¿En polvo nos convertiremos?

Miré al mundo por primera vez al darme cuenta de ello.
La humanidad, dividida por sus prejuicios y hasta por su resuello
lo habrá divisado desde mucho antes que yo.
Sin embargo, probablemente sufrieron de algún desaquello.

Vieron, mas no observaron.
No prestaron debida atención.
Habrían visto mucho más que una y otra estación.

Me ayudaron las fábulas y demás historias para dormir.
Nos debieron auxiliar a hacer algo más que aprender a cómo blandir.

Las bestias y demás que atestan nuestras fronteras son sólo eso:
Un recuerdo de nuestra mortalidad y de que nuestro tiempo es escaso,
sólo que el mundo se tomó la molestia en recordárnoslo.

Si existiese un hechizo para deshacernos de todos aquellos,
¿qué haríamos después?
No tenemos a la historia de nuestra parte.
Ningún escolar nos daría la razón, ni ningún conceyo.

Las piedras que usamos,
el metal que templamos,
las cicatrices que ganamos,
todo eso junto con nosotros nos desgastamos.

Los peculiares rizos color maple,
los brillantes ojos de esmeralda,
ellos y nuestros aquelarres,
desapareceremos bajo la tierra.

Nos tornaremos en minerales.

Nos refinarán en fuego, casi tan ardiente como el de nuestros espíritus.
Nos cristalizarán y luego imitarán y multiplicarán la fuerza de nuestros respiros.
Aquellos pensamientos, las corrientes eléctricas que los originaron, por fin podrán ser canalizados.
Las lágrimas tendrán un buen uso y será el momento de ser expedidas con torrentes.

Descubriremos si tenemos luz en nuestro interior,
pero por desgracia no podremos ser ya un espectador.

En polvo me convertiré.

Ya no puedo esperar.

En polvo te convertirás.

El mundo tampoco lo hará.