Aún recuerdo cuando papá me dijo que no quería que siguiera sus pasos.

"¡Es muy peligroso!" "Deberías vivir una vida normal." "Le costó la vida a tu madre…"

Esas palabras y más fueron taladradas en mi cabeza desde que tenía la edad suficiente para pensar en lo que quería hacer cuando fuese mayor. Tan sólo imagínense sugerir un camino similar al que siguieron mis padres… Podría conllevar a una media hora de un sermón que por lo menos cambiaba cada vez que lo escuchaba, pero que conllevaba a la misma respuesta: "no lo hagas".

No es un mundo justo en el que vivimos y si algo mi familia es la prueba viviente de ello, pero no estaba en nuestra naturaleza, o por lo menos en la mía, quedarse sin hacer algo. El cambio viene de uno mismo, eso se ha escuchado antes, sin embargo, lo que no se explica es que la determinación y la acción para cambiar el mundo viene de diferentes tipos de personas.

No pretendo decir que tenga las respuestas a toda clase de problemas o que mis métodos sean los correctos, aun así, si tuvieras la capacidad y los medios para hacer el más mínimo de los cambios para el bien de las personas, ¿no aprovecharías para llevarlos a cabo?

Nunca entendí por qué papá se tomó su tiempo para enseñarle a Yang a pelear y yo fui relegada como la "flor" de la familia: frágil y delicada, alguien que necesitaba protección, pero que no debía proveerla. Amo a papá y nada en el mundo puede cambiar eso, pero me sentí descorazonada al ser, básicamente, echada a un lado cuando lo único que pedía era comprensión y un poco de ayuda para desarrollarme como la persona que quería ser.

Allí fue cuando el Tío Qrow llegó…

Él siempre fue la persona a la que podía contarle cualquier cosa, inclusive lo que le ocultaba a Yang, sin miedo a ser reprendida o recibir una plática sobre por qué lo que sentía y pensaba estaba mal.

Ese viejo cuervo me trataba como una persona consciente y me contaba de las aventuras que vivió con papá, esas que él me censuró muchas veces. Fue gracias a él que mis deseos de volverme una Cazadora no se extinguieron y sólo se hicieron más fuertes.

Recuerdo aquella vez en la que Qrow me dejó cargar su arma. Era pesada al tacto y apenas pude sostenerla por unos segundos antes de caerme sólo para que él me atrapara antes de tocar el suelo.

Con el tiempo entendí cómo es que alguien tan delgado y sin aparentemente un solo músculo en su cuerpo podía cargar semejante armatoste con una sola mano.

Al mismo tiempo que Yang comencé a diseñar un arma propia. Recuerdo lo absurdo de mis borradores, pero quizá más ridículo fue escuchar a mi tío diciéndome que cosas como el escudo/lanzamisiles o el arpón/ametralladora no eran tan imposibles como creía, sólo muy difíciles de llevar a cabo. Los hice como una broma, pero la respuesta me inspiró para tratar de ir más lejos. Pero, para mi sorpresa, terminaría más cerca de lo que creía.

Una noche al llegar a mi habitación, me encontré con Yang en mi escritorio, quien veía con cuidado los diseños que había dibujado y que había arrojado al papelero porque no me terminaron de agradar. Creía que iba a acusarme con papá o a criticarme de una forma poco placentera al darles un vistazo, pero lo primero que me dijo fue "Sabes, existe un chico en mi clase que quiere hacer un látigo/revólver. Creo que fue bueno que pensaras que era una mala idea porque francamente se ve un poco ridículo."

Está de más decir que me sorprendió su reacción y al cuestionarla sobre si le diría o no a papá sólo me dijo que no era ella quien debía hacerlo.

— Dime, ¿ya tienes alguno que quieras poner en marcha?

Luego de ganarse mi confianza le confesé que a pesar de todo lo que había garabateado no se me ocurría ningún diseño que terminara de gustarme.

— Mmm… sabes, a veces no tienes que buscar demasiado lejos para esta clase de cosas. Siempre puedes itomar inspiración de tu influencia más cercana.

Fue lo último que me dijo antes de irse y sacudir mis cabellos. No me gustaba mucho que hiciera eso, pero me había dado una epifanía. Sería una noche larga, pero luego de tanto tiempo creo que valió la pena.

A la mañana siguiente, y con ojos hinchados y alimentada con una taza de café (que papá no supo que tomé), le mostré mi diseño al Tío Qrow quien inmediatamente me vio con extrañeza, pero que guardó sus palabras mientras analizaba lo que escribí.

— Necesita unos arreglos, pero es viable. Nada mal para un renacuajo.

El orgullo de un trabajo bien hecho terminó por levantarme y me dio la energía suficiente para abrazarlo con todas las fuerzas que pude.

Pasamos meses en silencio construyendo el arma. Fue difícil, pero cada vez que nos atorábamos con algo particularmente complicado lo tomé como una manera de aprender más sobre las partes y a cómo hacer todo con cuidado; lo cual más bien llevó a un poco de frustración ya que siempre traté de agregar más y más detalles. Mi tío sólo me miraba con paciencia y esperaba dulcemente para saber qué era lo que quería hacer después.

Yang estaba a la mitad de su tercer año escolar cuando finalmente terminé mi arma. Qrow me dijo que debía bautizarla, ya que era mala suerte no hacerlo. Por suerte, los planos ya contaban con un nombre desde la primera noche que hice el boceto.

Crescent Rose — le dije sin chistar. Orgullosa de lo que acababa de crear.

— Lindo nombre. Fácil de recordar. Aunque, ¿qué tal te suena Murder Luck?

Me reí a carcajadas de tal sugerencia, comparando el pseudo-nombre con el de una mala banda de rock pesado, segura de que lo dijo como broma. Me dijo que había comenzado hacía meses una lista de posibles nombres y ese fue el mejor de todos ellos. Me sentí mal, pero para mi sorpresa ésa era la broma.

En fin, mi arma estaba lista antes de lo esperado y ahora quedaba practicar y especializarme en ella.

Después me preocuparé de explicarle a papá.