¡Hola!, les traigo el séptimo capítulo del fanfic, parece ser que para Troy y Gabriella está lloviendo sobre mojado, les han llegado problemas tras problemas. Esperemos encuentren la luz al final del túnel. Disfrútenlo.
Esa noche, Gabriella estaba trabajando en su tarea en la sala. Estuvo tratando de terminarla por las últimas dos horas, pero seguía distrayéndose. Eran como las once treinta de la noche y no parecía que Gabriella fuera a la cama pronto. Troy bajó a la sala y miró a su novia embarazada. Tenía su laptop apoyada en su vientre y sus pies sobre la mesita de centro y los libros estaban alrededor de ella.
—¿Vendrás a la cama? —preguntó Troy.
—Aún no. Tengo que terminar —dijo Gabriella.
—Bebé, has intentado terminar esa tarea por horas. Tal vez necesites terminarla mañana, después de haber descansado —dijo Troy.
—No. Tengo que entregar esto y un examen de química mañana. No puedo mañana. De hecho, no puedo por los próximos cinco meses —dijo Gabriella cerrando la laptop, derrotada.
Troy sonrió conciliadoramente. Se acercó al sofá y se sentó al lado de Gabriella. Troy tomó la laptop de su vientre y la puso en la mesa de centro. Gabriella recargó su cabeza en el pecho de Troy.
—No pensé que fuera a ser tan difícil —dijo Gabriella.
—Lo sé —dijo Troy.
—No puedo concentrarme en nada —dijo Gabriella.
—Recuerda lo que dijo la enfermera, necesitas relajarte bebé. Estás embarazada —dijo Troy.
—Lo sé. Solo que no sé cómo y cuándo relajarme Troy. Me sigo ajustando —dijo Gabriella.
—Lo sé amor. Y sé que es difícil. Pero, no puedes seguir estresándote así. No es bueno para ti ni para ella —dijo Troy.
—Sé que no, ¿qué debo hacer? —preguntó Gabriella.
—Pídele a tus profesores que te den más tiempo para entregar tareas y exámenes. Tal vez te lo den —sugirió Troy.
Gabriella suspiró.
—No será fácil bebé. Pero, es mejor que desvelarte toda la noche para terminar tareas y estudiar para exámenes —dijo Troy.
Gabriella asintió.
—Vamos, necesitas dormir para tu examen de mañana —dijo Troy, levantándose.
—Bien —dijo Gabriella.
Troy estiró sus manos y Gabriella las tomó. Troy levantó a Gabriella del sofá.
—Se está haciendo más complicado moverme —dijo Gabriella.
Troy asintió. Abrazó a Gabriella y la pareja subió al cuarto de Gabriella. Se cambiaron a los pijamas y se acostaron. Troy levantó la camiseta de Gabriella y dio pequeños besos en su vientre.
—¿Sabemos dónde está su cabeza? —preguntó Troy mirando a Gabriella.
—No, podemos preguntar en la próxima cita, ¿por qué? —preguntó Gabriella.
—He estado leyendo —dijo Troy.
Gabriella levantó las cejas.
—¿De qué? —preguntó Gabriella.
—Embarazo. No tengo idea sobre eso y solo quiero saber qué está pasando —dijo Troy.
Gabriella sonrió.
—Se supone que su cabeza debe estar hacia abajo, cerca de mi pelvis —dijo Gabriella.
Troy asintió.
—Eso leí. Solo que no sabía dónde estaba —dijo Troy.
Gabriella asintió. Troy besó el vientre de Gabriella otra vez. Gabriella soltó una risita.
—Da cosquillas —dijo Gabriella.
Troy sonrió.
—Papi te ama mucho, bebita —dijo Troy.
Gabriella sonrió.
—Mami también —dijo Gabriella.
Gabriella se inclinó y besó suavemente los labios de Troy.
—Será mejor que duermas un poco —murmuró Troy.
Gabriella asintió. La pareja se durmió. Al día siguiente, Troy y Gabriella llegaron a casa de la escuela. María miró a la pareja y vio que Gabriella subí las escaleras hecha una furia y azoó la puerta.
