al menos eso quería creer.

Sabía que estaba frente a un Bunnymund, pero no tenía nada de miedo. Jack solamente sentía ese mismo revoltijo extraño en su estómago, y fascinación por esos hermosos ojos verdes. La fascinación ganó, como solía ocurrirle seguido. Además, por más que quisiera durar asustado, Jack no podía. Aquella extraña sensación que lo llamaba hacia el pooka, también lo hacía… casi confiar en él.

.—Te lo diré si me dices el tuyo—al inicio su voz sonó baja, pero al final de la oración recuperó ese tono jocoso de antes.

.—Yo pregunté primero.

.—Bien, que sea un intercambio.

El duelo de miradas se extendió, Aster hizo un gesto haciéndole entender que él empezara. Jack esbozó una media sonrisa.

.—Me llamo Jackson, pero todos me dicen Jack.

.—Un gusto, Jack.

.—Ahora es tu turno.

.—Bien—el pooka se cruzó de brazos y se recargó en la fuente—Yo me llamo Aster Bunnymund.

.—Un gusto, Aster.

Había tanto silencio en la ciudad, que podía detectarse un suave y constante ruido provenir desde las calles, de donde estaba aconteciendo la fiesta en casa de Aster.

.—¿Por qué nunca antes te había visto, Jack?

.—No soy… apreciado, en tu familia.

.—Y aún así fuiste hoy a un baile en mi casa—aunque no sonaba a una acusación, Jack así la sintió.

.—Fue pura curiosidad, sin nada de milicia.

.—Lo creo.—de alguna forma extraña, los ojos de Aster se volvieron más penetrantes—Pero también creo que me ocultas algo.

.—¿Y qué podría estarte ocultando?

.—No lo sé—se encogió de hombros, como restándole importancia a la situación.

Jack se dio la media vuelta, su corazón estaba muy acelerado, y no entendía el por qué.

.—¿Dónde vives, Jack?

Aunque se detuvo, no volteó a verlo. En vez de eso respiró profundo, acomodando sus extrañas emociones del día.

.—¿Sabes dónde está el Santuario de la Luna?

.—Sí.

.—Bueno, yo vivo al lado.—lo miró de soslayo con una ligera sonrisa—Ve cuando quieras… si te atreves.

No espero que reaccionara, solamente caminó tan rápido como sus piernas pudieron, y no se sorprendió de que Aster no dijera nada más.

o0o0o0o0

.—¿Sabes dónde está el Santuario de la Luna?

Todos en Verona lo sabían. Lo único importante de ese lugar eran dos cosas, una que ahí se hacían ofrendas a la luna para conseguir favores, y la otra que ahí vivían los sacerdotes consagrados. Dudaba mucho que Jack fuera un novicio… más bien, esperaba que no lo fuera.

.—Sí—respondió, era la cosa más obvia el mundo.

.—Bueno, yo vivo al lado—respondió en tono juguetón—Ve cuando quieras… si te atreves.

El santuario era enorme, y lo único que había al lado era la mansión de los Overland.

Un momento…

Aster miró horrorizado, pero Jack no le esperó en absoluto, sólo se fue caminando, a paso rápido, perdiéndose pronto al fondo de la oscura calle. No hizo nada por seguirlo, porque si era en donde creía, entonces podría encontrarse con personas no muy agradables. Tenía que ser una broma, Jack no podía ser un Overland… ¿o sí?

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Esa noche, dos hombres llegaron a sus casas y casi corrieron a sus alcobas, agradeciendo que por diferentes motivos, sus familiares no los molestaron. Sus corazones estaban acelerados, la sorpresa se marcaba en cada una de sus facciones. No tenían manera de describir con detalle todos los sentimientos que cruzaban sus cabezas. Y mientras tanto, alguien en las montañas sonreía, viéndolos a distancia gracias a su magia, pensando que estaba acercándose el desenlace correcto.


Pensé en extenderlo un poco más, ya fuera mostrándolos dando vueltas en la cama sin poder dormir, ya fuera agregando algún sueño. Pero no, se me hizo redundar bastante en lo mismo, así que lo corté ahí. El siguiente capítulo es más intenso, muajaja...