—¿Qué pasó? —preguntó María.
—Está teniendo un muy mal día. Sus cambios de humor están vueltos locos —dijo Troy.
—¿Ya te gritó? —preguntó María.
—Como diez veces desde que nos subimos al auto —dijo Troy.
—Es algo temporal —dijo María.
—Lo sé, solo que es difícil verla pasar todo eso y no saber qué hacer o decir —dijo Troy.
María sonrió y puso su mano sobre la de Troy.
—Estás haciendo un muy buen trabajo Troy. Sé que no es fácil. Los cambios de humor volvieron loco al papá de Gabi —dijo María.
Troy sonrió.
—Solo tienes que estar ahí y escuchar cuando llore o grite y decirle que la amas. Es todo lo que puedes hacer —dijo María.
Troy asintió.
—Ella no estaba así ayer —dijo Troy.
—Espera hasta que se calme y regresará a hablar contigo cuando esté lista —dijo María.
Troy asintió.
—Gracias mamá —dijo Troy.
María sonrió y asintió. Una hora después, Troy estaba viendo televisión cuando Gabriella bajó las escaleras. Caminó hacia su novio y se sentó a su lado.
—Perdón por gritarte —dijo Gabriella, triste.
Troy apagó la televisión y miró a Gabriella.
—Hey, está bien. Me lo merecía por dejarte embarazada —dijo Troy.
—No, no está bien. Dije algunas cosas que… —comenzó Gabriella.
—Dijiste algunas cosas que fueron hirientes, pero fueron cosas que necesitabas decir. No te preocupes bebé. Te prometo que estoy bien, soy un niño grande, puedo soportarlo —dijo Troy.
—Pero lo siento —dijo Garbiella.
—Lo sé. Tus cambios de humor son solo otra parte de todo esto. Es como las náuseas, se va después de un rato. Esto también terminará. No te disculpes por algo que no puedes controlar Brie —dijo Troy.
Gabriella asintió.
—Te amo —dijo Gabriella.
—Yo también te amo —dijo Troy.
—Mi primer cambio de humor —dijo Gabriella, confirmando lo obvio.
Troy asintió.
—Por lo que he estado leyendo, habrá muchos en un futuro —dijo Troy.
Gabriella gimió, frustrada.
—Genial —dijo Gabriella.
—Pero siempre estaré contigo —dijo Troy.
Gabriella sonrió con lágrimas en los ojos. Se inclinó y besó suavemente a Troy.
—Gracias por siempre estar ahí. No lo digo mucho, pero no sería capaz de hacer esto sin ti Troy
—dijo Gabriella.
Troy sonrió.
—No te dejaría pasar por esto sola. No me agradezcas bebé, eres el amor de mi vida y siempre
estaré aquí —dijo Troy.
Gabriella asintió.
—¿Por qué no subes y tomas una siesta?, relájate y deja que la diva se tranquilice —dijo Troy.
—¿Diva? No es Sharpay —dijo Gabriella.
Troy soltó una risa.
—Es en serio. No hay manera de que mi hija sea otra Sharpay. Para nada —dijo Gabriella.
Troy trató de aguantar la risa.
—No te rías de mí. No deberías hacerlo Troy —dijo Gabriella.
—Lo siento bebé. Fue gracioso —dijo Troy.
Gabriella suspiró, frustrada.
—Ve a tomar una siesta —dijo Troy.
Gabriella subió las escaleras y se durmió. Un par de horas después, sonó el timbre de la puerta, Troy abrió y vio a su madre.
—Hola mamá —dijo Troy.
—Hola cariño. ¿Dónde está Gabi? —preguntó Lucille.
—Está arriba tomando una siesta. Tuvo un día difícil —dijo Troy.
—¿Qué pasó? —preguntó Lucille, preocupada.
—Hormonas. Muchas hormonas y cambios de humor. Soy un hombre, ¿acaso alguien entiende eso? —preguntó Troy al aire.
Lucille soltó una risa.
—Bienvenido al embarazo, Troy.
—¿Estás aquí para tener una de esas reuniones donde todos peleamos? Porque si es así, me iré a jugar básquetbol con Chad —dijo Troy.
—No Troy, te puedes quedar. Solo vine de visita —dijo Lucille.
—Oh, iré a ver a Brie —dijo Troy.
—Está bien cariño —dijo Lucille.
Troy subió las escaleras y vio a Gabriella con la camiseta levantada arriba de su vientre, viéndolo en el espejo.
—Hey bonita, ¿qué haces? —preguntó Troy, sentándose en la orilla de la cama.
—No me veo bonita —dijo Gabriella.
—Eres bonita Brie —dijo Troy.
—Mira esto. No son bonitas —dijo Gabriella apuntando a sus estrías.
Troy pasó una mano por las estrías de Gabriella.
—Bebé, aunque tuvieras miles de estrías por todo tu cuerpo, seguiría pensando que eres hermosa —dijo Troy.
—¿Lo dices en serio? —preguntó Gabriella.
—Claro que lo digo en serio. Brie, tu cuerpo está cambiando cada día porque nuestra hija está dentro de ti. Pero, mi amor por ti nunca cambiará. El hecho de que estés cargando a nuestra bebé te hace más bonita para mí —dijo Troy.
—¿Qué hacemos con estas? —preguntó Gabriella viendo hacia sus estrías.
—Preguntémosles a nuestras madres qué podemos hacer. Las dos están abajo, será mejor que una discusión —dijo Troy.
—¿Vino aquí a discutir? —preguntó Gabriella.
—Dijo que solo viene de visita —dijo Troy.
La pareja bajó las escaleras.
—Hola cariño —dijo Lucille.
Gabriella sonrió y se sentó en el sofá.
—Mamá, ¿qué podemos hacer con las estrías? —preguntó Gabriella, avergonzada.
Troy sonrió comprensivamente. Lucille y María sonrieron.
—Déjame ver Gabi —dijo María.
Gabriella se levantó y caminó hacia María y Lucille y levantó su blusa. María pasó sus dedos por las estrías como Troy lo había hecho y asintió.
—Hay una loción que puedes ponerte para que estén menos irritadas. Pero, además de eso, no hay mucho que puedas hacer —dijo María.
—¿Dónde podemos conseguir esa loción? —preguntó Troy.
—En una farmacia —dijo María.
Troy asintió.
—¿Quieres que vaya a comprarla? —preguntó Troy.
Gabriella asintió.
—Muy bien, regreso en un rato —dijo Troy.
Troy fue a la farmacia por la loción que le dijo María y fue a casa. Abrió la puerta y caminó a la sala. Troy le pasó la loción a Gabriella. Gabriella sonrió, avergonzada porque hizo que su novio fuera a comprarla. Se levantó, abrazó a Troy y besó su mejilla.
—Gracias bebé —dijo Gabriella.
—No hay problema. Quiero que estés cómoda con esto Brie —dijo Troy.
Gabriella asintió. Se alejó y miró a su novio.
—Voy a ponérmela —dijo Gabriella.
Troy asintió y miró a Gabriella subir las escaleras.
—Se han hecho más unidos —dijo Lucille.
—Bueno, tendremos un bebé. Si eso no es ser cercano, no sé qué lo sea. La amo —dijo Troy.
Gabriella bajó las escaleras un par de minutos después.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Troy.
Gabriella asintió.
—Un poco —dijo Gabriella.
Troy sonrió.
—Bien —dijo Troy.
—¿Ya pensaron en nombres? —preguntó María.
Troy y Gabriella sacudieron sus cabezas.
—No, aún no. Pero deberíamos, ¿verdad? —preguntó Gabriella.
—Elijan algo que les guste —dijo Lucille.
La pareja asintió. Un par de semanas después, Gabriella llegó a casa de la escuela y vio a Troy en la cocina. Caminó y se sentó en una de las sillas de la barra.
—¿Cómo estuvo la escuela, bebé? —preguntó Troy.
—Estuvo bien —dijo Gabriella.
—¿Te sientes bien? —preguntó Troy.
—Me duelen la espalda y los pies —dijo Gabriella.
—¿Por qué no te recuestas? —sugirió Troy.
—No quiero —dijo Gabriella.
—Entonces no puedo ayudarte a resolver el problema amor —dijo Troy.
Gabriella comenzó a llorar. Troy dejó lo que estaba haciendo y abrazó a su novia.
—Shh, bebé, está bien —dijo Troy.
—Estoy cansada de estar embarazada y estoy cansada de que Tay no me hable —dijo Gabriella.
—Lo sé Brie, en un par de meses tendremos a nuestra bebé aquí y todo estará bien —dijo Troy.
—¿Cómo sabes que todo estará bien? —preguntó Gabriella.
—Porque ahora soy un papá. Yo sé cosas —dijo Troy.
Gabriella soltó una risita.
—Eres un tonto —dijo Gabriella.
—Y no te preocupes por lo de Taylor. Si quiere hablar, lo hará. Pero, necesitan darse algo de espacio —dijo Troy.
Gabriella asintió. Abrazó a su novio.
—Te amo —dijo Gabriella.
Troy sonrió y besó suavemente la cabeza de Gabriella.
—Yo también te amo bebé —dijo Troy.
—¿Cómo estuvo la práctica? —preguntó Gabriella.
—Estuvo bien. Papá me separó un poco para hablar conmigo —dijo Troy.
—¿Qué pasó? —preguntó Gabriella.
—Me dijo que está orgulloso de mí —dijo Troy.
Gabriella sonrió.
—¿Por qué lo está? —preguntó Gabriella.
—Está feliz porque hice lo correcto. No te dejé cuando te enteraste que estabas embarazada y que vi por ti —dijo Troy.
Gabriella sonrió.
—Estoy de acuerdo. Pudiste haberte ido, pero no lo hiciste —dijo Gabriella.
—Yo nunca te… —comenzó Troy.
—Nunca me dejarías. Pero, si todo el estrés te abrumó, pudiste hacerlo —dijo Gabriella.
Troy asintió, entendiendo el razonamiento de su novia.
—¿Eso fue todo lo que dijo? —preguntó Gabriella.
—Quería saber si iba a ausentarme cuando estuvieras en tu permiso por maternidad —dijo Troy.
—¿Lo harás?, no deberías —dijo Gabriella.
—Quiero estar aquí —dijo Troy.
—Lo sé bebé, pero necesitas terminar la escuela —dijo Gabriella.
—Tú también —dijo Troy.
—No quiero que te pierdas el juego de campeonato —dijo Gabriella.
—Eso no importa —dijo Troy.
—Sí importa Troy. Te despiertas, me ves vomitar, vas a la escuela, vienes a casa, me escuchas llorar, vas a trabajar, regresas a casa, me escuchas llorar otra vez y finalmente te duermes a las tres de la mañana. Necesitas jugar en ese partido, no permitiré que te lo pierdas —dijo Gabriella.
—Tendrás nueve meses de embarazo Brie —dijo Troy.
—Y tendré a nuestras madres si algo pasa. Te quiero ver jugar como un chico de diecisiete años Troy —dijo Gabriella.
—También quiero verte ser una chica de diecisiete años Brie, pero tendremos una bebé. Los planes necesitan ajustarse —dijo Troy.
—Este juego determina tu futuro —dijo Gabriella.
—Mi futuro son tú y la bebé.
—Troy, para —dijo Gabriella.
—¿De qué se trata todo esto bebé? Háblame —dijo Troy suavemente.
—No quiero que te pierdas el juego por mi error —dijo Gabriella.
—No es tu error. Cometimos un error, es responsabilidad de los dos —dijo Troy.
Gabriella tomó aire y suspiró.
—Iré a decirle a papá que te haga jugar —dijo Gabriella.
Troy suspiró, derrotado.
—Bien —dijo Troy.
Gabriella sonrió. Troy puso su mano en el vientre de Gabriella.
—Por favor bebita, deja de volver loca a tu mamá —dijo Troy, besando el vientre de Gabriella.
Gabriella fue a la casa Bolton y habló con Jack sobre el juego de campeonato. Troy esperaba que Gabriella entendiera que ella y la bebé eran su vida ahora y las decisiones que él hiciera también les afectaba a ellas.
